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Con un ademán se despiden de los chicos. Su ropa huele a ceniza y tiene los dedos de las manos un poco enrojecidas, se quemó con la cera al prender algunas velas en el andén frente a la casa de Ann. Nada grave, solo le quedó la sensación.
Fox y Bonnie están demasiado lejos, ocupados con los totes, retándose entre ellos para ver quién logra la explosión más grande como para notar su ausencia. Golden, en cambio, está entretenido con las chispitas mariposa. Las mueve con la muñeca, fascinado por lo brillantes que son, por las líneas que dibujan en el aire. Debe ser la primera vez que lo celebra.
—No olvides llamar cuando estés por allá —dice Ann, dándole un abrazo de despedida. Le entrega uno de los encendedores antes de soltarlo; el abrazo casi lo deja sin aire—. Digo… la verdad es que ya es algo tardecito y sabes que se pone peligroso meterse por ahí solo.
Porque es Owynn quien lo invitó a su casa, bueno, no a él exactamente pero… debe ser lo mismo ante los ojos de ellos. Ann es observadora, a veces se mete en donde no le incumbe, pero siempre con buena intención. Ya han tenido algunos roces con el personero, así que desconfía de él como el resto de la banda.
—Solo estaré un rato —Le recuerda Freddy—. No me podría perder que esos idiotas intenten hacer una fogata.
—¿¡Qué!? ¡Me van a quemar las plantas…!
A Freddy sé le nota el fastidio cuando se adentran a esa parte de la ciudad de nuevo, tantos recuerdos que le gustaría poder borrar. Tantos arrepentimientos que carga encima.
—No me gusta que te juntes con él.
Para ser honestos a Freddy rara vez le agrada la gente con la que se junta, él es alguien que no congenia con la mayoría de personas. Apenas y aceptó con entusiasmo que los chicos lo invitaran (casi que forzarán) a salir de su casa para prender la velitas y explotar pólvora.
—¿Te mataría algo de positividad?
No están en los mejores términos con Owynn. Ninguno de los dos puede decir que son los mejores amigos del mundo, sin embargo Frida le recuerda que aveces es mejor tomar un primer paso. Mucho más si fuiste el causante de que su amistad se fuera al carajo. Aparte, hoy Owynn no debería estar solo.
—No es la misma persona que antes.—Freddy insiste.— Quién sabe si tiene planes… ¡Qué sé yo! Drogarte y matarte o algo así.
Freddy siempre ha sido naturalmente cuidadoso. En su cabeza, Owynn debe estar planeando algo. Porque simplemente no puedes volverte amistoso con alguien que te hirió así. Algo tiene que haber detrás.
—¿Y tú cómo sabes lo que él piensa?—réplica.
—...
— Incluso… no sé, siempre podemos tirarlo por la ventana, tiene la cara de alguien que lo haría —. Ella se ríe, como si contó el chiste más gracioso del mundo, incluso si algo pasará considera que entre ambos pueden dejar noqueado a Owynn. Freddy arruga la nariz.
—¡No es tan simple!—Freddy se indigna, se lleva las manos al rostro.
—Que sensible estás…
—Camina tú entonces, luego si te pasa algo no termines llorando.
Owynn vive en la zona linda de la ciudad, que siempre está limpia y las calles están bien pavimentadas. El edificio es altísimo, casi el segundo más alto luego del de los Golden, y en los apartamentos viven solteros pudientes y familias pequeñas bien acomodadas. Ellos son el verdadero estrato 4 y 5, la clase media alta real.
En la recepción la dejan pasar a duras penas, la recepcionista la mira sin disimular el asco por como se viste, llama al apartamento de Owynn y la dejan ingresar. Toma el ascensor (bendito ascensor) y en unos instantes está frente a la puerta del apartamento.
Le parece un ataúd elegante, con detalles dorados, todas las puertas del edificio se ven igual, sin nada que las diferencie, uniformes, sin personalidad. Por poco no reconoce cual es la de Owynn, si no fuera por las telarañas en los bordes de su puerta (que estaban ahi desde primaria, dios.) no sabría cuál era.
Solamente toca una vez para que le abran. Owynn tiene el cabello en una cola de caballo baja. Lleva uno de esos suéteres morados de manga larga que chocan con su color de pelo, y de joggers negros. Los lentes, desnivelados sobre la nariz hacen que parezca recién despierto. Las pequeñas ojeras le hacen parecer un mapache.
—Llegaste.—anuncia, entremezclado desinterés con sorpresa. Se recompone, y vuelve a poner la sonrisa de siempre que muestra los brackets. Siempre le ha parecido que le gusta presumir que tiene dinero para arreglarse la boca.— Una media hora tarde. —Owynn niega con la cabeza varias veces. —Que impuntual.
En la sala el olor a azufre se disfraza con el ambientador de cereza, con ese aroma agridulce leve. Oculto pero presente. Frida mira de reojo las latas aplastadas en la mesita, hay unas debajo del sofá, como escondidas. La televisión está prendida con una peli que reconoce enseguida “Una pesadilla antes de Navidad” pausada en una escena donde un esqueleto animado tiene un gorro navideño. A Freddy le gustaba mucho.
Se sienta en el cojín, soltando un suspiro aliviado de no estar más de pie.¿Piernas para que las quiere? Son lentas e inútiles y se la pasa tropezando con nada. Moverse por largas distancias le deja acalambrada, el cuerpo es un pedazo de carne y electricidad que le escucha cuando quiere, que le batalla a cada rato. Quizás camina tan mal porque el cerebro tiene huecos por los gusanos. Debe ser por eso.
—Como si tú me pagarás el transporte.—Estira los brazos, acostándose para atrás. Que cómodo, como estar encima de una nube.
—Siempre podría pasar por ti en el auto.—Owynn le ofrece una de las latas, está helada y algo de vapor frío sale del metal.—Lo maravilloso que es saber manejar.
Solo con dar un sorbo se le quitaron las ganas de tomar más. Que asco, no le encuentra lo placentero beber estas cosas. La deja en la mesita junto a las otras.—¿No te paran? Algunos de tránsito se ponen en la terminal.
—¡Tengo licencia!—. Casi que comprada, Owynn pasó el examen básico a duras penas. No es su culpa que todos sean unas tortugas en las vías.—Y si ponen problema les pago. Facilito.
—Perdón, que se me olvida que eres estrato 100.
Aún faltan unas semanas para la Navidad, las velitas son solo el inicio de la época festiva en Huracán aunque ya la gente actúa como si fuera fin de año. Los fuegos artificiales que destellan por la ventana, se sienten más fuertes en la altura, a veces la sala se ilumina momentáneamente de colores. Esas cortinas no tapan nada.
Se quedan viendo el resto de la película. A ella no le interesa particularmente ninguna caricatura que no sea El Inmortal y La Inquieta. Además, esta ya la vio antes, se sabe el final y no hay sorpresa posible. Owynn, en cambio, se ríe por cualquier cosa y mira su teléfono a veces. No cree que ande muy bien, pero él siempre ha sido particular. ¿Quién es ella para juzgar ver películas infantiles para distraerse?
—¿Vamos?—Owynn le pregunta, apagando la tele.
Abren la corrediza que da a la terraza. A un costado, hay algo que parece un altar. No sabría decir de qué tradición exactamente, pero entiende que lo es. Hay un marco de fotografía donde descansan flores azules y rojas entrelazadas en un mismo arreglo. ¿Hortensias? No está segura de los nombres. Y esas flores de relleno, las blanquitas pequeñas, completan el ramo. Hay un velón grande en el centro. Owynn es agnóstico, cree, o ateo, o una de esas cosas. Pero incluso él hace cosas así para honrar a alguien.
¿Cómo no?
Hoy es el aniversario de su mamá.
Cerca hay una bolsa en el suelo con velas de varios colores, de las que se compran en los semáforos. No las ha puesto aún en la baldosa larga para que no manche el suelo con cera.
—No debería… —Owynn duda al hablar. Las manos le tiemblan cuando intenta colocar una de las velas en su sitio. Un fuego artificial explota haciendo que suelte una de ellas por el balcón, unos trece pisos abajo. —¿Qué estoy…?
—Está bien —dice ella, agachándose a su lado. Será su trabajo, entonces. Con el encendedor las fija con un poco de cera derretida para que no se caigan.—Tenemos hasta las doce.
—Ya no me acuerdo de su voz. Me di cuenta en la mañana.—Owynn no guarda videos, ni audios, ni nada. Solo esa foto. Y esa la tomó del registro de su mamá. Es todo. —No la recuerdo… —corrige, tragando saliva.— No ha pasado una década y no la recuerdo.
Frida no sabe qué decir al principio. No es buena con esto, con el dolor que no se puede arreglar. Aquel que siempre estará ahí no importa cuántas palabras bonitas le pueda decir. Ella reconoce que no es una persona que desborde de empatía, que debe pensar en que ‘¿Cómo me sentiría yo si estuviera así?’ para que algo le haga click en la cabeza. El dolor de perder un ser querido, ese es uno tan personal, tan único, que los ejemplos que tiene no terminan de cuadrar en lo que ve en Owynn.
—A veces el cerebro hace eso…—Piensa en los huecos, en los gusanos, en que no es justo mucho de lo hace con uno mismo. Ya sea con el olvido o la recordación, es tan complicado. Ella no ha descubierto completamente como es que funciona el suyo, el atípico y curioso que tiene que habitar.—No es anormal, ¿Eso quita que la quieras?
—No lo sé.
Owynn se queda en silencio, quiere no mostrarse así, como si fuera alguien tan débil que solo por esto se va a poner a llorar. A veces las chispas rojas o naranjas iluminan su rostro. El cerebro es cruel a veces, piensa él. Borra lo que uno quisiera conservar intacto y deja otras cosas clavadas como espinas.
—No es como si me hubiera olvidado a ella —añade Owynn, casi a la defensiva.— Solo es su voz. Que idiota.
Owynn tuvo toda la mañana para pensar, no pudo dormir bien cuando se dio cuenta que las canciones de cuna ya no le sonaban a una voz de mujer. Él mismo se estaba cantando, y no era correcto. ¿Su madre tenía una voz dulce? ¿Fina? ¿Aguda? No le sonaba bien.
—No sé si el amor vive en la memoria exacta.—Owynn sigue sin prender ninguna vela. La tembladera le ganó.—Quizá vive en que te acordaste de la fecha y le pusiste algo. Eso no lo hace alguien que no quiere.
No es un consuelo perfecto. No pretende serlo. Es lo que puede ofrecerle. Hablar de padres es complicado. Realmente complicado. Cada quien vive la pérdida distinto, o la distancia, o el amor.
Por su parte, ella no conoció al papá de Freddy. Nunca conocería al que se supone que fue su padre. Ni Freddy ni mamá lo mencionan mucho, y cuando lo hacen es con ese tono de decir algo tan doloroso que no te salen las palabras. Ninguno se atreve a hablar sobre esa ausencia por todo el año hasta ese día…
A veces, cuando esa fecha se acerca, solamente van al cementerio, limpian un poco la lápida y cambian las flores. Freddy no le gusta quedarse durante todo el proceso, a veces espera en el auto mientras que mamá con guantes de hule y una esponja raspa la mugre y plantas que se aferran a la piedra. Otras veces Freddy dice algunas palabras y se parte en llanto. En silencio, mamá no muestra ninguna expresión más que abrazarlo.
Si ellos, que son personas tan resilientes, se quiebran con eso entonces Owynn debe estar igual de destrozado por dentro por no tener a su madre. (Es extrañamente familiar ver el desorden de latas y botellas de vidrio en cualquier lado de la casa.) Si ella perdiera a mamá ni siquiera pensaría así de coherente para soltar bromas y ver una película, también pausaria su mente si pudiera. Cada quien reacciona distinto.
—Me hubiera gustado conocer a mi papá.— Frida baja la mirada. ¿Se puede extrañar a alguien que nunca conoció? ¿Aplica para este caso? Alguien que nunca le sostendría en sus brazos, que nunca le enseñaría nada, que nunca estaría ahí para ella ni física ni emocionalmente.
Porque a comparación de Owynn en ella no hay recuerdos, no hay ninguna memoria de él, tampoco hay muchas historias fuera de las pocas que Freddy se atreve a revelar, de esas que guarda con llave muy profundo en su cabeza con celos de alguien se las vaya a robar.
Mamá lo menciona, solo hay frases fugaces como ‘Eres igualito a él, tienes su sonrisa’ y en cómo limpia con tanto cuidado el marco de su foto de bodas. Extraña la promesa de lo que podría ser. Del padre cuya ausencia se siente en cada rincón de la casa como un fantasma, del padre que nunca pudo terminar de ser padre y del padre que no conocerá jamás.
En otra vida, donde las tragedias nunca los tocaron, donde en vez de dos son cuatro, ellos son felices. Freddy es el hermano mayor como los de la tele que te molestan un poquito pero que te cuidan, su padre se queja de algo del trabajo y mamá les sirve sus pastas de cena mientras que le acaricia la cabeza con ternura. De seguro estaría contenta con esa realidad.
Quizás, si Owynn no hubiera perdido a su madre, él estaría feliz. Quizás tendría videos con audio. Algo más que una foto arrancada de un registro civil. Puede que incluso nunca se hubiera topado con su papá, viviendo la vida en su ciudad natal sin preocuparse por sombras y magia. En esas cosas que le hacen querer arrancarse las uñas, como su padre o la escuela.
—No te pierdes de nada con no tener padre.—Owynn suelta, con un tono venenoso. Se recompone, o intenta. Cada vez que menciona a su padre se le nota en todo el cuerpo el repudio que le tiene.—Tienes a tu mamá que te quiere.
Y eso debería bastarle, piensa Owynn. A él le bastaba solo tener a mamá, era feliz, aunque le faltaba mucho de lo material era feliz, no como ahora que tenía mucho pero tan poco. Su padre solo le ha causado dolor, solamente le ve como algo más que usar y desechar cuando ya no le sirva, Owynn teme que ese día venga pronto y se quedé sin nada.
—Ella ni sabe que existo.— Frida suelta con una risa seca. Aún no toman ese paso. No pueden.
—Incluso así te ama.
—¿Puedes amar a alguien que no conoces?
El amor que tiene mamá no está dirigido hacia ella por más que quisiera, la paciencia y la mirada cálida nunca la verán. No será el destinatario de sus abrazos ni de sus regaños. Cuando ella la ve no la ve a ella, lo ve a él. Creía haber hecho paz con eso, mas su pecho aún se contrae cuando le habla.
—Tú extrañas a tu papá.—Owynn le recuerda, con tono de quien dice alguna obviedad.—Tanto como yo a mi mamá.
—Ah, eso es… es distinto.— Frida se lleva la mano detrás del cuello, juguetea con los mechoncitos rojos de su cabello. Owynn suspira y se cruza de brazos.
—Si te sale mal siempre puedes vivir conmigo. ¿Quien sabe?
—Te pasas de confianza ¿Eh?— Espetá apretando los labios. Luego suelta una risa y le da un puño sin fuerza en el brazo. Owynn finge estar lastimado.
Frida toma el marco con cuidado para verlo mejor, casi que Owynn se lo quita por puro instinto. Es protectivo de sus cosas, solo por hoy le deja agarrarlo.
—Es bonita.—Frida dice. Owynn y su madre son como dos gotas de agua, tienen los mismos ojos algo alzados, las cejas pobladas, la misma sonrisa rara.
Le parece que si no fuera por su cabello rojo ella sería Owynn pero mujer. Parece más su hermana que su madre por lo joven que se ve, en esa foto aún tiene la cara algo redonda, los ojos brillantes y la expresión relajada.
—Y era alta, muy alta. También era… no creo que fuera amable pero decente.
Owynn reconoce que es raro llamarle decente a quien lo crió, pero realmente era decente su madre. No diría que era mala persona, pero tampoco era muy buena. Desde pequeño, cuando a veces le decía que distrajera a los vigilantes de las tiendas, para que ella se llevará comida y accesorios, supo que su madre no era paragón de lo correcto.
—Decente...— Frida repite, le da varios golpecitos con el indice con al borde del marco, es de un metal con un diseño que le recuerda a las olas del mar. Hay una que otra concha de mar pegada abajo con silicona caliente, Owynn debió hacerlo.
—La vara no está muy alta.— Owynn gira la mirada.—Decente es mejor que ser malo.
Decente.
¿Ellos son personas decentes?
Ninguno tiene respuesta. Tanto dolor que se han causado al otro, tantas personas que han herido por no saber cómo lidiar con sus sentimientos. Ella que ha lastimado a Freddy y Mamá solo porque está ahí, y él que no sabe cuánta gente más va a terminar muerta por su culpa.
—Toma.—Dice en voz alta. Vuelve a acomodar la foto en su lugar, entre las flores azules y rojas. Le pasa el mechero con el cuidado de manejar una bomba. Owynn lo enciende colocando la mano a un lado para que el aire no se extinga. La llama hace que la vela blanca cobre vida, un olor a canela y miel fuerte entra a su nariz.
—Gracias.— Owynn dice, sin mirarla.
Luego tendrá que irse con los demás, a seguir prendiendo velas y explotando cohetes. Pero ahora este momento, que quedará en el olvido cuando vuelvan a la dinámica de siempre en la escuela, lo disfrutara pretendiendo que las cosas son como antes.
