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¡No pensemos en eso!

Summary:

"Los Muelles nunca duermen. Son ruidosos, llenos de vida, del olor a comida frita, y de música. Cada quien está en su propio lado, escapando del mundo que les da la espalda.

Casi siempre se fuga de casa por la media noche y llega de madrugada antes que el reloj marque las seis. Ya tiene calculado cuánto puede demorarse, el tiempo exacto de ida y vuelta, los minutos que puede permitirse perder sin llamar la atención..."
 

// Frida y Deuz tienen citas. Un exploración de como funcionaría el Fredeuz si pensamos en los elefantes en la habitación.

Recomiendo leer los otros escritos de la colección DS para más contexto.

Notes:

Fnafhs es de eddochan y fnaf de Scott cawthon, gracias dios no están asociados a esta pendejada.

Recomiendo leer la colección DS antes para tener contexto del AU. Sin embargo, se puede leer como algo aparte, Frida es Shadow Freddy (Fred)

CW// Deshumanización. Dismorfia.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El no pensar

Chapter Text

Los Muelles nunca duermen. Son ruidosos, llenos de vida, del olor a comida frita, y de música. Cada quien está en su propio lado, escapando del mundo que les da la espalda. A pocos metros el río corre frío e imponente, sus corrientes danzando con la música de los concursos clandestinos. Hay lados donde no se atreve a entrar, por donde bajan algunas lanchas, donde si ves cosas que no debes no vuelves a ver nada más nunca.

Casi siempre se fuga de casa por la media noche y llega de madrugada antes que el reloj marque las seis. Ya tiene calculado cuánto puede demorarse, el tiempo exacto de ida y vuelta, los minutos que puede permitirse perder sin llamar la atención. Agradece, aunque sea un poco, haber memorizado las rutas. Siempre deja el teléfono cargando antes de salir (Freddy suele olvidarse de ponerlo a cargar) así que no puede depender de mapas ni de llamadas si algo sale mal.

 

La primera vez que vino para cantar en los concursos clandestinos se presentó como “Nightmare”. Un nombre que le pareció lo suficientemente misterioso y afilado para dar presencia pero también guardar algo de anonimato. ¡Su gran sorpresa al enterarse que otros ya le habían reclamado ese antes! Por ese malentendido fue cuando comenzaron a hablar.

 

Los Nightmares (Pesadillas, como se llama la banda) son fáciles de agradarle, porque al igual que ella son gente que nadie ve, que asumen lo peor de ellos. Y Deuz, líder que es, casi que la metió en su grupo, tomándola de la mano por esa vida nocturna que se mueve como un animal.

 

Para su sorpresa inicial Deuz es relajado. Coqueto, también listo, y si le quedara tiempo en las tardes podría ser de esos primeros puestos en las clases. Además, está en un grado mayor que ella, deberían cursar el mismo sino fuera porque se atrasaron por idiotas. A veces lo ve escribiendo algo en una libretita que guarda en el bolsillo interior de su chaqueta como un tesoro valioso. De ahí también saca las paletas, las que son rojas y redondas, su boca sabe a cerezas por ellas.

 

Onnie se ríe mucho, mostrando los dientes algo torcidos, le encanta hablar de su arte y de sus próximos trabajos por los murales. Él es quien pintó el queda por la escuela, que parece una explosión brillante de azules y verdes. Su habilidad con la guitarra es tan cercana a la de Bonnie, cuando la toca parece que el instrumento tiene vida propia.

 

También está Oxy Noxo, él es menos movido que Onnie pero igual de apasionado por sus pinturas. De lo poco que sabe de Noxo (porque aunque es ruidoso no es abierto) es que es parte del club de teatro. A Frida se le hace que es como el Fox de ese grupito, mucha responsabilidad encima lo ahoga y al estar con los demás se suelta, quien los cuida cuando Deuz no puede. 

 

Maggie, por el contrario, es reservada. No agresiva, solo más confrontativa con sus palabras que los otros dos. Muchas capas tiene encima para protegerse, ella le da un aire triste y pensativo. Es de la que más trata de aprender, a cómo vestirse y cómo maquillarse. Para que no parezca una 'payasa' como le dice a regañadientes. 

 

Es de la que más trata de aprender, a cómo vestirse y cómo maquillarse. Para que no parezca una ‘payasa’ como le dice a regañadientes. Poco a poco la toma como un maniquí, ella dice que tiene buen cuerpo (lo que sea que significa eso) aprende que ella está en las mismas clases que Ann toma en la escuela para hacer los trajes. 

 

"Es fácil." Maggie dice una vez mientras que trata de arreglarse lo que sea que se hizo en los ojos. Se supone que es un delineado. "Tu y tu mamá no tienen la misma tonalidad. Por eso quedas así."

 

Es raro oírla quejarse de la 'rubia hueca' de la gente que cree que su mundo se derrumbara si no consigue un pedazo específico de tela cuando a ella le toca trabajar con lo que encuentra. Frida se muerde la lengua cuando insulta a Ann, porque ya es difícil que Maggie se abra y no quiere perder a una amiga aunque sea a costa de escucharla hablar mal de otra.

 

El tiempo pasa volando cada vez que se escapa. A veces no hay concursos de música y solo está parchando con los Nightmares, sentados en los muelles, hablando de nada y de todo mientras que se toman algo. A veces hay plata para las gaseosas. Otras veces sí hay presentación, y entonces debe preparar la voz, calentar las cuerdas vocales, medir lo que come y lo que dice. Cada noche es distinta y emocionante. Si hubiera sabido antes lo bien que se pasa salir en la madrugada por esta zona lo hubiera hecho hace años. 

 

Hoy no va a concursar. Va a pasear un rato con Deuz. Llámenlo cita o como quieran. Llevan tiempo planeando la salida, porque el resto del grupo suele armar planes a último momento y desaparecer en conjunto. A Deuz no le gusta quedarse solo, ni dejarlos solos. 

 

El lugar no es gran cosa, es un puesto pequeño de obleas, con sillas de plástico rojo y blanco desparejadas. La señora que atiende tiene cara amable, pero seguro es de esas que no hacen preguntas innecesarias. Está justo saliendo del sitio donde hacen los concursos, lo suficientemente cerca para sentirse familiar, se escuchan tracks a lo lejos, hoy están los freestylers participando.

 

—No es un lugar lo suficientemente agradable para ti, ¿Eh, majestad? 

 

—Lo que importa es la comida.—Le recibe una de las obleas que Deuz tiene en la mano.— Y la muy agradable compañía.—añade.

 

—Si te demorabas más pensaría que me dejaste plantado, Night.

 

—¿Y perderme la comida gratis?

 

—Me lastimas, no soy tu cartera.

 

—¡El que invita paga!

 

Da un mordisco. Ufff, demasiado dulce. Las obleas se deshacen en su boca, la mezcla de arequipe con mermelada la mantendrá más despierta que cualquier tinto. Le recuerdan un poco a las que daban en la iglesia porque crujen igual.

 

Night" Deuz le dice con naturalidad. Como si fuera su nombre de verdad.

 

Los nombres cuentan mucho de uno mismo, esos te hacen ser humano, te dan identidad. Tener un nombre es ser alguien, es que alguien te quiere lo suficiente para darte uno. Ella tuvo que darse su propio nombre ahora. Y más que liberador, fue humillante. Aún hay una parte de ella que se aferra a 'Fred', ese apodo que solo existía para diferenciarla de Freddy, el nombre que su primer amigo le puso. Corto, práctico y fácil. El mismo que Freddy todavía usa cuando Shadow Freddy le queda demasiado largo. El mismo que le duele cuando lo escucha.

 

No debería importarle mucho cómo le dicen, claro que no, de todas formas tampoco se llama Frida, siempre será Shadow Freddy. Pero aún así hay cierto nivel de incomodidad cuando piensa en eso. Apodos, son apodos y nada más, como el de 'Nightmare' que tomó como nombre de pila en los muelles, como 'Fred', como 'Parásito'. ¿Por qué entonces se le hace una maraña en la cabeza entre más lo piensa?

 

—Oye.—Deuz la está mirando raro.

 

—¿Qué?

 

—¿Estás bien?

 

—¿Por qué no estaría bien?

 

—No sé. Te quedaste ida un rato.—Como si mirara a la nada. Debió verse un poco inusual, no debe quedarse quieta por mucho rato, eso hace que la gente se sienta incómoda.—Te ves bien.

 

—¿Ok…?—Baja la mirada a su ropa. Se puso lo de siempre. El Gerard Way, como le dice Onnie, la corbata roja mal puesta y el traje negro.—Estoy igual que siempre.

 

—Sí, pero te ves bien —dice él, como si fuera obvio—. Toma un cumplido, no te va a matar.

 

—Tomo tu cumplido.—Hace un ademán como si hubiera agarrado algo en el aire.— Y con mucha razón, ¡Soy quien se ve más bien en toda la ciudad!

 

—No sé… creí que te pondrías algo de lo que te dio Maggie.

 

Frida alza una ceja, suelta una risa.—¿Y arruinarme la ropa comiendo? ¡Ni modo!

 

Ya tiene manchas de mermelada en el cuello del traje que no se quitan aunque le pase una servilleta. Es una lástima, pero nunca ha sido alguien atenta al comer. 

 

Se ríe cuando Deuz menciona lo de la ropa, hay que tomarlo a la ligera. En realidad, todavía le da miedo ponerse ropa muy... femenina. No sabe cómo llamarlo sin que suene absurdo. No es que no quiera. Agradece que Maggie le ayude con la ropa, incluso Onnie le ha dejado esas cosas que no usa. 

 

Cuando se mira al espejo la imagen no termina de encajar. A veces no sabe si quiere llorar o arrancarse las uñas o la piel o el rostro entero, solo para ver si debajo hay algo que sí le pertenezca. Nada le queda bien. Nada se siente suyo. El negro es más sencillo, y aparte así como está ahora no tiene que pensar mucho en lo que hay debajo.

 

Es mejor no pensar en nada. Cuando le da muchas vueltas sabe que la volverá loca, debería meter todo en una cajita y dejarlo en lo más profundo de su mente. Y aún así esa constante vigilancia sobre cómo la ven, cómo la perciben, como nunca la verán a ella detrás de toda esta piel que no es suya, la come por dentro. Ahora que cae en cuenta que es la primera vez que hace amigos sola, tiene tanto miedo de que va a arruinar todo y no podrá culpar a alguien más qué a sí misma.

 

Luego de engullir dulce caminan hasta llegar hasta el barrio. El sonido de las parrandas lejanas se siente hasta en el suelo, que vibra por la música y los pies que lo golpean. La noche se siente como un animal inquieto, de esos que rechazan el sueño por el placer de la realidad. Deben tener cuidado de meterse por las esquinas con poca iluminación.

 

Los Nightmares le llaman guarida a una casa de las muchas desocupadas al centro de la ciudad, esas que nadie puede comprar porque aunque no sean glamurosas son extremadamente caras por su cercanía a la zona comercial y cultural de la ciudad. Son de las coloniales, que están más de adorno que como un espacio habitable. 

 

Se suben al techo apoyándose de un basurero enorme de metal, evitando no cortarse con las pequeñas botellas de vidrio pegadas por el muro. Es la parte que menos le gusta, pues hacer parkour (o intentar hacerlo) es complicado, la última vez que vino a Frida una botella le rompió la bota del pantalón, cortando parte del tobillo levemente. Y aunque no era profundo le ardía, cualquier dolor es molesto.

 

Ya cuando están encima de las láminas Deuz desatornilla la que cubre el hueco, la entrada protegida que tienen de su escondite. No tarda mucho por la costumbre. Hay una escalera de las de madera pegada a la pared permitiendo que bajen. El escondite tiene solo lo básico para hacerlo cómodo. Una de las reglas es clara, no pueden dejar nada de valor allí adentro por si alguien llega a descubrir el lugar, solo por seguridad.

 

Lo que hay es simple. Almohadas acomodadas como si fueran colchas improvisadas, acolchados extendidos sobre el suelo, cajas de madera que hacen de mesas y sillas. Algunas telas cuelgan tapando las ventanas, pintadas con tiburones, estrellas y zorros, seguramente obra de Onnie y Noxo. 

 

En una esquina, la de Onnie, las latas de spray a medio llenar están ordenadas con cuidado. Hay algunos retazos de tela de Maggie en un perchero al que le hace falta una pata. No identifica nada que le diga que Noxo se la pasa mucho tiempo por aquí. La escoba recostada en la pared es una adición nueva al ecosistema.

 

Deuz estira su brazo hacia una de las esquinas y enciende los pequeños leds de pila que tienen pegados a las paredes con cinta transparente. No hay electricidad, así que hacen lo que pueden para que el lugar no quede sumido en la oscuridad total. Las luces parpadean un segundo antes de estabilizarse, el escondite se baña de luz blanca azulada. No iluminan lo suficiente como para verlo todo con claridad como lo haría un foco normal, solo lo necesario como para que el espacio se sienta habitado. Cómodo.

 

—¿Sabes bailar?

 

La música se reproduce desde el pequeño celular, gastado y con el vidrio de la pantalla agrietado. El parlante distorsiona el sonido en los picos más altos. 

 

 

“Voy a luchar… mi estrella fugaz”

 

 

—Tengo dos pies izquierdos.— Ella le responde de forma literal. La memoria muscular es una mentira enorme pues incluso ahora camina chueco. ¡Que si tuviera más tiempo de práctica lo haría bien! Coordinar movimientos musculares conscientemente es complejo, además, no es que no pueda aguantar su propio peso, su sentido del balance está sin practicar.

 

—No debes esforzarte mucho si otro te guía.—Deuz le ofrece su mano para levantarla, ella hesita un momento, quizás unos segundos. Hasta que lo toma y de un tirón está de pie. —Tú solo sígueme…

 

Con cuidado Deuz le sostiene las manos, jalando y tirando suavemente mientras marca el ritmo de la canción. No hay mucha diferencia entre sus alturas por lo que quedan viéndose a los ojos.

 

Ella tiene una falta de coordinación casi admirable, mientras que él se mueve con soltura, pasos rápidos y juguetones que le recuerdan exactamente que Deuz es Deuz. Ligero, seguro, la música se siente cada vez que habla, cada vez que se mueve. 

 

Le enseña un movimiento lateral, como si pisara para un lado y ella lo sigue tarde. Pisa mal y se disculpa con una risita tonta. Cada vez que intenta agarrar el ritmo termina confundiendo el paso siguiente. Lo de tener dos pies izquierdos empieza a sentirse literal. Para alguien que es cantante, se descoordina demasiado cuando tiene que moverse. Incluso esos movimientos de brazos les salen terrible.

 

 

“Con estas manos alcanzar lo que tu corazón adentro guarda” 

 

 

Deuz tararea la canción, la voz del cantante se confunde con la suya. Ella intenta no reírse. Siempre ha encontrado ver a otro bailar algo divertido, más que nada porque ella no lo puede hacer. Durante los ensayos ese es el trabajo de Freddy.

 

—¡Estoy intentando! ¡Vas muy rápido!

 

—¡La salsa es rápida!

 

Deuz suelta una risa corta, pero no la suelta a ella. Ajusta el ritmo, más lento esta vez, guiándola con firmeza.

 

Uno, dos, tres. 

 

Cinco, seis, siete.

 

Ella empieza a seguirlo mejor. No es elegante pero trata de ajustarse a ese ritmo lo más que sus músculos le dan entre la rigidez. Por un momento se miran demasiado tiempo, los ojos azules de Deuz tienen algo de rojo, como una luna bañada de sangre, son profundos como una laguna. ¿Qué será lo que ve Deuz cuando mira los suyos? ¿Serán blancos? ¿Rojos? ¿Amarillos? ¿Negros? Puede que solo vea los azules de Freddy. Esa última sería aburrida.

 

La música se detiene, y algo cambia en la expresión de Deuz. Ella siente la estática en la lengua, algo se mueve y no son sus pies.

 

—Oye… —Deuz dice, todavía sosteniéndola por ambas manos.— ¿A ti te avergüenza que te vean cerca mío?

 

—¿Eh?

 

—Es que ni siquiera me hablas en la escuela.

 

No se ven mucho pues están en grados distintos. Cada quien anda con su grupo, se ha aprovechado justo de eso para evitar a los Nightmares en la escuela. No es nada personal, además, es mejor que se mantenga esa distancia entre esta vida y la otra. Sino tendría que dar muchas explicaciones a Freddy. Le gusta mantenerlo en secreto, es la única chance que tiene de estar sola. Es mejor.

 

—Estamos en cursos diferentes.—Frida le responde, un poco a la defensiva. El cambio de ambiente la toma por sorpresa.— Es lo normal.

 

—Entiendo que por el tema de las bandas las cosas andan tensas… —Ahora dirá un pero, algo que justifique.— Pero nada te cuesta que, no sé, por la tarde podamos hacer algo, hablar o ¿Lo que sea?

 

Deuz es sensible, no lo parece pero debajo de la 'persona' que tiene hay un corazón de cristal. Es apasionado tanto en su amor como en su rabia, parece que cada interacción que tiene con otros le da el mismo nivel de profundidad. Ha de sentirse herido por su percibido rechazo en la escuela.

 

—Es que… ellos no saben que vengo para acá. No he podido decirles sobre esto.

 

Frida se pregunta cuánto tiempo más puede aplazar la conversación incómoda. La de quién es realmente, lo qué está debajo de esta piel, la vergüenza de decirlo le aprieta el pecho. Ni siquiera les ha contado a los chicos la verdad sobre ella. No, aún no. No puede. Mucho menos permitir que la vean así en los muelles, que sepan que se junta con Los Nightmares, que cargan esa fama tan terrible dentro de la escuela. Ni siquiera Freddy sabe de sus escapadas aquí, bendita inconsciencia suya que le da esta ventana de libertad.

 

¿Y cómo iba a explicarlo todo?¿Cómo empezar a desenredar la gran pila de mentiras que es su vida? ¿Cómo mirar a Deuz a los ojos y decirle que conoce a un extraño? ¿Qué le vea como el monstruo que es? 

 

—¿Y tú estás bien con eso?— Él se refiere a mucho más con esa pregunta, porque si le llega a desesperar, verla en la escuela y no hablarle, que esté con sus amiguitos feliz como si no le conociera. Que debe fingir que es como otra persona.—Más bien, ¿Por qué necesitas pedirle a ellos permiso?

 

—Dame tiempo —le dice.—No es tan fácil de explicar. No es algo que pueda soltar así nada más.

 

Deuz parece evaluar cuánto puede insistir. —Si ellos no te quieren luego de eso… —. ¿Por qué trae esa posibilidad en evidencia? Se le encogen los hombros.— ¡Igual siempre vas a tener un espacio conmigo y mis chicos! 

 

 

 

Ya casi son las cuatro de la mañana, pierden la noción entre intentos fallidos de pasos básicos y risitas. Después de la primera canción que es más moderna y fácil de seguir Deuz cambia a unas más clasicas. Suena Oh, ¿Qué Será?, luego Devuélveme y otras más que Frida reconoce por la melodía, pero no por el nombre. Conversan a medias, se equivoca y repite. Sigue siendo madrugada, mas el mundo afuera está en pausa, ahora solo existen ellos dos en ese pequeño espacio que le robaron a la noche.

 

El agotamiento les cae encima, Deuz disimula un bostezo y termina sentándose en el acolchado. Ella lo sigue. Él dormita, apoya la cabeza contra su hombro con una naturalidad que aún es extraña.

 

Frida no puede dormir, no en el sentido típico, a veces están esos momentos de inconsciencia donde realmente ella no ella, cuando esas barreras de individualidad se borran y por simplemente está en todos lados y en ninguna parte a la vez. Ella ya está naturalmente en un estado parecido a la ensoñación, entre lo físico y lo intangible, lo real y lo ficticio, la vida y la muerte. 

 

Sueña despierta y se imagina muchas cosas. Imagina un mundo donde no tuviera que preocuparse por esto, donde pudiera vivir sola sin tener que justificar sus acciones con alguien más, donde siquiera pudiera estar viva, sentir el sol en su propio cuerpo, el aire frío en sus pulmones y el metal de su micrófono en sus yemas. 

 

Es una fantasía, una bella fantasía, igual que lo es bailar con alguien que quiere sin preocuparse. En si, Deuz es una fantasía más, igual que sus amigos, igual que la escuela, igual que la egoísta idea de tomar el cuerpo de Freddy permanentemente. 

 

Una parte asquerosa de ella quisiera ser más como esos fantasmas de las películas, como esos monstruos parasitarios que no le tienen compasión al huésped, como esos espectros en los vídeos de terror de Freddy que atacan y consumen a las personas. Cómo le gustaría no sentir culpa, le sería más fácil vivir si ella no tuviera también esos gusanos en la cabeza que le recriminan por cada acto. Ella es igual de monstruosa que esos ficticios, lo único que la diferencia es la vergüenza.

 

—Deuz, Deuz.—Si siente que el cuerpo le pesa más, no puede pasarse con los límites naturales que le pone.—Tengo que irme a casa.—Le da un pequeño toque en la mejilla a Deuz para que le preste atención, él la mira con ojos entrecerrados.

 

—Hoy me quedo aquí.—Dice con un bostezo.—No quiero verle la cara a mi viejo…

 

—Descansa.

 

—Tu igual, Night. Descansa.

 

Se despide con un beso en la mejilla y sale por donde entró. Vuelve a subir por la escalera de madera, empuja la lámina con cuidado y la deja apenas encajada, sin atornillarla. Así Deuz puede salir después. Él no parece tener muchas ganas de volver a su casa hoy.¿Se habrá peleado con su papá? No lo sabe. Él nunca habla de eso y ella tampoco pregunta pues hay temas que se rodean como el vidrio roto de la pared.

 

A veces es mejor no pensarlos. Es mejor no pensar demasiado en nada, solo vivir en el presente. Enfocarse en la música, en el sol que está por salir, en las manos que la sostenían cuando intentaba no tropezar mientras bailaba. El mundo puede esperarla aunque el reloj siga corriendo. 

 

Cuando llega a su casa abre la puerta con cuidado. La madera vieja cruje un poco. El monte la saluda con ese olor húmedo de siempre, todo parece igual como lo dejo al salir, mismos grillos y cigarras cantando. Se cambia sin decir una palabra, se pone la pijama y cuelga el traje en un gancho del clóset, con cuidado de que no se arrugue más de la cuenta. Todavía tiene una pequeña mancha de mermelada que deberá limpiar luego.

 

Se recuesta en la cama y mira el techo unos segundos.

 

“Descansa”

 

Mañana es otro día.