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2 Palabras

Summary:

"Owynn no quiere ir a clases.

Hace días que no quiere ir. Hace días que no quiere entrar a ese edificio y fingir que le importa lo que pasa ahí dentro. Cuando suena la alarma en el cuarto tiene que resistir el impulso de estrellar el teléfono contra la pared.

Imaginarlo hecho trizas en el suelo le da una satisfacción breve que le hace sonreír levemente, quizás así no le llamaría, no le escribiría, no tendría obligación alguna de responderle si no hay medio por donde contactarlo..."

 

// Owynn tiene un reencuentro curioso con alguien.

Parte de la Colección DS y escrito para la Owed Week con la Prompt: Pasado/Futuro. Recomiendo leer los anteriores por contexto pero no es necesario.

Notes:

Fnafhs pertenece a Eddochan. Fnaf pertenece a Scott Cawthon. Los personajes no son míos aunque si que están bien ocificados.

 

Prompt 5: Pasado/Futuro de la #OwedWeek2026

 

AU Related. Recomiendo leer la colección DS para más contexto pero no es estrictamente necesario.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Owynn no quiere ir a clases.

 

Hace días que no quiere ir. Hace días que no quiere entrar a ese edificio y fingir que le importa lo que pasa ahí dentro. Cuando suena la alarma en el cuarto tiene que resistir el impulso de estrellar el teléfono contra la pared. Imaginarlo hecho trizas en el suelo le da una satisfacción breve que le hace sonreír levemente, quizás así no le llamaría, no le escribiría, no tendría obligación alguna de responderle si no hay medio por donde contactarlo. 

 

Pero sólo es su imaginación, debe levantarse, colocarse el uniforme y desenredar la maraña que se volvió su cabello mientras que giraba en la cama. 

 

Enfrentar el día.

 

Otro más…

 

Lunes. Comienzo nuevamente de las clases y día de anuncios semanales, anuncios que a él le corresponde decir en la tarima frente a toda la escuela. Sobre el cierre de las inscripciones de bandas, las fechas de pre eliminatorias para el evento, las campañas anti acoso y también sobre los clubes nuevos. Recordatorios del uso correcto del uniforme escolar y de más temas escolares matutinos que a nadie realmente le importan. 

 

El apartamento está en silencio, como siempre en las mañanas solo lo acompaña el ruido de la ciudad, de los autos que arrancan y el murmullo de conversaciones. No hay nadie que le grite que se levante, que toque la puerta de habitación, que le pregunte si ya desayunó. Solo es él el único responsable de cómo será hoy. Si no va, llamarán a su padre, pues una falta inexplicada activa protocolos, correos, llamadas, y eso es lo que menos quiere.

 

Owynn suelta un quejido mientras pega el rostro a la almohada. No había forma de evitarlo. La alarma de su teléfono continúa sonando, esperando que él se digne a estirar su mano hasta la mesita de noche y apagarla. Grita en la almohada por unos 15 segundos antes de hacerlo, no se siente para nada liberador ni siquiera poder gritar en paz sin llamar la atención.

 

No le toma mucho tiempo alistarse para la escuela. Lo que siempre le consume más minutos es la trenza. Desenredar el cabello con paciencia, dividirlo en secciones iguales, tensarlo lo suficiente para que no se desarme antes del mediodía. Cada vez que lo hace considera cortárselo, es un impulso rápido, casi violento el imaginar las tijeras cerrándose. Pero le crece rápido, siempre le ha crecido rápido, así que no le ve el punto.

 

Termina la trenza, estiliza el copete hacia un lado con los dedos y se coloca el indicador morado del cuerpo estudiantil en el hombro. Revisa que la camisilla manga larga que se coloca debajo del uniforme no se le suba, no quiere accidentes, y ajusta su chaleco y y corbata. Luego sale de casa hacia el parqueadero del complejo de apartamentos.

 

Lo único bueno de manejar el auto, el Challenger morado, es que le da tiempo para pensar en lo que dirá en la asamblea matutina. A veces le parece que el auto es más importante que él para su padre. Siempre que vuelve al apartamento, lo primero que le pregunta es cómo está el carro. Si anda bien, si suena raro, si necesita algo, incluso revisa si le hizo algún rayón. Nunca es ¿Cómo estás tú, Owynn? ¿Qué tal te trata la vida? ¿Cómo te está yendo? Aprieta el volante, el tráfico de la madrugada es pesado, luces rojas que son incómodas para la vista, filas de autos avanzan a tirones, todos en camino a algún lugar donde probablemente tampoco quieren estar.

 

Casi sin darse cuenta llega a la escuela. Deja el auto estacionado cerca de la entrada. Ya hay muchos estudiantes al otro lado de las rejas, uniformes moviéndose en grupos, risas demasiado despiertas para esa hora. En el aula múltiple finge prestar atención mientras revisan el orden del día. Asiente cuando corresponde, mira al frente cuando alguien lo hace, ya de forma automática sabe cómo pretender que está presente cuando su mente está en otra cosa. Usagi se le acerca con las hojas en la mano.

 

—¿Listo para los anuncios?—. Ella le pregunta. Le dice algo más sobre el orden, sobre cambiar un punto, sobre mencionar primero las fechas de las pre-eliminatorias pues es lo que a todos más les interesa. Owynn asiente con pereza. Por suerte, ella siempre imprime todo. Owynn no entiende cómo puede estar tan animada a las siete de la mañana. Habla rápido, sonríe, incluso subrayó los puntos más importantes para él.

 

—Cordial saludo a todos el plantel educativo de Hurricane High School, por la presente...

 

Owynn comienza a hablar cuando la sala múltiple ya está llena de estudiantes, todos en hileras perfectamente alineadas. Algunos con uniformes a medio hacer, con las miradas dispersas y ojeras. A nadie le gustan los anuncios matutinos, ni siquiera a él que ya debería estar acostumbrado a hacerlos.

 

—Con respecto al evento de bandas es de vital importancia seguir los horarios asignados por aula…

 

Se aclara la garganta y continúa, debió tomar agua antes de salir. Las palabras que dice en la tarima suenan importantes pero que a largo plazo más de la mitad de estudiantes olvidarán. Mientras habla, una parte de él piensa en su cama, en la almohada todavía tibia. En lo fácil que sería estar durmiendo ahora mismo y con el teléfono apagado.

 

Y entonces lo ve.

 

No deberia ser tan facil , pero ahi esta, reconoceria ese rostro aunque fuera una mancha en la arena. Lo ve desde el atril, mientras que dice los anuncios con soltura. Su mente ya está dándole vueltas, pero conserva esa sonrisa mientras anuncia. Por un momento sus miradas se encuentran, es un instante breve donde nota una pequeña microexpresión en su rostro. Owynn es bueno leyendo rostros, aunque la distancia no le hace favores ¿Freddy? (No está seguro) frunce el ceño, entrecierra los ojos confuso y vuelve a mirar al frente. 

 

—Las fechas de las preliminares del Evento de Primavera son…

 

Termina los anuncios sin trabarse, baja de la tarima entre los estudiantes que van de vuelta a su jornada. Las clases pasan como en automático, toma apuntes que no piensa releer, responde cuando le llaman. Después viene la reunión del cuerpo estudiantil, como organizar actividades, ajustar presupuestos para el Evento de Primavera con el líder de logística, y discutir detalles que a todos parecen urgentes como que encontraron revistas subidas de tono en el baño de hombres.

 

Cuando por fin llega la hora del almuerzo, siente que ya vivió un día entero.

 

Es hora de merendar.

 

Hay una parte de la escuela donde un muro que pega cerca del campus pero está lo suficientemente escondido para que nadie se pase por la zona, permanece solo porque todos prefieren comer en la cafetería en la hora de almuerzo. Lo descubrió en las muchas veces exploraba por los pasillos de la gigante escuela, por las rutas internas que solo pocas personas conocen.

 

Y ahí se sienta en el suelo en bolita. Es su espacio casi privado. Si tuviera ánimo de conversar iría a su salón de club (pues el Cuerpo Estudiantil cuenta como uno) pero Usagi y Noah se la pasan ahí, a Usagi le gusta comer lejos de la cafetería y Noah se queda dormido. Como le gusta estar solo por un rato.

 

Del afán de salir rápido olvidó prepararse algo para desayunar. Su estómago gruñe mientras que abre una de las barras de granola que conserva en su bolso. Tiene todo un paquete ahí adentro, ya está situación no es nueva. Le da un mordisco, el sabor de la granola es pasable y le hace sentir lleno. Lo suficiente para engañar a su estómago que ruge.

 

Necesita energía para la tarde, su jornada no termina con las campanas sino con las actividades extracurriculares. Cuando acabe clases el salón de ensayo en el otro edificio le espera, que pereza le da caminar por el campus. Camila siempre llega con una puntualidad envidiable, le da la mirada más horrible del mundo cuando llega hasta un minuto tarde.

 

Ya ni le gusta cantar, las letras que salen de su garganta no suenan genuinas. Cuando agarra su guitarra no siente como si él estuviera ahí, casi que por inercia la toca, esperando que pasen las horas de práctica entre círculos de sol, escalas y la canción que presentará. Camila tampoco muestra emoción cuando ensayan, sus dedos son rápidos en el violín y solo le dice lo necesario. Ambos saben que su relación contractual no necesita cordialidad, solamente mostrar sus resultados.

 

Todo lo que alguna vez fue suyo, la música, el escenario y la diversión se esfumaron. Presentarse se convirtió en obligación, en la expectativa de cumplir los planes de alguien más. Owynn no recuerda la última vez que cantó algo que le gustará, algo que le hiciera sentir como un niño emocionado de nuevo.

 

Y aún así no puede dejarlo. Quiere que lo miren, quiere que cuando lo vean no vean a un niño asustado sino a un joven con carisma y poder. Que puede mover los corazones de las personas con su mera presencia, por eso Owynn no puede quejarse mucho de su posición como personero. Tener una buena reputación es todo lo que siempre quiso cuando ingresó a la escuela, a este punto no puede retractarse. No después de todo lo que hizo para conseguirla.

 

—No eres bueno escodiendote.— Una voz dice a su costado. Una mano le toca su hombro.

 

—¡Coño...!—Owynn voltea la cabeza sorprendido, los cabellos detrás de la nuca se le levantan. Debajo de las mangas la piel se le ponen de gallina, le arde debajo del uniforme. Suelta su barra de granola que cae al suelo manchandose de polvo. Su comida…

 

—Nunca lo fuiste. Sabía que te encontraría aquí, alejado de la gente.

 

¿Freddy? No. Es Fred Shadow Freddy. Sus ojos son negros.

 

—¿Me odias? Para no hablarme.—Suena dramático, con un toque de ironía en sus palabras. Más que una respuesta real solo busca que le siga la conversación. — ¿Sabes? Lastimas mis sentimientos.

 

—Tu no tienes de esos.

 

Shadow Freddy entrecierra los ojos, parece que se oscurecen, el ambiente cambia, se pone más denso. Eso no es humano, no puede esperar que comprenda cómo Owynn se siente, no puede esperar que siquiera entienda la profundidad de sus acciones. Su error inicial al amistarle en primer lugar fue verle como una persona y no como lo que es: una sombra, un monstruo que nace de la emoción ajena y se alimenta de ella.

 

—¡Me desesperas!— Shadow Freddy termina por explotar, como siempre odia los silencios largos, los silencios donde nadie habla y dice nada.— ¡Deja de ser tan críptico! ¿A qué juegas?

 

—¿Tú crees que estoy jugando?

 

—Siempre es un jodido juego contigo. Dos, casi tres años sin contacto, y ni un hola, solo quedarte como… espiandome. 

 

La palabra enciende a Owynn como un fosforito, Owynn siempre ha sido un fosforito solo que lo disimula mejor. Pero ahi esta de nuevo. Fosforito.

 

—¿¡Me estás diciendo stalker!?— Owynn exclama ofendido con los ojos bien abiertos.

 

—¡No pongas palabras en mi boca! ¡Bah! ¿¡Para qué me molesto!?

 

Siempre le ha molestado esa forma de Shadow Freddy de actuar como si las reglas no existieran, como si las consecuencias de sus actos fueran opcionales, como si el resto del mundo tuviera que adaptarse a él. Entra y sale de la vida de las personas cuando quiere, dice lo que quiere y hace lo que quiere sin aparente preocupación de cómo lástima a otros. ¡Qué descaro! Actuando con sorpresa cuando alguien reacciona de la forma que no quiere.

   

—No me escribiste más. Me bloqueaste en todo.—Owynn dice.—Te desapareciste.

 

—Yo no te bloqueé en nada, ¿De qué me hablas?

 

—Ah, si, yo estoy loco.

 

—No, no, continua.

 

—Ni siquiera… ah, nada, déjame en paz. 

 

Owynn se levanta toscamente, necesita aire y espacio. Incluso pisa la barra de granola por error, que importa, el apetito se le fue. Le da la espalda, no tiene que aguantar conversaciones que no quiere dar, que le insulte.

 

Shadow Freddy le agarra la muñeca con un jalón fuerte que lo detiene, sin palabras le dice que no, no se va a ir, no va a evitarlo, le va a encarar. Owynn intenta soltarse, pero solo le aprieta más, las uñas se le clavan en la piel justo encima de esas quemaduras.

 

—¡Suéltame!

 

La distancia entre los dos es pequeña ahora, al punto que puede sentir la respiración irregular, el movimiento muscular forzado en los dedos de la sombra, los ojos brillantes y la estática.

 

—No. ¿De qué me hablas, Owynn? ¿De qué habla?

 

No hay forma de explicar lo que siente. No es como una herida abierta al aire, tampoco es como una punzada al pecho, sangrante, caliente, y rápida. Owynn tenía una infección bajo su piel, estagnante, quieta, dejando que creciera. De esas que no sabes cuanto duele hasta que lo sacas, con todo sangre y lágrimas. Y su pecho no dejaba de doler porque nunca terminaría de expulsarlo del todo. Piel muerta, células blancas y plasma. Necrosis. Marcas moradas, con volumen y sensibles que no se borran de su pecho. Veneno que lo quema por dentro.

 

Cuando le vio supo que esa infección seguía ahí, ya estaba sensible y eso solo lo empeoró más. El cabello castaño que bajo la luz parecía un rojo carmín; los ojos brillantes, las pecas en su rostro, incluso los pequeños pómulos marcados en su sonrisa. Todo era igual que hace unos años pero a su vez distinto, han crecido separados, poco a poco perdiendo esa chispa de la niñez por el mundo que no los espera.

 

¿Qué es lo peor de perder a alguien? Verlo todos los días en cualquier gesto, verlo en las películas que veían, en la ropa que usaban, en el asiento de pasajero a su lado mientras aprendía a conducir. Lo peor de perder a alguien es no perderlo totalmente, ya que su presencia no está ahí. No, no está físicamente. Pero algo, su espíritu quizás, permanece contigo. 

 

Memorias que repite una y otra y otra vez en su mente buscando una razón, una sola razón para saber por qué. Owynn no lo encontraba. ¿Por qué no te despediste, al menos? Si lo hubiera hecho, si le hubiera cortado, si le hubiera explicado él le perdonaría. Él entiende que si le conocen tan cerca se van a espantar, se van a alejar, por eso no le recriminaria. Si le hubiera dicho que no quería verle más de resignaria a su soledad con propiedad.

 

—¿Me odias?— Shadow Freddy le vuelve a preguntar, esta vez serio.

 

Por un momento es el comienzo de la primavera, con los lampiños floreciendo amarillos, se siente la humedad de las calles en sus suelas. Van a ir al Evento de Primavera de Música para ver a las bandas tocar, con ilusión en sus miradas de que algún día llegarán a presentarse frente al escenario que atraía la mirada de todos en la ciudad.

 

Owynn, como siempre, encontró un lugar alto y bueno que evitó que pagarán la entrada. Gracias a los edificios abandonados y a las colinas sin personas que pueden disfrutar del show desde una distancia segura. Owynn no sabe exactamente qué siente ¿Felicidad?

Quizás. Es una sensación rara, ligera, las cosas encajan sin esfuerzo, está libre de la actuación, de las máscaras que se coloca para sobrevivir.

 

Entre presentación y presentación, mientras los grupos cambian instrumentos y el público aplaude, piensa en el futuro. En tres mundos que no terminan de mezclarse pero que se apoyan entre sí. El tiempo corre demasiado rápido, en algún momento se le acabará y está pieza de felicidad será arrebatada.

 

—Escapemos juntos.— Owynn le dice, le agarra de las manos y las pone cerca de su pecho. Como para sentir su calor en él. Son frías las de Fred.— Yo te haré muy feliz, y te prometo que te protegeré.

 

Es un juramento, uno de los primeros que hizo cuando ni siquiera sabía cómo cumplir uno, no tenía ni el poder ni la forma de proteger a alguien, ni de sí mismo ni de su padre. Lo único que se le ocurrió fue huir, a un lugar donde nadie lo encuentre, que Huracán se quedara como un recuerdo más sin visitar, solo esa ciudad que se estanca.

 

Pero… no quería irse solo. Lo único que le importaba en esta maldita ciudad lo tenía al frente. Owynn no podía soltarle, le mira, con esos ojos oscuros imparejos que se llenan de esperanza cuando ve que Fred lo considera por un momento. 

 

—No… no puedo, perdón.

 

Owynn se queda callado, no responde, no lo mira, no quiere, o quizás no puede. Su muñeca le duele. Ese recuerdo… ¿Por que siempre que lo piensa le dan ganas de vomitar? ¿Por qué creyó esa vez que podía huir? No tiene escapatoria, está destinado a permanecer en esta ciudad hasta que su uso se acabe. A estar solo pues nadie puede entender cómo se siente. Cuando eran amigos creyó quizás… quizás podría ser feliz. Gente como Owynn, gente malvada, no merece la felicidad. 

 

—Te odio. No sabes cuánto te odio.—Las palabras salen altas. Le tiemblan las manos.—No puedes comprender el dolor que siento ¿Como? No puedes, eres algo egoísta sombra.  

 

—¿Uh… qué? Yo no…

 

Shadow Freddy suelta su agarre casi de inmediato. No se había dado cuenta de que estaba apretando tan fuerte, una de sus uñas quedó manchada con una pequeña impresión roja. Owynn se retrae. No es exactamente asco más que decepción, porque fue iluso en creer que recibiría algo más que la atención que un gato le presta a su juguete.

 

—No puedes seguir usando esa excusa de que no fuiste tú —dice Owynn.—Yo sé que si hubieras querido, habrías hablado conmigo.

 

¿Cuántas veces no se escapaban de madrugada para explorar? ¿Cuántas veces no hicieron planes juntos sin decirle a Freddy? ¿Cuántas veces no hablaron de que si él llegara a enemistarse con Freddy ellos continuarían hablando? Hay tantos planes que hicieron, tantas cosas que nunca pasarán. 

 

—Pero no quisiste.—Owynn continúa, parte de él quiere morderse la lengua para no hablar. Si sus puestos hubieran estado invertidos Owynn sí habría elegido huir, le hubiera elegido mil veces.—Yo te esperé como un idiota. Pensando que en cualquier momento ibas a aparecer. Pero te fue más fácil dejarme atrás.

 

—¡No fue así! No entiendes —insiste Shadow Freddy, interrumpiendo a Owynn.— ¡No era que no quisiera hablar contigo!

 

—¿Entonces qué era? ¡Decidiste que yo no valía la pena! Eso me lo dejaste muy claro.

 

No es solo eso, es verlo en los pasillos como si nada hubiera pasado. Reír con sus amigos, ensayando para el evento con esa diligencia que antes era de los dos, que antes compartían como su gran secreto. Era feliz, no le hacía falta nadie, Owynn nunca existió en su mente. Y a su lado ese guitarrista de cabello morado y lentes que le recuerda tanto lo que pudo ser, un reemplazo fácil, ¿Que era Owynn más que alguien prescindible?

 

La campana suena fuerte, indicando que la hora del almuerzo finalizó. El ruido es ensordecedor y, por un segundo, se quedan en silencio mientras que el murmullo de los estudiantes moviéndose a pasos apresurados les dice que es hora de irse Shadow Freddy no le dice nada más, no porque no quiera, de pronto no sabe qué decir. Las palabras que tenía preparadas, de defensa y excusa, se deshacen. "Decidiste que yo no valía la pena." al fin entiende el tamaño del daño. 

 

A Owynn le ruge el estómago, piensa con amargura que habría sido mejor quedarse en casa durmiendo, se ajusta la manga morada del cuerpo estudiantil antes de dejarle. Se asegurará que los amiguitos de Freddy la pasen muy bien. Después de todo, tiene un evento que organizar, no puede perder el tiempo con pequeñeces.

Notes:

2 Palabras: Te Odio

Bonnie que no tenía nada que ver: ☠️

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