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Stan estaba sentado en la sala, "mirando televisión", aunque el programa no era más que ruido de fondo. Su verdadera atención estaba en Xeno, sentado a su lado con la laptop sobre las piernas, completamente absorto en su nueva investigación.
Amaba verlo así. Concentrado. Con sus lentes puestos, el ceño apenas fruncido cuando algo no encajaba con sus cálculos. Sus dedos moviéndose con precisión sobre el teclado. Era, sin duda, la visión más hermosa que Stan podía tener en el día.
Ese momento de paz terminó cuando escuchó la puerta abrirse y Stan levantó la mirada.
Senku llegó a la hora de siempre. Nada fuera de lo normal, excepto que el chico iba cargando un enorme ramo de flores, con un envoltorio elegante (como diría Xeno) gris con blanco, atado con un listón negro delgado. Las flores eran variadas: rosas, tulipanes, lirios. Con solo una mirada podrías darte cuenta que era un ramo costoso. También notó la bolsa que Senku llevaba en la otra mano. Grande. Llena de cajas que, por la forma, solo podían ser chocolates.
Stan no apartó la vista.
—Xe.
Xeno respondió sin levantar la mirada de la pantalla.
—¿Sí?
—Tenemos un problema. —Stan habló con total seriedad
—¿Sobre qué? —respondió Xeno, todavía escribiendo.
—Sobre tu hijo. —Xeno suspiró, quitándose finalmente los lentes, mientras soltaba un suspiro. —¿Ahora qué hizo...?
Entonces vio las flores y las cajas.
—Oh.
Su expresión cambió lentamente, y una pequeña sonrisa divertida apareció en sus labios.
—Parece que nuestro hijo es popular —comentó con ligereza—. Eso debió sacarlo de ti.
Stan no respondió, seguía observando y analizando. Evaluando las amenazas.
Senku, completamente ajeno al estado de alerta que acababa de activar en Stan, caminó hacia la cocina como si nada. Dejó la mochila en el suelo, las cajas sobre la mesa del comedor, y finalmente colocó el ramo grande con cuidado.
Stan se levantó y Xeno lo siguió, curioso.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Stan.
Senku ni siquiera levantó la vista mientras sacaba dos ramos más pequeños de la bolsa.
—Materia orgánica en proceso de descomposición.
—Senku —advirtió Stan, completamente serio.
Senku suspiró, cansado sabiendo que esto pasaría.
—Son flores. Me las dieron en la escuela por San Valentín.
—¿Quién te las dio?
Senku comenzó a sacar las cajas de chocolates, acomodándolas sin demasiado interés.
—Compañeros de la escuela.
—Nombres.
—Stan —intervino Xeno con calma.
—Solo tengo curiosidad —respondió Stan, sin apartar la mirada de Senku.
Mientras tanto, Senku abrió un gabinete y sacó un jarrón. Lo llenó con agua, luego con cuidado tomó el ramo más grande, dejando los demás en la mesa.
Stan lo notó inmediatamente.
Senku sostuvo las flores, acomodándolas con precisión antes de colocarlas dentro del jarrón. Ajustó los tallos. Giró el recipiente ligeramente, buscando el mejor ángulo.
Era... delicado, cuidadoso, se podría decir que cariñoso.
Stan sintió algo frío instalarse en su pecho.
—¿Por qué ese?
—¿Qué? —Senku pregunto sin girarse
—Ese. ¿Por qué ese ramo? —Stan seguía preguntando, esta vez apuntando a las flores.
Senku lo miró, confundido.
—Lo pusiste en agua.
—Es lo que se supone debe hacerse con flores cortadas. —contesto Senku, sintiendo que se estaba perdiendo de algo.
—No hiciste eso con los otros.
Senku no respondió de inmediato, reprendiéndose internamente por ser tan obvio.
—¿Quién te dio ese? —Stan dio un paso más cerca, mientras seguía preguntando lo mismo sin cansarse hasta conseguir una respuesta.
Senku apretó la mandíbula.
—Que importa, Stanley. —contesto el chico al fin.
—Para mí sí importa. —Stan soltó.
—Stan, déjalo. Solo son flores. —Xeno no pudo evitar sonreír un poco ante lo absurdo de la situación.
Stan ignoró el comentario.
—¿Qué intenciones tiene contigo?
Senku dejó escapar un suspiro largo, agotado. Sientiendo que el interrogatorio no tenía fin.
—No leí su mente.
—Puedo averiguarlo sin problema —respondió Stan con total seriedad—. Nombre y dirección.
—Stan —advirtió Xeno, esta vez sin humor—. Ya déjalo. No vas a amenazar a un chico de escuela.
—Pero Xe, quiere cortejar a nuestro hijo. Y parece que le corresponde.
—¡Yo no le correspondo! —protestó Senku, sonrojándose ligeramente.
Stan arqueó una ceja.
—Claro que no. Por eso miras esas flores con esos ojos de corazón.
—¡No las miré de ninguna forma!
—Senku —intervino Xeno con calma divertida—, mientras más hablas, más razones le das a Stan para investigar.
Senku abrió la boca para protestar, pero guardo silencio.
Xeno volteó a ver a su esposo con ternura, por como Stan nunca había pensando en la posibilidad de que Senku algún día se iría.
—Cariño, sabíamos que esto pasaría algún día, Senku se enamoraría, tendría una pareja se casaran y se ira de la casa —Xeno soltó casualmente.
—No estoy enamorado, no le metas más ideas a la cabeza Xeno —Senku protesto.
El soldado ignoro lo que su hijo decía, solo podía pensar en lo que su esposo dijo de una forma tan tranquila, decir que alguien simplemente tendría la oportunidad de llevárselo.
—No tendrás pareja hasta los cuarenta. ¿Entendido? — Stan habló con absoluta convicción
Senku lo miró como si acabara de perder la cordura. —Eres ridículo.
El pequeño científico tomó el jarrón y se dirigió a su habitación, dejando a sus padres en la cocina.
Stan solo pudo seguirlo con la mirada hasta que desapareció por el pasillo, mientras Xeno cruzó los brazos, claramente entretenido.
—No sabía que eras un padre celoso. —Xeno estaba disfrutando esta nueva faceta de su esposo.
—No lo soy. —Stan respondió inmediatamente —Solo estoy cuidándolo.
—Bueno, parece que vas a tener mucho trabajo. Nuestro hijo es todo un rompecorazones, igual a su padre a su edad—Xeno sonrió.
El científico se apoyó contra el mostrador, mientras miraba todos los regalos olvidados en la mesa de la cocina, todos menos ese ramo, sin evitar preguntarse como seria la persona que logro llamar la atención de su hijo obsesionado por la ciencia.
Mientras Stan no podía hacer otra cosa más que preocuparse y pensar que nadie seria lo suficiente para su hijo.
Por otro lado, Senku se encontraba en su cama acostado observando el ramo de flores, pensando en las palabras que dijo Stan y Xeno. "Ojos de corazón" "enamorarse... casarse". No podía decir con seguridad lo que sentía, pero no podía negarse que le gusto el detalle y tal vez sintió emoción al saber quién le había dado el regalo.
—Pero no es como si pensara en una boda —bufo Senku, sus padres podrían ser demasiado dramáticos en estas cosas.
