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El amanecer se colaba por la rendija de aquellas persianas rotas y descolgadas, un par de gruñidos se escaparon de un canino mucho más grande de lo habitual cuando la presencia que usaba de peluche— o incluso de cómoda almohada— se intentaba escapar de entre sus patas con lentos movimientos astutos. El hocico del canino se enterró más todavía contra aquel que intentaba escaparse, rozando lentamente el mordisco que tatuaba— y tatuaría por toda la eternidad— su piel y evidenciaba el amor que sentían mutuamente el uno por el otro. Aquella marca no era tan antigua como muchos creían, en realidad era relativamente reciente. Fox era un pedazo de pan adorable, con una dentadura fuerte y peligrosa, sus dientes podrían destrozar a alguien y el hecho de contener sus instintos tan intensamente se debía, por supuesto, a no querer hacer daño a la persona que amaba.
Era un hecho. La convivencia se construía lentamente entre las personas. A veces todavía seguía existiendo reticencia a que se mezclasen los unos con los otros, en especial aquellas personas que pertenecían a generaciones anteriores. Pero nada ni nadie había impedido que ambos tuvieran una relación y fueran tan afectivos. Fox en especial lo era. Muchos creían que por ser un licántropo era rudo, despiadado y territorial, pero al contrario…
Spring adoraba a Fox. Pero en aquellos momentos quería darle una patada en el trasero por no dejarlo salir de la cama.
Su intento de querer empezar una rutina diaria era algo que su compañero no estaba dispuesto a permitir que se realizara. Spring suspiró con resignación, pero no con rendición.
Porque casi todas las mañanas era el mismo problema, solo que no siempre tenía los mismos resultados. La insistencia de Fox por quedarse en la cama a veces era molesta, pero para Spring era un toque encantador que hacía que sus mañanas fuesen algo más entretenidas.
- Fox, déjame salir de la cama.- pero su única respuesta no fue una voz, fue otro gruñido.
Claramente fue un no.
Un tono más lastimero y suplicante que el anterior, no quería que lo dejase solo, y no quería que dejase la cama. Era normal, tenía su lógica. Pero no era una excusa que Spring pudiera permitirse usar para hacer el vago en la cama todo el día.
- Fox…- Intentó sonar como una advertencia final, pero siguió sin surtir efecto.
Más bien, Fox pareció desafiarlo, sin tomarse en serio el ultimátum y tuvo la poca vergüenza de lamer su cuello. En el mordisco, aquello causó un escalofrío en el cuerpo de Spring.
Fox, en el momento de hacerle la marca, le dejó bien claro todas las condiciones y todo lo que implicaba ser marcado por un licántropo. Spring aceptó sin dudarlo porque estaba dispuesto a aceptar con los brazos abiertos aquella intensidad, aquel sentimiento, aquella sensación abrumadora. El cariño que se sentía al estar en una relación con un licántropo no era lo mismo que con otro humano o con un vampiro. En cierta parte, Spring no lograba entender la intensidad de aquellos sentimientos y lo grande que era el compromiso. Ciegamente aceptó. Porque amaba a Fox de una manera que no era capaz de explicar, ni cuantificar. Y Fox lo amaba a él con la misma locura.
Aquellas marcas, o más bien el mordisco que portaba grabado en su cuello era la epítome del sentimiento. Los roces, caricias, besos o el contacto directo con ello reavivaba el sentimiento hasta adormecerlo. Lo abrumaba con la misma sensación que su cuerpo sintió el día que se realizó.
Y que Fox hiciera eso era básicamente como si estuviera retándolo. Su ultimátum quedaba anulado irremediablemente por aquel lametón en su cuello. Su cuerpo se adormecía y un deseo abrumador de querer abrazarlo de vuelta intentaba apoderarse de él.
Un suspiro pesado se escapó de los labios de Spring, rindiéndose tácitamente— porque la sensación palpitante en su cuerpo era demasiado grande en ese momento. No estaba seguro si aquello era igual de eficiente con otros licántropos o con los vampiros, pero, demonios… A él lo volvía loco poco a poco.
Parecía que Fox se había salido con la suya, más que nada porque un par de caricias sobre su cabezota parecían indicar que se quedaría un rato más. Fueron gestos relajados, Fox emitió un tenue sonido, casi como un ronroneo agradable.
- Que conste que si llegamos tarde a clase va a ser por tu culpa…
No hubo respuesta de parte del licántropo, solo un sonido que surgió de su garganta con gentileza, enternecedor, y se acurrucó contra su cuello, frotando su morro contra él.
Parecía querer intentar convencerlo a base de frotarse contra la marca. Springtrap luchaba por mantener la consciencia y la cordura más que por convencerlo. Era una lucha interna más que otra cosa.
- ¿No te importa llegar tarde?- era claro que la respuesta era negativa, sobre todo considerando lo cómodo que estaba Fox sobre él.- Meg va a venir a por nosotros, y no te va a gustar verla como una furia.
Un refunfuño se escapó de la garganta del lobo rojizo, qué se movió, pero no para liberarlo de entre sus patas, si no para dejar íntegramente todo su peso sobre él.
No estaba consiguiendo hacerlo ceder a través de la marca.
Spring tenía fuerza de voluntad, algo que admiraba.
- ¡Fox!- exclamó al darse cuenta de que no había conseguido convencerlo ni siquiera con esa excusa, inconscientemente dibujó una sonrisa entre sus labios.
Fox tampoco quería excederse. No era una obligación el querer quedarse en la cama, era un capricho. Había diferentes maneras de conseguir convencer a la pareja, y Fox se negaba a usarlas, porque no era algo que él considerase ético. Obligar a alguien en contra de su voluntad era francamente desagradable. Fox detestaba eso.
Había sido testigo de ello. Y no quería ser así. Le parecía fascinante que incluso los nightmares, pese a ser como eran, y tener vidas incluso tan disfuncionales como las suyas— bueno, no se quejaba, su vida no era mala, la disfrutaba genuinamente y más desde que tenía a Spring viviendo con él, ambos juntos, en perfecta convivencia y armonía— jamás había escuchado que ellos tuvieran actitudes tan opresoras respecto a sus instintos.
Demostraba que pese a tener instintos peligrosos, su ética estaba por encima de ello. Fox sentía su cuerpo estremecerse y se lamentaba lentamente porque su interior tuviera instintos peligrosos para Spring. Instintos desagradables. Deseos de poseer, de controlar, de acaparar.
A veces ser licántropo era horrible.
- ¡Oye, Bestia! ¡Ayuda a tú papá! ¡No le dejan levantarse para darte de comer!
Eso lo despertó de su ensoñación. Un refunfuño se escapó del licántropo como si fuese un reproche. Más que nada porque de inmediato el canino significativamente más pequeño— pero no por ello se iba a acobardar porque la comida era mucho más importante que enfrentarse a un lobo que le doblaba por casi cinco veces el tamaño— saltó sobre el gigante lobo de pelaje rojo que se encontraba sobre su compañero de vida, mordisqueando sin piedad su pelaje. No lo dañaba. Fox incluso jugó con el canino de menor tamaño con una de sus patas, retirándolo de encima cuando se acercaba el intentaba tirar de él para quitarlo de encima de Spring.
Algunas veces Fox se sentía como si el hecho de ser pareja de Springtrap fuese como si hubiera empezado a salir con un padre soltero con un hijo revoltoso. Y aunque Fox lo adoraba, no negaba tampoco el deseo interno de tener un hijo de sangre.
La idea lo aterraba en el fondo. Apenas tenían diecisiete. Toda una vida de estudios y trabajo por delante. Traer un niño al mundo en aquellas condiciones era un suicidio.
- Qué conste que hiciste trampas, Estropajo…- los ojos de Spring se dilataron gentilmente ante la transformación en humano de Fox, cargando a Bestia entre sus brazos casi como un bebé, panza arriba.- Ya, deja de morderme.- Bestia ladró, y Fox le ladró de vuelta, aunque no con algo que significase realmente algo.
Spring soltó una risilla, adoraba la vista, y adoraba que Fox actuase así con Bestia; consiguiendo finalmente salir de la cama mientras Fox seguía entreteniendo al canino hasta que fue a buscar un tomate. Fue escuchar los pasos de Spring en la cocina que Bestia saltó de los brazos de Fox, corriendo torpemente y tropezando con todo— tirándolo todo caóticamente al suelo, por suerte no rompió nada, solo fue un gran estruendo— hasta la cocina con ladridos felices y rebosantes de felicidad y hambre, saltando impaciente con intentos de llegar hasta las manos de Spring.
Por su parte… Fox soltó un suspiro, relajándose momentáneamente en el colchón, estirándose en un intento último de despedirse de aquel ruidoso y chirriante colchón, antes de arrastrarse fuera de la cama con pereza y frustración. En su mente, los pensamientos corrían demasiado rápido, optó por ignorarlos todos, observando como un río distante como todas las ideas fluían y se iban. Iba a ser mejor centrarse en el mundo real. Una despedida de la cama lenta y triste a su consideración. Sus pies descalzos lo guiaron hasta la cocina, donde se apoyó en el marco. Spring lo miró de reojo mientras hacía el desayuno para ambos.
- Mira… Alguien se dignó a salir de la cama.- casi canturreó con una sonrisa maliciosa entre sus labios. Fox rodó los ojos, queriendo decir algo, sin embargo, antes de ser capaz de hacerlo, recibió un corto beso que interrumpió una queja maliciosa. Una interrupción ingeniosa.- Yo que tú me vestiría antes de que lleguemos tarde.
- No vamos a ir a la escuela.
- Sí vamos a ir.
- No. No iremos…- lo rodeó por sus hombros en un empalagoso abrazo.- Nos vamos a quedar en la cama abrazaditos todo el día y ni Meg echa una furia, ni Chica gritando porque falté al ensayo antes de clases y tirando de mi oreja van a conseguir sacarme de la cama.
Spring no pudo evitar soltar una carcajada por eso último.
Ann Chica era una de las pocas personas que había visto ser capaces de volver a Fox manso y gentil. Además de Meg toda enfurecida. Pero era un caso aparte. Tal vez también porque en algún momento Fox sintió cierta simpatía y admiración por su fuerte carácter.
Definitivamente a Fox le gustan los humanos.
Un honor que él hubiera sido el elegido. Una sonrisa apareció en sus labios inconscientemente. Solo una prolongación de la carcajada.
- Y te pienso aplastar entre mis brazos y llenarte de besos.
- Tentador…- admitió dibujando una sonrisa entre sus labios, sujetando los pómulos de Fox.- Pero de verdad que no quiero saltarme las clases. Podremos estar toda la tarde—
- Trabajas por la tarde…- hizo un puchero.
Spring bufó pesado.
- No me seas tan quejica.
- Solo digo la verdad. Luego me pasarán lo que hayan hecho en clase, será como si no hubiéramos faltado. Pero, por favoooooor…- Spring sonrió un poco.
- Odio que seas tan convincente…
Fox dibujó una amplia sonrisa en sus labios. Adoraba salirse con la suya.
Y adoraba más todavía que sus instintos no tuvieran nada que ver en ello.
Con un movimiento rápido, cargó a Spring entre sus brazos, pasando sus piernas alrededor de su cintura como si fuera un koala y caminó de nuevo hasta la cama con una sonrisita socarrona en sus labios. Spring notó el gesto y solo pudo arrepentirse en silencio de haberle dejado ganar tan fácilmente. Pero no iba a retractarse ahora que ya estaban de nuevo acostados en la cama como si nada hubiera pasado, como si en ningún momento se hubieran levantado.
- ¿Y el desayuno qué?- Spring alzó una ceja.
- Después…
Spring solo pudo resignarse, pero una sonrisa apareció en sus labios ante aquella ironía. Menuda mañana entonces…
El calor de la cama aún no se había disipado del todo, así que pudo volver a acurrucarse casi en la misma postura, y de nuevo con aquel lobo gigante sobre él, acurrucado como si fuera su sábana personal. La única diferencia aquella vez fue que Bestia saltó a la cama y se acurrucó contra ellos dos, enroscándose en una bolita para terminar dormido igual que ellos dos.
FIN
