Chapter Text
La calma se sentía sobrenatural.
Aunque en realidad este lugar siempre fue distinto a todos los demás. Sin fuentes de agua o tierra fértil para cultivar algo. Sin formas de vida registradas. Sin clima, ni día o noche. Nada, como un limbo.
Por eso no era extraño que el silencio fuera lo único que, de forma irónica, se escuchara en toda la zona.
Nine no se había movido mucho desde que se quedó sentado en el suelo gravoso.
De hecho, él pensó por un momento, cuando salió de su estado disociado, que tal vez en realidad nunca se había ido de El Grim. Que todo lo que acababa de pasar fue una de esas pesadillas que lo asaltaban cada vez que se iba a dormir, potenciada por delirios derivados de su pobre alimentación e hidratación.
No sería la primera vez que alucinaba estando en su páramo desolado.
Una vez, cuando estuvo obstinado a no dormir por varios ‘días’, comenzó a escuchar sonidos que definitivamente no debían estar ahí. Claro, las voces que lo insultaban en su cabeza se habían vuelto algo que podía ignorar con facilidad, pero oír pasos o golpes a su alrededor ya no se sintió tan normal. Mucho menos creer que veía sombras oscuras en las esquinas de sus ojos.
La paranoia le provocó un ataque de pánico y terminó desmayado en su laboratorio. Luego de eso se permitió dormir por un prolongado tiempo hasta que recuperó la cordura y los sonidos y sombras extrañas desaparecieron. No le sorprendería que todo lo que pasó hubiera sido un sueño vívido, producto de su deplorable estado ahora que los suministros se le habían acabado completamente.
Al menos hasta donde recordaba.
Nine estaba muy cerca de convencerse de que todo fue producto de su mente. Lo habría hecho de no ser porque las pisadas sobre la arena seca de El Grim vinieron acompañadas de una silueta familiar y realmente corpórea. Él supo de inmediato que sólo se estaba engañando y nada fue un sueño. Incluso si ahora deseaba fuertemente que de verdad todo hubiera sido una pesadilla y que él jamás hubiera salido de aquí.
Eso significaría que Sonic seguía vivo.
Nine volvió a apretar fuertemente sus rodillas abrazadas, manteniendo la vista fija en el suelo granate. El susurro de los pasos arrastrados frente a él se detuvieron, reemplazados con el suave sonido de un cuerpo dejándose caer sobre la arena. Nine mantuvo sus ojos fijos de forma obstinada en el terreno, incluso si ahora también tenía un vistazo de los zapatos bicolor del otro, completamente sucios.
El color rojo disfrazaba mejor la suciedad adherida a su superficie, pero el blanco sin duda avergonzaba a su dueño al verse gris a este punto. Lo cual, de hecho, Nine no tenía ningún derecho a criticar, pues ahora él tenía su propio guante blanco asquerosamente mugroso. Ni qué decir de su ropa, manchada todavía de la sangre de la herida que le hicieron en ese mismo lugar, ahora combinada con polvo de los escombros que habían caído cerca de él.
Estaba muy pegajoso, por eso la idea de un baño comenzaba a verse demasiado tentadora. Luego descansar, de preferencia durmiendo, y fingir que nada de esto pasó. Su hamaca debía seguir intacta, al igual que su manta y su almohada. La parte de bañarse iba a ser complicada al no tener nada de agua en El Grim, pero podría prescindir de ello. Con que pudiera irse a dormir y…
—Nine.
Y claro que no podía fingir normalidad en su viejo hogar, cuyo nombre calzaba mejor con ‘prisión autoimpuesta’. Qué idiota creer que podía seguir disociandose, imaginando que iba a realizar sus viejas rutinas en esa tierra desolada para evitar pensar en el elefante de la habitación.
Tails ya debía estar cansado de su silencio prolongado luego de que ambos dejaron de llorar.
Un vistazo hacia arriba y por fin se atrevió a mirar a su más reciente amigo. Era incluso divertido recordar que, durante mucho tiempo, Nine expresó de diversas maneras su odio contra Tails en ese sitio nefasto; gritando al aire, golpeando sus robots fingiendo que eran el otro zorro, o simplemente destrozando algún fragmento de cristal morado para descargar su furia al recordar todo lo que Tails tenía en ese momento y Nine no.
Lo divertía, pues ahora Tails era su amigo y la idea de lastimarlo era lo último que había en el interior de su cabeza.
Sólo un par de días para que Tails lograra, de algún modo, volverse su amigo e incluso decidir con… con… Sonic a tomar acción y adoptar a Nine, declarándolo el nuevo hermano de ambos.
Eso… recordar ese momento no hacía más que humedecer otra vez sus ojos, sabiendo que la herida de perder a Sonic seguía muy fresca para él.
Él daría todo por regresar a esa noche estrellada y volver a mirar el cielo nocturno al lado de ellos dos.
Fue uno de los momentos más hermosos que jamás había vivido. Y que ese par lo hubiera compartido con Nine lo volvió en un instante demasiado preciado para él como para olvidarlo por el resto de su vida. Sólo la pérdida de memoria lo haría borrar de su cabeza el momento en que Sonic lo llamó su hermano menor y que Tails declaró que jamás iban a abandonarlo.
Y aún así Sonic ya no está contigo.
Ah.
Nine hipó, frotando con fuerza sus ojos para no escuchar esa voz en su cabeza.
No fue culpa de Sonic dejarlo solo. Si acaso era culpa de Nine, por haber permitido que sus estúpidas ganas de eliminar a los Eggmen lo sobrepasaran y nublaran su juicio, dando la oportunidad perfecta para que el resultado final se diera como se dio: con la victoria absoluta de los Doctores.
Su mano libre se vio envuelta por un agarre que comenzaba a volverse familiar y reconfortante, en especial ahora. Nine sorbió por la nariz, dejando de tallar sus ojos para mirar a Tails. El rostro de su amigo estaba igual de triste, pero mantenía un pequeño brillo en sus ojos azules que Nine podía reconocer como determinación y esperanza. Algo que a él le faltaba demasiado.
Podían llamarlo pesimista, aunque él prefería llamarlo ser realista. Había crecido de forma tan dura en New Yoke City como para saber que el último gramo de esperanza te lo podían quitar de forma cruel. Y tampoco es que ahora se sintiera muy desmotivado para pensar en recuperar a Sonic, es sólo que… Nine no quería mentirse del todo. Lo único que sabía, y quería, en ese momento exacto era que quería golpear a los Eggmen en sus malditas caras y obligarlos a darle el modo de regresar a su amigo azul. Y si ellos no hablaban, Nine iba a encontrar la solución. Buscaría hasta el rincón más alejado del Shatterverse por una forma de regresar a Sonic de vuelta a ellos.
Ojalá.
Nine apretó sus labios, animando sus orejas cuando Tails habló.
—¿Te sientes mejor?
Al instante sintió su irritación regresar en medio de su tristeza al escuchar, nuevamente, la voz rasposa de su amigo. Le molestaba tanto que los Doctores les hubieran dejado un par de malos recuerdos sobre ambos.
Por la adrenalina, Nine había ignorado muchas cosas. Una de ellas era el constante hormigueo en cada una de sus extremidades y lo mal que se sentía su cabeza. Súmale a sus malestares las marcas oscuras que se esparcían desde sus muñecas, resaltando los lugares donde su piel se quemó luego de ser electrocutado.
Ahora comenzaba a notar el dolor de todo el daño que les hicieron. Chaos.
Nine suspiró al darse cuenta de ello. —Ni un poco.
Tails no se desanimó y en su lugar ofreció una sonrisa tranquila. —Sí, me lo imaginé. —Sus orejas se marchitaron. —D-deberíamos movernos. Necesitamos descansar un poco.
¿Descansar? ¿Ahora? Bien. Nine podría reírse de Tails y hasta de sí mismo por haber pensado exactamente eso hace nada. Sabía que todo su cuerpo estaba protestando para recostarse un momento y desconectar su cabeza adolorida. Su cerebro, en cambio, estaba gritando por el peligro de saber que todos los cabeza de huevo ahora tenían control del Shatterverse completo.
Nine no tenía idea de por qué ellos no tocaron El Grim. El Núcleo Prismático de los Doctores fue construido con cuatro torres para abrir los portales a los otros mundos, y aún así sólo abrieron entradas a New Yoke, No Place y Boscage Maze. Si había una razón logística para no invadir este mundo, Nine todavía no la sabía.
De cualquier modo, que no hubieran tomado El Grim no era garantía de que no intenten entrar ahí también. Bajar la guardia podría ser su peor error.
Tails volvió a atraer su atención. —Aunque no sé si aquí podemos tomar un descanso. Este lugar es un poco… uh…
—¿Solitario? ¿Abandonado? ¿Nefasto?
Su amigo torció la boca con una media sonrisa, levantando una mano para moverla de lado a lado en un gesto de más o menos. —M-me atrevo a decir que aquí es donde pasó todo ese tema de pelear con el Prisma, ¿verdad?
Nine decayó en su expresión, bufando sin humor. —¿Qué me delató?
—Ah… no sé. Todas las máquinas apagadas que hay por allá y la nave abandonada de ahí.
Por supuesto que sí.
Desde que El Grim se recuperó y que también restauró cada objeto que se eliminó con energía prismática, como la Nave Nodriza del Consejo (cortesía de él, por supuesto), nunca, en los tentativos dos meses que Nine vivió ahí, se molestó en limpiar nada de lo que quedó de la batalla. No… no había sentido que valiera la pena esforzarse en ello. Así que todo el terreno frente a su vieja Ciudadela seguía invadido por sus robots Grim, incluyendo el enorme Grim Big y la Nave Nodriza apagada.
Si eso no gritaba Aquí hubo una batalla entonces no sabía qué más iba a decirlo.
Chaos. Era un poco vergonzoso que Tails viera de frente los resultados de su estúpida actitud en aquél entonces. Una cosa fue contarle parte de lo que hizo y otra era que estuviera de pie exactamente en donde pasó la guerra por el Prisma. Él no lo admitiría en voz alta, pero después de todo seguía preocupándole, muy en el fondo, que Tails lo juzgara. Nine ya había hecho muchas cosas mal hasta ahora, así que regresar a El Grim no era exactamente el respiro que quería.
Bien. Él realmente podría considerarse un idiota.
Era molesto volverse consciente de que una parte de él estaba esperando expectante a que las palabras que el estúpido Dr. Eggman dijo se cumplieran. Nine había estado tan seguro de que no iba a perder ni a Sonic ni a Tails que su determinación flaqueó demasiado cuando creyó que habían robotizado a Tails. Luego, esa misma determinación fue completamente aplastada al ver a Sonic desaparecer de la realidad.
Terminó perdiendo a uno de sus amigos y ahora estaba tenso al recordar que el Dr. Eggman le dijo que si sólo salvaba a uno, el otro iba a odiarlo. Dijo que Sonic y Tails significaban tanto el uno para el otro que Nine no podía ni siquiera intentar fingir que formaba parte de ellos. Que él no pertenecía ahí. Que él no-
—Tranquilo, Nine. —Tails le frotó el brazo. De algún modo ahora terminó sentado a su lado en vez de frente a él.
Nine apretó la mandíbula, muy irritado consigo mismo por seguir siendo un mocoso llorón. Tails había perdido a su amigo, su hermano de toda la vida, y en vez de vivir su propio duelo estaba consolando a Nine. Él ni siquiera debería seguir llorando.
Todo fue su culpa.
Y aún así, un sollozo se le escapó de forma involuntaria, temblando levemente. Si las palabras que de pronto salieron de su boca fueron gracias al cansancio emocional, lo afectado que quedó su propio cerebro por las descargas eléctricas, el shock fresco de perder a Sonic o todo combinado, Nine no lo sabría. Simplemente soltó lo que tenía atorado en lo profundo de su pecho.
—¿S-sigues queriendo que sea tu amigo?
Tails se irguió muy rápido, mirándolo como si hubiera insultado la memoria misma de Sonic. Nine presionó los labios en respuesta, sorbiendo por la nariz. El miedo se instaló muy rápido en su estómago.
Casi de inmediato Tails respondió, aún con la voz rasposa pero firme. —Por supuesto que sí. Eres mi amigo. Mi hermano. ¿Por qué pensarías lo contrario?
Si cometes un paso en falso, ellos van a odiarte.
Vaya, bien. Ahora además de escuchar la maldita voz de Mr. Dr. en su cabeza para insultarlo, el timbre más calmado del Dr. Eggman también se unía a la fiesta. Fantástico, en verdad.
Su cerebro no fue capaz de responderle a Tails gracias a la persistente idea de ser abandonado, y como su silencio se estaba prolongando, Tails volvió a retomar la palabra, tratando de encontrar la mirada de Nine.
—¿Te dijeron algo ellos?
El ceño de Nine se crispó apenas muy poco, y de forma sorpresiva Tails lo notó, pues en seguida su mirada se suavizó en algo triste, tomando con cuidado una de sus manos.
—Oh, Nine. Lo que te hayan dicho no es cierto. —Su voz se quebró, aunque sonaba más por el esfuerzo de seguir usando su garganta inflamada. —N-ni ellos ni nadie me harían alejarme de ti. —Su expresión se animó considerablemente en algo más divertido, idéntico a Sonic. —Ahora estás atascado con nosotros, te guste o no. Por siempre.
Hubo varios detalles que Nine notó al mismo tiempo que casi quería llorar de nuevo. La forma en que Tails se parecía tanto a Sonic que podía verlo a él en el zorro. Que sus palabras eran muy similares a lo que él mismo respondió de vuelta al Dr. Eggman cuando espetó que no pertenecía ni Sonic ni a Tails. O incluso que Tails dijo nosotros, como si Sonic siguiera presente o supiera que iba a volver de un modo u otro, asegurándole a Nine que ellos dos continuarían con él a pesar de todo.
Fue… demasiado. Mucho para procesar en su estado actual, y aún así le creyó.
Bueno. En realidad le estaba costando trabajo entender que Tails decía la verdad. Lo mejor que pudo hacer Nine fue elegir de nuevo aferrarse a las palabras de su amigo en lugar de recordar todo lo que le dijeron los Eggmen. Si Tails sentenciaba con tanta confianza que seguía siendo su… hermano, Nine iba a tomarlo como una balsa en su corazón y sujetarse a ello. Aún si entendía mucho menos una relación de hermanos que una relación de amigos, haría su mejor esfuerzo. Esta vez de verdad lo haría y trabajaría por arreglar este desastre.
No podía equivocarse una tercera vez.
Nine volvió a hipar una última vez, tragando hondo para aclarar su propia garganta. Quería agradecerle a Tails y, tal vez, aceptar que por fin se movieran de ahí. Lo habría hecho si no fuese porque el conocido cielo verde de El Grim se oscureció como hizo varias veces cuando él vivió ahí. En esas ocasiones, Nine creía que los cambios sutiles de luz en el cielo eran una posible señal del día o de la noche en ese mundo. La verdad es que nunca significó nada de eso y nada en general. No en ese momento. Ahora, sin embargo, Nine tenía la información suficiente para sumar dos más dos y entender que la única vez que el cielo verde se ensombreció así de intenso y prolongado fue la semana antes de que el Consejo del Caos lo atacara, revelando que habían estado rondando por El Grim sin que él se hubiera dado cuenta todo ese tiempo.
Nine no era tan estúpido como para no descubrir la correlación de lo ocurrido. O al menos de crear una hipótesis casi segura. Y dicha hipótesis es que alguien debía estar abriendo un portal hasta El Grim.
Maldición.
Nine se levantó de un salto, jalando a Tails con él. Su amigo lo siguió sin protestar, aunque arrugó el rostro en confusión a la par que abría la boca. Nine lo silenció de inmediato al negar con la cabeza, llevándolo hasta el costado más cercano de su vieja Ciudadela.
Atravesaron el muro de cristal que rodeaba el castillo, sorteando algunas rocas moradas sobresalientes para llegar a la pared del costado derecho. Nine aprovechó la estructura irregular de los cristales pegados al suelo para esconderlos a ambos tras uno de los más altos.
Si los estaban buscando, sería estúpido buscar refugio dentro de su laboratorio. Aunque estar oculto cerca de la Ciudadela tampoco era lo mejor. Además, el cielo regresó a la normalidad con rapidez. Eso significaba que el portal ya debió cerrarse y cualquier intruso que hubiera llegado ya estaba en su territorio, dándoles una ventana de tiempo muy corta para encontrar un mejor escondite.
Tails siguió mirándolo con aprehensión, con una clara pregunta en sus ojos que se respondió cuando ambos se agacharon por instinto al escuchar varias pisadas pesadas ahí afuera. Los dos nivelaron su respiración al mismo tiempo, aguzando bien el oído ante cada sonido nuevo de los indeseados invitados.
Es obvio que irían a buscarlos. Por supuesto que sí, maldita sea. El Consejo sabía bien que aquí se escondió la primera vez que se robó el Prisma, por ende, iba ser el lugar más seguro a dónde huiría de nuevo.
Que predecible se estaba volviendo.
Nine se tragó su molestia, retrocediendo aún más tras el cristal opaco. Levantó una mano frente a Tails, indicándole que también se adentrara más en el escondite. Lo bueno es que tenían una abertura de ambos lados, así que podrían salir por un costado si alguien aparecía desde el otro.
Lo malo, tenían una abertura a ambos lados. Entonces, si los buscaban al mismo tiempo desde los dos extremos, su única salida sería ir por arriba. Lo cual, claro, no sería un problema si Nine no recordara perfectamente que las colas gemelas de Tails estaban muy lastimadas, producto de haber escapado de una máquina de robotización.
Brillante, lo que les faltaba.
Archivó mentalmente ayudar a solucionar las heridas de Tails cuando los dos escucharon los golpes de metal contra metal. Nine se agachó, atreviéndose a asomar muy poco su cabeza por el costado del cristal que lo ocultaba, con la mano tensa de Tails tomándolo del brazo. No se estiró mucho, sólo lo suficiente para lograr ver un pie ancho, plateado y naranja, pateando uno de los robots Grim por el suelo.
Eggforcers.
Nine regresó hacia atrás con rapidez, escuchando al mismo tiempo sonidos de propulsores activándose y comenzando a subir a la corona de su Ciudadela. Vaya, no eran estúpidos. Iban a buscar hasta la punta más alta del ridículo castillo morado de Nine. De hecho… eso en sí mismo eran pésimas noticias, pues sólo le decía a Nine cuánto quieren atraparlos de nuevo.
Chaos.
Ellos salieron con mucho trabajo de la maldita prisión a la que los llevaron, con ese horrible Núcleo Prismático burlándose de él cada vez que lo veía. Nine no estaba nada dispuesto a dejar que les quitaran la única oportunidad de libertad que tenían para planear algún ataque de regreso o mínimo recuperarse. No tenía ganas de que lo electrocuten de nuevo, o de que el Dr. Eggman cumpla su… inquietante amenaza.
Él mismo buscaría por su cuenta a los Doctores después, muchas gracias.
Ambos brincaron sobresaltados, afortunadamente sin hacer ruido, al escuchar un golpe seco seguido del sonido familiar del cristal rompiéndose, ofreciendo aún más malas noticias. Si los odiosos Eggforcers empezaban a destrozar la estructura de la enorme Ciudadela sólo para dar con ellos, no tendrían muchos lugares donde esconderse.
La idea provocó que Nine moviera levemente sus colas de metal.
Tenía energía prismática en ellas, lo suficiente para otro portal y algunas cosas más. Sin embargo, si se acercaban demasiado a ellos, tendría que atacar para defenderlos a ambos. Más ahora que esas máquinas ya estaban potenciadas con el poder del Prisma. Es precisamente por eso que Nine no estaba seguro de cuánta ventaja verdadera le daban sus colas de metal. O si realmente tenían ventaja.
Ugh, qué fastidio.
De nuevo se escuchó otro cristal siendo destrozado con brutalidad, acelerando su pulso por lo cerca que había sonado. Intercambió una mirada con Tails, notando que él también estaba pensando a mil por hora qué debían hacer para salir de esa situación.
Si atacaban ahora, sin duda revelarían que en efecto estaban ahí, lo que los obligaría a tener que dejar El Grim. Tal vez de forma definitiva. Y no es que le molestara a Nine la idea de irse de ahí de nuevo, pero por ahora era lo más tranquilo que tendrían para recuperarse antes de pensar siquiera en qué hacer contra los Eggmen. Necesitaba tener al menos su estancia asegurada en este mundo por un poco más.
Esta vez se escuchó un disparo de energía, un poco más lejos. El estruendo del cristal estallando fue demasiado agresivo. Nine sospechó que podrían estar rompiendo la pared que rodeaba la Ciudadela, o sólo destrozando los cristales sobresalientes de la tierra. Tenían el tamaño suficiente para esconder a alguien (ellos lo estaban haciendo), así que era lógico destrozar las estructuras sueltas para despejar el área.
Oh.
Era lógico destrozarlas. Iban a llegar a ellos sí o sí.
Nine volvió a crisparse cuando otro cristal estalló cerca de ambos. Tails ahora había tomado su mano, sabiendo tan bien como él que si llegaban hasta donde estaban, tendrían que hacer algo. La búsqueda parecía estar acercándose a ellos, lo que los estaba acorralando. Si no hacía nada lo más pronto posible, los iban a encontrar.
¡Por Chaos! ¡Sólo quería un condenado descanso, maldita sea!
Agh. Bien.
Está bien.
Si ellos estaban destruyendo los cristales, Nine iba a aprovechar el ruido para romper también los suyos.
Se giró hacia Tails, susurrando lo más bajo que pudo. —Voy a abrir un hueco. Necesito que te asomes con cuidado y me digas cuando estén a punto de romper un cristal.
Tails presionó sus labios, asintiendo con seguridad. Se deslizó en silencio hasta una de las orillas, levantando un brazo con la mano estirada hacia arriba en señal de alto. Nine se enfocó en la pared de su ciudadela, sabiendo que las había hecho con un grosor amplio antes de conectarse directamente al interior de su laboratorio. Con movimientos suaves levantó sus colas, asegurándose de no provocar ruido con ellas. Luego miró de reojo a Tails, observando bien atento su señal.
Afuera se escucharon varios pasos. Un par en particular se detuvo, siendo el momento en que Tails bajó rápido la mano en señal de continuar. Nine actuó al instante, disparando a la pared exactamente al mismo tiempo que el cristal de afuera se rompió con una explosión ruidosa. La luz verde por suerte sería cubierta por la roca lisa que los ocultaba. El humo, por otro lado, se dispersó rápido, revelando una abertura pequeña, pero honda hacia dentro, en medio de los bloques largos de la Ciudadela.
Nine no perdió más tiempo y tomó la mano de Tails, haciéndolo entrar primero seguido de él, ambos a rastras debido al tamaño bajo. Una vez dentro, Nine aguzó bien sus orejas, esta vez prestando atención a las pisadas de afuera y esperando que ojalá la abertura pequeña pasara desapercibida para los altos Eggforcers. No llegaba ni a la altura de las rodillas mecanizadas de los robots, así que podrían ser ignorados. Necesitaban ser ignorados.
Por favor.
Ambos parecían estar aguantando la respiración. Nine en particular se sobresaltó cuando el cristal que hace poco los había escondido de la vista se hizo pedazos, arrojando algunos trozos pequeños hasta el suelo de su pequeña cueva. Su pulso se aceleró y casi se mareó, por lo que activó un par de colas en caso de que vieran el hueco.
Tal vez no fue el mejor escondite. Tal vez acababa de acorralarlos a ambos. Tal vez iban a verlos. Tal vez-
Nine tembló, apretando sus puños fuertemente cuando el Eggforcer continuó caminando y destrozó ahora un cristal, en una zona mucho más lejana de su escondite. Su cabeza se entumeció fuertemente al eliminar la tensión, aunque también podía ser porque a este punto ya necesitaba un descanso urgente.
Soltó el aire que contuvo, agradeciendo mentalmente a Tails por alcanzar su mano y sostenerla con firmeza. Lo estaba ayudando a mantenerse físicamente estable con el exceso de ruido de afuera.
Los dos se quedaron así quién sabe por cuánto tiempo. Pudieron ser horas o minutos y, al no tener algún reloj a la mano, cualquier opción fue igual de eterna. Por eso fue un consuelo maravilloso cuando por fin, después de mucho, se escucharon los propulsores apagarse y las armas desactivarse.
Varios pasos al unísono se agruparon en algún lugar lejano, por suerte todavía al alcance de su oído. Nine se quedó atento, oyendo el familiar sonido de un portal abrirse de nuevo mientras afuera se oscurecía. Otra vez se escuchó la marcha metálica, desvaneciéndose cuando el crepitar desapareció y el cielo regresó a su tono normal.
Todo quedó en silencio total.
La respiración de Nine se entrecortó, sabiendo que debían esperar un poco antes de salir. Sólo por precaución. Aunque se estaba volviendo asfixiante estar dentro del hueco que hizo. No es que él sufriera de claustrofobia. Ni un poco. Su problema real era que sus piernas ya estaban demasiado entumecidas desde hace un buen rato y el espacio comenzaba a sentirse muy cerrado. Así que cuando ambos intercambiaron una mirada luego de un largo momento y decidieron que era seguro salir, Nine prácticamente se dejó caer totalmente estirado en el suelo exterior, respirando hondo al tirarse boca arriba.
Tails salió a su lado y, a diferencia de Nine, él estaba de rodillas, manteniendo las orejas bien erguidas y los ojos observando con precaución todos sus alrededores. Nine se sintió realmente mal de dejar que Tails fuera el único revisando el área, pero su fuerza parecía haber pensado que este era el mejor momento para abandonarlo y dejarlo sintiéndose como si pesara mil toneladas.
Le costó trabajo pararse cuando Tails se levantó y lo miró, esperando que lo siguiera. Nine tuvo que usar un par de colas metálicas para ponerse a la altura de Tails, quedándose de pie más a fuerza que de voluntad. Luego se vio repentinamente arrastrado por su amigo desde la muñeca. Eso sí, a un paso suave.
Ambos caminaron con cuidado hasta el frente de la Ciudadela, con los estragos nuevos que quedaron alrededor de la construcción morada, todos en forma de cristales opacos rotos.
Sólo destrozaron toda la pared que protegía el castillo y las rocas sueltas que sobresalían del suelo. Y, en general, toda su estructura principal estaba intacta, con la diferencia de que ahora se veía completamente expuesta a la vista de varios metros a la redonda. Ya no había sitio para esconderse afuera, y si los habían ido a buscar o todo este espectáculo fue una advertencia era un misterio momentáneo.
La única certeza que Nine tenía presente en su cabeza abrumada es que ya tampoco era seguro quedarse en El Grim.
Por fin logró enterrar parte de su cansancio y pesadez, parando en seco. Se giró hacia Tails antes de que avanzara más.
—Hay que irnos. Podrían volver.
Van a volver. No iban a detenerse tan fácil. Así era el maldito Consejo del Caos.
Tails lo miró con el rostro arrugado. —Primero hay que darnos un respiro antes de continuar.
—No. —Nine espetó con fuerza. —No podemos quedarnos cuando ellos podrían regresar en cualquier momento.
—Tampoco podemos avanzar a ciegas y sin un plan o sin saber a dónde ir ahora. —Tails arqueó una ceja. —Además, pareces un muerto, Nine. Tienes que dormir un poco.
Nine torció los labios. —Sí, claro. Tú tampoco estás mejor.
—No. —Tails tosió con trabajo. —Pero no creo lucir como si fuera a caer desmayado en cualquier momento.
Oh, vamos. Nine no podía lucir tan mal. Aunque el fuerte dolor de cabeza y la pesadez estaban diciendo otra cosa.
Como sea, su obstinación siempre fue uno de sus mejores rasgos, así que mantuvo su postura firme, con una mirada seria y brazos cruzados. —Nos vamos. Ahora.
Tails entrecerró los ojos, claramente también dispuesto a defender su idea. Bufó, imitando su postura y agregando un ceño arrugado. —Nos quedamos a reorganizarnos.
Los dos se quedaron ahí de pie, tratando de intimidar al otro. Ni siquiera estaban parpadeando. Las miradas azules de ambos eran igual de intensas, al menos hasta que una punzada particularmente fuerte en su cabeza obligó a Nine a desviar la mirada mientras se frotaba la frente para aliviar el dolor.
La molestia aminoró un poco, pero cuando sus ojos cansados se enfocaron de nuevo en Tails, él tenía una horrible sonrisa sabionda y una ceja arqueada.
Maldito idiota.
Nine rodó los ojos, totalmente fastidiado. —Ya, como sea. Tú ganas.
Tails se rio roncamente, volviendo a tomar la muñeca de Nine para continuar caminando, sólo que Nine los detuvo de nuevo. Por razones justificadas, claro.
—Deja de llevarme como si conocieras el lugar. Sé perfectamente a dónde ir.
Tails no borró su ligera sonrisa divertida, rodando los ojos. —Bien, adelante.
Nine gruño de forma infantil, todavía con el orgullo herido por haber perdido contra Tails. Al menos necesitaba retomar un poco de control, así que ahora fue él quien tomó la muñeca de su amigo y los llevó hasta el costado opuesto de donde se habían escondido en la Ciudadela. Ahí estaba la grieta familiar en la pared, exponiendo eternamente su laboratorio.
Adentro estaba hecho un desastre, lo que no era extraño considerando que el último día que estuvo ahí dentro el Consejo del Caos lo atacó y Nine se defendió lo mejor que pudo, rompiendo un par de cosas preciadas para él, como su monitor principal o su teclado. Eso todavía le calentaba la sangre. Y hablando de sangre… era mejor ignorar la enorme mancha café en el suelo cerca de la entrada.
Había tenido suficiente de malos recuerdos.
Tails miró todo con curiosidad y una clara preocupación. —¿Qué pasó aquí?
Nine se encogió de hombros. —Ya sabes. Mi esfuerzo por ser un buen anfitrión con el Consejo. —Escupió con claro odio, caminando hasta su escritorio debajo de la plataforma donde había construido el Shatterdrive para mantener el Prisma, feliz de saber que al menos el monitor de ahí estaba mayormente intacto.
Todas las cosas que rompió habían sido del panel principal para manejar el Prisma Paradoja. Y como ya no necesitaba usarlo, podía prescindir en parte de ello.
Nine no perdió el tiempo para levantar una cola, dispuesto a darle un poco de energía a su equipo. Tendría que administrar bien el poder que logró conseguir de más, manteniendo una parte para un portal de salida de ahí. A dónde, no sabía. Simplemente estaba consciente de que no podían quedarse mucho tiempo en ese sitio. Aunque… él había estado considerando descubrir si podría robar la energía prismática residual de sus robots y así obtener un poco más. Por si acaso, obviamente.
El Consejo lo había logrado. De algún modo lo hizo y por eso fueron capaces de llegar a Green Hill. Y si ellos pudieron, Nine no se quedaría atrás. Evidentemente por la cantidad que Nine les vio poseer, y por los recursos que obtuvieron, era muy posible que los cabeza de huevo hayan dejado sin nada a la mayoría de robots Grim que había allá afuera. Por suerte Nine sabía perfectamente que tenía muchas máquinas más abandonadas en la grieta donde arrojó a Shadow para mantenerlo a raya.
No fue su mejor momento, ¿bien? Y el idiota era demasiado fuerte como para perderlo de vista. Lo que no era lo importante ahora, sino que Nine le había mandado esa vez una buena cantidad de robots Grim Sonic. Lo suficientes para tener una dotación con la cual intentar descubrir si podía robar la energía prismática residual. Y con esa energía lograría mantener encendido su monitor un poco más de tiempo. Era una pena que no hubiera recuperado su propio dispositivo multiusos para cargarlo también, pero… pero…
Oh.
¡OH!
¡Cierto! ¡Había recuperado el Miles Electric de Tails! Y además se había robado una de las pulseras de los Eggmen.
Nine casi se da una palmada en la frente al haber olvidado que contaban con recursos tan buenos como esos. Claro, habían manipulado el dispositivo de Tails, aunque nada que un pequeño ajuste suyo no pueda arreglar para estar un poco más seguros de que no tendrán algún software espía o rastreador en la tableta amarilla y-
—¡Oh! ¿Esto lo hiciste tú?
Nine se sobresaltó, sin haber notado que Tails se había acercado a su lado. Chaos, tal vez sí necesitaba una siesta pequeña.
Su amigo miraba a un costado de su monitor y cuando Nine siguió la línea de su visión, no pudo evitar sonrojarse intensamente, cohibido de la nada al notar a Tails observar con ojos brillantes el graffiti que Nine hizo de sí mismo en la pared.
Maldición, no… su pequeño autorretrato era demasiado dramático-
—¿Sabes pintar?
Nine desvió la mirada, frotando su nariz mientras deseaba por un segundo que El Grim lo tragara por completo.
—A-algo así.
—¡Increíble! —Tails exclamó con admiración genuina, viéndose interrumpido cuando comenzó a toser de forma lamentable, sólo que esta vez se agregó una sibilancia que a Nine no le gustó nada.
Bien, ya tuvo suficiente de que Tails siguiera con la garganta herida. Y, además, era una buena forma de desviar la atención de sus habilidades artísticas privadas.
—Oye, siéntate aquí. —Nine le ordenó, señalando su banco.
Tails se frotó debajo de la barbilla, intentando carraspear a pesar de que Nine le dijo explícitamente durante su cautiverio que no lo hiciera. Y para este punto Tails había hablado más de lo que debía, así que no era una sorpresa esa sibilancia.
Idiota.
Su amigo se sentó donde le dijo y Nine se paró frente a él.
—Escucha. Yo ya llegué a hacer esto conmigo mismo antes. No es peligroso y te va a ayudar.
—¿Q-qué…? —Volvió a toser. —¿Qué cosa?
Nine levantó una cola de metal. —Usar energía prismática para curar mis heridas.
Tails abrió mucho los ojos, mirando entre él y la extremidad de metal que estaba apuntándolo. —O-oh.
—Tranquilo. No lo haría si no supiera que es seguro.
Al menos no hasta donde Nine sabía. Lo único negativo que descubrió es que se volvió adicto a aliviar cada dolor de cabeza que le daba después de haber logrado sanar el golpe que el maldito de Renegade le dio. Y cuando la energía se le acabó, Nine se sintió desesperado por no poder eliminar sus dolencias muy rápido.
Él dudaba mucho que Tails se volviera dependiente a sanar cada herida con poder prismático como él.
Tails finalmente se relajó, respiró hondo y asintió con una expresión seria. —Está bien.
Nine titubeó antes de asentir, volviendo a agradecer mentalmente la confianza que ahora le tenía Tails. Saber eso se sentía bien.
Imitndo la expresión seria de su amigo, Nine se enfocó con cuidado en su garganta descubierta (y parcialmente en su hombro izquierdo vendado). Se concentró en lo que deseaba hacer y disparó un tiro corto a cada área desde la punta de su cola metálica para no dejar que Tails dudara más. De hecho, se había mostrado tenso cuando la luz brilló en la extremidad y terminó brincando en el asiento cuando la energía le dio. Más allá de eso, Tails no hizo otra cosa además de permanecer sumamente quieto, como si esperara a que ahora la zona afectada se encendiera en llamas o algo así.
Nine rodó los ojos, un poco divertido. —Está bien. Puedes hablar.
Tails parpadeó, frotando su garganta y moviendo un poco su hombro. —Uh… —Sus ojos se abrieron mucho más de inmediato, con la voz recuperada. —¡Oh, wow! ¡¿De verdad funcionó?!
—¿Es que dudabas de mí? —Nine arqueó una ceja.
—¡No! Claro que no. —Tails agitó las manos frente a él. —Es sólo que, tú sabes. Es una energía todavía desconocida para mí, y no hemos estudiado sus efectos, así que no sabía si lo que probaste en ti funcionaría en mí, porque podría funcionar sólo en respuesta a su usuario y-
Uf, tal vez no debió regresarle la voz.
Nine bufó, nada impresionado. Ignoró la diatriba de su amigo para tomar su mano derecha en medio de sus ademanes y disparó otro tiro contra la herida profunda que se hizo, presumiblemente, al escapar del robotizador. De inmediato la piel lució cicatrizada y de un tono más oscuro. No estaba curada por completo, pues aún tendría que cubrirla para proteger la costra, igual que el hombro, pero al menos ya no iba a dolerle.
—Oh, wow. —Tails repitió, tomando su propio brazo y observándolo con ojos impresionados.
Nine retrocedió un paso. —Tails.
—¿Mmh? —Él no dejó de ver y tocar la herida cicatrizada.
—Necesito que me dejes arreglar tus colas.
Su amigo por fin levantó la vista, parpadeando una vez antes de mirar hacia atrás mientras alzaba sus dos extremidades, chamuscadas y con una línea horizontal que las atravesaba a ambas, dejando ver su piel ampollada y roja. Muy roja.
Es ahí de donde ataron sus colas, y seguía siendo doloroso ver el daño causado.
Nine apretó los labios, intentando no pensar en la descarga que debió sufrir Tails cuando se liberó. Ya suficiente tenía con haber regresado a la maldita sala de robotización para no encontrarlo y luego descubrir que había logrado escapar, con daños colaterales incluidos.
Sí, era mejor concentrar un poco más de energía y disparar un tiro más prolongado.
Cuando la luz se apagó, la piel se veía mucho más curada que la del brazo, con una cicatriz casi imperceptible y sin rastros de las ampollas. Fue un respiro ya no ver los rastros de la quemadura. Lo único malo es que Nine no podía hacer mucho con el poco pelaje que perdió en esa zona. Afortunadamente volvería a crecer con el tiempo.
Tails suspiró con alivio evidente. —Oh… gracias. Comenzaba a volverse difícil ignorar el ardor.
Nine entrecerró los ojos, ignorando el leve zumbido en su cabeza. —¿Y aún así no decías nada?
—¡Oye! No sabía que podías curar con la energía prismática. —Tails levantó sus manos. —Y de todas formas no tenía caso. Lo único que pensaba hacer era vendarlas.
Por supuesto que haría eso.
Nine rodó los ojos, activando todas sus colas metálicas mientras empezaba a trabajar en automático. Empleó una para encender, por fin, su monitor y otras dos para sostener la pulsera robada, llenándola de energía a la mitad. Las restantes las usó para sostener el Miles Electric de Tails y jalar algunos cables que conectó de inmediato al dispositivo de su amigo, el cual no perdió tiempo en jadear por la sorpresa y levantarse del banco.
—¡¿Lo recuperaste?!
—Estaba en la consola de control. —Se encogió de hombros. —Ni siquiera lo aseguraron o algo.
Le gustaría decir lo mismo de su propio dispositivo multiusos, pero el idiota del Dr. Deep se lo había quedado para guiarlos a la bóveda donde protegían el Prisma Paradoja y de ahí ya no supo qué fue de este. Nine desearía haberlo recuperado. Ahora es posible que ya no lo vuelva a ver.
Se tragó su enojo acumulado, girando una oreja hacia Tails cuando volvió a hablar.
—Oye, pero… ¿no crees que ellos pudieron… dejar algún virus o programa invasivo en mi Electric?
—Por supuesto que lo pensé. —Nine resopló, comenzando a escribir en su teclado más pequeño.
Su propio sistema se desplazó rápido en la pantalla revivida de su equipo principal, moviéndose justo como él quería y con los archivos donde él los tenía.
Por fin algo de normalidad tecnológica.
No tardó mucho en elegir el programa correcto, ingresando todos los comandos necesarios para entrar al sistema de Tails. Era una fortuna que sus códigos de programación se parecieran tanto. Sólo que Tails era un poco más desordenado con las líneas de código mientras que Nine prefería acomodarlas bien.
Detalles menores.
Al instante la pantalla de la tableta de Tails se encendió, mostrando una imagen en blanco con un logo pequeño de dos colas en el centro. Divertido. Y lo fue aún más cuando el sistema se quedó congelado en esa imagen y luego se oscureció a una pantalla gris, con el emoticón de la cara de Nine riendo al decir que había sido hackeado por él, reemplazando las dos colas.
Tails no perdió el tiempo en tomar su Miles Electric.
—¡Oye! ¿Qué le hiciste?
—Lo hackeé. —Él respondió con obviedad.
—O sea, sí, lo sé, pero… —Su rostro se arrugó, contrariado.
Nine puso los ojos en blanco, empezando a cansarse de ello por el zumbido en su cabeza. —¿Preferirías que hubiera algún rastro de esos cabezones en tu sistema? —Presionó un botón en su computadora, permitiendo que la tableta regresara a la pantalla principal. —Logré eliminar cualquier permiso de todos los usuarios actuales en tu dispositivo, lo que significa que si el idiota del Dr. Eggman o alguien más dejó un software ahí, ya no podrán activarlo. Pero-
—Pero yo también fui desplazado como usuario. —Tails completó, torciendo los labios. —Sé cómo funciona, Nine. —Suspiró, con los hombros caídos. —Me lo vas a regresar, ¿verdad?
—Por supuesto. —Nine arrugó el rostro como si lo hubiera insultado. —Al igual que tú, tampoco me gusta adueñarme de dispositivos ajenos. A menos que sean del Consejo, claro.
No es como si Nine hubiera olvidado cómo Tails aclaró, sin titubear, que el extractor de energía prismática era de propiedad intelectual de Nine y no suya. Devolvería gradualmente el control de la tableta a Tails, sólo que ahora no tenían el tiempo para realizar toda esa programación, así que debían ajustarse a esto por el momento.
Tails le sonrió más tranquilo, frotándose la nuca. —Sí, lo siento. Es que… es importante para mí.
Nine parpadeó, entendiendo el sentimiento. —Puedes usarlo normalmente. Lo único diferente es que todo lo hagas yo lo “veré” en mi computadora. —Hizo comillas al aire, señalando su monitor. —Y eso no será problema porque nos iremos de este lugar pronto y dejaré inutilizable esto.
Dicho eso, Nine volvió a enfocarse con trabajo en la pantalla brillante, comenzando a entrar a los viejos archivos que guardó sobre todo lo que recolectó de el Prisma y, por supuesto, los otros tres Shatterspaces.
Bueno, al menos empezó a abrir carpetas y notas ordenadas cuando Tails lo tomó del brazo.
—Nine, ¿qué crees que haces?
Él frunció el ceño, confundido. —¿Tratar de trazar nuestro siguiente paso para salir de aquí?
—Sí, claro. —Tails arqueó una ceja. —Te dije que debías dormir, ¿verdad? Y tú aceptaste hacerme caso.
Nine titubeó por un par de largos segundos, descolocado antes de mirar entre la pantalla y Tails.
Su voz se elevó en algo más agudo. —No hablarás en serio.
—Oh, sí que lo hago.
Él se rio con indignación. —Disculpa, pero yo no-
—Lo siento, No te escucho. —Tails cortó sus palabras, comenzando a empujarlo con más fuerza de la que Nine creyó que su amigo tendría. —Lo único que oigo es el silencio por tenerte a ti durmiendo.
Nine se tropezó, completamente tomado por sorpresa y notando que ya estaban a medio camino de llegar a su vieja hamaca.
Se detuvo de golpe. —Tails. —Gruñó mientras miraba a su nada intimidado amigo. Nine suspiró irritado, frotando su frente y sin pensar en que eso se sentía bien. —Bien, ¿y si ellos regresan?
Tails se encogió de hombros. —Te despierto y nos vamos.
—¿Y si no sabes a cuál mundo será mejor movernos?
En realidad su miedo implícito es que Tails trazara un plan que implicara huir a New Yoke. Pero no iba a admitirlo en voz alta.
Su amigo sonrió con calma. —Leeré todas esas bonitas notas que tienes y sabré a dónde iremos.
—¿...Y si-?
—¡Oh, por favor, Nine! ¡Sólo ve a dormir!
Nine se erizó ante el tono de su amigo, volviendo a sentirse desprevenido y ciertamente sin la energía para no dejarse mandar. Al menos se esforzó por arrugar la cara en fastidio como última muestra de inconformidad.
—Bien. —Arrastró las palabras con molestia. —Te lo advierto, Tails. Si tu plan es malo, voy a golpearte.
—Sí, sí. Lo que digas. —Tails palmeó su espalda, volviendo a guiarlo a la hamaca. —Ahora ve a dormir.
Nine se detuvo un momento. —¡Bien! Lo haré, pero… —Regresó a su escritorio para tomar la pulsera blanca cargada a la mitad, luego volvió al lado de Tails y tomó su mano derecha para ponerle el brazalete. —No era mi plan robar tanto tiempo esto. Y ya que lo tenemos, creo que podríamos usarlo para nosotros.
—¿Qué es?
—El nombre no lo sé. Lo hicieron los Eggmen y funciona con energía prismática.
Tails inhaló impresionado, mirando más de cerca la pulsera.
—¿Qué hace?
Nine tuvo energía para sonreír de lado. —Eso, Tails, lo tendrás que averiguar tú. —Retrocedió unos pasos, acercándose a la maltratada hamaca. —Lo siento, pero yo voy a dormir. Y si destruyes mis cosas con eso, voy a enterrarte vivo.
Su amigo titubeó, arrugando el rostro. Claramente Nine no hablaba en serio. Ni un poco. Lo habría aclarado si no fuera porque algo en su mirada debió decirle a Tails que había un poco de verdad en su amenaza, provocando que mirara inseguro la pulsera blanca. Eso lo divirtió lo suficiente como para no decir nada.
Excelente. Una venganza contra el pequeño hipócrita por mandarlo a dormir.
Nine le dio una risa satisfecha final antes de enfrentarse directamente a su hamaca, borrando cualquier rastro de diversión en él ahora que le daba la espalda a Tails.
La última vez que durmió ahí tuvo mucho miedo de no volver a despertar, todo gracias a que llevaba días sin comer nada y su tiempo estaba contado. Bueno, en general todo el tiempo que durmió ahí sólo significaba cerrar los ojos para tener pesadillas y despertar peor que antes.
La última vez que se levantó de ahí sólo fue para que casi lo mataran en su laboratorio. Y esta vez lo estaban buscando con propósito.
Tranquilo. Tails está aquí.
Bien, sí. Le acababa de dar la pulsera y le había sanado las heridas más recientes. Tails podía defenderse perfectamente ahora. Nadie los tomaría por sorpresa. Todo estaba bien.
Con el corazón latiendo fuerte, Nine se subió de forma lenta a la hamaca, agradeciendo que Tails ya no le prestara atención y ahora estuviera de vuelta en el escritorio de Nine. De este modo, su amigo no vería lo mucho que él estaba temblando mientras se acomodaba en la tela delgada que colgaba de las dos palmeras. Si seguía así, iba a terminar en el suelo por su simple movimiento errático. De un sentón, Nine finalmente se dejó caer por completo sobre la hamaca, mirando con rigidez el techo familiar.
La última vez intentó contar las grietas de la estructura hexagonal para no dormirse, sólo que ahora debía hacer justo lo contrario. Y estaba bien. Ya no tenía la desnutrición ni la deshidratación de ese momento. No había por qué tener miedo de no volver a despertar.
Está bien.
Además, ya había logrado dormir hace poco. Sin pesadillas ni problemas. Descansando bajo un bonito cielo estrellado y sollozando en los brazos seguros de Sonic…
Ah.
Sí.
Es claro que esto no era lo mismo, pero el punto es que logró dormir.
Nine exhaló de forma entrecortada, apretando la mandíbula mientras cerraba los ojos. Es cierto que ahora notaba lo increíblemente cansado que estaba, aunque su cerebro seguía muy alterado, sobre analizando todos sus miedos y las imágenes de las últimas horas sin dejarlo relajarse.
Poco a poco los sonidos de afuera se volvieron más un ruido secundario. ¿O en realidad ya no se oyen? Uh… Nine no está seguro. Era… extraño. Su cuerpo se estaba relajando sin que su mente lo siguiera. Estaba activa. Muy activa. ¿O ya estaba dormido? No, ¿o sí?
Tal vez así era mejor.
No quería dormir. Dormir significaba soñar. Soñar significaba tener pesadillas. Y tener pesadillas era lo peor del mundo.
Más aún al despertar solo en su pequeño laboratorio. Sin compañía. Sin nadie.
Estaba solo. Todos lo dejaron ahí. Se fueron en las naves y ahora no puede salir de aquí.
Está tan abandonado que nadie lo ayuda. ¿Por qué querrían ayudarlo? Casi destruye sus hogares.
El único que de verdad siguió confiando en él fue Sonic.
Y Sonic ya no está.
No, ya no.
No está.
Esos idiotas se lo quitaron. Y ahora vendrían por él. Vendrían por Tails. Quieren quitarle también a Tails.
Quieren matarlo.
Quieren matarme.
Van a encerrarlo.
Van a electrocutarlo.
Van a torturarlo.
Van a matarlo.
Terminaremos el trabajo que empezamos en tu ridículo laboratorio.
No.
Están aquí-
Nine abrió los ojos, respirando muy rápido y con el corazón latiendo a mil por hora. Se agitó de forma agresiva en la hamaca, asustado de la figura que notó a su lado, porque sin duda ellos habían regresado por él.
Volverían a atacarlo.
Volverían a apuñalarlo.
El pánico lo hizo actuar rápido, mas no con cuidado. Él dolor le recorrió la espalda baja al caer al suelo, haciéndolo sisear entre dientes.
Levantó un par de colas por reflejo al sentir un agarre en su brazo, temblando aliviado al ver solamente el rostro consternado de Tails.
Él estaba aquí. Estaba aquí, pero el Consejo-
Quieren quitarme también a Tails.
Nine alzó el resto de colas metálicas alrededor de ambos mientras se aferraba a la mano de Tails que lo sostenía, mirando con miedo el resto del laboratorio para encontrar las malditas amenazas. El lugar, sin embargo, estaba… vacío. Sin ningún estúpido Doctor tomando sus cosas, burlándose de él ni apuntando sus armas a su cabeza. No había nadie excepto él y-
—¿Nine? Ya pasó, aquí estoy. Tranquilo.
Él aspiró hondo. —Y-yo…
—No te preocupes, Nine. —Tails se sentó a su lado, aprovechando que había aflojado la postura de sus colas metálicas para abrazarlo de lado. —Fue un sueño. No fue real.
Un sueño. Un sueño… ¿de verdad se durmió?
Nine inhaló una vez más, dando otro repaso con su mirada a todo el laboratorio. Nada había cambiado en realidad, lo único diferente era la pantalla apagada del monitor.
¿Tan pronto se descargó? Pero le dio suficiente energía. Debería haber aguantado mucho más…
Su intensa atención fue atraída de nuevo por Tails, que en algún momento comenzó a frotarle un brazo.
—¿Estás mejor?
Con mucha lentitud Nine registró la pregunta, asintiendo después de un silencio prolongado y aceptando sin pena el abrazo cálido.
Tails sonrió con calma, apretando ligeramente el agarre. —¿Quieres hablar de eso?
No. No realmente. Aunque, en realidad, ni siquiera había soñado algo. Sólo… se sentía como si hubiera… delirado.
Nine volvió a negar, tragando hondo para aliviar su garganta. —E-estoy bien. —Mentira. —Creo que fue suficiente descanso.
Tails presionó los labios, preocupado. Por su parte, Nine no quiso darle el tiempo de tratar de llegar a él. Tails parecía tener un don, como Sonic, para volverlo blandengue y hacerlo soltar lo que sentía. Ahora no podía ser el momento.
Nine se frotó la nariz, sin deshacer ni un poco el abrazo. —¿S-se apagó muy rápido el monitor?
Tails levantó la vista, dejando caer los hombros. —Uh… no realmente. Tiene algunos minutos que se terminó la energía. Duró casi las tres horas que estuviste dormido.
Oh, bien.
Espera.
¡¿Tres horas?!
Eso era… mucho tiempo.
—¡¿D-dijiste tres… horas?!
—Eh… Sí. —Tails sonrió, inseguro. —Pude tomar el tiempo con mi Electric, dado que este lugar no parece cambiar mucho. Y hasta ahora nada nuevo ha pasado.
Él sabía que con eso su amigo se refería a otra invasión de Eggforcers. E incluso si nadie más vino a buscarlos, de todas formas… seguía siendo mucho tiempo perdido.
Nine por fin terminó de ignorar la fea sensación residual de su… sueño raro. Ni siquiera recordaba haber soñado con imágenes, pero no se quejaría mientras no reviviera dormido los últimos acontecimientos de su vida.
Con desgana se soltó del abrazo de Tails, poniéndose de pie seguido de su amigo. Se limpió la ropa sucia, más por reflejo que por un intento real de sacudir el polvo, y se giró hacia Tails.
—Creo que ahora sí deberíamos irnos. —Nine sentenció, aliviado de notar que su cabeza ya no zumbaba. —¿Decidiste a dónde iremos?
Las orejas de Tails se animaron. —¡Oh! Sí. Y también… —Él lo tomó de la muñeca, guiándolo de vuelta al escritorio. —Leí atentamente todo lo que escribiste sobre estos lugares. Shatterspaces, ¿verdad? Además de que recordé un poco sobre, bueno, todo lo que tú, Shadow y… Sonic… —Su voz tembló ahí. —... dijeron sobre eso. Lo poco que revelaron, en realidad, así que pensé que… Uh, ya sabes, eh…
Nine resopló. —Anda, dilo.
Tails torció los labios, arrugando el ceño antes de respirar hondo y mirar a Nine a los ojos. —C-creo que podríamos buscar a… los amigos que Sonic mencionó. Las… contrapartes de mis amigos.
Oh.
Oh.
Nine retrocedió un paso de inmediato, sonriendo con incredulidad al entender lo que decía. —¿Y por qué necesitamos eso?
—Nine, escucha-
—No, Tails. Tú escucha. —Él siseó arrugando el rostro. —A ninguno de ellos le agrado. Ninguno. ¿O es que no pusiste atención cuando te dije que casi destruí sus hogares?
—Lo hice, pero-
—Entonces no me digas que podemos entrar a esos mundos y fingir que van a aceptar de buena gana ayudarme. ¿A ti? Es probable. Yo, por otra parte, seré su maldito objetivo a ejecutar.
—Nine, no creo que-
—¿Qué? ¿Que no quieran atacarme? Tú ni siquiera los conoces. No viste cómo me miraron cuando Sonic se fue ni cómo algunos-
—¡Gaia, Nine! ¡Escúchame por una maldita vez! —Tails se exaltó, relajando su expresión al instante con una mueca de disculpa. —Lo- lo siento. No quise…
La voz de Tails murió mientras miraba al suelo, dejando que los dos flotaran en un corto silencio incómodo. Nine no supo para nada cómo reaccionar o qué decir. No había visto a Tails tan… alterado o enojado de verdad.
Fue incluso un alivio que su amigo retomara la palabra casi de inmediato, manteniendo la vista baja.
—No es por molestarte, Nine. Es que… nosotros no vamos a poder solos. —Tails comenzó a girar sus pulgares entre ellos. —Lo intentamos y… y ahora ellos tienen a mis amigos y nos q-quitaron a Sonic… —Su voz se quebró de forma más clara esta vez, con los ojos humedecidos y… previamente irritados. —M-mira, tienes razón. No sé nada de las demás contrapartes de mis amigos, pero si sé que necesitamos toda la ayuda posible si… si queremos recuperar a nuestros hogares y a Sonic.
Tails lo miró con una súplica débil en los ojos, brillantes por las lágrimas que no quería dejar escapar.
El labio de Nine tembló, sabiendo que hace nada se había preguntado cómo es que Tails estaba logrando mantenerse más firme y hasta relajado para consolarlo a él por la pérdida de Sonic. Y en realidad ahora parecía que lo que hizo fue tragarse con fuerza sus emociones, por ambos.
Oh.
Ahora Nine se sentía mal. Terriblemente mal.
Lo peor es que no sabía qué hacer para arreglar o ayudar a Tails con las molestias que causó. ¿Qué debía hacer?
Las orejas de Nine se marchitaron, mordiendo su labio mientras recordaba muy rápido todo lo que Tails, o incluso Sonic, hicieron cuando él se sentía mal. No era el mejor, ni un poco, pues vivió sin contacto social toda su vida.
Y aún así…
Con mucho cuidado se acercó hasta Tails, decido a abrazarlo por su propia cuenta. Su amigo tembló, sollozando en voz baja antes de abrazar con fuerza a Nine. Sin duda él se tensó un poco, aunque no se apartó ni un centímetro, dejando que Tails llorara con más fuerza sobre su hombro. Lo apretó con cuidado, frotando su espalda de forma suave.
Se quedaron ahí el tiempo que Tails necesitó, por mucho que Nine había querido alejarse desde hace varios minutos. Seguía sin sentir tan cómodo el contacto físico prolongado, pero era lo menos que podía hacer. Nine le debía a Tails un poco de reciprocidad en su amistad. No podía simplemente seguir tomando todo el cariño que él le daba. Mínimo era consciente de que debía corresponder un poco también. ¿Cómo? Bueno, todavía necesitaba averiguar ese tipo de reacciones sociales. Por ahora sentía que esto lo estaba haciendo relativamente bien.
Tails bajó la intensidad de sus temblores después de un momento. Lo único que no aflojó casi nada fue la fuerza con la que seguía abrazando a Nine, como si no quisiera que se fuera. Y la verdad es que Nine se sentía igual. Después de ver a Sonic desvanecerse entre sus dedos, le daba miedo que hicieran lo mismo con Tails.
No podía perderlo también.
Nine inhaló hondo de forma temblorosa, sintiendo que Tails finalmente se alejaba mientras frotaba sus ojos rojos y respiraba de forma más pausada.
Su amigo sorbió por la nariz, haciendo un triste esfuerzo por sonreír. —Gracias.
Nine se frotó sus propios ojos, ignorando la pequeña mancha oscura en su guante. —No, yo… tienes razón. Supongo que yo sólo… —Suavizó su rostro, parcialmente cansado y parcialmente resignado, bajando la voz. —Me- me da miedo ver a todos de nuevo.
No es que haya terminado en buenos términos con nadie. Ni siquiera con los de su propio mundo. A otros incluso jamás les dirigió una sola palabra y aún así sabía que le darían una buena mirada de odio.
Solicitar su ayuda no iba a ser fácil. Ni en sus sueños. Si acaso, todos ellos pedirían primero la garantía de poder ejecutarlo y luego, ahora sí, dar algo de ayuda contra los Eggmen. Antes fue fácil unirlos porque tenían a Sonic y él los instó a trabajar juntos. Ahora que no estaba presente, no habría ningún intermediario que diera la cara por él como el erizo…
Nadie… excepto…
Oh.
Nine inhaló de forma brusca, interrumpiendo cualquier cosa que Tails había empezado a decir. Algo sobre que estaría con él si le daba miedo, pero Nine lo ignoró por su el impacto de su propia revelación.
—Oh, Chaos…
—¿Qué pasa? —Tails lo miró extrañado y más tranquilo.
Nine gimió y se frotó la cara, comenzando a sentirse irritado ante la posibilidad de que sí podría haber otro par de intermediarios ahora que Sonic no estaba. Los únicos que se pararían, y se pararon, a su lado incluso en contra de los deseos de los demás habitantes del Shatterverse. Después de todo, ya lo hicieron una vez a pesar de cómo los intentó lastimar.
Vaya molestia.
Nine arrugó sus labios en una mueca infantil. —Yo… T-tal vez no todos me odian, pero…
—¿Pero? —Tails lo animó a continuar después de prolongar un momento su pausa.
Nine gruñó internamente, hablando para sí mismo. —Voy a odiar cada segundo de mi vida por tener que recurrir a ellos de todos los seres vivos.
Tails inclinó la cabeza, con una expresión cautelosa. —¿Quienes son ellos?
Un par de molestias que, de alguna forma, siguieron mentalmente presentes en su vida incluso después de no verlos, aunque claramente Nine no iba a decir eso. Y, en retrospectiva, era curioso que algún comentario o pensamiento fugaz le tenía que recordar lo que pasó con ellos, específicamente.
Mr. Dr. Eggman lo hizo de la manera más desagradable posible. Ugh.
Nine se frotó la frente de nuevo, sin ganas de que le doliera la cabeza otra vez. Miró de reojo, por simple instinto de evitar el tema, las anotaciones que al parecer Tails hizo en las tres malditas horas que estuvo dormido. Al instante tomó una hoja en particular, leyendo la primera opción que su amigo tenía para poder irse de El Grim y que, gracias al Chaos, no era New Yoke City.
Aún así no pudo evitar preguntar en voz alta la razón de su primera elección.
—¿…Por qué No Place?
—¿Uh? Oh… —Tails le dio un vistazo a sus propias anotaciones desordenadas. —Bueno, volver a Green Hill ahora sería muy arriesgado. Y tú no… no te sientes bien con este lugar. —Señaló la hoja con el nombre de New Yoke. —Este es el único de los que quedan que tiene suficiente… “avance tecnológico” como para que podamos reabastecernos.
Tails se detuvo un momento, sacando otra hoja mientras torcía los labios. —Nine, hice la base de un plan. Considerando nuestros errores previos y lo que pasó allá, creo que hay que conseguir, primero, suficiente munición para defendernos ahora que sabemos cómo opera el Núcleo. Y también debemos recorrer uno a uno los mundos para sumar más aliados antes de volver a Green Hill. De ahí que empecemos en No Place. —Fue señalando con su dedo cada parte.
Eso… era un buen razonamiento, aunque Nine estaba dividido entre la vergüenza y la emoción de que Tails hubiera tomado en cuenta lo mucho que le disgustaba pensar en New Yoke City. Más que nada porque por culpa de eso no iban a ir al lugar mejor equipado contra los Eggmen. Y, aún sabiéndolo, no iba a oponerse para nada a ir primero a No Place antes que a cualquier otro lugar.
Tails suspiró, dejando la hoja. —Sólo que… hay una parte que necesitaba hablar contigo.
Nine asintió de inmediato, animándolo a continuar.
—Bueno… cuando tuviste que contarme lo que hiciste con el Prisma, recuerdo que dijiste que destruiste los hogares de todos. ¡Y no te preocupes! No trato de molestarte por ello, pero… Sonic dijo después que tú recuperaste todo el Shatterverse.
Oh…
Nine podía ver a dónde iba esto.
—Nine, crees… ¿Crees que podríamos ser capaces de hacer eso con Sonic?
Sí. Fue justo hacia donde él sospechó que iría.
Sus labios se torcieron levemente, arrugando su ceño mientras trataba de hacer un poco de razonamiento y cálculos en su cabeza.
—Yo no… no podría asegurar nada. —Nine se frotó la barbilla. —Hay una diferencia entre lo que pasó esa vez y ahora porque ellos realizaron una alteración a la realidad consciente y específica.
—Entonces… —Tails entrecerró los ojos, inclinando la cabeza. —¿Dices que el Prisma puede recuperar mundos enteros pero no al erizo más descuidado que conocemos?
Nine sonrió en contra de su voluntad, genuinamente divertido de la broma. Rodó los ojos a pesar de que agradecía la ligereza que le dieron las palabras después de haber pasado por tanto en tan poco tiempo.
Bufó, más relajado. —Digo que si intentamos traer a Sonic de vuelta, tendríamos que tener mucho cuidado. El Shatterverse casi colapsa una vez y ahora fue modificado por los Eggmen. Necesitamos pensar correctamente qué hacer antes de regresar al Prisma.
Tails asintió, un poco más animado. —Que bueno que tendremos tiempo para eso mientras buscamos a nuestros nuevos aliados. Lo que me recuerda. ¿Sobre quiénes hablabas antes?
Oh, cierto. Eso.
Nine finalmente devolvió la hoja que señalaba a No Place como su futuro destino, sintiendo otra vez ese vuelco ansioso en su estómago. Casi quería seguir hablando sobre los problemas existenciales de recuperar a Sonic. Y claramente no podría.
Tuvo que carraspear primero.
—Ah, bueno… es… Uno de ellos es… un habitante de No Place. Vamos a tener que buscarlo primero.
Si es que estaba bien.
Tails enderezó sus orejas. —¿Por qué? ¿No está tan enojado contigo como los demás?
—Uh… algo así. —Nine le dio un vistazo al Miles Electric, con una idea comenzando a formarse en su cabeza. —Él es un… eh… compañero. Uno que no me odia. O eso dijo. —Lo último lo murmuró más para sí mismo que para Tails. —Y, ah, es nuestra contraparte de No Place.
Tails se atragantó, animando considerablemente sus colas y orejas.
Por su puesto que este tonto se emocionaría ante eso. Parecía un perrito ansioso y nervioso cuando habló por primera vez con Nine. Una pena que él se portó muy grosero ese día, pero en fin. Lo hecho, hecho está.
Nine tomó la tableta de su amigo. —Sí, bueno. Precisamente por eso creo que deberíamos usar nuestro ADN en esto, para rastrearlo más rápido. Así no perderemos tiempo buscando a ciegas, sobre todo en un mundo invadido por algún cabeza de huevo.
—O-oh. —Tails trastabilló. —Es… es un buen plan. —Movió sus dedos de forma inquieta, y Nine ya podía esperar lo que venía. —Entonces… eh… ¿él va a unirse a nosotros?
Uf.
Sin duda Tails era tan sociable y amigable como Sonic. Súmale a la ecuación que él va a llevarlo a conocer a la contraparte de ambos de No Place. Tails parece tan emocionado como el día que Nine descubrió cómo viajar entre Shatterspaces. Y no es que fuera malo, es sólo que… ojalá no se pegue tanto a todos ellos como Sonic lo hizo. A él aún le molestaba recordar que Sonic se portó amable con todos y no sólo con él. No se iba a sentir bien si Tails hacía lo mismo.
—Uh, supongo. —Nine se encogió de hombros con fingida indiferencia, encendiendo la tableta de su amigo. —Con suerte, y si lo que me dijo fue en serio, él podría ayudarnos a que los piratas se unan a nosotros. —Miró a Tails con vacilación. —Creo… es lo mejor que podemos tener por ahora para seguir tu plan.
De verdad que lo era.
Si Sails, o incluso Mangey más adelante, no lograban servir de intermediarios para que los demás quieran trabajar al lado de Nine, entonces sus opciones de aliados se volverían peligrosamente escasas. Tails ciertamente le dio un punto importante que había pasado por alto gracias al cansancio: ya fueron contra los seis Eggman de la mano del equipo de Sonic y perdieron.
Si esta vez lograban tener a los piratas, a los carroñeros y a los rebeldes uniendo fuerzas de nuevo, podrían tener una oportunidad de hacerle frente a los Eggmen. Pero para eso necesitaba que aceptaran trabajar al lado de él.
Uf.
Más le vale al idiota de Sails cumplir la promesa que le hizo ahí mismo, en ese laboratorio, de estar a su lado si se volvían a ver.
Nine iba a necesitarlo.
