Chapter Text
NO PLACE
No podía oír ni ver nada.
Además, todo a su alrededor parecía aplastarlo con fuerza.
Sails recordaba perfectamente lo que se sentía al caer al mar y comenzar a hundirse, con la presión de los litros de mar ahogándolo. Era algo triste pensarlo, pero no era la primera vez que lo arrojaban a los brazos del océano. La diferencia es que, ahora, había alguien que lo ayudaría a regresar a la superficie sin pensarlo.
Cuando Sails pudo abrir los ojos, una mano lo sujetó desde uno de sus brazos, arrastrándolo hacia arriba. Él aspiró de inmediato una bocanada de aire, tosiendo la poca agua de mar que había ingresado a su garganta y provocando que ardiera de forma incómoda. La mano que lo había sujetado lo volvió a estabilizar, con mucho cuidado, en medio del agua salvaje. Sails parpadeó hacia su compañera de tripulación para enfocarla, jadeando con trabajo su nombre.
Batten.
Ella agitó sus alas, logrando subirlo a un trozo de madera flotante e inestable por las olas imperiosas. Casi parecía que el agua tenía vida. O, más bien, podría tenerla, aunque era extraño que el océano estuviera tan enojado cuando hace no menos de diez minutos todo había estado en calma. No fue sino hasta que escuchó a la murciélago maldecir en voz baja que Sails se dio cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor.
Sus ojos se abrieron de par en par al ver estructuras completamente ajenas a su mundo emerger del agua como si fueran ballenas enormes que querían saludar. Aunque esto no eran ballenas, y tampoco regresaban al agua de nuevo. En realidad, esas estructuras se alzaron lo más que pudieron y comenzaron a bloquear el horizonte en cualquier dirección.
El interior de Sails se removió con inquietud al recordar perfectamente cuándo fue la última vez que ellos vieron edificios surgir de lo más profundo del mar. Vivir esto de nuevo no era realmente lo que había esperado ese día. O en ningún otro día, a decir verdad. Se supone que algo como esto ya no iba a pasar de nuevo, ¿cierto?
Sin embargo, cuando el cielo se nubló de repente y el mar comenzó a moverse como una bestia salvaje, él y la tripulación pensaron que alguna maldición se había desatado o que alguien, en algún lugar de No Place, había hecho enojar al dios del agua. Fue por eso que tuvieron problemas para estabilizar el barco y prepararse para navegar en una tormenta repentina. De ahí que Sails se hubiera lanzado, sin pensar mucho, para empujar a Catfish y prevenir que cayera por la borda, aunque él terminó en el agua en su lugar.
Oh, bien. Sus reflejos fueron muy malos por el balanceo violento. No fue su culpa, ¿sí?
Sails dejó de mirar hacia arriba, tal vez esperando un poco que esas aves robóticas volvieran a aparecer cerca de ellos para tratar de llevárselos, y en su lugar se enfocó en Batten, que siseó algo entre dientes que él podría jurar que sonó como maldita rata de mar, aunque no estaba seguro. Luego, ella volvió a tomarlo de la mano, volteando a verlo.
—¡Rápido! Regresemos al barco para irnos de aquí.
Él asintió, girando lo mejor que pudo sus colas para sacudirse el agua antes de empezar a volar con su compañera de vuelta al Angel’s Voyage. El barco se estaba balanceando de forma irregular mientras la Capitana Black y Dread hacían lo posible por atar todos los cañones sin descuidar tanto el timón. Catfish, por su parte, los estaba esperando a ambos en la orilla, arrugando suavemente su rostro antes de relajarse al verlos pisar de nuevo la cubierta.
Batten no perdió mucho tiempo para correr hacia el casco de estribor y ayudar a Dread a atar las sogas. Sails también tomó impulso para volar hasta el mástil principal, parando por un momento al notar a Catfish trotar a su lado.
—Lo siento, Sails. No quería empujarte.
Él sonrió, tomando con fuerza una soga con su mano de metal. —¡No te preocupes, Catfish! Me alegra más que estés bien. —Extendió de nuevo sus colas para elevarse hasta la cofia. —Ahora salgamos de aquí en una pieza.
Ante sus palabras, su compañero asintió más tranquilo y corrió hacia el casco de babor, dejando que Sails por fin volara hasta la parte más alta del barco y pudiera arriar todas las velas para no terminar volcados con los fuertes vientos. La única que dejó mínimamente plegada fue la central, esto con el propósito de alejarse lo más que pudieran de este lugar de muerte. Sobre todo si esas viejas ratas de sentina tenían algo que ver. Y, de hecho, si esos sujetos molestos regresaron, no sería tan malo ver a Sonic de nuevo también.
Abajo, la Capitana Black ya había tomado el control total del timón mientras que Batten y Dread terminaban de atar todo barril suelto y cerraban cada escotilla abierta. Sails confirmó la culminación de su propia tarea gritando desde arriba para luego levantar su rostro hacia el cielo y mirarlo con el ceño fruncido.
No le daba buena espina que algo como el incidente con la gema multicolor se estuviera repitiendo. Obviamente ver los edificios invadiendo ya era mal augurio, pero no dejaba de sentirse ansioso ahora que no habían tenido ninguna advertencia previa ni señal de que había problemas. Otra vez.
No le hacía ninguna gracia tener a esos bribones de vuelta. Ugh, hierba mala nunca muere.
Sails relajó los hombros cuando el Angel’s Voyage comenzó a moverse con más estabilidad, empezando a buscar una salida entre el montón de estructuras desconocidas. La Capitana logró girar el barco hacia una abertura que todavía dejaba ver un poco de agua despejada cuando un estruendo intenso llegó desde algún lugar en medio de los edificios.
Su pelaje se crispó, pensando por un momento que los cielos finalmente se estaban cayendo. Sails se llevó una mano al pecho mientras maldecía entre dientes, girando en dirección al sonido y notando que una intensa luz se había formado en la cima de una de las estructuras. Con movimientos automáticos, alcanzó su monocular con su pequeña mano extra y se lo llevó a la frente, observando a través del cristal para descubrir qué diablos era esa cosa.
Más allá de las construcciones rectangulares, un enorme aro de color azul y luminoso flotaba en medio del aire. Si Sails no recordaba mal, esas cosas eran lo que llamaron portales y que, además, las viejas anguilas usaron varias veces para llegar a No Place y atacarlos. Justo como estaban haciendo en ese preciso momento, con todas esas horribles máquinas naranjas comenzando a salir de ahí como peces huyendo.
Oh.
¡Oh, cielos!
Sails bajó su monocular, tensando su postura. —Uh… Esto no es bueno. —Se asomó por el borde de la cofia, alzando la voz sobre las aguas agitadas. —¡Capitana! ¡Fuego enemigo a la vista!
Black Rose levantó la vista, siguiendo la dirección que Sails le señalaba. Si bien la ubicación de ese portal estaba a una milla, como máximo, los invasores se estaban dispersando muy rápido entre las construcciones que seguían surgiendo del agua. Y, si no estaba mal ubicado ahora que no había sol y ya no se veía el horizonte, en esa dirección estaba la Isla del Sur, justo a donde ellos estaban tratando de llegar antes de que todo esto se desatara.
Podría haber más embarcaciones en esa dirección.
Sails sopesó si eso era bueno o malo, decidiendo que, desde la posición de su tripulación, sería favorable. Si las máquinas se distraían con otros piratas, ellos podrían escapar. Lástima que las aguas no parecían estar de su lado, pues la cantidad de robots invasores ya estaba sobrepasando lo que Sails podía contar visualmente. Otra mala noticia.
—¡SUJÉTENSE! —Black gritó a todo pulmón, girando el timón y haciendo rotar la nave entera.
Sails se tropezó por la fuerza del giro antes de sujetarse con fuerza al borde de madera. En la cubierta todos también tuvieron problemas para mantenerse estables, logrando recuperar sus posturas cuando el Angel’s Voyage comenzó a ir en línea recta y sin problemas hacia el área de agua despejada.
Todos animaron sus expresiones, celebrando que fueron capaces de darle la vuelta a uno de los edificios que surgió casi al lado de ellos y finalmente escapando del montón de construcciones. Desde ahí, Sails buscó lo más rápido que pudo por una salida de escape para el barco, notando que había una ruta limpia muy notable entre un grupo de edificios y otro. Casi como un enorme río, aunque hace mucho que él no ve ríos tan grandes, y los que hay son artificiales, pero… ah. Claro. Necesitan irse de aquí.
Volvió a asomarse desde la cofia e inhaló hondo para gritar de nuevo. —¡A babor! ¡Veo una salida a babor!
La Capitana Black asintió mientras le daba vuelta al timón y la nariz de la proa se giraba hacia la izquierda. Era el extremo más cercano a ellos de este río artificial. Y una vez que el barco desemboque en mar abierto, podrán alejarse lo más que pudieran de esta zona. Después de eso, bueno, Sails no sabía realmente qué harían cuando se pusieran a salvo.
La última vez que pasaron por un escenario como este, alguien había tenido un propósito para atacar, lo que les ayudó a saber contra quién ir. En ese momento no tenían, todavía, una señal clara de quién podría estar haciendo esta invasión. Aunque un simple vistazo a su derecha y Sails supo que eran, en efecto, las cinco anguilas viejas las que estaban causando problemas a No Place. Esa fea imagen pegada a un edificio con la silueta de uno de ellos era prueba suficiente.
Sin duda, la peor sorpresa del día. A estas alturas no estaría mal que Sonic ya se presentara aunque sea a explicar qué estaba pasando. Él siempre fue una constante cada vez que había problemas, y aún así le agradaba mucho cada que estaba con ellos.
Sails se frotó la frente, un poco preocupado al mirar ese cartel de las sanguijuelas y al mismo tiempo aliviado de que fuesen esos molestos sujetos los que estaban volviendo a causar problemas y no-
—¡Ah! —Sails se estremeció y nuevamente su cuerpo se retrajo hacia abajo cuando el mismo estruendo de antes volvió a sonar sin previo aviso, asustándolo.
Esta vez, él vio claramente la forma familiar de un rayo de colores peculiares golpear en medio del agua, demasiado lejos del barco. Apesar de su miedo, mantuvo los ojos entreabiertos para presenciar de frente el nacimiento de una enorme montaña de piedra de entre las aguas, justo donde golpeó el rayo. La formación de tierra se estaba elevando incluso más alto que el Faro del Diablo y salpicando gotas de mar en varias direcciones.
Sails se atragantó ante la impresionante vista que tenía ante él, interrumpiendo su sorpresa al ver que varias rocas escarpadas estaban surgiendo al mismo tiempo que la enorme montaña. Sus colas se erizaron cuando notó que las elevaciones, más pequeñas, estaban formando una barrera natural a lo largo del río. O antinatural, ya que no debían surgir así. Lo peor es que ellos estaban en el camino que estaban formando esos colmillos marinos.
Oh. Caray.
—¡Capitana! ¡Debemos esquivar! —Él gritó como única advertencia.
Una parte de Sails esperaba que de verdad tuvieran suficiente margen de maniobra para moverse de nuevo hacia los edificios. La otra sabía, con sólo mirar la velocidad con la que estaban emergiendo las rocas, que no iban a tener tiempo.
Cerró sus ojos por instinto, sin atreverse a observar si sus compañeros podrían apartar el barco. Sus manos tomaron con fuerza al borde de la cofia, aferrando incluso la mano mecanizada en uno de los pequeños barrotes. Luego, Sails gritó cuando toda la nave se movió de forma brusca, provocando que su pequeño puesto en lo alto del mástil temblara violentamente. El suelo pareció inclinarse y eso, aunado al movimiento errático, fueron suficientes para que de todas formas terminara cayendo sin importar su intento por aferrarse a la cofia.
Sails jadeó por el cambio repentino de gravedad, incapaz de entender por un fugaz momento donde era arriba o abajo hasta que terminó estrellándose sobre algo que no era la madera dura. Levantó la cabeza mareada, sonriendo al instante cuando vio a Catfish sostenerlo con sus manos esponjosas y seguras. El gato asintió con una sonrisa idéntica, dejándolo en el suelo de la cubierta con mucho cuidado. Eso estuvo cerca.
Sails abrió la boca para agradecerle, aunque su garganta se atascó sin poder soltar sus palabras, pues sus ojos se enfocaron en el enorme trozo de roca puntiaguda que había atravesado una buena parte de la cubierta principal y del casco secundario de la derecha. El barco había sido empalado y sin ninguna posibilidad verdadera de poder liberarlo. O al menos hasta donde él podía ver. E incluso si lo hicieran, Sails sabía que el hoyo era demasiado grande como para mantenerse a flote. Iban a hundirse si de algún modo lograban mover un poco la nave, lo cual se veía imposible. Tendrían que destrozar la madera por completo, o… O romper la roca.
Dread, de hecho, se atrevió a correr hasta el bloque rocoso y comenzar a golpearlo con sus nudillos, sin algún éxito verdadero. Sails titubeó por un momento, tratando de pensar en si sería correcto abandonar la nave y ocultarse entre los edificios invasores o buscar una oportunidad de salvar a Angel’s Voyage. A su lado, Batten también se veía indecisa, apretando con fuerza su espada mientras parecía debatirse entre acercarse a Dread y ayudarlo o alejarlo de la roca. Al final, la murciélago se giró hacia Black.
—Capitana Rose, ¿órdenes?
Sails también se giró hacia su confiable Capitana, notando cómo ella seguía de pie cerca del timón, mirando con ojos veloces toda la cubierta y los alrededores. El lugar no era nada seguro y estaban demasiado expuestos en esa zona. Lo peor es que Sails también quería ayudar a dar opciones de rutas de escape o soluciones, viéndose incapaz de hacerlo cuando su pelaje se crispó al mirar detrás de Black y descubrir que varias de esas máquinas naranjas estaban saliendo del montón de edificios.
Él sacó su espada de inmediato, incitando a los demás a ponerse en guardia también. A pesar de que esos robots estaban volando al otro lado de la división de rocas y metiéndose entre los edificios de color rojo, otro montón giró las cabezas en la dirección de su barco, parando en pleno aire y comenzando a acercarse a ellos.
Más malas noticias.
Su Capitana arrugó el rostro, mirando a todos con confianza y determinación. —¡Destrocemos pieza por pieza a estos miserables bucaneros y salgamos de aquí!
Aunque hubo un pequeño aire de duda entre todos, terminaron gritando al unísono y levantando sus espadas hacia el cielo.
Sails no tardó en alzar el vuelo al mismo tiempo que la máquina que iba hasta adelante se detuvo y, con una voz muy artificial, dijo algo como objetivos localizados. Realmente no entendió bien lo que dijo. Además, era mejor ignorar lo aterrador que sonaron esas palabras a favor de unirse a sus camaradas y acabar con estas sanguijuelas metálicas.
De algo iba a servir la experiencia que ganó peleando incontables veces contra múltiples robots.
Las máquinas frenaron en el aire cuando llegaron ante ellos, activando esas conocidas antenas que disparaban energía. Sails avanzó con velocidad hacia ellos y esquivó el disparo de una de esas cosas. No tardó mucho en imitar a Batten y cortar con la hoja afilada de su arma las antenas de varias máquinas en una línea recta y rápida. Las extremidades salieron volando al instante, cayendo directo al agua turbulenta. Sails sonrió satisfecho, empujando a uno de los robots con sus piernas al mismo tiempo que Batten lo ayudaba a enviar esas cosas al fondo del mar luego de arrancarles la cabeza.
Debajo de ambos se escuchó el grito de guerra de Dread, que se lanzó a golpear con puños y sable a los enemigos que aterrizaron cerca de la cubierta. Sails gruñó por instinto, bajando en picada y blandiendo con un sonido agudo su espada para encajarla con gran fuerza en la cara del tercer robot que puso sus horribles pies en el Angel’s Voyage. Dio un salto sobre la cabeza destrozada y chispeante, volviendo a alzar el vuelo y quitándose del camino, al mismo tiempo que Dread, para que Catfish activara uno de los cañones en contra de los tres malditos invasores.
Todos salieron despedidos como un montón de madera destrozada.
Sails gritó contento con la espada en alto, enfocándose otra vez en las máquinas que seguían en al aire para ayudar a Batten de nuevo cuando paró en seco. En esa área, su Capitana y Batten hacían un buen trabajo desarmando a los robots voladores que quedaban, con Black habiendo robado una de las pequeñas armas que disparaban y volviendo a manipularlas como alguna vez hizo antes con su hermana de otro mundo. Sin embargo, lo que lo detuvo fue ver aún más enemigos, ahora azules, volando hacia ellos. Muchos más de los que tal vez podrían controlar.
Su instinto le dijo que debía advertirle a Black, y tardó lo suficiente reaccionando como para que hubiese sido Dread quién dio el aviso.
—¡Capitana Rose! ¡Más enemigos se aproximan! —Dread subió sobre una de las máquinas destruidas, manteniendo su expresión sonriente apesar de que su postura se había tensado.
Sails retrocedió en el aire, mirando con algo de nerviosismo a su Capitana. Ella giró la cabeza hacia la línea de enemigos voladores, regresando de un salto a la cubierta. Todos esperaron expectantes hasta que Black levantó una vez más la espada.
—¡Debemos proteger la nave! ¡No podemos dejarla!
Un pequeño vuelco golpeó a Sails en el estómago. No veía favorable para ellos mantenerse con el pie sobre el cañón. Es decir, es cierto que Angel’s Voyage era importante para la tripulación. Sobre todo después de que regresaron a No Place y volvieron a ver su nave intacta, como si jamás hubiera sido destrozada tablón por tablón. Era prácticamente su hogar, el de todos ellos, pero…
Sails miró hacia adelante al notar a Dread acercándose a la Capitana, inclinando su rostro muy poco sobre ella. Fue una suerte que Sails aún tuviera buena audición en su oído izquierdo o se habría perdido lo que su antiguo Capitán le siseó a la erizo.
—Black Rose, a veces hay cosas más importantes que proteger.
Su Capitana animó sus orejas, mirando por un instante a Dread antes de volver a mirar a la línea de enemigos.
Sails apretó el agarre del mango de su arma, expectante. Desde que el equidna dejó el liderazgo, pudo tener una enorme cantidad de tiempo para sí mismo, lo que lo ayudó a volverse, genuinamente, más cercano a toda la tripulación. Cosa que ahora Sails agradecía, pues la Capitana Black pareció reconsiderar su primera orden. Y, la verdad, si ella le preguntara a Sails, él diría que sería mejor realizar la retirada y reagruparse para contraatacar después.
Tampoco es como que pudieran tener de nuevo una nave voladora que les ayudara a tener la ventaja. Hasta ahora no había visto ninguna volando entre el aire furioso. Todo esto estaba siendo muy distinto a la última vez.
Finalmente, cuando las máquinas de color más brillante estaban a nada de alcanzarlos, Black se giró hacia todos ellos, levantando su espada en dirección a los edificios.
—¡Abandonemos la nave y no dejemos que tomen a nadie vivo!
El alivio recorrió completamente a Sails.
Dejó de volar para regresar a la cubierta, corriendo a la par de Batten antes de que se detuvieran al ver que Dread frenó al lado del cañón que Catfish hizo rodar cerca de la popa.
Dread les sonrió a todos, sacando a relucir su diente de oro. —Pero primero, no dejemos que este montón de percebes asquerosos y podridos nos sigan.
Sails intercambió una mirada con Batten, iluminando su rostro al oír a su Capitana gritar de acuerdo.
—¡Arr! ¡Vamos! ¡Enviemos con Davy Jones a este montón de sanguijuelas!
Todos soltaron un ¡Arr! colectivo, comenzando a dispersarse y tomando lugares lo más rápido que pudieron. Catfish arrastró otro de los cañones desde la izquierda mientras que Dread llevó uno de la derecha. Sails comenzó a cargar la munición con la ayuda de su Capitana al mismo tiempo que Batten los movía para apuntar a las máquinas.
Él colocó la última carga antes de hacerse a un lado. Batten se posicionó frente a él, haciéndolo retroceder un poco. Todos los demás también dieron un par de pasos hacia atrás, enfocados con ojos afilados en los robots azules. Sails tensó los músculos de sus piernas en caso de que tuvieran que correr. O volar, en este caso.
Contuvo la respiración por un par de segundos, mirando ansioso entre la mano de Dread, que iba a activar los cañones, y las máquinas. Estaban cada vez más cerca. Demasiado cerca. Sails incluso se preguntó por un momento si ellos de verdad iban a dispararles. Y justo cuando él dio otro paso hacia atrás, el equidna encendió las mechas y los tres pesados cañones enviaron la munición por los aires, provocando un sonido sordo e intenso.
Sails pegó su oreja a la cabeza, llevando su mano metálica frente a él y usando la derecha para alcanzar, sin éxito, a Batten, todo gracias a la fuerza de la explosión que los empujó hacia atrás. Su cuerpo se azotó contra la madera astillada, rodando una corta distancia antes de estrellarse contra la superficie áspera de la roca que perforó su barco. Soltó un jadeo ahogado al sentir el golpe.
Casi había olvidado que cualquier aventura que involucrara esos portales, los robots o a Sonic, dolía mucho.
Siseó entre dientes cuando lo pusieron de pie, comenzando a jalarlo hacia la dirección contraria de donde fue la explosión. Un pequeño zumbido se instaló en sus oídos, amortiguando las voces de sus camaradas. A falta de ese buen sentido, Sails parpadeó varias veces para enfocar correctamente su entorno. Lo primero que vio fue el brazo de Batten, que sostenía el suyo y lo estaba guiando hacia la orilla de la cubierta. Luego notó al resto de sus compañeros, que corrían hacia el mismo lugar.
Tener sus sentidos aturdidos provocó que Sails sintiera que se estaban moviendo en cámara lenta. Al menos el zumbido parecía estar bajando y gracias a ello logró oír con mayor claridad. Fue por eso que su oreja se crispó cuando alcanzó a percibir un suave clic detrás de ellos. Su cabeza giró más despacio de lo que esperaba, aprovechando que iba detrás de toda la tripulación para ver bien el montón de chatarra que estaban dejando atrás. Aunque, en realidad… no había chatarra.
Sails se atragantó con su respiración, observando nervioso la nube de humo provocada por la explosión y que poco a poco se iba dispersando. Su estómago se revolvió al notar una suave luz azul entre las volutas, revelando una especie de pared transparente que protegió a las máquinas de la carga de los cañones. Y en el momento en que esa luz se apagó y los robots levantaron una mano con un arma encendida, todo pareció moverse de nuevo a una velocidad normal para Sails.
Sus enemigos dispararon.
—¡A un lado!
Aprovechando que Batten lo sostenía de la mano, Sails la jaló con fuerza hacia su casco secundario intacto, esperando que su advertencia hubiera llegado a tiempo. Ellos dos rodaron por el suelo, por suerte sin ningún rasguño sobre ambos, excepto, tal vez, algún moretón. Ver a su compañera intacta relajó por un segundo a Sails, pues al siguiente su sangre se heló al escuchar el agudo y aterrador grito de su Capitana.
—¡Catfish!
Sails giró la cabeza tan rápido que incluso sintió un tirón doloroso en la nuca que ignoró. Ahí, donde antes habían estado todos corriendo en grupo, ahora sólo estaba Catfish, atrapado dentro de una esfera extraña, azul y transparente. Black no tardó en correr hasta él y golpear con la espada la pared azul, sin lograr hacerle un pequeño rasguño. Él también se aferró al mango de su arma, estando a nada de ayudar a sacar a su camarada de ahí cuando sintió que alguien lo jaló hacia atrás. Al mismo tiempo, Dread le gritó a la Capitana y la empujó de donde estaba.
Otra secuencia de disparos se hizo presente y uno rozó por muy poco a Sails. De no ser porque Batten lo cargó en el aire, también lo habrían atrapado.
Sails hizo girar sus colas para volar por su cuenta, respirando aliviado al ver que tanto Dread como Black se habían resguardado detrás de la roca que los empaló. Aún así, seguía asustado al mirar a Catfish dentro de esa cosa azul. Necesitaban sacarlo de ahí e irse ahora.
El zorro miró a sus dos compañeros libres y luego a las máquinas voladoras, comenzando a formar un plan improvisado a medias en su cabeza. Sails se giró hacia la murciélago y blandió su espada. —¡Batten! ¡Destruyamos a estas sanguijuelas mientras ellos sacan a Catfish!
Ella titubeó un segundo antes de levantar su espada con una mirada segura. —¡Arr! ¡Ya lo oyeron, bribones!
Sails le sonrió a su compañera antes de lanzarse en sincronía contra las malditas máquinas, confirmando sólo con un vistazo corto que su Capitana y Dread también comenzaran a moverse. Al estar seguro de que estaban cerca de Catfish, volvió a poner su atención en su tarea compartido con Batten.
Ellos dos esquivaron torpemente los nuevos disparos azules enfocados en ambos, realizando un par de giros de barril de los que sin duda la murciélago estaría orgullosa, pues ella se había esforzado en enseñárselos. Cuando Sails se acercó lo suficiente a un robot, levantó la mano con su espada para volver a destruir sus antenas, chocando, en su lugar, con esa molesta barrera azul.
Él gruñó, retrocediendo de inmediato al ver a otro enemigo intentando acercar sus manos hacia él. Golpeó la extremidad afilada con su espada, esquivando por poco uno de los disparos azules. Detrás de él, Batten llamó su atención.
—¡Sails! ¡Atrapa!
Girando a tiempo, el zorro usó su mano mecanizada y la izquierda para sujetar en pleno aire el artefacto que Batten le arrojó. Sails lo reconoció como una de las armas alargadas de los robots que producían descargas eléctricas. ¡Oh, grandioso! Ahora sí iba a destruirlos sin problemas.
Envainó su espada y acomodó correctamente el arma eléctrica, extrañamente feliz de sostener una de estas cosas de nuevo.
Sails soltó su propio grito de guerra y estrelló el arma contra la cabeza del enemigo más cercano a él. Ese escudo molesto no se activó a tiempo y la parte superior salió volando con fuerza hacia el agua, salpicando por todas partes. Motivado por su logro, él empujó el resto del cuerpo volador contra las máquinas que había detrás. No se detuvo a observar cómo chocaban todas, enfocando su atención en el siguiente enemigo y buscando embestirlo con el arma robada.
Él se acercó con fuerza y terminó estrellando la punta del artefacto contra el escudo, aunque no dejó que eso lo detuviera. De inmediato presionó el mecanismo que, según él, activaba los choques eléctricos. Sin embargo, en su lugar, el arma disparó una bala de esa energía azul, entrando en contacto al instante con la barrera. Sails no tuvo tiempo para moverse o entender qué pasó, cayendo hacia atrás en el instante en que ambas energías reaccionaron y provocaron una explosión menor. Rodó por segunda vez sobre la cubierta, comenzando a notar que su espalda ya lo estaba resintiendo.
Caray, le estaba doliendo más de lo que esperaba.
Sintiendo que toda su columna estaba punzando de forma aguda, Sails comenzó a tener problemas para recuperarse más rápido. Enderezó su postura lo mejor que pudo al escuchar la voz de Batten desde arriba, esperando no preocuparla tanto.
—¡Sails! ¿Estás bien?
Él levantó la cabeza, asintiendo con seguridad. —¡Sí! No te preocupes. Sigamos- ¡Cuidado!
Sails se puso de pie lo más rápido que pudo, odiando lo lentas que sus manos fueron para levantar el arma y dispararle al horrible robot que le apuntó a Batten. Y como su compañera estaba enfocada en él no pudo girar a tiempo, cambiando su expresión a una de sorpresa al verse encerrada de pronto en una esfera similar a la de Catfish y cayendo con fuerza hacia el suelo.
—¡Batten! —Sails soltó el arma, tratando de correr hasta ella y fallando cuando algo lo sujetó desde la nuca y lo obligó a golpear la cubierta.
Gimió incómodo por el movimiento repentino, levantando a tiempo la cabeza para ver a Dread mantener una de sus manos sobre él y usar la otra para arrojar su propia espada en un tiro limpio, dando de lleno en la cabeza del robot que le había apuntado a Sails. Aunque la máquina comenzó a sacar humo y cayó con un golpe seco, había otras seis o siete que seguían apuntando a todos ellos. Sails intentó una segunda vez acercarse a su amiga, comenzando a gruñir cuando Dread seguía sin soltarlo y, en su lugar, lo estaba arrastrando hacia atrás.
¿Por qué no entendía que debían sacarlos de ahí? ¡Si él pudo romper el escudo azul con el arma eléctrica, podría romper también la esfera! Ahora sabía cómo hacerlo. Por favor, sólo necesitaba-
—¡Dread! —Batten apoyó ambas manos en la pared azul. —¡Váyanse de aquí! ¡Llévatelo!
No. Espera, no.
Sails se agitó en los brazos de su antiguo Capitán, sin escuchar realmente lo que él estaba diciendo o lo que Black también parecía gritar en medio del alboroto. Ni siquiera le importaba que su vista se estaba volviendo borrosa mientras más quería acercarse de nuevo a las prisiones de sus dos compañeros.
Todavía podían intentar sacarlos, por un demonio. Todavía podían.
—¡Black Rose! —Dread jadeó, forcejeando con Sails. —¡Abandonemos la nave!
—¡NO! —La voz de Sails se quebró. —¡Capitana, no-!
Black se quedó quieta, observando con un miedo intenso las dos esferas azules que no habían podido romper. Sails quería decirle que él podría liberarlos, que esperaran sólo un poco más y todos juntos se irían de ahí. Sin embargo, no fue capaz de decir nada, pues Dread aplicó de pronto más fuerza en su agarre y terminó arrojando muy lejos a Sails, cayendo por tercera vez contra el suelo en una caída estrepitosa.
Hubo una secuencia de gritos confusos muy fugaces. Luego, cuando Sails por fin levantó la cabeza, se encontró con un escenario cada vez peor. Vio a su Capitana rodando igual a como él acababa de hacer, y en el lugar donde ella había estado hace casi nada ahora estaba Dread de rodillas y con las manos extendidas hacia adelante, envuelto en una nueva esfera azul.
Black se tropezó al levantarse. —¡NO!
Sails también tuvo dificultades para ponerse de pie, aunque eso le importó muy poco ahora que estaba libre y podía correr de nuevo al arma eléctrica y usarla para sacar a todos, perdiéndose por completo la forma en que Dread le negó con la cabeza a Black, parando sus pasos en seco.
En ese momento Sails pensó que lograría regresar a la cubierta central y liberar a sus compañeros. Pero al siguiente instante notó el agarre férreo de su Capitana sobre su muñeca, arrastrándolo con su conocida fuerza hacia el borde del barco.
—¡No, espera! ¡No-!
Él tropezó con sus pasos, tratando de frenar sin éxito. Sus músculos se tensaron cuando vio a Black saltar por la borda, provocando un hoyo de culpa en él al ver que sus propios reflejos lo hicieron imitar sus acciones.
Ambos cayeron al agua, que se había calmado lo suficiente.
Su Capitana comenzó a nadar muy rápido, jalándolo todavía de la mano. Sails se atragantó con el agua y el ardor de antes regresó, tratando de mantenerse a flote. Su estómago se sentía agitado, pensando que todavía podría regresar allá arriba y salvar a sus camaradas. Ni siquiera quería escuchar a su maldita cabeza diciéndole que ahora tenía las colas mojadas y no podría volar tan rápido. ¡Él aún podía!
El agarre de Black se hizo más fuerte mientras los sumergió a ambos en el agua. Sails apenas alcanzó a tomar aire, casi perdiéndolo al ver que varios disparos chocaron contra la superficie, justo donde habían estado hace poco. Él nadó más rápido por instinto, sujetando a su Capitana con su brazo mecánico para no perderla. Cuando ella notó su agarre se atrevió a soltarle la mano, comenzando a nadar con fuerza en dirección a los edificios invasores.
Ambos alcanzaron a tiempo el costado de una construcción, pues el aire ya les estaba faltando. Sails tosió en medio de sus jadeos al mismo tiempo que Black también recuperaba el aire. Ella volvió a tomarlo de la mano mientras los jalaba a ambos aún más cerca de los edificios, tratando de buscar un escondite bajo las sombras altas.
Sails pataleó más por mantenerse a flote que por voluntad real, ya que estaba comenzando a sentirse muy entumecido. Lo cual era raro, pues él solía ser un buen nadador.
Hizo caso a la indicación de su Capitana de que guardara silencio cuando ambos quedaron debajo de alguna especie de toldo sólido en un edificio, ocultos de cualquier máquina maldita que los estuviera buscando. Los dos se mantuvieron quietos en el agua, escuchando el sonido de esas cosas recorriendo los alrededores.
El tiempo que pasaron ahí pudo ser el mismo que sentía cada vez que vigilaba un reloj de arena para terminar un ciclo, y aún así Sails todavía no terminaba de coordinar la situación con sus pensamientos. Incluso se preguntó si esto era una pesadilla y despertaría en cualquier momento. Todo había ocurrido tan de repente y sin aviso que no sería extraño que estuviera soñando. Lo peor es que cuando se pellizcó bajo el agua con su mano extra y nada cambió al sentir el dolor, comenzó a entender que esto estaba pasando de verdad.
Esas ratas de sentina estaban causando problemas, de nuevo. Y se metieron con ellos. Se metieron con su única familia.
No lo… no lo entendía.
Es decir, sí. Se involucraron mucho la última vez que hubo problemas con la gema multicolor. Pero… ¿Por qué?
¿Por qué regresaron? ¿Por qué lastimarlos?
Ya ni siquiera tenían la belleza azul en sus manos. ¡No tenían nada para ellos! Ni su molesta nave voladora ni cualquier otra cosa que quisieran.
¿Por qué…?
Sails tragó hondo, tensando su cuerpo cuando sintió una mano sobre su hombro. Giró la cabeza y vio a su Capitana mirándolo con tristeza mientras llevaba su otra mano al rostro de Sails. Fue en ese momento que se dio cuenta de que estaba llorando, pues apesar de que su cabeza seguía mojada después de haber nadado, Black lo notó y comenzó a consolarlo.
Él sintió como su labio tembló, todavía con la esperanza infantil de que nada de esto estuviera pasando. Que en cualquier momento él abriría los ojos y estaría durmiendo en la hamaca atada cerca de la popa, disfrutando el suave balanceo del barco hasta que llegaran a la Isla del Sur y pudieran reabastecerse. E incluso si los estuvieran invadiendo de nuevo podrían contraatacar, porque la última vez les dieron una lección a esas sanguijuelas y recuperaron su hogar.
¡Caray! Incluso todos iban a encontrar su final por culpa de ese diamante multicolor y salieron victoriosos. ¿Por qué ahora llegan de la nada y se llevan a sus compañeros? ¿A su familia? Ellos habían ganado y exiliaron a las cinco sanguijuelas. Ellos…
—Tranquilo, Sails. Está bien. Aquí estoy. —Black le habló en un susurro, abrazándolo con cuidado mientras seguían flotando.
Su garganta se cerró y comenzó a sollozar, aferrándose a la única amiga que le quedó. Nada estaba pasando como la última vez, lo que aumentó su miedo. No podía evitar sentir que algo estaba realmente mal ahora. Y esta vez se llevaron a sus camaradas. Se llevaron todo.
Sails deseó, por un momento, que los demás en los otros mundos pudieran ayudarlos.
Ya había pasado más de una semana y No Place seguía sin obtener ayuda.
Sails pasó los primeros días preguntándose si Sonic volvería a aparecer de la nada, como la primera vez que lo conocieron, y que luego pelearía al lado de ellos para reducir otra vez a un montón de cobardes a esos cinco canallas. Sin embargo, con el pasar del tiempo se dio cuenta de que esta vez iban a tener que salvarse solos.
Tanto él como Black habían logrado volver al Angel’s Voyage, destrozado, un par de días después de que terminó la invasión. Desde esa tarde, el cielo se había mantenido nublado y sin señales de mostrar los rayos de sol de nuevo. Volvía un poco difícil comenzar a tomar nota del tiempo. Aún así, Sails tenía su registro cuidadoso de la fecha entre el montón de pergaminos que había juntado, todos con diferentes anotaciones e información.
Sus ojos se enfocaron en la página que tenía el conteo de las veces que vio a las máquinas naranjas llevar a los prisioneros por una puerta específica del enorme huevo rojo y metálico, en el centro de la ciudad. Había estado espiando a esas cosas desde la cima de una fábrica costera, logrando tomar nota de los movimientos de esa entrada y cada cuanto la abrían.
Primero, atrapaban a los piratas que seguían revelándose. Luego, los encerraban en esas feas esferas azules, manteniéndolos a todos en el mismo edificio cerca de la bahía, o al menos eso es lo que Sails pudo ubicar. Al final, siempre a la misma hora, según su percepción, salía un grupo entero de robots cargando cada uno una esfera, paseándose por toda la ciudad hasta que llegaban al huevo podrido central.
La verdad, Sails sentía que llevaban a los prisioneros así de expuestos para infundir miedo. Y estaba funcionando, pues había visto el mismo miedo que él tuvo en varios otros piratas cuando observaban esas esferas. Cada vez que alguien cruzaba esas puertas, no volvía a ser visto. Como sus propios camaradas.
Él inhaló hondo, negando con la cabeza para volver a enfocarse en los datos que había recabado. Ya tenía lo necesario para saber hacia dónde ir y en qué momento invadir. Lo único que necesitaba era saber con qué desplazarse desde las fábricas costeras hasta el lejano huevo podrido. Además de empezar a familiarizarse con el terreno nuevo.
Si bien todos los canales entre los edificios (que las sanguijuelas llamaban avenidas) seguían manteniendo agua corriendo por ahí, el fastidioso bribón diminuto que controlaba este lado estableció todo medio de movilidad como aéreo. Nadie podía desplazarse entre los edificios si no era en sus máquinas y barcos voladores. Cualquier cosa que flotara en el agua era confiscada. Aunque, de todos modos, el mar estaba comenzando a verse turbio y sucio y ya nadie quería navegar ahí.
Sails gruñó internamente como cada vez que veía la bella agua de No Place volverse oscura con cada día que pasaba. Esas anguilas estaban dañando su hogar sin siquiera parpadear. Hacía que él quisiera enterrarles su sable afilado en el-
Ah.
Su oreja se crispó cuando escuchó un golpe afuera, cortando su línea de pensamiento.
Giró la cabeza en dirección a la escotilla que llevaba a la cubierta del barco y se quedó quieto por un buen rato mientras la observaba. Un momento después escuchó la secuencia de golpes correcta. Dos seguidos, una pausa y otros cuatro más. De esa forma sabía que era su Capitana Black quién intentaba entrar y no alguien más.
Sails corrió entre el oscuro interior del barco hasta llegar a las escaleras de madera, quitando el seguro de la escotilla y levantándola para que su compañera de barco entrara. Ella saltó dentro y cerró de inmediato la abertura, manteniendo una de sus manos de forma obstinada sobre el brazo contrario. Sails arrugó el ceño, abriendo mucho los ojos cuando notó un tono rojo entre el color rosa.
—¡Capitana Black! ¿Qué te pasó?
Ella le sonrió con suavidad antes de caminar hasta un barril y sentarse sobre este. —Tranquilo, Sails. Sólo es un corte. —Black se quitó la mano, revelando una herida larga, cerca del codo. —No estuve atenta y lograron darme.
—¿Quiénes? —Sails se acercó rápido hasta ella, sacando el pañuelo que siempre llevaba dentro de su chaleco y tratando de colocarlo sobre la herida de su Capitana.
—Algún bucanero desesperado. —Black se encogió de hombros, limpiando por sí misma la herida. —Pero, oye. Traigo noticias.
Él torció los labios, queriendo mantener el tema para saber quién se había atrevido a lastimar a su amable Capitana. Desafortunadamente, sabía que ella no iba a ceder, así que Sails suspiró y se sentó en el barril de al lado.
—Y… ¿qué encontraste?
Black sonrió de lado, animando su postura. —Sólo dos de esas viejas anguilas están aquí, no los cinco. Y ni siquiera están juntos. Cada uno está escondido en su propio huevo a cada lado de la barrera de rocas.
—Oh… —Sails se cruzó de brazos y llevó la mano extra a su barbilla. —Debieron… debieron separarse para poder abarcar aún más, ¿no crees? Tal vez por eso nadie ha venido a ayudarnos. Podrían estar causando problemas en todos lados.
—Yo… es lo que pienso. —Su Capitana se encogió de hombros, dejando caer su peso sobre la viga de madera tras ella. —Todos deben estar en peligro. Y sin duda también deben estar usando la belleza de colores. Todos hablan de que los nuevos corsarios y las máquinas azules tienen esa luz extraña que usan para atacarnos. Igual a cómo lo usó ese canalla.
Ah.
No de nuevo.
Sails dejó caer su postura, sabiendo perfectamente lo que su Capitana estaba implicando. Y sí, tal vez él también pensó en algún momento que, eh, Nine podría estar involucrado. Sin embargo, para él esta invasión sorpresa y la falta de ayuda no parecían encajar con lo que su contraparte hizo la primera vez.
Cuando pelearon, Nine pudo dejar en claro que su propósito no era ser un conquistador de mundos ni imponerse en ellos. Quería… su contraparte estaba… asustado. Y solo. Después de que Sails hablara con él, no le pareció que Nine tuviera intenciones de querer vengarse de todos, así que debía estar fuera de esto. O al menos eso esperaba. A Sails no le gustaría que las malditas sanguijuelas también quisieran lastimar a su contraparte cuando ésta vez no ha hecho nada.
Por ahora, nadie tenía la posibilidad de saber nada de los demás, así que su mayor prioridad eran sus camaradas sobre todos los demás. Aunque no significaba que se quedaría callado.
Sails se cruzó de brazos, arqueando una ceja. —Creí que ya habíamos acordado que esta vez sólo las cinco ratas de sentina parecían estar involucradas.
Black bufó. Luego, su mirada pareció arder con su enojo guardado. —¡No puedes culparme, Sails! Ese canalla hizo un desastre similar con esa gema brillante. Tú dime, ¿cómo tenemos pruebas de que no está involucrado en esto de nuevo? Sin mencionar que él intentó tomarlos como prisioneros una vez y, ¿qué pasó ahora? ¡Nuestra tripulación está prisionera! Ese bribón bien podría tener la culpa.
Sails también rodó los ojos. —Bueno, tampoco tenemos pruebas de lo contrario, ¿verdad? Y tú me acabas de decir que sólo esas viejas anguilas están aquí. —Levantó la barbilla, arqueando una ceja. —Así que las probabilidades de que Nine esté involucrado son cincuenta y cincuenta, inclinadas más hacia un ‘No está involucrado’ porque él prometió dejarnos tranquilos.
Quien no prometió nada fueron las viejas anguilas. Y como los dejaron libres, pero exiliados, algo pudieron haber hecho. Caray, tal vez debieron encerrarlos en prisiones para haber prevenido esto en lugar de patearles el trasero lejos de todos ellos.
Sea como sea, Black tenía opiniones diferentes.
Los ojos de su Capitana se entrecerraron, perforándolo con la mirada. —No confío en él. Y si me entero que le hizo daño a los demás, esta vez lo haré nadar con los peces.
Sails se encogió y se quedó callado por un momento mientras sopesaba las palabras de su Capitana, pues si bien su corazonada insistía en que su contraparte debía ser inocente esta vez, tampoco quería confiar a ciegas y poner toda su fe en esto. Había razones para sospechar de Nine.
Aún así, Sails le daría el beneficio de la duda.
—Bueno. Si… si él está involucrado, yo tampoco le perdonaré lastimar a mis camaradas ni objetaré para hacerle pagar. Pero si no, entonces… no le harás nada, ¿sí?
Black se crispó, luciendo como si acabara de probar un limón muy agrio. Se mantuvo así un largo rato hasta que suspiró y se frotó la frente. —Argh, bien. Supongo que es justo. —Sus labios formaron un puchero mientras se cruzaba de brazos. —Pero más le vale que no muestre su fea cara por aquí o lo haré caminar por la plancha.
—¿Disculpa? —La voz de Sails se volvió aguda por la indignación. —¿Sí sabes que su cara es también mi cara?
Black soltó una carcajada corta, estirando el brazo para abrazarlo de lado. —Pero tú eres más adorable, Sails. —Ella frotó la punta de su nariz en el costado de su cabeza.
—¡H-hey! ¡Basta! —Apesar de lo mucho que odiaba que lo mimara así, Sails no pudo evitar soltar una risita ante el gesto mientras trataba de alejarse.
Los dos sonrieron tranquilos después de separarse y de que su intercambio no escaló a más. Mantuvieron cualquier conversación seria o discusión olvidada por un momento. Fue sólo hasta que se apagó una de sus pocas velas de cera cuando ambos volvieron a retomar el asunto urgente que tenían en manos.
—Necesitamos recuperarlos, Sails.
—Lo sé. —Su oreja se aplanó al mismo tiempo que sus colas comenzaban a caer hasta el suelo.
—Escucha. —Black suavizó su expresión, poniéndole una mano sobre el hombro. —Va a ser difícil, así que debemos cumplir dos objetivos antes de realizar nuestro atraco. Primero, descubrir cómo llegar a ese podrido huevo de metal, y dos, obtener información sobre la zona mientras más nos acercamos al centro. Hay que estudiar a nuestro enemigo antes de enviarlo al fondo del mar.
—Y eso haremos. —Sails apretó sus manos en un par de puños, asintiendo con gran determinación a su Capitana. —Yo me encargaré del transporte. —Sonrió, llevando su mano metálica a la frente a modo de saludo.
—Y yo de sacar información. —Black dijo, soltando una suave risa entre dientes. —Si las aguas nos favorecen, podríamos recuperar a nuestra tripulación en unos cuantos días.
Sails iluminó su rostro, volviendo a balancear sus colas con emoción. Una vez que recuperaran a los demás, ellos iban a escapar de este horrible sitio. Si es que era posible. Hasta donde escuchó de lo que presumían los robots de las anguilas podridas, todo No Place estaba bajo sus manos.
Nadie sabía si era posible huir de ellos, así que irse lejos podría no ser la solución. De todas formas, lo importante es que podría valer la pena intentarlo. Pero hasta entonces…
Sails estaba comenzando a trazar en su mente cómo moverse entre los edificios sin ser detectados. Una vez que resuelva eso, y que su Capitana obtenga la información necesaria, partirían hacia el huevo de metal.
Rescatarían a sus compañeros muy pronto.
Habían pasado cuatro semanas desde la invasión y no habían podido rescatar a sus camaradas.
Sobrevivir en un mundo invadido por tecnología que no conocían y verse obligados a tomar un estilo de vida al que no estaban acostumbrados estaba volviendo todo muy difícil. Sobre todo porque muchos piratas también estaban complicando las cosas al besar las suelas de los zapatos de las sanguijuelas.
Después de todo, no hay piratas en un mundo sin oro, y los dos bribones que tenían a todos con la cabeza gacha lo sabían. Tenían a muchos comiendo de la palma de sus enguantadas y horribles manos al darles oro. Una lástima para esos canallas que los piratas eran ladrones experimentados y no dudarían en saquear a los traidores.
Sails sonrió internamente, moviendo su oreja al escuchar el bajo tintineo de la bolsa de oro mientras él revisaba su propia bolsita con el contenido que había solicitado. Un par de gramos de escaramujo perfectamente envuelto y otros gramos de un poco de harina. Él sonrió satisfecho y, tal vez, con un poco de malicia por la pequeña trampa que iba a realizar con esto a cualquiera que se atreviera a entrar al Angel’s Voyage.
El barco podrá estar destrozado, pero seguía siendo una parte importante de su tripulación.
Volvió a cerrar las pequeñas bolsitas, asintiendo hacia su Capitana antes de regresar al fondo de la habitación y sentarse en el suelo. Una vez ahí, comenzó a asegurar correctamente la correa corta de su mercancía cuando escuchó una voz apagada a su lado.
—¿Para qué vas a usar eso, Sails?
Él levantó la vista desde su lugar sentado en el suelo. A su lado tenía a los integrantes de la tripulación del Capitán Fang, dueño de la taberna donde realizaban intercambios comerciales y prácticamente con quién tenían que entregar todos los pagos de los mapas del interior del huevo podrido.
Argh. Todavía no olvidaba el golpe metafórico que él y Black sintieron cuando la ardilla vieja, la que les estaba ayudando con información y a entender la nueva estructura de No Place, les dijo que si ya sabían cómo iban a moverse dentro del huevo de metal cuando entraran.
Caray, fue como una cachetada darse cuenta de que los dos no tenían ni idea de qué hacer al cruzar la puerta de los prisioneros. Fue, eh, error de principiantes.
Sails meneó suavemente sus colas mientras se animaba a responderle a Sark, el que les estaba trazando los mapas, cuando el imbécil de Rubber se entrometió, jugando con su cuchillo oxidado como siempre y moviendo sus largas orejas de conejo, bien atentas para saber cuando empezar a molestarlo.
—Seguro quiere hornear un pastel, ¿no Sails? A ver si alguien se une a lo que queda de tu tripulación.
Su compañero, Cupper, se rio inmediatamente entre sus dientes enormes, incluso para una marmota, sin hacer ningún caso al regaño de Sark.
Sails se crispó, con el impulso inmediato de golpear a estos malditos canallas por atreverse a hablar de su tripulación. Para su desgracia no podía hacer eso sin correr el riesgo de que los corran por varios días, así que se obligó a respirar hondo antes de inclinar la cabeza al par de idiotas. Esperó hasta que ellos terminaran de reírse para hablar.
—¿Y alguien ya se unió a la tuya? Porque, según sé, no has podido reclutar a nadie en años. Tu Capitán debe estar muy decepcionado, ¿no crees?
Ignoró el siseo bajo del conejo, volviendo a enfocarse en acomodar correctamente la pequeña mercancía que su Capitana estaba pagando en ese momento. A Sails le tomó tiempo aprender que a veces era mejor ignorar a los brutos bravucones, sobre todo ahora que era capaz de defenderse y que también tenía camaradas que lo defendían.
Es justo por esos camaradas que aguantaba venir a la taberna cada cuatro días. Ellos no lo dejaron solo y ahora él tampoco los dejaría solos. De un modo u otro los iba a recuperar, no importaba cuánto costara. Literalmente.
Los murmullos al lado de él se silenciaron cuando escucharon el arrastrar corto de una silla contra la madera. Sails levantó la mirada lo justo para notar que el Capitán Fang se había movido un poco para mirar a su tripulación y callarla con una mirada, regresando de inmediato su atención a su conversación con Black y contar el oro. Esa acción lo hizo bufar internamente, pues aunque el lobo fingía ser amable con ellos dos, en realidad era aún peor que Rubber o Cupper.
Sails no era tan ingenuo como para no haber notado el desagrado con el que lo miró la primera vez que entró a su taberna. No importaba cuánto tiempo pasara, él podía reconocer ese asco a donde fuera. Sólo los trataba bien por la cantidad de oro que le estaban entregando.
Maldito percebe.
Arrugando el rostro mientras jugueteaba con la tela de sus pequeñas bolsitas, Sails enrolló inconscientemente sus colas, con los nervios revolviéndose el estómago como siempre que venía aquí, ya que tenía que dejar en el barco su cinturón con su pequeña mano mecanizada. Era muy peligroso para él salir ahora con su artilugio.
La aparición de máquinas nuevas con forma de piratas del tamaño de todos ellos, cortesía de las anguilas viejas, puso nerviosa a la gente, así que si lo veían portando su mano mecanizada, podrían golpearlo.
Aunque algunos ni siquiera necesitaban esa excusa para querer lastimarlo.
Sails suspiró y su atención regresó al presente cuando Sark logró alejar lo suficiente a los otros dos idiotas, volviendo a levantar la cabeza mientras se disculpaba en nombre de ellos y preguntaba de nuevo para qué era el escaramujo y la harina. Sails animó su rostro luego de mirar con aversión a los otros dos piratas una última vez. Sark era el único que lo trataba bien de todos los que estaban aquí.
Se aseguró de hablar bajo para que sólo el pirata envuelto en tela de pies a cabeza lo oyera. —Bueno. Son para una trampa. ¿Recuerdas que te dije que nuestro barco ahora tiene un enorme hoyo? —Recibió un asentimiento del otro. —Pues no podemos dejar que nadie entre. Así que he estado colocando un pequeño sistema de cuerdas en contra de los intrusos. Esto. —Palmeó con cuidado las bolsitas. —Son los ingredientes para una bomba de humo que le dará muchos problemas a cualquiera que quiera escabullirse y sorprendernos por la espalda.
Sails sonrió, sabiendo que sus trampas no eran exactamente las más refinadas, pero tampoco eran malas. Hasta ahora había funcionado bien. Esos tres piratas ladrones que intentaron entrar hace días fueron muy amables para ser sujetos de prueba, huyendo con la cola entre las patas cuando ellos dos les dieron una lección. Así que sí, Sails estaba muy orgulloso de su sistema.
Aunque… si bien estaba feliz de ver que su creación funcionaba, él seguía lamentando haber dañado muy mal el Angel’s Voyage. Al final, resulta que desarrollar un medio de transporte que se mezclara con los que crearon los bribones tomó más tiempo, y materiales, de los que esperaba.
Sails torció un poco los labios al recordar que tuvo que arrancar, con ayuda de su Capitana, el casco secundario que quedó intacto. Eso es lo que provocó el enorme hoyo, pues al cuidar la madera de su futura nave, el costado izquierdo de lo que fue el Angel’s Voyage ahora estaba hecho pedazos y con un hueco tan grande que cualquiera podría entrar sin que lo notaran. El zorro sabía bien que cubrir el hoyo con tablones de madera o con trozos de tela era lo mejor. Si estaba cerrado, estaban seguros. Sin embargo, eso también volvería evidente que alguien había manipulado el barco y, por ende, que podrían estar escondiéndose ahí. Entonces, la mejor opción fue dejar la abertura expuesta, muy a su pesar.
Si el barco ya estaba dañado, qué más daba un hoyo extra. Gracias a eso, ahora tenían muchas trampas cerca de esa entrada.
El otro pirata asintió ante todo lo que Sails le seguía contando sobre la estructura de sus trampas y cómo iba con la construcción del Angel’s Voyage II. Le confió lo cerca que sentía que estaba de recuperar a sus camaradas y le agradeció directamente por hacerles el favor de trazar los mapas del interior del huevo metálico, y moverse sin perderse por dentro, cuando se detuvo un momento ahí.
—Oye. —Sails se rascó la mejilla. —¿Puedo preguntarte algo?
—Ya lo estás haciendo, compañero. —Sark se rio.
Sails rodó los ojos con una pequeña sonrisa, sabiendo que bromeaba. —Bueno, dime. ¿Cómo es que le haces para entrar al huevo de metal y mapear su interior sin que te descubran? Por lo que escuché, los piratas dicen que el lugar está lleno de corsarios de metal y robots azules. Es difícil acercarse sin que la alarma suene de inmediato. Entonces… —Él arqueó una ceja, esperando la respuesta.
—Oh. —Sark se enderezó, golpeando con un dedo su sombrero negro, aunque ni así su rostro dejaba de estar a su sombra, completamente oculto.
Se inclinó cerca de Sails, mirando hacia los costados y provocando que el zorro sintiera que estaba a punto de escuchar algo importante. Luego, cuando el pirata mayor levantó una mano para extremar la confidencialidad, Sails aumentó el movimiento de sus colas, interesado. —Eso es… —Hizo una pausa larga, elevando el misterio cuando bajó más la voz. —Es un secreto.
Ah…
Sails dejó caer los hombros y sus colas se quedaron quietas. No pudo evitar torcer los labios mientras su ceja se arqueaba lo más que podía, enviando su mirada más molesta al otro pirata. Incluso si el rostro del otro estaba oscurecido por su sombrero, Sails podía apostar que el pirata estaba sonriendo o, mínimo, riendo.
Sin pensarlo mucho, golpeó a Sark, cruzando sus brazos y abrazando sus rodillas.
—Está bien, lo siento. —Él susurró entre risas, levantando ambas manos al aire. —Pero te puedo contar un secreto más importante.
Sails arrugó más su cara, sin querer caer de nuevo en su juego. Aún así, terminó moviendo su oreja, animando al otro a hablar.
El mayor enderezó su postura, luciendo más serio y con precaución verdadera de que sus compañeros no escucharan. Sails se giró por segunda vez, bien atento.
—Escucha. Ese huevo rojo no tiene tanta seguridad como todos piensan. —Sark se detuvo, dando un vistazo hacia la mesa. —Sé que tú sabes más sobre cómo funcionan todas esas cosas que vuelan. Yo no, así que no sé cómo le hacen para que esa cosa flote sin tocar el agua.
—¿El domo vuela? —Sails habló con tono agudo, abriendo sus ojos.
—Sí. No dejan que el metal toque ni un poco el mar oscurecido, así que… digamos que toda la parte de abajo es el lugar donde menos seguridad tienen y donde es más fácil entrar. Relativamente hablando, porque podrías caer al agua negra y eso sería lo peor. —El pirata se estremeció. —En fin. —Se recargó en la pared. —Te lo digo por si necesitan otra ruta por donde entrar. O salir.
Vaya. Eso…
Sails animó su oreja libre, parpadeando varias veces mientras registraba esta nueva información.
Era… medianamente cierto que estaba logrando entender el mecanismo que permitía a algunas plataformas de transporte de corsarios volar. Él incluso estaba logrando integrarla al Angel’s Voyage II, sin embargo… ¿algo que sostenga demasiadas toneladas de metal? Debía ser un sistema de verdad potente o algo que con suficiente energía.
Y de hecho…
Sails recordó de inmediato la gema multicolor (por Poseidón, que era muy malo para recordar el nombre de esa cosa que no fuera La belleza de Dread). Siempre que se trataba de esa cosa, las cinco sanguijuelas parecían desear el poder que les daba para mantener en funcionamiento toda su tecnología. Eso sin mencionar que Nine también demostró lo increíblemente poderosa que era esa gema.
Y Sails no era un idiota. Ya era obvio que esta invasión y la falta señales de los otros mundos estaba muy relacionada con ese diamante. Lo que él no sabía es por qué pasó o cómo serían capaces de vencer ese poder de nuevo. Lo único que podía pensar es que, con suerte, esos sujetos tuvieran un límite de uso con ese poder.
Bueno, al menos es lo que Sails esperaba, dado que esas anguilas mencionaron varias veces que se les estaba agotando esa energía y que Nine también pareció cansarse luego de usarlo mucho. Esa gema debía tener algún tope, ¿no? La pregunta era hasta dónde lo tenía. Ni siquiera el mar podía ser infinito.
Sails murmuró en voz baja su cavilación antes de levantar bruscamente la cabeza cuando oyó la voz de su Capitana.
—Es todo, Sails. Hora de retirarnos.
—¡Oh! —Él se levantó con más ganas, ajustando correctamente sus bolsitas. —A la orden. –Se giró hacia el otro pirata, que también se levantó. —Hasta pronto, Sark. Y gracias.
Él asintió. —Mucha suerte en su travesía. —Le frotó el hombro a Sails y luego inclinó la cabeza ante Black. —Capitana Rose.
Ella devolvió el gesto, empujando suavemente a Sails por la espalda. Cuando pasaron cerca de los otros dos, Cupper pareció no contenerse de un último comentario molesto.
—Hey, Sails. No te olvides de traernos un poco de pastel. Con suerte alimentará a los peces muertos.
Sus estúpidas risas volvieron a llenar el aire, provocando que Sails rodara los ojos mientras seguía caminando sin hacerles más caso. Su Capitana, por su parte, se detuvo un momento para perforarlos con la mirada antes de volver a andar y girarse hacia él con una ceja arqueada.
—¿De qué hablan? ¿Un pastel?
Sails suspiró de forma exagerada mientras recorrían el pasillo hacia la taberna. —Larga historia.
E innecesaria. De todas formas, Sails ya estaba sonriendo internamente al pensar en compartir de forma amable lo que haría con sus ingredientes. Si tanto quieren un poco, por qué no darles.
Podría ser divertido.
Habían pasado seis semanas desde la invasión y lo más emocionante en todo este tiempo fue ver a los dos idiotas de la tripulación de Fang toser y rascarse como los pulgosos que son luego de que les soltara encima el escaramujo triturado.
Fueron un par de amables sujetos de prueba para saber qué cantidad usar en sus bombas de humo sin provocar una irritación real en los intrusos. Quería asustar a los saqueadores, no provocarles urticaria.
Divertirse a costa de ellos valió la pena haber sido expulsados por un par de días en la taberna. Sails no se arrepentía de nada, si es honesto. De todas formas, ya les faltaban dos partes para completar el mapa, así que ya no tendría que ver de nuevo a esos bribones.
Volvió a sonreír libremente mientras el recuerdo de esos idiotas llorando como sirenas regresaba a su cabeza. Estaba solo, así que podía burlarse de ellos todo lo que quisiera.
Suspiró satisfecho luego de repasar en su mente una última vez sus expresiones, dejando que sus ojos recorrieran la esquina que reclamó como suya dentro del Angel’s Voyage. Ahí había varios trozos de metal azul y naranja descansando sobre los barriles mientras que en el suelo yacía uno de los robots que robó. O al menos lo que quedaba de la máquina. Sails había logrado dejarlo inutilizable para experimentar con esa cosa luego de llevarlo dentro del barco muy en contra de los deseos de su Capitana.
No era su culpa tener que entretenerse en algo mientras Black conseguía oro suficiente para volver a la taberna. O tal vez sí. Como sea, iba a compensarlo con sus nuevas creaciones de defensa.
Él apretó los dientes, concentrado de nuevo al sostener varias piezas usando su brazo mecanizado. Sobre el pedazo de madera hinchada tenía las otras partes de una de las extremidades del robot azul, esparcidas sin orden específico, y una de las antenas naranjas ya activa. Sus dedos se movieron con cuidado, aunque no estaba logrando un gran avance.
—Vamos… funciona, pedazo de alga. —Sails siseó mientras trataba de reconectar los cables de una de las antenas azules, finalmente logrando que sacara chispas y luego que la punta se encendiera. —¡Sí! ¡Así!
Su risa resonó en el interior del Angel’s Voyage al mismo tiempo que sus colas se agitaban con alegría. El pequeño artefacto ahora brillaba con esa luz blanca en tonos azules que ahora podía reconocer como la energía de la gema multicolor. Sails supo que todo dependía de la gema gracias a la anguila de bigote azul. El idiota solía presumir mucho en sus pantallas que su “fuente de poder especial” los llevaría a la utopía tecnológica. Vaya cerebro de pez.
Sails dejó a un lado la antena, con la punta iluminada hacia arriba para que no quemara nada por accidente. Luego tomó la cabeza apagada de la máquina, comenzando a repetir el proceso de manipular los cables para tratar de activar el curioso escudo que creaban cada vez que se protegían de los ataques. Volvió a trastear por varios minutos largos hasta que, de pronto, la barrera azul se encendió con un par de parpadeos, sobresaltando a Sails.
—¡Wow! Está bien. —Estabilizó la cabeza para que no se le cayera. —Así está bien.
De nuevo surgió una sonrisa en su rostro, ajustando los cables para mantener encendido el escudo. Una vez listo, tomó con su brazo extra la antena naranja primero, sosteniendo cerca la punta iluminada. Con mucho cuidado la comenzó a acercar al escudo, aplastando su lengua entre sus dientes mientras arrugaba el rostro por la concentración.
Era la primera vez que manipulaba las máquinas cargadas con el poder de la gema. Hasta ahora sólo usó los robots viejos que funcionaban con energía normal, entonces, sus precauciones debían ser mayores.
Pero, por ahora, ni el escudo ni la punta de la antena reaccionaron de ningún modo, manteniéndose tan normales como deberían ser: un escudo que protege y un arma lista para atacar. La barrera azul ni siquiera se inmutó cuando Sails envió un tiro corto desde la antena naranja y el proyectil sólo se desintegró al tocar el escudo transparente. Entonces… las viejas máquinas no funcionaban contra la energía de la gema, así que tendría que probar con la antena azul que acababa de activar.
Sails dejó con cuidado el artefacto naranja, tomando con cuidado el de color azul. Acercó lo más que pudo el cañón encendido de la antena con el escudo, notando que justo cuando ambos estaban a nada de tocarse, el punto donde harían contacto hacía temblar cada vez más sus manos. Casi de inmediato alejó la antena, sin intenciones de querer explotar algo.
Aún.
Sails suspiró, abriendo el pequeño librito de notas que se hizo de forma improvisada. —Entonces… la energía de la gema se repele entre sí entre sí. Como cuando destrocé su escudo…
Se rascó la cabeza con su lápiz de grafito, mirando de reojo la antena activa. Si bien no tenía ni idea de por qué reaccionaba así o por qué se repelían siendo que eran el mismo tipo de poder, le bastaba con saber que podía romper los escudos con un disparo de esa energía. Si funcionó antes, funcionaría de nuevo.
Volvió a dejar su lápiz y hojas, sacudiendo la suciedad sus manos antes de colocarlas en sus caderas. Miró entre la cabeza con el escudo, aún activo, y el brazo azul del robot con forma de cañón. Sails se debatió por unos minutos si sería prudente intentar jugar con esa cosa cuando decidió que, por el bien de su conocimiento y de agregar más armamento al Angel’s Voyage II, haría el pequeño experimento de prueba.
Eran razones justas.
Con sus colas agitándose emocionadas, se apresuró a jalar el brazo desmantelado, pensando vagamente que sería bueno realizar esto antes de que su Capitana regresara. ¡No es que sintiera que podría salir mal algo! Para nada. Ni un poco. Es sólo que, eh, preferiría no tener espectadores. Sólo eso.
Sails abrió la placa lateral del brazo del robot, encontrando la misma cantidad de cables y mecanismos complejos que en los robots viejos. Lo único diferente era la mayor capacidad de volatilidad que tenían por tener el poder de la gema.
Nada que no pueda manejar.
Comenzó a desmantelar pieza por pieza la zona del cableado y destrozando las placas de metal que ya no le serían útiles. Era una suerte que las fábricas costeras estuvieran muy abandonadas a estas alturas.
Black decía que la falta de vigilancia en todas las costas era porque las aguas finalmente estaban corriendo a su favor ahora que estaban muy cerca de completar el mapa y recuperar a los demás. Sails, por su parte, sentía que tenía que ver con la gema multicolor y sus sospechas del límite de poder de esa belleza. Es decir, parecía que las señales habían estado ahí y no las pudo notar hasta que pensó en ello.
Y, sí, lo admite. Tal vez no tiene la posibilidad ni los recursos para entender la naturaleza de esa gema tan bien como Nine hizo. No cabe duda que su contraparte tiene una capacidad envidiable para entender este tipo de temas muy rápido. ¡Pero Sails no se queda atrás! Ahora mismo él tenía notas mentales, y escritas, de lo que podrían ser las señales del límite de poder que tenían las sanguijuelas.
Para empezar, Sails notó un marcado contraste del primer día de la invasión a la fecha actual. Además de la aborrecible contaminación, por supuesto. El agua ya ni siquiera parecía agua y se veía como una consistencia espesa y asquerosa. Era terrible.
Aunque ese no es el punto. Eh, el verdadero punto es que las sanguijuelas dejaron de tener control sobre muchos edificios lejanos al huevo rojo. Actualmente estas zonas estaban invadidas y saqueadas. Sin duda, algo cambió desde el día de la invasión hasta ahora.
Segundo y la mejor noticia de todas. Sus “ciudades infinitas” no eran tan infinitas como esas sanguijuelas presumieron en toda la ciudad. Desde adentro sí daban esa impresión. Desde afuera, y principalmente desde los que lograron salir, no era así.
Sails escuchó a muchos ebrios y fanfarrones en la taberna decir que ya tenían algún barco listo para regresar a las aguas claras. Él no les creyó al inicio, obviamente, ya que sonaban como historias fantasiosas de alta mar. Lo que sí cambió su forma de pensar fue encontrarse de nuevo con la vieja ardilla marinera, pues le dijo muy amablemente que de verdad había piratas que estaban logrando escapar de la ciudad y regresar a zonas donde el mar seguía azul y las nubes eran blancas. La ardilla lo vio con sus propios ojos.
Ah, por Poseidón. Lo que Sails no daría por sentir de nuevo la brisa salada del mar y comer un delicioso perro de mar en vez de las cosas que esos bribones les dan. Era un hermoso sueño.
En fin. Sails ahora sabe que el dominio total que los bribones dicen poseer es falso. Así que sí había un límite de poder para estos idiotas y enfocaban todo en sus domos de metal voladores. O al menos eso suponía de acuerdo a sus observaciones. Y si su pequeña teoría era cierta, Sails no podía evitar preguntarse qué podría pasar si sus domos perdían el poder y se hundían en el agua oscura.
Eso es lo menos que se merecían. Que las aguas reclamen a los que las lastimaron y los envíen a las profundidades de sus olas.
Si tan sólo Sails pudiera tener la oportunidad de manipular una estructura tan asombrosa como ese huevo de metal, elegiría hundirla sin pensarlo dos veces. Y tal vez sus ideas infantiles lo hicieron crear las pocas bombas inestables con los materiales de los robots, pensando que podría volar la base del huevo de metal.
Si sus sistemas para hacerlos volar fallaban, se irían al fondo del mar. Él mismo lo comprobó cuando hizo explotar (¡por accidente!) una de las plataformas que debía unir al Angel’s Voyage II. Fue una suerte que la hermosa nave nueva no hubiera resultado dañada. Y ya podía volar por el aire, así que todo estaba bien.
Sails bufó mientras se limpiaba el sudor de la frente sin mover demasiado su pañuelo. Finalmente miró el brazo del robot modificado a una longitud más apta para él, perfecto para ser manipulado. Si de verdad lograba explotar aunque sea una pequeña parte del huevo rojo, necesitaba traspasar sus escudos primero. Y este era el experimento para lograrlo.
Satisfecho de no haber hecho volar el brazo azul, Sails lo dejó a un lado, moviéndose para tomar la cabeza, aún con el escudo activo, y posarla sobre un barril, cerca de la madera de un costado del barco. Contento con la posición, regresó hasta el brazo, que ahora era más un cañón grande, y lo sujetó con todas sus manos.
Sails retrocedió una distancia considerable, esperando que esto funcionara y no estallara en mil pedazos o se incendiara. En el peor de los casos, terminaría con una bomba más devastadora a la que le lanzó a los robots de Nine. En el mejor, bueno, por fin tendría un arma con la cual destruir los escudos y las esferas de captura de las sanguijuelas. Así que… ojalá esto funcione.
Respiró hondo una vez más. Apuntó hacia la cabeza metálica iluminada de azul, enfocándose en su escudo, y disparó.
El estallido retumbó dentro del barco y la fuerza del proyectil lo arrojó hacia atrás al instante
Sus pies dejaron de tocar el suelo mientras el retroceso lo arrastraba, obligándolo a clavar el brazo mecanizado en la madera para no salir rodando. Sails usó sus dos manos para sostener con firmeza el arma. Su oreja se pegó a su cráneo cuando escuchó el metal y la madera ser destruidos, provocando que el barco gimiera por un momento antes de que todo se calmara.
Eso… no salió tan mal, ¿no?
Abriendo los ojos con lentitud, Sails notó el poco polvo que estaba cayendo del techo luego del potente disparo. Algunas de sus cosas y de los trozos de madera rodaron lejos de la trayectoria del proyectil, esparciéndose por todo el suelo de madera. Eso, sin duda, es un desastre que a Black no le gustará ver. Sails torció sus labios ante la idea de recoger todo eso cuando sus ojos se abrieron de par en par al ver finalmente la zona de impacto.
Ahí, donde había estado la cabeza del robot, ahora estaba el barril quemado en la parte superior. Debajo estaba la cabeza, cubierta de negro y con varios trozos arrancados, dejando ver los circuitos internos. No había señales del escudo a la vista.
¡Oh, por los siete mares! ¡Lo había logrado!
Sails se puso de pie de inmediato, dejando a un lado el arma modificada. Comenzó a correr hasta su zona de pruebas antes de detenerse abruptamente, notando que el polvo y el humo estaban bajando y ahora dejaban ver un gran hoyo en el costado del barco, justo detrás del barril. No era enorme como el que había enfrente, pero si lo suficiente como para que su Capitana lo vaya a notar en cualquier momento.
Oh, no.
—Ay, caray. —Sails siseó entre dientes, frotando sus manos entre ellas mientras más observaba la nueva abertura del Angel’s Voyage. Bueno, al menos no destruyó su nave nueva. Ni el almacén donde la esconden. Así que… no había problemas, ¿no?
Volvió a mirar el arma con la que hizo el hoyo, sin ganas de que Black se la confisque. Lo mejor sería esconderla entre las provisiones que ya tienen ocultas en el Angel’s Voyage II y recibir cualquier castigo que su Capitana le ponga perdiendo todos los demás materiales. Al menos esta belleza suya no podía perderla.
Sin perder más tiempo decidiendo, Sails tomó su creación y salió del barco, saltando hacia el muelle de concreto que tenían cerca y corriendo hasta el almacén abandonado que reclamaron como suyo. Ahí dentro se alzaba su nuevo barco con su bonita pintura roja, haciendo sentir orgulloso a Sails cada que lo veía, pues él le dio su nuevo aspecto y vida.
Subió volando hasta la cubierta más pequeña, encendiendo el quinqué para bajar con su mano mecanizada. Al instante iluminó el área oscura con la luz cálida, entrando al interior de la nave. Una vez dentro, corrió hasta las cajas donde Black le dejó poner sus invenciones rudimentarias, escondiendo hasta atrás el brazo modificado del robot y apagándolo. Una vez que estuvo seguro de que no se caería ni se movería, lo ocultó con una manta, más tranquilo de ver que no lucía sospechoso.
Con eso listo, regresó al Angel’s Voyage empalado, pasando el resto del tiempo recogiendo el resto de materiales y pensando a qué artefacto echarle la culpa del nuevo hoyo. Y más tarde, cuando intentó esconderse entre las vigas superiores mientras fingía tocar su pequeño ukelele, no pudo hacer otra cosa que lucir avergonzado cuando la Capitana Black Rose gritó su nombre al ver el hueco, comenzando a sermonearlo y confiscando sus cosas, tal como esperó.
De todas formas, Sails estaba satisfecho al saber que su mayor creación, tecnológica, estaba a salvo y lista para ser usada cuando invadan el huevo rojo de metal. Ya sólo faltaban dos partes del mapa y pronto, después de mes y medio, irían a rescatar a sus camaradas. Estaban listos y Sails se aseguraría de que no volvieran a tomarlos por sorpresa.
Ya estaban cerca de realizar su atraco. Sólo debían esperar un poco más.
El último día de la octava semana desde la invasión había llegado.
Esa mañana, lo que debían ser los últimos días preparándose para el atraco resultaron en… ¿el inicio del atraco?
Énfasis en debía, porque ni siquiera estuvo planeado. Y tampoco sabía si era en realidad estaban listos. Sails creía que todavía estaban en la fase donde debían cargar todo al barco y prepararlo antes de zarpar hacia el altamar, a la verdadera aventura.
Se supone que podrían pasar todavía un día más o dos antes de que él y Black se atrevieran a partir al huevo rojo. Todo estaba casi listo, así que para ese momento ya había olvidado por completo la idea de que alguien más pudiera venir a No Place a ayudarlos.
Ambos se habían resignado a trabajar por su propia cuenta, sin esperar a que, por ejemplo, Sonic llegara de nuevo. Sails sabía, a este punto, que su viejo compañero de mar también debía estar en problemas. Todos de hecho. Razón por la cual dejó de preocuparse por los otros mundos y comenzó a enfocarse únicamente en su hogar para liberarlo.
Así pasaran meses o un año, Sails ya estaba decidido a regresarle el color azul a No Place. Lástima que ahora parecía que tendría que realizar algunos ajustes en sus planes. Aunque eso tampoco era tan malo, es decir, ahora tenía la posibilidad de recuperar más rápido la vida de su hogar, pero…
Eh, sí. Primero lo primero. Empezar desde el inicio.
Sails había estado realizando revisiones completas al Angel’s Voyage II, incluso si Black decía que a estas alturas ya parecía un poco obsesivo hacerlas casi a diario. Y no es que él estuviera exagerando los cuidados al barco que arregló a su gusto. Es sólo que… bueno, él quería que todo estuviera en orden y que nada fuese a fallar en pleno saqueo.
Eso y que quería presumir la nueva nave, aunque pequeña, a sus camaradas. Era hermosa y estaba seguro de que los demás iban a amarla cuando la vieran. Así que, por eso, estaba cuidando al sucesor del Angel’s Voyage lo mejor que podía.
Cuando terminó la limpieza y revisión de ese día, checando por sexta vez, tal vez, el panel de control para hacer que el barco vuele, decidió que podría repasar un momento el mapa del interior con su Capitana. O simplemente pasar el rato juntos.
Tal vez eso la anime un poco.
Sails no se lo quería comentar en voz alta, pero claramente había notado la forma en que su compañera de barco se había estado marchitando conforme pasaban los días. No importaba que ya estuvieran muy cerca de recuperar a todos, Black lucía más pálida cada vez.
Él no era tonto ni ingenuo. Sabía bien que ella se culpaba mucho por lo que pasó el día de la invasión. Y la verdad es que Sails también llegaba a sentirse culpable, pensando muy seguido que por ser el más joven de todos, ser el que más cuidaban, tanto Dread como Batten terminaron encerrados en las esferas. A eso podía sumarle la culpa insoportable de saber que tuvo en sus manos la posibilidad de romper esas cosas y no pudo hacerlo.
Había días en los que se la pasaba repasando mentalmente esa tarde y pensaba qué pudo haber hecho diferente o cómo pudo haber actuado para no haber distraído tanto a Batten o a Dread. Tal vez por eso él y Black estudiaban y estudiaban hasta el cansancio las rutas del mapa, casi memorizándolas. Había una especie de acuerdo no dicho entre ambos de no dejar que algo saliera mal, otra vez.
Tenían todo calculado.
Y mientras más seguro se sentía Sails de que el plan no tenía fallos, más emocionado se sentía de volver a ver a sus compañeros. De escucharlos y reírse con todos ellos.
Ya quería tener de vuelta las charlas tranquilas con Catfish mientras él le enseñaba a pescar. Sails nunca aprendió bien, ya que era una actividad de mucha paciencia y concentración, y su mente siempre le pedía tratar de hacer algo más o se quedaría dormido. Aún así, Catfish jamás se quejó cuando Sails mejor eligió acompañarlo con su ukelele.
A Batten también le gustaba oírlo tocar cualquier melodía. No importaba si sólo estaban juntos en la cofia sin decir nada oyendo las cuerdas sonando, era de las mejores partes de sus días. Y si no estaban tranquilos, los dos se la pasaban volando hasta que alguno se cansara y bajara a la cubierta para comer un buen perrito de mar.
¡Oh! Sin olvidar que era divertido ver a Batten discutir con Dread sobre cualquier cosa. Más ahora que el antiguo Capitán dejó de lado su obsesión por cualquier belleza marina y brillante que llegara a sus oídos y empezara a pasar tiempo con todos. Sails, por primera vez, pudo escuchar cada historia de mar que Dread vivió antes de conocerlo a él o a la mayoría de la tripulación. Cada relato era el más increíble que jamás había oído y en todos se lo hizo saber al equidna, recibiendo una inusual sonrisa que jamás le había dado.
Se había sentido bien, y extrañaba eso. Sails los extrañaba demasiado. Incluso a Black.
Si bien la tenía a su lado, el zorro quería que ella recuperara su amable sonrisa y la energía de antes, sin la necesidad de mentirle a él diciéndole que estaba bien cuando claramente no era así. Y tal vez es un poco hipócrita, porque él también había fingido varias veces estar bien, entonces…
Oh, caray. Ambos eran un desastre.
Bien. No importa. Cuando recuperen a los demás, volverían a ser una tripulación completa. Toda su familia estaría junta de nuevo y ya no tendría que cargar con culpas horribles. Mientras tanto, Sails trataría de seguir animando a su Capitana.
Con cuidado entró de vuelta al Angel’s Voyage, esquivando la ubicación de todas las trampas. A estas alturas ambos sabían de memoria dónde y cómo activar cada una, ¡incluso con ojos cerrados! No es por presumir, pero Sails podría hacerlo.
Finalmente encontró a Black sentada al fondo del barco, oculta en la sombra más intensa provocada por la roca que seguía atravesando el barco. Ella estaba tranquila, sacándole filo a su daga de plata. Sails agitó ambas colas, caminando hasta ella y sentándose a su lado en el suelo. La erizo levantó la vista un momento, sonriéndole como saludo antes de continuar tallando la hoja afilada.
Sails ignoró la mirada triste que ella tenía en sus ojos, acercándose un poco más. —Entonces… ¿ya no estoy castigado?
Al instante se le formó una sonrisa a Black, relajando toda su postura. —Sólo si no vuelves a volar una parte del barco.
—Fue un accidente. —Sails se encogió de hombros. —Y mantengo las cosas entretenidas por aquí, ¿no crees?
Black se rio. —Sí, supongo. —Su postura se animó. —Nunca es aburrido cuando estás cerca. —Ella le frotó la cabeza, cuidando mucho de no tocar el pañuelo que ella misma le regaló y le puso.
Sails se inclinó hacia su mano, cerrando los ojos. Disfrutó del toque cariñoso por unos segundos más antes de acercar una de sus colas al regazo de su Capitana.
—¿Qué? —Ella sonrió. —¿Quieres que las cepillemos?
—Sí. Se ensucian más rápido con el aire lleno de humo.
—Y se pone más tieso tu pelaje. —Black arrugó el rostro, pasando una mano con mucho cuidado sobre la extremidad esponjosa.
La Capitana Black y Batten siempre apreciaron mucho el cuidado personal de todos. Mientras que la murciélago se enfocaba en la parte de la vestimenta, la erizo cuidaba la salud del pelaje y púas de todos. Le gustaba mucho ayudar a Sails a cepillar ambas colas y, a veces, a realizar algunas trenzas pequeñitas en ellas.
Él lo apreciaba más de lo que solía decirle. Tal vez deba hacerlo más seguido.
—Entonces, ¿me ayudas?
—Oh, sabes que sí. —Su rostro se suavizó en esa expresión cariñosa que ha tenido desde que se conocieron, mirándolo del mismo modo que él siempre observó en las madres del pueblo donde vivió. Así veían ellas a los otros niños.
Calentaba de forma bonita su corazón.
—¡Grandioso! —Sails sonrió. —Porque venía preparado. —Sacó del interior de su chaleco lo que quedaba de su pequeño cepillo, mirando con complicidad a su Capitana.
Black soltó una risa suave, tomando el objeto de sus manos y comenzando a pasar las cerdas con cuidado entre el pelaje amarillo. El zorro no estaba seguro de esto, pero podría apostar a que la actividad también relajaba a su amiga.
Los dos se quedaron ahí sentados, tranquilos mientras la mayor deshacía los pocos nudos con mucho cuidado. Sails estaba a punto de pasarle su otra cola para repetir el proceso cuando los dos se quedaron quietos, moviendo las orejas al percibir ruido. Sails se tensó de inmediato, notando que Black también se ponía rígida, cambiando el cepillo por el mango de su espada envainada. Se escuchaba que había alguien cerca de la entrada, aunque al estar detrás de la roca que invadía parte del interior no podrían ver nada hasta que rodearan el pico rocoso.
Black lo miró, señalando hacia las vigas superiores. Él asintió, entendiendo por donde moverse. Si había piratas ladrones tratando de entrar de nuevo a su barco, tendrían que esperar a que las trampas los dejen aturdidos primero y luego ellos les darían un escarmiento para que no piensen en entrar aquí de nuevo.
No importa si están a pocos días de partir al huevo de metal, este barco seguía siendo suyo hasta que decidieran lo contrario.
Sails caminó con cuidado hasta una viga, tomando de paso un par de espadas extras al identificar el sonido de múltiples pasos. Había más de un intruso. Trepó con experiencia hacia las vigas superiores y se desplazó con agilidad hasta el lado derecho mientras Black se mantenía en el izquierdo. Justo cuando Sails trató de enfocar la mirada en el enorme hoyo del barco para contabilizar a los intrusos, sus trampas se activaron antes, provocando una nube de humo con la harina y el escaramujo triturado.
Ah, diablos. Ahora debían atacar sin saber la cantidad.
Nota mental, extremar las precauciones en caso de que sean más de tres o cuatro piratas.
Sails le asintió a su Capitana desde su lugar y ambos se arrojaron hacia la nube, inhalando hondo para no recibir el primer golpe de su mezcla en la garganta. Sólo necesitaba saber cómo respirar con cuidado para no dejar que el escaramujo entre por su nariz.
Haciendo uso de su buena visión, Sails se adentró en la nube densa, sacando la primera de sus espadas. Al encontrar a uno de los intrusos afectados por su trampa, Sails no tardó en saltar, usando el impulso de sus colas, y patear la espalda del invasor. Casi de inmediato escuchó el característico sonido del metal tintineando, lo que tensó sus músculos al pensar que fueran los corsarios metálicos o algún pirata que, como él, se había atrevido a aceptar esta tecnología nueva en vez de rechazarla.
Eso sería más peligroso.
Sails desenvainó todas las espadas, usando la primera para clavarla cerca de la cabeza del intruso a modo de advertencia. Su mano izquierda movió la otra arma para mantenerla cerca de la garganta, elevando el último sable con su brazo mecanizado, listo en caso de que alguien más trate de tomarlo por sorpresa desde atrás.
Al sentir que el cuerpo del intruso debajo de él se tensó, supo que no era un corsario. Aún así, Sails gruñó, ajustando el agarre de la espada.
—No te atrevas a moverte, maldito ladrón.
Ese momento era el momento en que los intrusos comenzaban a lloriquear por sus vidas, pidiendo clemencia y que por favor no les hicieran daño. Luego, él y Black les darían un pequeño susto al sopesar si los dejarían libres o los usarían como carnada para los robots azules. Al final, siempre los dejaban ir luego de amenazarlos, advirtiéndoles que no se les ocurra regresar ahí o la próxima vez no serían tan benevolentes.
Entonces, bueno, Sails se sintió completamente fuera de la rutina cuando el intruso que tenía controlado no lloró ni rogó por su vida y, en su lugar, le devolvió el gruñido antes de lanzar un codazo que casi alcanza a Sails.
Él se movió por reflejo, permitiendo que el sujeto lograra alzar la cabeza y escupiera unas palabras llenas de filo que lo congelaron. Aunque, en realidad, fue la voz lo que lo dejó muy quieto.
Acaso era…
—¡Quítate, maldita sea!
Sails se tropezó, sintiendo un escalofrío cuando algo helado se movió cerca de sus pies, casi como si quisieran quitarlo de donde estaba.
Sólo hasta que la nube se dispersó un poco y la silueta que estaba debajo de él se hizo visible, Sails pudo alejarse un poco. Su sorpresa, sin embargo, seguía bien presente, incluso en su voz.
—E-espera… —Sails retrajo las espadas, notando como las palabras se le atascaban. A pesar de eso, sólo una logró salir de forma quebrada.
—… ¡¿Nine?!
—¡¿Quién más?! ¡Ahora quítate!
Oh.
¡Oh, por los siete mares! Que lo hagan caminar por la plancha y lo dejen en medio del mar.
¡Era-! ¡¿De verdad era Nine?!
Pero…
¿Cómo?
¿Cuándo?
¿Por qué?
¿De verdad estaba aquí?
Sails parpadeó varias veces, confirmando que sí era Nine. Recordaría esa eterna cara enojada, como si hubiera comido limón podrido. Además de sus fabulosas y elegantes colas de metal que Sails se moría por ver y comparar en funcionalidad con su brazo mecánico. Nadie más tenía extremidades así.
¡Ah!
¡Oh, vaya! Esto era… era…
—¡TÚ!
Sails brincó al oír la intensa voz de su Capitana. Hace mucho que no sonaba con tanta energía ni con una furia similar a la que expulsó luego de que la invasión se calmó y ambos descargaron su frustración por haber dejado que se llevaran a sus camaradas.
Estaba realmente enojada.
Ay, por Poseidón. Necesitaba intervenir.
Sails envainó como pudo las espadas y levantó las manos a modo apaciguador hacia Black, colocándose, por si acaso, en su trayectoria hacia Nine.
Él no había olvidado que Black seguía enojada con el otro zorro, e incluso si le prometió que le darían el beneficio de la duda antes de pensar en atacarlo u obligarlo a pagar por lo que hizo, Sails era muy consciente de que si el enojo le ganaba a Black Rose, no podría detenerla. Debía ir con cuidado.
Suavizó su mirada sin perder la exasperación en su tono. —¡Capitana Black! ¡Espera, por favor!
Ella entrecerró más los ojos, sin alguna señal de relajar su postura. En su lugar, miró de forma más intensa al otro zorro detrás de él, acomodando el agarre de su espada. —Alejate de él, Sails. No quiero a este bribón con nosotros.
Caray, estaba seriamente irritada. Y Sails no estaba muy seguro si era por el estrés acumulado de las semanas pasadas, o que ya llevaban dos meses sin haber podido salvar a los demás, o porque en realidad jamás dejó de ver mal a Nine.
Por los siete mares. Él sólo quiere poder preguntarle a su contraparte el motivo de su llegada y luego, tal vez, hablar un poco de todo lo que ha ocurrido en No Place. Ya pasaron dos meses sin recibir alguna ayuda que incluso a Sails dejó de importarle si los demás estaban en problemas. Y ahora, de la nada, Nine aparece como salido de las aguas negras sin decir siquiera hola antes de empezar a enfrentarse. Lo cual, claro, no era extraño, pero… ah, eso no es lo importante.
¿Qué diablos estaba pasando?
Sails respiró hondo y trató de relajar su postura para suplicarle con la mirada a Black de que bajara su arma. Sin embargo, Nine se movió a su lado, volviendo a tensar a Sails. Sólo por precaución.
El otro zorro miró con una aversión intensa a la erizo antes de hablarle con el mismo veneno que usó antes.
—Quítale tu pie de encima.
¿…Qué?
Sails parpadeó un par de veces, un poco perdido y lento para entender esas palabras, pues seguía con los nervios de punta al tener a su Capitana y a Nine en el mismo lugar y con ganas evidentes de golpearse hasta que uno ceda.
Sólo hasta que volvió a mirar a Black y notó que ella bajó la mirada, Sails supo de qué hablaba Nine. Oh…
Esto…
Esta era la segunda sorpresa del día.
Sails retrocedió por instinto, recordando perfectamente que, hasta donde él sabe, sólo había tres zorros repartidos entre los demás mundos. ¡No cuatro! Y él podía reconocer muy bien a su buen compañero, Mangey, para saber que a quién había doblegado Black no era Mangey.
No culpaba a su Capitana por haber retrocedido también, gritando y con la misma cara de duda que él tenía. ¡Ahora sí podía ver que era otro de ellos! Es decir, otro zorro de dos colas, de apariencia más sencilla que él o Nine. Era… oh… sorprendente.
Por Poseidón. No había bebido por accidente el agua negra de afuera, ¿verdad?
Sails no sabía qué estaba pasando ni cómo seguir el ritmo por un momento. Black era quién prácticamente estaba llevando el control de la conversación de su lado. Esto era como navegar en medio de una tormenta, sintiendo su estómago moverse de forma salvaje con el violento vaivén del barco. Una enorme mezcla de emociones. Sails sólo pudo empezar a reaccionar después de oír el nombre del nuevo zorro.
Primero, su curiosidad comenzó a correr al registrar el nombre del otro. Miles Prower. O, para ellos, sólo Tails. No pudo evitar pensar que era increíblemente ridículo lo mucho que sus nombres se parecían. Se sintió extraño.
Luego, al oírlo mencionar a Sonic, Sails se animó más de lo que pensó. Una lástima que su interior se agitó muy feo al escuchar que las malditas anguilas viejas lo habían… ah. Ni siquiera quería pensarlo.
Ahora entendía porque no había venido a ayudarlos. Esos cinco eran unas malditas ratas de sentina.
Su pesadez sólo empeoró cuando Nine preguntó por los demás. Eso y la tensión de que su Capitana explotara de nuevo. Más ahora que habían tocado el tema más delicado para ambos. Si bien se supone que ya estaban a nada de comenzar a rodar el plan de rescate, no quería que Black lo tomara a mal. Sails podría estar tratando de comprender la situación y comenzar a creer, justo como su corazonada dijo todo este tiempo, que Nine no estaba involucrado en la invasión de No Place.
O tal vez sólo era su sentimentalismo y camaradería por defender a su compañero gemelo de otro mundo. Quien sabe.
Sea como sea, Black no estaba en el mismo barco que Sails. Ni siquiera cuando el nuevo zorro, Tails, ofreció su ayuda y la de Nine para rescatar a su tripulación.
De nuevo, oh, vaya. ¿Desde cuándo Nine trabaja con alguien más sin parecer repelerlo como lo hizo con él y Mangey? No es que a Sails le molestara, sólo era un poco decepcionante que ni él ni Mangey pudieron lograrlo antes. Al menos le hubiera gustado no haber abandonado a Nine en esas tierras frías que defendió.
A veces se arrepentía de no haberlo arrastrado con ellos incluso si se enojaba.
Segundo. ¿Nine de verdad vino aquí para poder ayudarlos? Es decir, esperó eso hace semanas, no ahora. Aunque tampoco significaba que iba a rechazar su ayuda. Sails estaba más que conmovido y contento de que hubieran venido a No Place para brindar finalmente el apoyo que les faltó por dos meses. Es cierto que todavía había muchas cosas que quería preguntar, pero primero necesitaba que Black estuviera en el mismo barco que él. Debía convencerla.
Sails se enderezó cuando Nine pidió un momento para hablar a solas con el nuevo compañero, Tails. Esta era la oportunidad que necesitaba para hablar con Black y sopesar las opciones que esta inesperada visita estaba ofreciendo. Incluso lo que implicaba para el atraco que habían planeado.
Apenas se giró hacia ella, su Capitana lo tomó del brazo y lo jaló más lejos de los otros dos. Ni siquiera pudo pronunciar palabra alguna cuando ella escupió una sola.
—No.
Sails parpadeó, formando lentamente un puchero. —¿Por qué no? Ellos podrían ayudarnos.
—Dije que no, Sails. —Black se cruzó de brazos, cuadrando los hombros. —No voy a confiar en ese traidor y tampoco en alguien desconocido. Menos si está con ese bribón.
—Bueno, dijo que era amigo de Sonic. —Él se encogió de hombros.
—Eso no prueba nada, Sails. Yo no-
—Espera. Pero si te agradó mi buen compañero Mangey. ¿Por qué no podemos confiar en él? —Señaló con la cabeza hacia los otros dos zorros. —Además, creí que me habías prometido darle una oportunidad a Nine en caso de que no tuviera nada que ver con esto. —Hizo un ademán con sus manos hacia el barco en general.
Black arrugó más el rostro. —Dije que no lo atacaría, no que confiaría en él. Que me parta un rayo si trabajo con él.
Sails se encogió de hombros, pensando rápido sus siguientes palabras. —No sería tanto como trabajar juntos. Es… ¿una tregua? —Sonrió de lado. —Y ellos dijeron que esas molestas ratas se deshicieron de Sonic y ahora están lastimando a todos los demás. Yo… —Sails tragó hondo. —Incluso si recuperamos a nuestros camaradas, ¿a dónde iríamos? Sé que hay rumores de zonas donde el mar sigue azul, pero… tú y yo hicimos amigos en los otros mundos, ¿verdad? Podrían necesitar ayuda como nosotros.
Su Capitana por fin pareció bajar un poco su escudo, sabiendo tan bien como él que ella formó una estrecha cercanía con sus hermanas de otros mundos. Ellas le salvaron la vida varias veces como Black a ellas. E incluso si no hubiera un fuerte vínculo entre ellas, había un sentido de honor por corresponder esa clase de gestos. Black lo haría tanto por el cariño que les tenía como por la responsabilidad de cuidarlas.
Sails se atrevió a tantear más el terreno ahora que su Capitana parecía dudar. —También están peleando en el nombre de Sonic. Él nos ayudó mucho y lo menos que podemos hacer es hacer pagar a las ratas que lo lastimaron.
Eso finalmente entristeció la mirada de Black, marchitando su postura. —Nosotras ayudamos a salvarlo, y ellos sólo… —Ella cerró los ojos, torciendo sus labios en desagrado. Luego volvió a mirarlo con un brillo preocupado. —No confío en él, Sails.
—Lo sé. —Sails le sonrió con tristeza. —Pero tú y yo estamos juntos e iremos con cuidado. Te doy mi palabra de que no me interpondré si Nine vuelve a traicionarnos o lastimarnos.
Black arqueó una ceja. —¿Seguro?
—Que me parta un rayo si no. —Sails se animó, levantando su mano mecanizada para sellar su promesa.
Su Capitana bufó. —No lo sé, yo-
Ella se calló cuando notó que los otros dos volvieron a acercarse. Al instante, Black retomó su postura desconfiada y de líder, mirando a ambos zorros con desconfianza.
Sails se frotó las manos con algo de nerviosismo corriendo por su interior. Enfocó sus ojos en la erizo, esperando con expectación hasta que ella también lo miró de nuevo. Cuando su cansado rostro se suavizó en algo similar a un ‘si esto sale mal, voy a castigarte’, él movió sus colas con alegría.
Ella había cedido.
Sails sonrió satisfecho y emocionado como no lo había estado en dos meses. La ayuda que había querido tener hace tiempo ahora estaba frente a él. Iba a trabajar al lado de Nine y del nuevo camarada. ¡No podía pedir mejores aliados para recuperar a su tripulación!
El atraco ahora estaría en buenas manos y sin posibilidades de fallar.
Muy pronto volvería a ver a su familia.
