Actions

Work Header

Nuestra mágica línea temporal

Summary:

Tenían la oportunidad de sus vidas en sus manos. La oferta de aquel que permanece era demasiado tentadora para ambos. Una línea temporal donde pueden estar y vivir juntos sin causar daño colaterales. ¿Acaso es posible?
Tanto Loki como Sylvie querían sentir la dicha de estar juntos y entonces dijeron que sí y luego, todo se volvió oscuro.
En esta línea temporal, Tom Hiddleston es un reconocido escritor de novelas de fantasías mientras que Sophia Di Martino, es una periodista del New York Times. Luego de su encuentro, Tom hará todo lo posible para llamar su atención y que vea que no se trata de un simple amorío. Por supuesto que contará de la ayuda de su mejor amigo y editor, Owen Wilson, quien siempre esta allí en las buenas y en las malas.
Pero los estragos causados en la TVA los alcanzará tarde o temprano porque Mobius y la cazadora B-15 no descansaran hasta encontrarlos.

Notes:

N.A: Hola, tenía este capítulo de este fanfic sylki archivado por años y decidí sacarlo y postearlo. ¿Qué piensan? En serio espero tener algún comentario que me anime a continuarlo. Solo para aclarar, se que la actriz de Sophia es británica según wikipedia, pero para efecto de este fanfic, será norteamericana.

Chapter 1: Chapter 1

Chapter Text

Tres y treinta de la tarde, eso era lo que marcaba su reloj digital. A veces se preguntaba qué era esa extraña obsesión con tomarle el tiempo a la gente, él siempre había sido puntual, quizás demasiado, era una regla incrustada muy dentro de su ser que se obligaba siempre a cumplirla, pero tenía que admitir, que estar en los lugares donde lo citaban con tiempo de sobra era enteramente su culpa, pero eso no quería decir que no tomaba ventaja de las oportunidades. 

Cuando llegó su café latte con caramelo, su favorito, suspiró de placer solo al verlo en su mesa, perfectamente acomodado a un lado de su computadora portátil, con la temperatura adecuada humeante y listo para ser tomado con delicadeza, y con cuidado de no quemar su lengua como en repetidas ocasiones le ha pasado y no es que le moleste, pero la sensación de perder el sentido del gusto hasta un día después no es nada gratificante.

Miró a la pantalla que se encontraba justo al frente de su vista, unas cuantas páginas más al capítulo y podría ser su mejor quinto bestseller de los libros que escribía, el cual le daba suficiente para comer, permitirse algunos lujos, tener un departamento propio en un edificio, lo suficientemente alto, como para que el bullicio de la ciudad no le molestará cuando así lo necesitara, pero por supuesto que no podía permitirse aislarse demasiado, necesitaba gente a su alrededor para que las interacciones sociales que describe en sus libros de fantasía fueran lo más humanamente posible. Porque a pesar de que sus historias fantásticas cautivaron a muchos y tenía todo un club de fans en América y Europa, le agradaba agregar toques realistas a sus obras.

¿Y qué era lo que este escritor solitario tenía para ofrecerle al mundo? Historias fantásticas de dioses y guerreros en un reino entre las estrellas liderado por Odín, el padre de todos, con sus valientes hijos e historias fascinantes, aunque se centraba más en los últimos y en la figura materna que le gustaba indagar por mucho en sus libros. ¿Quién pensaría que él hombre de unos 30 años, cabello oscuro con un peinado perfectamente hacia atrás, ojos azules como el mar, bien vestido en un traje negro cosido a la medida, fuese el autor de historias que han cautivado a miles de niños y jóvenes en busca de aventuras, un su búsqueda del escape a la realidad?

Tres y cuarenta de la tarde, aproxima el hombre la taza de café a su rostro y aspira el aroma dulce amargo que le brinda su café favorito y toma un sorbo, sin duda el sabor y la temperatura perfecta de un buen café, y por el amor a todos los dioses, como amaba ese café. Casi tanto como escribir sus historias donde le gustaba darle crédito a su muy bien desarrollada imaginación, a veces casi juraba que podrían ser recuerdos pero cosas como esas solo vendrían de historias inventadas por señoras ancianas tratando de dormir a sus nietos varios cientos de siglos atrás.

Tres y cincuenta de la tarde, a sólo diez minutos de su cita programada. Nadie se ha aproximado a él, salvo el camarero que siempre lo atiende y le dedica sus mejores sonrisas, podría jurar que lo ha encantado con su belleza, su elegancia y su forma de hablar. ¿Y quién no lo haría? Aunque claro está, no usa mucho de esas habilidades porque considera que lo que tiene que decir, lo que tiene por escribir, tiene que ser de vital importancia en su profesión y no solo sus encantos o sus dotes. A este punto logró terminar tres páginas completas, solo un par más para finalizar.

Tres y cincuenta y cinco de la tarde, la puerta del café se abren y pasa una bella dama, no es como si anteriormente no hubieran salido más clientes y hubieran entrado más, pero estaba tan ensimismado tomando el tiempo y escribiendo sus sabias palabras que no sabe porque levantó la vista hacia la entrada y le agradeció al tiempo y al espacio y a su reacción natural de su cuerpo por hacerlo.

La mujer mira a su celular y luego mira a varias direcciones dentro del café como si estuviera buscando a alguien, podría tener quizás una edad aproximada a la de él, un cabello rubio teñido con unas raíces oscuras que lo cautivaron, es decir, había conocido muchas mujeres con cabellos teñidos, decolorados, bien arreglados pero todas lucían tan antinatural, y en ella, todo lucía muy bien acomodado. Su figura esbelta, la estatura perfecta para ser una dama delicada, su blusa de color rosa pastel con vuelos en las mangas y una falda negra que le llegaba justo debajo de la rodilla ceñida a su cuerpo, unos tacones negros bien sencillos, ¿Cómo es que algo tan sencillo podría verse tan magnifico?

Había descrito el amor a primera vista en sus libros anteriormente, pero estaba casi seguro que jamás lo había experimentado, hasta ahora. Bueno, no estaba del todo seguro si podría llamarlo “amor a primera vista” pero estaba embelesado con la perfecta vista de esa mujer y cuando ella levantó la vista para mirarlo a él, juraría que dejó de respirar por al menos unos  segundos, y luego reaccionó cuando la mujer se paró en la mesa frente a él.

—Buenas tardes, usted debe ser el señor Hiddleston, ¿estoy en lo correcto? —le pregunta mirándolo curiosa, esperando no equivocarse.

—Sí, así es señorita —se levanta de su asiento siendo lo más cortés que su cabeza le permite, acababa de conocerla y no podía estropear todo diciéndole cosas que la hagan sentir incomoda.

—Debo suponer que mi cita es con usted— extiende su mano para saludarla y ella la tomó muy a gusto.

—Disculpe, me presento, soy Sophia Di Martino, y estoy aquí para una entrevista para el New York Times —con esos ojos verdes y cálida voz, de veras tendría que controlarse si quería que la mujer lo viera de nuevo luego de la entrevista.

—Por supuesto, por favor tome asiento, la estaba esperando.

—Veo que ya ha ordenado algo —dice mirando el café cuyo contenido estaba ya a la mitad de la taza —¿Me he demorado mucho? Tengo entendido que siempre le gusta llegar antes de la hora acordada.

—Para nada— le sonríe —Disculpe usted mi mal hábito de llegar antes, me alegro que usted fuese casi tan puntual como yo y si me lo permite, le recomiendo ordenar lo mismo yo, créame no se va a arrepentir.

—Le tomaré la palabra entonces.

Llama al camarero que siempre lo atiende y ordena el mismo café con caramelo y unas galletas de mantequilla como acompañamiento.

—De acuerdo señor Hiddleston, creo que podemos empezar si está de acuerdo, ¿Debo suponer que está en la recta final de su nuevo libro, no es así?

—Tom, llámame Tom por favor, no es necesario ser tan formal— le sonríe nuevamente pero desvía la mirada para no intimidarla demasiado. Quería que confiara en él.

—Por mí no hay problema, si me llama Sophia, está bien para mí, aún me cuesta un poco lo formal que pueden llegar a ser los británicos al entrevistarlos— toma un mechón de su cabello y lo pasa detrás de su oreja.

¿Estará ella sutilmente coqueteando con él, o solo fue producto de su imaginación? Por lo general al tener entrevistas con mujeres siempre tratan de coquetear de una forma no muy disimulada y aunque intenta no ser maleducado, si se ha molestado con ciertas libertades que se toman las mujeres americanas. Pero con Sophia, de verdad que no podía estar más que encantado.

Cuatro y cuarenta y cinco de la tarde, la entrevista había concluido. No había más preguntas acerca de su último libro y las tazas vacías y el plato de galletas donde solo quedaban dos, reposaban sobre la mesa. El camarero se acercó a retirar los platos y como siempre, Tom le dejó una buena propina, esté le agradeció con una tímida sonrisa.

—Muy buena elección de lugar, nunca había venido aquí— comentó de pronto la rubia.

—Es uno de mis lugares favoritos, me ayuda a pensar y me es fácil escribir aquí, incluso cuando está lleno de gente me siento muy a gusto.

—Cualquiera que lo escuchara pensaría que no le gusta estar solo.

Pensó por un momento cuáles serían sus siguientes palabras, su sentimiento de soledad no es algo que le gustaría compartir con una persona que estaría dispuesta a exponerlo así al mundo.

—Nunca rechazo una buena compañía.

Sophia guardó todo lo que había usado para realizar su entrevista en un portafolio que llevaba consigo y algo apareció en su campo visual que la obligó a mirar hacia el frente y dejar de hacer lo que hacía.

— ¿Qué es eso? —preguntó extrañada.

—Es mi número personal, por si alguna vez me necesita— sonrió y la miró directamente tratando de que entendiera sus intenciones de volverla a ver sin tener trabajo de por medio.

Ella solo rió. Terminó de guardar las cosas en su portafolio, tomó el pedazo de papel por cortesía y se levantó de la mesa.

—Agradezco su tiempo, mi trabajo aquí ya ha terminado y la verdad yo no...—

—No me malinterprete por favor, ni muchos menos piense mal de mi persona —dijo Tom levantándose también, tenía que hacer algo rápido si

quería volver a verla de nuevo —No había tenido una conversación así de interesante en mucho tiempo y por eso me gustaría verla de nuevo.

—Entonces, ¿Esto es solo para conversar o no tendrá otras intenciones conmigo?— dijo en un tono enojado la mujer.

—Solo me gustaría tener una conversación con usted Sophia, que no involucre trabajo—

—No mezclo mi vida social con el trabajo, ni tampoco me involucro con mis colegas— dicho esto, Tom no puede evitar reírse.

—Técnicamente no trabajamos juntos.

El celular de Tom suena interrumpiendo su conversación, al mirar la pantalla ve que es una llamada de su mejor amigo y editor, de seguro preguntando por si su manuscrito ya estaba listo para ser pasado a revisión.

—Parece que hemos terminado.

—Lastimosamente sí, que pase una buena tarde señorita— hace una pequeña reverencia bajando la mirada.

—Igualmente.

Sophia se retira casi corriendo del lugar y cuando sale por la puerta a Tom no le queda de otra más que atender su llamada.

—Espero que tu interrupción tenga una gran justificación Owen, quizás he perdido la oportunidad de mi vida por tu culpa.

—Si estoy muy bien Tom gracias por preguntar —le responde del otro lado de su teléfono, la voz de su amigo y editor Owen Wilson.

—Ya casi está listo y quizás ya lo estuviera, si no me llamaras cada dos días.

—Tengo que hacer mi trabajo, te pasaste de la fecha límite por primera vez y no quiero que se vuelva un hábito.

—No será así.

Un taxi se detiene frente a la cafetería y Sophia se sube para llegar a su apartamento, agarra su celular y le manda un mensaje a su roomie de que estaría allí en 20 minutos, eso sí el tráfico se lo permite. Miro por la ventana y se sintió como una tonta al rechazar a un hombre tan elegante como lo era Tom Hiddleston, pero ella tenía dignidad, no podía simplemente aceptar la compañía de cualquier hombre que se cruce en su camino ¿Cómo se supone podía confiar en ellos? Con los poco que había salido había resultado todo un fracaso, incluso una vez creyó estar realmente enamorada pero solo fue usada y

dejada sin más por otra mujer con mejores atributos que los de ella.

Abrió su mano y tomó el papel arrugado que apretaba con todas sus fuerzas y registró el número en su lista de contactos, solo por si alguna vez la mandaban a entrevistarse de nuevo con él y no podía localizarlo. Solo por eso, claro no podía negar que su formalidad, su acento británico y el trato de un caballero como Tom Hiddleston le había de alguna forma “agradado”, no había sido tratada así por un hombre en su vida pero, si no se le hubiera insinuado de esa manera, quizás no se sentiría enojada como ahora.

“Todos los hombres son iguales”, serían las palabras de su amiga y confidente Sasha, con la que compartía el apartamento. Una sonrisa se dibujó en su rostro y guardo el celular en su bolso, miró al frente al sentir que el taxi llevaba varios minutos detenido, solo para asegurarse de estar atrapada en el tráfico, y ya que iba a tardar más en llegar, pensó en la pizzería de la planta baja de su edificio y que combinación podría ordenar antes de subir a su apartamento y compartir una cena para chicas con su amiga.

El escritor salió de la cafetería con sus cosas y las metió en el asiento de atrás de su auto. Cuando entró, tiró la puerta con fuerza, incluso revisó si la puerta tenía algún daño porque siente que fue demasiado brusco con su posesión. “Lo siento” murmuró, como si el auto pudiera oírlo y manejo hasta su apartamento.

Bajando de los estacionamientos bajo techo, su celular volvió a sonar y al ver en la pantalla de quien se trataba, canceló la llamada inmediatamente, no tenía ánimos para lidiar con personas que trataba cada día de alejar de su vida. ¿Por qué no lo dejaban en paz? Dejó muy claras las cosas en su última visita, no quería forzar las cosas más de lo innecesario.

Al entrar ya en su departamento y dejar las llaves del mismo y del auto en la mesita que se encontraba en el recibidor, solamente suspiró y se quedó allí contemplando el silencio y el vacío que lo inundaba al llegar a su humilde morada. No era como si la soledad le desagrada, solo que a veces puede convertirse en tu peor enemigo. Se dirigió a su cuarto y tomó una ducha, se cambió de ropa, se sirvió un vaso de jugo en la cocina y metió al microondas una cena congelada que estaría lista en 10 minutos.

Mientras esperaba que su cena estuviera lista, ya que no tenía ánimos para cocinar o preparar algo más, abrió su computadora portátil y accedió al sitio web de Google, contempló varios segundos la barra de búsqueda preguntándose si debería continuar o simplemente borrar ese recuerdo de su mente y seguir con su vida como hasta ahora, pero la vida es muy corta para no vivirla con riesgos. Colocó el puntero arriba de la barra de búsqueda y procede a escribir.

“Sophia Di Martino”

Los resultados fueron impresionantes.