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Between soft breeze and sweet wine

Summary:

Varka se aparece frente a la mansión Ragnvindr en medio de la noche, sin avisar. Crepus, algo sorprendido, lo deja pasar y comparten un poco de vino para acompañar su charla. Lástima que Crepus no resiste tanto alcohol…

Notes:

Crepus/Varka pero es una situationship y ninguno dice nada porque #yearners
La idea se me ocurrió a las 2 de la mañana y tenía que escribirla sí o sí porque este ship me está consumiendo, AYUDA

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Estar a cargo del Viñedo del Amanecer no era tarea fácil. Costos de producción, logística, control de calidad, imagen pública… Todo eso recaía en los hombros de Crepus, quien no hace mucho había heredado el negocio familiar, después de que sus padres pasaran a mejor vida. Lo habían entrenado para esto desde pequeño, cuando aún luchaba por su sueño de convertirse en caballero. Se había mostrado reacio a aprender el oficio, pero por obra del destino, terminó dedicándose a ello completamente después de varios intentos fallidos en el examen de Favonius. 

No todo era malo… Estaba contento de ser útil en algo, aunque no fuera lo que había anhelado en un principio. Al menos, tenía una casa, comida, dos hermosos hijos y un amigo que siempre estaba ahí para él. Tal vez, Barbatos así lo quiso, que tuviera una vida tranquila.

Bueno, en teoría.

Se sentó frente a los papeles que estaban esperándolo desde la mañana. Cada vez iban acumulándose más, por más que se desvelara revisándolos, al día siguiente tenía otra montaña de papeleo pendiente. Al hojear, se percató que eran algunos tratos con comerciantes que estaban pendientes de procesar. Un encargo de Liyue, otro de Sumeru, y uno de Natlan. Claramente, la fama que precedía al Viñedo como una de las mejores productoras de vinos y licores en Teyvat estaba cosechando sus frutos. Pronto, tendrían un mercado más amplio, más allá de los valles de Mondstadt. En cierta manera, estaba cumpliendo su sueño de viajar por el mundo; tal vez no como un aventurero aguerrido, pero sí como un empresario respetable. 

Fue revisando de uno a uno, llenando la pluma de tinta y firmando aquí y allá.

Un bostezo escapó de sus labios, el cansancio del día comenzando a afectarle. 

Estaba a punto de levantarse de su asiento, cuando escuchó que alguien tocaba la puerta.

Toc, toc, toc.

A través de la puerta se escuchaba una voz grave y algo rasposa, soltando una risotada.

— ¡Crepus! ¡Ábreme, soy yo! 

Se acercó a donde provenía el sonido, abriendo ambas puertas rápidamente.

Varka estaba ofreciéndole una gran sonrisa, con ambas manos en su cintura. En cuanto Crepus entró a su campo de visión, lo abrazó con fuerza, levántandolo un poco del suelo.

— ¿Cómo estás, hombre?

— Ay… ¿No crees que me estás apretando de más? —dijo Crepus, quien ya estaba acostumbrado a estas ocurrencias. 

— ¡Ups! Perdón, ja, ja —Varka lo soltó, dejando que Crepus recuperara la compostura—. A veces olvido medir mi fuerza.

— Todavía no me has roto ningún hueso, así que creo que vas por buen camino —rió levemente—. ¿Qué lo trae por aquí, Gran Maestro?

Varka reviró sus ojos, haciendo un pequeño resoplido.

— Sabes que no es necesario que me llames por mi título. Eso solo lo usan los caballeros cuando estamos en la oficina, y ahora mismo, no quiero hablar de trabajo. Vine a verte, es todo.

— Bueno, adelante, pasa.

El caballero pasó a su lado, dejando un aroma muy leve a cuero, brisa y sudor. Era casi imperceptible, pero Crepus ya tenía memorizada su esencia a la perfección. Varka examinó la mesa, donde aún estaban algunos archivos apilados, y dirigió la mirada al noble.

— ¿Interrumpí algo? Parece que estabas ocupado.

— No, para nada. Ya estaba por terminar.

Cerró las puertas y rápidamente tomó la pila de archivos y los guardó en uno de los estantes que estaban en el rincón, dejando la mesa libre. Varka tomó asiento, apoyándose en el respaldo de la silla y cruzándose de brazos. El ambiente estaba callado, los grillos sonando por fuera. Ya era algo tarde y debería haberse ido a descansar, pero quería darle una visita a su amigo; tenía algunas semanas sin verlo, y aunque sabía que él podía mantenerse por su cuenta, la verdad le preocupaba que pudiera llegar a sentirse solo. Después de todo, además de sus hijos y el staff del viñedo, Varka era alguien muy importante para el noble Ragnvindr.

Hablando de eso…

— ¿Y los niños? —preguntó el caballero.

— Arriba. Están durmiendo —Crepus suspiró—. No tengo idea qué habrá ocurrido hoy, pero estaban llenos de energía. No querían irse a descansar.

— Esos chiquillos son todo un caso. En especial, Diluc. Je, me recuerda mucho a ti cuando éramos más jóvenes y hacíamos travesuras. Qué tiempos…

Crepus rió un poco, recordando todas las veces que ayudó a Varka a escaparse de la sala de confinamiento. Para ser un caballero, sí que tenía un imán para los problemas. 

— Sabes… Si vamos a repasar los viejos tiempos, es mejor hacerlo con una copa en mano, ¿no crees?

— Ah… Así es mi querido amigo. Tan sabio como siempre.

— Tengo unas botellas de vino guardadas por aquí. Estaba esperando la ocasión perfecta para abrirlas… Tal parece que será en compañía del Gran Maestro —dijo sonriendo.

— ¡Ja, ja! Querrás decir, en compañía de un gran amigo, ¿cierto?

Crepus resopló, conteniendo una pequeña risa. 

— Sí, Varka, lo que tú digas.

Tomó dos copas de vino del estante con una mano, y con la otra cargó la botella hacia la mesa. Varka se acomodó mejor en su silla, apoyando sus codos en la mesa. La botella en cuestión era una cosecha de hace unos 20 años aproximadamente, que había estado añejando en la cava de vinos subterránea que Crepus tenía en su casa. El noble solo reservaba esas botellas para ocasiones especiales, siendo algo receloso de con quién compartía tan exquisitos sabores.

Varka era muy afortunado en verdad.

— ¿Oh…? ¿A qué se debe tanta elegancia?

— Hm, bueno, tiene bastante que no nos vemos. Creo que la ocasión amerita acompañarse con un licor especial.

Destapó la botella y sirvió un poco en ambas copas, el aroma afrutado invadiendo sus sentidos al instante. Crepus tomó asiento frente a Varka, alzando su copa. Varka hizo el mismo gesto.

— Salud —dijo el noble, chocando sus copas levemente. Varka asintió, tomando un pequeño sorbo.

— Uf… Esto sí es un buen vino. 

— Entonces —Crepus puso un dedo en la orilla de la copa, jugando con ella—¿cómo te ha estado yendo? ¿Alguna novedad?

— Hum… —Varka hizo una breve pausa, agitando ligeramente su copa— He estado entrenando nuevos reclutas. Son algo torpes con la espada aún, pero tienen potencial, ¡ja, ja! Uno de ellos destrozó el muñeco de pruebas de un tajo, pero no midió su fuerza y cayó junto con él. Ay… tuvimos que llevarlo a la Catedral para que pudieran quitarle las astillas en su cara. Estoy seguro que le dejó una gran impresión.

Crepus no apartaba la mirada del caballero, escuchando atentamente sus anécdotas. Varka tenía tantas historias que podía hablar hasta por los codos. Al noble no le molestaba en lo absoluto, adoraba su compañía y el sonido de su voz resonando en la habitación. Era un sonido familiar y reconfortante, que lograba que saliera de su mente un momento, enfocándose en el presente. Sin pensarlo mucho, Crepus comenzó a jugar con los mechones de su cabello, enredando y desenredandolos en su dedo.

Siguieron hablando, poniéndose al día de las trivialidades cotidianas y lo bueno del clima; de las cosechas de vino, sus hijos y los viajes de negocios; de los caballeros y el papeleo eterno. 

Varka tomó la botella para servirse una copa, que para su sorpresa ya estaba vacía. 

— Oh, Barbatos —rió— ¿No tienes más? Apenas siento que estoy empezando.

— ¿Por qué siento que te estás volviendo un barril sin fondo? —dijo Crepus, arrastrando un poco sus palabras— Ahí hay otra botella —alzó la mano, apuntando a un gabinete frente a ellos.

— Excelente.

El caballero no perdió tiempo encontrando la nueva botella, destapándola con los dientes.

Al hacerlo, Crepus no pudo evitar notar algunos detalles de Varka; el cómo se tensaban los músculos de su cuello, una de sus venas marcándose sobre su piel. Y sus manos, que aunque llenas de callos y cicatrices, aún mantenían cierta delicadeza en sus movimientos. 

«¿Qué estoy pensando?»

Con algo de nervios, se terminó la bebida que tenía empezada de un solo sorbo.

Varka volvió a la mesa, riendo ante lo apresurado que se veía su amigo.

— Oye, más despacio, ja, ja. 

— Sshh… Mejor dame más vino.

Otra ronda fue servida. Y otra. Y otra más.

Crepus no supo en qué momento habían acabado con 4 botellas vacías sobre la mesa.
Y tampoco sabía por qué estaba riéndose a carcajadas junto a Varka. ¿De qué estaban hablando? Las palabras que salían de su boca no se registraban en su mente, y una sensación de relajamiento total lo invadió. Entre su borrachez, no se había percatado que su pie estaba rozando el tobillo de Varka, acariciándolo por debajo de la mesa.

El caballero sintió algo vibrar en su pecho ante el contacto repentino, sus orejas calentándose. Qué bueno que ambos estaban borrachos, pensó, así Crepus no se daría cuenta del sonrojo que comenzaba a surgir en sus mejillas.

Crepus acomodó un brazo sobre la mesa, recargando su rostro sobre una de sus manos. Rió un poco, dirigiendo su atención al caballero. Sus facciones no habían cambiado mucho desde la última vez que se habían visto, a excepción de una nueva cicatriz que adornaba su ceja. Todo lo demás permanecía igual; su nariz perfilada, las pequeñas arrugas que comenzaban a aparecer debajo de sus ojos, sus labios finos y el nacimiento de su barba, que últimamente se estaba dejando crecer. Había algo en Varka que lo mantenía en un trance, incapaz de apartar la mirada.

— ¿Y esa mirada qué? ¿Tengo algo en la cara? —dijo Varka, riendo.

 — ¿Hm? —Crepus sacudió la cabeza, saliendo de su ensoñación, sonriendo— ¿Qué cosa?

Varka parpadeó lentamente, antes de soltar una carcajada.

— No puede ser, ja, ja, ja… Te estás cayendo de borracho.

— Mira quién habla… —el noble entrecerró los ojos— Tu también…¡hic!… estás igual…

— Ok. Creo que tenemos que dejarlo aquí, a menos que quieras estar vomitando por todo el lugar.

El caballero se levantó de su asiento, acercándose a Crepus, quien se había cruzado de brazos. Si bien, estaba borracho, Varka aún podía mantenerse perfectamente de pie. Por alguna razón, siempre había tenido una resistencia muy alta al alcohol desde joven, caso contrario de Crepus. Le parecía algo irónico que el dueño de media industria vinícola de Teyvat resultara ser alguien que no soportaba más de dos botellas y que se mareaba rápido.

— No, no, no… Quiero seguir hablando contigo… —las palabras a duras penas salían de su boca, lentas y pesadas.

— Je, je. Podemos seguir hablando otro día —Varka extendió su mano hacia Crepus—. ¿Por qué no mejor te acompaño a tu cuarto para que duermas?

Crepus se quedó brevemente en silencio, soltando un suspiro.

— Hmph. Está bien —dijo, tomando la mano del contrario, un poco molesto.

— No te enojes… Ven, te ayudo a levantarte.

Varka lo jaló hacia él, Crepus tambaleándose por el cambio repentino de posición. Sin pensarlo dos veces, se apoyó sobre el pecho del caballero para no caerse, escuchando como el corazón de Varka comenzaba a acelerarse.

— Ejem —carraspeó—. ¿Crees poder subir las escaleras?

El noble sacudió la cabeza.

Varka suspiró, tratando de ignorar como sus latidos le retumbaban en los tímpanos.

No le quedaba de otra más que llevarlo él mismo.

Crepus ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando ya estaba entre los brazos de Varka, siendo alzado del suelo y cargado por él. Su brazo derecho sostenía sus piernas, y el izquierdo su espalda. Instintivamente, el noble colocó sus brazos de manera que estaban abrazando el cuello de Varka, para un mejor agarre. Estando así de cerca, podía tener una mejor percepción del aroma del caballero. Inhaló profundo, disfrutando la sensación. Podía quedarse dormido justo ahí, percibiendo sus respiraciones y la manera delicada en que su pecho subía y bajaba, rodeado del calor que emanaba el caballero, que lo iba arrullando cada vez más.

El caballero abrió la puerta de la habitación a como pudo, tratando de no hacer mucho ruido. Dejó a Crepus suavemente sobre la cama, el noble apenas registrando lo que sucedía, con los ojos ligeramente entreabiertos. Varka tomó una de las sábanas y la colocó encima de Crepus, arropándolo con cuidado. Tenía una expresión tan plácida, sus ojos adormilados, los mechones de cabello tapando parcialmente su rostro, el leve sonrojo en sus mejillas… Hasta podía decir que la vista era algo adorable. 

— Bueno, te dejo para que descanses.

— ¿A dónde vas? —Crepus alzó una mano, tomando el brazo de Varka.

— Al sillón de la sala, ya sabes.

— No te vayas. Quédate aquí… conmigo… —el tono de sus palabras pareciendo casi una súplica.

Varka se congeló por un momento. 

Era la primera vez que Crepus le pedía algo así. No estaba mal, solo… Ya tenían una rutina establecida; Varka se quedaba a dormir en la sala cuando iba de visita a la mansión, para no molestar a nadie con sus ronquidos y poder irse rápido en caso de que los Caballeros de Favonius lo necesitaran temprano. Nunca le había cruzado por la mente la posibilidad de quedarse a dormir en la misma cama. Al menos, no hasta ahora. 

Se rascó la nuca, algo nervioso.

— ¿Estás seguro? ¿No te molesta? —Crepus negó con la cabeza— Digo, es que… sabes que ronco mucho, y…

— Solo acuéstate y ya —a pesar del cansancio, se notaba un poco de exasperación en su voz.

Sin decir otra palabra, Varka rodeó la cama y se sentó en la orilla opuesta, para quitarse las botas y el poco de armadura que tenía puesto. No quería lastimar a Crepus con alguno de los metales que solía llevar encima; sabía que se movía mucho en la noche tratando de encontrar una posición para dormir comódamente. Una vez que se había quedado con solo su camisa y pantalón, se colocó a un lado de Crepus, cubriéndose con la sábana de seda que apenas alcanzaba a taparle los pies. El noble estaba de espaldas, acercándose un poco más hacia él cuando notó su presencia, recárgandose sobre su pecho. Varka exhaló, sintiendo como su corazón estaba a punto de reventar. ¿Acaso era normal? ¿O era efecto del alcohol? 

Sus preocupaciones no duraron mucho, el sueño apoderándose de él lentamente, callando cualquier duda que pudiera tener.










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La luz del sol le estaba calando los ojos.

Normalmente, Crepus disfrutaba de sentir el calor de la mañana y que los rayos del sol entraran a su habitación para despertarlo. Pero hoy…

La cabeza le dolía, su garganta estaba seca y su cuerpo se sentía torpe al moverse. ¿Cuánto bebió anoche? Tenía lagunas mentales de lo que había pasado después de que habían acabado con la primera botella, y le costaba recordar cómo había llegado a su cama, si a duras penas podía pararse por su cuenta. 

Frunció el ceño y se tapó el rostro con una mano, tratando de prepararse mentalmente para el resto del día que iba a tener que convivir con resaca. 

Escuchó unos leves toques en la puerta, y suspiró.

— Adelante.

La puerta se abrió y unos pasos ligeros hicieron su entrada. Sin haber abierto los ojos, ya sabía de quién se trataba; Kaeya, uno de sus pequeños.

— Papá, el desayuno ya casi está listo, Adelinde está preparando la mesa —dijo, con una voz tranquila que contenía cierto entusiasmo.

— Está bien, hijo —bostezó— En un momento bajo.

— Uhm… ¿Papá? 

— ¿Sí?

— ¿Por qué el Gran Maestro está aquí?

— ¿Eh?

Crepus abrió los ojos inmediatamente, consternado. Volteó a su lado izquierdo, solo para encontrarse con Varka junto a él, envolviéndolo en un abrazo y roncando levemente, un hilo de saliva escapando de la comisura de sus labios. Parpadeó rápidamente, tratando de corroborar que su vista no lo estaba engañando. 

«Ay, Barbatos.»

De repente, sus orejas comenzaron a calentarse y su pulso se aceleró. Se incorporó a como pudo, tratando de no moverse mucho para no interrumpir el sueño en el que se encontraba el caballero. Carraspeó, tratando de calmarse sin mucho éxito.

— Ja, ja… No es nada, hijo —Sin quererlo, su voz se escuchaba un poco más aguda de lo normal— Él… Llegó ayer en la noche y… y-ya era algo tarde, entonces se quedó a dormir… 

«En mi cama… ¡Arcontes, qué vergüenza!»

— Oh, ¿cómo una pijamada?

— ¡Sí! Sí, como una pijamada.

— Suena lindo…¿Y va a desayunar con nosotros?

Crepus observó de reojo a Varka, que no se había inmutado ni un pelo.

— No estoy seguro… Parece que necesita descansar —el noble observó al pequeño directamente; en su mirada había curiosidad, pero conociéndolo, no se atrevería a preguntar por pena. Suspiró— Váyanse adelantando, bajo en un minuto.

— ¡Está bien! —Kaeya le sonrió, y después cerró la puerta detrás de sí.

Escuchó como las pisadas en el pasillo se volvían cada vez más lejanas, hasta que ya no las pudo distinguir. Se dejó caer sobre el respaldo de la cama, soltando aire. ¿Cómo había terminado Varka ahí? Aunque le diera pena admitir que había tenido ese pensamiento en primer lugar, estaba completamente seguro que no había pasado nada fuera de lugar entre ellos, pues todavía tenía su ropa puesta, pero entonces… ¿Por qué estaba ahí? Solamente acostado, durmiendo… ¿Realmente solo estaba haciéndole compañía y ya?

Crepus se escondió en sus manos, tratando de parar su línea de pensamiento, que cada vez se volvía más densa y hacía que su pecho vibrara aún más.

— Ugh, no puede ser…

— ¿Escuché que alguien dijo desayuno? ¿O fue en mi sueño? 

Crepus levantó ligeramente la mirada, volteando a ver a Varka, quien estaba frotándose los ojos para quitarse las lagañas.

— ¿Cuánto llevas despierto? Ah, olvídalo —después de un silencio, añadió—. No me digas que escuchaste lo que dije…

Varka lo observó de arriba abajo, dedicándole una sonrisa pícara..

— Pijamada, ¿eh? ¡Ja, ja, ja! Oh, Crepus, sigues siendo muy mal mentiroso.

El caballero se incorporó también en el respaldo de la cama, ambos sentados a la misma distancia.

— ¿Me puedes decir qué pasó anoche?

— Por dónde empiezo… —Varka rascó su mentón— Veamos, ayer te pusiste tan borracho que no podías pararte. Estuvimos hablando por horas y horas, y al final tuve que cargarte hasta tu cama porque ya era tarde y estabas cayéndote de sueño. Te dejé aquí, y cuando estaba a punto de irme a la sala, me tomaste del brazo e insististe que me quedara a dormir contigo. 

«Oh.»

— ¿Podemos…? ¿Podemos fingir que no pasó nada de eso? —suspiró, pasando una mano por su rostro— En verdad te pido una disculpa por las molestias que te ocasioné anoche, no fue muy propio de mi parte.

— ¡Ah, qué va! No tienes por qué disculparte, dormí muuuy bien —Varka se estiró, bostezando.

Crepus se limitó a observarlo, algo extrañado. Por alguna razón, a Varka no le incomodaba nada de lo que había pasado. Hasta cierto punto, parecía entretenerle. ¿Acaso no le importaba? ¿O simplemente estaba demasiado cómodo? Fuera lo que fuere, no tenía sentido seguir dándole vueltas. Lo que sí no podía ignorar era la sensación de calidez en su pecho al verlo tan relajado y acurrucado entre sus sábanas.

— Entonces, ¿bajamos? —dijo Varka.

Crepus asintió.

Ahora solo quedaba pensar en una excusa para los niños.

Notes:

Espero que les haya gustado! Muak <3

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