Actions

Work Header

Royal Wings

Summary:

Desde que era muy pequeño,Herneval siempre se preguntó que era lo que sentían sus padres por él y con ello,que era lo que los hacía amarlo tanto. Años pasaron,junto a la escritora fantasma logró escapar del descanso eterno,regresando ahora con su amada, Frankelda y Herneval ahora estaban juntos,unidos en matrimonio, los siguientes en la línea real. Dicen que cuando un amor es real,este suele florecer en algo más hermoso....y eso pasó con ellos.
Un nuevo Capítulo...el más lindo, esta por iniciar en la vida de Frankelda y Herneval. Nuevas plumitas y pequeñas garritas.

Notes:

Y bueno gente, aquí vamos con el primer capitulo de esta mini historia de mi bella otp ♡
Les dije que planeaba hacer más historias de Frankelda >:D
La verdad es que esta historia está basada en un rol super lindo que escribí con una amiga hace unos meses,me gustó tanto la dinámica que simplemente supe que DEBIA de adaptará y compartirla con ustedes.

Si bien ya en mi anterior fic he empezado a escribir fics de casi 11k palabras por cap. Aquí he decidido tratar de mantenerlo lo más leve posible para gusto de ustedes y el mio xd.

No se cuando salga el siguiente capitulo,tal vez la semana entrante, pero espero que de verdad les guste esta aventura familiar entre la otp mientras esperan a sus wuawuas♡

Nos vemos luego!

Chapter 1: La noticia más bella

Chapter Text

Sucedió hace muchos años, cuando aún era un pequeño tecolotito el cual podía sentarse sobre las rodillas de su padre. Con cuatro años, Hernevalito era una traviesa fiera, si no fuesen por las órdenes de sus padres, podría saltar sobre su cama hasta que llegara el sol al Topus Terrentus al siguiente día.

 

Estaba volando de lado a lado, cargando a su gata fantasmal como si fuera un avión de juguete, podía lanzarla y moverla a todos lados y ella no pondría queja, solo mantendrá esa sonrisa que siempre mantenía…era muy paciente…Ficturo diría que demasiado. 

 

La puerta hacia su habitación se abrió con gentileza. Sacándolo de los juegos con Fabuladora. El pequeño príncipe en sus prendas de dormir y su gorrito se quedó quieto. Tal vez había sido muy ruidoso. No sería la primera vez.

 

—¿Hernevalito?.-preguntó la monarca de plumaje blanco,caminando hacia él junto a su esposo.

 

—je, je, hola Mami…-río nervioso, jugando con sus manitas.

 

—¿por qué haces tanto ruido a esta hora?.-Veritena preguntó con suavidad, no había molestia o enojo en su voz, solo calma. Sus finas alas blancas arroparon a Hernevalito tal cual una sábana cálida y lo levantó entre sus brazos tal cual cuna.

 

—jugábamos mami…

 

—Hijo, ya te dijimos que a esta hora nada de juegos, ya te toca dormir.-Ficturo le dijo, pasando su mano por la pequeña cabeza del príncipe.

 

—pero no tengo sueño…-replicó el pequeño tecotia.

 

La pareja intercambió miradas pensativas, hasta que a la mente del rey llegó una idea.

 

—hmmm, mira, mejor hagamos esto. Tu te iras a la cama y yo y tu madre nos quedaremos contigo hasta que te duermas ¿te parece?.-le dijo el rey de plumas oscuras a su hijo.

 

Los ojos del pequeño Herneval se abrieron de par en par, brillando con pureza y emoción.

 

—si,si.-asintió el pequeño con alegría.

 

Lo prometido, lo llevaron a la cama, dejándolo acostado en el centro de esta y los reyes en los bordes, con sus grandes manos arropaban su pequeño cuerpo en un amoroso abrazo. Veritena no tardó en atacar al pequeño príncipe con diversos besos en su cara. Tenía suerte de que era de noche y su madre ya no tenía puesto labial, de ser así, tendría su carita pintada de rojo.

 

—No,no, Mami,no.-reía Hernevalito, le estaba dando cosquillas.

 

—te amo, mucho,mucho,muchísimo.-le canturreo Veritena con suavidad.

 

—¿Papito, tu también me amas? .-el pequeño príncipe tecotia volteo a ver al rey.

 

—hasta el infinito y más allá,hijo.-Ficturo sentenció con suavidad, abrazándolo por detrás y acariciando su cabeza.

 

—Yo los amo,mas,mas,mas.-Hernevalito estiro sus manos en el aire, como si estuviese sosteniendo un globo muy grande.

 

Mas sin embargo, al escuchar a su primogénito decir aquello, la pareja de monarcas se echó a reír con suavidad,causando la confusión y tristeza del pequeño ¿por qué se reían? ¿pensaban que era un chiste acaso?.

 

—Ow, mi vida, eso no puede ser posible.-negó Veritena.

 

—¿por qué no?.-Hernevalito cuestionó.

 

—porque el amor de los padres no tiene ninguna comparación.-Ficturo le afirmo.

 

—No sabes lo felices que estábamos cuando supimos que ibas a llegar, lo felices que fuimos cuando eras solo un huevito…-Aseguró Veritena.-aun cuando no te conociamos y una pared nos separaba, te adorabamos.

 

—cuando rompiste el cascarón, eras casi tan pequeño como un mani.-bromeo Ficturo, dándole pequeñas caricias en el brazo de Hernevalito, lo cual estaba dando resultado, pues el pequeño estaba empezando a parpadear cansado.-El día que te conocimos,tu mamá y yo fuimos tan felices…y sentimos un tipo de amor muy especial. Teníamos al principito mas lindo de todos e hicimos la promesa de siempre demostrarte cuanto te amamos.

 

—nunca hemos amado a nadie como a ti…y no lo sabes tampoco.-Veritena comentó entre suaves risitas,poniendo su garra sobre su naricita.

 

—¿Algún día lo siento, mamita?.-preguntó él otra vez.

 

La reina de plumas blancas soltó una suave risita.

 

—algun dia, cuando seas un Tecolote grande y guapo, si tu lo deseas, lo sentiras…y veras de lo que hablamos, pero ahorita, seguirás siendo nuestro pequeño Herneval-finalizó ella, inclinando su cabeza para así darle un beso sobre su frente,adormeciendolo mas.

 

En cuestión de minutos, el príncipe de los sustos se quedó dormido sobre su nido. 

 

—Buenas noches, hijito.-murmuro el rey Ficturo antes de presionar sus labios contra la cabeza de su pequeño con cuidado.

 

Ese era uno de los recuerdos más hermosos que tenía él cuando le cuestionaban si tenía planes en formar alguna vez una familia.

 

Ciento Cincuenta años sucedieron(bueno, así de largo fue para ellos).

su segundo recuerdo relacionado fue durante el sueño eterno, cuando ella no tenía a quien contarle sus relatos, solía recostarse en los sillones de la sala, lo dejaba a él descansar sobre su regazo y él solo podía derretirse cuando sentía esos ojos zafiro puestos sobre él.

 

—Herneval…si algún día somos libres ¿qué será lo primero que deseas que pase?.-le preguntó aquella escritora fantasma, su mano azulada se deslizaba con suavidad por su dura pasta.

 

el susto libro entonces soltó un gruñido, había veces en las que olvidaba que alguna vez tuvo una vida fuera de la mente del viejo pesadillero real. 

 

—Mis padres, ir con ellos y decirles que su hijo ha regresado.-sentenció el libro.-y pedirles perdón por todo el daño que cause….

 

—estoy segura de que les haces mucha falta…-Suspiro Frankelda con suavidad, sosteniendo los bordes del libro, como si estuviera sosteniendo sus mejillas.-¿y seguiremos juntos?.

 

Esa última pregunta hizo que los ojos de Herneval brillarán con ilusión y nostalgia. Había pasado su tiempo,ellos no eran los mismos, ella aceptó quedarse, él no le molesto. Pero no sabía que pasaban en la mente de la fantasma azulada cuando le mencionan la dichosa libertad. No sabía que haría ella después, que querría buscar…o si decidirá regresar a su viejo plano o desearía quedarse en un reino que él quería entregarle. El verdadero futuro era siempre incierto…Eran cosas que él se preguntaba y ella respondía. Ahora, estaba llena de preguntas…

 

Entonces, podía estar tranquilo sabiendo que ella sentía lo mismo.

 

—Si…en esta vida y en muchas más…y también le diría a los guardias que busquen el árbol más viejo del Topus terrentus, y los mandaría a construir una cama para nosotros dos…

 

La escritora parecía sorprendida, mientras un leve rosa se asomaba por sus mejillas.

 

—¿Quieres volverme tu reina?

 

—y si tu también lo deseas… la madre de mis hijos…

 

—Herneval…-ella llevó su mano hacia su pecho en señal de sorpresa, su sonrisa era nerviosa y si había algo aun latiendo en su pecho, esto aumento como si fuera una explosion…una explosion de felicidad y ternura.-tu…¿tu de verdad quieres una familia conmigo?.

 

—Cuando la vida nos lo permita, mi amor…y si tu tambien quieres…

 

—...hmmm, si te soy sincera…-Frankelda puso un rostro pensativo.-no lo he considerado…hasta ahora…sería lindo, muy lindo…-luego lo miro a él, siguiendo con las caricias sobre su dura tapa de cuero.

—¿entonces…algun dia te gustaría…?.-Herneval pregunto con una chiquita esperanza, hasta sus largas y gruesas cejas se ondularon con suavidad.

 

—Cuando estemos listos, mi rey…-le aseguró Frankelda, recostandose cómodamente sobre su sofá.-cuando estemos listos.

 


 

Eso había pasado hace muchos años…y desde el escape y regreso a la realidad, habían pasado otros más.  Sus garras delineaban con cuidado los pétalos de aquella flor azul, con curiosidad viendo como las anteras en estas se enrollaban entre su dedo, era nueva, joven, llena de vida, pequeña, estaría en el vivero por muchos años más.

 

—¿Herneval?.-preguntó ella, sacándolo de sus pensamientos.

 

Sacudió su cabeza, encontrándose con su madre,cuyas plumas alguna vez claras, ahora parecían grises y detrás suyo, una daba murciélago cuya nariz era grande como las de los cerdos en el plano humano.

 

—¿Qué pasó, mamá?.-preguntó el príncipe de los sustos, soltando la flor.

 

—Ay por Enkara, de pronto dejaste de hablarme hijo, pensé que te había pasado algo.-Veritena le dijo ya mas calmada.-iba a decirle a Concordia que pidiese ayuda.

 

—príncipe de los sustos…y efectivamente adoras pegarnos sustos a todos.-La mujer murciélago soltó entre risas.

 

Herneval suspiro ante aquel chiste y la risa de su madre, sacudiendo su cabeza de lado a lado, una pequeña sonrisa se mostró en su boca, dando a entender que seguía en aquel santuario con la reina y la asesora real.

 

—Perdonen, solo…me puse a…pensar, si, eso.-el hombre tecolote dijo, regresando a ver las flores frente a él.

 

—¿se puso mas frio por aqui, verdad su majestad?.-preguntó la dama Murciélago, cubriéndose con sus propios brazos y por ello, con sus propias alas.

 

—Si, algunas plantas por aquí se ocupan de los climas bajos para sobrevivir en estas temporadas.-Veritena le explico a Concordia.

 

—Otra temporada fría…otra temporada en esta vida.-El príncipe volvió a soltar, su voz estaba cargada de fascinación, nostalgia, pero sobre todo, amor.

 

Veritena al escuchar esto, ladeo su cabeza y se acercó a su retoño,poniendo su mano sobre su espalda, viendo hacia la misma dirección. Muchos, inclusive el mismo Herneval, podrían decir que lo que vivió al reencarnar en un libro y lo que parecía ser un encierro y siesta eterna fue vivir una maldición…pero para ella y su padre, recuperarlo fue una bendición…y si esto era solo ellos en su propio descanso eterno, preferían nunca volver a despertar.

Recuperar su cuerpo fue todo un caso, darse cuenta de que esos ciento cincuenta años solo fueron unos cuantos meses otra…darse cuenta de que en esos meses se desató una brutal guerra con 7 cabezas reclamadas en honor a la “venganza” otra más…pero la que ahora tomaba un lugar en su corazón era que ahora, era hombre unido en matrimonio con la pesadillera real y princesa de los sustos:su amada luna, Su Frankelda.

 

Después de aquellas experiencias pasadas,Herneval no volvería a vivir la vida como solía vivir, ahora cada anécdota y vivencia al lado de la escritora fantasma era un tesoro, un recuerdo, algo que más que nunca apreciaba.

 

—¿te gustan? Son nuevas aquí.-La reina de los sustos le preguntó a su hijo.

 

—Si, son hermosas.-le dijo Herneval con alegría, acercando otra vez sus dedos otra vez a estas.-je je, dan cosquillas…a Frankelda le encantaría verlas.

 

—¿y porque no quiso venir?...

 

—dijo que se sentía un poco mal…algo mareada…asi que prefirio quedarse en su estudio.-

 

—¿otra vez?.-Veritena preguntó consternada.-ay, esa nena anda enfermandose mucho últimamente.

 

—ehem, Su majestad, Príncipe Herneval.-la Murciélago aclaró su garganta y llamó de  manera respetuosa, esperando así volver a retomar la dinámica anterior.

 

—Oh,si,perdona Concordia.-Herneval se acomodo su su pañuelo rojo y se acercó a su asesora real, agarrándose de su madre para así caminar por el vivero.

 

Regresar tras el desastre que él y Procustes iniciaron no vino gratis. Sus padres lo amaban y agradecian a Enkara por su bienestar, más sus errores trajeron consecuencias, las cuales acabaron con una asesora real, una guia emocional la cual le jalaría de la correa si pensaba siquiera en alguna estupidez, casi esa amiga que lo bajaba de su nube cuando no pensaba cuando hablaba. Tenía que reconocer sin embargo…que sus sesiones con Concordia eran bastante efectivas en sus momentos de inseguridad o crisis, cuando su reino o su amada familia parecía estar en peligro. La mujer murciélago era de cabeza fría, a veces estricta, autoritaria y un no era un no…pero al mismo tiempo, era muy buena en su trabajo, no por algo estaban ahí ahora.

 

—¿en que estábamos?.-preguntó Herneval, siguiendo a la mujer murcielago.

 

—Vamos a repasar todo lo que has vivido, desde que regresaste hace unos años atrás, toda la línea de tiempo, desde el principio hasta el fin, con todo lo que eso te hace sentir…trabajaremos a través de todas esas emociones.-Concordia explico.-entonces, en general ¿como te sientes?.

 

—...me siento…normal…como si esta fuese simplemente mi vida ordinaria…y eso…me hace sentirme completo…-Herneval dijo con sinceridad, agarrado del brazo de su madre mientras hablaba.

—¿algo más que deba saber?.-Concordia pregunto, siguiendo su camino.-

 

—Lo curioso del asunto porque, mientras que yo siento que mi vida está yendo normal, no es como si lo que haya pasado lo haya sido.-Herneval confeso.-atacan mi reino...me apuñalan…eventualmente muero en la mente de alguien mas al ir a salvar al amor de mi vida…y revivo transformandome en un libro…siento que ha pasado un siglo y medio…y me acostumbro a esa soledad con mi novia…y de reprente, escapamos, vuelvo a tener piernas y brazos, y solo fueron meses los que pasaron, mis padres siguen vivos…y yo estoy bien…Frankelda esta bien…nos quedamos juntos en esa vida y en esta…y…

 

Hubo una corta pausa.

 

—¿y?...-preguntó la Murciélago tranquilamente, mirándolo por sobre su hombro.

 

—Ahora es mi esposa…

 

—Entonces, para ti, todo lo que viviste, desde tu muerte hacia tu resurrección y ahora matrimonio, hasta dónde estás aquí ahora…lo has sentido como si fuera parte de tu normalidad…aun si en naturaleza, nada de esto lo fue.-Dijo Concordia.

 

—Así es…-admitió el príncipe de los sustos.-y ahora estoy pegado contigo cada que debo tomar una decisión para el reino…

 

Concordia rió burlona.

 

—la desesperación nos guía a tomar las decisiones menos fiables, su majestad.-Aquello lo dijo con normalidad, sin molestia, de hecho su sonrisa parecía hasta burlona.

 

—je je, si…-Herneval soltó con una suave sonrisa.

 

—Sé que es difícil para uno verlo así pero…a veces así como tus experiencias son una normalidad para desconocidos, para ti son grandes sucesos y así también pasa al revés. Pero tienen el mismo impacto y la prioridad es que podamos sanar de todo esto.-Concordia salto.

 

—Lo reconozco. Pase por años viendo a mis padres discutir la crisis de nuestro plano, sintiéndome tan pequeño y tan débil, sin poder realmente hacer algo…pero lo ocultaba, solo mi amigo Mitelitas sabía de mi tormento y mis inseguridades y muchos de seguro veían lo mío como una simple parte de su realidad.

 

Veritena se mantenía silenciosa, mas prestaba atención a cada palabra que sentenciaba Herneval, a todo lo que sentía y pensaba,tan orgullosa estaba de su proceso. Orgullosa de donde había llegado, cuando él apenas había iniciado con Concordia, se le era tan difícil expresarse, era arisco, un poco terco pero ahora era abierto, sincero, valiente…incluso con ella presente como su soporte emocional. 

 

—..pero…no importa si tuvo que pasar todo esto…al final, la vida que tengo ahora, jamás querría cambiarla. Frankelda, nuestra actual pesadillera real, ella se quedó aquí, decidió quedarse conmigo… la ame, la amo…años pasaron…ella sigue siendo una escritora increíble, hermosamente perversa…es mi esposa ahora, princesa de los sustos y mi futura…nos amamos y somos nosotros…

 

—Esa humana es muy importante para ti, por lo que puedo ver.-Concordia dijo.-y cuando bien le ha hecho ella a tu vida.

 

—Es mi mujer…y la escritora más maravillosa que he conocido…todos estamos hechos de tinta y el amor tiene una historia que contar.-Herneval dijo con serenidad, mientras que una pequeña sonrisa se dibujaba sobre su boca de tan solo pensar en los rizos azules de su alma gemela.-y no hay nada que más me traiga alegría que verla con su pluma en mano.

 

Mas toda calma y momento de serenidad se detuvo en el momento que las puertas de entrada de aquel jardín se abrieron de golpe dándole la bienvenida a un agitado rey de los sustos.

 

—¿Hijo?.-preguntó Futuro con clara angustia en su voz, caminando junto a unos dos guardias en sus dos costados.-...es Frankelda…la tuve que llevar a su habitación…

 

La grandes y plumosas cejas de Herneval se curvaron hacia abajo en señal de preocupación, sosteniéndose del brazo Veritena con fuerza. Su corazón latió con temor.

 


 

Frankelda no se estaba sintiendo bien últimamente…

 

Al inicio pensaban que su humanidad estaba reaccionando mal a las enfermedades comunes del Topus Terrentus, quizás era su cuerpo acostumbrándose o tratando de asimilar un resfriado de susto común…pero pronto vieron que no era así.

 

Su cuerpo fantasmal empezó a doler mucho, habían días en los que ella no soportaba su espalda o sus caderas y a pesar de ser liviana y flotar, se sentía tan pesada. Esto había afectado también en mayormedida su proceso creativo, habian dias en los que le dolía mucho la cabeza, en otros la fatiga era demasiada y en otras ocasiones estaba tan irritada que no podía apuntar siquiera una palabra, se llego a desmayar varias veces, lo cual acabó con Herneval o sus suegros recogiendola y dejándola sobre su cama o sobre los tronos. Había empezado así unos cuantos meses atrás, esto ya no podía ser pasajero. Cosa que sí preocupaba bastante a su esposo ¿y si era alguna enfermedad sustil y su cuerpo humano no aguantaba algo así?.

 

—A ver…abre la boca otra vez.-La doctora Aradia pidió a Frankelda. La escorpión,con su gran pinza, apuntaba a la boca de la paciente con una linterna, procurando que no hubiese alguna anomalía, cuando terminó, la soltó, la examinó unos segundos y la olfateó para finalizar.

 

—¿Qué dice, Doctora? ¿Cómo está mi esposa?.-preguntó Herneval viendo la escena con preocupación.

 

La doctora arácnida entonces tomó su maleta y se acercó a él, su rostro era serio. Eso no le gustaba.

 

–Bueno…una enfermedad tradicional de nosotros los sustos es demasiado potente para una humana como ella.-admitió la doctora, tomando una pausa.-Estara bien.

Herneval suspiro aliviado.

 

—Gracias, Doctora Aradia. Por eso la consideramos como la doctora real, sabe muy bien lo que hace..-le sonrió con gratitud.-Le echaré un buen ojo a Frankelda y me aseguraré de que nada malo le pase.

 

—No le pido que la sobreproteja mucho, solo avisenme si los mareos empeoran.-le explicó la doctora Aradia.-y si se presenta algún otro tipo de dolor, traiganla a mi oficina para así correr unos exámenes más avanzados y encontrar la causa. Buenas tardes.

 

Una vez estuvieron solos, Herneval se acercó con gentileza hacia Frankelda, sus ojos zafiro le miraban con una agotada ternura, su cabeza se ladeaba contra el respaldo de la cama que compartían. El tecotia entonces se sento en el borde de la cama junto a ella, la habitación ahora estaba oscura y solo la lampara a lado de Frankelda estaba encendida, sus garras entonces acariciaron su mejilla con dulzura, de la misma forma que sus ojos amarillos la encapsularon.  Se acercó a ella, inclinándose hacia su cabeza, para así plasmar un beso sobre su frente,cosa a la que Frankelda sonrió.

 

—¿cómo te sientes ahora, mi amor?...

 

—hmmm, un poco mejor…

 

—¿comiste algo raro hoy o el cambio de clima te ha afectado?...

 

—no lo sé la verdad…estaba escribiendo y me empezó a doler mucho la cabeza…-Frankelda se restregó el rostro con su mano.

 

Estaba agotada, algo débil. Le daba pesar verla asi de debil y no saber el porque de su malestar lo tenía preocupado, muy en el fondo también le daba miedo que esto fuese porque ella como princesa ahora resentida el desbalance o inestabilidad del Topus Terrentus…diablos, debió de preguntarle a la doctora si eso era posible.

 

—Pero no pasa nada. Estaré bien, no tienes que preocuparte.-Le dijo Frankelda con una sonrisa.

 

—pídele a un árbol que se mueva mejor.-respondio Herneval sin dureza.-no me pidas que no me preocupe…eso es imposible…no se porque estas así en primer lugar…mañana tengo que irme con papá a atender unas labores reales y no sabré que pasara contigo.

 

—Estaré con tu mamá..

 

—¿pero y si empeoras,qué haré yo? No podré cuidarte o estar ahí para ti...

 

—a los humanos nos pasa todo el tiempo, ya veras, estare bien…tu ve sin miedo-

 

Él entonces pasó su mano por sus rizos azules y luego la deslizó por su pecho, hasta acabar en el vientre de su esposa, dándole una suave caricia ahí.

—¿Me crees capaz de abandonar a mi esposa en un momento de debilidad para ella?

 

—Lo dices como si estuviera ya en mi lecho de muerte.-carcajeo Frankelda suavemente.-tienes un corazón de pollo-

 

—literalmente…-Herneval la interrumpió.

 

—...si, literalmente hablando.-Frankelda admitió rodando los ojos divertida.-llevamos ya tres años casados y eso jamas se te quito…pero no me subestimes tampoc querido, tu sabes que ambos hemos pasado por cosas peores, una simple enfermedad no me va a matarme hoy ni nunca…

 

—ay, no lo se Frankie…-el príncipe de los sustos bajo sus cejas con inseguridad,sosteniendo su mano.

 

—anda, ve a hacer lo que tienes que hacer, yo estaré bien aquí…y si pasa algo, te mandaremos una carta, aparte…no me molestaría nada quedarme con mi suegrita.-Frankelda le dijo con alegría.

 

El tecotia entonces suspiró, y decidió aceptar su palabra, muy en el fondo no estaba convencido de dejarla sola mientras aun seguía enferma pero también confiaba en su esposa,además, tenía razón, en el reino será mejor atendida y estaría acompañada por Veritena. No tenía que temer…aunque él siempre temiese por el bienestar de sus seres queridos y se le era imposible no hacerlo.

 

—Está bien,Frankelda.-Le dijo Herneval a su esposa,aceptando esa petición.

 

—Te amo…--la escritora fantasma respondió de manera amorosa y algo agotada.

 

—Yo igual…-finalizó él, besándola en los labios con cuidado y suavidad, gesto al que la princesa de los sustos no dudo nada en corresponder de la misma forma.-¿quieres que te traiga algo ahorita? ¿necesitas algo más?.

 

—hmmm…-Frankelda pensó.-un té frío y que te acurruques aquí conmigo…

 

—¿Melocotón o limón?.

 

—Limón, por favor…

 

—Está bien, regreso en un momento…-le dijo Herneval con ternura, despidiéndose con un beso en su mejilla.

 

Al rato Herneval regreso con lo que le pidió y enseguida se metió a la cama,acurrucados junto a su esposa, tomó uno de sus brazos y lo empezó a acariciar y a besar con cuidado, marcando sus dedos azulados con sus labios y luego hizo lo mismo con el dorso de su mano y luego su mano. Cuando Frankelda acabó su bebida, no tardó en acostarse, cubriendo su cuerpo y el de él con las sábanas,lo tomó por su plumoso cuello, despidiéndose con un suave beso de buenas noches, recostó su cabeza en su esponjoso pecho, eso era mejor que cualquier almohada. Sintió como su mano peinaba su cabello azul y su espalda, tratando de hacerla entrar en calor y ella en su somnolencia acarició la base de sus alas, mientras sentía que el príncipe picoteaba cada una de las pecas sobre sus mejillas.

 

—Buenas noches…-Frankelda bostezo.

 

—Buenas noches…-Dijo Herneval también, con su mirada perdida en la oscuridad.

 

Tenía razón su mujer, era solo una gripe…ella se pondría bien pronto y regresaría a la normalidad, escribiendo maravillas y brillando tal cual la luna que los bañaba ahora. La esperanza de la princesa Frankelda fue la que le dio entonces calma para poder dormir.

 




 

—Frankelda, cariño ¿qué pasa?.-Veritena cuestionó asustada, ayudándole a levantarse de su silla.

 

—n-no…no me s-siento muy…ugh, b-bien…-Frankelda hablaba con dificultad, no podía siquiera flotar, presionaba su mano contra su estómago.

 

—es que si comiste mucho en el desayuno…y le pusiste muchas salsas…-Veritena dijo, tratando de ayudarla a levantarse e irla a dejar a su habitación.

 

Efectivamente, Frankelda no se curó al siguiente día…de hecho, se puso peor.

 

Veritena al segundo dia que su esposo e hijo estaban fuera del palacio por sus labores reales, fue a ver a su nuera a su estudio, solo para encontrarla adolorida sobre su escritorio, gimiendo mientras que con una mano se sostenía fuertemente del estómago y con la otra se sostenía de la cabeza. Cuando la llevó a su habitación, aparecieron las arcadas, por lo que la ayudó a llegar al baño, recogiendo su cabello con sus manos mientras Frankelda vomitaba.

 

Los siguientes días fueron un poco más de lo mismo, Frankelda seguía sin sentirse bien, habian dias en los que se levantaba de la cama bastante tarde, y otros donde solo se levantaba para hacer unas cosas y luego regresar a tomar la siesta y aun asi se veia mas agotada de lo normal, a veces le dolía mucho la cabeza, estaba muy irritable y no quería que ni Veritena la fuese a ver…y cuando se ponía a escribir nada mejoraba, a veces le dolía tanto la cabeza, la espalda baja y el busto que no podía concentrarse, se quedaba ahí quieta tratando de controlar la fatiga.

 

Y no solo su cuerpo estaba pasando por estos raros cambios, sino también su apetito, el cual se había vuelto voraz. Las arañas azucaradas y gusanos ahumados se habían vuelto su nuevo refrigerio. La reina de los sustos tuvo sus dudas sobre que le estaba pasando a su nuera, quizás era alguna enfermedad humana o efectivamente su cuerpo no estaba reaccionando bien a una enfermedad que solo entre sustos se daba…pero todo eso cambió la tarde que escuchó ruidos en la cocina del palacio y cuando fue a investigar, solo se encontró a Frankelda en una corta pijama, no estaba flotando, estaba descalza sobre el piso, despeinada, con las gavetas a su alrededor abiertas y comiendo gustosamente lo que se encontrara. Hasta que noto algo debajo de esa corta camisa para dormir Frankelda tenía algo que antes no estaba.

 

Una pequeña y circular curva en su estómago la cual sobresalía debajo de su pijama.

 

La vio retirarse con una caja de galletas y una que otra mazapan….y estuvo mas que segura de lo que estaba sucediendo. Por lo que en el quinto día, le ofreció a Frankelda llamar a la Doctora real para tener una revisión más a fondo y Frankelda aceptó. Esa tarde la Dra.Aradia llegó con su equipaje medico entero y corrio un diagnostico, la olfateo, limpio con hierbas, escuchó cada uno de sus latidos, tocó las zonas que más decía que le dolían, escucho sus síntomas y finalizó tocando el vientre de la escritora con su segunda ronda de patas…y con eso último, logró llegar a una rápida conclusión.

 

—...Por Enkara…-jadeo Veritena, al borde de las lágrimas.-¿Frankelda, escuchaste eso?...

 

—...-La respiración de la pesadillera real se volvió frenética e inconscientemente apretó la mano de su suegra.-¿podria decirmelo otra vez?...no escuche bien.

 

Si escucho bien, solo tenía…que asegurarse.

 

De pronto recuerdo esa confesión que le hizo a su esposo cuando aún era un libro…todo el tiempo que esperaron a que la vida les concediera ese deseo…no sabían siquiera si podría ser posible entre humana y Susto. Tendrían que esperar una señal.

 

…y esta era la luz verde…

 

Cuando Frankelda escuchó la noticia, toda enfermedad desapareció y empezó a llorar lagrimas…lagrimas de alegria y ternura que no había sentido antes, sentía que su corazón había sido incendiado…y ahora lo unico que podia hacer era amar y con ello,amar el futuro que a ella y a su amado Herneval le esperaban. Se levantó, empezó a bailar y a dar vueltas en el cielo mientras seguía llorando y gritando de felicidad.

 

—¡eh,eh!.-La Doctora Aradia la regañó de inmediato.-¡tenga cuidado su majestad, puede lastimarse! De ahora en adelante tendrá que tener mucho cuidado cuando esté volando.

 

Estaban Frankelda y Veritena ahora llorando y gritando mientras se abrazaban como si nunca lo hubieran hecho. Esto era algo tan maravilloso para ambas, no era algo que podía simplemente esperar a revelarse.

 

—¡escríbele a Herneval, dile que venga para acá, pero ya!.-le pidió Frankelda a Veritena.-¡pero no le digas que está pasando!.

 

—¡a eso voy mi niña!.-le aseguro Veritena con euforia, quitándose las lágrimas mientras corría por tinta y papel.

 

—eh, su majestad.-La doctora escorpión detuvo la pesadillera antes de que esta se fuera de la enfermería.-antes de que se vaya…hay otra cosa muy importante que tiene que saber.

 

—¿qué cosa?...-preguntó Frankelda con intriga,llevando sus manos a su estómago abultado.

 

—bueno,resulta que…



 




"Querido Herneval, se que son muchos asuntos los que tienes que resolver con tu padre, pero Frankelda necesita de ti en estos momentos por su salud"

—tu madre. 



Cuando leyó aquella carta, Herneval no tuvo siquiera que pensarlo dos veces y no fue necesario pedirle permiso a Ficturo. Voló rápidamente hacia la Capital, el rey decidió acompañarlo, sabía que esto era algo de lo que él también debía estar enterado. 

 

—bienvenido a casa, hijo.-Veritena lo saludo con dulzura,aunque por dentro su estómago burbujeaba de la ansiedad de darle ya la sorpresa tan maravillosa

 

—Mamá.-Herneval la saludó rápidamente, besándola en su mejilla.-¿sabes donde esta Frankelda?.-preguntó él, la angustia se mostraba en su voz.

 

—en su habitación…-apenas dijo aquello, su hijo salió volando hacia la dichosa dirección.

 

Sentía su corazón palpitar en su pecho, entre más cerca estaba, más crecía su ansiedad y preocupación. La carta no especificaba que le había sucedido a su esposa y eso le daba miedo. Abrió la puerta de un empujón, buscó en toda la habitación, la escritora no aparecía.

 

—¿Frankelda?.-la llamó Herneval, mirando a su alrededor.

 

—Herneval…-La fantasma azulada cruzó por aquel balcón entre las cortinas, su voz era suave y su sonrisa era angelical.-que bien que ya llegaste, mi vida…

 

Corrió en su dirección, así envolviendola entre sus brazos, casi estrujándola. La escuchó soltar un sollozo ante el contacto, ocultando sus acuosos ojos entre su hombro y cuello, diciéndole “te extrañe mucho” con gentileza.

 

—yo también te extrañe…-Herneval entonces se apartó, sosteniendola de sus mejillas.-Vine tan rápido mi madre me avisó ¿estás bien? ¿te duele mucho? ¿ya te dieron algo?...



—Ay...Herneval...-musito ella,llevándose su mano hacia su boca en total conmoción. Por esto es que le pidió a su suegra que no explicara porque quería que él regresara.

 

Era algo que quería vivir junto a él,inmortalizar el momento, sentirse más viva de lo que alguna vez sintió cuando era Francisca Imelda. Quería capturar la reacción de su esposo, quería verlo derrumbarse de la felicidad.

 

—Herneval...yo....-ella tomó una abrupta pausa y se paró recta. Pero cada vez que parecía que estaba por decir algo,ella se detenía y respiraba con pesadez, volviendo a recaer.

 

—¿te duele algo? ¿quieres que te lleve a la enfermera?.-le preguntó Herneval con temor, las lágrimas que ella soltaba las confundía como consecuencias de su malestar, no entendía qué le estaba pasando y las respuestas incoherentes que recibía solo lo ponían mas nervioso.

 

—okay...okay...-La escritora fantasma dio un último y profundo respiro, mostró un rostro calmado y se enderezó...postura que no tardó ni un segundo en desmoronarse y tornarse en otro sollozo de alegría, dejándose caer contra él.-...Ay mi vida…en serio estoy muy feliz~...-llevo su mano hacia la mejilla de Herneval,con la delicadeza en la que el viento de ese reino acariciaban las colgantes ruinas.

 

Herneval la miró con extrañes, en serio no entendía esa actitud suya, pero por otro lado se sentía aliviado de saber que ella se encontraba bien. La sostuvo de sus hombros, llamando su atención.

 

—Frankelda, por favor dime que pasa.-pidió con toda seriedad.-¿vino la doctora, no? ¿ya te dieron noticias?...

 

—¿que si hay noticias?...por supuesto que sí…-Frankelda canturreo con ternura, Herneval con sus garras se las retiró delicadamente.

 

—¿entonces, que paso?, dimelo ya por favor, sea lo que sea, te ayudaré como pueda…

 

La escritora fantasma tomó un último respiro, miro a su costado, justo donde se encontraba un pequeño cuaderno, parecía estar sin estrenar y lo atrajo a ella, con su mano libre entonces sostuvo la del hombre tecolote.

 

—¿Qué te parece si vamos a un lugar más tranquilo?...-le preguntó Frankelda a Herneval.

 

—si, esta bien…

 

Fue un viaje corto,silencioso, pero agradable, no sabía precisamente a donde quería llevarlo su mujer. Pero confiaba en ella, estaban lejos de la capital, mas no cerca del umbral tampoco, acabaron en una zona muy tranquila, en lo alto, donde la brisa era mucho más fría y fuerte, Herneval no pudo evitar notar que su pareja volaba un poco más lento de lo normal y que evitaba mucho las vueltas. Cuando descendieron, ella quedó parada sobre sus pies,dándole la espalda, apretaba aquel pequeño cuaderno contra su pecho, como si por dentro tuviese una joya invaluable.

 

—Ahora ¿qué es lo que quieres decirme?...-preguntó Herneval detrás suyo, su impaciencia iba creciendo más y más.

 

Frankelda paró en seco y entonces lo miró por sobre su hombro.

—¿recuerdas la promesa que me hiciste?...¿que siempre estarías junto a mi?.-Frankelda preguntó con suavidad, dándose la vuelta, así quedando frente a frente.-...¿recuerdas tus palabras en nuestra boda?...dijiste para ti, hasta que la muerte nos separara no se te era suficiente, que querías quedarte a mi lado hasta que el universo mismo te arrancase de mi lado ... .que yo había sido tu verdadero amor durante toda tu vida… 

 

Herneval suspiro con nostalgia. Era cierto…la amaba desde que era un niño.

—¿como olvidarlo?...y hasta el día de hoy, puedo asegurarte de que no miento y siguen en pie todos esos sueños y promesas que nos hicimos…-aseguró Herneval, sosteniendola de sus manos.-te he amado como el primer dia…y te jure que yo siempre estaria ahi.

 

—...y se que no romperás esa promesa…pero…creo que, ya no será algo que cumplamos solo para nosotros dos…-Frankelda bajo su cabeza, mirando su mano unida con la de Herneval, él sintió como ella apretaba más fuerte.-no que no la vayamos a cumplir…solo que…parece que…ya no será solo entre nosotros…y que nuestro amor ha evolucionado en algo hermoso…muy…muy hermoso.-sollozo otra vez, sabía que estas palabras sin explicación solo estaban asustando más a su amado, así que miro el pequeño cuaderno pegado a su pecho.

 

Herneval ladeo la cabeza y  frunció sus largas cejas con inseguridad. Por un lado estaba tan aliviado de saber que su esposa estaba sana pero no saber qué estaba pasando lo tenía muy ansioso. Parecía que ella quería decirle, pero estaba batallando con ello, por lo que se quedó ahí, dando el soporte que ella necesitase.

 

—Hemos estado juntos por…por tantos años…y seguimos aquí, escribiendo nuestra historia…y a veces, las historias tienen giros inesperados, giros y aventuras y retos que nos ayudan a crecer y a fortalecer nuestro amor…y hoy, nuestra historia empieza un nuevo capítulo…uno muy bello…-Frankelda le entregó el cuaderno a su esposo.

 

Herneval, levantó su mirada hacia ella, sin entender nada. Confundido, examinó el cuaderno, parecía ser nuevo y una de las tiritas de tela las cuales servían como separadores estaba encerrada en el centro de estas, entonces lo abrió justo ahí. en esas dos páginas habían dos palabras escritas en tinta…dos palabras que hicieron su corazón estallar.

 

“Estoy embarazada”.

 

Lo leyó una vez, regresó a ver a Frankelda, lo leyó otra vez,lo leyó una tercera vez, letra por letra, lo leyó en voz baja, quería asegurarse de que esto fuese real y no un simple sueño. Regresaba a ver a Frankelda, quien ahora tapaba su boca enternecida por las reacciones de él, ahora lo entendía todo…el príncipe de los sustos se empezó a hiperventilar, casi a jadear y sus manos empezaron a temblar. Algo en su pecho tomó lugar, una felicidad la cual empezó a brillar más fuerte que cualquier estrella, su boca se curvó en una dulce sonrisa. Entonces tomó a su esposa por sus hombros y la miró, ella estaba sonriendo entre lágrimas  mientras una de sus manos se posaba sobre su vientre aun plano y él ya estaba llorando.

 

—F-frankelda…¿e-esto es cierto?...tu estas…vamos…tendremos un…¿hace cuanto que sabes esto?.-La voz de Herneval se quebró.-¿e-es verdad esto entonces? ¿v-vamos a ser padres?



La escritora fantasma ya no tenía razones para aguantar, lloro libremente y acunando cuidadosamente las mejillas de su esposo, limpiando esas lágrimas,aún si sabía que no las iba a detener.

 

—esta mañana, la doctora vino a verme y su diagnóstico fue ese.-le explicó con suavidad,su voz ahogada en esas lágrimas de total alegría,acercó su nariz hacia la de él,rozándolas en un beso esquimal.-si, asi es, mi amor...seremos padres~...

 

Nunca nadie sabría quién fue esa tal autora que contó la historia de una doncella humana, la primera en despojar a un príncipe monstruo y de formar una familia con este.

 

Así como ella lo predijo, Herneval no dejaba de llorar, ni mucho menos de sonreír, su mente aún no se calmaba ante la idea de que iba a ser padre, que iba a haber un nuevo integrante en la familia. Sentía que su pecho estaba por explotar de amor, de felicidad, de este nuevo cambio…había escuchado que los humanos eran diferentes en cuanto a tener hijos. No venían de huevos como los tecoítas. Florecían dentro de las madres, en sus vientres y crecían junto a ellas…era una conexión especial, íntima, profunda. No era posible que él sintiera esta felicidad…este tipo de amor…era algo maravilloso.

 

¿Esto era entonces? ¿Esto fue lo que sus padres sintieron por él cuando rompió su cascarón? ¿Era ese el sentimiento de protegerlo y amarlo?.

 

—Frankelda…yo…yo…-Herneval estaba hecho un desastre, un bello desastre, su corazón le estaba doliendo, pero de lo mucho que amaba a su futura familia, su rostro empapado por las lágrimas, su voz entrecortada por los sollozos, sus alas caídas en el suelo por la conmoción…y su adorable sonrisa seguía ahí.

 

—N-no sabes…c-cuanto te amo…los amo…-la fantasma expresó de manera angelical.

 

Frankelda no estaba mejor…si Herneval estaba hecho un rio, ella estaba hecha una cascada. Ya imaginaba todo lo que seguía después, ropa de bebé, nombres incontables escritos el cual no podría decidir, su panza creciendo poco a poco, esas garritas tocándola desde adentro, una coronación, una presentación. Todo lo que su madre hizo por ella, todo ese amor que le dio Maria Conchita desde que era muy pequeño…ahora le tocaría a ella vivirlo junto a su alma gemela…era algo que había nacido de su amor y solo pensarlo la hacía sentirse tan amada…tan feliz…

 

Herneval entonces la sostuvo de los costados de su vientre con gentileza y se perdió en el azul de sus ojos.

—Frankelda…mi amor…¿entonces esto es real?...¿vamos a ser padres?...-Preguntó él con ternura, necesitaba escucharlo, necesitaba asegurar que ella, su verdad le dijera a él, su ficción. Que esto no era un sueño cruel del cual iba a despertar.

 

La fantasma azulada lo sostuvo con cuidado de sus mejillas. Asegurando que así él la estuviera viendo.

—Esto es verdad…tendremos una familia, Herneval…

 

Sin avisar,Herneval, totalmente conmovido por la noticia, no pudo evitarlo, finalmente reclamando a su esposa entre sus brazos para así besarla con pasión y total adoración, la sostuvo entre sus brazos,cargándola en estilo nupcial mientras daban vueltas en el aire. Para ese momento, todo el Topus Terrentus había desaparecido. Solo les importaba ellos…su futura familia.

 

Cuando se separaron, Frankelda recargo con ternura su frente contra la de su esposo, flotaron por un tiempo más, antes de regresar volando al palacio,tomados de las manos, listos para darles la noticia a los reyes.

 

Para sorpresa de ambos, Veritena no pudo contenerse y le confesó a su marido sobre su cuñada estando embarazada, apenas la vieron llegar con Herneval,abrazaron a los príncipes con júbilo y orgullo. 

 

—Estoy tan orgulloso de ti, Hijo.-Ficturo le dijo a Herneval, besando su cabeza, parecía no querer soltarlo.

 

—Ay, estas son noticias tan maravillosas.-Veritena abrazo a su hijo por su espalda, limpiando sus lágrimas en las telas blancas de su ropa.

 

—¿escuchaste eso mi amor, voy a ser abuelo.-Ficturo le dijo a su esposa.

 

—la familia real va a crecer, nuevos herederos, nueva generacion.-Veritena aseguro.

 

—¿Me dejan irme con mi esposa, por favor?.-Herneval pidió con su voz llorosa, a decir verdad, él que estaba más hecho un desastre alegre era él.

 

Sus padres entonces lo dejaron ir con Frankelda, él no se espero, la abrazo con necesidad, acariciando su cabello azulado y su espalda, restregó su rostro plumoso contra ella, estaba tan desesperado por sentir su amor y darle del suyo…su mente aun asimilaba que ella estaba embarazada, en su interior crecía un niño…su niño…y eso lo tenía en lo más alto, era una sensación más allá de lo ordinario. Le dio un fugaz beso en sus manos antes de rodearla por su cintura.

 

—Te amo, Frankie…y amo a nuestro bebé…-le dijo Herneval a su amada escritora.

 

—Estas son noticias increibles.-Ficturo dijo con orgullo y alegría.

 

—Lo mejor será que se haga el anuncio tan pronto sea posible, que todos en el Topus Terrentus sepa de la llegada del bebé…

 

—Bebés…-soltó Frankelda a solas.

 

“bebés” en sentido plural. En sentido de más de uno.

 

Los reyes se detuvieron en seco,el príncipe soltó un pequeño jadeo y sus ojos se volvieron chicos-

 

Si de por sí el corazón de Herneval antes estaba latiendo a flor de piel. Escuchar esa sentencia lo hizo casi que desbordar. Regreso a ver a Frankelda, gruesas lágrimas de alegría empezaron a caer, su respiración se agitó y sollozos de ternura salieron de él…

 

—¿qué?...-Veritena pregunto, perpleja y agarrada de su esposo Ficturo.

 

—¿que?...-pregunto Herneval, sus manos se posaron con cuidado sobre su vientre.-¿qué dijiste, mi luna?...

 

Frankelda se limpió otra vez las lágrimas y entonces,levantó dos dedos en el aire. El mensaje era claro: no iban a tener un precioso susto bebe…sino dos, gemelos, así se lo había dicho la Doctora Aradia. Herneval había caído redondito ante esta noticia, llorando nuevamente mientras alzaba a su esposa en el aire,ambos hechos lágrimas.

 

¿Y qué había pasado con los reyes?...bueno, Veritena cayó desmayada en los brazos de Ficturo y este solo duro unos cuantos segundos de pie antes de también caer desmayado sobre el suelo.

 

El príncipe bajó a su princesa y entonces la sostuvo de su rostro, el cual estaba empapado por las lágrimas,unió sus frentes con cariño, ambos corazones derretidos de felicidad y ternura. Si ya la noticia de que iba a ser padre lo llenaba de tanta dicha, saber que iban a ser dos lo hacía aún mejor. Sería un arduo trabajo, pero no tendrían de qué preocuparse, estarían bien, siempre estarían bien mientras.

 

—Los amo, los amo a los tres con todo mi corazón.-le dijo él a su amada,sin poder dejar de llorar.

 

—yo también…a los tres.-Frankelda susurro con amor, cortando esa distancia entre ellos con otro tierno beso.

 

Minutos pasaron y los reyes despertaron gracias a Fabuladora, quien les dio unos lengüetazos. Cuando recuperaron la conciencia, se levantaron y con la nueva noticia, reunieron a su hijo y a su nuera,todos juntos en un abrazo familiar. Felices por la llegada de los futuros principitos de los sustos.

 

—Hijo…cualquier cosa que necesiten, aquí estaremos para ustedes…-Ficturo le dijo a Herneval.

 

—Gracias, papá.-Herneval replicó con gratitud.