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Damian se preguntaba si es que alguna vez cruzaba la línea, si alguna vez cortaba la cuerda que mantenía su ser atado a Robin, alguien - cualquiera- se daría cuenta.
Era consciente de que no había manera de que Bruce no lo buscara, ya sea porque tendría que explicarle a los medios la desaparición de su hijo menor o porque lo consideraba un peligro para la sociedad mientras estuviera sin supervisión.
Pero la pregunta era ¿Cuánto le tomaría a Bruce Wayne darse cuenta de que Damian ya no estaba?
Quizas un dia, si era horario hábil y faltaba a la escuela, ya que esto alertaria a los docentes sobre su desaparición, aunque siempre cabía la posibilidad de que pensara que estaba siendo rebelde y huyendo de las responsabilidades que consideraba inútiles.
Drake se había saltado la escuela ¿Porque no podía hacerlo él?
Quizás una semana, si es que estaba en una misión importante de la liga, lo que lo mantendria desinformado hasta que Grayson visitara su hogar en un aparente intento de crear lazos, que solo era el embellecimiento de la vigilancia y el control que el mayor quería crear en él para que no se saliera de su papel.
Quizás un mes si es que lograba desaparecer en un momento en que tanto padre como Grayson estuvieran en misiones, incluso más si es que lograba pelear con Jon - lo que en el último tiempo no era difícil, aunque le doliera admitirlo - de manera que ninguno de ellos notara su desaparición, hasta que llegaran a casa desde la misión.
Damian suspiro y miro la ciudad que había jurado proteger. Las luces de los hogares iluminaban las calles tenuemente, mientras que los locales, muchos más bares de los que eran necesarios en una ciudad, destacaban con luces de neón y música estridente.
Las peleas de borrachos se escuchan a lo lejos, el grito de unos niños que jugaban a los superhéroes en un horario que definitivamente no era adecuado contrastaba con las palabrotas que le soltaba una mujer de la noche a un cliente que no había pagado lo acordado.
Esa era Gotham. Viva pero muerta en el interior. Brillante pero podrida.
Esa era su ciudad.
Damian no encontraba en si la fuerza para entender porqué había dejado que su madre lo abandonara en ese lugar, claro, el desierto donde se había criado no era ni siquiera una cuarta parte de lo vivo y ajetreado que era Gotham, pero definitivamente prefería los suelos áridos, la vegetación escasa ,el sol contra su piel y la arena cosquilleando en su garganta cualquier dia.
Damian entendía que su padre amara Gotham, pero él no podía hacerlo.
Gotham era un recordatorio de lo peor de la humanidad. La mayoría de sus delincuentes, tanto menores como mayores, eran humanos, aquellos que deberían haber empatizados con las dolencias de los demás, a diferencia de seres como Brainiac o Ares quienes no sentía la más mínima compasión por las personas, pero aun así , aun siendo intrínsecamente humanos, los villanos de Gotham era infinitamente más crueles.
Damian ni siquiera podía contar las veces en que había visto personas perecer bajo la locura de la toxina del Joker, perder la cordura por las pesadillas del espantapájaros o volverse un montón de restos dispersos ante la salida de Killer Croc.
Damian aun sueña con el momento en que Ivy decidió experimentar con esporas, las enredaderas y los brotes surgiendo por los ojos, los oídos, la nariz y la boca de los civiles mientras convulsionaban porque una planta, una maldita planta, crecía desde su interior consumiendo su carne y sangre.
Las vidas que Damian había salvado se volvían ínfimas entre todas las que había perdido. Las que se habían escapado de entre sus manos como agua entre los dedos.
A veces, en la soledad de su habitación, Damian se permitía reflexionar sobre cómo las muertes que no había podido evitar le dolían más que aquellas que había cometido por su mano.
Además, la mitad del tiempo, Damian se siente perdido, porque una vida que él salvará podría significar diez perdidas. Nada le podía asegurar nunca que ese niño, adolescenteno o quien fuera, no se fuera a convertir en un secuaz de algún Villano para poder permitirse dormir bajo un techo, para poder comprar alimento o simplemente existir.
Damian se sentía más perdido ahora que en su infancia.
Tenía hermanos, o al menos eso se esforzaba Grayson en hacerle creer. Pero Todd se mantenía en el Callejón del crimen y las pocas veces que acudía a su hogar era para discutir con su padre o para felicitarlo por hacer enfadar a Bruce, nunca por algo que Damian hiciera sin involucrar al otro.
Drake, por otra parte, estaba intentando llevar una vida equilibrada. Había renunciado a su puesto ejecutivo en WE y se dedicaba de pleno a sus actividades de héroe mientras vivía de los fondos que le generaban las acciones que poseía y las regalías de algún que otro programa que inventaba en su tiempo libre. Tenía un novio, un chico rubio que parecía demasiado blando, y salía con sus amigos cuando podía.
Aunque nunca visitaba a Damian al menos que buscara a su padre para un caso.
Damian lo entendía, había comenzado con el pie izquierdo en su relación y era principalmente totalmente su culpa con sus constantes arrebatos de furia infantil en su juventud el pozo lo perseguía y nunca habían tenido suficiente tiempo para considerarse cercanos, a lo mucho, podrían ser camaradas, aunque Drake seguía en guardia cada vez que Damian aparecía en la habitación.
Cassandra estaba en Hong Kong y Stephanie había abandonado la vida de vigilante para dedicarse a la universidad, decidida a heredar el manto de Leslie.
Así que Damian no tenía ningún hermano, por más que Grayson se esforzó en recalcarlo, ni siquiera Grayson podía entrar en esa categoría y si lo fuera no contaría mucho, más teniendo en cuenta lo ocupado que estaba con la llegada de su primer hijo, las dificultades que estaba viviendo su equipo y la planificación de la boda.
Además Richard era su padre, nunca su hermano.
Así que cuando Damian miraba el horizonte de Gotham, en la oscuridad de la noche e intentaba acallar la voz en su mente que le decía que nada tenía sentido, que no tenía propósito y que su desaparición no provocaría un impacto mayor, no había nadie con quien pudiera hablar, no padre, ni Richard, ni siquiera Jon.
Damian miró bajo sus pies y pensó en cruzar la línea.
Era cobarde, pero Damian había hecho peores cosas en su vida y, teniendo en cuenta que su madre lo había prácticamente repudiado cuando se negó a convertirse en el heredero de la cabeza del demonio, no creía que hacer algo como eso pudiera causar más vergüenza en sus progenitores.
-¿Sabes que las estrellas son una constante multiversal ? - habló una voz a su lado.
Damian miró a la persona -¿acaso era una persona?- a su lado con precaución. Parecía un adolescente, con cabello blanco como el marfil flotando de manera antinatural, orejas puntiagudas adornadas con pendientes de estrellas, unos ojos sin pupila ni esclera, completamente verdes y una sonrisa divertida en sus labios azulados, solo un tono más profundo que el de su piel.
El chico brillaba ligeramente, incluso teniendo puesto un traje negro como la noche, y las bonitas pecas que adornaban sus mejillas parecian trazar un patron peculiar, similar a las constelaciónes.
-Uno pensaría que las estrellas cambiarian con los universos, pero es casi imposible que lo hagan - siguió hablando el ente mirando hacia el cielo de Gotham, como si pudiera ver algo entre el smog que lo cubría- Las estrellas siguen alli, quizas no en la misma posición, un poco más a la derecha o a la izquierda, pero siempre están.
-¿Quién eres? - hablo Damian al extraño.
En cualquier otra ocasión estaría en guardia contra el chico, pero estaba tan cansado de pelear de existir que la idea de que ese ser lo matara casi parecía tentadora. Así su madre quizás no se avergonzaría por su muerte, una muerte en batalla era algo honorable.
Nadie tenía que saber que Damian no luchó.
-Phantom - habló el chico- aunque puedes llamarme Danny, Damian Wayne.
Damian sintió que su corazón se detenía por unos instantes antes de que sus manos fueran instintivamente a la funda de su katana para tomarla y ponerla en el cuello de la criatura.
-¿Cómo sabes ese nombre? -siseo con furia.
Damian podía estar indiferente ante su desaparición, pero si el ser sabia su nombre, el civil, también podría saber el de su familia. Y Damian no dejaría que le hicieran daño a las únicas personas a las que quería necesitaba proteger de verdad.
-Calma Damian- habló Danny inclinándose hacia la Katana en su cuello, la hoja atravesándolo, como si su piel estuviera hecha de mantequilla- No estoy aquí para pelear, estoy aquí por un trato.
El hecho de que Danny pudiera aparentemente ser degollado parcialmente sin sufrir consecuencias no hizo más que aumentar la tensión en Damian, después de todo, no poseía armas mágicas como Todd ni el vivaz ingenio de Drake o los contactos que este poseía.
Si su katana no parecía funcionar, se volvía casi inutil.
Damian miró al ser frente a él, que seguía sonriendo mientras sus pies se movían divertidos en el borde de la azotea, antes de decidir guardar la katana en su estuche.
-¿Qué quieres?
-Verás…acabo de heredar cierto puesto - hablo Danny, su voz volviéndose tensa en la última palabra- y con él vienen ciertas responsabilidades y tratos.
Damian alzó una ceja sin entender a donde iba la conversación.
-No he pactado con ninguna entidad sobrenatural.
-No, claro que no - negó Danny con la cabeza- pero tu abuelo sí.
Ra’s.
Todo siempre volvía a su maldito abuelo, el origen de sí mismo y del estigma que conllevaba por ser un Al Ghul, no es que despreciaba la naturaleza original de su linaje, pero la mentalidad corrompida de su abuelo lo había vuelto una paria y había manchado cada capa de su legado.
-Yo no soy Ra’s.
-Pero eres su nieto y por lo visto tienes más cordura que el anciano.
-La mayoría de la población la tiene, ahora dime ¿Cuál es tu punto?
-Bueno, se supone que debo volver a negociar cierta adquisición de Ra’s, quizás la conozcas… el lunático ha decido llamarlo Pozo de Lázaro.
¿Qué?
-¿Renegociar una adquisición? - balbucio Damian sin poder creerlo, sus ojos mirando al ser de una manera diferente.
-Si, el contrato debería haber sido renegociado hace años pero se perdió en el tiempo por ciertas … circunstancias. - el ser hizo una mueca como si estuviera recordando algo desagradable.
-Si es una adquisición que quieres negociar… ¿Significa que puedes llevarla de vuelta? - Damian pregunto intentando no sonar como un niño esperanzado.
-¡Exactamente! - aplaudio Danny - pero tanto mantenerlo como llevármela conlleva acciones y esas acciones requieren un pago.
Damian pensó en su padre, en cómo se enconcorvaba contra la computadora mientras revisaba los archivos sobre su abuelo quien parecía resurgir cada vez más lunático de sus resurrecciones causando estragos y vidas perdidas, pensó en Drake, en la forma en que se estremecía ante la más mínima mención de la Liga de las Sombras y como había escuchado a Richard consolarlo por teléfono sobre otra pesadilla relacionada con Ra’s.
Pensó en Todd y la forma en que la furia surgía en su mirada cada vez que se nombraba el pozo, la forma en que se desencajaba su mandíbula cuando intentaba controlar la furia que lo embargaba.
Recordó los ojos desolados de Richard, quien sufrió por sus hermanos, quien vivía con el miedo constante de que le arrebataran a sus pajaritos - como a él les gustaba llamarlos- o peor aún, que se los devolvieran a la vida como lo habían hecho con Jason.
Entonces no vaciló.
-Toma lo que quieras - dijo Damián mirando al ser- Mi vida, mi alma, te entrego todo mi ser mientras te lleves los Pozos.
Danny alzó las cejas, blancas como su cabello, sorprendido antes de fruncir el señor y arrugar la nariz como si estuviera oliendo algo, luego de unos minutos y pareciendo haber encontrado lo que buscaba, sus facciones se tiñeron de algo parecido a la tristeza.
-Ni siquiera sabes quien soy Damian Wayne,¿Estás seguro de querer entregarme tu alma por algo como eso?
-Si - hablo Damian sin vacilación.
Nada valía más que la tranquilidad de sus familiares camaradas. Ni siquiera su propia vida.
-Oh Damian Wayne, tienes un alma noble - habló Danny y su mano se acercó al rostro de Damian quien se resistió a echarse hacia atrás cuando este acaricio su mejilla, su tacto frío como un témpano de hielo - pero no es tu alma lo que necesito.
Damian sintió que su estomago se retorcía.¿Ni siquiera entregar su alma podía ayudar? ¿Acaso era tan inutil?
-No pongas esa cara pajarito- habló suavemente el ser con sus ojos verdes atenuados- Puede que no necesite tu alma, pero puedo negociar algo más, tu tiempo por ejemplo.
Damian frunció el ceño.
-¿Mi tiempo? - susurro el menor sin entender.
-Si, pajarito, hace un rato que algunas personas me han estado fastidiando porque consiga un… ¿cómo decirlo? … debería ser un guardaespaldas en tus términos.
-¿Necesitas un guardaespaldas? - dijo Damian sin poder evitarlo aunque se reprendió internamente, no debería cuestionar una oferta que le favorecía.
-¿Cierto? - exclamó Danny alzando las manos y dejando de tocar al menor- Cualquiera pensaría que a este punto habría demostrado que es inutil que me asignen uno, pero protocolos son protocolos al parecer
Danny soltó un suspiro exasperado antes de volver su mirada las calles de Gotham.
-Pensé que siendo un vigilante, se te daría bien proteger, aunque esta vez solo sea a un individuo… se que no es tan noble como…
-Acepto - interrumpió Damián sin poder evitarlo- Seré tu guardaespaldas.
-¿No eres el mejor negociador cierto? - rio Phantom ladeando la cabeza hacia él.
En otra ocasión Damian habría resoplado indignado, era un gran negociador, pero en esos momentos no estaba pensando exactamente en transar, solo quería concretar el trato sin importar nada. Además, las palabras de Phantom se estaban sintiendo dolorosas.
-Bueno chico, por si te lo preguntabas, este trato es por… bueno, un tiempo indefinido, hasta que perezcas en batalla, la paga es decente y se te suministrará un lugar para que vivas, ropa adecuada y clases de etiqueta.
Damian pensó que las condiciones eran más que generosas, aunque no entendía porque necesitaba clases de etiqueta para ser guardaespaldas de esta criatura que tenía poder sobre los pozos de lázaro.
Phantom se levantó de donde estaba sentado, aunque más bien floto hasta quedar erguido y en ese momento Damian noto que a su espalda se extendía una capa que reflejaba el espacio de manera detallada, casi viva.
-Bueno, mi caballero, es hora de partir, aun tengo trabajo por hacer, vidas por intervenir, ancianos lunáticos por molestar y una fuente de agua residuales por eliminar.
Danny parecía etéreo en la oscuridad de Gotham, como un hada o una deidad, sus rasgos élficos destacando su sonrisa divertida mientras extendía sus delicados dedos hacia su caballero y un portal de un verde familiar se abría a sus espaldas.
Damian respiro hondo, miro por última vez aquella ciudad a la que le había entregado tanto de sí mismo antes de tomar la mano que Phantom le extendía y sumergirse en lo desconocido.
Un tiempo después de eso, cuando Damian se encontrara meditando mientras veía a su jefe regañar a Hades por malas gestiones en el inframundo, pensaría que efectivamente, ese día cruzó la línea.
