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El sol se alza por la cordillera, con sus primeros rayos de luz deslizándose entre las montañas, llegando hasta las carpas de un campamento patriota, ubicado cerca de Santiago para protegerlo de los realistas.
José Miguel Carrera se levanta de su catre y se prepara para el día que viene. Se imagina que será una jornada común y corriente, pero al salir de la carpa de general, uno de sus tenientes, Juan, se acerca a él con una mirada preocupada.
—General Carrera, hemos encontrado algo… peculiar enterrado entre las carpas —Dice, mostrándole una caja en la mano.
Era una caja misteriosa. No parecía de este país, ni de este siglo. Parecía como si guardara algo anormal. Si alguien tuviera que adivinar que sería, lo más probable es que diría que es del futuro.
—¿Qué hay adentro? —pregunta Carrera
—No sabemos aún, parece peligroso abrir la caja. ¿Qué debemos hacer con esto?
La respuesta más lógica sería dejarla ahí, donde la encontraron, para no arriesgar nada. Es casi una caja de pandora. Sea lo que sea la anormalidad que podría salir, podría estorbar al ejército y hasta debilitarlos para luchar contra los realistas.
Pero Carrera no es un hombre de respuestas lógicas.
—Dámelo a mí. — Responde el hombre —Yo veré qué puedo hacer con esto, teniente.
Carrera vuelve a entrar en su carpa, aferrando la caja con las dos manos como si fuese un objeto con más valor que todo Chile.
Lo tiene. No sabe qué demonios es pero se ve interesantísimo. Después su sonrisa desaparece y termina en silencio como un tonto.
¿Ahora qué?
Lo pone en la mesa. No se ve completamente seguro a abrir. Vamos a ver. Él saca unos guantes de cuero del otro lado de la mesa y se los pone.
No, no es suficiente. José se pone una segunda chaqueta al revés, la parte de adelante en su espalda, para que la parte de atrás proteja su cuerpo.
Ahora es seguro
… Tal vez.
Él abre la caja lentamente, cerrando los ojos, aguantando la respiración, y…
No pasa nada.
Carrera abre los ojos y mira en la caja.
Weón.
¿En serio tuvo tanto miedo de un frasco vacío?
No, espera, no parece vacío. Cuando él retira el frasco de la caja, parece tener un líquido transparente. No necesita preguntarse qué es; la etiqueta en el vidrio ya explica todo.
“Poción gay”
¿Qué chucha?
“Dáselo a alguien pa tomar, y el tipo se vuelve gay en 5 segundos”
Una idea le sale casi inmediatamente al leerlo, y él sonríe malevolente.
Bernardo O'Higgins.
Tenía un montón de razones para escoger a su enemigo.
Para empezar, le caía mal y quería arruinar su día. También podría distraer a ese weón de intentar aliarse con los realistas, porque seguro que era un traidor culiao. Y sería una buena excusa para probar esto sin que Carrera se arriesgase la dignidad. Además no pasaba absolutamente nada en el campamento militar y se aburría.
Pero tal vez, aunque nunca lo admitiría ni para sí mismo, era por que tuvo sentimientos por ese hombre. Eso desde que mostró su valentía y coraje en la batalla del Roble, siendo la persona más fuerte que Carrera ha visto jamás. Y ahora, con la poción en mano, podría ser una de sus únicas oportunidades para, tal vez, estar más cerca de él, sin importar todos estos meses de odio.
No. La última es imposible.
Nunca pensó en eso.
Absolutamente nunca.
Jamás.
Sipos.
Heh.
Carrera no es gay, po.
Claro.
Nunca lo fue.
Obvio.
… Tal vez…
Ay, ¡enfócate José! ya logró entrar en la carpa de Bernardo sin que nadie se de cuenta. Ahora no puede tener más distracciones, especialmente con sus pensamientos.
Él busca por alguna cosa que le pueda servir, hasta que encuentra la cantimplora. Obviamente es de O’Higgins. Perfecto. Carrera mete la poción en la cantimplora, dejándola mezclar con el agua. Después la pone en el mismo lugar en la mesa donde la encontró.
Él no es gay, como ya se dijo antes. Pero Bernardo lo será. Él sonríe de satisfacción, y está a punto de salir cuando-
—José Miguel Carrera. ¿Qué mierda está haciendo en mi carpa?
Él se congela, con los pies plantados en el piso.
Conchadetumadre.
José se gira lentamente, ojos como platos, para ver a O’higgins parado justo detrás de él. Mierda. Necesita una excusa.
—Yo, ehh… Solo… Quería discutir sobre… eh… ¡Las tropas! Si…
— Ajá. — Responde Bernardo sarcásticamente, tomando la cantimplora de la mesa — ¿Y qué sobre las tropas?
— Que-Bueno… Podríamos… irnos un poco más al sur… Porque ya estamos aquí por tres días y ningún ejército realista vino… Entonces sería mejor acercarnos más a… Eh… Paine.
José intenta esconder su cara de horror, porque ante sus ojos, O’Higgins ya está tomando de la cantimplora. Se está arrepintiendo ahora de ser tan aweonao, pero no hay regreso ahora.
¿Qué decía la etiqueta? “Dáselo a alguien pa tomar, y el tipo se vuelve gay en 5 segundos” Parece que hay que contar ahora, ¿no?
1…
— ¿Qué pasa? Quedaste bien callao…
— Nada, nada. — Responde José
2…
— Bueno, filo. No encuentro esa propuesta una idea muy buena, Carrera
3…
— Porque, al final, estamos aquí hace muy poco tiempo — Continua Bernardo — Sería mejor quedarnos aquí unos días más y ver que pasa…
4…
— Si, pero, sabiendo que los realistas están más al sur, podríamos atacarlos en el medio de su camino. — explica Carrera, actuando como si estuviera respirando normalmente.
— Y si aprovechamos que ellos ya estarían cansados al llegar aquí?
… 5.
Carrera es un weón.
Pero un weón ahuevonadisimo.
Si la poción funcionara aquí y ahora, como se supone, O’Higgins se volvería gay. Y si no, se daría cuenta que José intentó hacer algo con él. De cualquier forma la cagó.
— José?
Solo pudo responder de la forma más nerviosa posible — Mhm?
— No respondiste mi pregunta…
— Ah, eh… los realistas-
— Esa no poh. — dice Bernardo. — ¿Puedo besarte?
Un silencio resuena en la carpa. Solo se pueden escuchar las voces lejanas de algunos soldados. Se miran, Carrera sonrojando como un maldito copihue.
Funcionó.
Él asiente.
Se acerca lentamente.
Y lo besa en los labios.
Antes nunca lo admitiría ni para sí mismo, pero siempre quería hacer eso. El beso es largo, un poco torpe, pero lindo. Los dos se separan cuando respirar se siente casi imposible, pero José quiere más. Lo toma de la cintura y lo besa de nuevo, y después otra vez, y otra…
Bernardo no lo puede alcanzar completamente bien, necesitando estar en la punta del pie todo el rato. Entonces José lo toma de la chaqueta y se sienta en el catre, aún en un beso, para estar a la misma altura, y continuar con más facilidad.
Para Carrera, la poción parecía estar demasiado potente, pues siente como O’Higgins comienza a besarlo por toda la cara, la frente, la mejilla, la nariz, y después, suavemente, en el cuello.
José reza a dios para que el efecto de la poción no sea temporal. Quiere que esto dure para siempre. Fue entonces cuando Bernardo para de besarlo y le susurra en la oreja.
— Caiste.
José se voltea para mirarlo a los ojos, con la cara roja y el cuello casi morado.
— ¿¿Qué??
— ¿Me queriai volver “gay” verdad?
Mierda, lo sabe.
— ¿Cómo… ¿Cómo cachaste eso?
— No sé, tal vez porque metiste algo de un frasco que tenía estampado en mayúscula “POCIÓN GAY” en mi cantimplora y comenzaste a contar hasta cinco después de que yo tomara de ella.
— …
— Sabes, ví a Juan llenar ese frasco. Adivina qué es.
Juan? Acaso era alquimista o algo?? Debería haber puesto ingredientes casi indescriptibles ahí dentro.
— No lo sé. — Responde Carrera.
O’Higgins sonríe
— Agua de río.
Él se queda en silencio, mira la cantimplora dejada en la mesa, y vuelve a mirar a Bernardo.
— Agua?
— Agua.
Comienza a hablar solo después de un minuto de procesamiento.
— … Me estai diciendo que esa wea fué solo un PLACEBO!?
— Bueno, para mí no, yo ya sabía. Quería cachar si lo fué para tí, y tú fuiste el que comenzó a besarme.. Por eso, caíste.
José se queda tieso, aún sentado en el catre. Juan culiao. Se pegaría un tiro aquí y ahora si tuviera algún rifle cerca de él.
— Entonces nos hemos besado por ninguna razón…?
Bernardo lo mira embelesado.
— Bueno… Razones teníamos, Carrera…
Eso fué suficiente para que José lo agarra y lo vuelva a besar, esta vez más intenso, porque ahora, finalmente, no tiene nada más para esconder.
