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Amphoreus, Saga Eterna: La Estrella que "Nació en Amphoreus"

Summary:

¿Y si Stelle hubiera nacido en Aedes Elysiae, conociendo Amphoreus desde bebé? Aunque Stelle siempre ha admirado las estrellas del cielo, ¿por qué será? Acaso, ¿siente curiosidad? ¿O tiene alguna conexión con los mundos de más allá del cielo?

Actualizo cuando se me de la gana

Notes:

Buenaaaaaaa, mi genteeeee, ¿cómo están? Bueno, vengo a decir algo rápido, agarren sus pañuelos porque van a llorar algo. Además, como todas mis historias, estará otra versión pero traducida al ingles. Sin nada más que decir, ¡disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: La Estrella de Aedes Elysiae

Summary:

La infancia del trío dinámico de Aedes Elysiae

Chapter Text

Era un agradable amanecer en el pequeño pueblo de Aedes Elysiae. Las personas recién se levantaban para disfrutar el día o empezar a trabajar en los campos de trigo de color de oro que se movía al ritmo del viento suave. Pero un pequeño pero desgarrador llanto interrumpió la calma del pueblo, así que varias personas se acercaron a la fuente del ruido, una bebé que posiblemente no superaba los 3 meses de edad.

-¿Quién dejó a esta pobre criatura acá?- Preguntó una mujer de cabello rubio dorado, con ojos marrones oscuros, casi negros, mientras se agachaba para recoger a la pequeña bebé, la pequeña se calló al instante, relajada.

-Pobre... Debe tener mucho frío.- Murmuró un hombre de cabello negro lizo, con ojos verdes claro, mientras se acercaba a su esposa (la mujer que cargaba a la bebe) para acariciar con suavidad el pequeño cabello gris de la pequeña.

-Otra persona sin corazón que abandona a un niño indefenso...- Murmuró con rabia Hieronymus, quien se había acercado junto a su esposa, Audata, mientras ella cargaba a su hijo, Phainon, y Hieronymus cargaba a otra bebé con pequeños cabellos rosados, que el pueblo había bautizado como Cyrene, quien también había sido abandonada hace 3 días.

-¿Qué hacemos?- Preguntó una mujer con gran tristeza mientras miraba a la pequeña en los brazos de otra mujer.

-No podemos dejarla acá, eso es claro.- Otro hombre había dicho eso, a la vez que miraba a los alrededores, como buscando algo.

-¿Alguien vio al Doctor Iason?- La mujer que cargaba a la bebé también miraba al rededor del pueblo, buscando al mencionado doctor.

-¡Ya llegué!- Todos (menos los bebés) voltearon hacia la voz, que le pertenecía a Iason, quien estaba corriendo hacia la pequeña. -¿Otra bebé abandonada...?-

-Si, Doctor Iason.- Asintió el hombre de cabello negro. -Primero Cyrene hace unos días y ahora esta pequeña...-

-Bien, ¡todos vuelvan a donde estaban!- Pidió Iason, para después mirar a la pareja. -Ustedes dos, conmigo.-

El matrimonio solo asintió, mientras la mujer apretaba a la bebé contra ella, queriendo brindarle un poco de calor para que no pasara frío.

Un día después, en Aedes Elysiae

La pequeña consulta del Doctor Iason tenía a un matrimonio esperando en la sala de espera, esperando buenas noticias de parte del doctor. No tuvieron que esperar mucho tiempo más, ya que el mencionado doctor salió con la pequeña en brazos, él con una sonrisa cálida en su rostro.

-¡¿Está bien?!- Preguntó la mujer rubia mientras se levantaba de un salto para quedar en frente del doctor.

-Tranquila, Clementina.- Iason le sonrió cálidamente a la mujer de cabello rubio, para luego dirigirse al hombre de cabello negro. -Y tú también, Aureliano, que veo que estás igual que tu mujer.-

-Hey, estaba preocupado por la pequeña.- Aureliano levantó las manos en señal de rendición mientras mostraba una pequeña sonrisa en su rostro, para luego ponerse más serio.

-Primero que nada, la bebé es una saludable niña de ojos ámbar, más allá del ligero frío que pasó, no le pasó nada.- Tranquilizó Iason a los dos, quienes suspiraron, aliviados. -Segundo, no conseguí identificar a los padres de la pequeña, ya que la abandonaron, así que no sé quien la cuidará.-

Clementina y Aureliano se lanzaron una mirada, comprobando que estuvieran pensando lo mismo, y después hablaron.

-¿Podemos adoptarla?- Preguntó el matrimonio al doctor, quien estaba sorprendido de que preguntaran tan rápidamente, para luego soltar una ligera carcajada.

-¿Están seguros?- Preguntó Iason, ligeramente serio. -Ya que tienen 22 años, y recién se casaron...-

-Estamos seguros, Doctor Iason.- Respondió Clementina con gran seriedad.

-Esta pequeña merece un hogar que la quiera, y nosotros podemos dárselo.- Aureliano también lo miró con expresión seria, haciendo que Iason suspirara, pero estaba divertido.

-Bien, bien, ustedes ganan. Así que, conmigo, el Doctor Iason, de testigo, los declaro padres de la pequeña.- Iason le tendió la bebé a Clementina, quien la cargó con una gran ternura. -¿Cómo van a llamarla?-

Clementina y Aureliano se miraron durante 3 segundos que se sintieron eternos, para luego mirar los ojos ámbar de la pequeña que los miraba fijamente, hablaron al mismo tiempo.

-Stelle.-

Un día después

El amanecer se asomó por la ventana de un pequeño cuarto de la casa de Clementina y Aureliano, quienes estaban viendo dulcemente a la pequeña Stelle durmiendo en una cuna rosada y dorada, estaba muy tranquila. El cuarto tenía paredes rosadas, anaranjadas y amarillas, simulando el amanecer que se solía ver en Aedes Elysiae, junto con unas nubes pintadas a mano.

-Está tan tranquila...- Murmuró Clementina mientras acariciaba la cabecita de Stelle.

-Está cómoda, y se siente segura...- Susurró Aureliano mientras la observaba con infinita ternura.

4 años después

4 años habían pasado desde que Clementina y Aureliano adoptaron a la pequeña Stelle. Ella era muy energica, tal y como se esperaría de un niño de su edad, pero cada noche, sin falta, se ponía a observar las estrellas del cielo nocturno, contándolas todas, sus padres habían bromeado sobre esto, diciendo que en un futuro podría llegar a ser sacerdotisa de Aquila por su fascinación por el cielo, para luego callarse, porque recordaron que pensar más allá del cielo era blasfemia, pero mientras no pensara más allá del cielo, todo estaría bien, ¿no?

Stelle también tenía sus personas preferidas, además de sus padres, dos niños de su misma edad, los hijos de Hieronymus y Audata, un niño alegre de cabello blanco, Phainon, y una niña igual de alegre pero un poco más calmada, Cyrene. Ellos 3 eran mejores amigos, hacían todo juntos, jugando durante horas y horas, pero los más activos siempre eran Stelle y Phainon, porque Cyrene, a veces, le gustaba observar desde lejos el caos que su hermano y mejor amiga.

-¡Phai, Phai! ¡No corras!- Gritó Stelle con su voz infantil mientras perseguía al niño de cabello blanco, quien estaba corriendo a traves de los campos de trigos dorados mientras se reía a carcajadas.

-¡Nunca me atraparás, Stelly!- Gritó Phainon de vuelta mientras esquivaba los intentos de Stelle de agarrarlo para ganar el juego que habían inventado hace 10 minutos.

-¡Vamos, Phai! ¡Vamos, Stelly!- Gritó Cyrene desde el pequeño puerto donde los adultos pescaban, animando a los dos niños.

-¡Phainon, Cyrene, Stelle!- Los 3 niños mencionados se quedaron callados mientras se detenían para escuchar al hombre que los había llamado, el padre de Phainon y Cyrene. -¡A comer!-

-¡Ya vamos!- Gritaron los 3 al mismo tiempo, corriendo hacia la pequeña casa.

-¿Carrera?- Preguntó Phainon mientras miraba a las otras dos chicas, quienes sonrieron, desafiantes.

-¡Carrera!- Gritaron las dos mientras aceleraban, Phainon se rió, corriendo al mismo ritmo que las dos chicas, intentando superarlas.

2 años después

Los 3 mejores amigos exploraban en las afueras del pueblo con el permiso de sus respectivos padres, quienes les pidieron que volvieran antes del anochecer y que no se alejaran demasiado del pueblo.

-¿A dónde vamos, Rene?- Preguntó Stelle a Cyrene, que estaba a su derecha, mirándola con curiosidad.

-Ayer estuve por acá, y encontré...- Cyrene se adelantó con un salto, corriendo varias hojas, revelando una cueva, específicamente su entrada, estaba muy oscuro. Al ver la oscuridad, Stelle se pegó ligeramente a Phainon, porque le temía a la oscuridad, se pegaba a Phainon porque él irradiaba luz y calidez. -Esto.-

-¿Deberíamos entrar?- Preguntó Stelle, con su voz temblando levemente, para intentar calmarla, Phainon le agarró su mano.

-Podría ser peligroso, Rene.- Phainon observó los alrededores para asegurarse de que nadie estuviera cerca, espiándolos.

-Tuve un sueño.- Cyrene dijo esto con seriedad infantil (pero nunca deberías subestimar la seriedad de Cyrene), haciendo que los dos se callaran, pero apretaron su agarre contra el otro, porque sabían que en sus 6 años de vida, ni Cyrene ni Stelle podían soñar, y si soñaban, era una profecía, buena o mala. -Justo después de volver a casa después de encontrar la cueva, en el sueño, los 3 nos adentrábamos en esta misma cueva, ¡y nos encontrábamos algo maravilloso!-

-Entremos entonces.- Stelle se separó un poco de Phainon después de decir esto. -¡Pero entramos los tres juntos!-

-¡Vamos entrando entonces!- Phainon no soltó a Stelle al decir esto, si no que siguió agarrándola mientras los 3 se adentraban a la misteriosa cueva que Cyrene se adentró en sus sueños.

No necesitaron caminar demasiado, solo un par de minutos, de hecho, para encontrar luz y vida en esa aparentemente cueva. La cueva era gigante pero luminosa, tenía mucha naturaleza, pero no solo había plantas, si no una especies de hadas de diferentes colores, pero iguales, eran como recolores de una misma.

-¿Quiénes son ustedes?- Una voz sobresaltó a los 3 niños, quienes gritaron (atrayendo la atención del resto de las hadas del aparente pueblo), aferrándose a los otros mientras volteaban hacia atrás, viendo a una hada de color verdeagua, mirándolos con curiosidad.

-¡Redomi!- Otra voz más vieja interrumpió, apareciendo una hada grisacea a lado del hada verdeagua, mirándola con expresión seria que daba bastante miedo. -¿Qué te dije sobre asustar a los humanos?-

-¡Perdón!- Redomi se disculpó con la hada mayor, haciendo una especie de reverencia.

-No es conmigo con quien debes disculparte.- Regañó la hada mayor a la verdeagua.

-L-lo sentimos...- Murmuró Stelle, escondiéndose un poco, porque Phainon había dado un paso al frente, protegiendo a las chicas. -No queríamos molestarlas...-

-Simplemente encontramos la entrada de la cueva.- Cyrene dio varios saltitos para que las hadas la vieran.

-Entramos por curiosidad.- Phainon alzó los brazos, protegiendo aún más a las chicas detrás de él, Stelle era la que estaba más atrás, miedosa; mientras que Cyrene, aunque detrás de Phainon, todos podían verla.

-No, no.- Negó el hada mayor. -No necesitan disculparse, de hecho, nos gusta que los humanos nos visiten.-

-¡Lo siento mucho por asustarlos!- Redomi se disculpó con los 3 amigos, haciendo una reverencia hacia ellos.

-N-no necesitan disculparse.- Stelle dio un pequeño paso al frente, a la vez de que Phainon bajaba los brazos, viendo que las hadas no querían hacerles daño.

-¡Si!- Cyrene dio un paso al frente con una sonrisa en su rostro. -Además, nosotros entramos sin permiso.-

Phainon simplemente sonrió cálidamente, poniendo sus manos en su cadera.

-Permítanme presentarme.- Habló el hada de color grisaceo -Soy Solmifare, la líder de las hadas de la Floresta del Misterio.-

-¡Soy Phainon!- Se presentó el niño, sonriendo amigablemente.

-S-soy Stelle...- Se presentó la niña, haciendo una reverencia. -Un gusto...-

-¡Y yo soy Cyrene!- Se presentó la última niña. -La encargada de que estos dos no hagan locuras.-

-¡Hey!- Protestaron Phainon y Stelle al mismo tiempo, mirando hacia donde estaba Cyrene, quien se rió suavemente al ver la cara de los dos.

-Pasen, pasen, por favor.- Pidió Solmifare mientras empujaba suavemente a los 3 niños. -Estoy segura que las demás hadas estarán encantadas de conocer a 3 humanos.-

-Ok, vamos.- Aceptó Phainon mientras lo empujaban. -Pero podemos caminar...-

Las dos hadas no contestaron, así que Stelle suspiró ligeramente, pero no se sentía amenazada, así que se dejó arrastrar.

Las dos hadas llevaron a los 3 niños hacia el centro del pueblo, ahí estaban todas las hadas del pueblo de diferentes colores. Habían hadas de color rojo, naranja, amarillo, verde (claro y oscuro), azul (claro y oscuro), morado, rosado, marrón, negro y blanco.

Todas miraban con curiosidad, pero notaron que no había maldad en esas miradas, solo pura amabilidad y pureza.

Solmifare y Redomi presentaron a las demás hadas a los 3 niños, quienes estaban pegaditos uno contra los otros, aunque no se sentían amenazados, se pegaban para sentir el calor de los otros (en especial el de Phainon).

Varias horas pasaron entre risas, charlas y juegos. Phainon y Stelle jugaban corriendo detrás de las hadas más traviesas, mientras que Cyrene pasaba tiempo con las hadas más tranquilas. Ellas le presentaron a Cyrene el increíble mundo de las canciones, le contaron que sus nombres eran, de hecho, las notas musicales. Cyrene se quedó fascinada ante esto, pero más cuando Solmifare le presentó una historia de categoría romántica, pero no de parejas, si no de una hada con sus mejores amigos.

No se dieron cuenta de la hora hasta que todos notaron que estaba oscureciendo, así que los mejores amigos se levantaron y detuvieron de golpe.

-Debemos volver...- Murmuró Phainon, algo decepcionado porque quería seguir jugando con las traviesas hadas.

-Mami y papi se preocuparán si no vuelvo ahora a casa...- Murmuró Stelle igual decepcionada, apoyando su mejilla en el hombro de Phainon.

-Podemos volver otro día.- Cyrene trató de animar a su hermano y mejor amiga, quienes sonrieron ligeramente ante el intento de Cyrene de animarlos. -Si nos lo permiten.-

-¡Por supuesto!- Una hada de color morado (la que más jugó con Phainon y Stelle) sonrió alegremente.

-Nos encanta recibir a los humanos.- Una hada de color verde (una de las más tranquilas, las que le enseñó a Cyrene una de sus canciones más famosas entre las hadas) también sonrió, pero algo más calmada que su amiga morada.

-Vuelvan pronto.- Les pidió Solmifare mientras las demás se despedían de los 3 niños. -Cuídense.-

-¡Adiós!- Los 3 se despidieron mientras subían las escaleras para salir de la cueva.

Al salir de la cueva, vieron que estaba anocheciendo, así que fueron corriendo de vuelta al pueblo, hasta que se encontraron a alguien muy familiar.

-¡Stelle, Cyrene, Phainon!- El hombre era el buen Doctor Iason, quien sonrió cálidamente a los 3 niños, quienes se acercaron corriendo hacia él. -¿Qué hacen tan tarde fuera del pueblo?-

-Estábamos jugando, Doctor Iason.- Respondió Stelle, mirándolo fijamente.

-¡Pero ya estamos acá!- Respondió Phainon, poniendo sus manos en su cadera.

-Bien, bien.- Suspiró Iason. -No soy sus padres, pero tengan cuidado al jugar afuera del pueblo, ¿ok?-

-Está bien, Doctor Iason.- Respondieron los 3 al mismo tiempo, inclinando la cabeza de forma respetuosa, haciendo reír a Iason.

Sin decir nada más, volvieron a sus respectivas casas. Hieronymus y Audata se alegraron profundamente al ver volver a sus dos hijos sanos y salvos, pero les pidieron que no volvieran más tarde; mientras que Aureliano y Clementina simplemente suspiraron, pidiéndole a Stelle que no volviera tan tarde otra vez, Stelle se los prometió, para luego cenar con sus padres.

2 años después:

El amanecer llegó a la ventana de la casa de Stelle, quien estaba durmiendo plácidamente en su cama de madera de color dorado. Estaba abrazando un peluche de estrella que el Doctor Iason le regaló (como le dio regalos a los demás niños) cuando fue a Oqueima, pensó que sería un gran regalo por la fascinación de Stelle por las estrellas.

-Stelle...- Una voz cálida y familiar llenó la habitación, mientras una mano sacudía suavemente el hombro de Stelle, la niña en cuestión, frunció el seño mientras se daba la vuelta, tratando de ignorar la voz. -Despiértate...-

-5 minutos más, papi...- Murmuró Stelle, agarrando su sábana para taparse la cara, sacándole una risa a Aureliano.

-No me obligues a usar mi arma secreta.- Aureliano trató de aguantarse la risa mientras también trataba de ser serio, fallando miserablemente.

-¿Y qué sería eso?- Preguntó Stelle, abriendo un ojo para mirar a su padre.

Antes de que Aureliano pudiera decir algo, dos pequeñas presencias entraron rápidamente a la habitación, y antes de que cualquiera pudiera siquiera pensar algo, esas dos presencias saltaron arriba de la cama de Stelle, abrazándola.

-¿¡Phai!? ¿¡Rene!?- Preguntó Stelle, abriendo ambos ojos rápidamente mientras se sentaba a la misma velocidad para poder ver bien a sus dos amigos, quienes estaban sonriendo. -¿¡Qué están haciendo aquí!?-

-¿Olvidaste qué día es hoy?- Preguntó Cyrene, abrazando a Stelle con fuerza.

-¿6 del Mes de los Días Largos?- Intentó adivinar Stelle, haciendo que los 3 suspiraran.

-¡Es el día en el que te adoptamos, mi niña!- De repente, Clementina entró a la habitación con un pastel de cumpleaños en sus manos, haciendo que a Stelle le brillaran sus ojitos.

-¡Feliz cumpleaños, Stelle!- Felicitaron todos al mismo tiempo, abrazando a Stelle con fuerza.

-¡Gracias!- Stelle les sonrió a todos, devolviendo el abrazo a sus padres y amigos.

1 año después:

El trío de amigos estaban corriendo por los trigales de color dorado, como ya les era costumbre. Phainon y Stelle corrían, mientras Cyrene los observaba desde la distancia, riendo suavemente, feliz de verlos felices.

-¡Phai! ¡Stelly!- Llamó Cyrene, haciendo que los dos se detuvieran al instante para voltear a ver a la niña de cabello rosado.

-¿Qué pasó, Rene?- Preguntaron al mismo tiempo, con caras confundidas.

-¿Les importa si voy al columpio?- Preguntó Cyrene con honestidad, no quería irse sin avisar y que su hermano y mejor amiga no la encontraran. -Es que tengo una idea para un poema.-

-¡No te preocupes, Rene!- Tranquilizó Phainon con una gran sonrisa, mientras que la sonrisa de Stelle era más pequeña, pero igual de cálida. -¡Nosotros seguiremos jugando por los trigos!-

-No hagan un desastre mientras no estoy~.- Antes de que cualquiera de los dos pudiera protestar, Cyrene se retiró hacia el columpio del pueblo, aunque parecía más propiedad del trío.

La niña llegó al lugar donde estaba la "base" de ellos 3. Tenía un gran árbol, una alfombra, una mesa con 3 sillas y bocadillos que habían dejado hace 1 hora, y por último, pero no menos importante, un columpio que era el favorito de Cyrene, siempre se subía ahí, mientras que Stelle y Phainon la empujaban, aunque siempre se turnaban para subir y empujar. Cyrene se subió al columpio mientras sacaba el libro que su madre le había regalado hace 3 años, justo una semana después de conocer a las Hadas de la Floresta del Misterio, ahí escribía historias cortas y poemas, mayoritariamente románticos.

-A ver, a ver, ¿cómo puedo escribir esto?- Murmuró Cyrene mientras sacaba su pluma favorita, después de unos segundos, empezó a escribir sin detenerse

Estrellita, Solecito, Iluminen mi Cielo

Estrellita, Estrellita, tu luz es preciosa,

aunque siempre estés nerviosa.

Ninguna otra estrella tiene que envidiar,

tu luz siempre será de admirar

 

Solecito, Solecito, siempre tan amable,

aunque a veces dudes.

En el amanecer contigo es agradable,

y siempre tienes grandes actitudes.

 

Estrellita, Solecito, siempre bondadosos,

nuestros momentos juntos siempre son preciosos.

¿Alguien como yo estaré a su altura?

Aunque con ustedes, todo es una aventura.

 

Siempre dicen querer ser héroes,

aunque no quiero eso en el mundo,

al menos no sean anti-héroes,

porque causarán un miedo profundo.

 

Aunque no podamos viajar juntos,

sigan soñando con amabilidad,

porque aunque tengamos diferentes asuntos,

siempre tendremos felicidad

 

Al terminar de escribir, Cyrene se quedó mirando su poema durante varios segundos, sorprendida de haber escribido eso, para luego echarse a reír, pensando si debía regalárselo a Phainon y Stelle, para que tuvieran algo de ella con ellos.

-¡Stelly!- Cyrene se sobresaltó al escuchar el grito de su hermano mayor, por unos días, para luego suspirar divertida al ver la escena, Stelle agarrándose del cuello de Phainon, y a pesar de las quejas del chico de cabello blanco, se estaba riendo. -¡No es justo!-

-¡Tú empezaste, Phai!- Respondió Stelle, aferrándose más fuerte al cuello del chico, ambos riéndose.

-Este par me va a volver loca...- Murmuró Cyrene, pero con una sonrisa en su rostro, luego, alzó la voz, llamando la atención de los dos. -¡Ustedes dos, dejen de pelearse!-

-¡Únete a nosotros, Rene!- Pidió Stelle, riéndose a carcajadas, como Phainon.

-¡Es divertido!- Phainon acomodó a Stelle en su espalda (para que dejara en paz a su pobre cuello) para sujetarla, para que ella estuviera cómoda, mientras decía eso.

-¡Y eso que les dije que no hagan un desastre!- Rió Cyrene mientras cerraba su cuaderno con su más reciente poema, dejando su pluma arriba del cuaderno. Se quedó mirando su cuaderno con el ceño fruncido, pero sacudió su cabeza, para ir corriendo a donde estaban Phainon y Stelle

1 año después:

Phainon, Cyrene y Stelle caminaban tranquilamente, por milagro de los 12 Titanes, por las afueras del pueblo, a las 5:30 am. Sus padres les habían dado permiso para volver al amanecer, mientras no se alejaran del pueblo.

-¿Estuvimos mucho tiempo afuera?- Preguntó Stelle, pegadita a Phainon (mientras él le agarraba la mano), observaba los alrededores con algo de miedo.

-Creo que nos fuimos a las 22:13 de tu casa, Stelle.- Respondió Cyrene, a lado de Stelle, le alzó la mano para que tuviera algo más que agarrar, Stelle se aferró a ella también, haciendo que Phainon soltara una pequeña risa.

-Hey.- Phainon llamó la atención de las dos chicas, ellas voltearon sus cabezas para mirar al chico. -Recuerdo que por acá había una gran casa abandonada, ¡ahí podemos ver el amanecer!-

-¡Me parece genial, Phai!- Asintió Cyrene, Stelle apretó el agarre de sus amigos, ellos le devolvieron el apretón.

-Vamos.- Asintió Stelle también, pero apenas tuvo un segundo de calma y silencio, hasta que Phainon y Cyrene salieron corriendo, todavía agarrando a Stelle, haciendo que Stelle casi se cayera, varias veces.

Varios minutos después, los 3 encontraron la casa de la que hablaba Phainon. La casa era de tonalidades grises, de madera, claramente abandonada, y claramente una pésima idea, pero, con estos 3 juntos, siempre hay pésimas ideas, y todas, sospechosamente, siempre terminan bien. Al entrar, todo estaba oscuro (Stelle se pegó a los dos, ellos la tranquilizaron, apretándola más) y con telarañas no había habitaciones, solo una gran escalera que daba al techo, así que subieron lentamente al mismo tiempo, si uno caía, todos caían.

Al subir las escaleras, llegaron al techo de la casa abandonada. Todavía estaba bastante oscuro, pero podían ver a los lejos los trigales de Aedes Elysiae, las casas de las personas, y el lago. Quien se sentó primero fue Cyrene, a su lado, se sentó Stelle, y a lado de Stelle, Phainon, todos agarrándose las manos.

-Oigan...- De repente, escucharon la voz de Cyrene, y al voletar sus cabezas, vieron a la chica de ojos azules mirándolos fijamente. -Puede que diga algo raro, pero, ¿a dónde quieren ir cuando sean grandes?-

-Bueno, me gustaría ir a Kremnos.- Respondió Phainon con una sonrisa. -Dicen que hay grandes guerreros ahí, ¡guerreros que pueden convertirse en héroes!

-¿Cómo tú quieres ser, Phai?- Preguntó Stelle con ojos curiosos como su tono de voz.

-¡Si!- Contestó Phainon, casi levantándose, de no ser por Stelle, quien lo agarró de su mano para que se quedara. -¡Todo el mundo quiere ser como los héroes de los cuentos!-

-No quiero que ustedes sean héroes...- Murmuró Cyrene, sin darse cuenta de que lo dijo en voz alta, pero, para buena o mala suerte, ninguno de los dos la escuchó, pero luego sacudió su cabeza, hablándole a Stelle. -¿Y tú, Stelly?-

-¿Y tú, Rene?- Preguntó Stelle al mismo tiempo que Cyrene, se miraron fijamente, para luego echarse a reír. -¡Jajaja! Por favor, ¡contéstame primero!-

-Bien, bien, tú ganas.- Rió Cyrene, se quedó callada durante unos segundos, para luego responder. -Me gustaría visitar Oqueima.-

-¿Porque ahí está la Tejedora de Oro, la semidiosa del Romance?- Preguntó Phainon con ojos curiosos. -¿O porque está lleno de poemas románticos?-

-Ambos.- Contestó Cyrene simplemente, mirando al horizonte con una mirada que ninguno de los dos logró descifrar. -Ahora te toca responder a ti, Stelly.-

-Mmmm.- Stelle hizo un sonido evasivo como respuesta, para mirar las estrellas durante unos segundos, ni Cyrene ni Phainon la presionaron, porque sospechaban lo que iba a decir. -Las estrellas...-

-S-stelly...- Phainon se puso pálido, aunque esperaba la respuesta, así que soltó la mano de Stelle para abrazarla, Cyrene hizo lo mismo. -Sabes que eso es blasfemia.-

-Lo sé, lo sé.- Stelle no respondió al abrazo, si no que sigió mirando a las estrellas. -Es que, hace tiempo tuve un sueño, y en el, veía las estrellas desde un gran tren junto a varias personas.-

-¿Cómo eran esas personas?- Preguntó Cyrene con seriedad, apoyando su cabeza en el hombro de la chica, mientras que Phainon murmuraba si de verdad soñó.

-Había un conejo, pero con la forma de un niño; una mujer de cabello rojo y ojos ámbar; un señor de cabello y ojos marrones; una chica igualita a Rene; y un chico de cabello negro y ojos verdeazules.- Contestó Stelle, con cierto aire de melancolía, pero ni ella sabía porque sentía melancolía, ni siquiera las conocía, ¿no?

-¿Y si dejamos esta conversación para más tarde?- Preguntó Phainon al ver como el ambiente se sentía pesado, pero luego se quedó más callado al ver lo que pasaba enfrente de ellos. -¡Miren, el amanecer!-

El amanecer se alzaba lentamente frente a ellos, de colores anaranjados, amarillos y rosados, el sol empezaba a iluminar sus caritas.

-Oigan...- Phainon y Cyrene se voltearon hacia Stelle cuando ella empezó a habar. -En 12 años, volvamos aquí para ver si logramos ir a los lugares que queríamos, ¿si?-

-¿Por qué 12 años justamente?- Preguntó Phainon con curiosidad.

-¿Cuando tengamos 22?- Preguntó Cyrene.

-Si, me pareció un lindo número, además tendríamos mucho tiempo para cumplir, ¿qué les parece?- Explicó Stelle con una ligera sonrisa.

-¡Me parece excelente!- Exclamó Phainon con una gran sonrisa.

-A mí también me parece bien.- Asintió Cyrene.

-Entonces queda decidido, en 12 años, ¡los 3 nos volveremos a reunir para ver el amanecer!- Al decir esto, Stelle apretó el abrazo de Cyrene y Phainon, sacándoles una carcajada a ambos.

Las preocupaciones desaparecieron al instante, los 3 solo se quedaron callados durante varios minutos, en paz, y aunque todavía habían preocupaciones, siempre se tendrían el uno al otro.

¿O no?

1 año después:

Cyrene y Phainon todavía recordaban las palabras de su mejor amiga hace un año, cuando estaban en el techo de la casa abandonada, por eso decidieron quedarse callados, porque querer mirar más allá del cielo era blasfemia, querían proteger a Stelle de lo que le pudiera pasar.

Desde ahí hasta el día de hoy, los dos habían pensado en el sueño que dijo Stelle, sobre esas misteriosas personas, pero, como sabían que no podían conseguir respuestas, se quedaron callados, sin decirle a nadie más.

Era mediodía en Aedes Elysiae, los niños habían salido de la escuela para hacer lo que quisieran, como ir a sus casas a comer, menos 3 niños, el trío de amigos. Ellos fueron a una zona apartada del pueblo para entrenar, bueno, Stelle y Phainon, Cyrene se quedaba en una roca cercana para escribir mientras escuchaba los sonidos de pelea de Stelle y Phainon, justo lo que estaba pasando en ese momento.

-¡Phai, debes buscar el punto débil del enemigo, no atacar sin pensar!- Recomendó Stelle al chico, mientras esquivaba los ataques del mencionado chico.

-¡Es que te mueves muy rápido!- Contestó Phainon, atacando con más rabia, haciendo que Cyrene se ría disimuladamente para que él no la escuchara.

-¡Ustedes pueden!- Animó Cyrene a los dos chicos, mientras ellos seguían peleando, pero escuchando los consejos del otro. Cyrene seguía escribiendo, pero frunció el seño al ver lo último que escribió.

El mundo necesita héroes, pero no quiero que sean ustedes, pero sé perfectamente que no podemos cambiar el destino ni las profecías de cada uno. Al fin y al cabo: de los 3, solo uno verá el nuevo amanecer.

-¿Qué escribí?- Murmuró Cyrene, así que cerró el cuaderno con un suspiro.

1 año después:

-¿Segura que no quieres venir con nosotros, Rene?- Preguntó Phainon, mirando a la mencionada chica con ojos suplicantes, Stelle también la miraba con los mismos ojos.

-Estoy segura, Phai.- Asintió Cyrene desde el columpio, tratando de no ceder a los pedidos de sus amigos. -Iré mañana, hoy quiero estar aquí.-

-Está bien, Rene.- Suspiró Stelle, agarrando la mano de Phainon. -No te preocupes, ¡te contaremos las historias que nos cuenta Solmifare!-

-Adiós, chicos.- Se despidió Cyrene con una sonrisa cálida, más grande que lo común.

-¡Adiós, Rene!- Se despidieron los dos, empezando a correr uno detrás del otro, tratando de alcanzarse.

Caminaron durante unos minutos hasta llegar a las afuera del pueblo, llegando a la entrada de la Floresta del Misterio, esta vez, Stelle no se aferró a Phainon, tal vez porque había mucha luz solar.

Al entrar, las hadas los recibieron, pero algo tristes porque Cyrene no estaba, pero los dos le habían asegurado de que mañana volverían a verlas, así que se tranquilizaron.

Habían pasado tantas horas que ya el anochecer estaría cerca, así que los dos debían volver a sus casas, pero se detuvieron cuando Solmifare habló con seriedad.

-¡Todos, vengan!- Ordenó Solmifare a todas las hadas y a los chicos, todos la siguieron con rapidez. -¡Va a nacer una hada!-

Al escuchar esto, todos exclamaron, pero no de emoción, si no de miedo, porque todos sabían lo que eso significaba.

Cuando llegaron al lugar donde nacían las hadas, había una hada rosada con ojos celestes en medio del lugar.

-¿D-dónde estoy?- Preguntó el hada con cierta timidez, además de un poco asustada al ver a muchas personas desconocidas.

Todos le explicaron a la hada donde estaba y quienes eran. Ella se alegró al ver que no estaba sola, pero se confundió la ver que todos estaban tensos, pero antes de que pudiera preguntar, le preguntaron su nombre, a lo que el hada pensó un poco, y respondió que “Mem”.

Ahora si, Mem pudo preguntar por qué todos estaban tan tensos, a lo que Solmifare suspiró, y explicó que, cuando nacía una hada en la Floresta del Misterio, una catástrofe asolaría Aedes Elysiae, Mem se asustó y se aferró rápidamente a Stelle, ella se sorprendió, pero la tranquilizó, diciéndole que todo estaría bien.

-¡Debemos asegurarnos se que todos estén bien!- Exclamó Phainon, muy preocupado por sus seres queridos.

-Estoy de acuerdo.- Asintió Stelle con seriedad, apretando el abrazo de Mem.

-¡Pero puede ser peligroso!- Exclamó una de las hadas con preocupación.

-Exacto, quédense aquí, es más seguro.- Aseguró Solmifare, para sorprenderse de que los dos chicos negaran con la cabeza

-Si lo hiciéramos, seríamos unos cobardes.- Contestó Phainon con seriedad, agarrando la mano de Stelle para tranquilizarla, ella devolvió el apretón.

-Exacto, debemos defender nuestro hogar.- La voz de Stelle también era seria, más de lo habitual.

-Pero...- Solmifare trató de hacer que los chicos entraran en razón, pero fue inútil, ya que se dieron la vuelta, Stelle soltó a Mem, ella soltó un quejido triste, pero fue a lado de Solmifare.

-Adiós, nos vemos mañana, haditas.- Stelle y Phainon se despidieron al mismo tiempo con una sonrisa nerviosa y falsa, para luego echarse a correr hacia la salida.

-Estos dos...- Murmuró Solmifare, para luego mirar a las otras hadas. -¡El resto se queda aquí!-

-Esperen, ¿y Mem?- Preguntó Redomi, mirando a los alrededores, las demás hadas también miraron a los alrededores, sorprendiéndose de no encontrarla.

-Se fue...- Murmuró Solmifare, mirando hacia la salida.


Stelle y Phainon estaban corriendo uno al lado del otro, tratando de llegar a Aedes Elysiae lo más rápido posible, no podían permitir que nada malo les pasara a sus seres queridos.

Al llegar a la entrada, se quedaron pálidos y callados al ver a la Marea Negra en Aedes Elysiae, monstros sin fin inundaban el lugar.

-¡Necesitamos encontrar a todos!- Exclamó Stelle, con lágrimas corriendo en sus ojos, Phainon trató de limpiarle sus lágrimas sin palabras, porque él estaba en shock que no podía hablar.

Sin decir nada, empezaron a correr hacia el columpio, el último lugar donde vieron a Cyrene. Pero cuando pasaron por la casa de Phainon, vieron algo horrible, Hieronymus y Audata se estaban convirtiendo en monstros. Su piel se estaba volviendo de un color negrizo, sus ojos estaban blancos sin pupilas ni iris, era una escena horrible, tanto que Phainon empezó a llorar.

-¡PAPÁ! ¡MAMÁ!- Gritó Phainon, lágrimas corriendo en sus mejillas, pero los sonidos que hicieron los dos padres eran aullidos, armas aparecieron en sus manos, así que Stelle agarró la mano de Phainon para correr.

Mientras corrían, el pueblo se sentía mucho más grande de lo normal. Al correr, escuchaban gritos de todos los habitantes del pueblo, como el grito del Doctor Iason, gritándoles "¿¡POR QUÉ HICIERON ESO!?"; el de los niños pequeños del pueblo, "¡PHAINON, STELLE, CREÍA QUE ERAMOS AMIGOS! ¿¡POR QUÉ HICIERON ESO ENTONCES!?"; el de los padres de Stelle, "¡STELLE! ¡¿POR QUÉ TUVISTE QUE ARRUINAR NUESTRAS VIDAS?!"

-No escuches, Stelly, corre...- Susurró Phainon, agarrándole la mano a Stelle.

-Tú tampoco escuches, Phai...- Susurró Stelle, con miedo visible en su voz. -Debemos encontrar a Rene...-

Después de varios segundos más, llegaron al columpio donde debería estar Cyrene, pero ella no estaba, cosa que preocupó demasiado a los dos, quienes empezaron a sudar frío. Pero en la mesa en la que normalmente habrían bocadillos, estaban las espadas de madera de Stelle y Phainon, debido a la situación, ambos tomaron las espadas para defenderse mutuamente. Sus manos temblaban como nunca antes habían temblado, pero su agarre era firme, sus miradas eran determinadas, pero llenas de miedo y tristeza.

De repente, un frío recorrió sus nucas, y al voltear sus cabezas, vieron a un especie de caballero negro con botas doradas, con un casco de igual color dorado oscuro, su espada era de los mismos colores. La espada apuntaba hacia ellos amenazadoramente, los dos también alzaron sus espaditas de madera, pero de manera menos amenazadoras.

-Phainon... Stelle...- Murmuró el caballero de color negro, pero murmuraba de manera errática, pero nada de eso importó, ya que en ese momento de vacilación, Stelle y Phainon corrieron lo más rápido posible para escapar de esta pesadilla, porque, todo esto debía ser una pesadilla. Los padres de ambos están vivos, los niños están jugando en los trigales, las personas están haciendo su vida con normalidad, el cielo era claro de un color azul, y Cyrene... Cyrene estaba escribiendo sus poemas en el columpio al amanecer. Deben despertar... Deben despertar... Deben despertar... Es una pesadilla... Es una pesadilla... Es una pesadilla...

El caballero negro empezó a correr tras ellos, era muy rápido, pero, para colmo, los monstros de la Marea Negra (entre ellos, sus seres queridos) los estaban atacando, rasgándole el hombro a Stelle, revelando su sangre dorada corriendo a través de su pálida piel; Phainon no estaba mucho mejor, ya que su rodilla resultó gravemente herida con sangre dorada. Pero ellos no se dejaron, atacando a los monstros cuando podían, pero se centraban en correr para escapar del caballero de negro, quien prácticamente volaba.

En un momento de descuido, una flecha rozó la nuca de Stelle, y si no fuera porque ella movió la cabeza en ese instante, le abría atrevesado la cabeza. Lamentablemente, solo se precisó ese instante para que los dos cayeran al suelo ensangrentado, para colmo, el caballero de color negro apareció enfrente de ellos, alzando su espada con intención de lastimarlos, o peor, matarlos.

-¡¡NO!!- Stelle y Phainon se cubrieron los ojos mutuamente antes de escuchar esa familiar voz, eso fue suficiente para abrir los ojos, y descubrir la peor escena que podían imaginar: Cyrene si interpuso entre ellos y el caballero de color negro, Cyrene los miraba con sus ojos azules hielos sin brillo alguno, la espada del caballero le atravesó el pecho, sangre dorada brotaba de su gran herida, ella se quedó inmóvil, y con sus últimas fuerzas, murmuró. -N-no lloren... por favor.-

-¡¡RENEEEEEE!!- Gritaron Stelle y Phainon al mismo tiempo mientras veían al caballero tirar el cuerpo de Cyrene sin vida a algún lugar del ahora destruido Aedes Elysiae. Pero no podían permitirse perder más tiempo del que les había regalado Cyrene, así que se levantaron a duras penas mientras empezaban a correr hacia la salida, sin poder permitirse mirar atrás.

Corrieron por lo que parecieron horas, pero que en realidad serían varios minutos. Hasta que ya no podían escuchar la destrucción de Aedes Elysiae. Pero en un momento, Stelle no pudo más, así que cayó hacia delante, pero Phainon logró atraparla en el aire, gritando su nombre, pero se cayó al ver que Stelle tenía sangre dorada por toda su cara, brazos y piernas. Ella no pudo más, se desmayó al instante, pero lo último que oyó fue a Phainon, pidiéndole a gritos que no lo dejara solo, que se levantara.


Poco a poco, Stelle recobró la consciencia, descubriendo que estaba bastante cómoda, en una cama de lo que parecía un hospital. Su mano estaba cálida, y al voltear ligeramente su cabeza, vio a Phainon agarrando su mano mientras dormía, estaba lleno de vendas por su cuerpo. A pesar de la situación (que sabía que no era una pesadilla, por donde estaban y las vendas de ambos), estaba bastante tranquilo.

El movimiento pareció despertarlo, ya que en un segundo abrió los ojos, se quedó callado al ver a Stelle despierta, al segundo siguiente, la abrazó con fuerza, llorando en su hombro.

Se quedaron así durante varios minutos. Stelle le aseguraba que estaba bien, que ya no estaba en peligro, que todo estaría bien si se quedaban juntos.

Se sobresaltaron al oír una puerta abrirse, poniéndose en guardia al instante, pero se quedaron callados al ver a dos figuras mundialmente conocidas: Aglaea y Tribbie, la semidiosa de Romance y la semidiosa de las Sendas. Tribbie las miraba con clara preocupación, mientras que la preocupación de Aglaea era más oculta.

-¿Están mejor?- Preguntó Tribbie con voz infantil, pero preocupación genuina.

-No se preocupen, estamos mejor.- Respondió Phainon, ya que Stelle parecía negarse a hablar.

-Vivieron algo traumático, es normal que no estén bien.- Aseguró Aglaea con voz fría, pero si prestaban atención, era cálida.

Stelle solo le lanzó una mirada a Phainon, y él la miró de vuelta, apretándole su mano.

-Cuando te desmayaste, grité demasiado fuerte, así que Tribbie, Trianne y Trinnon nos encontraron a los dos, y al contarles lo que había pasado, se asustaron y abrieron una puerta para llevarnos a los dos aquí, un doctor nos atendió, y la Dama Aglaea se enteró de nuestra situación.- Explicó Phainon brevemente mientras miraba los ojos sin brillo de Stelle, pero, sin saberlo, él tampoco tenía brillos en sus ojos.

-Ya veo.- Aunque brevemente, las dos chicas escucharon por primera vez la voz de Stelle, aunque sospechaban que pasaría mucho tiempo para volver a escuchar esa voz.

-Pueden quedarse aquí el tiempo que quieran.- Aseguró Tribbie con una sonrisa que trataba de tranquilizarlos, pero no funcionó.

-Nos tenemos que ir ya, pero llámenos si necesitan algo.- Aseguró Aglaea también, mirando a los chicos con una especie de ternura, para luego retirarse con Tribbie del cuarto.

-Siempre estaré ahí para ti, Stelly.- Phainon la abrazó con ternura, aunque notaba que trataba de aguantarse sus propias lágrimas, Stelle no dijo nada, no porque no tenía palabras, si no porque sentía un enorme nudo en su garganta como para hablar, así que ella también trató de tranquilizar a su mejor amigo con un abrazo.

Pueden que hayan perdido todo, pero, al menos, se tenían el uno al otro.