Chapter Text
A Jack la especialidad de urgencias lo había atrapado por completo ya que se sentía como pez en el agua con toda la adrenalina constante de los diferentes traumas y urgencias, la mayor parte del tiempo su entrenamiento militar era de gran ayuda para mantener la calma y adaptarse a todo tipo de situaciones complejas que llegan al ER.
A veces el turno nocturno podía ser muy ajetreado, pero estaba bien para él, aunque hoy tuviera que soportar el doble turno, lo ayudaba a salir del foco de su vida personal. Todo estaba en orden mientras le dejaran atender paciente tras paciente en una marea eterna de diagnósticos. Robby solía torturarlo siempre que podía con que incluso para él el ritmo era demasiado, pero lo que nadie lograba entender es que su cerebro necesitaba apagarse con algo, aunque sea por unas horas.
Porque en cuanto volvía a su casa, al amanecer, los recuerdos y pensamientos intrusivos simplemente volvían una y otra vez. Sin parar.
Por eso también él elegía el turno de la noche, para no tener que estar solo durante el momento oscuro del día y al llegar a casa el brillo del sol inundara cada rincón del apartamento incluso aunque quisiera intentar dormir.
Hoy, no vería ni la luz del día
El turno de hoy prometía ser ajetreado ya que a la hora de haber entrado anunciaron un choque múltiple que involucraba 2 autos y una camioneta familiar. Había al menos 4 víctimas graves y 6 lesionados, suficiente para calentar los motores de la sala de urgencias.
La primer paciente en llegar fue una mujer de 37 años, fractura de clavícula, dificultad para respirar y laceraciones debido a vidrios rotos incrustados en su rostro y cuello. Detrás de ella llegó el siguiente paciente, adolescente de 15 años con traumatismo craneal, buena respuesta a los estímulos pero bastante alterada por el accidente.
Así como ellas, llegaron los demás, con fracturas, contusiones, mareos y laceraciones. No habían dejado nada fuera.
—Falta un paciente más Dana, anunciaron 10 heridos en total. ¿Dónde está el último? — preguntó el Dr. Abbot a la enfermera a cargo, ella se dio medio vuelta con un teléfono en el oído y revisó la información que tenía sobre el accidente.
—Van a demorar unos minutos, el último es el peor, sufrió la peor parte del choque.— Evans siempre lo tenía todo para él, hasta el último detalle.
—Bien equipo, necesito concentración, no pierdan de vista a ni uno solo de ellos ¿okay?. Y no olviden continuar con sus rondas.— ordenó al personal y a sus residentes pero necesitaría manos extra para el último paciente de esta emergencia.
—Whitaker, te quiero conmigo en la puerta de las ambulancias para recibir al décimo paciente, llama a Robby también.
El chico de Nebraska asintió y se fue corriendo a buscar al doctor senior por las diferentes salas de urgencias. Abbot estaba completamente bajo control, echó un vistazo general al piso y rápidamente procedió a buscar un par de guantes mientras se dirigía a la puerta que le daría acceso a la llegada de la ambulancia.
En cuanto el camión con las sirenas encendidas llegó y abrió sus puertas, Abbot supo que sería un desastre. Los paramédicos bajaron al paciente en la camilla y rápidamente comenzaron a trasladarlo hacia el interior. Robby y el residente ya habían llegado y estaban junto a dos enfermeras más.
—Hombre desconocido, aproximadamente 25 o 30 años, los bomberos tuvieron que intervenir para sacarlo del auto. Cuando lo atendimos no respiraba, no sabemos cuánto tiempo estuvo sin oxígeno, lo intubamos y pusimos un collarín. Sus signos vitales se mantuvieron estables en el camino pero tiene múltiples desgarros faciales y edema severo. Hay sangrado activo en vía aérea superior.— la paramédica que encabezaba en la camilla y ayudaba a su traslado comenzó a informar lo más importante del paciente.
—¿Documentos o billetera?— preguntó Robby
—No señor, los bomberos no encontraron nada en la escena, no se lo pudo reconocer por el impacto contra el cristal del auto.
—¿Glasgow?— preguntó Abbot mientras ingresaban a Trauma 2.
—7 y bajando, no localizamos estímulos.— respondió el segundo paramédico.
Al llegar a la habitación en seguida lo trasladaron a una camilla apropiada, los paramédico se retiraron sin estorbar. Las enfermeras comenzaron a organizar lo necesario, siguiendo las órdenes de lo médicos a cargo.
—Whitaker, ¿Qué observas?—. El Dr. Robby incitó al estudiante a hacer su parte.
—Sus signos vitales están en 130, está taquicárdico. ¿Temperatura?— consultó a quien fuera que tomó la temperatura
—34 grados doctor.— contestó Princess.
—Está hipotérmico, su sangre no está coagulando y eso produce que baje aún más su temperatura. Si no le ponemos mantas térmicas sangrará más.— Whitaker hizo un gran diferencial mientras revisaba un gran hematoma subcutáneo en el área de las costillas.
—Comiencen con la transfusión de sangre, administren O negativo hasta saber el tipo de sangre del paciente.— ordenó Robby.
El ventilador mecánico comenzó a pitar y Abbot rápidamente colocó su estetoscopio en el pecho del paciente, primero en su lado izquierdo, luego en el derecho.
—¡El pulmón derecho no está ventilando!— el veterano se movió por la sala de urgencias de un lado al otro para colocarse justo en frente del problema.
—La saturación está cayendo a 85, frecuencia cardíaca subiendo a 140.— exclamó en el bullicio una enfermera
—Una costilla fracturada debió perforar el pulmón, traigan el ecógrafo... ¡Rápido!— Robby puso en palabras lo que Abbot en su mente ya estaba buscando resolver.
Whitaker le extendió la sonda a Abbot y giró el monitor para que pudiera tener una mejor vista. El médico a cargo tenía su usual ceño fruncido pero no parecía perturbado ni un poco, mantenía toda la calma posible para concentrarse en el paciente. Para Abbot, lidiar con la cercanía a la muerte no era más que moneda corriente.
Cuando pasó la sonda por las costillas la pantalla mostró una imagen estática donde debería haber aparecido movimiento.
—positivo para neumotórax, no hay deslizamiento pulmonar. Si no lo descomprimimos entrará en paro.— advirtió Abbot, devolviéndole el equipo al residente.
—¿Pedimos placa de rayos X?— preguntó Princess
—No hay tiempo, necesito ya mismo un kit tubo cutáneo, bisturí del 10 y un sello de agua.— exigió el veterano.
Mientras las enfermeras traían lo solicitado, Princess y Whitaker comenzaron a deshacerse de la ropa cortada de la camiseta del hombre, dejando su torso completamente al descubierto. El residente limpió la zona que debía ser intervenida con yodo y dio un paso atrás para dejar pasar al doctor Abbot con el bisturí en mano.
En cuanto él se dio vuelta con el escalpelo, vio el panorama completo. Un hombre moribundo en la camilla de su sala de emergencia, con la cara cubierta por el tubo que respiraba por él y laceraciones por todas partes. Aunque se podía apreciar en algunas partes de su cuello que tenía pecas, muchas.
Cuando tuvo el filo del bisturí rozando su piel, algo le llamó la atención. Al levantar un poco la vista, él pudo ver que el desconocido tenía un tatuaje en la parte alta de su hombro derecho, antes cubierta por lo que le quedaba de ropa.
El tatuaje le resultó familiar, se trataba de un animal, más parecido a un zorro de un naranja pálido. Un segundo tardó en que su mente hiciera clic.
Se trataba de un jackal, más específicamente. Un animal muy particular, si alguien le preguntaba. De pronto sintió que ningún músculo de su cuerpo iba a moverse, estaba atrapado allí. Escuchaba una clase de pitido lejano y no muy claro, la mano que sostenía el bisturí no hacía más que temblar nerviosamente, arriesgando que en cualquier momento cortara la piel del paciente.
—Dr. Abbot, ¿se encuentra bien?.— preguntó Whitaker. La pregunta nunca llegó a sus oídos, se perdió en la inmensidad de la sala de emergencias.
—¡Jack!— Robby lo sacudió, alejando el escalpelo de la piel amoratada. —Tierra llamando a Abbot, ¿Hola?.
Sus ojos se levantaron, fue en un movimiento lento y con letargo, pero se encontró con la mirada más que preocupada de su amigo y médico.
—Whitaker, sigo yo con el procedimiento, dame otro bisturí y más yodo.— Robby dio la orden y en seguida fue ejecutada. —Princess, lleva al doctor Abbot a otro lugar para que recupere la compostura, por favor.
La enfermera rodeó la camilla para pararse al lado del Dr. Abbot y con una gentil mano en la espalda lo guió hacia afuera, donde el bullicio era aún más fuerte, distinto. Pasaron por la estación central de las enfermeras y Dana los vio. Dana no pudo evitar involucrarse.
—¿Qué ocurrió ahí dentro, falleció el desconocido?.— indagó ella mientras seguía el ritmo de los otros dos.
—No, él estaba por descomprimir al paciente para salvar su pulmón y se quedó totalmente paralizado. Robby lo sacó de ahí y siguió él.— Princess la puso al tanto, aunque Dana frenó en medio del pasillo y la miró preocupada.
—Yo me encargo de él, vuelve con el Dr. Robby.— la enfermera le hizo caso y dejó al veterano con Dana.
La enfermera a cargo lo llevó a una sala de urgencias vacía y pasó el seguro, al menos por 10 minutos no serían molestados.
—Dana, yo... estoy bien, no es para tanto, no es como lo cuenta Princess— Dana frenó la excusa mediocre que el médico estaba a punto de darle y lo miró con su usual mirada inquisidora. Él supo que ella no lo dejaría ir tan fácil.
—¿En serio Jack? Te vi salir de Trauma 2 y no eras tú mismo, soy vieja pero no ciega.— ella tomó asiento en la camilla vacía y limpia detrás suyo, Abbot la miraba serio y se apoyó en la pared frente a ella.
El doctor de emergencias bajó la mirada y cruzado de brazos respiró hondo. Se sentía como en un adolescente atrapado en un interrogatorio, no le agradaba que le pidieran explicaciones.
Comenzaba a pensar que tendría que contar lo sucedido o nunca volvería a la sala de urgencias, donde los pacientes esperando por él nunca acabarían.
—No fue tan grave como se vio, —comenzó diciendo Abbot. —solo creí haber reconocido al paciente como un viejo amigo de la milicia y por su estado al llegar creo que no sobrevivirá.
Dana escuchaba, siempre lo hacía, aunque no estuviese dentro de su nómina. Ella se levantó de la camilla y caminó hasta Abbot, aún con su cara un poco severa.
—¿No estás seguro de que sea quien crees?
—No, no realmente. Su rostro no está del todo reconocible por el accidente y no trae documentación ni tratamientos previos aquí. Podría ser cualquiera. — Jack metió sus manos en los bolsillos, señal de que no sabía qué hacer con ellas.
—Entonces, ¿Qué te hizo pensar que podrías conocerlo?, tú mismo dices no saber quién es. ¿O hay algo más en él?.— Dios, odiaba que Dana fuera tan perspicaz. Ella lo sabía, lo leía cuando él mentía.
Negó con su cabeza y se acercó a la puerta, ya estaba calmado como de costumbre y más que listo para ver a sus pacientes. —Tienes razón, no sé quién diablos puede ser ese hombre.
Abrió la puerta y se fue, entrando al usual bullicio de emergencia. Dana se quedó parada mirando cómo Abbot había enterrado completamente lo que le había sucedido en un santiamén. Si ella había tenido una sola oportunidad de que él se abriera, la enfermera la había perdido.
