Actions

Work Header

Sólo por volverte a ver (¡Toma mi mano!)

Summary:

¿Qué pasa cuándo lo das todo y no recibes nada?

"Solo con portarse bien y esperar pacientemente por algo … no significa que se pueda conseguir lo que uno quiere"

El Embaucador Más Atroz de Todo el Valhalla, no contó con que aquel que se convirtió en su rival en combate, el cual despreció y aborreció incluso antes de conocer, tendría la sutileza, la gentileza de acercarse y tomar su mano hasta que se desvaneció.

“Yo... nunca confundiré... el dolor de quitar una vida.”

Lo último que pudo apreciar del entorno fue como el sujeto se arrodilló a su costado. Al final, todo se tornó negro y la vida de Loki culminó.

Al menos hasta que los humanos reclamaron la victoria.

¿Qué pasaría si Simo Häyhä hubiera sostenido la mano de Loki en lugar de incarse en señal de respeto?

Notes:

Es la primera vez que escribo algo, perdona tan horrorosa introducción :))

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

El amor puede eclipsar la mente y el corazón de quien lo posee. Te guía a tomar buenas decisiones o por lo contrario, optar por cegarte y lastimar a otros. Quizás pueda darse en el primer amor, al ser el más inocente, lo único que anhelas es ser correspondido.

No importa los métodos que realices para lograrlo. Sin embargo, llevarlo a tales extremos haría que la persona de tus afectos, te rechacé sin miramientos. Este punto, ya se puede considerar una obsesión. Pero ¿quién lo dicta?

¿Qué pasa cuándo lo das todo y no recibes nada?

"Solo con portarse bien y esperar pacientemente por algo … no significa que se pueda conseguir lo que uno quiere"

Loki el Dios del Engaño nunca había recibido algo de alguien, siempre fue una deidad temida y rechazada, pero cuando la chispa de amor iluminó su soledad, lo que obtuvo fue un rechazo no verbal. Ver a la radiante luz de su vida sonreír para alguien más con sentimientos románticos fue el punto de quiebre.

La ira, los celos y el rencor, solo lograron llevarlo a su perdición. Aunque al final y pese a todo, su amor fue el más puro y loco regalo que le otorgó a su amada para que se llevara la victoria. Desde el inicio, supo cuáles eran los planes de tan encantadora y falsa tristeza que se posó ante él, con la manipulación arraigada en su suave voz hizo una petición.

“Por favor, de todo corazón… ¿podría participar en la siguiente ronda?”

No pudo sentir más que rabia y frustración. ¿Realmente estaba dispuesta a todo por recuperar a su amado? ¿Matarlo no le provocaba la más mínima pizca de remordimiento?

“Ya veo… deseas tanto salvar a Siegfried como para… rebajarte a esto.”

Sin levantar la mirada del suelo, la chica continuó.

“No importa cómo… pero… debemos ganar a toda costa el próximo combate.”

“¿Estás pensando en matarme?”

Por supuesto que su rostro afligido no lo engañó.

“He elegido a un luchador que puede ganarle en el 11° combate… por favor… solo de esta manera…”

Él le pidió que se levantara.

“Te lo digo desde ya, no pienso perder tan fácilmente…”

“Claro que no…”

“Si tanto lo deseas, participaré." Su semblante sombrío cambió rápidamente a uno juguetón.

"¡Es una broma! En realidad, ya estaba decidido que yo sería el próximo participante.”

Por supuesto que Loki aceptaría, ¿qué más le quedaba? Ya había vivido con la ausencia de la interacción social, el recelo del Panteón Nórdico y la indiferencia de los demás dioses. Gran parte de su existencia se dedicó a eliminar la podredumbre de los cielos, así que su mirada endurecida no reflejaba su eterna melancolía y su apariencia solo incitaba al rechazó total.

Entonces, ¿por qué no aceptar la petición de su gran amor? Era sencillo, ella le pedía que muriera. Había elegido a la persona correcta capaz de acabar con su "patético" intento de vida y necesitaba fervientemente que él, como el amigo que fue, pudiera acceder. Solo le podía suplicar al Señor Loki por la cercanía que una vez llegaron a tener.

Esto lo complació y enfureció de sobremanera. La encantadora Valquiria, que hasta ese momento no le había dedicado ninguna de sus miradas, por fin le dirigía la palabra e incluso le rogaba hincada que le ayudará. La frustración se apoderó de él, aunque era consciente de las consecuencias implícitas en esa petición, no dudaba de la destreza e inteligencia en combate que poseía.

...

Dentro de sus aposentos, se desquitó con todo lo que pudo. No era totalmente sumiso a la hermana mayor de las Valquirias, por eso no podía permitirse perder y morir aunque eso estropeara los planes de su amor.

Aunque… dentro de sí, sabía que moriría. Solamente no quería admitirse a sí mismo. Le daría cualquier cosa que ella deseara, no importa que, incluso si era su propia vida. Después de todo, su magnífica sonrisa esclareció su alma y su inmenso amor no hizo más que seguir creciendo.

Su único arrepentimiento fue no declarar cuánto la amaba.

En los últimos instantes de vida, Loki sonrió. Estaba satisfecho, como último acto logró hacer feliz a la dama que se adueñó de su corazón. Sin embargo, estando postrado en la cómoda nieve de aquel escenario que se apoderó de su muerte, sintió una inmensa desolación.

Siempre fue un alma solitaria, y al parecer, se iría igual. No obstante, El Embaucador Más Atroz de Todo el Valhalla, no contó con que aquel que se convirtió en su rival en combate, el cual despreció y aborreció incluso antes de conocer, tendría la sutileza, la gentileza de acercarse y tomar su mano hasta que se desvaneció.

Quedó incrédulo.

Quizás Loki no comprendió, ¿por qué aquel sujeto se tomó tal molestia? Ni siquiera intercambiaron palabras.

A decir verdad... un recuerdo surgió, le había gritado algo.

“Qué lástima por ti, pero... yo... yo... yo aún no puedo morir aquí. Por eso... ¡mueres tú!”

"¡Vaya imbécil! El que terminó pereciendo fue él mismo." Pensó con frustración y resignación.

Por lo que él pudo recordar, aquel sujeto nunca emitió sonido, más que el sutil movimiento de sus pasos. Es inquietante, él realmente quería saber cómo había descubierto su engaño.

No… no… si había hablado. La adrenalina del momento y sus pensamientos sobrepasados lograron captar algo que dijo.

“Yo... nunca confundiré... el dolor de quitar una vida.”

¿Cómo podía afirmar semejante invención? Él era un humano, no poseía más que su increíble convicción, astucia e inteligencia. ¿Es acaso otro de los dones otorgados a los humanos en vida? Y si es así, ¿qué particularidad posee?

Es irrelevante pensarlo, estaba a punto de desaparecer.

Lo último que pudo apreciar del entorno fue como el sujeto se arrodilló a su costado. El leve destello de compasión en los ojos azules del hombre lo desconcertó.

¿No era sólo compasión? ¿Por qué parecía que estaba llorando? Estaba perdiéndose en la inconsciencia y la alucinación.

Como último acto, levantó lo que quedaba de su brazo intentando borrar aquel sentimiento agrio en la expresión del muchacho.

No deseaba ver de nuevo aquellos zafiros inundados de tristeza.

Al final, todo se tornó negro y la vida de Loki culminó.

Al menos hasta que los humanos reclamaron la victoria.


《》

Se dictó qué se les concedería un deseo a los vencedores. Todos debían llegar a un acuerdo mutuo que beneficiará al equipo. Un grupo proponía que los dioses nunca más volvieran a opinar acerca de los asuntos de los humanos.

En su lugar, los vencedores se harían cargo de tal labor. Por su parte, los restantes sugirieron que sería mejor traer de vuelta a los caídos en combate, se les debía reconocer su mérito. Concluyeron, que la mejor opción era la última y eso decidieron.

Entonces la voz que se reveló contra los dioses habló.

—¿Dejaremos también que los dioses que perdieron regresen?—dijo el hombre algo desinteresado acomodándose el parche del ojo. Aparentemente, era una pregunta insignificante pero que cargaba con un gran dolor emocional y una leve anhelación.

—Opino que debería ser igual, no todos los dioses fueron una molestia —Okita Souji no admitiría que deseaba internamente volver a combatir contra el Dios de las tormentas. Sin embargo, no pudo evitar que su comentario revelará sus verdaderos pensamientos.

—Estoy de acuerdo con el joven muchacho, para mi también sería un gran deleite volver a reencontrarme con tan magnífico Dios —Para nadie era un secreto que la persona que más deseaba un reencuentro contra su contrincante era Jack el destripador.

—¡Vaya! Los veo muy emocionados por esta nueva propuesta. Pero, ¿qué hay de los demás? —Buddha miró a los cuatro restantes con aparente curiosidad.

Él único que no había participado habló primero.

—A mi me gustaría seguir indagando en algunos asuntos —río mientras se acercaba al espadachín vencedor de la primera victoria humana—. Además sería muy gracioso ver la expresión de Poseidón al darse cuenta de que perdió. ¿No es así, Kojiro?

El mencionado tosió y desvió la mirada algo incómodo.

—Creo que sería mejor no tentar a la suerte, solo es cosa de mantenerse alejado y todo estará bien —regresó la mirada con serenidad—. Por mi lado, no hay problema.

Nostradamus solo siguió riendo mientras pellizcaba el hombro de Kojiro.

—Causar problemas es lo más emocionante, además después de nuestra victoria habrá mucha tensión y es algo de lo que pienso aprovecharme —Grigori Rasputín fue quién coronó a la humanidad con la victoria, por ende, era el más eufórico con toda la situación. Claramente apoyaba la idea de Nostradamus con alborotar el tranquilo recinto del Valhalla.

—Ustedes de verdad son un peligro, pero no pienso detenerlos —Buddha rió por lo bajo mientras quitaba la envoltura de un caramelo. Luego, se dio cuenta de que había solo un participante que no había pronunciado palabra—. Pequeño, ¿no dirás nada?

La muerte blanca, desde el inició de la reunión no prestó atención. Cuando Buddha le dirigió su duda, no pudo evitar sobresaltarse.

¿También deseaba que los dioses caídos en batalla regresaran?

Para él, algunos mostraron respeto y dignidad cuando cayeron. Otros, siempre mantuvieron su actitud arrogante e intolerante. Pero no le importaba, ya que nunca hablaría con ninguno.

Simo Häyhä siempre fue un alma pacífica y distante. Su única compañía y la que más atesoraba era su fiel amiga canina: “Kille”. Una raza de perro de osos de Carelia, que lo acompañó en su vida. Fue y es su amiga más leal, con la cual tiene un vínculo emocional.

A primera vista parece un hombre frío, silencioso e insensible. Una persona estoica que se mostró imperturbable durante todo su combate, nunca reaccionó, ni dijo nada cuando Loki el Dios del Engaño se burlaba en la batalla.

Dio la imagen de sensatez, incapaz de perturbarse. Se desarrolló con maestría en su combate, dejando una impresión admirable a todo aquel que presenció su batalla. Pero esto es muy superficial. Nadie sabía que en realidad “La muerte blanca” era un alma de lo más compasiva. A pesar de ser un sujeto de pocas palabras, sus acciones hablaban de él.

El defender su patria, incluso con el dolor emocional que contrajo su primer asesinato, fue un acto heroico. Simo, no pudo conciliar el sueño después de tomar la primera vida. Era incapaz de soportar la mera idea de matar una persona.

Desde entonces, dejó de dormir y soñó con pesadillas que perturbaron su paz. Mientras que los soldados festejaban al fuego de la fogata, Simo se hundía en su miseria y pedía perdón a todas aquellas almas a las que les arrebató la vida.

Sin embargo, cuando una bala perdida rebotó y le atravesó la mandíbula vio su dolor como una forma de salvación. Una expiación de sus pecados por la terrible e imperdonable acción de matar a un ser humano. Esa fue la razón por la cual se retiró, justo una semana antes de que terminará la invasión. Aún con ello, su sufrimiento y culpa no se desvanecieron.

Entre esas interminables y sofocantes noches oscuras de insomnio, solo podía orar por el perdón y culparse hasta el cansancio. Hasta que en una de sus muchas caminatas, encontró la pieza de un rompecabezas que no sabía que existía y que alivió la pesada neblina de su tormento.

Nunca imaginó lo pronto que esa tormenta volvería azotar la paz que le fue otorgada, internamente, solo por un instante deseaba que no terminara. Era el precio que debía pagar, él no merecía nada bueno que el universo quisiera ofrecerle.

Solo su penitencia.

Y ahora se encontraba siendo observado por todos. Simo Häyhä, era un hombre de mediana estatura, que vestía con un grueso abrigo de invierno largo con capucha, guantes y un par de botas laponas. Su rostro estaba cubierto en gran parte por una polaina de lana, dejando solo sus ojos al descubierto.

Los observó con total serenidad.

—No hay problema —fue lo único que dijo y apartó la mirada. Nadie se sorprendió, hasta ahora no había articulado más que tres oraciones.

Al igual que todos, Simo internamente deseaba lo mismo que los demás.

Jamás se permitiría ser tan honesto, ni con él, ni con nadie más. Pero, en su combate él pudo observar y percibir más allá de lo humanamente posible. No es casualidad que todos los participantes humanos tuvieran un don especial.

Entendió tan perfectamente los sentimientos y emociones de su contrincante, que lo aterró. Su empatía emocional fue tan asfixiante que al final no pudo evitar caminar hasta el Dios y tomar su mano. Tal vez, y solo tal vez, deseaba no haberlo hecho. La verdad cruda que se reveló ante él lo hizo afligirse. Su concentración fue tal, que muy tarde se dio cuenta de a quién le había arrebatado la vida. Nunca tendría descanso.

Pero ahora se presentaba la oportunidad para pedir perdón. No tenía porque hacerlo, después de todo estaba defendiendo su patria y el adversario parecía tener sus propios motivos. El detalle se encuentra en la superficie: “parecía”. Lo más doloroso es darse cuenta de la terrible y abrumadora verdad.

Buddha observó el pequeño destello de incertidumbre y dolor en los ojos del francotirador, pero no mencionó nada. No le incumbía.

—¡Muy bien! Con esto hemos llegado a un veredicto. Aunque… uno de ustedes no este presente debido a su estado, se ve que es un sujeto increíble y seguro accedería —Buddha habló de Qin Shi Huang quién desde su combate había quedado en un estado crítico.

Incluso con todo el tiempo que transcurrió desde entonces, ya no se encontraba en estado grave, pero a diferencia de su Valquiria Alvitr quién despertó tan pronto como su cuerpo mejoró, El Gran Emperador de China seguía sin mostrar indicios de despertar. Todos esperaban su pronta recuperación porque confiaban en su gran fortaleza mental y su fuerza de voluntad.

Con un tono fuerte y entusiasta para disolver la cortina de seriedad impuesta por el estado de su amigo, Buddha aclaró otro punto.

—Pediremos que tanto humanos como dioses regresen con nosotros. Pero, vamos a exigir que se ponga en marcha la primera propuesta. No podemos dejar que esas momias sigan tomando voz sobre lo que le conviene a la humanidad.

—Estoy totalmente de acuerdo, mi amigo parchado — Michel se paró en el centro—. Esos infames dioses se creen lo mejor y piensan que tienen derecho sobre nosotros. Les hemos demostrado de lo que somos capaces y que nunca nos rendiremos. Ya los superamos, no los necesitamos más. Aunque, sería divertido entrometernos con el sistema que hay aquí, ¿no les parece?

Kojiro y Jack solo negaron la cabeza con pesadez, ya había sido demasiado con todo el tema del Ragnarok. Solo deseaban poder tener un momento de tranquilidad y desenvolverse en otro ambiente.

Los demás asintieron emocionados, causar estragos a su paso por el Valhalla sería un buen escarmiento, no más dioses entrometidos y dictadores.

Simo solo quería irse. Había recordado demasiado, necesitaba un paseo. Pero al escuchar que ahora debían reunirse con las demás deidades para el veredicto final, tuvo que resignarse y aceptar la tarea que se le impondría. ¿Esto podría mejorar?


《》

Debido a que los humanos se coronaron con la victoria, los dioses no se encontraban del mejor humor. Peor aún, la ira de Odín fue tal que destruyó más allá de la arena de combate y todo lo que hubo en su paso.

La duodécima ronda había sido la más exasperante por todo lo que implicó. Ese humano le dio muchos problemas, estuvo a punto de revelar sus verdaderas intenciones respecto al Ragnarok y terminar con todo, sin embargo durante la pelea por un instante ante él se reveló una verdad absoluta.

Su metódico plan que se veía frustrado por esa desagradable Valquiria y aquel que escogió para su perecimiento, brilló con mayor sabiduría ante él. Su primera confabulación en algún punto atraería la atención de los más perspicaces y por ende la guerra explotaría una vez más. Era una idea más efectiva y de rápida solución, pero después de tantas insolencias y atrevimientos, al ser un Dios no pudo evitar querer imponer un escarmiento. Esto podría ser más entretenido y vengativo, después de todo la paciencia era una de sus más grandes virtudes.

Estaba más que claro que su victoria sería inevitable, así que extender más su objetivo no sería un problema, le ayudaría a resolver algunos detalles que se le habían salido de las manos. Después de todo, él indudablemente sería el vencedor.

Le demostraría a Brunhilde que su arrogancia y atrevimiento por desafiarlo le traería una enorme tormenta de sufrimiento, pensar en que podía derrotarlo y acabar con él sería su ruina. Tomaría más tiempo llevar a cabo aquel siniestro propósito pero valdría la pena. Al fin de cuentas, deleitarse con la desolación y miseria provocada por la humillación que podría causar era un plato que no deseaba menospreciar.

Así que, sin más dejó que los eventos del Ragnarok siguieran su curso y no se entrometió más. Sabía cuál sería el resultado y con eso se marchó, no sin antes dirigir su mirada a su adorada enemiga.

El juego volvería a comenzar y esperaba que su oponente moviera una vez más sus piezas.


《》

Dentro de un gran salón, las Valquirias estaban expectantes. El líder de las deidades, mostraba un ceño tranquilo pero por dentro hervía de la rabia. No toleraba la derrota. Pero qué podía decir, en su propio combate quedó claro quién fue el vencedor.

Aún así, las Valquirias que formaron un vínculo con cada contrincante estaban exigiendo una petición.

—Honorables dioses, mis hermanas en pie y yo exigimos una petición —habló con firmeza la primera de ellas.

—Ah, ¿sí? Entonces, dinos qué es lo que quieren —se alzó la voz molesta de Adamas.

—No deseamos más problemas, altezas. Sin embargo, nuestra petición es más que válida —Radgridr la octava hermana se posicionó con tranquilidad a lado de su hermana Brunhilde.

—Lo que queremos pedir es en beneficio de los humanos elegidos. Sabemos cuál será su deseo y que no se permitirán el egoísmo. Por eso, queremos hacer algo para recompensarlos —Hrist inclinó la cabeza en señal de respeto.

—¡Vayan al grano! —bramó Adamas quién perdió la paciencia muy rápido. Sin embargo, un dios le tomó el hombro con sutileza.

—Perdonen los arrebatos del señor Adamas, por favor continúen —Hermes siempre impasible reverenció ante ellas.

—Nuestra petición requiere de su buena voluntad, debido a que deseamos que ustedes los dioses den una recompensa a su contrincante por el gran esfuerzo desempeñado —Brunhilde alzó la mirada impasible directamente a Zeus.

En el gran salón comenzaron los murmullos positivos y negativos. Quedó muy claro que esta exigencia no les dio una grata euforia.

—¿Por qué deberíamos hacer caso a sus molestos deseos? —Adamas ya exasperado continuó—. Nosotros también perdimos aliados en estos absurdos combates, ¿no merecemos lo mismo también?

Antes de que siquiera se pronunciara una respuesta, la voz de otro Dios se alzó.

—Como ganador de mi ronda, me muestro a su favor bellezas —Apolo quién portaba una gran cicatriz en el rostro se levantó de su asiento—. Los humanos demostraron su coraje y valentía al enfrentarnos. Nunca se dieron por vencidos y eso los convierte en seres más que dignos de respeto y honor. Criaturas magníficas merecedoras de prestigio.

Algunos de los presentes vieron la efusividad de Apolo como algo deshonroso, pero él tan acostumbrado ni siquiera se inmutó.

—Y pensar que ni siquiera deseabas participar en el enfrentamiento —Zeus le miró con una ceja levantada—. Aunque me molesta de sobre manera la derrota, podemos llegar a un acuerdo.

No podía negarse, estaba acorralado. Era consciente del respeto y admiración implantados en la mente de algunos dioses por sus contrincantes al enfrentarse. Sabía que si iniciaba una votación sobre esta exigencia, muchos de ellos levantarían su mano a favor. Realmente estaba considerando darle fin a este tipo de reuniones.

— Padre Zeus, ¿enserio accederás tan fácilmente? —Ares no tenía malicia en sus palabras, sin embargo no era común que su padre accediera a peticiones y menos si no le beneficiaba.

—Seguramente ya tiene algo en la cabeza —Belcebú siempre claridoso intuyó que Zeus planeaba algo.

—Más le vale que no dañe a nadie, viejo —Shiva estaba expectante—. Todo el mundo sabe de tus artimañas.

—¡Me ofendes joven! Pero, por esta ocasión lo dejaré pasar.

Por supuesto que Zeus tenía una prioridad más relevante. Quedó claro que le disgustó de sobremanera la victoria de los humanos pero existía un conflicto más presente en su mente. La respuesta de Odín al resultado del Ragnarok.

Sabía que él esperaba mucho la victoria y las consecuencias que traería. No era claro para el Dios del Rayo cuáles eran las intenciones ocultas de su contraparte nórdica, sin embargo notó ciertas actitudes diferentes en el Dios que lo hicieron dudar.

Esperaba una reacción violenta y destructiva después del triunfo de los Einherjar, pero esté solamente se limitó a mirar e irse al final de la decimotercera batalla. Era vistosa su prepotente actitud al iniciar su ronda, no dejaba de adular y presumir del suntuoso poder que poseía. No obstante, el joven peleador Kintoki Sakata logró presionarlo innumerables veces al punto de hacerlo perder la paciencia. Incluso borró la sonrisa del engreído rostro de Odín orillando a este a tomarse más enserio el combate.

Al llegar a la culminación del enfrentamiento su mirada se distanció del espacio que lo rodeaba por un instante. Cuando volvió en sí, dejó de divertirse, su defensa y ataque se tornaron violentos acabando con la vida de su antagónico; quien pese a todo nunca dió su brazo a torcer.

El recuerdo fue interrumpido por el reproche y escándalo de su hermano mayor.

—¡No puedo creerlo! de verdad permitiste que estas mustias cumplieran sus de… — Adamas no terminó de hablar, cuando fue casi golpeado por el martillo de Thor, que terminó estrellándose en un gran ventanal.

—¡Basta! Esa es la voluntad, cierra la boca —Sentenció Thor con la mirada amenazante. El otro dios solo se sentó molesto, dejando un silencio incómodo. Para romperlo, alguien más sensato tomó la palabra.

—Entonces Padre Zeus, ¿qué acuerdo sugiere? —Hermes miró de reojo.

—Ya que estas bellas damas desean que nosotros les concedemos un favor a los ganadores. Deberá ser igual por la otra parte —sentenció seriamente sin mostrar su usual actitud desvergonzada.

—Espere, lo que está tratando de decir es que los vencedores del Ragnarok tienen que conceder un deseo a los Dioses que perecieron ¿es correcto? —Hlökk chilló, la undécima hermana no pudo evitar la conmoción.

—¡Vaya!, por supuesto que eso era lo que planeabas anciano —Shiva miró con duda a Zeus quien tenía una gran sonrisa.

— ¿Por qué no podemos exigir lo mismo? ¿Acaso hay alguna preferencia por parte de las Valquirias?

El recinto quedó en un inmenso silencio. Lo que se habían planteado era que los dioses se negarían a la petición, sin embargo nunca imaginaron que se convertiría en un intercambio.

Zeus al perder, no se quedaría tranquilo.

— Por supuesto que no, Dios Zeus. Es solo que no esperábamos que deidades como ustedes que poseen todo buscarán un beneficio —Brunhilde dijo con un tono irónico y a paso firme caminó hacia la dirección del dios, seguida por su hermana Göll—. Le recuerdo que el Ragnarok se llevó a cabo para mantener la supervivencia de la humanidad. Ustedes ni siquiera deseaban formar parte de este evento.

Al hacerse notar la renuencia de aceptar tal petición por parte de los Dioses, la hermana menor decidió interceder.

— Lo que mi hermana quiere decir…es que para exigir lo mismo, ¿qué querrían los dioses de los humanos? —Göll se aferró temblorosa al brazo de su hermana mientras dirigía sus palabras titubeantes a las deidades.

Hermes que siempre se mantenía neutral a las situaciones cotidianas en el Valhalla le contestó amablemente.

—Te sorprendería mucho saber las fechorías de los dioses —Todos sus semejantes lo miraron amenazadoramente.

Zeus ya hartó de todo lo que tuviera que ver con el Ragnarok, intentó inútilmente terminar la reunión.

— Entonces, ¿qué deciden? Usted… —antes de terminar fue interrumpido tajantemente por la valquiria mayor.

—¿Todos los dioses desean lo mismo? ¿Desean obtener un favor de los humanos?

Se plantó un silencio insondable, puesto que nadie negaría ni admitirían nada. Entonces Belcebú quién también estaba cansado de esta problemática se levantó y declaró.

— Para que un trato sea justo, debe existir la equivalencia. Al tratarse de una negociación ambas partes deben ser beneficiadas, así que si lo desean, tanto ustedes como los dioses deben dar para recibir.

Antes de siquiera obtener un tiempo para analizar la situación, la puerta se abrió estrepitosamente revelando a los mencionados.

— Que bueno que nos quedamos atrás de la puerta para escuchar todo, ¿no lo creen? — Nostradamus fue el primero en cruzar el portal y el primero en hablar.

— Es de mala educación entrar en los sitios sin tocar la puerta —Jack siempre tan educado y refinado retiró su sombrero en señal de respeto.

— Qué más da, la reunión también nos incumbe al ser el tema de conversación —Grigori Rasputín un hombre de mediana edad y una alta figura, siguió a su nuevo mejor amigo al centro de la habitación junto a las Valquirias.

— Perdonen esta grata interrupción pero hemos terminado nuestra productiva charla y hemos venido a decretar nuestras peticiones. No pudimos evitar escuchar su discusión tan emotiva sin dar nuestra grandiosa opinión — Nostradamus con una jovial convicción se dirigió hacia ellos con total sarcasmo.

—Es muy simple, gracias a nuestro amigo Buddha, además del deseo concedido también queremos exigir un mandato —Su amplia sonrisa solo sorprendió más aquellas deidades que miraban muy atentos—. Después de todo, buscamos un beneficio mutuo.

Para los dioses que solo se dedicaban a observar, esta situación se había convertido en un circo muy entretenido.

—Es gratificante saber que han tomado una decisión, sin embargo ¿qué les hizo pensar que podrían exigir más de lo acordado? —Zeus al ser el representante de los dioses, caminó muy seguro de sí mismo hacia ellos.

Nadie podía creer el atrevimiento que los mortales estaban plantando, algunos pensaban que se debía a la arrogancia adquirida por coronarse con la victoria, pero a pesar de todas estas suposiciones, la realidad iba más allá de su entendimiento.

—El vencerlos nos ha dado nuevos parámetros para exigir que se corrija el ambiguo sistema de votación que tienen al decidir si la humanidad es perdonada o no —Jack soltó con sorna mientras se acomodaba su sombrero y continuó—. Ustedes parecen pensar que están absueltos de cometer errores por ser Dioses pero… toda su soberbia los llevó a este punto.

—El mando, la autoridad y el poder sobre la humanidad han cambiado de bando — Buddha sostuvo su arma divina de “Los Seis Reinos” con total seguridad y apuntó en dirección de los que se hacían llamar justos—. No aceptaremos objeciones, han demostrado su precaria capacidad para manejar el reino de los mortales.

—¡TÚ MALDITO TRAIDOR! ¡COMO TE ATREVES! —Adamas gritó furioso. Tanta insolencia era inaceptable.

—Opino que nos tomemos esto con calma —Hermes sostuvo con una fuerza impresionante el brazo de Adamas y evitó que desquitara su furia contra un Buddha totalmente imperturbable—. Me disculpo por el carácter impulsivo del señor Adamas, sin embargo lo que están exigiendo va mucho más lejos de su entendimiento. Midgard es un reino con una extensión de territorio inmensa, es por eso que se dividió y se repartieron los diferentes dominios a los distintos panteones del Valhalla.

Los presentes oyentes mantuvieron la atención muy minuciosamente, puesto que cualquier error pronunciado podría jugar en favor de cada bando.

—Los seres humanos son una especie salvaje, destructiva y violenta por naturaleza, sino lo creen, simplemente deberían remontarse a todos los puntos de inflexión en su historia. Las guerras comenzaron por discrepancias políticas de quienes poseían el poder y querían imponer su voluntad, usando a su pueblo para librar batallas que no deseaban enfrentar. ¿Cuántas almas inocentes pagaron el precio de tales atrocidades? Todo esto, entre otras fechorías, se mantiene vigente —Zeus mostró una enorme sonrisa de superioridad que se borró cuando alguien le respondió más seguro de su respuesta.

—¿No se está mordiendo la lengua, anciano? —Okita no pudo evitar señalarlo con su dedo y soltar una carcajada que fue seguida tanto por algunos de sus compañeros como por otros dioses.

Zeus y Ares mostraron una mueca de disgusto por tal comentario, hasta que otro individuo más inteligente decidió cambiar el rumbo de la situación.

—Si lo que están exigiendo es tomar la autoridad sobre Midgard, en el supuesto caso que se acceda a esta petición, no podrán manejarlo por ustedes mismos —Belcebú, El Señor de las Moscas llamó la atención de todo aquel que se encontraba en el gran salón, muchos de los dioses no estaban de acuerdo con lo que planteaba, aún así no lo interrumpieron por el falso respeto que profesaban hacía él por haber ganado su ronda—. Algo de lo que ninguno ha sido consciente, es que tanto los dioses necesitan de la veneración de los mortales para no ser olvidados, como estos necesitan de la existencia de una divinidad en la que creer y de la cual reciban una explicación a las desolaciones que lo acongojan. Siempre buscan encontrarle un sentido a todo y no ven lo que hay a su alrededor. Así que, al ser esta una negociación para conseguir beneficios mutuos, será equilibrado.

Muchas de las deidades del lugar quedaron plasmadas al escuchar más de dos palabras del Dios más sombrío y ausente del recinto. Aunque no se sorprendieron de la certeza en su monólogo.

—¿Qué estás insinuando, Belcebú? —la voz incrédula de Ares salió exaltada. La mayoría intuyó la dirección del argumento del Dios de las Moscas.

—Es simple, los humanos no impondrán su mandato… no sin la supervisión de los Dioses —Sentenció indiferente mientras dirigía su mirada a algunas deidades molestas por su intromisión a favor de los mortales.

—Parece que no todos son idiotas — Buddha escupió el palillo de la paleta y le sonrió a Belcebú, el cual, solo desvió la mirada al ser descubierto.

— A ti, ¿quién demonios te dió el derecho a opinar por todos? —Adamas estaba frustrado por tantas insolencias, sin embargo lo que más lo impacto fue la respuesta de su hermano menor.

Zeus soltó una enorme carcajada que incomodó y sorprendió a todos, Hermes que era un absoluto conocedor del comportamiento de su padre, se ofreció a tomar la palabra.

—Parece que podremos hacer una excepción, si los demás Dioses están de acuerdo — Las deidades presentes susurraron entre ellas, otros simplemente alzaron su voz declarando su aprobación. Cuando la mayoría fueron votos a favor, la minoría tuvo que resignarse.

La razón por la que se accedió a tal exigencia, era sencillo de explicar. Muchos de los "inmortales" se encontraban aburridos con toda la situación y sabían que de no aceptar, quizás se crearía una nueva disputa entre Dioses y Humanos. Después de ver el desenlace del Ragnarok, no dudaban de las capacidades de los luchadores mortales.

— Está decidido, se aprobará su exigencia con la condición de que serán asesorados por Dioses que designemos, no les dejaremos tal responsabilidad tan fácilmente. Pero, si comenten un error se les revocará este derecho, ¿están de acuerdo?

Los peleadores a cargo de la humanidad se miraron unos a otros. Habían discutido posibles tácticas de convencimiento, tanto positivas como negativas y al notar la poca renuencia, no pudieron evitar sentirse desconfiados.

—¿Quiénes serán los Dioses a cargo de está tarea? — Kojiro un tanto cohibido, al notar que sus compañeros estaban sumidos en dudas, optó por tomar la palabra.

—Ese será un tema que se resolverá en otro momento, aún hay algunos asuntos más importantes que deben ser resueltos con prioridad. Por ejemplo, la problemática que fue interrumpida con su entrada —Hermes tan sereno respondió cortésmente.

Las valquirias que hasta ese momento seguían en duda, quedaron impactadas con la falta de respeto cuando su hermana mayor río por lo alto.

—Es un trato, pero solamente si ellos también lo desean —Brunhilde se dirigió al grupo de los humanos que ya sabían de lo que se estaba hablando por escuchar tras la puerta.

Ciertamente algunos aún se mostraban dudosos, aceptar una recompensa por parte de los Dioses caídos en batalla lucía como una mala idea, aún así fueron persuadidos por Buddha quién les sugirió que lo guardaran como una moneda de cambio.

No obstante, era un arma de doble filo. Acceder a la negociación implicaba comprometer la voluntad y libertad de sus compañeros caídos en combate, sin poder consultar su opinión. Nadie podría imaginar que podrían pedir los dioses vencedores, si es que se atrevían siquiera a pedirlo. Aún así, existía un recurso oculto que les ayudaría si alguien llegara a ser ventajoso.

Mirándose unos a otros, asintieron en aprobación a la propuesta y con eso se cerraron dos tratos, pero aún quedaba lo más importante.

—Entonces, ya que hemos llegado a esos dos acuerdos, ¿cuál es su deseo? —Hermes muy entretenido con la situación, les recordó el objetivo principal de la reunión.

—Eso es muy simple de suponer y pensando que poseen un cerebro, deben saber cuál es —Rasputín no tenía pelos en la lengua y le encantaba burlarse de los dioses.

Hermes simplemente le sonrió con irritación pero no cedió a la provocación del humano.

—Disculpe la actitud de mi compañero Sr, nuestra petición es que los peleadores caídos de ambos bandos vuelvan con nosotros, dentro de la posibilidad por supuesto —Jack no pudo evitar su emoción sonriendo genuinamente al mismo tiempo que los Dioses se miraban unos a otros afligidos.

—Tenemos un problema con ello —Zeus sin vacilar se dirigió con palabras firmes que sorprendieron a todos—. Si su deseo es que tanto Dioses como humanos regresen del estado "Nifleheim", me temo que ahora mismo es imposible.

Las Valquirias y Dioses entendieron de inmediato, mientras que los humanos no comprendieron la negativa.

—¿Por qué es imposible, viejo? —Okita Souji pronunció con curiosidad la duda que invadió al grupo.

—No hay Dios que sea capaz de "revivirlos" simplemente porque las almas desaparecieron por completo, después de perecer no hay otro lugar al que ir —El Dios de las Moscas les ahorró las molestias a las demás deidades de dar las malas noticias—. Incluso aunque tal hazaña pudiera realizarse los únicos Dioses que podrían siquiera intentarlo ahora mismo están muertos.

La revelación de tal verdad terminó por desmoronar el ánimo del lugar. Las únicas deidades que tenían dominio sobre la muerte eran el Dios Griego Hades y el Dios Egipcio Anubis, aunque si se profundiza en los Dioses que son capaces de controlar el mundo de los muertos, existe otra divinidad: El Dios Griego Thanatos, quién personifica totalmente a la muerte. Sin embargo, lamentablemente para ellos, este Dios llevaba varios años desaparecido e incluso su hermano gemelo, desconocía su paradero.

El gran recinto quedó plasmado de un ruidoso silencio, los humanos no sabían que decir ni que proponer para que la petición se llevara a cabo. Belcebú tenía razón, los únicos que podían ofrecer una posibilidad habían abandonado la existencia.

Pero entonces, entre el silencio reflexivo, antes de que siquiera alguien se atreviera a pronunciar palabra, sintieron una opresora presencia. La calidez que envolvía sus pieles se transformó de un instante a otro en un feroz torrente gélido, aterrorizó a los ignorantes que desconocían la inevitabilidad de la niebla perpetua que no se rinde.

Nadie sabía lo que se acercaba, Zeus miró a Hermes quien con la misma interrogante dejó su semblante tranquilo y con cautela observó los progresivos tintineos de los candelabros. Aquellos espadachines presentes con vehemencia, sostuvieron sus espadas cuando el mal presagio recorrió sus espaldas. Las deidades que permanecían postradas en sus asientos inmediatamente se levantaron con brío y en ese preciso momento los elegantes pasos que se acercaron, quedaron eclipsados cuando las puertas del gran salón fueron forzadas estrepitosamente a descubrirse.

La misteriosa presencia se reveló para la consternación de todos ahí.

—Me temo que… en está ocasión te equivocas, querido Belcebú. Existe un ser poderoso que puede regresar a este plano las almas de aquellos a los que aprecian — Aquella figura que envolvió con su presencia opresora el lugar, se abrió paso con total autoridad—. Y... esa entidad… soy yo.

Todos en el magnifico gran salón quedaron perplejos.