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La primera vez que pudo haber abrazado a Mizi fue cuando aún se encontraban en el Anakt Garden.
Unas cámaras de vigilancia los estaban buscando y pudieron esconderse a tiempo antes de que los encontrarán.
Till quedó recargado sobre una pared, Mizi permaneció al lado suyo, con una mano cubriendo su boca para no emitir ningún ruido que los hiciera liberar su escondite.
Estaba demasiado cerca a lo que normalmente estaba acostumbrado y, por ello, es que se sentía demasiado tenso, con su rostro formando una mueca fruncida, mientras empezaba a sentir como sus mejillas empezaban a calentarse por la vergüenza.
Cuando se dieron cuenta que ya estaban a salvo, ella quiso reírse de la situación.
Pero se obligó a sí misma a reprimir sus carcajadas, teniendo que recargarse en el pecho del peligris para poder controlar su emoción.
Y ese sencillo gesto fue suficiente para que el rojo de su cara se intensificará por todo su cuerpo, al igual que sus latidos que se volvieron apresurados.
Pudo haberla abrazado en ese entonces, pero se sentía tan nervioso que su mano, que se mantenía extendida cerca del cabello rosa de la chica, termino por volverse un puño, al mismo tiempo en que esquivaba la mirada.
Porque por más feliz que se sintiera, ese mismo sentimiento hacía que no pudiera moverse para hacer otra cosa.
Para rodearla con sus brazos con delicadeza, para sentir la calidez que ella siempre parecía irradiar sin importar que, para poder resolver todas las dudas que tenía sobre que se sentiría estarla abrazando al menos por unos segundos.
Pero no logro hacer nada, ni siquiera pudo haber podido moverse de no ser porque la propia Mizi se encargó de tomarlo por el cuello de su camisa blanca, haciendo que se acercara lo suficiente a su rostro.
Ella la miro con una corta sonrisa, él ni siquiera pudo dedicarle otra expresión que no fuera de asombro.
A pesar de ello, eso no pareció importarle a la pelirosa, porque se dedicó a sonreírle con la misma alegría de siempre, esa que lo había cautivado por completo desde la primera vez que la vio.
Till la admiro en silencio y, poco a poco, él también le sonrió de la misma manera.
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Era gracioso que recordara ese momento justo ahora, estando ya al borde de la muerte, todo porque había perdido ante Luka, su contrincante dentro de la ronda 07 del Escenario Alienígena.
Por más que Till se había esmerado por qué su voz sonara con fuerza por todo el lugar, las tonalidades suaves pero firmes provenientes de la boca de aquel pelirrubio acaparaban toda la atención de los aliens a los que estaba obligado de entretener.
Definiendo el destino que todo perdedor dentro del Alien Stage podía obtener.
Pero a Till dejo de importarle el final que le esperaba cuando la vio otra vez, ahí, en medio de toda la multitud de alienígenas que lo miraban.
Creyó que estaba alucinando, después de todo, todo el mundo ya daba por muerta a Mizi.
Pero ahí estaba.
Era ella.
Till podía verla.
Y eso solo hizo que la presión de su corazón desapareciera por completo, reemplazándose con el apresurado latir que siempre sentía cada vez la miraba.
Los dos intentaron acercarse, con Mizi tratando de abriste paso entre la multitud, con Till alejándose cada vez más del escenario.
Pero sin dejar de cantar, con un nuevo motor haciendo que no se rindiera, porque verla ahí otra vez le daba la energía suficiente para seguir.
Aun cuando la voz de Luka seguía resonando con fuerza, pero a Till eso ya no le importaba.
Porque Mizi estaba viva.
Pronto se encontraron más cerca, el peligris admiro en silencio el rostro de la chica, mirando con curiosidad su nuevo corte y vestimenta.
No sé parecía en nada a como la había visto la última vez, con su largo cabello rosado y con su glamorosa y elegante vestimenta de la Ronda 03.
Pero a pesar de las diferencias, a sus ojos, Mizi seguía luciendo perfecta.
La distancia pronto se volvió mínima y fue así que ella le extendió la mano mientras gritaba algo que no logro escuchar por culpa del ruido.
Aun así, no dudo en asentir, confiando plenamente en ella.
Estuvo a punto de tomar su mano, sus dedos rozándose apenas cuando Till alcanzó a escuchar el sonido de un arma al momento de disparar.
No necesito voltear para saber a dónde se dirigía esa bala.
Al mismo tiempo en que no podía saber que fue peor, si el punzante dolor que sintió al momento en que la bala se estrelló sobre su cuello o ver cómo la expresión esperanzada de Mizi se borraba por lo que sus ojos presenciaron.
El dolor se volvió insoportable, tanto que su propio cuerpo ni siquiera pudo sostenerse, cayendo al suelo con un golpe sordo, mientras escupía la sangre que se atoraba dentro de su garganta.
Habría preferido mil veces quedarse ahí, solo, mirando el escenario y escuchando los gritos emocionados de los alienígenas hasta que sus ojos ya no tuvieran la fuerza suficiente para seguir abiertos y ni sus oídos fueran capaces de escuchar lo que sucedía a su alrededor.
Pero esa no parecía ser la intención de Mizi, pues pronto se encontró con su expresión preocupada mientras que de sus ojos ya comenzaban a salir unas cuantas lágrimas, al igual que empezó a escuchar unos murmullos que apenas eran entendibles saliendo de su boca.
Till la miró con impotencia, agonizando en silencio, sintiéndose terrible por hacerla llorar.
Lo último que quería causar en ella era tristeza. Puesto que siempre deseo la felicidad para Mizi.
Siempre quiso que nadie se atreviera a hacerle daño, que todo lo que pudiera experimentar mientras estuviera viva fuera alegría, esa misma alegría que ella le había hecho sentir con su sola presencia.
Till siempre deseo hacerla sentir del mismo modo, nunca quiso ser la razón por la cual llorara.
Por ello, estuvo a punto de pedirle perdón, decirle que se fuera, todo para que ya no tuviera que sentirse mal por él.
Sin embargo, nada alcanzó a formularse dentro de su boca, la sensación punzante que mantenía su garganta solo dificultaba que pudiera decirle algo.
Quería abrazarla, al menos por una sola una vez en toda su vida, quería asegurarle que todo estaría bien, que no había ninguna razón por la cual llorar.
Pero no pudo decir nada.
Podía sentir como, lentamente, sus latidos se hacían más lentos, al igual que su respiración.
Una de sus manos descansaba sobre su mejilla, misma que ya comenzaba a sentirse fría, Till quiso tomarla por solo un segundo, para reemplazar esas ganas de abrazarla con solo tocar su piel, al menos por una vez más.
Ocupo la última de sus fuerzas para apretar su mano sobre la de ella y finalmente, Till perdió el conocimiento.
Recordando por última vez la alegría que sintió al estar más cerca de Mizi.
Deseando que no llorara más por él.
Arrepintiéndose de haber dejado que sus sentimientos no le permitieran tener el valor suficiente para darle un abrazo.
Jamás sabría que si lo tuvo, que Mizi fue capaz de dárselo entre lágrimas, mientras lloraba por su perdida.

