Chapter Text
El sudor frío corría por su espalda. Sentía las manos heladas, las puntas de los dedos rígidos y las piernas temblorosas. No era fácil. Quisiera poder encerrarse y quedarse ahí toda la vida, lo que le restaba. Ajeno a lo que sucedía a su alrededor.
Craig Tucker no era más que un ladrón que se movía alrededor del lucro. Ganaba haciendo lo que hacía, era bueno haciendo cosas cuestionables y continuó haciéndolo para seguir construyendo algo... lo que fuese. Lo quiso con tanta fuerza que, al final, lo consiguió. Sin embargo, el camino que forjó no estaba libre de pecado. Sus manos se mancharon de sangre más de una vez.
Y todo eso lo perseguía en pesadillas.
No podía hacer mucho. A veces su pareja se tomaba la atribución de prender velas y quemar pasiflora para alejar los malos sueños. Incluso le había tejido un atrapasueños para que lo pudiese poner cerca cuando durmiera. Ayudaba. Lo relajaba lo suficiente para volver a dormir. O puede que solo se trate de la presencia de su novio.
—Tweek —murmuró al aire. Era extraño caer en una ola de recuerdos cuando la persona en la que pensaba estaba en sus brazos, muriendo. Tal vez ya lo estaba. Muerto. No quería saberlo. La sola idea lo llenaba de desesperación. No podía respirar, le costaba pensar en un plan. Estaba en la absoluta nada. —Tweek.
Tal vez si lo repetía una y mil veces lo traería de vuelta.
El sonido de las flechas volvieron a romper el aire, seguido de la carne siendo desgarrada con lanzas. Era un sonido ya familiar para él. Muy pocas veces estuvo en batallas de bárbaros pero las pocas veces que estuvo, le pareció estremecedor. Era una tribu de paz, que buscaba resguardar y cuidar el bosque. Pero siempre había enemigos sedientos por conquistar sus tierras, así que no tenían más opción que defenderse.
En esa ocasión, no se trataban de grupos "conquistadores". Esta vez la brisa había traído consigo al propio crimen organizado. Lo estaban buscando a él y terminaron encontrándose más de lo que esperaban.
Hubiese estado bien si solo los enfretaba. Recordaba al grupo y el talón de Aquiles de cada miembro pero justo ese día era el cumpleaños de Tweek.
En lo que menos pensó fue en ellos. En mos peligros, en aus miedos.
No creyó que encontrarían su casa, que se esconderían ahí mientras él se encontraba en el ritual de agradecimiento. Viendo a su novio en medio de un círculo de velas, abrazado por sus padres y escuchando las palabras de sus compañeros de tribu.
¿Cómo se iba a imaginar que iban a disparar a la primera persona que pasara por la puerta de la cocina? ¿Cómo se iba a imaginar que ir por uno de las botellas de alcohol le iban a arrebatar la vida a Tweek?
A su Tweek.
Cerró los ojos con fuerza y las primeras lágrimas empezaron a salir. Fue como si abriese algo. Luego no pudo dejar de llorar.
El eco del disparo continuaba resonando en sus oídos. Aun recordaba. Como fue a buscarlo. Su sangre se heló cuando lo escuchó. La tribu entera se quedó en silencio y las risas se congelaron. Fue el primero en moverse. Dejó caer el plato de madera y corrió.
Jamás había corrido así de rápido. Así de torpe. Su mente estaba con Tweek, rogando que estuviese bien, que estuviese tranquilo.
Que estuviese vivo.
Lo encontró vivo pero su expresión de pánico lo desarmó. Apenas pudo agarrarlo de los brazos cuando se desvaneció, la mancha roja en su pecho se extendió y su respiración se volvió errática.
—C-Craig...
Abrió los ojos, asustado. Los sonidos de las flechas y las lanzas se desvanecieron. No se escuchaban más que los pasos presurosos de los bárbaros. Se movían en su búsqueda, podía sentirlos cerca, no podía hablar. Sentía que el aire le faltaba.
Lo sintió como una pesadilla.
Quisieron quitarle a Tweek de sus brazos pero se negó, así que lo ayudaron a levantarse. La cabeza de su novio se movió hasta su hombro y fácilmente podría pensar que estaba bien, que solo se había quedado dormido en el césped y lo estaban llevando a la cama.
—Tweek —lo llamó otra vez. No hubo respuesta. Las voces de la gente a su alrededor parecían lejanas, hablaban, se acercaban, estaba seguro de que alguien lloraba y gritaba pero sentía que estaba debajo del agua y nadie podía alcanzarlos.
Nada tenía sentido.
Sostuvo con fuerza al rubio. Lo sentía caliente, la sangre también lo empapaba. Estaba muriendo, el heredero del pueblo bárbaro, una especie de príncipe, un ser querido...
Él solo sentía que el amor de su vida estaba dejando de existir.
Cuando entraron a la tribu, las antorchas estaban apagadas, tropezó varias veces con hojas y ramas secas.
Si no fuera porque sostenía a Tweek, probablemente, se hubiese caído, no le hubiese importado. En ese momento solo quería llegar a la cabaña de los curanderos.
—Acuéstalo aquí —dijo alguien, no lo identificó. No tenía tiempo para eso. Lo dejó en una especie de camilla y solo entonces se encontró con la imagen más aterradora que vería en su vida. Tweek estaba pálido, la sangre había borrado todo rastro de las franjas negras que se pintaba en el cuerpo.
Casi no quedaba nada de lo que el rubio representaba. Y eso lo mareó. Tuvo que sostenerse de uno de los buró para no desfallecer. Apretó la madera fuertemente y se presionó el pecho. Estaba aturdido.
—Intenten sentar a Craig.
—No está respirando.
—No encuentro los latidos.
—Necesita una transfusión de sangre.
Tantas voces.
—Está muerto.
Tanto miedo.
—No está muerto... No... —Con la expresión seria y el corazón latiéndole con fuerza apartó a todos y empezó a darle RCP a Tweek. Era capaz de darle su propia sangre para que viviera, de darle su corazón, lo que fuese —. No te vayas... por favor... por favor... Tweek... por favor...
Te necesito aquí... Conmigo. No te vayas.
—Craig... Craig... ¡Craig!
Abrió los ojos y se levantó asustado. Golpeó la frente de Tweek al hacerlo y volvió a recostarse después de ese impacto. A su lado, el rubio también se quejó por el golpe repentino pero continuó mirándolo. No volvió a acostarse. Tenía una expresión de preocupación y se frotaba la frente, intentando amainar el dolor.
Mierda... Todavía tenía esa sensación horrible en el pecho. Le costó respirar por varios segundos pero en cuanto sus latidos se normalizaron, deslizó las manos por los costados de Tweek y lo abrazó con fuerza.
Fue una pesadilla... Solo eso...
Fue una pesadilla inusual, no era como si nunca hubiese tenido una de ellas, solo que fue demasiado real. Le tranquilizó que lo primero que se encontrara al abrir los ojos fuese la misma persona que perdió en el sueño.
—Craig, di algo.
Inhaló. —Buenos días—murmuró contra el hombro contrario. Lo estrujó un poco y suspiró. Estaban bien.
—Me asustaste, no te despertabas y estabas... Estabas respirando muy rápido. Creí que te ibas a morir, idiota. Estaba por llamar a emergencias.
—Lo siento. Tuve... una pesadilla— susurró notando que efectivamente Tweek tenía el celular en sus manos, lo apretaba fuertemente, así que se separó un poco para quitárselo despacio.
—Lo noté. ¿Fue... muy mala?
Asintió volviendo a abrazarlo y pegando la frente a la suya. Mala, desesperante, angustiante. Fueron muchas cosas las que sintió en lo que parecieron ser horas. Aunque las imágenes empezaban a desaparecer de su mente. Ya casi no recordaba como sucedió, solo que Tweek estaba muriendo frente a él.
Cerró los ojos con fuerza. Le aliviaba empezar a olvidar las demás escenas. Esperaba que esa sensación de pérdida también fuese desapareciendo poco a poco a lo largo del día.
.
.
.
—¿Quieres chocolate o café?
—Chocolate —Tolkien le extendió el envase y lo tomó con cuidado para que no se regase.
La mañana de ese día recurrió con normalidad. La casa de Tolkien siempre fue el punto de encuentro favorito desde que eran niños. Claro que con el tiempo las pijamadas dejaron de ser constantes y lo que más abundaban eran las dichosas "reuniones de estudio" que pasaban cada quince días. Las cuales terminaban convirtiéndose en reuniones para jugar videojuegos o salir a comer los fines de semana. Ni siquiera intentaban detenerlas. La universidad era una mierda y aunque tuvieron la dicha de estar medianamente cerca, era algo complicado verse tan seguido.
De hecho, el encuentro de la noche anterior tenía la finalidad de estudiar para sus primeros exámenes pero terminaron viendo una película que Clyde descubrió en internet. Según la crítica, una de las más tenebrosas del año. Y aunque fue algo sangrienta no dejó de ser predecible.
Creyó que no le afectaría, sin embargo, tuvo una de las peores pesadillas de toda su vida. Lo catalogaba de esa forma porque no recordaba haber sentido tanto temor y angustia antes. Lo dejó agotado. Su energía pareció frenarse solo con eso.
Negó un poco con la cabeza. Buscó apartar las pocas imágenes que todavía quedaban en su mente.
—Entonces, no te asustaste. —Clyde al otro lado de la mesa untaba mantequilla en su tostada mientras le dirigía una sonrisa peculiar. Era sarcasmo, obviamente, pero optó por ignorarlo.
—¿Q-Quién... se... se asustaría... con esa p-película de m-mierda, Clyde?– preguntó Jimmy haciendo Token se riera.
En cuanto se despertaron, Tweek les contó lo que había pasado. No lo detuvo, sabía que debía sacar su frustración de alguna forma y, muchas veces, la única forma de hacerlo era contarle a más gente lo que le angustiaba. Claro que antes le había preguntado si tenía algún problema con eso y la verdad era que no.
Al final, solo eran Tolkien, Clyde y Jimmy. Así que solo se limitó a escuchar lo que el rubio tenía que decir.
Al parecer estuvo diciendo el nombre de Tweek varias veces y eso lo despertó. Conocía lo suficiente a su amigo para entender su desespero por despertarlo.
—Clyde, deja de molestar. —Tolkien habló mientras dejaba un jarrón de jugo en medio de la mesa. Tweek a su lado, tembló. Dejó de comer por unos segundos y lo volteó a ver. Lo pudo sentir.
Le devolvió la mirada y encogió los hombros, vagamente. No había mucho que contar. Tampoco lo recordaba. No era cómo si hablarlo lo estuviese aliviando pero tampoco lo empeoró. Solo estaba ahí, presente.
—No quiero hablar de eso.
Parecía ser lo que necesitaban. Que el mismo Craig les dijera que se detuvieran para cambiar el tema. Lo dejó ahí cómo quién deja la radio encendida de fondo para no sentir el silencio. No prestaba demasiada atención pero intentaba mantenerse al tanto de lo que decían para asentir. Estaba seguro de que sería un día largo y pesado.
.
.
.
Tal como imaginó ese domingo fue agotador. Luego de salir de la casa de Tolkien, Tweek y él fueron a la suya para acabar con unas últimas tareas pendientes. No tardaron demasiado porque no hablaron casi nada.
La verdad era que no quería hacerlo.
—¿Es demasiado?
—... ¿Cómo? —La pregunta lo tomó desprevenido. Mantuvo la mirada en su celular, esperando que estructurara mejor la pregunta porque no la había entendido. Sin embargo, al no recibir respuesta, alzó la mirada y se encontró con los ojos de su amigo.
—¿La universidad está siendo demasiado?
—Algo...
Agh, no quería hacer la situación incómoda.
Solo que en serio esperaba que se fuera. Quería mucho a Tweek pero cuando se sentía abrumado solo deseaba estar solo para intentar desenredar sus pensamientos sin que lo apresuraran o lo vean como un idiota. Sabía que su mejor amigo no haría eso, verlo como un idiota. Era bastante comprensible pero seguía sintiéndose como una carga más para alguien que luchaba con su propia mente todo el día.
Aunque también era consciente que su silencio podía resultar en un ítem más a la lista de cosas a las que Tweek le daría vueltas toda la noche. Así que intentó relajar su cuerpo.
Dejó el celular a un lado y lo miró. Ese también era el problema, verlo a los ojos lo hacía sentirse, extrañamente, desesperado.
De verdad ese estúpido sueño lo dejó demasiado afectado. Desvió la mirada y asintió, tomando valor.
—Es ese sueño. No deja de darme vueltas en la cabeza.
—Fueron los videojuegos de zombies
Eso le arrancó una pequeña carcajada.
—¿Lo crees?
—Sí, Clyde es un pésimo compañero para matar.
—No podía hacer mucho. Las parejas fueron sorteo.
—Lo sé pero te pudiste negar.
—Clyde se hubiese sentido mal.
—Yo me sentí mal.
Estaba siendo un idiota sarcástico. Tweek podría parecer una persona nerviosa y poco sociable en otro círculos pero con su propio grupo de amigos era un individuo bastante cínico. Le agradaba, aunque no iba a negar que, a veces podría caerle mal sus actitudes. Lo positivo era que se lo podía decir sin sentirse como el malo del cuento; es más, estaba seguro que la mayoría de veces, Tweek lo escuchaba y buscaba cambiar alguna actitud.
—La próxima ven conmigo.
—Lo consideraré—El rubio sonrió. Lo empujó con el hombro y se dispuso a levantarse.
Supuso que hasta ahí llegaría la reunión improvisada. Tweek y él estudiaban en la misma universidad. Quedaba a cuarenta minutos de South Park y como sus padres le prestaban el auto, solía recogerlo a él, Clyde, Kenny y Stan. No era tan pesado conducir, era pesado tener que escucharlos. Habían pasado apenas unos meses pero quería creer que se acostumbraría. Si no fuese porque le pagaban el transporte, probablemente, hubiese dejado de llevarlos. Con Tweek como copiloto tenía más que suficiente. Además, también solía ayudarlo a conducir. Decía que era porque lo veía muy cansado pero algo le decía que a Tweek no le gustaba lo rápido que conducía. Así que solo lo dejaba.
Dejó el celulae a un lado y notó los rayos de luz naranja asomarse por la ventana. El sol estaba a punto de esconderse—. Debo irme. Papá debe necesitarme en la cafetería y si no le ayudo hoy probablemente me deje sin almuerzo.
Craig hizo una mueca. Era tan típico de los señores Tweak dejar a Tweek sin dinero por una semana. Incluso cuando trabajaba para ellos. Lo bueno era que entre todos podían colaborarle para los almuerzos y no le molestaba tomar la ruta larga para dejarlo en su casa. No podía pelearles por más que quisiera porque ya lo intentó una vez y digamos que no pudo asomarse por su casa como por un mes completo.
—Ah, sí. Te acompaño.
Salieron de la habitación y bajaron las escaleras. Nuevamente, no pudo alargar más la conversación. Sentía todavía un nudo en la garganta y una presión creciente en el pecho.
Odiaba esa sensación, como si tuviese algo pendiente qué hacer y ya no tuviera tiempo. Esperaba que el malestar se fuera una vez que descansara bien. Empezaba a estresarlo.
Las calles fueron oscureciéndose. Tomó aire y metió las manos a sus bolsillos en cuanto salieron.
Pasaba auto tras auto, pitaban y esquivaban sin mucho cuidado. Imaginó que hubo alguna fiesta y ahora los conductores se habían reducido a personas imprudentes y alcoholizadas. Giró los ojos y se apoyó al borde de la puerta. —Avísame cuando llegues.
—Seguro —murmuró alzando la capucha de su sudadera y cubriendo sus mechones rubios. Nuevamente intentó mirarlos a los ojos sin mucho éxito. Eso pareció divertirlo —. ¿Te pongo nervioso, Tucker? No me has mirado a los ojos desde la mañana.
—¿Es eso algo malo? No suele gustarte que te mire a los ojos —Quiso alargar ese momento un poco más pero también quería decirle que se vaya pronto por seguridad.
Solo que tampoco quería sonar como si ya no quisiera verlo más. Era extraño, no se sentía precisamente bien.
Al final fue el mismo Tweek quien terminó picando su estómago. —Nos vemos mañana.
—... Sí, hasta mañana.
No habló nada, casi nada.
Seguro Tweek también se sentía incómodo con todos esos silencios. Ambos estaban tan acostumbrados a hablar de cualquier estupidez y, si no hablaban, se mostraban algún video gracioso que encontraron por ahí.
Tuvo que limitarse a mirarlo. Sonreía de una forma extraña, una sombra de duda pasó por sus ojos pero se desvaneció en cuanto se alejó.
Luego solo lo vio irse, su mochila se movía a la par que sus pasos. Caminaba lento y le pareció peculiar la forma en la que sus propios pies se detuvieron en la entrada hasta que Tweek se desvaneció por completo en la penumbra.
Muy en el fondo, le dio miedo dejar de verlo. No sabía por qué. Solo culpó a esa horrible pesadilla otra vez.
.
.
.
Alguien empezó a zarandearlo en la madrugada.
Fue una sacudida larga y las voces de su madre lo que lo hicieron entreabrir los ojos. Todavía somnoliento fue arrastrado fuera de su cama. Dio traspiés torpes mientras tomaba la sudadera del respaldo de su silla y se lo ponía.
Las voces entonces empezaron a tener sentido.
"Tweek... Tweek... Tweek"
—¿Mmh?
—Craig, hijo... Es Tweek.
Craig parpadeó.
—Tuvo una especie de crisis en la madrugada, está en el hospital justo ahora.
Eso terminó por despertarlo. Se pasó las manos por el cabello y observó el rostro confundido de su hermana asomándose por la puerta de su habitación. Solo movió la cabeza en su dirección y bajó apresurado las escaleras para alcanzar a su madre.
