Chapter Text
—¿Traes el cadaver?
La pregunta le hizo rodar los ojos y rebuznar, Foolish le daba la espalda y no veía que cargaba una bolsa de basura semitransparente con un cuerpo que pasaría por humano de no ser por el líquido celeste que se acumulaba en el fondo de la bolsa. Quackity dejó caer la bolsa en el sucio suelo, el sonido del plástico hizo al científico girarse por completo mientras que sonreía abiertamente ante el nuevo sujeto de pruebas. Quackity se mantuvo con los brazos cruzados y con su peso descansando en su pierna derecha en lo que esperaba que a Foolish le diera la gana pagarle, o le pidiera algo más. Esperaba que fuera lo segundo, estar en la Madriguera le ahogaba, pero eso era algo normal, después de todo era de naturaleza aviar, estaba hecho para el cielo no para refugios subterráneos. Lo peor de quedarse sería Juan gritándole que no había aportado nada a la Madriguera y los regaños hasta que hiciera algo junto con el resto de los omegas desocupados.
—Sepa la bola lo que le pasó, —Foolish recogió la bolsa y la llevó a la única mesa de operación limpia que había en el laboratorio improvisado dentro de la cocina de una antigua cafetería abandonada en el páramo que había quedado a las afueras de la ciudad.— lo encontré a kilómetros de la ciudad por la zona oeste, así que tu informante te mintió.
—Hey, mi informante pensaba que iba a huir por el sur, no es culpa suya —Foolish se negaba a decir quien era su informante, y aunque no lo culpaba, a veces deseaba sacarle el nombre a la fuerza. Después de todo, él y Aldo eran los que más arriesgaban sus colas al infiltrarse en la ciudad, y necesitaban un aliado que pudiera evitar que volvieran al purgatorio. Pero no le haría eso a Foolish, no mientras aún necesitase un lugar donde vivir.
—Ya pero dile que sea un poco más certero —Quackity caminó a la mesa de operaciones frente a la que el tiburón se encontraba trabajando, limpió la sangre de cyborg con un paño de higiene cuestionable y de un salto se sentó en ella— Volar de noche me hace invisible, pero también hace invisible los cadáveres en el suelo, y este no estaba muy fresco que digamos.
—Si es más certero puede que lo manden al purgatorio por posible traición a La Federación y nos quedaríamos sin informante —su voz indicaba que toda la situación le divertía.
—Bueno, ¿me vas a pagar o te tengo que cobrar extra por mi dulce compañía?
—Ew, como si me gustaran los omegas como tú —la respuesta inmediata del pato fue gesticular una arcada.
—Eres un asqueroso, pendejo sarnoso.
—¡Tú fuiste el que sacó lo de cobrar por compañía! —Foolish, quien tenía un brazo en las manos, lo arrancó sin querer al apuntar a Quackity con este y sus guantes de látex blancos se empaparon con el líquido azul del cyborg.
—¡No te voy a ofrecer sexo, animal!
—¿¡Y que querías que pensara!?
—¡Pues no sé! —Quackity se bajó se la mesa y se acercó lo más que pudo a la trampilla que había en una esquina. La entrada a la Madriguera desde el laboratorio.— ¡Pero no estoy tan pendejo como para coquetearle al alfa con el que está obsesionado Vegetta! —Guardó silencio por unos segundos— ¡Además eres el papá de Roier, que perro asco!
—¡Escucha-!
—¡Foolish eres un asqueroso!
—¡Escucha, no es-! —Foolish se detuvo en seco, sostuvo el brazo con ambas manos esta vez y una sonrisa atontada apareció en su rostro— ¿Vegetta está obsesionado conmigo?
Quackity guardó silencio, y la mueca de asco que tenía se hizo más marcada por unos segundos, antes de respirar profundo, juntar sus manos frente a su rostro y apuntar al tiburón con ellas.
—Mira, si me quieres incomodar para no pagarme, no te va a salir, porque voy a volver en la noche, me voy a robar todo el Kelpamine y lo voy a vender en la ciudad para que te rastreen y te manden a ti al purgatorio —La sonrisa de Foolish se borró tan rápido como apareció, finalmente dejó caer el brazo del cyborg en la mesa. Se giró a uno de los cajones a un costado de la mesa y llenó un pequeño saco con monedas doradas y un par de billetes para luego arrojárselo al pato, que atajó la bolsa sin problemas.— Así me gusta más.
—Ya vete, bribón.
—Ay tus palabritas que… —Y con eso, se guardó la bolsa en el bolsillo interno de su chaqueta de cuero, abrió la trampilla y saltó por ella.
El túnel de la escalera era estrecho y carecía de luz clara, de hecho, más de una vez se había resbalado al bajar por ahí, y por eso Juan había puesto un par de colchones viejos al final, puesto que luego de la tercera vez que resbaló su ala derecha estuvo inmovilizada por al menos 3 semanas y muchas de las misiones que se le habían asignado no pudieron ser cumplidas y por lo mismo, se retrasaron varias misiones más del resto de la Madriguera. Esta vez no resbaló, de hecho logró aterrizar de pie en los colchones. A diferencia del túnel, la base subterránea estaba bastante iluminada, y gracias a Juan, por más que le jodiera admitirlo, esta no se sentía tanto como un lugar post apocalíptico –aunque realmente lo fuera, era un refugio nuclear ampliado–, era casi como un hogar. Casi. Para Quackity, desde el momento en el que su género secundario se presentó, ningún lugar se había sentido realmente como un hogar.
El pato caminó por el lugar intentando hacer el menor ruido posible, no quería encontrarse con Juan, o Vegetta y que lo mandaran a hacer labores domésticas. Por eso se había unido al equipo de Aldo en un principio, pero rápidamente se dio cuenta que eso no sería de ayuda alguna para evitar las tareas odiosas. Para Vegetta, todos los que no estuvieran fuera de la Madriguera tenían que estar trabajando dentro de la misma hasta la media noche; aún quedaba media hora para que el límite de tiempo en el que podrían obligarlo a limpiar, cocinar, o incluso la peor de todas… cuidar a los cachorros. El mero pensamiento de que pudieran darle esa tarea le daba ñañaras en el occipucio. No era bueno con los niños, pero eso a Vegetta y a Juan les daba absolutamente igual.
“Todos tenemos que colaborar para poder vivir en armonía” es lo que siempre le decía Juan, que era mucho más amable que el “porque te lo ordeno yo” de Vegetta. Eso no quitaba que le huyera a esas tareas como si fueran la mismísima plaga. Prefería mil veces que le dieran trabajos que comúnmente le darían a los alfas, reparaciones, ingeniería, mantención de las máquinas, pero esas no eran tan comunes, de hecho muchos alfas terminaban realizando trabajos comúnmente de omega porque esos eran interminables, mientras que los que a él le gustaban eran, por desgracia para él pero por suerte para la Madriguera, limitados.
Llegó a la puerta de su habitación y respiró profundo mientras que se preparaba para abrirla. El metal siempre sonaba demasiado fuerte para desgracia de todos, pero si lo hacía con suficiente cuidado y lentitud quizás…
—Quiubole mi Quackity —Roier apareció frente a él desde el techo, haciéndole saltar hacia atrás, gritar y cubrirse la cara con ambas manos.— Eh we, pero si no estoy tan feo, que pedo.
—¡No me hagas eso! —gritó mientras miraba por todos los pasillos para asegurarse de que Juan no estaba por ahí.— Entra, rápido.
El estruendo de la puerta hizo eco por cada pasillo de la Madriguera, pero Quackity empujó a Roier dentro como si eso fuera a enmascarar el sonido de ser abierta y especialmente al ser cerrada, el metal era especialmente pesado en su cuarto, su teoría era que a Juan le gustaba joderle especialmente a él y con la puerta así de pesada y ruidosa como era le alertaba cada vez que estaba en su cuarto desocupado. Al menos con Roier ahí tendría mejor oportunidad de sacarse lo que sea que le pidan, ser amigo del hijo heredero del líder tenía ventajas dentro de todo. Una vez dentro ambos se quitaron los zapatos y Quackity encendió la luz acomodándola para que se mantuviera tenue, apenas lo suficiente para poder moverse por el cuarto sin tropezar por el desorden que imitaba al de su propia mente.
—¿Te asusté? —preguntó Roier con una sonrisa ladina y burlona.
—¿Te asusté? —Repitió Quackity imitando la voz de Roier— Pues sí pendejo, la gente normal se asusta cuando les caen arañas del techo, especialmente si son de metro ochenta.
—Skill issue —se encogió de hombros mientras se dejaba caer en la cama del dueño de habitación.— ¿que te pidió mi apá ahora?
—Un cyborg se escapó de la ciudad y me pidió que se lo llevara para investigarlo, —respondió mientras se quitaba la chaqueta de cuero y se tumbaba en la cama a un lado de Roier, su espalda tronó una vez tocó el colchón y suspiró con los ojos cerrados por el alivio que logró sentir— Creo que quiere ayudar a tu otro papá con lo de su transformación, pero con partes robóticas.
—Uy pues está medio difícil, mi papá apenas sale del invernadero desde que casi lo capturan, cree que si consigue concentrar suficiente esencia de lupina va a poder lograr volver a ser un lobo, además ya sabes que con eso de las tecnologías como que no se lleva muy bien.
—Cosas que pasan cuando estás viejito. —Quackity abrazó su almohada y se giró para quedar viendo a Roier de frente— Asumo que no viniste a verme por ser el mejor amigo en tu vida, ¿no?
—Que comes que adivinas —Roier se sentó en la cama y del su bolsillo sacó un mapa maltratado, amarillento y con tantos dobleces que apenas parecía un mapa.— Mira, ¿te acuerdas lo que te dije hace unos meses?
—Vas a tener que ser un poco más específico porque hablamos todos los días…
—Lo del castillo que encontré en el bioma que está hasta la quinta chingada, cuando estaba investigado en avance del desierto —Quackity asintió rápidamente.— Bueno, aún no descubro la causa del avance del desierto, pero sé que el bioma de los árboles carmesí parece resistir la corrupción, y pude triangular la ubicación del castillo.
—¿Crees que eso pueda ayudar a revertir la corrupción de aquí? —Quackity, que hasta un segundo atrás parecía estar agotado, se incorporó en la cama con rapidez y aumentó la intensidad de la luz desde el interruptor regulador de la pared en la que estaba apoyada su cama.
—Creo que hay alguien viviendo ahí —ambos omegas se miraron, compartiendo la esperanza del nuevo descubrimiento en latidos tan acelerados que parecía que sus corazones podían salirse del pecho.— y ese alguien va a ayudarnos quiera o no.
—Me parece perfecto —Se levantó de la cama y tomó su chaqueta para sacar la bolsa que le había dado Foolish y guardarla en su caja fuerte.— ¿Vamos ahora?
—¿Ahora? Pero es muy tarde wey. —Roier al contrario, se quedó en la cama aún con el mapa doblado— ni has visto donde está el castillo que encontré.
—Nunca es muy tarde para una aventura —el pato se sentó en el suelo para ponerse de vuelta sus botas negras.
—Iiii te haces pendejo, no te voy a ayudar a escaparte del Juan. —Se guardó el mapa de vuelta en el bolsillo de la sudadera y se tumbó de nuevo en la cama mientras que Quackity se quedaba sentado en el suelo con sus alas antes animadas y erguidas, ahora se encontraban en el suelo, demostrando su decepción.— Podemos ir mañana cuando haya luz natural y así.
—La luz natural está sobrevalorada… —Quackity hizo puchero pero se volvió a quitar los zapatos y se levantó para tirarse de frente a la cama— si el pinche Juan viene a jo- —Ni siquiera logró acabar la oración, pues su puerta estaba siendo golpeada intensamente.
—¡Quackityyyy! —la voz de Juan cantando su nombre se escuchó desde el pasillo y Quackity simplemente gruñó contra la cama. Roier fue el que se levantó para abrir la puerta.
Juan era un caso especial dentro de la Madriguera, mientras que todos usaban ropa colorida, llamativa y usualmente de cuero en señal de protesta contra el minimalismo de la Federación, Juan parecía querer emular la formalidad de la misma Federación, e incluso se le había escuchado defenderla más de alguna vez.
—Que onda Juan, el Quackitin está en su cama —dejó pasar al castaño que venía con una carpeta encima de un portapapeles, cerró la puerta tras de sí y volvió a su posición en la cama con las manos en los bolsillos para evitar que el mapa se escapara de ellos.
—Gracias Roier —Quackity se acomodó en la cama lo suficiente para ver a Juan, pero no lo suficiente para que su rostro se despegara de las sábanas.— Quackity…
—No voy a cuidar niños —interrumpió el pelinegro de gorra, Juan intentó hablar de nuevo, pero Quackity continuó— Ni tampoco quiero cocinar, ¡o limpiar!
—No pues eso es obvio, mira esta porquería —Juan miró a su alrededor señalando con una mueca de disgusto a la ropa esparcida, las latas vacías de comida con cucharas dentro, y los múltiples pares de zapatos disparejos.— De no ser porque te bañas en litros de supresores a diario solo Dios sabría a que olería este lugar— Tomó un zapato que estaba encima de la mesa a un lado de una lata que aún contenía un poco de comida y aguantando la respiración lo dejó caer al suelo— Debería limitarte las misiones fuera de la Madriguera hasta que limpies este chiquero…
—Ey no, no no no no, no puedes hacerme eso —Eso si logró hacer que se incorporara en la cama mientras que se reía ansioso.
—¡No lo haré si limpias este lugar!
—Mimimimimi —se burló el pato, pero aún así se levantó de la cama para comenzar a recoger la ropa que tenía tirada por el suelo.— Ya wey, dime que quieres de verdad, porque dudo que hayas venido a hacer de mi mamá y a regañarme para que limpie mi cuarto.
—Tienes razón —suspiró Juan— pero al menos me alegra haber logrado que limpies aquí, vivimos bajo tierra ¿sabes?, las ratas van a venir a enfiestarse aquí con toda la basura que tienes.
—Eh wey, mi hermano menor es ratón, así que más respeto —intervino Roier.
—Sabes que me refiero a los animales y no a los híbridos, Roier —suspiró de nuevo Juan— Oye, yo he cuidado de Senpai y Pac desde que eran cachorros —la nutria comenzó a alzar la voz, y Roier tuvo que aguantarse la risa— ¿Tu crees que yo dejaría que los principitos entraran a este riesgo biológico?
—Ey wey si no está tan mal… —una araña salió de una de las latas de comida, así que Quackity la soltó y la araña corrió a buscar refugio con Roier, que la tomó en sus manos y la acarició con su índice.
—Tarado, la asustas. —Juan lo miró con las cejas fruncidas y los labios en una línea recta.
—Ya dime que quieres para que te vayas a la verga así bien rápido. —continuó recogiendo las latas para tirarlas en una de las bolsas de basura que Juan le había dado semanas antes y que finalmente tendría que usar.
—De hecho venía a decirte que Vegetta descubrió algo y necesita que compruebes su teoría. —la bolsa de latas cayó al suelo y solo una de las latas se salió, pero rápidamente volvió a meterla— Si se te sigue cayendo no te voy a decir nada.
—¡Me tomaste por sorpresa culero, síguele síguele!
—Bien, pues, la pista que tiene Vegetta lo lleva a los laboratorios de Ciudad Styx y necesita que alguien, es decir tú, se infiltre para obtener un compuesto específico que puede ayudar con el sintetizado que está intentando hacer —Juan abrió la carpeta y le enseñó una hoja con un compuesto escrito, tenía además la descripción del color y olor que debía tener— creo que sabes lo importante que es esto para Vegetta, porque está intentando volver a su forma animal, y todos contamos con que puedas obtenerlo lo antes posible…
—Mira wey, si no se te erizan los pelos de la cola por dejar mi cuarto así como está, voy ahora ya mismo.
Juan miró a su alrededor, consideró seriamente su decisión basándose en la cantidad de basura que había en comparación con lo que solo era desorden común de parte del pato. La mayoría de la basura ya no estaba desperdigada por el suelo y los muebles, Quackity la había recogido casi en su totalidad. Quizás se arrepentiría por las siguientes palabras, pero luego pensó en Vegetta, y en como había estado trabajando sin parar desde el momento en que dejó de transformarse, además de las demás cosas horribles que habían afectado a todos en la Madriguera hasta ese momento.
—Recoge toda la basura y yo te ordeno el resto… —Juan cerró los ojos y exhaló con los labios en una mueca decaída.
—¡VAMOOOS! —Quackity saltó en celebración, pero esta vez no dejó que las latas cayeran fuera de la bolsa.— ¡Gracias Juan!
—¡Toda la basura! No solo la que está a la vista —le apuntó con su índice, pero Quackity continuó dando saltitos de emoción— Te quiero arrodillando quitando toda la mierda que tienes bajo la cama y todos tus muebles —le señaló cada zona oscura en la habitación a lo que Quackity solo continuó rebotando en su lugar y asintiendo.— Cuando termines, tira la basura en el incinerador y encuéntrame en mi oficina para darte todos los detalles.
Sin decir más, Juan salió de la habitación de Quackity y comenzó a caminar en dirección a su oficina. En el camino pasó por fuera de la guardería, donde los bebés ya se encontraban durmiendo hace bastante tiempo. Se detiene frente al ventanal con el que vigilan a los cachorros por unos segundos y sonríe nostálgico sin ningún pensamiento claro en su mente. Luego continua caminando; aún hay mucho que hacer antes de poder irse a dormir.
Quackity, con una nueva misión en mente, se mueve a una velocidad con la que nunca lo habrían atrapado al realizar una tarea tan mundana, pero ante la negativa de Roier de llevarlo al bioma de los árboles carmesí había perdido la esperanza de pasar la noche fuera del encierro, la expectativa de expandir sus alas y aún mejor, jugar con el peligro dentro de la ciudad para robarles a los que causaron la existencia de este mundo desde un principio, era más excitante. Había nacido de esa forma, era un aviar, un híbrido que no podía mantenerse atado por mucho tiempo a ningún lugar, y Quackity realmente era la encarnación de la libertad en una persona. Y el único que parecía entender su desapego a todos lados era Roier.
—Eh we, ¿me explicas de nuevo por qué quieres pasar de beta? —pregunta la araña mientras que ve la colita de pato de Quackity moverse de un lado a otro mientras recoge la basura debajo de la cama con medio cuerpo bajo la misma— Digo, es como algo nuevo que haces ¿no?, y pues… digo, todos mis hermanos y yo somos omegas, nuestro líder es un omega… y no sé, se me hace un poco raro.
—Mira —un pequeño tuk, suena cuando saca el último papel polvoriento de debajo de la cama, y Roier lo ve sujetarse la cabeza, así que contiene la risa para que el pato no lo eche de la habitación.— Si bien el mundo se acabó, y volvió a empezar, y después tu papá inició una sociedad subterránea que resiste a la Federación y así, nosotros omegas seguimos siendo vistos como incubadoras, y labores domésticas cuando los alfas también deberían realizar ese tipo de labores, pero no se hace, y se espera que nosotros como omegas nos encarguemos de toda esa labor invisible, y no wey, yo no estoy hecho para eso —le hizo un nudo a la bolsa de basura y respiró profundo.
—Hm… pero eso no corre aquí abajo —Responde Roier levantándose de la cama para dejar a la pequeña araña que que había salido de la basura de Quackity cerca de la puerta— Digo, mi apá es el que me cuidó a mi y a… —chasqueó la lengua y negó rápidamente— eso, papá no hizo nada más que lo necesario para que no nos muriéramos cuando estábamos cachorros.
—Roier, si me capturan en Styx me van a mandar al purgatorio, me van a lavar el cerebro y van a mandar a un alfa a que me preñe —un escalofrío recorrió su espalda al decir esas palabras en voz alta— Al menos como beta me da más tiempo para intentar escapar o que me maten en el intento.
—Eres muy pesimista mi Quackitin
—Te lo juro por la virgencita, prefiero mil veces el Infierno que el Purgatorio. —Ambos salieron de la habitación y caminaron en dirección al incinerador, la bolsa que llevaba Quackity parecía ser bastante pesada, pero aún así no presentaba ninguna dificultad para cargarla.
—Pues… intenta que no te capturen entonces. —dicho eso, le puso una mano en el hombro, le dedicó una sonrisa honesta y lo dejó solo en medio del pasillo— ¡Y más te vale volver, porque mañana igual te voy a llevar al bioma carmesí!
Quackity le gritó un “¡Síiii!” prolongado y comenzó a trotar en dirección al incinerador, hacía tiempo que no había entrado directamente a la ciudad, y realmente le emocionaba la idea de desafiar a la Federación una vez más. Además… algo dentro de su pecho le decía que esa noche en particular no tenía que estar dentro de la Madriguera, que había algo allá afuera esperando por él. Y Quackity no era de los que esperaba a que el destino lo alcanzara.
