Chapter Text
James E. Wheeler, de nueve años de edad era un niño independiente e inteligente, lo suficiente para pedirle a su padre hacer el recorrido de la escuela a casa él solo, al principio su padre se había negado rotundamente a dejarlo ir solo, pero con mucha insistencia y muchas advertencias sobre castigos si llegaba tarde o se perdía, su padre finalmente aceptó.
Pero nadie tomó en cuenta lo fácil que se distrae, lo que lo lleva a la situación actual; perdido en el bosque por haber perseguido un conejo que vio entre los árboles, llevaba cinco minutos tratando de encontrar el camino de salida sin éxito sentía como la temperatura iba bajando rápidamente y tenía un mal presentimiento como si sintiera una energía en el lugar, eso nunca era una buena señal.
Por el rabillo del ojo vio algo moverse muy rápido, pensando que era el conejo se giró a verlo, pero entonces sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía, tuvo un segundo para procesarlo antes de caer por un agujero que parecía una herida en la tierra roja y supurante.
A pesar de haber sentido que caía en realidad estaba sentado en el suelo de ese otro lado del agujero, sentía vértigo y mareo por el cambio brusco de gravedad, cuando logró recuperarse miró con horror como ese extraño portal se cerraba dejándolo atrapado en ese oscuro lugar, sin saber que hacer o cómo volver, se levanto y miro a su alrededor, era como un pueblo fantasma desolado y asqueroso, había un olor a descomposición en el aire que le provocaba náuseas, sentía ganas de llorar y no podía pensar en otra cosa que no fuera los brazos protectores de su padre.
Empezó a caminar sin rumbo por las calles de ese lugar fantasma, tratando de encontrar a alguien que lo ayudara, pero en un callejón entre un edificio y otro vio algo moverse, por un momento sintió alivio de encontrar ayuda, en cambio cuando esa cosa se alzó en toda su altura su rostro se llenó de pavor y sintió que un frío sobrenatural le recorría todo el cuerpo erizando la piel de su cuello.
James no sabía explicar lo que veía, era algo humanoide, alto con piel babosa y asquerosa pero sobre todo, tenía una cabeza con una forma parecida a una flor con muchos dientes y baba, el cuerpo de james no se movía, sus piernas estaban pegadas al suelo hasta que esa cosa lanzó el chillido más inquietante que había oído nunca, el pequeño niño salió corriendo de ahí mientras llamaba a su padre y gritaba por ayuda.
La criatura seguía a James como si este fuera un faro de luz que lo atraía. Con las correas de la mochila escolar apretadas con fuerza contra su pecho para que el peso no lo retrasara, James esquivaba las raíces negras y las bicicletas abandonadas en las aceras, moviéndose por puro instinto de supervivencia. Sus pies parecían conocer de memoria los giros de esas calles oscuras que nunca antes había pisado, como si un eco del pasado guiara sus pasos a través de la neblina.
James corría con el corazón golpeándole las costillas, esquivando las enredaderas que se retorcían como serpientes oscuras a sus pies. Pero sus piernas estaban agotadas. Una raíz gruesa y húmeda le trabó el tobillo, haciéndolo perder el equilibrio, cayó de bruces, impactando con fuerza contra el suelo podrido, sus bermudas tipo cargo se subieron un poco así que se raspó un poco la rodilla. Ahogó un quejido, enterrando las palmas de las manos en la mugre para no llorar. El rugido distorsionado de la flor con dientes resonó demasiado cerca, haciéndolo temblar. Sabía que no había tiempo para revisarse.
James desde esa nueva altura, logró ver a lo lejos un portal parecido al que lo trajo aquí, justo a nivel del suelo escondido entre más enredaderas pero emitiendo un suave resplandor rojo, ignorando el dolor en su pierna, James se puso en pie de un salto, empujado por la pura adrenalina de la supervivencia. No miró atrás. Cruzó el portal luminoso rezando por encontrar los brazos seguros de sus padres, escapando de esa forma del monstruo que lo perseguía.
Impactó en el suelo al otro lado, estaba mareado, adolorido, sin aire y presa del pánico así que se quedó allí tirado con los ojos fuertemente cerrados sin querer enfrentarse al mundo todavía. Sin embargo, algo le llamó la atención, un aroma muy familiar que lo hizo sentir a salvo, pino y ese olor que tiene el aire antes de una tormenta, cuando alzó la mirada encontró lo que buscaba, frente a él estaba su padre que vino a su rescate.
James se levantó del suelo tan rápido que el mundo se movió un poco en su visión, pero lo único que le importaba era llegar a los brazos de aquel alfa de rebelde cabello negro. — ¡Papá! — grito el pequeño niño mientras abrazaba la cintura del alfa que lo miraba con los ojos muy abiertos y sin poder moverse por la sorpresa.
El silencio en la sala era tan pesado y espeso, que se podía escuchar hasta la caída de un alfiler, Mike no sabía qué hacer, hace un segundo estaban planeando un patrullaje y ahora tenía a un niño pequeño aferrándose a él y llamándolo papá, podía sentir la mirada de todos puesta en él en ese momento.
— No entiendo — balbuceó Mike, mirando a sus amigos —. Yo no tengo hijos.
— Mike… — Nancy quien también trataba de procesar la situación dio lentamente un paso hacia su hermano — ¿Qué es esto?
—Yo no... no tengo idea —logró articular Mike, con las manos suspendidas en el aire, temblando, sin atreverse a tocar al niño pero tampoco a apartarlo—. No sé quién es.
James, al escuchar la voz de su padre tan joven y extraña, se despegó un poco de su abdomen y lo miró hacía arriba con los ojos llenos de lágrimas y la nariz roja.
—Papá, tengo miedo —sollozó el pequeño, buscando la mirada del alfa—. Había una flor... una flor con dientes en el bosque. Me quería comer.
Al fondo de la sala, un jadeo ahogado llamó la atención de todos.
Will se había llevado una mano al cuello, pálido como un fantasma, sintiendo el eco helado del Upside Down que el niño traía pegado a la ropa.
¿Cómo salvas a tu hijo del futuro cuando en tu presente ni siquiera has aceptado tus sentimientos?
