Work Text:
Las risas se escuchaban a lo lejos, ligeramente acalladas por el sonido del viento en el desierto. Wanderer estaba sentado sobre una roca en el oasis cercano al Templo del Silencio. Había encontrado una sombra y había decidido asentarse allí. A lo lejos se veían dos figuras moviendose. Corrían, luego se detenían a hablar, luego volvían a correr, y de pronto una salía volando para evitar ser atrapado.
—¡Eh! ¡Salir volando es trampa! —escuchó voz cálida de Sethos dirigiendose a la otra figura.
—¡Pero corres muy rápido! —contestó Durin, haciendo un pequeño mohín.
Wanderer apoyó el codo sobre su rodilla y el rostro en su mano, observándoles con gesto suave. Ahora que Durin tenía un cuerpo humano, moverse por aquel mundo fuera del cuento le era mucho más facil que cuando era un pequeño dragón volador, y había decidido que una de las primeras cosas que quería hacer era recorrer medio Teyvat e ir a visitarle hasta Sumeru.
En ese momento Sethos se llevó una sorpresa, aunque no cuestionó demasiado. Sethos ya había conocido a Durin cuando era, precisamente, un dragón, así que el hecho de verle ahora con dos brazos y dos piernas y siendo casi de su estatura fue algo que le sorprendió, pero no preguntó más de lo necesario.
"¡Genial! Vayamos a jugar a algo entonces, ¡tendrás que acostumbrarte a correr con esas dos piernas ahora!" eso fue todo lo que dijo. El hecho de si más adelante le pillaría a él por banda para preguntarle más cosas sobre cómo ese dragón ahora era humano era algo que sabría más adelante.
El caso es que era así como habían acabado allí, en el desierto, con Sethos y Durin, dos de las personas más importantes de su vida actual, jugando al escondite, al pilla pilla, y a otros juegos varios que él sí conocía y otros procedentes del desierto que Sethos le estaba enseñando al pequeño dragón.
—¡Kasacchi!
Salió de sus pensamientos en el momento que escuchó una voz llamarle. Wanderer parpadeó.
— ¡Kasacchi! —volvió a escuchar. Era Durin tratando de hacerse escuchar desde lo lejos. Había que decir que el sonido se perdía horriblemente mal en el desierto. — ¡Ven a jugar! ¡Dice Sethos que si pierde nos invita a comer!
El ojiazul alzó una ceja, viendo como ambos se acercaban corriendo hacia él, sin dejarle apenas tiempo para devolverles uan respuesta.
—Si, ¡pero también he dicho que no vale hacer trampas! Suficiente tengo con éste —cabeceó hacia el Wanderer con una sonrisa.— huyendo por los aires para que ahora seais dos. A tal palo tan astilla, supongo.
—¿Mala puntería, abejita? —se burló Wanderer, sintiendo cómo cada uno le agarraba de un brazo para obligarle a bajar de la roca.
—En el pilla pilla no se disparan flechas y lo sabes. —respondió, colocando los brazos en jarra sobre las caderas.— Nada de volar a donde no pueda atraparos, ¿vale?
—Mhm —asintió, acto seguido Durin comenzó a alejarse corriendo para coger algo de ventaja. Wanderer solo se movió apenas unos pasos.
—¿No te vas a alejar más, Don Sombrero? Te recuerdo que sé correr, y muy rápido —esbozó una sonrisita traviesa.— ¿O es que quieres que te atrape?
—Eso no va a pasar —sonrió Wanderer con tranquilidad.
—¿Oh? —Sethos le miraba con atención.— Eso ya lo veremos.
Y es que en el momento en el que Sethos arrancó a la carrera, Wanderer rápidamente se alzó un palmo del suelo y salió volando rápidamente hacia donde estaba Durin, quien también se sorprendió.
—¡Pero que eso no vale! —escuchó quejarse a Sethos. No pudo evitar reírse, si algún día Sethos desarrollaba la habilidad de volar se vengaría de él con creces.
—Dijiste literalmente "volar donde no puedas atraparnos", ¿te parece acaso que esté a treinta metros del suelo, abejita? Si corres lo suficiente podrás atraparme, vamos. Tendrás un premio si ganas.
Una sonrisa de satisfacción se plasmó en el rostro de Sethos. Desafío aceptado, supuso, porque no volvió a quejarse más y flexionó ligeramente las piernas, dispuesto a darlo todo para atrapar al pequeño Durin y, por supuesto, a su escurridiza flor de loto.
