Chapter Text
El ritmo fuerte de la guitarra seguido del golpeteo de los platillos de la batería se escuchaba desde la vieja radio de papá.
Una muy vieja radio que un amigo de su trabajo le había dado a su padre como regalo por el nacimiento de su primogénita. Pero eso no le importaba al proveedor de la familia Snape mientras la música de sus casetes logrará escucharse.
Con flojera, el más joven de los Snape levantó su perezoso cuerpo de la cama. El escuchar música en la mañana significa que su padre ya se hacia levantado, y si no lograba tener todo listo antes de que baje a desayunar... puede que le vaya mal.
—Buenos días madre.— saludó a su progenitora al verla salir de la habitación de al lado.
—Buenos días Severus.— respondió su madre, dándole un casto beso en su frente —Prepara el desayuno, yo ayudaré a tu padre a alistarse para ir al trabajo.
Severus ascendió, yendo hacia la cocina.
Se había acostumbrado a esa rutina en las mañanas, poner la tetera sobre el fuego, después de salir hacia el huerto de su madre y agarrar algunos tomates y lechugas frescas, lavarlas y cortarlas para hacer una ensalada, luego, sacar tres huevos de la nevera y empezar a freírlos.
Todo eso, acompañado del solo de guitarra de Ritchie Blackmore de los Deep Purple.
—Carajo, ¿Qué aún no está hecho el desayuno?— la ronca voz de su padre lo desconcentro de la música de la radio.
—Buenos días, padre.— saludó Severus, sin responder la pregunta.
Colocó sobre la mesa la ensalada, huevos, pan y algunos otros productos para untar, como mermelada o mantequilla.
El patriarca se sentó en la mesa, para empezar a degustar su desayuno, hasta que su mujer apagó la radio antes de acercarse a la mesa también. Tobias la volteó a ver con molestia, percibiendo la habitual mirada seria de su esposa, con la expresión elegante de siempre.
—Los desayunos deben ser en silencio y en familia.— dijo la madre al ver la expresión de su esposo.
—Cállate mujer.— murmuró enfadado mientras rompía la yema del huevo con el pan —Siempre ladrando por música.
Eileen ignoró el comentario, Tobias gruñó al ser ignorado.
Pasaron unos largos minutos en total silencio, donde se lograba escuchar el tintineo de la cuchara al ser movida en la taza de café o el crujir de la lechuga al ser cortado por Severus al ponerlo en el pan junto con el tomate y huevo.
El silencio total irritaba a Tobias, quien estaba más acostumbrado al ruido de la fábrica oa los gritos en la taberna, mientras que Severus y Eileen preferían la calma del silencio con un buen libro al lado del fuego.
—Oye, perra maligna.— llamó el hombre, haciendo que Severus y su madre voltearan a verlo —Tú no mujer, la otra.— Severus dejó de comer, prestando toda la atención a su padre —Hoy iras a ese pozo de pecadores?
—Sí se refiera a Hogwarts, sí, hoy comienzan mis clases, padre.— respondió la única hija del matrimonio.
Tobias avanzaba a modo de comprensión, levantándose de la mesa al ya haber terminado de comer. Sonrió al ver la cara molesta de su esposa al levantarse de la mesa antes de tiempo, no importaba cuántos años estuviera viviendo en el basurero de la Hilandera, Eileen siempre sería una mujer muy refinada.
—Ven aquí, bruja.— llamó Tobías, yendo hacia su habitación.
La joven miró a su madre, viendo su asentimiento discreto para que siga a su padre.
Severus lo siguió obedientemente, no le daba buena espina cuando tenía que ir a un lugar a solas con su padre.
Con lentitud, Severus ingreso a la habitación de sus padres, era algo más grande que la suya, aunque no tanto, tenía una cama matrimonial en medio, con una cómoda al lado y un gran ropero de madera negro.
El ancho torre de Tobías se encontró enterrado en el ropero, al igual que su cabeza y brazos, buscando algo entre las ropas.
-Pensilvania-...
Severus retrocedió de inmediato al ver la correa de cuero en las manos de su padre.
—Carajo.— murmuró Tobias, tirando la correa en el piso, al igual que varias ropas al no encontrar lo que buscaba en el armario —¡Mujer! ¡¿Dónde carajos están mis cosas?!
Eileen se apresuró a hacer acto de presencia, haciendo a un lado a su hija para ir junto a su esposo.
—Qué piensas hacer?— cuestionó la mujer con actitud en total defensiva, posicionándose frente a su esposo —No pensarás en impedirle ir a Hogwarts como el año pasado ¿Verdad?
La mirada de Tobias se endureció, ni siquiera se le había pasado por la cabeza dejar que la pequeña engendro le jodiera por el resto del año sin hacer nada en casa, pero venia su esposa y soltaba tal estupidez.
Agarró el delicado y estirado cuello de su mujer con fuerza.
—No me hables así, perra.— gruñó, levantándola levemente del suelo —Yo sé lo que voy a hacerle a esa put-.
—¡Suelta a mi madre!— desde atrás de su madre salió la niña, Severus sujetaba con fuerza su varita, apuntando directamente a su progenitor. Aunque sólo haya terminado el cuarto año en Hogwarts, el ser la come-libros de la escuela le ayudó a saber más hechizos que nadie en su año o incluso de personas en años superiores.
—Si usas esa mierda no podrás ir al colegio ese.— sonriente Tobias, satisfecho de saber esa información gracias a un comentario de su esposa en una circunstancia parecida a esta.
Eileen cayó al piso luego de ser soltada por su esposo, se arrastró como pudo hacia su hija, y la agarró del brazo, impidiendo que hiciera una locura.
—Solo espero que no seas como la zorra de tu madre y te embaraces a temprana edad.—dijo el hombre, volviendo hacia el ropero y sacando algo de allí —La pequeña zorra de los Evans me lo entregó cuando le vi rondando por la casa, dijo que te lo devolvía.— Tobias le tiró el collar con una cruz en medio a su hija.
Severus logró atrapar el collar, sintiendo el frío metal en su mano. Era una pieza de plata auténtica, lo había conseguido en su primer año en Hogwarts, viendo como sus compañeros de casa eran capaces de tirar joyas tan valiosas como esa solo porque dejaron de estar de moda o idioteces por el estilo, Severus recogía cada cosa que esos ricos mimados tiraban, transfigurándolos en nuevos objetos que puedan servirle a ella.
Y ese collar en especial, fue su primera transfiguración, regalada especialmente para Lily. Una delicada cadena de plata con una cruz en medio de esta.
—Espero que con esto reces mucho para limpiar tus pecados.— gruñó el hombre, sin entender el significado de sus palabras —Espero que no andes de impura esperando que un pobre diablo te embarace.
Ambas mujeres ahora entendían a lo que quería llegar el hombre.
Eso empezó desde el regreso de vacaciones de Severus de Hogwarts.
Eileen esperaba pacientemente que su hija regresara de la estación 9 ¾, no podía ni pensar en recoger a su hija ya que su esposo podía golpear la por aquello. Pero su preocupación fue tanta al ver que ya se hacia de noche y no había rastros de su hija.
No podía haber sido un retraso del tren, porque ya habían pasado más de 6 horas desde que tuvo que arribar, y tampoco creía que fuera una etapa de rebeldía por parte de Severus ya que no se iría sin decirle nada. Tobias tampoco estaba alegre por el retraso de su hija, Eileen tuvo que ir hacia la estación de tren a buscar a su hija. Llevándose la sorpresa de su vida.
—Severus no se va a quedar embarazada solo por haber tenido la menstruación por primera vez.— dijo Eileen.
Aquel día en la estación de tren, Severus se había escondido en los baños, esperando que alguien la ayudara. Estaba sangrando mucho, la sangre escurría por sus piernas y no importaba cuanto papel usará, la herida no cerraba.
[ ♡ ]
La estación estaba animada, cientos de alumnos de diversos años caminaban o corrían por el lugar, algunos buscando a sus amigos, otros despidiéndose de sus familiares o algunos intentando no perderse.
Algunas féminas se quedaban mirando a un chicos de cabellos negros y tan largos que le llegaba a tocar los hombros, una piel algo bronceada y con una sonrisa coqueta, quien miraba por todos lados una cabeza de nido de pájaros.
—¡Hey, Prongs!— el joven atractivo de la familia Black, Sirius Black, corrió a toda prisa al ver a su mejor amigo.
—¡Padfoot!— ambos amigos se abrazaron fuertemente al verso, saltando y gritando en medio del abrazo.
—Siempre son tan ruidosos.— dijo un chico castaño, Remus Lupin, apareciendo con un rubios más bajito y algo gordo a su lado —Este va a ser otro año donde nos van a metro en problemas.
—Siempre son así.— dijo el chico rubio, Peter Pettigrew —Ya estamos en quinto año, ve resignándote que serán los mismos de los años pasados.
Ambos chicos, fueron interrumpidos por los mejores amigos quienes se abalanzaron hacia ellos.
—¡Moony, Wormtail!— James
reía mientras abrazaba a sus amigos —Listos para hacer nuevas bromas este año también?
—¿Y sacarle cañas verdes a Minnie? Listo.— Sirius le respondió con una sonrisa.
Remus solo atinó a suspirar.
—¿No dijiste que ibas a proponerte a conquistar a Lily este año?— preguntó el chico de cicatrices.
A James se le iluminó la sonrisa ante la mención de la chica, volteando desesperadamente a buscar la melena pelirroja como el atardecer de la joven que se había robado su corazón.
—Así no podrás encontrar a Lily, hay demasiadas personas.— dijo Peter también mirando a las personas de alrededor.
—Sí, mejor busca la fea cara de murciélago de Snivellus.— recomendó Sirius, haciendo que Remus le diera un codazo, aunque eso tampoco evitó que el licántropo también se riera de lo dicho por su amigo —¡Pero es verdad! Siempre está pegada como larva al lado de Lily, parece que quiere robarle la belleza estando pegada a ella.
—Pads, no creo que la belleza funcione así.— dijo Petter.
—Claro que no, mi gordo amigo. Si funcionara así, tú ya serias el hombre más sexy de Hogwarts, como yo.— sonriendo coquetamente Sirius.
El animago rata rodó los ojos, los humos nunca se le iban a bajar al Black.
—Ya estamos en quinto año, no pueden comportarse como los años anteriores.— dijo el joven licantropo —Maduren.
—¡Ay Moony!— James hizo una dramática expresión de preocupación —Lo de ser un prefecto ya se te subió a la cabeza.
—Jódete, Puntas. Solo digo que si quieres conquistar a Lily es mejor que cambies.
—Crees que no puedo conquistar a Lily con todo esto?— dijo James señalándose a sí mismo de pies a cabeza.
—Claro, esos rizos conquistan a cualquiera.— Black pasó sus dedos sobre la melena del Potter, enredando sus dedos en el proceso —Amigo, estás hecho mierda. Un poco de cuidado personal no hace daño a nadie, eso también va para ti Wormy.
El rubio solo puso cara de asco y le sacó la lengua.
—Este año si lograré tener una cita Lily.— exclamó motivado el moreno.
—Prongs no creo que tengas ningún progreso este año, como los años anteriores.
James miró mal al más alto para luego decir.
—Eso es porque en los años anteriores no tenia ¡esto!— exclamó la última palabra, sacando de su maleta un libro algo viejo y lleno de notas.
—¿Un libro viejo?— preguntaron los tres.
—No es un libro viejo, es-.
—Oigan, chicos.— saludó Frank Longbottom, un amigo de los merodeadores además de ser miembro de la mejor casa de todas, Gryffindor —Suban de una vez, el tren está apunto de partir.
El grupo de amigos se apresuraron a subir, aunque uno de ellos seguía perdido buscando entre las pocas personas que quedaban en la estación.
—Esperan, aun no encuentro a Lily.— dijo James, buscando con mirada por todos lados.
-¿Lirio? Lily subió al tren hace rato.— respondió Alice, la novia de Frank —Está en el compartimento junto a sus amigas.
Remus hizo un gesto de resignación con la cabeza, ¿habían estado esperando por nada?
—¡Vamos!— el de lentes corrió, abriendo varias puertas de los compartimientos, llevándose varios gritos e insultos.
—¡Prongs, aquí!— llamó el Black, al abrir uno de los compartimientos y encontrar a la dichaa Lily Evans y su grupo de amigas.
La pelirroja Evans fruncía el ceño, Sirius Black las había interrumpido en una de sus charlas de chicas y todavía tenía la imprudencia de gritar cerca de ellas.
—¡Lily flor!— James corrió hacia Sirius, siendo seguido por el resto de sus amigos. Su sonrisa seguía en lo más alto de sus pómulos, mientras buscaba algo entre las páginas del libro que aún sostenía —Con esos ojos mirándome, ya no me hace falta la luz del sol.— recitó James, mientras Sirius le daba pase para que se adentrara en el compartimento de las chicas.
Marlene Mckinnon frunció el ceño, mirando como el cegatón de Potter estaba frente a ella con el libro sobre la cara sin percatarse que era a ella a quien le hablaba.
—Idiota.— gruñó la chica, escuchando la leve risita de Lily a su costado.
—Por la luna daría un beso, daría todo por el sol, pero por la luz de tu mirada, doy mi vida y corazón.— James despegó la vista del libro, quedando frente a la mirada enojada de Marlene y la dulce sonrisa de la pelirroja.
—Lindo poema Potter.— dijo Mary McDonald, otra de las amigas de Lily —Parece que la luz de tu mirada lo dejó aún más ciego, Lils.
—Oye, gran poema, abuelo.— bromeó Marlene —Lily preferiría un ramo de flores a letras polvorientas.
Lupin logró contener la risa, aunque Peter no tuvo la misma suerte, partiéndose de risa, casi, cayendo al suelo en carcajadas.
Sirius veía con horror como James, su mejor amigo se sonrojaba de la vergüenza, ¡Y como no! Vergüenza había paso él, al escuchar la sarta de idioteces que James había leído ¿Esa era el arma secreta?
—Así te haces llamar a mi amigo?— murmuró el galán de Hogwarts —Por favor no digas que te conozco, mis fans pensaran que yo haré lo mismo.
—Es un lindo poema, James. Algo cliché pero lindo.— Intenté animar la pelirroja viendo como la mirada del chico se iluminaba, resucitando a la vida nuevamente.
—¡Lily flor~!— el castaño saltó hacia Evans, en busca de un abrazo.
Algunos ríen, otros protestan, pero ese era el regreso a Hogwarts, nuevo año, nuevas historias. Tan ameno como reconfortante, reencontrarse con amigos, crear nuevas anécdotas, volver a clases, utilizar magia y... escapar de casa.
—Ya esta.— murmuró Charity, untando la pomada en la espalda de su amiga —Con la poción que creaste, la herida sanará antes de que lleguemos a Hogwarts.
La rubia terminó su parto, separando sus cálidas manos de la fría espalda de su pálida amiga.
—Ya ponte la camisa, no quiero ver tus tetas caídas frente a mi rostro.— murmuró Sinistra, mirando la imagen de Severus con el torso desnudo llena de heridas por todo el cuerpo —Tuvo una excusa o fue un bruto como siempre?
—Fue un imbécil como simple.— murmuró Severus sabiendo que la morena se refería a su padre. De mala gana, se puso su camisa blanca, deteniendo el acto al sentir el ardor de su espalda con el toque de la áspera tela —Mmmg.
—¿Qué es esto?— preguntó la rubia, sujetándose el brillante collar que destacaba en la pálida piel de la chica. Era plateada, brillaba con el reflejo de la luz, una cadena algo sencilla y delgada, pero con una linda cruz en el medio.
—Tobias me lo dio, dijo que rezara para eliminar mis pecados, piensa que ahora que me llego mi.... piensa que....
—¿Qué?— preguntaron las amigas a la vez, Snape estaba hablando entre dientes, haciendo imposible entender lo que decía.
—Que....
—Habla más fuerte Severus, no se te escucha nada.
—¡Piensa que me voy a embarazar!— exclamó fuerte, para que las chicas escucharan, aunque seguramente no fueron las únicas que escucharon eso.
La rubia y la morena se miraron a la vez, soltando unas estruendosas carcajadas al voltear al mismo tiempo a ver a su pálida amiga.
— ¿Embarazada? ¿Tú?— cuestionó Charity —Pero si eres esa tal Virgen María de los Muggles en persona. Un poco más y hasta sudas agua bendita.
—Ni siquiera te ha tomado de las manos con un chico, menos has besado ¿y Tobias piensa que vas a quedar embarazada?— Aurora Sinistra, conteniendo su risa, intentaba hacer memoria sobre algún chico que hubiera estado cerca de Severus en estos últimos años, para intentar comprender la retorcida mente del muggle padre de su amiga —Le dijiste algo sobre un chico? No recuerdo que seas muy cercano al sexo masculino.
—A nadie, en general.— dijo Burgage, completando la idea de Aurora —Aunque Lucius Malfoy, el perfecto de Slyterin... creo que tiene cierta cercanía a ti. O tal vez Mulciber, hiciste un trabajo de pociones con él ¿no?
—Sí hablamos con esa regla, entonces los Mierdadores también estarán cercanos a ella.
Snape se puso aún más pálida de lo que era, manteniendo cualquier locura que pasara por la cabeza de sus amigas.
—Tobías lo dice porque... porque acabo de empezar a menstruar.
El compartimento se quedó unos segundos en silencio hasta que las dos chicas gritaron.
—¡¿Qué?
[ ♡ ]
La cena de bienvenida fue tan amena como se esperaba, las cálidas palabras de Dumbledor dando la ya sabida presentación de siempre, diciendo las prohibiciones y reglas en el castillo, los nuevos alumnos que ya fueron seleccionados por el sombrero, el gran festín que apareció frente a sus ojos en todas las mesas del Gran Comedor.
—Hey Prongs.— llamado Peter, el castaño jugaba con la pierna de pollo en su plato, sin prestarle atención —Prongs.
—Déjalo, sigue avergonzado por lo del tren.— Remus sonriente, al ver como Potter le daba la razón al sonrojarse.
—Avergonzado debería estar yo ¿Cómo se le ocurre que eso iba a conquistar a Evans?— dramatizó Sirius, viendo como algunas de las amigas de Evans ya habían esparcido el chisme con el resto de su casa —Ahora mi imagen de galán se verá arruinada por este idiota, si quieres un consejo de mujeres me lo hubieras pedido.
—Claro, como tú eres el maestro en el tema.— James rodó los ojos, y Sirius soltaba un "Todas mueren por mi" —Lily no es como todas.
Remus suspiro, "aquí vamos de nuevo", pensó.
—Lily es tan carismática, es tierna, es muy inteligente, resalta como un rayo de sol entre tanta oscuridad.
—Eso es porque antes siempre paraba pegada a Snivellus.— dijo Sirius.
—Todos resaltan como flor en primavera al lado de Snivellus.— bromeó Peter —Oye Padfoot, si dices que todas se mueren por ti-
—No digo, lo están.
—Bueno, si todas mueren por ti ¿Qué hay de Snivellus? ¿Crees que también te tiene como amor platónico?
Sirius sintió como sudaba frío, sentándose con la espalda recta al sentir un escalofrío recorrer su espalda.
—No me hagas ni pensarlo.— la cara de Sirius era de completo terror, abrazándose a sí mismo como dándose consuelo.
Los otros tres rompieron en carcajadas, tan bulliciosas que llamaron la atención de casi todo el Gran Comedor.
—Ay Wormy, aún no es Halloween para que andes espantando.— dijo Remus en medio de risas.
—¿Se imaginan? ¿¿Snivellus enamorada de Padfoot??— James río aún más fuerte —Vamos Padfoot, dijiste que podías enamorar a cualquiera.
—De que puede, puede. Pero al momento de estar en una relación todas huyen de él.— dijo Pettigrew, recibiendo una mala mirada de su pelinegro amigo —Apostaría que Prongs conquistaría primero a Lily antes de que Padfoot pueda estar en una relación que le dure más de 2 meses.
—¡Apostemos!— gritó James, antes de darle una mordida a su pierna de pollo —El perdedor hará todas las tareas de los demás, ¡Y! Y... no se, algo de humillación pública como disfrazarse de mujer o algo.
Lupin soltó una pequeña risa.
—Apuesto por Prongs.— dijo el castaño —Lo siento amigo, pero una apuesta fácil es una apuesta fácil.
Sirius le sacó el dedo medio.
—No es que no te crea... bueno no creo que dures más de un mes. Tu última novia te duró 3 semanas.— la rata miró para todos los lados —Pero ¿quién será la chica?
—Solo espero que no sea alguien de Gryffindor, será incomodo si rompe con Sirius y nos la encontramos en la sala común.— pidió el lobo.
—No importa quien sea, yo puedo con todas.
James.
—Hagamos las cosas algo más interesantes. ¿Quién es la más linda del resto de las casas?
¿Agatha Jones? Es de Hufflepuff, último año.— Peter señaló a la rubia de la mesa de atrás.
—Es la novia del buscador de Hufflepuff. Puede Bianca White de Ravenclaw.
—No, Ravenclaw no.— murmuró Sirius —Son muy... ¿controladoras? Bueno no se, la última cuervo con la que estuve me mandaba cartas todo el tiempo para saber donde y con quien estaba.
— ¿No será por qué en ese mismo tiempo te ves a escondidas con la tejona de cuarto año?
—Tal vez.
—Y Selene Swan?—sugirió el de lentes —Es linda.
—Pero es de Slyterin.
— ¿Qué acaso no puedes? ¿Te da miedo una serpiente?—retó el cachudo.
—Dos meses ¿verdad?— sonriendo Sirius, con aquella típica sonrisa de matador que tenía.
Remus río ante la confianza de Sirius, el solo tener una relación que dure un mes ya seria un milagro para él, y más con la personalidad chula que se carga su amigo.
En otro lado del castillo, en la lúgubre y oscura masmorra para ser precisos, una joven de negros cabellos que caían como telarañas sobre su pálido rostro se encontraba en paz.
Los gritos de Ozzy Osbourne junto al golpeteo de la batería y el rugir de la guitarra inundaban sus pensamientos.
No le preocupaba que alguien pasara cerca de su habitación y escuchara la música, porque, en primer lugar, casi todos se encontraban en la cena de bienvenida, además de que apartir de tercer año los Slyterin tenían sus propias habitaciones, nada de molestas compañeras de cuarto ni escandalosos chicos que se escabullen para jugar algunas bromas.
- ¿ Me puedes ayudar? ¿Ocupar mi cerebro? Ah, sí~. — cantó la chica al escuchar aquella parte de la canción.
La voz de Severus no era la más melodiosa, pero al menos ella creía que era mejor que las chillonas voces de las seguidoras de perro pulguiento o cualquier joven idiotamente enamorada. Su voz era más arisca, se podría describir más como sería y sin un acento tan marcado, ni muy chillona ni muy ronca, simplemente plana y aburrida.
— Necesito que alguien me muestre las cosas de la vida que no puedo encontrar, no puedo ver las cosas que hacen la verdadera felicidad, debo estar ciego~. — Snape seguía cantando, cantando para sí misma y para su soledad.
Fue un gran acierto el llevarse los casete de su padre.
Sus huesudos dedos jugueteaban con su collar mientras el casete seguía reproduciendo esa música muggle que a su padre tanto le gustaba.
Le sorprendía que Tobias no haya vendido el collar que Lily le había devuelto, ese objeto era lo último que quedaba de aquella linda amistad que compartieron ambas desde pequeñas.
