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Lluvia de estrellas

Summary:

En una noche tranquila, dos viejos amigos y veteranos de guerra hablan, recordando las anécdotas de su juventud.

Notes:

Día 6 del Rarepair Week
Estrella fugaz

Work Text:

La noche transcurría en calma, con el tranquilo cantar de los insectos, junto al suave soplar del viento meciendo las ramas de los árboles, y las estrellas junto a la luna en el firmamento, lograban crear una atmósfera casi idílica al bosque.

 

— Por la bruja de las espinas.- Decía Lilia entre risas, viendo a su viejo amigo perder por enésima vez en aquel videojuego que había llevado consigo en una consola portátil.- Eres pésimo en esto.

 

— ¡Esto es absurdo!- Se quejó Baul, dejando el aparato de lado, antes de cruzarse de brazos.- ¡Un cacharro más de los humanos. En un combate real no durarían ni un minuto!

 

Lilia volvió a reírse ante el pequeño berrinche de Baul, antes de controlarse.

 

Baul permaneció en su lugar, sentado sobre la alfombra en la sala de la pequeña cabaña.

 

— Bien. Creo que oficialmente me rindo con tratar de enseñarte a jugar. No puedo hacer milagros.- Canturreó Lilia con una pequeña risa maliciosa, mientras se levantaba para tomar la consola en sus manos.- ¿Quieres algo de comer? Puedo preparar algo. La noche aún es joven.

 

— ¡No!- Fue la respuesta inmediata de Baul ante la oferta de Lilia.- Quiero decir... No es necesario que te molestes. Traje algunas bayas y carne seca.

 

— Vaya que siempre piensas en todo, ¿no es así?- Rió Lilia.- Está bien. Con eso nos bastará, lo hizo durante la guerra.

 

Baul solo suspiró y bajó la mirada ante la mención de ese tema. Habían pasado siglos, pero existían cicatrices que aún dolían.

 

— Oye, no pongas esa cara.- Le dijo Lilia, invitándolo a levantarse.- Vamos. Ya casi es hora.

 

Baul asintió y tras tomar la cesta que había llevado consigo, siguió en silencio a su ex-comandante hacia la salida de la cabaña.

 

Fuera, frente al porche, ya estaba tendida una manta sobre el césped.

 

El cielo nocturno estaba despejado, dando una vista privilegiada de los astros brillando con intensidad en el firmamento.

 

Lilia no tardó en sentarse e invitarlo a hacer lo mismo, palmeando el espacio a su lado. Y Baul no tardó en seguirlo.

 

Ninguno dijo nada por unos segundos, limitándose a observar el cielo, hasta que unos brillantes destellos fugaces comenzaron a atravesarlo, uno tras otro.

 

— ¿Hace cuánto tiempo que no veíamos algo como esto?

 

— La última lluvia de meteoritos fue hace más de trescientos años. Cuando el príncipe Malleus-sama ni siquiera había salido del cascarón.- Respondió Baul, sintiendo una opresión en el pecho al contemplar el majestuoso espectáculo natural y recordar esos viejos tiempos.- Cuando aún enfrentabamos a los humanos.

 

— ¿Recuerdas cómo Levan nos hizo levantarnos a mitad de la noche solo para que viéramos esto?- Inquirió Lilia con una sonrisa melancólica, sin apartar la vista del cielo.- Ese tonto...

 

— No podría olvidarlo aún si quisiera.- Sonrió Baul, a pesar de la tristeza en sus ojos.- Aún en medio de la pesadilla que vivíamos gracias a los humanos, Levan-sama siempre se mantuvo sereno y optimista, y siempre intentó encontrar belleza y calma en medio de la tormenta.

 

— Aún no puedo creer que esa noche nos haya hecho actuar como niños y pedirle deseos a las estrellas fugaces.- Rió Lilia, con pequeñas lágrimas que escaparon de sus ojos.- Ahora de seguro debe estar en algún lugar allá arriba observandonos y riéndose de nosotros.

 

— ¿Por qué lo dices?

 

— Yo destrocé esa carta de NRC y dije que era un desperdicio de tiempo y jamás iría... Y ahora estoy a solo un año de graduarme.- Respondió Lilia.- Y tú, que tanto odiabas a los humanos, ahora tienes uno como yerno y tres nietos mitad humanos.

 

Baul solo pudo negar con la cabeza, soltando una pequeña risa ahogada. Vaya que los caminos de la vida podían ser bastante extraños.

 

— Tal parece que eso de "A menudo las personas encuentran su destino en el sendero que toman para evitarlo" es más cierto de lo que podría parecer a simple vista, ¿no es así?

 

— Tal vez.- Asintió el más alto.

 

Esa lluvia de meteoritos era tan similar a la que contemplaron en antaño, que casi podía sentir como si hubieran retrocedido en el tiempo a aquellos días de su dura juventud.

 

Aún recordaba esa noche a la perfección. Desde pequeño había conocido las historias que se decían en el Valle de las espinas sobre las estrellas.

 

Se decía que se trataba de las hadas fallecidas, que subían al firmamento y observaban y cuidaban a sus seres queridos desde ahí. Y cada cientos de años, algunas volvían a la Tierra para escuchar los deseos de algunos y concederlos.

 

En esa etapa de su vida, con todos los horrores que vivían en la guerra contra los humanos, era imposible seguir creyendo en esas cosas. No había tiempo para nada que no fuera luchar y pensar en sobrevivir.

 

Pero, aún así, las palabras de Levan lograron calmarlo y devolverle algo de esperanza, tanto para pensar que no tenía nada qué perder.

 

Aún recordaba el deseo que pidió a las estrellas, sin saber si de verdad serviría de algo.

 

— ¿Qué pediste esa noche?- Preguntó Lilia de repente, mirándolo con una sonrisa pícara.- Y no me digas que no lo recuerdas. Te conozco bien.

 

— Y dirás que tú recuerdas el tuyo.- Se negó a responder, cruzándose de brazos y cerrando los ojos.

 

— Por supuesto que lo recuerdo.- Afirmó Lilia.- ¿O es que aún no se te ha concedido?

 

— ¿Y qué fue lo que pediste?

 

— Pedí que los míos vivieran y nunca me dejaran solo.- Respondió Lilia, mostrando una sonrisa más suave.- Tal vez Maleanor y Levan no están aquí físicamente, pero en Malleus hay algo de ambos. Y tú, a pesar de todo, jamás me diste la espalda, y también fui el maestro de tu nieto, que se parece bastante a ti.- Añadió.- Mi deseo fue concedido de un modo u otro, así que ya puedo decir cuál fue.

 

— Siguiendo la regla de no revelar a nadie el deseo hasta que sea concedido, no debo decirte.

 

— Me dejas con la intriga. Qué malo.- Canturreó Lilia con una pequeña risa.- Bien. Entonces, en cuanto se cumpla, dímelo. Muero por saber qué es lo que deseas con tanto fervor incluso siglos después como para mantener el secreto y la fé.

 

— Creo que tendrás que morir entonces.- Bromeó Baul.- Porque ese secreto se irá conmigo a la tumba.

 

— Oh, ¿de verdad?- Inquirió el ex-general.- ¿Puedo al menos saber por qué?

 

— Simplemente prefiero tragar hierro antes que dejar que tú te enteres de eso y lo divulgues con todos esos niños humanos cuando vuelvas a esa escuela después de tus vacaciones.

 

Lilia solo soltó una risa traviesa, pero no insistió más, ignorando el leve sonrojo en las mejillas de su amigo, y devolvió la vista al cielo nocturno, dónde las estrellas fugaces seguían desfilando, aunque en menor cantidad, anunciando que pronto llegaría el final del espectáculo.

 

Baul miró a Lilia y la tranquilidad en su rostro, tan diferente al semblante siempre frío y lleno de amargura, que intentaba con desespero de ocultar el dolor y el miedo de su corazón.

 

Quizás su deseo había sido concedido, aunque solo parcialmente.

 

— ¿Qué te parece si pedimos deseos otra vez? Quizás esta vez haya mejor suerte.

 

La sugerencia de Lilia lo tomó desprevenido, pero algo en su interior lo hizo acceder. Nada perdía.

 

Sintió a Lilia tomar su mano, y lo vió cerrar los ojos, y no tardó en seguir su ejemplo.

 

Tal y como habían hecho hace siglos...

 

"Solo quiero que Lilia sea felíz y tenga todo lo que desee, y estar a su lado por siempre."

 

Ese fue el deseo que pidió cuando era joven. Desde ese entonces, amaba a Lilia con todo su corazón. Desde ese entonces estaba dispuesto incluso a morir por él. Desde ese entonces, su corazón le pertenecía a su general y deseaba ser correspondido.

 

Pero en medio de una guerra, jamás tuvo la oportunidad ni el valor necesario para confesarlo. Luego, Maleanor falleció y Lilia se marchó del Valle de las espinas, volviendo de vez en cuando, pero jamás se atrevió a decirle la verdad.

 

Así pasó el tiempo, y sin otra opción, tuvo que seguir.

 

Se casó y formó una familia, pero jamás pudo olvidar a Lilia. Quizás su corazón sabía que era lo mejor para ambos.

 

Después de todo, Lilia había encontrado su propia felicidad cuidando de Malleus desde las sombras y criando a su adorado hijo, Silver.

 

Él también había sido felíz, a pesar de no haber obtenido lo que quería. Tenía una familia, hijos y nietos que eran su mayor adoración en el mundo. No podía tirar todo eso por la borda para perseguir un sueño de su juventud.

 

Pero, las estrellas habían concedido de un modo u otro su deseo.

 

Lilia era felíz, a pesar de todo lo que había tenido que soportar. Y él, aún si no era del modo que deseaba, había logrado estar a su lado.

 

Quizás en esta ocasión podría tener mejor suerte.

 

"Gracias por su ayuda en el pasado. Ahora, solo quiero pedir que, si es posible, en otra vida, podamos volver a encontrarnos y esta vez, estar juntos siempre. Solo quiero tener la oportunidad de decirle que lo amo, protegerlo y no separarme de él."

 

Al abrir los ojos, se encontró con la mirada carmín de Lilia y una sonrisa gentil, con la mano de su amor secreto sujetando la suya.

 

La lluvia de meteoritos había terminado, viendo pasar la última estrella fugaz.

 

— ¿Listo?

 

Baul asintió en respuesta, soltando lentamente la mano de Lilia.

 

— ¿Vamos adentro?- Preguntó el más bajo, levantándose de la manta para ofrecerle su mano.- La lluvia de meteoritos terminó. Los niños no deben de tardar en volver, y de seguro estarán hambrientos por caminar por horas para subir y bajar la montaña.- Añadió.- Les prepararé algo de comer.

 

— ¡No!- Respondió Baul de inmediato, levantándose de un salto.- Quiero decir... No es necesario que te molestes. Me aseguré de que Sebek llevara suficiente comida para los tres.

 

— Están en pleno desarrollo.- Alegó Lilia, comenzando a caminar al interior de la cabaña, con Baul cerca de él.- Deben alimentarse bien.

 

— ¡Entonces yo me encargo de prepararles algo de estofado, tú puedes ir a buscar más agua, ya casi no hay!- Dijo Baul, mientras se apresuraba a llegar a la cocina, dejando a Lilia atrás y sin opción de negarse.

 

Lilia solo terminó por reírse, antes de seguir la indicación de su viejo amigo.

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