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El apellido

Summary:

Durante dos días enteros, Senku y Kohaku intentan convencer al mundo de que no son pareja. El problema es que su subconsciente tiene otros planes.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La mañana amaneció despejada después de una noche de lluvia. El pavimento aún conservaba un leve brillo húmedo que reflejaba la luz del sol y las fachadas de cristal del hotel, mientras una fila constante de taxis y vehículos oficiales se detenía frente a la entrada principal para dejar a investigadores provenientes de distintos rincones del mundo.

Sobre la marquesina ondeaban enormes pendones azul oscuro con letras plateadas: INTERNATIONAL SUMMIT ON FRONTIER SCIENCE AND INNOVATION, Exploring Tomorrow, Today.

Debajo del título se alineaban los logotipos de universidades, centros de investigación, agencias espaciales y laboratorios privados de más de cuarenta países. Era, sin discusión, el congreso científico más importante del año.

Allí no se presentaban simples avances, sino que se mostraban los descubrimientos que, con un poco de suerte y mucho trabajo, terminarían cambiando el mundo.

El vestíbulo del Grand Horizon Hotel parecía un pequeño universo propio.

Investigadores conversaban animadamente junto a las cafeterías del primer piso, algunos repasaban diapositivas en sus computadores portátiles mientras otros discutían ecuaciones sobre servilletas de papel. El murmullo de decenas de idiomas distintos llenaba el aire sin llegar nunca a convertirse en ruido, inglés, japonés, alemán, francés, coreano, español... todos coexistían bajo la enorme cúpula de vidrio que inundaba el lugar de luz natural.

Kohaku cruzó las puertas giratorias con una pequeña maleta de mano y un bolso de cuero colgado del hombro. Se detuvo apenas unos segundos para observar el inmenso panel con el programa oficial del congreso. Había esperado aquella semana durante meses.

Su ponencia sobre restauración de ecosistemas marinos abriría el segundo día del evento y, aunque jamás lo admitiría en voz alta, todavía sentía el mismo cosquilleo en el estómago que la acompañaba antes de cada presentación importante.

Mientras recorría la lista de conferencias con la mirada, escuchó una voz conocida a su espalda.

- Llegaste temprano.

Una sonrisa apareció en su rostro antes incluso de girarse-. Cinco minutos.

Senku estaba exactamente igual que la última vez que lo había visto tres semanas atrás. Bueno... casi.

La corbata estaba ligeramente torcida, probablemente víctima de un vuelo de más de diez horas y el cabello, por mucho que hubiera intentado peinarlo antes de bajar del avión, comenzaba a rebelarse en varias direcciones.

Él sostenía una pequeña maleta con una mano y la correa de una mochila sobre el hombro. La observó apenas un instante.

- Cuatro minutos con treinta y ocho segundos.

Kohaku soltó una risa-. Sigues siendo insoportable.

- Diez mil millones por ciento.

Tres semanas no era demasiado tiempo.

Él había permanecido en Japón terminando una serie de experimentos relacionados con nuevos materiales para reactores de fusión, mientras ella supervisaba en Indonesia el cierre de un proyecto internacional de restauración de arrecifes de coral.

No hablaban todos los días… al menos no lo habían hecho en ese periodo. Entre ellos bastaban algunos correos, un puñado de artículos compartidos y mensajes ocasionales. La semana anterior, Kohaku le había enviado la fotografía de un pez transparente que había encontrado durante una inmersión, Senku había respondido con un documento de cuatro páginas explicando por qué, técnicamente, aquel pez era incluso más extraño de lo que parecía, esa era su manera particular de decir espero que todo vaya bien.

- ¿Cómo terminó el proyecto? -preguntó Senku mientras avanzaban despacio entre el ir y venir de los asistentes.

No apartó la vista del enorme programa del congreso proyectado sobre una pantalla del vestíbulo, pero Kohaku conocía lo suficiente el ligero cambio de tono de su voz para saber que la pregunta no era una mera formalidad, sino que genuinamente quería escuchar la respuesta completa.

Ella sonrió apenas-. Mejor de lo esperado. Recuperamos casi un treinta por ciento más de cobertura coralina de la que estimaban los modelos.

Senku dejó escapar un leve silbido de aprobación-. Nada mal. -Había orgullo en esas dos palabras. Muy discreto, muy suyo, pero inconfundible.

Kohaku volvió la cabeza hacia él con una sonrisa satisfecha-. ¿Y tu reactor?

Ahora fue el turno de Senku de sonreír. Apenas una curva casi imperceptible en la comisura de sus labios, suficiente para que ella supiera que traía buenas noticias.

- Explotó.

Kohaku se detuvo medio paso y lo miró de reojo-. ...¿Eso es bueno o malo?

Él giró apenas la cabeza hacia ella. Sus ojos tenían ese brillo particular que aparecía cada vez que un experimento salía exactamente como esperaba-. Era un experimento diseñado para explotar.

Ella mantuvo el silencio un instante, como si estuviera evaluando la lógica de aquella respuesta, luego resopló por la nariz-. Ah. -Reanudaron la marcha-. Así que fue un éxito.

- Diez mil millones por ciento.

Kohaku negó lentamente con la cabeza. Una risa suave escapó de sus labios mientras cruzaba los brazos por un instante-. Contigo nunca sé cuándo debo preocuparme.

Senku soltó una breve exhalación que, en cualquier otra persona, habría pasado desapercibida. Ella, sin embargo, llevaba suficientes años conociéndolo para reconocerla como una risa contenida.

- Cuando deje de avisarte.

La respuesta hizo que Kohaku levantara la vista hacia él, sus pasos disminuyeron apenas el ritmo y lo observó durante un segundo más de la cuenta.

- No lo harías. -Él no respondió de inmediato.

Habían llegado frente a uno de los enormes ventanales del hotel. La luz de la mañana se reflejaba en los cristales, dibujando destellos sobre el piso de mármol mientras científicos de distintas nacionalidades seguían entrando al edificio.

Senku desvió la vista hacia el movimiento del vestíbulo antes de contestar, con esa tranquilidad casi irritante que siempre tenía-. No.

Una sola palabra, nada más. Pero Kohaku sintió que una pequeña tensión que ni siquiera había notado llevar encima desaparecía por completo.

Sonrió para sí-. Lo suponía.

Continuaron caminando sin decir nada durante algunos segundos y, curiosamente, el silencio no resultó incómodo. Después de tres semanas trabajando en extremos opuestos del mundo, bastaba con volver a caminar uno al lado del otro para que todo recuperara su lugar.

Llegaron al mostrador de acreditación en donde una joven voluntaria levantó la vista apenas los vio acercarse. Su expresión cambió de inmediato al reconocer los nombres de las credenciales que descansaban ordenadas sobre la mesa.

- ¡Doctora Kohaku! ¡Doctor Ishigami! Bienvenidos. Es un honor recibirlos.

Kohaku hizo una pequeña inclinación de cabeza-. Muchas gracias.

Mientras la voluntaria revisaba la lista de asistentes, Senku, sin detener la conversación que mantenían sobre los horarios de las ponencias, tomó el bolso que Kohaku llevaba al hombro y lo dejó sobre su propia maleta. Lo hizo con absoluta naturalidad, ella ni siquiera reaccionó, simplemente siguió hablando.

La joven voluntaria terminó de revisar la pantalla de su computador y asintió con una sonrisa impecablemente profesional-. Perfecto... entonces, una habitación doble.

El silencio duró exactamente el tiempo que ambos tardaron en procesar la frase. Luego respondieron al unísono: - No.

Las dos voces sonaron tan sincronizadas que la voluntaria levantó la vista del monitor.

Sus ojos fueron de Senku a Kohaku y luego de vuelta a Senku-. Perdón... -dijo con una sonrisa un poco avergonzada-. Pensé que... -No terminó la frase, se aclaró la garganta y comenzó a teclear nuevamente-. Entonces... ¿las credenciales las prefieren juntas?

Kohaku inclinó apenas la cabeza, confundida-. ¿Juntas?

Senku respondió antes que ella-. No.

- Separadas, por favor -añadió Kohaku con amabilidad.

- Claro, claro... -La mujer siguió escribiendo durante unos segundos, aunque la ligera arruga entre sus cejas delataba que algo no terminaba de cuadrarle. Finalmente volvió a levantar la vista-. Entiendo... entonces... eh... ¿la doctora viene con usted?

- Sí.

- No.

Esta vez ambos dejaron de mirar a la recepcionista y se giraron el uno hacia el otro.

Kohaku parpadeó-. ¿Qué?

Senku la observó con la misma expresión paciente con la que corregía a Chrome cuando mezclaba dos reactivos incompatibles-. Vienes conmigo al congreso.

Ella tardó un segundo en entender por qué él había respondido afirmativamente. Después soltó una breve risa por lo bajo-. Ah... sí. Eso sí.

La recepcionista no pudo evitar sonreír también-. Perdón. Me expresé mal, quería decir si pertenecen a la misma delegación.

- Sí -respondieron otra vez al mismo tiempo.

Los tres guardaron silencio. Kohaku desvió la mirada hacia Senku, él la miró de reojo, los dos esperaron un instante. Y, casi al mismo tiempo, dejaron escapar un pequeño suspiro divertido.

- Parece que hoy estamos sincronizados -murmuró Kohaku.

- Estadísticamente irrelevante.

Ella soltó una risa nasal-. Claro.

La voluntaria terminó por reírse también mientras imprimía las últimas tarjetas-. Eso aclara mucho las cosas. -Les entregó las acreditaciones junto con las llaves electrónicas-. Habitaciones 1807 y 1808. Piso dieciocho. Las salas de conferencias están en el ala este y el cóctel de bienvenida comienza a las siete de la tarde.

Kohaku tomó su credencial-. Muchas gracias.

- Que disfruten la conferencia.

- Gracias.

Apenas dejaron atrás el mostrador, Kohaku notó que el nudo de la corbata de Senku seguía ligeramente descentrado. Resopló con resignación.

- Ven acá. -Él ni siquiera preguntó para qué, simplemente se acercó un poco más a ella.

Kohaku se colocó frente a él mientras a su alrededor el vestíbulo continuaba lleno de movimiento. Los ascensores se abrían y cerraban sin descanso, científicos arrastraban maletas rumbo a sus habitaciones y un grupo de estudiantes fotografiaba el enorme cartel del congreso instalado en el centro del lobby.

Con movimientos precisos, aflojó apenas el nudo de la corbata, lo deslizó unos milímetros hacia el centro y alisó la tela con la palma de la mano. Después retiró una diminuta pelusa de la solapa de su chaqueta. Retrocedió un paso, lo observó con ojo crítico y torció apenas la cabeza.

- Mucho mejor.

Senku bajó la vista hacia su pecho-. ¿Había quedado muy mal?

- Parecías un científico que durmió vestido.

- Dormí dos horas.

Ella soltó una pequeña risa-. Eso explica muchas cosas.

Y reanudaron la marcha como si aquella escena hubiera sido tan rutinaria como revisar el horario de una conferencia.

Detrás del mostrador, la recepcionista siguió observándolos hasta que desaparecieron entre los asistentes. Una de sus compañeras se acercó con un montón de carpetas bajo el brazo.

- ¿Esos eran los doctores Ishigami y Kohaku?

- Sí.

La otra volvió la vista hacia el vestíbulo justo a tiempo para ver a Kohaku detenerse frente al plano del recinto. Mientras la científica recorría con la mirada la distribución de las salas de conferencias, Senku, sin dejar de leer el programa desplegado en su tableta, apoyó distraídamente una mano en la mitad de su espalda para guiarla unos pasos hacia un lado y dejar pasar a un grupo de asistentes que acababa de salir de los ascensores.

El gesto fue tan breve y natural que ninguno de los dos pareció advertirlo, ella continuó estudiando el mapa y él retiró la mano apenas recuperaron espacio para seguir caminando, como si aquello fuera parte de una rutina perfectamente aprendida. Ni siquiera intercambiaron una palabra, simplemente ocurrió.

La recepcionista sonrió-. Ahora entiendo por qué todo el mundo habla de ellos.

- ¿Son tan famosos?

- No sólo por las investigaciones.

Su compañera arqueó una ceja-. ¿Por qué más?

La recepcionista dudó apenas un instante-. Porque es imposible verlos y no pensar que están casados.

Las dos soltaron una risa baja-. ¿Lo están?

- No tengo idea. -Hizo una pausa-. Pero si no lo están... -Volvió a mirar cómo se alejaban caminando exactamente al mismo ritmo-. ...alguien debería avisarles que nadie les cree.

No eran sólo las recepcionistas. Allí donde pasaban, las conversaciones parecían desviarse por un instante hacia ellos. Algunos los reconocían por sus publicaciones, otros, simplemente, porque habían coincidido con ellos en congresos anteriores. Pero casi todos terminaban dedicándoles la misma mirada fugaz, esa mezcla de curiosidad y complicidad reservada para quienes parecen conocerse demasiado bien. Era un fenómeno curioso: bastaban un par de minutos observándolos para que cualquier desconocido creyera entender la naturaleza de su relación.

Kohaku alcanzó a escuchar los murmullos cuando ya estaban a varios metros de distancia. Miró por encima del hombro con una ligera confusión, después volvió la vista al frente.

Senku lo advirtió de inmediato, sin dejar de caminar a su lado, apartó la vista de la tableta apenas un instante para observar el perfil de Kohaku. La conocía lo suficiente como para saber que aquella pequeña arruga entre las cejas no aparecía por casualidad.

- ¿Qué pasó?

- Nada.

Caminaron unos pasos más entre grupos de investigadores que los saludaban al reconocerlos.

Kohaku volvió a bajar la voz-. Nos están mirando.

Él observó alrededor apenas un segundo-. Como siempre.

A pocos metros de ellos, junto a una de las mesas altas donde varios asistentes terminaban el café de bienvenida antes de dirigirse a las salas de conferencias, Chelsea levantó la vista de su teléfono.

Tardó menos de un segundo en encontrarlos-. Ahí están.

Ukyo siguió la dirección de su mirada con una tranquilidad casi automática. Una leve sonrisa apareció en su rostro-. Ya los vi.

Chelsea observó cómo Senku y Kohaku avanzaban entre el ir y venir de los asistentes. Él sostenía la tableta con una mano mientras le mostraba el programa del congreso, Kohaku escuchaba con atención, hacía alguna observación de vez en cuando y ambos sorteaban a la multitud con una sincronía que parecía completamente involuntaria.

Negó con la cabeza, divertida-. Veintiún días sin verse.

- Más o menos.

- Y tardaron... ¿cuánto?... ¿cinco minutos en volver a funcionar como una sola persona?

Ukyo dejó escapar una risa apenas audible-. Diría que menos.

Chelsea apoyó un codo sobre la mesa y continuó observándolos-. Pasé casi un mes entero trabajando con Kohaku en Indonesia. Llegó un punto en que sentía que conocía a Senku sin haberlo visto una sola vez.

Ukyo arqueó apenas una ceja-. ¿Tan seguido hablaba de él?

Chelsea soltó una risa-. No de esa manera. -Tomó un sorbo de café antes de continuar-. Pero cada vez que discutíamos un problema era: "Senku probaría esto primero." O "Senku seguramente buscaría otra solución." Era como si siguiera consultándolo mentalmente, aunque estuviera al otro lado del mundo.

Ukyo sonrió para sí-. Y puedo apostar que Senku hizo exactamente lo mismo en Japón.

Chelsea volvió la vista hacia la pareja justo cuando Kohaku señalaba una de las salas del plano y Senku asentía sin necesidad de que ella terminara de explicar la idea.

- Lo curioso es que ahora los veo juntos y pareciera que esas tres semanas nunca hubieran existido.

Ukyo cruzó los brazos con tranquilidad-. Llevo años viéndolos hacer eso.

Chelsea guardó silencio unos segundos. Después sonrió con esa mezcla de ternura y resignación que ambos le provocaban.

- Lo increíble es que ninguno se da cuenta.

Ukyo siguió a la pareja con la mirada hasta que desapareció entre los grupos de investigadores que llenaban el vestíbulo.

La sonrisa no abandonó su rostro-. Ese es justamente el problema.

En el intertanto, la pareja seguía caminando. Kohaku permaneció en silencio mientras avanzaban por el amplio corredor que conducía a los ascensores.

No era la primera vez que ocurría: en los últimos años, las miradas, las sonrisas cómplices y las preguntas mal formuladas se habían vuelto extrañamente frecuentes. Nunca le habían dado demasiada importancia, pero aquella mañana ya sumaban demasiadas para atribuirlas a una simple coincidencia. La habitación doble, las credenciales, las recepcionistas, los murmullos. Frunció apenas el ceño, algo se le estaba escapando.

A su lado, Senku caminaba con las manos en los bolsillos de la chaqueta, recorriendo distraídamente el vestíbulo con la mirada. De vez en cuando se detenía un segundo en algún cartel o en el nombre de una sala, memorizando la distribución del recinto casi sin proponérselo.

Fue entonces cuando reparó en el silencio de Kohaku-. Sigues pensando en eso. -No era una pregunta.

Kohaku tardó un instante en responder-. ... ¿Tú no?

Senku guardó silencio unos segundos, volvió la vista a la pantalla.

- No lo suficiente como para dedicarle recursos cognitivos.

Ella dejó escapar una risa por la nariz-. Claro.

Pero la respuesta no terminó de convencerla.


Una hora más tarde, el movimiento del hotel había cambiado por completo.

Las maletas habían desaparecido del vestíbulo y, en su lugar, investigadores de todas las edades cruzaban los pasillos con tazas de café en una mano y carpetas en la otra, repasando por última vez sus presentaciones antes de la ceremonia inaugural. En distintos rincones se improvisaban pequeñas discusiones científicas frente a pizarras electrónicas o servilletas cubiertas de ecuaciones, mientras los ascensores no dejaban de abrirse y cerrarse.

Kohaku salió de su habitación unos minutos después. La ducha había conseguido borrar el cansancio del viaje y se había cambiado a un vestido azul de tela ligera que le llegaba un poco por encima de las rodillas, sencillo pero elegante, con la cintura apenas entallada y una falda que se movía con suavidad a cada paso, era el tipo de ropa que le permitía recorrer laboratorios, subir a un barco o caminar durante horas sin sentirse incómoda. El cabello, todavía ligeramente húmedo, descansaba sobre sus hombros en suaves mechones oscuros que aún conservaban el aroma fresco del champú del hotel. Cerró la puerta tras de sí justo cuando la habitación contigua se abrió.

Senku apareció acomodándose el reloj mientras terminaba de cerrar el puño izquierdo de la camisa. También se había cambiado de ropa, la corbata había desaparecido y el primer botón permanecía abierto, como única concesión al descanso antes del inicio oficial del congreso.

Durante un instante ambos permanecieron inmóviles. Fue uno de esos segundos extraños en los que dos personas llegan exactamente al mismo lugar con la misma intención.

Kohaku fue la primera en romper el silencio-. Justo iba a buscarte.

Una pequeña sonrisa asomó en el rostro de Senku-. Yo también.

Ella dejó escapar una risa-. Empieza a preocuparme la cantidad de veces que hacemos eso.

- Estadísticamente sigue siendo una muestra demasiado pequeña.

- Claro...

Reanudaron la marcha hacia los ascensores. El silencio volvió a instalarse entre ellos sin hacerse incómodo. Después de años compartiendo laboratorios, expediciones, vuelos interminables y congresos alrededor del mundo, habían aprendido que no todas las conversaciones necesitaban llenarse de palabras, bastaba caminar juntos.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el lobby, Senku consultó la hora casi por reflejo-. ¿Ya desayunaste?

Kohaku negó con la cabeza mientras presionaba el botón del ascensor-. No alcancé. Preferí sacarme de encima el viaje primero.

Las puertas se abrieron con un suave sonido metálico. Entraron junto a un pequeño grupo de investigadores que continuaba discutiendo sobre alguna ponencia del día anterior. Ninguno de los dos habló mientras el ascensor descendía, no porque el silencio resultara incómodo, sino porque ambos parecían disfrutar de esos pequeños espacios en los que bastaba compartir el mismo lugar.

Cuando las puertas volvieron a abrirse en el lobby, el aroma del café recién hecho llegó hasta ellos desde el restaurante.

Senku consultó la hora una vez más-. Yo tampoco.

Kohaku volvió la vista hacia él-. Ya no es hora de desayunar.

Él permaneció unos segundos en silencio. Miró el reloj de pared que dominaba el vestíbulo, después el suyo, como si estuviera comprobando un dato experimental.

Finalmente asintió-. Entonces brunch.

Kohaku no pudo contener la risa-. ¿Desde cuándo sabes lo que es un brunch?

- Es una comida entre el desayuno y el almuerzo.

- Eso ya lo sé.

- Entonces no veo el problema.

Ella negó lentamente con la cabeza mientras comenzaban a caminar hacia el restaurante-. A veces olvido que eres capaz de definir cualquier cosa como si fuera una entrada de enciclopedia.

- Es eficiente.

- Claro que sí.

El restaurante del Grand Horizon ocupaba uno de los extremos del primer piso. Los enormes ventanales dejaban entrar la luz de la mañana, que se mezclaba con el aroma del pan recién horneado y el café molido. Varias mesas estaban ocupadas por investigadores que repasaban diapositivas entre bocado y bocado, otros discutían animadamente alrededor de mapas, gráficos o computadores portátiles abiertos sobre los manteles.

El maître levantó la vista apenas los vio acercarse, una sonrisa amable apareció en su rostro-. Buenos días, doctora Kohaku, doctor Ishigami. -Ambos respondieron al saludo con una inclinación de cabeza-. ¿Mesa para dos? -La pregunta salió con tanta naturalidad que ninguno de los dos pareció reparar en ella.

- Sí, gracias -respondió Kohaku.

El hombre tomó dos menús y comenzó a guiarlos hasta una mesa junto a los ventanales.

Mientras caminaban entre las mesas, más de un investigador levantó la vista para saludarlos. Algunos los conocían por sus publicaciones, otros por congresos anteriores. Hubo sonrisas, inclinaciones de cabeza y un par de saludos en distintos idiomas.

Kohaku respondió a todos con la misma cordialidad, Senku hizo lo propio con un breve movimiento de la mano.

Al llegar a la mesa, el maître retiró una silla. Senku, casi por reflejo, tomó el respaldo antes que él, esperó a que Kohaku se sentara y sólo entonces ocupó el asiento frente a ella.

El maître observó la escena con una sonrisa apenas perceptible antes de dejar los menús sobre la mesa-. Enseguida les traigo café. -Se alejó sin decir nada más.

Kohaku abrió el menú apenas unos centímetros, no alcanzó a leer la primera línea.

- No hace falta que lo mires. -Ella levantó la vista, Senku seguía hojeando el suyo con absoluta tranquilidad.

- ¿Ah, no?

- Vas a pedir el omelette de espinacas y fruta.

Ella lo observó unos segundos, después sonrió-. Pensaba cambiar.

- No.

- ¿No?

- Terminaste el proyecto hace dos días. Cuando vuelves de una expedición siempre pides exactamente lo mismo.

Kohaku intentó recordar si aquello era cierto, tardó apenas un instante en darse cuenta de que sí. Resopló con una sonrisa resignada-. Eso da un poco de miedo.

- Sólo llevo registro de patrones.

- Ajá.

En ese momento, una camarera dejó dos tazas de café sobre la mesa.

Antes de que Kohaku alcanzara a estirar la mano, Senku deslizó una de ellas hacia su lado. Lo hizo con la misma naturalidad con la que uno aparta un plato o acerca una servilleta. Ni siquiera levantó la vista, simplemente continuó revisando la carta del restaurante como si aquello hubiera sido la consecuencia más natural del mundo.

Kohaku tomó la taza casi por reflejo, tomó un sorbo y frunció apenas la nariz. Demasiado amargo. Sin una sola palabra, Senku intercambió ambas tazas.

Kohaku ni siquiera protestó, probó nuevamente. Esta vez sonrió.

- Mucho mejor.

A dos mesas de distancia, Gen dejó lentamente la taza sobre el plato.

Ryusui siguió la dirección de su mirada-. ¿Qué?

Gen no respondió de inmediato, se limitó a señalar discretamente con la cabeza hacia Senku y Kohaku. Ryusui observó el intercambio de las tazas.

Después vio a Kohaku alargar la mano para acomodarle distraídamente el cuello de la camisa mientras ambos esperaban que llegara la comida. La conversación apenas se interrumpió, Senku ni siquiera dejó de hablar, limitándose a inclinar apenas la cabeza para facilitarle el movimiento, como si aquello ocurriera con demasiada frecuencia como para merecer atención.

Finalmente volvió a mirar a Gen-. ¿Otra vez?

Gen dejó escapar un suspiro teatral y se pasó una mano por el rostro-. Tres años, Ryusui.

Ryusui arqueó una ceja, divertido-. ¿Tres años de qué?

Gen señaló discretamente a Senku y Kohaku, que seguían completamente ajenos a la conversación-. De esto. - Hizo una pausa apenas dramática antes de rematar: - Cada. Maldito. Congreso.

Ryusui dejó escapar una carcajada-. ¿Cuánto apuestas a que este año por fin se dan cuenta?

Gen siguió observándolos unos segundos más. Kohaku acababa de responder una pregunta que otro investigador le había hecho a Senku sin que ninguno de los dos pareciera notar que aquello era extraño.

Negó lentamente con la cabeza-. No acepto apuestas imposibles.

El restaurante comenzaba a llenarse conforme se acercaba la ceremonia inaugural. Investigadores que hasta hacía unos minutos habían ocupado las mesas con tranquilidad empezaban a levantarse, recogiendo carpetas, computadores y tazas de café antes de dirigirse a las salas de conferencias.

Kohaku y Senku hicieron lo mismo unos minutos después. Mientras ella terminaba de acomodar la acreditación sobre la blusa, él dejó unas monedas sobre la mesa para completar la propina y esperó con paciencia a que terminara de ponerse de pie. Después abandonaron el restaurante caminando uno al lado del otro, mezclándose con el flujo constante de asistentes que atravesaba el hotel en dirección al centro de convenciones.

Chelsea les había enviado un mensaje poco antes: “Nos encontramos en el Hall A. Ya estamos con Ukyo. Chrome y Sai también llegaron”.

El salón principal se encontraba al otro extremo del edificio, conectado al hotel por un amplio corredor de cristal desde el que podía verse el jardín interior y una sucesión de fuentes que amortiguaban el murmullo de cientos de conversaciones simultáneas.

Avanzaron sin prisa, la inauguración todavía tardaría algunos minutos y ambos parecían disfrutar de aquel breve espacio de calma antes de que comenzaran las presentaciones, las entrevistas y las interminables rondas de preguntas.

Fue entonces cuando Kohaku escuchó la conversación: dos investigadores caminaban algunos metros por delante de ellos. Llevaban las acreditaciones de una universidad canadiense y conversaban en inglés con la despreocupación de quienes estaban convencidos de que nadie a su alrededor prestaba atención.

- Son adorables.

El otro soltó una risa-. ¿Cuánto tiempo crees que llevan casados?

El primero se encogió de hombros-. No lo sé, pero por cómo se comportan, deben ser algunos años.

Kohaku sonrió apenas. “Qué simpáticos”, probablemente hablaban de alguna pareja que caminaba delante de ellos. El corredor estaba lleno de gente. Había científicos en todas direcciones, periodistas cargando cámaras y estudiantes que aprovechaban cualquier rincón para fotografiar los enormes paneles del congreso. Ni siquiera volvió a pensar en el comentario.

Continuó caminando junto a Senku mientras él le hacía una observación sobre la arquitectura del edificio y la enorme estructura de acero que sostenía el techo acristalado del pasillo. Ella levantó la vista para seguir la dirección que él señalaba y ambos redujeron el paso un instante para dejar pasar a un grupo de asistentes que salía de una de las salas laterales.

Fue en ese momento cuando uno de los investigadores canadienses giró ligeramente la cabeza, sonriéndoles con cortesía e hizo una breve inclinación de saludo. Kohaku respondió por simple educación, siguieron caminando. Cinco pasos. Seis. Y, de pronto, algo hizo clic.

Frunció apenas el ceño, disminuyó imperceptiblemente el ritmo, giró la cabeza lo justo para mirar de reojo hacia atrás. Los dos investigadores continuaban observándolos mientras seguían conversando entre ellos, no había nadie más caminando en la dirección que llevaban.

"... ¿Hablaban de nosotros?". La idea apareció apenas un instante antes de que su lado más racional comenzara a desmontarla. Bueno... publicaban juntos desde hacía años. Compartían proyectos internacionales, viajaban a los mismos congresos y buena parte de la comunidad científica los asociaba casi de manera automática. Era lógico que muchas personas terminaran viéndolos como un mismo equipo de investigación, seguramente aquel había sido el origen del malentendido. La explicación tenía sentido, pero, por alguna razón, no consiguió dejarla del todo satisfecha.

Siguieron caminando por el corredor de cristal mientras el movimiento a su alrededor aumentaba conforme se acercaba la ceremonia inaugural. Varios grupos de investigadores avanzaban en dirección al salón principal comentando las ponencias de la mañana; otros se detenían frente a los paneles informativos o aprovechaban el trayecto para intercambiar las primeras tarjetas de presentación. Entre aquel constante ir y venir, Kohaku permaneció inusualmente callada.

Senku lo advirtió casi de inmediato, no necesitaba mirarla para darse cuenta. Después de tantos años trabajando juntos, había aprendido a reconocer cuándo su silencio significaba tranquilidad y cuándo escondía una pregunta que todavía no encontraba la forma de formular.

- Últimamente la gente dice cosas raras... -comentó ella al cabo de un momento, sin apartar la vista del pasillo que se abría frente a ambos.

Él giró apenas la cabeza hacia ella, esperando que continuara-. Sí.

Kohaku dejó escapar una leve exhalación antes de volver a hablar-. ¿Crees que sea porque publicamos mucho juntos? Quiero decir... hemos compartido varios proyectos importantes estos últimos años.

Senku se tomó unos segundos para responder. Su expresión no cambió, simplemente parecía estar analizando la pregunta con el mismo cuidado con el que examinaba cualquier hipótesis.

- Probablemente. La gente suele asociar a quienes colaboran con frecuencia.

La respuesta era lógica, exactamente el tipo de respuesta que Kohaku esperaba de él. Y, sin embargo, no bastó. Continuaron avanzando algunos metros más, un grupo de estudiantes pasó junto a ellos cargando tubos con pósteres enrollados, obligándolos a hacerse ligeramente a un lado para dejarles espacio. Cuando retomaron el paso, el silencio regresó entre ambos, pero esta vez ya no era el de dos personas cómodas compartiendo el mismo camino, sino el de dos científicos que intuían que había una variable sin considerar.

Kohaku bajó la vista durante un instante-. Aunque... -La palabra escapó casi sin querer.

Senku volvió a mirarla, esperó con paciencia, dándole el tiempo suficiente para ordenar la idea-. ¿Qué?

Ella abrió la boca para responder, pero las palabras se quedaron atrapadas antes de llegar a convertirse en una frase. Había algo más, una intuición que no terminaba de encajar con la explicación que acababa de construir, pero ponerla en voz alta significaba reconocer que ella también había empezado a verla.

Sacudió apenas la cabeza y sonrió con cierta timidez-. Nada.

Senku sostuvo su mirada apenas un segundo más, tuvo la impresión de que ella no le había dicho toda la verdad… descubrió que él tampoco estaba completamente convencido de la suya.

A unos metros de distancia, Chelsea agitaba un brazo por encima de la multitud para hacerse ver. Junto a ella estaban Ukyo, Chrome y Sai, reunidos alrededor de una de las maquetas del recinto mientras discutían el orden de las ponencias de la mañana.

Chrome fue el primero en advertirlos, recibiéndolos con una enorme sonrisa en el rostro-. ¡Al fin! Pensé que se habían perdido.

- Nos entretuvimos un poco -respondió Kohaku con naturalidad.

Chrome desvió la mirada hacia Senku y luego volvió a ella-. ¿Dónde estaban?

- En el restaurante.

- ¿Los dos? -La pregunta salió con la inocencia más absoluta.

Kohaku asintió, sin comprender por qué Chrome la hacía con tanto interés-. Sí. Fuimos a desayunar antes de que empezara todo.

A su lado, Senku corrigió con absoluta tranquilidad, como si se tratara de un dato de importancia científica-. No era desayuno. -Todos volvieron la vista hacia él, Senku ni siquiera pareció notarlo-. Era brunch.

Durante un segundo nadie dijo absolutamente nada, Chelsea cerró los ojos y se llevó una mano a la frente, ocultando una sonrisa que amenazaba con delatarla. Sai tosió disimuladamente detrás de su vaso de café, Chrome parpadeó un par de veces, completamente ajeno a la reacción del resto, Ukyo cerró los ojos con esa resignación tranquila de quien acababa de presenciar una escena inevitable.

Y, a unos pasos de distancia, Gen, que acababa de llegar al hall con una carpeta bajo el brazo, alcanzó a escuchar únicamente las dos últimas palabras. Se llevó una mano a la frente.

- ...Esto va a ser una semana muy larga.


La tarde del segundo día encontró el auditorio principal completamente lleno.

La mesa redonda, titulada Interdisciplinary Challenges for the Next Century, reunía a investigadores que difícilmente coincidían en un mismo escenario: especialistas en energía, ecología, ingeniería de materiales, oceanografía, inteligencia artificial y exploración espacial. Más que una sucesión de exposiciones, el encuentro pretendía convertirse en una conversación abierta sobre los desafíos científicos de las próximas décadas.

Las luces del escenario eran cálidas, lo suficiente para iluminar a los panelistas sin ocultar al público que ocupaba hasta el último asiento del auditorio. En las primeras filas se mezclaban estudiantes universitarios con investigadores veteranos, detrás de ellos, periodistas especializados preparaban cámaras y grabadoras mientras varias pantallas retransmitían en directo cada intervención.

Kohaku y Senku ocupaban dos asientos consecutivos en el centro de la mesa.

Al principio, ambos permanecieron ligeramente inclinados hacia adelante, escuchando con atención las intervenciones de los demás invitados. Kohaku apoyaba distraídamente un lápiz sobre la libreta de apuntes que descansaba sobre sus piernas, mientras Senku entrelazaba las manos sobre la mesa, observando con esa expresión serena e inescrutable que hacía imposible adivinar si estaba prestando atención o resolviendo mentalmente algún problema completamente distinto.

La moderadora dejó que la conversación avanzara durante varios minutos antes de dirigirles la palabra.

- Doctor Ishigami, doctora Kohaku. Ustedes llevan varios años colaborando desde disciplinas muy diferentes. Me gustaría saber cómo enfrentan un problema cuya solución exige equilibrar desarrollo tecnológico y conservación ambiental.

Senku tomó el micrófono con tranquilidad-. El error más frecuente es asumir que ambos objetivos son incompatibles. Si el desarrollo tecnológico destruye el ecosistema del que depende, deja de ser una solución eficiente.

Mientras hablaba, Kohaku permaneció inmóvil a su lado, escuchándolo con la misma atención que el resto del auditorio. Sin embargo, cuando Senku hizo una breve pausa buscando una palabra, ella la encontró antes.

- ...a largo plazo.

Él asintió sin volver la cabeza-. Exacto.

Retomó la explicación desde ese mismo punto como si ambos hubieran ensayado la respuesta decenas de veces. El público apenas pareció notarlo, los demás panelistas sí.

La siguiente pregunta estuvo dirigida a Kohaku.

- Doctora, desde su experiencia en restauración de ecosistemas marinos, ¿cuál considera que es el principal desafío para las próximas décadas?

Ella sostuvo el micrófono con ambas manos antes de responder-. Creo que el mayor desafío es abandonar la idea de que la naturaleza siempre puede adaptarse al ritmo del desarrollo humano. Durante mucho tiempo dimos por hecho que bastaba con reparar el daño después de producirlo...

Hizo una breve pausa, buscó una cifra concreta. No alcanzó a encontrarla.

- Treinta y...

- Treinta y siete por ciento. -La voz de Senku llegó con absoluta naturalidad, sin imponerse sobre la de ella.

Kohaku giró apenas la cabeza, le sonrió un instante-. Treinta y siete por ciento de los arrecifes tropicales muestran actualmente algún nivel de degradación. -Continuó desarrollando la idea sin detenerse, ninguno de los dos pareció considerar extraño que él hubiera completado la información.

La conversación siguió avanzando.

Con el paso de los minutos comenzaron a responder cada vez más preguntas en conjunto, a veces era Senku quien iniciaba una explicación y Kohaku quien la aterrizaba a ejemplos concretos. Otras veces ocurría exactamente al revés, se interrumpían, se corregían. Discutían un dato, matizaban una afirmación. Y, casi sin excepción, terminaban llegando exactamente a la misma conclusión.

No había tensión en aquellas diferencias de opinión, al contrario. Resultaba evidente que ambos disfrutaban discutiendo con alguien que entendía perfectamente la forma en que funcionaba el razonamiento del otro.

En una ocasión, la moderadora formuló una pregunta sobre la viabilidad de instalar reactores experimentales en plataformas oceánicas.

Senku comenzó a responder de inmediato-. Desde el punto de vista energético sería perfectamente...

- Siempre que el impacto térmico pueda mantenerse bajo cierto umbral -intervino Kohaku con calma.

Él levantó apenas un dedo-. Correcto. Ese era el siguiente punto.

Ella hizo un pequeño gesto invitándolo a continuar, Senku ni siquiera necesitó agradecerlo. Retomó la explicación exactamente donde la había dejado. Las respuestas fluían con tal naturalidad que el público comenzó a sonreír cada vez que uno completaba la idea del otro.

En un momento, mientras Kohaku explicaba la importancia de los corredores biológicos marinos, extendió distraídamente la mano buscando el control remoto de las diapositivas, pero no llegó a encontrarlo. Antes de que sus dedos alcanzaran el borde de la mesa, Senku ya lo había dejado sobre su palma sin apartar la vista de la gráfica proyectada detrás de ellos.

Ella cambió la diapositiva y continuó hablando, no hubo un "gracias" porque no hacía falta. Del mismo modo, unos minutos más tarde, Senku alargó la mano casi sin mirar, el control apareció en ella un instante después. Ninguno de los dos fue consciente de aquel intercambio, pero, entre el público, más de una persona sí lo fue.

Cuando la mesa redonda concluyó, el auditorio respondió con un largo aplauso.

Los panelistas comenzaron a levantarse entre saludos y conversaciones cruzadas. Algunos estudiantes se acercaron enseguida para pedir fotografías o hacer preguntas rápidas antes de que comenzara la siguiente actividad.

Una profesora de cabello completamente blanco esperó pacientemente a que terminara el pequeño grupo que rodeaba a Senku y Kohaku. Cuando por fin llegó hasta ellos, sonrió con una calidez casi maternal.

- Siempre es un placer verlos trabajar juntos.

Kohaku correspondió a la sonrisa con una ligera inclinación de cabeza-. Muchas gracias.

La mujer volvió la vista hacia otra investigadora que la acompañaba-. ¿Ves? Te dije que eran ellos.

La otra profesora sonrió con evidente satisfacción-. Son mi matrimonio científico favorito.

El comentario quedó suspendido en el aire. Kohaku y Senku intercambiaron una mirada brevísima sin llegar a ser incómoda, fue más bien la expresión compartida de dos personas que acababan de escuchar exactamente la misma frase por quinta o sexta vez en menos de dos días.

Kohaku abrió la boca-. No somos...

Las palabras murieron antes de terminar la frase, a su lado, Senku también había inhalado para hablar. Sin embargo, al encontrarse con la expresión amable y completamente convencida de ambas profesoras, guardó silencio.

“¿Para qué?”. Llevaban un día y medio corrigiendo a desconocidos, nadie les creía.

Kohaku dejó escapar una exhalación casi imperceptible, decidió sonreír con la misma cortesía de siempre-. Es un honor escuchar eso.

La profesora pareció encantada con la respuesta. Se despidió de ambos con una última inclinación de cabeza y se alejó en dirección a la salida del auditorio.

Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una sola palabra. Abandonaron el escenario por el acceso lateral reservado para los panelistas y comenzaron a caminar por el amplio hall que comunicaba el auditorio con los camerinos y las salas de descanso. El lugar hervía de actividad con investigadores que acababan de salir de otras conferencias se mezclaban con periodistas, estudiantes y organizadores que cruzaban el recinto cargando cámaras, carpetas y acreditaciones. A cada pocos pasos alguien se detenía a estrecharles la mano o a felicitarlos por la mesa redonda.

Sin embargo, ni Senku ni Kohaku parecían especialmente atentos a las conversaciones que los rodeaban y es que la frase de la profesora seguía suspendida entre ambos: "Mi matrimonio científico favorito". Ninguno sintió la necesidad inmediata de corregir el malentendido. Y fue precisamente esa ausencia de una corrección, mucho más que cualquier explicación, la que empezó a resultar inquietante.

Chrome, Gen y Ryusui caminaban unos metros más atrás, enfrascados en una discusión que había comenzado hablando de la ponencia y había terminado, inevitablemente, girando en torno a la extraña habilidad que tenían Senku y Kohaku para terminar las frases del otro.

Fue entonces cuando un investigador extranjero se abrió paso entre la multitud. Llevaba una carpeta repleta de documentos bajo el brazo y una acreditación de la Universidad de Zúrich colgando del cuello.

Al reconocer a Kohaku, sonrió con alivio-. ¡Disculpe! ¿Doctora Ishigami?

Kohaku y Senku levantaron la vista al mismo tiempo. No hubo un solo segundo para pensar.

- Todavía no.

La respuesta brotó de los dos al mismo tiempo, con la naturalidad de una corrección automática. Pero apenas la última palabra abandonó sus labios, las voces se apagaron en seco. Kohaku y Senku quedaron inmóviles, conscientes, en el mismo instante, de que aquella no era la respuesta que ninguno de los dos había querido dar. El silencio que siguió fue tan abrupto que el murmullo del vestíbulo pareció desvanecerse por un momento.

El investigador frunció ligeramente el ceño-. ¿Perdón?

Nadie respondió. Senku y Kohaku seguían completamente inmóviles.

Kohaku sintió que el calor le inundaba el rostro. Durante una fracción de segundo revivió la escena exactamente como acababa de ocurrir. El investigador la había llamado "doctora Ishigami" y ella, sin detenerse a pensar, había respondido "Todavía no". No se le había ocurrido aclarar que aquel no era su apellido. Ni siquiera había pensado en negar la confusión. Su primera reacción había sido corregir únicamente el tiempo, como si, en algún rincón de su cabeza, la idea de llegar a ser la doctora Ishigami no le resultara en absoluto imposible.

A su lado, Senku permanecía tan inmóvil que cualquiera habría pensado que seguía procesando la pregunta del investigador. No era así, lo que intentaba comprender era su propia respuesta. Había dicho "Todavía no" con la misma seguridad con la que corregía un dato equivocado y, sólo después de pronunciar aquellas dos palabras, había advertido lo que realmente implicaban. ¿Por qué esa había sido su primera reacción? ¿En qué momento su mente había aceptado aquella posibilidad como una continuación lógica de la frase?

Detrás de ellos, el silencio también alcanzó a Gen, Ryusui y Chrome.

Los tres se habían detenido a pocos metros de distancia, todavía comentando algunos detalles de la mesa redonda. Sin embargo, apenas las palabras llegaron hasta ellos, la conversación murió de inmediato.

Ryusui fue el primero en reaccionar. Giró muy despacio la cabeza hacia Gen con las cejas arqueadas y una expresión que oscilaba entre la incredulidad y una diversión apenas contenida, como si necesitara confirmar que no había sido el único en escuchar aquello.

Gen no respondió enseguida. Permaneció inmóvil, con la vista fija en Senku y Kohaku. Poco a poco fue cerrando los ojos mientras se llevaba una mano al puente de la nariz, exhalando una mezcla de resignación y satisfacción que sólo alguien que llevaba años observando aquella historia podía comprender.

- No puede ser... -murmuró casi para sí, incapaz de contener una pequeña sonrisa.

Chrome alternó la mirada entre sus dos compañeros y la pareja que seguía inmóvil unos metros más allá. Era evidente que algo importante acababa de ocurrir, pero seguía sin entender exactamente qué.

- ¿Qué pasó? -preguntó en voz baja, procurando no romper el extraño silencio que se había instalado en el vestíbulo.

Ryusui no apartó la vista de Senku y Kohaku. Una risa incrédula amenazó con escapársele, aunque consiguió contenerla antes de que llamara la atención de los demás.

- Lo dijeron.

Chrome frunció el ceño-. ¿Qué cosa?

Gen abrió finalmente los ojos. La sonrisa seguía dibujada en su rostro, pero ahora tenía algo de cansancio, como si acabara de confirmarse una teoría que llevaba demasiado tiempo esperando demostrar.

- Los dos respondieron "todavía no".

Chrome tardó un instante en comprender. Su expresión pasó de la confusión a la sorpresa con una lentitud casi cómica. Primero frunció el entrecejo, luego abrió apenas los ojos y, finalmente, dejó escapar una exclamación ahogada cuando terminó de entender el verdadero significado de aquellas dos palabras.

- ...Ah.

Ryusui ya no pudo contenerse. Bajó la cabeza y una carcajada breve escapó de sus labios antes de transformarse torpemente en una tos para no llamar la atención de los investigadores que seguían pasando junto a ellos.

- Se les escapó... -dijo entre dientes, todavía divertido.

Gen negó muy despacio, con la mirada fija en Senku y Kohaku, que seguían completamente inmóviles, demasiado ocupados enfrentándose a sus propios pensamientos como para darse cuenta de que acababan de regalar el momento más revelador de todo el congreso.

- No -respondió con una tranquilidad casi absoluta-. No se les escapó. -Hizo una breve pausa, la sonrisa volvió a acentuarse apenas un poco-. Lo pensaron.

Mientras tanto, el investigador seguía esperando una aclaración. La sonrisa cordial con la que los había abordado comenzó a transformarse poco a poco en una expresión de desconcierto. Miró primero a Kohaku y luego a Senku, como si intentara descifrar por qué una pregunta tan simple había provocado aquel silencio tan extraño.

Kohaku respiró hondo, abrió ligeramente la boca con la intención de corregirse, pero las palabras se quedaron detenidas antes de llegar a convertirse en una frase. Durante dos días había respondido con absoluta naturalidad cada vez que alguien confundía la naturaleza de su relación con Senku. "No." "No somos pareja." "Creo que nos confunde." Siempre había existido una respuesta inmediata, casi automática. Ahora, sin embargo, ninguna parecía encajar del todo con lo que acababa de ocurrir.

A su lado, Senku permanecía igual de inmóvil. Tampoco él encontraba una explicación que sonara completamente correcta. Había bastado una sola palabra para convertir una corrección sencilla en una posibilidad que ninguno de los dos había considerado conscientemente hasta ese momento. Y, ahora que intentaba deshacerla, descubría con una inquietud creciente que no sabía exactamente qué debía corregir.

El investigador esperó unos segundos más, pero al ver que ninguno de los dos parecía dispuesto a hablar, dejó escapar una pequeña sonrisa comprensiva. Su expresión perdió el desconcierto inicial y adquirió la amabilidad de quien cree haber interrumpido un momento privado sin proponérselo.

- No se preocupen -dijo con un tono suave, levantando apenas una mano en un gesto conciliador-. Buscaré a la doctora más tarde. Creo que... este no es el mejor momento. -Hizo una ligera inclinación de cabeza, murmuró una disculpa y continuó su camino entre la multitud.

Ninguno de los dos intentó detenerlo.

Permanecieron inmóviles mientras el murmullo del vestíbulo volvía, poco a poco, a llenar el espacio que el silencio había ocupado unos segundos antes. Investigadores cruzaban frente a ellos conversando sobre las ponencias de la tarde, alguien reía al otro lado del pasillo y una voz anunciaba por los altavoces el inicio de la siguiente sesión. El congreso seguía su curso con absoluta normalidad, sólo ellos parecían haberse quedado detenidos.

Fue Kohaku quien levantó la vista primero. Encontró a Senku observándola con la misma mezcla de desconcierto y reflexión que ella sentía. Ninguno necesitó preguntar en qué estaba pensando el otro, bastó ese breve cruce de miradas para comprender que ambos habían llegado exactamente al mismo lugar: el verdadero problema no era haber respondido al unísono, ni siquiera era que el resto del mundo siguiera confundiéndolos una y otra vez.

Lo verdaderamente inquietante era que, cuando alguien la había llamado doctora Ishigami, ninguno de los dos había sentido la necesidad de responder "no". Habían respondido "todavía no".

Y esa diferencia, por pequeña que pareciera, acababa de cambiar algo entre ellos.

Notes:

Sí, lo admito: en mi cabeza el brunch tiene una connotación inherentemente romántica. Siempre lo he asociado a parejas, especialmente a ese desayuno tardío después de pasar la noche juntos. Así que, en este universo, esa lectura también existe... y por eso todos reaccionan cuando Senku especifica, muy serio, que no era desayuno, era brunch.

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