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Language:
Español
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Published:
2026-07-22
Words:
4,116
Chapters:
1/1
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1
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10
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73

¿Qué es "besar"?

Summary:

Donde Bill reencarnó en un cuerpo humano y, aún con poderes, quiere aprender a comportarse como tal. O donde Bill siente el impulso de besar a Dipper sin saber qué es eso, y Dipper intenta explicárselo.

Notes:

Esta es mis mis primeras historias y me gusta mucho, espero que la disfruten.

Work Text:

¿Saben lo que es la reencarnación? ¿Alguna vez han escuchado hablar sobre vivir varias vidas? ¿Sobre vivir siendo un animal y luego reencarnar en una planta o un insecto o una persona?

Bueno, los demonios pasan por algo parecido.

—Agh...mierda... —se quejó mientras intentaba levantarse. Miró a su alrededor —¿estoy en Gravity Falls?

Un chico de cabello rubio observaba el bosque curioso, pues algo le parecía muy familiar, pero no lograba recordar muy bien qué. Hasta que tropezó con un cartel y cayó frente a una cabaña.

—¿La cabaña del misterio?

Y fue como si todo viniera de golpe, absolutamente todos sus recuerdos y conocimientos llegaron a su cabeza, y fue como si le mostraran una película de lo lunático que fue en su vida pasada. Su nacimiento, su larga vida intergaláctica, los años que pasó en esa dimensión bidimensional, su caída a la locura, su intento por dominar otra dimensión y su casi éxito, hasta su muerte en esa dimensión. Fue un golpe de información muy chocante. Se levantó aún medio aturdido por la cantidad de imágenes que llegaron a su mente y comenzó a caminar hacia la tienda de regalos.

Al entrar, notó que habían ciertos cambios, como la cajera. Ya no era la leñadora pelirroja, era una castaña de grandes labios y sonrisa amigable. Y el señor Misterio ya no era Stanley, era Soos, el Signo de Interrogación. Le pareció muy gracioso verlo de traje.

—Ah un cliente ¿en qué puedo ayudarte, buen amigo? —preguntó él con una sonrisa.

—De hecho... me gustaría poder hablar con el dueño de la cabaña... ¿se encuentra Stanford Pines? —preguntó cortésmente.

Le era muy raro hablar educado, pero si no quería que lo sacaran a patadas sería mejor que se comporte.

Soos fue a buscar a los señores Pines, quienes lo invitaron a pasar a la sala al verlo con un traje dorado y negro tan elegante.

—Dígame ¿en qué puedo servirle? —preguntó Ford mientras se sentaba junto a su hermano.

—Me gustaría que respondas muchas de mis dudas, Seis Dedos.

Al escuchar el apodo, los gemelos presentes se tensaron.

—Por favor, no se asusten, no busco hacer daño a nadie —no movió ni un músculo en busca de no alterar a los hombres frente a él —puedo explicarles qué está pasando, pero de ahí en más queda en ustedes si creerme o no.

Dos años y medio pasaron desde que Bill se presentó en la cabaña. Dos años en los que se había ganado la confianza de cada uno de los habitantes del pueblo, incluyendo al desconfiado Ford, y eso es mucho decir. Le alegraba que todos se sintieran cómodos con su presencia y no reflejaran miedo, le gustaba la atención, pero al menos la conseguía de una manera sana ésta vez. La decisión de los hermanos Pines fue ser sinceros con el pueblo, lo cual lo asustó porque pensó que lo quemarían en una hoguera, pero no. Gracias a la ley "nada de eso importa", los habitantes no deberían poder reclamarle nada, aunque muchos quisieron venganza, la gran mayoría lo vio indefenso al verlo como un humano sin poderes, por lo que no se preocuparon mucho.

Eso le dio un par de meses para acostumbrarse a su nueva forma de vida y ganarse la confianza del pueblo. Fue difícil, y varias veces no controlaba las nuevas emociones emociones humanas que lo inundaban, pero recibió mucha ayuda de los hermanos Pines, Stanley sobre todo, que sabía lo difícil que era conseguir el perdón de alguien. Después de un tiempo, la gente dejó de ser tan desconfiada y le dieron una oportunidad, la cual aprovechó sin duda.

Sus poderes se fueron manifestando poco a poco, y aunque había recuperado la mayoría, quería seguir aprendiendo a vivir como un humano. No entendía muy bien sus costumbres, o su manera de ser. No entendía porqué no estaba bien dañar a otros, o porqué intercambiaban papelitos por comida u objetos, ni entendía las muestras de afecto. A penas comprendió como se comunicaban, y eso era decir mucho, porque cada turista venía con un acento o expresión nueva que tenía que memorizar. Tardó mucho en entender los conceptos básicos, como el dialecto de alguien, modales y qué es legal o no. Ford y Stan se habían encargado de explicarle lo básico respecto a electricidad, gas, comer para subsistir, el manejo del dinero y lo que puede hacer y lo que no. Claro que llevó tiempo, pero al menos ahora compraba la fruta en vez de solo tomarla sin pedir permiso.

Era un avance.

Wendy, al ver que él aparentaba unos 15 años cuando llegó por primera vez, se tomó la molestia de explicarle lo que era un celular, internet y redes sociales. Volverlo un adolescente promedio fue su misión, y luego de dos años lo consiguió. A medias, ya que Bill se negaba a tener un celular propio.

Las cosas se pusieron tensas cuando anunciaron que los gemelos menores regresarían a Gravity Falls. Bill experimentó lo que era la preocupación. No quería que los pequeños Pines ocasionaran un alboroto por verlo vivir en la cabaña. Ni tampoco quería asustarlos. Le daba algo de vergüenza haber intentado matar a esos niños. De hecho le daba vergüenza muchas cosas de las que hizo en el pasado. No tenía ni idea de cómo recompensar a todos los que había lastimado.

—Bienvenidos sobrinos, siéntanse como en casa.

Stanley los hizo pasar mientras Ford cargaba las maletas. El rubio estaba pegado al techo, pues de los nervios había comenzado a flotar. Los miraba aterrado, y sus manos se aferraban a la madera para no hacer explotar todo sin querer.

—Hay algo que tenemos que informarles antes que nada —habló Ford mirándolo con una ceja alzada. El rubio apretó los labios nervioso.

—¿Qué sucede? —preguntó el menor de los gemelos.

—Bill- llamó —baja de ahí, idiota, ni que pudieran matarte.

"Eso no lo sabemos" pensó.

Ambos gemelos se voltearon y vieron como un rubio con camisa a cuadros roja y jeans negros bajaba lentamente del techo. Estaba tenso, y se mordía el labio inferior, tenía las manos en los bolsillos y les evitaba la mirada. Cuando ambos pies tocaron el suelo ambos castaños lo miraron de arriba abajo sin poder creerselo.

—¿D-Dijiste... —comenzó Mabel.

—...Bill? —finalizó su hermano.

Levantó la mirada a la mención de su nombre y los miró, más nervioso que antes.

Antes de que pudiera decir algo, Ford le indicó que subiera las maletas. Lo miró ofendido, pues él no era ni un botones ni una mula de carga, pero de todas formas obedeció y, haciendo levitar las maletas detrás de él, subió las escaleras de dos en dos. Eso era mejor que ser juzgado por uno adolescentes que había querido matar. Aunque eso no evitó que escuchara toda la conversación en el piso de abajo. Ventajas de tener poderes para aumentar su audición.

—¿Acaso de volvieron locos? ¿Por qué ese psicópata está aquí? —preguntó Pino.

—¿Y por qué no nos dijeron nada sobre él en ninguna de sus postales? —Mabel se cruzó de brazos.

—Chicos, él ya no presenta ninguna amenaza —trató de explicar Ford.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó la mayor de nuevo.

—Los demonios también tienen un ciclo de vida, ellos mueren y reencarnan —comenzó a explicarles tal y como él había hecho dos años atrás —cuando vencimos a Bill, hicimos que él reencarnara en otro ser vivo, en su caso, un humano, pero a diferencia de nosotros, los demonios sí pueden recordar sus vidas pasadas, y conservan su magia.

Bajó las escaleras y se apoyó en el marco de la puerta. Los cuatro estaban sentados en la mesa.

—¿Y cómo saben que no va a enloquecer y tratar de matarnos a todos? —volvió a hablar el menor.

—Porque ahora que soy humano estoy más cuerdo que antes —se adentró en la habitación y comenzó a caminar hacia ellos, haciendo que los menores en la habitación se pusieran alerta y lo miraran fijamente —hay muchas cosas que todavía no entiendo sobre ustedes, pero tener un cerebro humano me permite saber lo que está bien y lo que está mal —suspiró y miró a ambos pares de gemelos —y ahora sé que lo que hice en el pasado estuvo pésimo, y que le hice mucho daño... y yo... lo siento —bajó la cabeza y chasqueó los dedos para salir de ahí.

Dos semanas. Dos semanas en las que los gemelos de 15 años no le quitaron los ojos de encima. Estaban esperando a que cometiera alguna atrocidad, o a que actuara sospechoso. Bill intentó seguir su rutina como siempre, aún sabiendo que tenía dos pares de ojos siguiéndolo en todo momento. Empezaba a sentirse un poco incómodo. Ahora entendía como se sentía la gente que había acosado en su vida anterior. Al no encontrar nada, Mabel se resignó a que estaba diciendo la verdad, así que dejó de seguirlo a sol y sombra. Comenzó a tener un poco más de confianza e intentó ser amistosa, y con algo de nervios, Bill empezó a corresponder esa amistad, como había hecho con Wendy antes.

Dipper era otra historia. Ya no lo seguía a cada minuto, porque Mabel le había pedido que lo deje en paz, pero sí lo notaba incómodo en su presencia. Siempre se escapaba si se quedaban a solas, o simplemente lo ignoraba cuando compartían tiempo con Mabel. Aunque ella intentó mediar varias veces, solo conseguían monosílabos de Dipper. No le gustaba. Le hacía sentir mal, y no le gustaba sentirse así. Así que le preguntó a Mabel qué podía hacer al respecto.

—Pues tú sabes muchos de los secretos de Gravity Falls ¿cierto? Ford nunca le explicó muchos de ellos, podrías hacerlo tú.

Y fue una gran idea.

Comenzó tirando datos cuando estaban con Mabel, y comenzó a picarle la curiosidad al castaño. Poco a poco, Dipper comenzó a hacer preguntas, aunque quisiera hacerse el desinteresado, no lo conseguía. Y cuando Mabel notó que su hermano dejaba de ser tan huraño, comenzó a escabullirse para dejarlos solos. Aunque un poco reacio al principio, Dipper comenzó a frecuentar a Bill en el bosque, donde le explicaba y respondía todas las dudas que tenía y le contaba mucho más de lo que el castaño podía imaginar. Sin poder evitarlo, Dipper dejó a un lado su desconfianza y comenzó a divertirse con Bill.

Cuando le confirmó el multiverso, Pino quedó fascinado.

Así que ahí estaban, sentados en el pasto mientras Bill le contaba el origen de cada constelación que llegaban a ver. Dipper estaba anotando todo lo que no sabía para agregarlo a su diario después. Comenzó a preguntar por algunas criaturas del bosque y él rubio soltó una carcajada cuando el castaño confundió un hada con un luciérnaga. Volteó a verlo para hacer un comentario sarcástico, pero se quedó helado. La imagen de Pino desviando la mirada sonrojado es algo que lo cautivó por completo. Nunca lo había visto así, y nunca había sentido algo parecido en el pecho.

No sabía por qué, pero quería pegar sus labios con los suyos.

Así que lo hizo. Lo tomó por las mejillas, sorprendiendo al otro, y pegó sus labios con los de Pino. Aunque solo fue por unos segundos, ya que Dipper se alejó al instante.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó exaltado tapando su boca con el dorso de su mano, como protegiéndose, mientras sus mejillas adquirían un tono más rojo.

—No lo sé, solo sentí que quería hacerlo, usualmente cuando tengo un impulso, lo hago —se encogió de hombros indiferente.

—No puedes besar a la gente como si nada —le reclamó, molesto por la poca importancia que le estaba dando.

Ladeó la cabeza y lo miró confundido —¿Qué es "besar"?

Dipper lo miró sin poder creérselo.

—¿Hablas en serio? ¿En estos dos años nadie te ha explicado eso?

—Nop, y la verdad no encuentro necesidad, pero si tú dices que es algo importante que deba saber, me gustaría que me expliques.

Y era cierto, si bien había oído la palabra por ahí, y visto personas hacer lo que acababa de hacer, nunca le había dado mucha importancia.

Dipper suspiró. No sabía por dónde empezar.

—Besar es... eso que hiciste... pegar tus... labios con los míos —desvió su mirada al suelo y abrazó sus piernas —también puedes besar mejillas y otras partes del cuerpo humano... es... lo que haces para demostrar afecto.

—¿Como tú con Mabel?

—Sí... ¡no! ¡Quiero decir...! —tartamudeó —el amor fraternal puede expresarse con besos, pero solo besas en los labios a alguien a quien quieres románticamente, no a tu familia —trató de explicar.

Bill lo miró aún más confundido. ¿Románticamente? ¿A qué se refería con eso? Sacudió la cabeza.

—Y... ¿por qué te alejaste? —preguntó.

—Porque no es algo que haces con cualquiera —respondió avergonzado —yo quería que mi primer beso fuera especial, con una persona que me quiera y yo a él —ocultó su rostro en sus piernas.

Hace más de un año se dio cuenta de que las chicas en realidad no iban con él. Los chicos le llamaban mucho más la atención, y aunque a sus padres al principio no les hacía gracia, gracias a Mabel cambiaron de parecer. La verdad, había mandado demasiadas señales como para que no se dieran cuenta. En la escuela las cosas no habían cambiado tanto, nunca fue popular con las chicas, tampoco lo era con los chicos. Aunque de por sí nadie le llamaba la atención.

Bill por otro lado, al ser un demonio, no tenía una sexualidad definida ni le importaba, pues nunca se había sentido atraído hacia nadie en toda su existencia. Hasta ahora, aunque no lo entendiera del todo.

—Pero yo te quiero —respondió el rubio ladeando la cabeza, sin entender.

—Sí, pero nosotros somos amigos Bill... o algo así, lo que trato de explicarte es diferente —suspiró con cansancio. Tomó su mochila y sus cosas y caminó a la cabaña.

Bill entendió que quería estar solo, pero aún no entendía a qué se refería con todo eso que dijo.

De camino a la cabaña. Dipper se sentía más decepcionado de lo que esperaba. El muy idiota de Bill le había robado su primer beso y ni siquiera le importaba. Ni siquiera sabía lo que significaba. Había sido importante para él, y por un momento creyó que para Bill también... pero no era así.

Luego de una semana sin hablarse, con Dipper poniéndose rojo o incómodo cada vez que lo miraba, Mabel se dio cuenta de que algo raro pasaba, y obviamente iba a averiguar qué. Porque Mabel Pines nunca se quedaba con la duda.

—Confiesa ¿qué pasó entre Bill y tú? —Bill escuchó hablar a la castaña detrás de la puerta de la cocina.

Se hizo invisible para poder entrar. Ya le habían dicho que estaba mal espiar, pero quería reconciliarse con Dipper y tal vez esa conversación podría ayudarlo.

—No sé de qué hablas —respondió el menor.

—Ajá, y yo soy la princesa de los unicornios —dijo sarcástica, —habla ya —exigió. —¿Por qué están tan incómodos entre ustedes? Ya ni siquiera salen al bosque.

El chico suspiró, pues quería evitar el tema, pero conocía a su hermana y sabía que no se iría hasta obtener una respuesta. Además ni él estaba seguro de por qué estaba evitando a Bill.

—Puede que... él y yo... amm... él... intentara besarme —dijo lo último muy bajo, pero la castaña logró oírlo igual.

—¡¿QUÉ?! —gritó inclinándose hacia él con los ojos tan abiertos que parecían que se saltarían de su cara.

—Shhh baja la voz, loca —se acercó a la puerta y la cerró para luego volver a sentarse a su lado en la mesada.

—¿Y? ¿Qué pasó? ¿Qué es lo que te tiene tan idiota? —volvió a preguntar.

—Que Bill no sabía lo que era un beso, solo lo hizo porque sí —respondió serio y algo decepcionado.

—Pues explícaselo —dijo obvia.

—Lo intenté —la imitó —pero aún así no entendió, y yo digo que es mejor dejarlo ahí por la paz —tomó el libro que estaba leyendo y se dirigió a la puerta —fin de la discusión —le dijo mirándola serio antes de abrirla y luego se fue, cerrando la puerta detrás de él.

—Pero yo sí quiero entender —dijo Bill desanimado, haciéndose visible de la nada.

—¡AY POR DIOS! —gritó Mabel del susto, casi cayendo de la silla, poniendo una mano en su pecho —Bill, maldito oxigenado, no aparezcas así de la nada —le recriminó.

—Lo siento —la miró —pero Mabel ¿puedes explicarme a qué se refiere Dipper?

—¿Qué quieres que te explique con exactitud?

—¿Por qué no puedo besarlo? Dijo que no es algo que hagas con cualquiera pero no entendiendo qué quiere decir.

La castaña se dio un facepalm. Suspiró, entendiendo por qué su hermano desistió de explicarle al demonio toda la cuestión romántica.

—Bill, eso es algo que haces con la persona que te gusta —contestó sin levantar la vista.

—Pero es que no entiendo qué es "gustar" —soltó frustrado mirando al techo.

—¿A ti te gusta mi hermano? ¿O estas enamorado de él? —lo miró atenta, esperando su respuesta.

—¿Cómo se supone que se siente estar enamorado? —la miró cansado. Ya estaba harto de tantas palabrerías y sentimientos que no comprendía, él solo quería intentar poner sus labios sobre los del castaño otra vez.

—Dime ¿te gusta pasar tiempo con él?

—Sí...

—¿Te atrae físicamente?

—Si te refieres a si me parece lindo... creo que sí.

—¿Te gustaría poder intercambiar afecto con él?

—¿A qué te refieres con "intercambiar afecto"?- hizo comillas con sus dedos.

—¡Ay por el amor de...! —se autointerrumpió y salió de la cocina por unos segundos. Bill se quedó ahí más confuso que antes, hasta que la vio entrar con una pila de libros —ten, para que estudies un poco, yo no puedo explicarte todo lo que conlleva estar enamorado —le dejó todo sobre la barra de la cocina —estos libros a demás de romance tienen aventuras, acción y misterios, para que no te aburras.

Y sin más salió de la habitación.

Bill no entendía como leer iba a resolver sus dudas, pero si con eso conseguía lo que quería, pues se leería los 20 libros frente a él.

Por suerte tenía poderes y pudo hacerlo rápido.

—¿Qué estás haciendo Cipher? —preguntó Ford al verlo tan concentrado y rodeado de libros en la sala.

—Leyendo sobre cómo conquistar a Dipper —contestó con indiferencia mientras daba vuelta una página.

—Oh claro, genial —siguió su camino, pero al captar lo que dijo el rubio se detuvo a mirarlo otra vez —espera ¿qué?

—Es que ahora todo tiene sentido —lo miró desde el suelo —por eso quería besar a Dipper, estoy enamorado de él, y para que podamos compartir afecto y sentimientos mutuos debo conquistar su corazón de igual forma, dah —soltó de golpe, y siguió leyendo más concentrado que antes.

—Ajá... —Ford se le quedó mirando mientras recalculaba todo lo que acababa de escuchar. —Bill ¿Entiendes lo que es la responsabilidad afectiva y la seriedad e importancia que conlleva una relación romántica? —preguntó con cautela.

El demonio levantó la cabeza y lo miró totalmente perdido. Si bien los libros hablaban de relaciones románticas, no ahondaban tanto en lo que acababa de mencionar Ford.

—¿Esos libros te los dió Mabel?

Asintió al instante, a lo que el mayor suspiró.

Así que después de tantas dudas, al fin podía entender el por qué de su actuar con Pino. Estaba enamorado. Raro viniendo de un demonio, pero la verdad le restaba importancia, solo le interesaba poder tener al castaño a su lado. Nunca antes había sentido algo parecido, su vida anterior no tenía romance, ni amor de ningún tipo. Mostrar afecto es algo nuevo para él, pero por alguna razón sus impulsos quieren intentar demostrarlo con Pino. Luego de la explicación de Ford sobre la responsabilidad de los sentimientos ajenos, y todo lo que conlleva una relación amorosa, Bill estaba decidido a conquistar a Pino.

Aunque obviamente seguía sin entender cómo.

—¿Qué ra...? —soltó Dipper mientras observaba las miles de rosas sobre su cama.

—¿Te gustan? —preguntó el rubio detrás de él.

—En realidad... soy alérgico al polen —contestó con una mueca.

Bill, al escuchar eso, chasqueó los dedos haciendo las rosas desaparecer, y luego abrió un portal para pegarse la cara contra un árbol repetidas veces.

Y así fueron sus siguientes intentos de conquista. Nunca acertaba. Y todo por imitar los libros que Mabel le había regalado. Hasta que Stanley lo vio tirado en el sillón, totalmente frustrado, y le aconsejó que fuera él mismo, que pensara en los gustos de Dipper y lo que tenían en común.

Eso tenía más sentido.

Por eso ahora se encontraba llevando al castaño, con los ojos vendados, a una caverna llena de cristales, cristales que con el reflejo de la luna en el agua brillaban y parecían estrellas.

—¿Qué hacemos aquí? —preguntó Pino una vez le quitó la venda de los ojos.

—Pues... cuando intenté besarte por primera vez... fue bajo un montón de estrellas —comenzó a caminar por el borde del agua para evitar mirarlo —el problema es que para que las estrellas estén en esa posición exacta de nuevo tienen que pasar 1.576 años y... tenía que confesarte esto ahora.

Dipper lo miraba atento, nervioso, estaba de más decir que emocionado. No era tonto, entendía los intentos de coqueteo de parte del demonio, pero no quería hacerse ilusiones. Le parecía tierno que intentara darle regalos a la antigua, e incluso le enterneció saber que todo eso lo sacó de libros de romance. La verdad es que Bill le gustaba un poco, pero no creía que el demonio pudiera sentir algo parecido al amor, al menos no cuando lo besó la primera vez, por eso se sintió decepcionado. Y ahora lo veía ahí, nervioso, intentando expresar sus sentimientos y él no sabía cómo reaccionar.

—Yo... estoy enamorado de ti —se acercó a él y lo miró a los ojos —no tengo idea de cómo pasó, ni cuando, sólo entiendo que mis sentimientos por ti se sienten muy reales, y no quiero que desaparezcan, quiero poder demostrártelos, y si es posible... —tomó su mano y la acercó a su pecho —que me aceptes igual.

—Dime que no es una broma —pidió mientras sentía el corazón de Bill latir cada vez más rápido.

—Te lo juro por mi eterna existencia, te amo... te amo como jamás he amado a nadie —respondió.

Y Dipper sabía que no mentía, porque sabía que era imposible que sintiera amor en su anterior vida.

Ambos se fueron acercando lentamente, hasta que Bill tomó su rostro entre sus manos y cerró el espacio entre ellos. El rubio no esperaba el mar de sensaciones que se expandieron por su cuerpo con ese beso, pero cuando Dipper correspondió mientras lo abrazaba por el cuello se sintió el ser más feliz de todo el multiverso. Dipper por su parte jamás pensó sentir algo tan fuerte mientras sentía al rubio abrazarlo por la cintura para desaparecer cualquier espacio entre ellos. Se sentía mejor que la primera vez, probablemente porque ahora era correspondido y ambos aceptaban sus sentimientos. Cuando se separaron, juntaron sus frentes y ambos rieron aliviados.

Claro que la familia Pines se lo veía venir, y si bien la mayoría estaba feliz, Ford seguía pensando para sí mismo que no sería una buena idea a futuro. Pero no dijo nada y dejó a los tortolos ser felices.

Mabel estaba orgullosa, y se daba todo el crédito por haber juntado a ese par.

Bill no la contradijo. Por las dudas.

Dipper nunca se habría esperado enamorarse de ese demonio infantil, pero no se arrepentía de nada. Le hacía sentir bien, le quería y le trataba sorprendentemente bien.

—¿Alguna vez te he dicho lo mucho que te amo? —comenzó a besarlo en toda la cara.

—Sí, creo que lo mencionaste —contestó entre risas.

Había conseguido para Bill un traje dorado que el rubio había amado desde que lo vio en internet. Le costó casi toda su mesada de un año, pero valió la pena. Y ni bien abrió el paquete saltó a abrazarlo para agradecerle.

—Lo voy a usar el día de nuestra boda, y te conseguiré uno igual de hermoso para ti —comenzó a divagar mientras lo abrazaba más fuerte.

—¿Boda? —lo miró perplejo.

—Ah... sí... —el rubio se dio un golpe mental por hablar de más —quiero decir... en algún futuro... si tú... quieres... —sonrió nervioso, a lo que Dipper rompió en risas.

Sip, no podía amar más a ese idiota.

Lo atrajo hacia él para besarlo, justo cuando más fuegos artificiales explotaban sobre ellos.

—Feliz año nuevo, Bill.

—Feliz año nuevo, Pino.