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Never a Burden

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El embarazo había sido particularmente… Fastidioso. Y no porque Erling no disfrutará de dichos días, simplemente se sentía… Mal. La explosión de hormonas y feromonas en su organismo lo agotaba de suma manera. Odiaba sentirse como una carga, porque así era como se sentía, su lobo se sentía sumamente apegado a su alfa, y eso lo hartaba. No porque no quisiera estar con Jude, por dios, para él era una dicha, la dicha más grande poder estar todo el día con su alfa, simplemente sentía que era un estorbo para él.

Para Jude había sido extrañamente satisfactorio, si, era difícil lidiar con el omega, pero ver su rostro de felicidad y tenerlo a su lado cada minuto del día lo hacía feliz. Le gustaba la manera en que sus labios se abultaban cuando no le daba atención, y ni hablar de lo adorable que era para Jude ver al noruego con su vientre abultado. Las feromonas mucho más dulces de lo común se colaban por sus fosas nasales haciéndole estremecer, y aunque era molesto que otros alfas se le acercarán, debía admitir que le gustaba la manera en que los ojos de Erling brillaban cuando se ponían a hablar de su cachorro.

La parte difícil era la parte de los antojos, porque si, su omega había tenido antojos particularmente curiosos, desde hotdogs con mermelada, hasta carne con nutella. Pero, ¿quién era él para juzgar?, no era nadie, era un simple alfa que no tenía ni puta idea de qué era tener un ser vivo en el vientre. Eso y sus extraños cambios de humor, como la vez que en un entrenamiento se había puesto a llorar porque Jude había tirado accidentalmente su propio bote con agua.

Era raro, raro y adorable en toda la extensión de la palabra.

-¿En serio no hay problema?

-Bebé, tú nunca serías un problema.

Jude tomó las mejillas de Erling, besó cada una de estas y terminó besando la punta de su nariz. El omega sonrió abrazando al menor para ocultar su rostro en aquella zona de su cuello de la que brotaban las feromonas más fuertes, el alfa sonrió, comenzando a marcar con su aroma al rubio sintiendo los suaves labios ajenos sobre su piel como respuesta.

Llegaron al lugar de entrenamiento, y como ya era su rutina, Erling tomaba asiento en las sillas observando a su alfa ir de un lado a otro, corriendo, brincando o haciendo los estiramientos necesarios para no lesionarse. Erling debía admitir que extrañaba aquello, esa parte definitivamente había sido la más difícil, dejar de lado el deporte que más amaba. Pero sabía que podría recuperarlo, recuperar el tiempo perdido había sido la promesa que Jude le había hecho.

Cuando fuera el momento necesario, Jude dejaría de lado todo lo relacionado al fútbol para que Haaland pudiera retomar su carrera. Porque aquello era algo de ambos, ambos eran parte de aquello y no le parecía justo que uno dejase su sueño de lado por el otro.

-¿Ya saben qué será? -Rice tomó asiento a un lado del omega, su sonrisa brillante y ojos curiosos, aunque no pudo evitar arrugar suavemente la nariz ante el fuerte olor de Bellingham rodeando al omega.

-Ya podríamos saber, pero ambos queremos que sea sorpresa.

-Oh, eso es adorable, ¿qué quieren que sea?

-Niña -Erling sonrió, tomando involuntariamente su vientre, bajando su propia mirada aún incrédulo por la situación.- Aunque a veces quisiera un niño. Estaría feliz con ambos.

-¿Puedo?

Aquello era algo que Erling definitivamente odiaba, la constante pregunta de ¿puedo?, pero era Declan, Declan le agradaba así que no pudo evitar asentir. La mano del otro alfa se posó en su vientre, sintiendo el ligero movimiento en su interior, Erling sonrió ante la clara emoción del otro alfa, el aroma comenzó a brotar con un poco más de intensidad, y cuando Declan estaba a punto de decir algo, el gruñido posesivo de parte de Bellingham lo hizo colocarse de pie de inmediato.

-Lo lamento. -Rice alzó ambas manos alejándose de donde se encontraba el omega y recibiendo burlas por parte de Gordon y O’Reilly.

-Jude…

-Nada de Jude. -El alfa abultó los labios tomando el lugar previo de Declan, su hombro se recargo en el de su omega frotando su aroma ligeramente contra él en busca de marcarlo, su mano posada donde había estado la del otro alfa sonriendo ante su cachorro.- Eres mio, y odias que toquen tu pancita.

-Si, pero a veces siento feo decir que no.

-No lo hagas, no si no te gusta. Di que no, y listo.

-¿Y qué será? -Esta vez Gordon se acercó a ambos, de pie, justo frente a el noruego-. ¿O no saben?, ¿tienen nombres?

-Aún no sabemos -como ya era costumbre, Jude respondió por Erling sus ojos fijos en Gordon, mientras Erling contenía una sonrisa.

Si, Jude siempre había sido posesivo, y todos eran conscientes de aquello. Las constantes marcas, el aroma, las prendas que dejaba intencionalmente en el locker o mochila del omega, y el hecho de que siempre estuviera rondando o respondiendo por él cuando otro alfa le dirigía la palabra eran prueba de ello. Pero desde que Erling estaba embarazado, la posesividad se había multiplicado por mil, claro, que siempre hacía aquello de manera inconsciente, siempre dominado por su instinto, por lo que a Erling realmente no le molestaba, siempre y cuando Jude se percatará de sus errores.

-Aun no tenemos nombres, aunque me gusta el nombre de Isabel -esta vez respondió el omega, Jude había guardado silencio, manteniendo su mano sobre la ajena.- O si es niño pensamos en Ragnar.

-Eso es adorable, ¿tienen fecha prevista o aún no?

-Aparentemente será a finales del próximo mes. Igual le diré a Jude que avise cuando estemos seguros de que nacerá.

-¡Excelente!, porque todos queremos conocer al próximo sobrino. -Anthony sonrió y al notar como el alfa se relajaba por el término usado no pudo evitar contener una risa burlesca. Burla que se guardaría para la próxima ocasión.

-Gordon es como un cachorro.

-Más bien como un niño mimado. -Haaland sonrió, besó la mejilla ajena y se colocó de pie con un alfa siguiéndolo de inmediato.- ¿A dónde vas?

-Quiero frituras.

Jude camino detrás de su omega, siguiéndolo como si fuera su propia sombra, Erling simplemente caminó hasta lo que parecía ser una cafetería asomándose al menú, había dicho en un inicio que le apetecía frituras, pero Jude lo conocía lo suficiente para saber que terminaría pidiendo la combinación de alimentos más bizarra posible.

-Quiero unas galletas oreo servidas con pepinillos y queso -dijo aquello a Jude, el cual no dijo nada y simplemente sonrió.

-Pues pidelo, mi amor, toma. -Si bien le había entregado su billetera, Erling simplemente se quedó observando, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y aquel puchero que avisaba del llanto que se aproximaba alertaron al alfa-. ¿Qué pasa, mi cielo?

-Pídelo tú.

Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Erling, su tono lastimero lograron que Jude lo estrechó entre sus brazos mientras pedía las cosas de su novio. La persona a cargo ya comenzaba a acostumbrarse a aquello pedidos y en una vasija parecida a las de los nachos preparo la bolsa de galletas colocando tanto queso amarillo como pepinillos en dicha vasija de plástico.

Erling limpió su rostro, sorbió su nariz y tomó su pedido acompañado de una malteada de vainilla. Jude llevaba la malteada dandole pequeños sorbos a escondidas de su omega, y así ambos tomaron asiento en una pequeña mesa cerca de dicho puesto.

-Jude.

-¿Si, mi cielo?

-Perdoname -el rubio hizo nuevamente aquel puchero, y Jude no tardó un segundo en besar sus labios acariciando su mentón con delicadeza.- Sé que solo soy un fastidio.

-No lo eres, no eres un fastidio, nunca pienses eso, mi cielo.
-Si lo soy, solo me la paso llorando y comiendo. Ya ni siquiera me veo bien.

Aquellas palabras eran como puñaladas hacia el pecho del inglés, sabía de primera mano las inseguridades del noruego y había hecho todo lo posible por borrarlas desde el primer instante, pero sabía que aquello sería difícil, para Jude su omega era el ser más hermoso del mundo, pero convencerlo de lo contrario era extremadamente complicado.

-Tu eres hermoso, ¿cómo no lo serías?, eres el omega más hermoso que podrían ver mis ojos. -Tomo las mejillas ajenas, limpiando cada lágrima de su rostro y besando cada parte de este con delicadeza.- Te amo con toda mi alma, y nunca serías un fastidio, estorbo o lo que sea que pase por esa cabecita tuya.

-Te amo mucho, ¿sabías? -Los suaves hipidos seguían presentes, pero para dicho punto ya se encontraba comiendo las galletas remojadas en el queso.- ¿Quieres?

-No, mi cielo, son tuyas.

Jude intentó ocultar el desagrado limitándose a observar como Erling hacía un extraño sandwich de pepinillos con galletas remojados en queso para después darle un sorbo a su malteada. No importaba cuán extraños fueran sus antojos o cuán sensible fuera durante su embarazo. Jude adoraba a su omega con toda su alma y seguiría a su lado aún si el rubio lo quisiera lejos.

Jude se encargaría de estar a su lado sin importar qué, y de recordarle cuánto lo amaba y cuán hermoso era.