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Have a good day

Summary:

«Si hubiera sabido que sería nuestra última vez, al menos debería haber dicho "adiós"».

Work Text:

“Hola, Okuto.

No sé cómo iniciar esto. Sabes que hablar de lo que me pasa nunca ha sido mi fuerte, pero alguien me recomendó hacerlo, aunque sea escrito. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y sigo pensándolo como la primera vez.

Hablando de una primera vez… ¿Te acuerdas cuando te conocí? ¿Cuando pisaste mi pañuelo sin motivo aparente? Aún me parece gracioso pensar en que tus celos por aquella compañera te hicieron actuar raro. Realmente me diste miedo, pero eso ya lo sabes. Así como sabes cuando me enamoré de ti, pero… debo admitir que te oculté algo por mucho tiempo. No fue en esa ocasión cuando me regalaste un chocolate por el día blanco, fue desde antes que me di cuenta de la increíble persona que eras.

¿Recuerdas el viaje escolar de primer año? ¿Cuando me preguntaste si podíamos ser amigos? En ese momento no entendí, pero verte tan inmerso en el mundo de los pulpos, sabiendo gran cantidad de información sobre ellos, me hizo darme cuenta que yo no tenía algo así en mi vida. Sin querer, lo analicé por demasiado tiempo, y pensé en que quería ser como tú: tener una pasión tan grande que pudiera sorprender a cualquiera que me lo preguntara en algún momento random de mi vida.

Siempre te percibí como una persona muy interesante, y yo no tenía nada que ofrecer en comparación tuya. Por eso, el día que terminé mi relación con Sakamoto y mencionaste algo sobre «mis encantos», comprendí que no solo te admiraba como yo pensaba, que tal vez dicha relación no funcionó porque yo ya estaba enamorado de alguien más. Alguien a quien sin querer lastimé en ese momento por culpa de mi indecisión.

Para mi, nuestra primera cita no fue en el cine, al día después de lo de Sakamoto. Fue en ese acuario del viaje escolar, porque ahí comenzó todo… así como con esta carta todo terminará.

Cuando te me declaraste aquel verano, se me hizo tierno y buena broma fingir que no quería corresponderte, luego me sentí mal de ver cómo tus ojos empezaban a ponerse aguados y tu alma casi abandonaba tu cuerpo.
Creo que solo tú ignorabas lo cuan enamorado me veía de ti. Todos lo sabían desde mucho antes y sin que yo lo dijera. Pudiste preguntarle a Oomori, Saho, Mukai… pero jamás lo hiciste.

Te extraño. Estos meses sin ti han sido difíciles, a veces despierto pensando en mandarte un mensaje de buenos días y recuerdo lo que pasó… He tomado varias fotos pensando en mandártelas, pero el mensaje jamás será recibido. Y eso me duele más que cualquier otra cosa.

Matsumura me ha apoyado. Sé que no te agradaba pero siempre ha sido un buen amigo mío, a pesar de muchas cosas que le he hecho.
¡Ah! Aprendí a cocinar, tomé un par de clases con Oomori, también me ha sido de ayuda su compañía. No soy el mejor tampoco, pero la comida ya no se me quema jaja.

Yo creo que todos te extrañamos, sería muy egoísta de mi parte decir que yo lo hago más que otra persona. Siempre, en algún punto de nuestras conversaciones, la idea principal terminas siendo tú por mi culpa, y aunque tratan de cambiarlo, yo aún quiero hablar de ti. A pesar de todo…

Sé y estoy consciente que, de haber leído hasta acá, te preguntarás porqué justamente hoy tomé la decisión de contactarte. Supongo que es la misma razón por la que tú estás aquí, pero yo ya no tengo motivos para seguir.

Disculparás a Kana por darte esto. Ella me dijo sin querer que hoy volvías. Lamento si tu llegada a la ciudad se verá opacada por mi culpa. No creo que puedas odiarme más.

Te amo y siempre lo haré. Si hay un lugar en el cielo para mí, desde ahí te cuidaré.

Ten un buen día.

Hirose Aiki”

Nakamura arrugó la carta tan pronto terminó de leerla. Ignoró a su familia, la cual le preguntaba a dónde iba. Tomó su antigua bicicleta y fue lo más rápido que pudo a casa de Hirose. Antes de que intentara hablar al llegar, notó como la puerta ya estaba abierta. Por el horario, sabía que ni sus papás ni su hermana estarían en casa, por lo que cualquier mala decisión que se quisiera tomar podía hacerse sin interrupciones.

Subió las escaleras, olvidándose de cambiar su calzado en la entrada. La puerta del cuarto del castaño tenía seguro. Empujó con todas sus fuerzas. Una. Dos. Tres veces, hasta que abrió.

Hirose estaba acostado, cualquiera pensaría que estaba simplemente durmiendo, pero Nakamura alcanzó a ver el frasco de sertralina a la mitad. Saho le había dicho que Aiki llevaba semanas sin medicación por decisión propia.
Se sentó en el suelo, checó su pulso y empezó a llorar. Había llegado tarde.

Llamó a Saho, a emergencias y regresó a casa. Se arrepintió de todo. Hirose se había suicidado por su culpa. Nunca debieron de terminar, cualquier problema tenía solución, menos la muerte.

Había prometido cuidarlo por siempre, pero no pudo cumplirlo. Tal vez si hubiera dejado a Hirose explicar la situación, aún estaría con vida.
Era un idiota. Debió confiar en su entonces novio, cuando le dijo que si estaba junto a Matsumura en aquella tienda de joyería, era porque quería darle un regalo de aniversario, pero sus celos no le dejaron razonar en aquel entonces. No era la primera vez que desconfiaba del castaño, era un tema recurrente en las discusiones, las cuales se habían vuelto constantes para ambos. Aiki suplicó ser escuchado, aclarar aquel mal entendido, como siempre, pero el más alto no quiso saber, menos cuando su rival igual intentó intervenir.

Solo Saho lo logró convencer de que él estaba mal, que su hermano jamás pensaría en engañarlo de ninguna manera, pero ya era tarde, Nakamura ya estaba inscrito en una escuela del extranjero para estudiar. Su orgullo no le permitió aclarar las cosas con Hirose antes de irse, y menos quiso contactarlo durante su estadía fuera del país.

Si tan solo lo hubiera hecho, no estaría arreglándose para ir al funeral del amor de su vida.