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La razón de mis suspiros

Summary:

4 ocasiones en las que Tala siguió las maravillosas ideas que le dieron sus amigos para conquistar a Carlos, sin embargo, no terminaron como esperaba.

1 ocasión donde realmente funcionó.

Notes:

Tenía que escribir algo de estos dos , los adoro como no tienen una idea (⁠´⁠ε⁠`⁠ ⁠)

Estoy algo triste porque no habrá reencuentro talavedo 😔

Disculpen si hay algún error de ortografía.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La preparatoria es una etapa clave para la formación de las personas, ya que en esta los adolescentes deciden si seguir torturándose con los estudios o morise en vida (entrar al mundo laboral). Ninguno de estos dos caminos entusiasma a Tala a decir verdad.

 

Hay quienes aprovechan la preparatoria y consiguen contactos por si en algún futuro necesitan, ya saben, palancas. Tala no corrió con suerte y los únicos contactos que consiguieron fueron los de seis simios pendejos que muy apenas pasaban los semestres.

 

Hablando de los reyes de Roma, ahora estaba sentada con ellos en unas bancas, ya que dos de sus profesores no fueron y les dieron una hora libre. Hay quienes están aprovechando la hora para hacer pendientes pero ellos no, les pareció mejor la idea de comer unos nachos antes de que se llene la cafetería y los dejaran sin nada.

 

— ¿Cuándo te le vas a confesar a Carlos? —Preguntó Roberto, mejor conocido como el Piojo.

 

No era ningún secreto, al menos para sus amigos, que a Tala le gustaba Carlos desde el primer día que lo vio.

 

— Piojo, ¿No tienes nada mejor qué hacer que estarte metiendo en la vida de los demás? — Tala ni siquiera lo miró, se limitó a terminar de comer sus nachos. 


— Uyy, alguien anda de malas — El Piojo no se inmutó por la actitud de Raúl, después de todo se llevaban pesado, ya era normal que se llegarán a hablar así o que se insultaran entre ellos. 

 

— Es que Charly no vino hoy — Le informó Jordan pues él, Brian y Tala estaban en el mismo grupo. 

 

— Aah, así que por eso anda con esa jeta de querer matar a todos — Se burló Alexis mientras tomaba del jugo que compartía con el Piojo.

 

— Pero el Piojo tiene razón wey — Habló Brian que estaba sentado junto a Armando, su novio. — ¿Cuándo te le vas a declarar? 

 

— No sé, no me estén chingando. 

 

— Te dejaremos de chingar si nos dice la razón por la que aún no te le ha declarado — Diego tomó el brazo de Raúl, quien trataba de huir de la situación, acercándolo más al grupo — y me extraña, Tala, normalmente eres más aventado.

 

— Si wey, ¿Qué te pasa? —Concordó Armando.

 

Tala se quedó callado ante las miradas confundidas de sus amigos, sabía que ellos tenían razón, normalmente no le importaría las consecuencias de sus actos, total, el que tenga miedo a morir que no nazca.

 

Pero a Raúl realmente le importaba Carlos, tal vez demasiado. No podría soportar perder su amistad con él solo porque su estupido corazón latía con más fuerza cuando está cerca o cada que piensa en él. 

 

— No me gustaría perder su amistad solo por mis sentimientos — Era la primera vez que lo admitía en voz alta, sentía que se hacía más real ese miedo.

 

— ¿Y cómo sabes que no le gustas también a Carlos? — Preguntó Alexis, le sacaba de onda que Tala estuviera tan pesimista — A lo mejor te sorprendes. 

 

— Ni siquiera sé si le gustan los hombres — Tala jugaba distraídamente con una de sus pulseras, toda esta situación le dolía, le dolía pensar que nunca podría tomarle la mano como sus amigos lo hacían con su respectiva pareja. 

 

— Tala, el tipo se cree vampiro y le gusta toda esta onda gótica, obvio le gustan los hombres — Armando frunció el ceño confundido ante lo que dijo Diego. 

 

— ¿Qué tiene que ver eso con que le gusten los hombres?

 

— Hormiga, todos saben que los vampiros son los seres más gays del mundo. 

 

— Bueno yo no sabía... — Armando se encogió de hombros — Todos los días se aprende algo nuevo. 

 

— Volviendo al punto — Jordan se dirigió hacia Tala — Wey deberías de, al menos, tantear el terreno. 

 

— Así te quitas de las dudas y sin perder su amistad — Complementó Brian.

 

— ¿Ustedes creen?

 

— ¡Sii wey! Es mas, nosotros te vamos a ayudar — Dijo el Piojo con una enorme sonrisa. Los demás asintieron entusiasmados por la idea.

 

— Gracias — Tala no pudo evitar sonreír también — Se que no se los digo mucho pero me alegre de haberlos conocido.

 

 

( 1 )

 

 

No, no es cierto. 

 

No se alegra de haberlos conocido, es más por él se pueden ir a la verga cada uno de esos cabrones que se hacen llamar sus amigos. 

 

Ya pasó una semana desde que tuvieron esa conversación y los hijos de la chingada no han hecho más que comer monda.

 

— Cabrones, me van a ayudar ¿Si o no? — Dijo Tala mientras caminaba junto a Brian y Armando. Ese día decidieron irse juntos a la preparatoria. 

 

Armando lo miró con una ceja alzada.

 

— ¿Ayudarte con qué? 

 

— Pues con lo de Carlos — Tala los señaló a ambos — Lo prometieron weyes. 

 

— Ey, ey, nosotros no prometemos nada — Se de defendió Brian y le dio un manotazo a la mano que todavía los apuntaba de forma acusadora — Ofrecimos nuestra ayuda, que es muy diferente. 

 

— Si y en todo este tiempo no han hecho más hacerse pendejos, más de lo que están.

 

— Uuuy, y con esa actitud quieres que Carlos te haga caso — Se burló Armando, lo cual no duro mucho por que Tala no dudó en soltarle un zape. 

 

— Ya, ya, mira para que ya no estés llorando te vamos a ayudar — Intervino Brian — Solo hay que pensar en algo.

 

Caminaron en silencio por unos minutos, pensando en cómo Tala puede preguntarle a Carlos si le gustan los hombres sin preguntárselo directamente.

 

—¡Ah! Ya sé. Invitalo al partido que tenemos el viernes — Armando se dirigió a Raúl con una sonrisa enorme pero él solo lo miró confundido. 

 

— ¿Para qué?

 

Armando, Alexis, el Piojo y Tala están en un equipo de fútbol, ​​nada profesional, es más que nada para pasar sus ratos libres. No eran los mejores pero se defendían.

 

— ¿Cómo que "para qué"? — Armando lo miró, sabía que su amigo se apendejaba con todo lo relacionado con Carlos pero no esperaba que tanto — Para que después del partido, que ganaremos obviamente, hables con él y le preguntes, como no queriendo la cosa, si le gustan los hombres o no. 

 

— Pues, no es mala idea. A nosotros nos funcionó, ¿Por qué a ti no? — Brian le dió unas palmaditas en la espalda — ¿Ves?, ya te ayudamos, ahora deja de andar jodiendo y no la vayas a cagar.

 

— ¿Esa es su pinche ayuda?

 

— Agh, quieres que te hagan todo, hombre — Rodó los ojos.

 

— Lo más que te puedo ayudar es metiendo gol al equipo rival.

 

— Nomás porque me caes bien, ya en el partido te puedo echar flores pa' que Carlos vea que eres una buena opción. 

 

Tala soltó un suspiro, se estaba arrepintiendo de todo.

 

 


 

 

Tala estaba sentado en una banca esperando a los demás para irse juntos al entrenamiento. Cuando vio al dueño de sus suspiros. 

 

Recordó lo que platicó con Armando y Brian esa mañana.

 

— ¡Carlos!, ¿Ya te vas? — Se acercó a Carlos, quien se había detenido al escuchar que lo llamaban. Sonrió al ver que se trababa de Tala. 

 

— Si, ¿Tú también ya te vas? 

 

— No, estoy esperando a los demás para irnos juntos, por cierto, el viernes tendré un partido y me gustaría que fueras — Carlos arqueó una ceja ante la inesperada invitación. Raúl se apresuró a añadir — Claro, si es que quieres.

 

— ¿Y ese milagro que me invitas a tus partidos? — Sonrió de lado — Nunca lo haces. 

 

— Bueno... — Se pasó una mano por la nuca, nervioso — Hay que ir cambiando eso, ¿No? 

 

Carlos soltó una pequeña risita, Tala desvío la mirada al sentir que su rostro se calentaba. Era vergonzoso como lo ponía nervioso tan fácil.

 

— Si, hay que irlo cambiando — Un tono de llamada lo interrumpió, sacó su celular pero no contestó — Bueno, ya me tengo que ir. Nos vemos en el partido.

 

— ¡Sí! Allá nos vemos. 

 

Tala vio como se iba, no se dió cuenta cuando empezó a sonreír. Ahora solo se tiene que preocupar por ganar el partido.

 

 


 

 

Al fin era viernes. 

 

Faltaban unos minutos para que el partido comenzara. Todos estaban calentando. 

 

Tala miró hacia las bancas, no fue difícil encontrar a Carlos, estaba platicando con Brian, rezaba para que no le dijera nada raro.

 

Carlos volteo hacia Raúl, lo saludó con la mano. Le devolvió el saludo, Brian también lo saludaba pero a él lo ignoró al notar la expresión burlona que tenía.

 

Siguió con el calentamiento, estaba demasiado feliz, ver a Carlos apoyándolo le provocaba las famosas mariposas en el estómago. 

 

Al terminar, cada jugador se fue a su posición. Tala se puso bajo la portería. Inhaló y exhaló.

 

Iban a ganar, de eso estaba seguro.

 

 


 

 

Perdieron. 

 

7 - 2

 

No lo podía creer.

 

Claro que habían perdido antes pero nunca con tanta diferencia.

 

Tala estaba sentado debajo de la portería, tratando de recuperar el alimento con una botella de agua en la mano.

 

— No mames, nos metieron la verga — Dijo el Piojo al acercarse a la portería, se rió al ver la cara de humillación que tenía Raúl.

 

— No sé que es peor, perder de esta manera o que Carlos lo haya visto todo. 

 

Su mirada recorrió toda la cancha, vio como Brian consoloba a Armando, los jugadores rivales ya se estaban yendo.

 

El Piojo le dió unas palmaditas en la espalda, iba a decir algo pero se detuvo al ver que Carlos iba hacia ellos, así que mejor los dejó solos para irse con Alexis, necesitaba también consolar a su novio. 

 

— Hola Tala.

 

Se tensó al escucharlo, la vergüenza lo invadió, se arrepentía tanto de haberlo invitado.

 

Miró de reojo como se sentaba a su lado. Se quedaron en silencio, un tanto incómodo, por unos minutos.

 

— El partido fue... Impresionante. 

 

— Si hubiera sabido que perderíamos de esta forma no te hubiera invitado.

 

— Tienes que ver el lado positivo de las cosas, mi Tala — Raúl frunció el ceño.

 

— ¿Qué hay de positivo en todo esto?

 

— Bueno, al menos no quedaron en ceros, pudo ser peor — Se encogió de hombros.

 

Tala lo miró incrédulo, Acevedo realmente creía que este no era el peor escenario posible. 

 

— Eres pésimo consolando, ¿Sabías? — Carlos fingió ofenderse y le dió un leve empujón, Raúl se lo regresó. Los dos se estaban riendo.

 

El silencio regresó pero sin la incomodidad del principio. Ambos miraban hacia la cancha, ya no había tantas personas.

 

— Ya en serio, no te quedes estancado en este partido, úsalo como motivación para el siguiente. Aprende, no solo de tus victorias sino también de tus derrotas. Eres un buen portero Tala, no dejes que te digan lo contrario.

 

Raúl lo miró sorprendido, procesando todo lo que dijo. Bajó la mirada a sus manos con un pequeño puchero.

 

— Muchas gracias Carlos, yo... — Soltó un suspiro, quería decirle tantas cosas pero no encontraba las palabras, el miedo se lo impedía.

 

Él no lo presionó, le dió una palmadita en la espalda y le regaló una sonrisa cariñosa. Se levantó de donde estaba sentado y se para enfrente de Tala, extendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse.

 

— Ven, vamos con los demás que nos están esperando — Tala miró la mano ofrecida para luego tomarla y levantarse.

 

Al final del día no fue tan malo. 

 

 

( 2 )

 

 

— ¿Cómo que no le preguntaste? Vato estás bien pendejo.

 

— Pues se me olvidó, estaba muy ocupado lamentándome por haber perdido de esa manera el partido y, por si fuera poco, enfrente de él. 

 

El juego había sido hace dos días, ahora se encontraban entrenando y su entrenador no estaba muy contento que digamos. Toda la tarde los trajo de arriba para abajo, apenas estaban teniendo su descanso, se sentaron bajo la sombra de un árbol 

 

— Me sorprende que no te haya dejado de hablar por tremenda humillación — Dijo Armando, la burla se notaba de lejos.

 

— Te recuerdo que no pudiste meter ni un mísero gol y no has podido meter ni uno desde hace un chingo. Me sorprende que Brian aún esté contigo por tremenda humillación — Se la devolvió Tala. Solo se pudo escuchar un "uuuh" por parte del Piojo y la carcajada de Alexis.

 

— Okey, te estás pasando. 

 

Raúl solo negó con la cabeza mientras dejaba una botella de agua a medio tomar a su lado. Tenía que pensar en otra manera de preguntarle a Carlos si le gustan los hombres sin ser imprudente.

 

— Tala, si realmente quieres remojar el churro con él tendrás que darte prisa antes que te roben su florecita — Todos miraron a Alexis al escuchar la barbaridad que acaba de decir.

 

Armando se levantó y se fue sin decir nada, no iba ser parte de esta conversación.

 

— Dios, eres un corriente Alexis — Se quejó Tala con una mueca.

 

— Ay, ay, ay, como si no te la jalaras pensando en él — Tala lo miró sorprendido con el rostro poniéndose colorado. Tomó la botella que puso a su lado y se la aventó sin dudar a Alexis, él intentó correr pero la botella lo golpeó de lleno en la espalda.

 

— ¡Aay, te mamaste cabron! — Alexis lo miró con una expresión de dolor. Definitivamente nunca más lo volvería a hacer enojar, tenía la mano pesada.

 

Se escuchó un silbatazo.

 

— ¡Rangel, no desperdicies el agua! — Gritó su entrenador desde el otro lado de la cancha.

 

— ¡La botella estaba cerrada! — Su entrenador solo alzó un pulgar de aprobación y siguió hablando con los demás jugadores.

 

Alexis abrió la boca con indignación, ¿En serio eso era lo que le preocupaba?

 

— Piojito, ¿No me vas a defender?

 

— Es que esta vez si te pasaste — Se encogió de hombros — Aparte yo no quiero un botellazo.

 

Vega se llevó una mano al pecho. Hoy le quedó claro que las traiciones nunca vienen de un enemigo.

 

— Por cierto Tala, ¿Por qué no llevas al Drácula al tianguis? — Raúl ladeó un poco la cabeza — Se sabe que es un buen lugar para reforzar los lazos y para pensar cosas.

 

— Mmm, lo voy a pensar...

 

— ¡¿Ahora me van a ignorar?! — Efectivamente lo estaban ignorando, por naco y estupido. 

 

 


 

 

No hay clase que aburre más a Tala que la de humanidades. Estaba seguro que incluso la profesora estaba hasta la madre de ellos, el sentimiento era mutuo.

 

Miró de reojo a Carlos que estaba sentado en una butaca en su lado derecho, necesitaba preguntarle antes que sobrepiense de más.

 

— Tsss, Carlos — Le susurró mientras se inclinaba un poco a él. Acevedo levantó ambas cejas en señal que lo estaba escuchando. — ¿Quieres ir conmigo al tianguis este domingo?

 

— Si, ¿Por qué no? — Se encogió de hombros mientras sonreía un poco.

 

— Perfecto, pues nos vemos allá a las siete de la mañana.

 

— ...¿A las siete?...

 

— ¡Rangel y Acevedo! ¿Ya terminaron el trabajo? Que los veo muy platicadores.

 

— ¡Ya casi! — Respondieron al unísono. 

 

En serio, la profesora tenía algo en contra de ellos.

 

 


 

 

Raúl estaba parado en una esquina esperando a Carlos. Se había levantado más temprano para buscar el cambio de ropa perfecto. 

 

A lo lejos pudo verlo, se miraba muy guapo, bueno, él siempre se miraba guapo solo que hoy en particular se miraba aún más. 

 

Se acercó a él con los nervios a todo lo que dan.

 

— ¿Nos vamos? — Carlos asintió.

 

Era temprano por lo que no había tanta gente, se paseaban en cada puesto. Así se la pasaron hasta que la gente se empezó a amontonar.

 

— No sabía que regateabas tan bien — Dijo Tala mientras miraba las nuevas adquisiciones de Acevedo.

 

— Pa' que veas.

 

— Ya hace un chingo de calor, ¿Quieres algo de tomar?

 

— Si, cualquier cosa está bien. Aquí te espero — Raúl asintió y se dirigió a un puesto, estaba solo a unos metros así que podía ver perfectamente a Carlos de donde estaba.

 

Estaba esperando a que le dieron su cambio cuando vió a una chica acercarse a Acevedo, era muy bonita. Vió como la chica dijo algo que hizo sonrojar a Carlos.

 

Sintió que se le revolvió el estómago.

 

¿Cómo fue tan estupido para creer que tenía una oportunidad?

 

Obviamente prefiere a las chicas lindas antes que alguien como él, un chico.

 

— Joven, aquí está su cambio — La señora del puesto lo sacó de sus pensamientos, le dedicó una sonrisa tensa y un pequeño gracias. 

 

Para cuando volteo hacia Carlos la chica ya no estaba. Esperó unos segundos para que se fuera esa horrible sensación pero no sirvió de mucho. Mejor se acercó a él.

 

— Ten — Le dió la limonada mientras se paraba a su lado.

 

— Gracias. Te tardaste — Le dió un pequeño sorbo a la bebida.

 

— Si es que la doña tenía mucha gente — Tala se mordió la parte interior de su boca. Habló antes de pensarlo mucho — Por cierto, ¿Quién era la morra con la que estabas hablando?

 

Carlos parecía confundido.

 

— Ah, ella. No se la verdad, vino y me pidió mi número — Le restó importancia.

 

— ¿Se lo diste? 

 

— No, ¿Cómo crees? — Lo miró sorprendido y algo avergonzado.

 

— ¿Qué tiene? Ella era muy bonita, aparte ella fue la que se acercó — Tala no sabía qué era lo que quería que le dijera. Los celos estaban hablando por él — No me digas que tus estándares están muy altos.

 

Carlos se rió un poco por lo último.

 

— Algo así... — Lo miró de reojo con una sonrisa de lado — Es solo que las mujeres no son precisamente mi tipo.

 

Oh.

 

Oh.

 

El bastardo de Diego tenía razón.

 

— Ah, no sabía... — No podía creer que realmente había una posibilidad de que podría salir con él. Y ni siquiera se lo tuvo que preguntar directamente. No quería verse desesperado, así que hizo lo mejor que sabe hacer: fingir demencia — Oye, aquí cerca venden unas quesabirrias deliciosas, ¿Quieres?

 

Carlos se rió ante el repentino cambio de tema pero luego asintió con entusiasmo. 

 

— Va, pero yo invito.

 

— Ya dijiste.

 

Caminaron hacia el puesto. Debían ser un poco más de las once, el sol estaba a todo lo que da. Que la gente se amontonara no ayuda al calor bochornoso que había.

 

Cuando llegaron se sentaron en la mesa más alejada de las personas. Un joven les tomó la orden. 

 

Tala frunció el ceño con preocupación al ver a Carlos.

 

— Charly, ¿Te sientes bien? — Le puso una mano en el hombro. Se miraba más pálido de lo normal.

 

Acevedo quiso asentir pero tuvo una arcada, sacó de una bolsa las cosas que compró lo más rápido que pudo, puso las cosas en la mesa, una vez vacía la bolsa empezó a vomitar en ella. 

 

Raúl se asustó al verlo vomitar, se levantó de la silla y se paró a su lado, puso una mano en su espalda y le empezó a dar pequeñas palmaditas tratando de calmarlo.

 

Las personas que estaban a su alrededor los empezaron a mirar extraño. El joven que los atendió se acercó sin saber qué hacer.

 

Una vez que Carlos vació su estómago se recargó en la silla tratando de regular su respiración, sentía la cara mojada no sabía si era por el sudor o si eran por sus lágrimas debido al  esfuerzo de vomitar.

 

— ¿Te sientes mejor? — Le susurró Tala, estaba muy preocupado. Carlos solo pudo asentir un poco ya que con cada movimiento que hacía sentía que la cabeza le iba a explotar. 

 

— Bueno, al menos reaccionó rápido y vomitó en una bolsa... — Dijo el joven tratando de aligerar el ambiente. Raúl volteo a verlo mal pero independiente centro toda su atención en Acevedo.

 

 


 

 

Al parecer había sido un golpe de calor.

 

No sabían qué hacer así que mejor le llamaron al padre de Acevedo, y quién mejor que él que era médico. Ahora se encontraban en el auto del papá de Carlos de camino a su casa ya que se habían ofrecido a llevarlo.

 

— Carlos, disculpame. Yo... 

 

— Está bien, no fue tu culpa — Le regaló una sonrisa cansada. Tala bajó la mirada a su regazo donde tenía las cosas que había comprado antes y las quesabirrias que al final se las dieron para llevar. 

 

— No había manera que supieras que esto iba a pasar. Así que no te culpes niño — Habló el padre de Carlos, le lanzó una mirada rápida por el espejo retrovisor.

 

— Para la otra hay que ir cuando no haga tanto calor, ¿Si?

 

— Sí.

 

 

( 3 )

 

 

Raúl y Diego iban de camino a encontrarse con los demás. Estas eran de las pocas veces que se reunían todos fuera de la preparatoria, ya que nunca se ponían de acuerdo con las salidas y siempre terminaban cancelando los encuentros.

 

— Te lo dije, yo siempre tengo razón — Tala rodó los ojos divertido ante eso — Ahora, ¿Qué vas a hacer?

 

— ¿De qué o qué?

 

— Pues ya que confirmaste que si le gustan los hombres, ¿Cuál va a ser tu siguiente paso?

 

— Mmm no lo se, no creí que podría llegar tan lejos. 

 

Diego se estampó una mano en la cara. Raúl en serio era increíble. 

 

— Bueno tienes que pensar en algo para conquistarlo — Lo pensó unos segundos — ¿Qué tal chocolates?

 

— Todo mundo regala chocolates.

 

— Bueno pues flores.

 

— ...¿Flores?...

 

— Si, al ser hombre lo más probable es que nunca le hayan regalado flores, tú serías el primero en dárselas. Aparte ¿A quién no le gustan las flores?

 

Tala sonrió ante la idea que, de hecho, era muy buena. Al fin, unos de sus amigos realmente lo estaba ayudando.

 

— Es más, yo te voy a acompañar a comprarlas.

 

— Gracias Diego, tú si eres un buen amigo.

 

 


 

 

¿Cuántas veces más se va a arrepentir de decir esas palabras?

 

Desde que salieron, Diego no ha hecho nada más que quejarse de absolutamente todo: que si el camión que pasó estaba lleno y no se pudo sentar, que hacía un calor insoportable, que si la gente caminaba lento, que si una empleada lo miró mal según él, criticaba a todas las parejas que miraba.

 

— Me tienes hasta la verga, no hay chile que te embone cabron — Se quejó Tala, era la tercera florería que entraban y Diego solo se la pasaba criticando las flores y el local — No es mi culpa que te hayas peleado con Jordan.

 

— No me peleé con Jordan...

 

— Entonces, ¿Qué chingados tienes?

 

— ... — Desvío la mirada — Bueno, si me peleé con él.

 

Raúl rodó los ojos, era obvio que era por eso.

 

— ¿Por qué se pelearon? — Preguntó con la poca paciencia que le quedaba. 

 

— Es que el Jordan parece que no puede mantener las manos quietas, siempre anda toqueteando a otros — Se pasó las manos por la cara con fuerza — Y me da un coraje que haga eso.

 

— Sabes que no lo hace con otras intenciones, ¿Verdad?

 

— Lo se, pero no puedo evitar molestarme.

 

— Pues dile que te da inseguridad, si solo le reclamas y no le dices por qué te enojas obviamente se va a molestar, ya deberías saber cómo es.

 

Diego se quedó callado unos minutos, sabía que Tala tenía razón.

 

— Bueno, ya fue mucho de hablar de mis problemas — Se dirigió a él — Esta vez si te voy a ayudar. Ven que conozco una florería muy buena.

 

Raúl lo siguió, aliviado de que por fin Campillo se puso de buenas y dejaría de escucharlo quejarse de todo.

 

Al final, escogió un ramo de margaritas, girasoles y otras flores que no sabía sus nombres. La florería tenía servicio a domicilio, así que lo pidió ya que probablemente se moriría de los nervios si se lo daba él personalmente.

 

El ramo iba con una pequeña nota, lo pensó mucho antes de decirse, al final se decidió por algo corto.

 

"Para el dueño de mis suspiros"

 

Ya estaban en el camión de camino a sus casas cuando Diego rompió el silencio.

 

— Oye, si pusiste tu nombre en la nota, ¿Verdad?

 

— ...¿Tenía que ponerle mi nombre?...

 

Ambos se miraron en silencio unos segundos, solo se escuchaba el murmullo de los demás pasajeros y como el chofer le mentó la madre a algún carro.

 

— No puede ser, eres un pendejo...

 

 


 

 

Tala sentía que los nervios se lo comían vivo y que Carlos no haya ido hoy a la preparatoria no ayuda en nada.

 

Estaba por irse a su casa cuando vió a Memo, esperaba que él supiera algo.

 

— ¡Memo! — Se acercó a él corriendo.

 

— ¿Qué onda, mi Tala? — Chocaron los puños.

 

— ¿Sabes por qué Carlos no vino hoy? — Guillermo arqueó una ceja extrañado.

 

— Carlos está en el hospital, ¿No sabías? — Raúl sintió que toda la sangre se le iba a los pies, el corazón le empezó a latir demasiado rápido — Al parecer no. 

 

— ¿P-por qué está en el hospital? 

 

— Porque un inconsciente le regaló un ramo de flores y le picó una abeja, el pedo es que él es alérgico a las abejas¹, sino fuera por que sus papás estaban cerca no me quiero imaginar que hubiera pasado.

 

Tala se pasó ambas manos por la cara. 

 

Fue su culpa.

 

¿Cómo pudo olvidar que Carlos era alérgico a las abejas?

 

— Él ya está bien pero ya sabes cómo son sus papás, querían asegurarse de que todo estuviera en orden — Raúl no dijo nada, aún tenía las manos en su cara — Iba a ir a verlo, si quieres puedes acompañarme.

 

Tala asintió, necesitaba comprobar él mismo que estaba bien.

 

Cuando llegaron al hospital los recibieron los señores Acevedo. Carlos parecía algo aburrido pero estaba bien, se alegró visiblemente cuando miró a Raúl.

 

Tala sintió que ya podía respirar con normalidad.

 

 

( 4 )

 

 

— Así que casi lo matas.

 

— Armando, ya callate.

 

Estaban en el receso, ya habían pasado varios días de ese accidente. Brian, Armando, Alexis y Piojo se la han pasado burlándose de su mala suerte tratando de conquistar a Carlos.

 

— Wey, al menos no supo que fuiste tú — Se rió el Piojo, Tala lo miró mal preguntándose por qué chingados les contó.

 

— Ya Talita, anímate que ya va a ser el cumpleaños de tu tocayo y nos vamos a poner una pedota — Alexis puso sus manos en los hombros de él y lo empezó a mover de un lado a otro.

 

Raúl Jiménez cumple años el fin de semana y como todos los años va a hacer una fiesta. Todos estaban emocionados porque sus fiestas siempre terminaban en un desmadre, para bien o para mal.

 

— No sé si voy a ir. 

 

— Carlos va a ir — Le informó Brian.

 

— Si voy a ir.

 

Todos soltaron las carcajadas, cada día más confirmaban que Tala estaba enculadisimo.

 

— A todo esto, ¿Dónde están Jordan y Diego? — Preguntó Armando mirando a los lados buscándolos.

 

— Se deben estar comiendo la boca atrás de los salones — Alexis le restó importancia.

 

Ninguno lo cuestionó ya que los conocían muy bien y era lo más probable que estuvieran haciendo.

 

 


 

 

Ya era fin de semana y por ende la fiesta.

 

Tala llegó al salón de fiestas. Ya habían muchas personas, algunos amigos del cumpleañero y otros sus familiares.

 

Se acercó a Raúl que parecía estar discutiendo con Alexis y Piojo.

 

— Raúl, sabes que mi Piojito y yo siempre nos encargamos de la música.

 

— Pero es mi puta fiesta y si yo quiero les quito la pinche bocina, ¿Cómo la ven? 

 

— Ya amor, no vale la pena discutir con estos cabrones, son tercos a morir — Julián pasó un brazo por su cintura tratando de alejar a Raúl de esos dos — Mira quién llegó, tu tocayo. 

 

— ¿Qué onda? — Se rió un poco.

 

— Aay Talita, que bueno que si viniste — Lo abrazó con fuerza — A ti si me alegra verte no como a estos weyes.

 

— ¿Por qué discuten? — Preguntó divertido.

 

— Pues estos cabrones que fueron los primeritos en llegar para adueñarse de la bocina y no me dejan escoger la música — La repuesta de Alexis fue sacarle la lengua como un niño mientras el Piojo elegía la siguiente canción que pondrían.

 

— Bueno, nos vemos Tala que vamos a saludar a los demás — Julián arrastró a Raúl hacia los demás — ¡Por cierto, Carlos ya llegó!

 

Rangel sintió que se le calentaba el rostro, el Piojo y Alexis se empezaron a reír de él.

 

 


 

 

Las fiestas se supone que son para divertirse pero Tala no se estaba divirtiendo.

 

No, definitivamente no se estaba divirtiendo.

 

Era el único sentado de su mesa con una vaso de refresco a medio tomar.

 

— ¿Por qué esa cara larga, mi Tala? — Alexis se sentó a su lado. El olor a cerveza le llegó a las fosas nasales indicándole que, muy probablemente, Alexis ya tenía medio cuerpo en Narnia.

 

Raúl ni siquiera lo miró, su vista se mantenía a unas mesas más adelante.

 

— ¿Desde cuándo Edson es tan gracioso? — Alexis frunció el seño ante la pregunta, siguió la mirada de Tala y, miró a Carlos y a Edson muy juntitos riéndose, de lo que sea qué estuvieran hablando.

 

— Mierda... — Se dirigió a Raúl con la boca abierta sorprendido — Ya te lo ganaron.

 

Alexis vió como se le tensaba la mandíbula a Raúl, se alejó poquito, por si acaso.

 

— Así es la vida, mi Tala, a veces se gana otras veces se pierde... — Negó con la cabeza, luciendo decepcionado — Pero nada mejor que ahogar tus penas con la poderosísima caguama.

 

Tala le lanzó una mirada rápida a la caguama que Alexis puso en la mesa, volvió a dirigir la mirada a la otra mesa solo para ver cómo Edson le decía algo a Carlos en el oído y este se sonrojaba.

 

Apretó el vaso que tenía en la mano, derramando todo el refresco. Agarró la caguama y le dió un gran trago, lo necesitaba.

 

— ¡Eso! No dejes que te afecte mi Tala, todos los hombres son iguales — Alexis se levantó de la silla algo tembloroso — Te voy a traer otra, espérame aquí.

 

Raúl sabía que más tarde se arrepentiría de hacerle caso a Vega pero en ese momento no estaba pensando con claridad. Sentía como hervía en celos. 

 

 


 

 

Ya estaba pedo. 

 

Lo sabía porque ya estaba algo mareado y sentía la cara caliente.

 

Miraba cómo unos algunos se ponían hasta el culo y hacían estupideces; y cómo otros bailaban con sus parejas, ligues, lo que fueran. 

 

Hasta que sonó una canción que le llamó la atención.

 

Suspiros de El Coyote y su Banda Tierra Santa y Grupo Firme.

 

A todas horas, mi amorcito, estoy pensando en ti

Mi corazón volviste loco, ya no sé de mí

Eres la dueña de mi alma, de mi vida entera

Sin ti no vivo, soy un alma en pena.

 

Miró como varias parejas bailaban al ritmo de la canción, entre todas esas parejas estaban Brian y Armando sus movimientos eran algo torpes pero parecían estar divirtiéndose, no muy lejos también estaban bailando Alexis y el Piojo se movían todo lo que sus cuerpos borrachos les permitían.

 

Dirigió su mirada a Jordan y Diego, eran la pareja que mejor bailaban, y cómo no lo iban a ser si Jordan, como buen sinaloense, obligó a Diego a aprender bailar ese tipo de canciones. 

 

Ahora comprendo que el amor es algo muy bonito

Siento mariposas aquí adentrito

Cerca del pecho te traigo, mi amor

Vives en el centro de mi corazón

 

Volteo hacia Carlos, Edson ya no estaba con él, no supo en qué momento se fue pero esta era su oportunidad para invitarlo a bailar.

 

Se paró, lo mejor que pudo, de su asiento. Si estuviera sobrio nunca se atrevería hacer eso pero él no está sobrio y Carlos no tenía porque enterarse. 

 

Todas las noches sueño contigo

Cuando te veo lanzo suspiros

Suspiros que se van hasta el cielo

Pa' que este amor lo bendiga Dios

 

— Carlitos, ¿Me concedería esta pieza? — Le extendió la mano e hizo una pequeña reverencia. Carlos se le quedó viendo antes de responder.

 

— Ya estás pedo — No era pregunta, una sonrisa burlona se formó en su rostro.

 

— Puede ser... — Carlos soltó una pequeña risita para luego tomar la mano de Tala.

 

— Bueno, puede que yo también este un poco pedo...

 

A todas horas, mi amorcito, estoy pensando en ti

Mi corazón volviste loco, ya no sé de mí

Eres la dueña de mi alma, de mi vida entera

Sin ti no vivo, soy un alma en pena

 

Raúl lo miró embobado, le iba a decir algo cuando le dió una arcada, no le dió ni tiempo de taparse la boca cuando le vomitó encima a Carlos, él se movió al sentir el líquido por mero reflejo.

 

Tala se sentó pero siguió vomitando, su cuerpo estaba expulsando toda la cerveza que se había tomado antes. Sentía que se iba a morir, no sabía si por que estaba vomitando hasta la hamburguesa que se comió hace dos años o por la vergüenza de vomitarle encima a Carlos.

 

Las personas a su alrededor se empezaron a alejar, la música seguía sonando y la parejas seguían bailando, ajenos a todo.

 

— ¿Ya mejor? — La pregunta de Carlos lo sacó de sus pensamientos.

 

— Perdón por vomitarte... — Murmuró, aún seguía algo mareado. 

 

— Ven te voy a llevar a tu casa, mejor — Tala puso un brazo al rededor de los hombros de Carlos usándolo de apoyo y empezaron a caminar, o eso trataban ya que cada cierto tiempo se tambaleaban.

 

¿Por qué siempre terminaba haciendo el ridiculo? 

 

Bueno, él ya sabía la respuesta.

 

 

 

( +1 )

 

 

Definitivamente había sido un error seguirle la corriente a Alexis, no solo porque la cruda lo dejó echo mierda sino que también sus abuelos le dieron la regañiza de su vida y, por si fuera poco, arruinó su oportunidad de bailar con Carlos.

 

Ahora estaba en la casa de Jordan haciendo un proyecto escolar. Era de las pocas salidas que le daban permiso sus abuelos, ya que seguían enojados con él. 

 

— ¿Y qué vas a hacer ahora? — Preguntó Jordan aún escribiendo en la libreta.

 

— ¿De qué? — Fingió demencia, él sabía perfectamente de qué hablaba Jordan.

 

— Pues con Charly wey, no me digas que ya te rendiste — Tala se quedó callado, Carrillo levantó la cabeza al notar el silencio — ¿Neta? 

 

— La he estado cague y cague, no me sorprendería que Carlos ya no quiera ni verme.

 

— ¿Sabes por qué las has estado cagando? — Raúl negó con la cabeza — Porque has estado haciendo cosas que tú jamás harías. Desde cuándo acá invitas a Carlos a tus partidos de fútbol; desde cuándo te levantas antes de las siete de la mañana un domingo; desde cuándo regalas flores; desde cuándo le sigues la corriente a Alexis. Te centraste tanto en conquistar a Carlos que te olvidaste de cómo hacen las cosas normalmente ustedes. 

 

— Y no digo que estas cosas estén mal, solo que si le vas a gustar será por que eres tú. Y Raúl Rangel no es un wey que planea tanto las cosas, no es pesimista, no le da miedo enfrentarse cara a cara con las adversidades, no se rinde tan fácil. Así que, empieza a ser tú, ¿Me entendiste?

 

Tala sintió sus ojos humedecerse. Nunca creyó que de todas las personas sería Jordan que le dijera algo así. Se levantó y lo abrazó fuertemente. 

 

— Gracias Jordan, yo... — Carrillo le correspondió el abrazo, le dió unas palmaditas en la espalda.

 

— Ya se, ya se... — Se quedaron así unos momentos más — Pero wey, hazte una limpia no puede ser que nada te salga bien. 

 

— Tenías que arruinar el momento con tus comentarios — Se separó de él, pero no había rastro de molestia en su voz.

 

— Es que no es normal eso compa...

 

 


 

 

Ya han pasado varios días, ya se les bajó el enojo a sus abuelos y ya le dan permiso para salir a todos lados, más si es con Carlos.

 

Que por cierto, se encontraba en la casa de este comiendo mandarinas mientras escuchaban música, de vez en cuando tarareaban las canciones o platicaban de cosas triviales. El ambiente era pacífico.

 

Hasta que empezó a sonar una canción de Los Apson. 

 

Anoche me enamoré

 

Tala la reconoció al instante y empezó a cantarla.

 

— Anoche yo me enamoré... Cuando de tí me enamoré — Se dirigió a Carlos, le tomó las manos con suavidad y siguió cantando.

 

Carlos lo miró sorprendido, poco a poco sus mejillas se enrojecieron. 

 

— Creí que no eras real pero ya me convencí que eres mía hasta la eternidad... — Sonrió, sentía su corazón empezó a latir con más fuerza, ¿Carlos será capaz de escucharlo? No lo sabe, pero si hay algo de lo que está seguro es que el miedo ya no va a decidir por él.

 

— Carlos, estoy enamorado de tu pasión por las películas y la música, de la forma en que siempre tratas de ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, de como siempre tratas de animar a los demás, de tu linda sonrisa, de tus ojos... — Soltó una risita embobada — Estoy totalmente enamorado de ti.

 

Acevedo se soltó del agarre de Raúl para luego lanzarse a él, lo abrazó, escondió su rostro en su cuello.

 

— Aay Tala, yo también estoy enamorado de ti, estaba tan aterrado de perder tu amistad que nunca me atreví decírtelo...

 

Tala se separó un poco para verle el rostro.

 

— ¿En serio?...

 

— Jamás te mentiría, tenlo por seguro — Carlos se acercó tímidamente a los labios de Raúl — Te quiero tanto.

 

Ambos se acercaron al otro, el beso fue algo tímido, sin prisas. Estaban disfrutando cada segundo.

 

Se separaron lentamente, se rieron al verse.

 

— No puedo creer que esto está pasando — Tala en respuesta lo abrazó.

 

Se quedaron en un silencio cómodo.

 

— ¿Tú fuiste el que me mandó esas flores, verdad?... — Raúl se tensó al escucharlo. Carlos se empezó a reír.

 

— Supongo que tengo muchas cosas que contarte.

 

— Te escucho. 

 

Toda la tarde se la pasaron hablando de todos los intentos fallidos de Raúl, pero no se arrepentía porque al final, todo lo que vivio lo llevo hasta ese momento.

 

 

Notes:

¹ Esto me lo saqué de la cola, no se si Carlos tenga alguna alergia, así que por necesidades del guión le invente una. Investigando sobre esta alergia me enteré que en México no venden autoinyectores de epinefrina, yo siempre creí que si.

Tarde mucho en escribir este one shot por 2 razones:
1.- procrastinación.
2.- conforme iba escribiendo me di cuenta que repetía muchas palabras/expresiones y no me gustaba eso, ahí me ven buscando sinónimos.

En fin, ya estoy trabajando en otro fic talavedo, espero no tardarme tanto esta vez. (⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)