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Te amaré hasta el fin de Teyvat

Summary:

Nakamura Okuto, un joven que vive en Inazuma, recibe una carta de aceptación de la facultad Amurta de la Akademiya de Sumeru.
Con apoyo de Aether y Paimon, toma la decisión de confesar sus sentimientos en el Festival Irodori.

Pero a veces, no todo sale como planeamos.

Notes:

Au Go For It Nakamura x Genshin Impact
Donde los personajes viven el el mundo de Teyvat.
Estaré actualizando los hashtags y personajes a medida que vaya actualizando.

La historia toma lugar en el festival Irodori, evento previo de Genshin Impact, y poco después de los eventos de Sumeru.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Te extrañaré

Chapter Text

—Ad astra abyssosque, Bienvenido a la sede del gremio de aventureros, Nakamura-kun. Han llegado unas cartas para tí— Lo recibió la amable recepcionista del gremio de aventureros, mientras entregaba en manos del joven azabache unos sobres. 

—Muchas gracias, Katherine. 

Tomó en su manos las cartas con una sonrisa mientras empezó a recorrer las calles agitadas de la ciudad de Inazuma. Las personas cargaban cajas, decoraciones, faroles, todos estaban trabajando animadamente para el próximo festival Irodori. Todos estaban muy emocionados, pues sería el primero desde la abolición del decreto de captura de visiones de la Shogun Raiden. La euforia reinaba las calles, y nadie quería perdérselo. 

—Me pregunto si Hirose habrá regresado de su trabajo de escolta... Quedamos en encontrarlos en Ritou, pero debo dejar estas cartas en casa, estoy emocionado por leerlas— Se decía con una sonrisa. 

Nakamura Okuto, un chico de 18 años nativo de Inazuma, fanático de las novelas ligeras de la editorial Yae y un joven entusiasta de la vida marina. Su vida no era nada fuera de lo común. Era el hermano mayor de una chica molesta que no le daba privacidad ni libertad de expresión, pero que en el fondo, muy en el fondo, sabe que lo quiere. 

—¡Maldito Okuto! ¡Te comiste mis dangos! 

—¡No lo hice! ¡Estoy ocupado!

—¡Mentiroso! ¡Regrésate a comprar más! 

—¡Ya no tengo Mora! ¡Y quiero leer mis cartas antes del entrenamiento!

—¡No regreses hasta que me regreses mis dangos!— Le gritó nuevamente para tomar las cartas en sus manos— Dejaré esto en tu habitación, ¡Ahora vete!

—¡Kana!

Apenas gritó el nombre de su hermana, recibió un portazo en la cara. Un largo suspiro salió de sus labios mientras volvía a las calles con las manos en sus bolsillo, contando la mora en sus manos para pagar por volver a su hogar. Sabe que en el fondo la quiere. 

—Este era el dinero para el siguiente libro de "Amor Prohibido" que la editorial Yae sacará hoy...— Dijo con pesar mientras caminaba al restaurante Shimura, con la esperanza de que él todavía tenga lo que pide su hermana. 

Todos los puestos de comida han estado ocupados preparándose para el festival, no sería sorpresa para el joven que no encontraba Dangos hasta el festival. Quizás la leche de dango del señor Yukio alivie a su hermana y lo haga entrar a la casa. 

—¡Nakamura!

O al menos ese era el plan, hasta que escuchó su voz. Una sonrisa se dibujó en sus labios al ver al autor de la misma dirigirse a él. El corazón empezó a latir con fuerza y sus mejillas tomaban un color rojizo cada vez que él aparecía. 

—¡Hirose! ¡Regresaste!

Un joven de cabellos castaños se acercó con una sonrisa en el rostro y alzando la mano con emoción antes de correr hacia su amigo, mientras se acercaba con sus compañeros de equipo. Su pelo estaba totalmente despeinado con ramas y hojas en la cabeza, sus prendas desordenadas y la visión que colgaba de su cintura brillando con intensidad. 

Era un desastre andante, pero eso solo hacía sonreír a Nakamura con su presencial. 

—¿Qué te pasó?— Preguntó con una sonrisa y preocupación mientras sacaba las ramas y hojas del pelo de su amigo, incluso decidió levantar la mirada para ver a sus compañeros, que estaban igual o peor— ¿Y ustedes también?— Aunque no lo dijo con el mismo tono de preocupación.  

—También es un placer verte, Nakamura— Respondió con sarcasmo Takeuchi mientras se quitaba las hojas de la cabeza, siendo ayudado por su otro compañero, Mukai.  

—Escoltamos los preparativos del Santuario Narukami hasta Ritou, pero nos atacaron unos Hilichurls, y unos Nobushis querían robarnos, pero los vencimos con fuego, y piedras , ¡Pam! ¡Pum! ¡Zas!— Empezó a contar con emoción y haciendo incluso expresiones con las manos y rostro, pero intentando no moverse mucho para que Nakamura le terminara de quitar las ramas del pelo para peinarlo.

—Y en el camino de regreso unos Tanukis nos hicieron una broma y caímos en un agujero— Terminó de decir Mukai. 

—Ya verán cuando los encuentre, ¡No volveré a caer en sus bromas!— Expresó con determinación el castaño, asegurando que esto no volverá a pasar. 

—Lo importante es que estás bien, Hirose... Ah, y ustedes también. 

—Que agradable es que te preocupes por nosotros, Nakamura— Nuevamente expresó Takeuchi con un tono lleno de sarcasmo— Volvamos al gremio a pedir la recompensa Hirose, a menos que Nakamura también deba peinarte todo el camino. 

El nombrado sonrió de nuevo con una risita cuando Nakamura terminó de arreglarle el pelo, volviendo con su equipo.

—¿Nos vemos más tarde, Nakamura? ¡Vamos a comer juntos en el restaurante Uyuu!

—Ahí estaré— Respondió con una sonrisa antes de despedirse de su amigo. Una vez que se fueron, no pudo evitar suspirar con amor mientras seguía caminando— Aaahhh, estaba todo despeinado, pero se veía tan lindo... Quizás debí acompañarlo en este trabajo, pero tengo entrenamiento... 

Suspiró con pesadez antes de seguir su camino por la ciudad para llegar a la comisaría, buscando en los alrededores con la mirada para encontrar su objetivo. Lástima que fue sorprendido por alguien apenas entrar al sentir una mano en su hombro, que lo hizo asustarse. 

—¿Buscas a Kujou Sara y a tu padre, Okuto-kun? 

Se estremeció ante la pregunta para voltear lentamente aterrorizado ante la persona que lo sorprendió. 

—Ay, Detective Shikanoin, solo es usted...— Suspiró aliviado al darse cuenta de quien era, y se limitó a asentir con la cabeza. 

—Salieron en una misión, así que yo supervisaré tu entrenamiento. 

—Se lo agradezco...— Dijo un poco preocupado. 

El padre de Nakamura es parte de la policía en la comisión Tenryu, al ser el mayor de la familia, le dijo que tiene que entrenar con la lanza estrictamente todos los días. Un hombre debe saber defenderse después de todo para servir a la gran Narukami, es lo que le enseñaron desde niño. Toda la estación de policía lo conocía e incluso se turnaban para enseñarle técnicas de combate y que nunca esté indefenso. Su hermana debería estar en el entrenamiento también, pero insiste en ser más fuerte que su hermano, y aunque lo es, él solo la deja tranquila y espera que su padre se ponga de su lado por una vez y la levanté del sofá. 

Al inicio, no le gustaba, pero al ver que sus habilidades le facilitaban una gran cantidad de trabajos en el gremio de aventureros, no se podía quejar. 

Llegaron a la zona de entrenamiento, donde Heizou tomó una lanza y le lanzó otra a Nakamura, la cual atrapó sin problema.

—Has mejorado mucho, así que hagamos esto rápido, intenta que haga caer mi lanza en diez minutos o menos, y para que veas mi sinceridad, no tendré apoyo de mi visión— Sonrió mientras golpeaba el suelo con la lanza. 

—¿D-Diez minutos? ¿Por qué tan rápido?— Preguntó con nervios, Heizou definitivamente no era el miembro más débil de la policía, no tenía confianza de ganarle. 

—Mi mejor amigo regresa por el festival y quiero ir a Ritou a verlo, pero no quiero dejarte sin entrenar luego de que Kujou Sara me lo pidió tan amablemente— Admitió sin pena mientras le señalaba donde colocarse para empezar. 

—¿Kaedehara-san está en Inazuma?— Se preguntó con incredulidad, es el amigo que siempre mencionaba el detective. 

El mismo al darse cuenta, decidió sonreír antes de hablar— Empecemos, y para hacerlo más divertido, hagamos una apuesta. 

—¿Apuesta? 

—Sip— Ambos se colocaron en posición de combate— Si gano, te compraré el nuevo tomo de "Amor Prohibido". 

—¿Cómo supo que no he podido comprarlo? 

—Soy detective, tengo mis métodos— Dijo despreocupado y siguió— Y si no logras hacer que suelte mi lanza, te confesarás a tu amigo del gremio de aventureros. 

—¿¡QUÉ?!

—¡Empecemos! ¡Owada! ¡Voltea el reloj de arena!

El oficial siguió la orden de su superior y empezó el combate. Sabía que el detective era muy audaz e inteligente, no era secreto para él su evidente crush en su mejor amigo, Hirose Aiki. Solo había que ver como él se convertía en una persona completamente diferente cuando estaba a su lado. La atención que le brindaba, los regalos que le daba, el como se conocían sabiendo todo el uno del otro. Solo hubo que verlos interactuar una vez para que Shikanoin conociera el punto débil de su oponente frente a él. 

En el fondo, quería enseñarle a Nakamura que independientemente de las distracciones, debía prestar atención al enemigo frente a él. Después de todo, aunque la lanza no era el arma que Heizou dominaba a la perfección, no podía negar que era bastante fuerte. 

 

(...)

 

—¡Ganador! ¡Detective Shikanoin Heizou! ¡Osea yo!— Exclamó el de ojos verdes con una sonrisa victoriosa al ver el último grano de arena caer y una ola de aplausos rodeando a ambos jóvenes. 

—No puede ser...

Una victoria aplastante, pues en ese límite de tiempo, Heizou no soltó el arma ni una sola vez, aunque Nakamura tampoco soltó el arma y atacó con destreza aplicando todo lo aprendido con los años de entrenamiento. Recibió una botella de agua de uno de los oficiales mientras le felicitaba por su desempeño. 

—Permíteme felicitarte también, Okuto-kun— Dijo el oficial mientras golpeaba la espalda del joven con una sonrisa de oreja a oreja— Podrías perfectamente unirte a la comisión Tenryou en los exámenes de combate, me gustaría incluso que fueras mi asistente, aunque no lo necesito. 

—Gracias por la oferta, supongo— Suspiró aliviado mientras se levantaba del suelo y se limpiaba la tierra. 

—Ahora debes cumplir la apuesta, ¿Bien?

El rostro del azabache se coloró ante recordar lo que debe hacer por perder el combate, confesar sus sentimientos. Lleva años intentando hacerlo, pero siempre buscaba excusas para no seguir adelante. El temor al rechazo era mucho más fuerte que su determinación. Solo podía suspirar y prepararse para volver a casa, aunque es detenido por una bolsa que le ofrecía el detective. 

—Ten, un regalo— Sonrió el detective para dárselo en las manos antes de irse— Voy a reunirme con Kazuha, nos vemos— Se despidió con una mano mientras salía de la comisaría. 

Al abrir la bolsa, se sorprendió al ver que estaba lleno de dangos. Nuevamente, el detective nunca falla en sorprenderlo. Ahora puede comprar el tomo de la novela ligera, haciéndolo sonreír de la emoción y buscando a Shikanoin con la mirada, solo para darse cuenta que se había ido. 

—Al menos ya puedo volver a casa, y tendré tiempo de comer con Hirose, jeje. 

 

(...)

 

—Bien, puedes entrar. 

—No me digas— Suspiró con pesadez y finalmente pudo entrar. 

Dejó sus zapatos en la entrada y se adentró hasta llegar a su habitación. Era un lugar tranquilo donde Vivian, no era una gran mansión como la hacienda Kamisato, pero era lo suficientemente cómodo para que no les faltara nada. Al llegar a su habitación, se asomó a ver las cartas del gremio de aventureros en su cama, justo como dijo su hermana. 

Al menos en ese aspecto es honesta. Se tomó el tiempo para leer hasta que escuchó una explosión a las afueras, asustándolo y haciendo que los papeles salgan volando a los alrededores. Estaba molesto, pero conocía el origen de aquel ruido, por lo que se dirigió a la ventana de su cuarto que daba hacia la calle principal, viendo como la hija de los Naganohara nuevamente estaba experimentando con fuegos artificiales a las afueras. 

Desventajas de ser vecinos. 

—¡Oi, Yoimiya! ¡Experimenta esos fuegos artificiales en otro lado!— Le gritó desde la ventana en dirección al hogar de la chica frunciendo el ceño. 

—¡Lo siento, Nakamura!— Se disculpó la chica mientras se quitaba el hollín del rostro con una sonrisa en el rostro.

Sus gritos llamaron la atención de dos rostros conocidos para el azabache. 

—¡Mi musa!— Un chico con boina salió corriendo del negocio de pirotecnia hacia las afueras de la casa del chico, acompañado de un chico con lentes. 

—¿Tamura? ¿Oomori? ¿Qué hacen aquí? 

—Vamos a grabar una Kinografía para un concurso en Fontaine, aprovechando el ambiente el festival— Explicó Oomori mientras se acomodaba los lentes— Y Yoimiya nos está ayudando con unos fuegos artificiales por una escena del final. 

—¡Será una escena de romance! ¡El cierre será un beso con fuegos artificiales de corazones de todos los colores! ¡Ahora que podemos salir de la nación, estoy seguro que ganaremos el premio Furina este año que vayamos a Fontaine! ¡Estoy seguro!— Expresó el mayor con emoción mientras apuntaba a Nakamura con su Daguerrotipo— ¡Únete a nuestra película, Nakamura! ¡Serás el rival amoroso!

—No gracias. 

—¡¿EH?! Que rápido fuiste en negarte. 

—No quiero que mi cara llegue hasta Fontaine, gracias— Cerró la ventana y se alejó de ahí para volver a leer sus cartas en paz. 

Ante su inminente derrota, un suspiro salió de los labios de Tamura mientras regresaba al negocio de los Naganohara, acompañado de su fiel asistente. 

—Cada año vuelves para hacer una película y cada año te dice que no— Dijo con una sonrisa la rubia.

—Quizás debimos decirle que Hirose iba a participar, capaz así nos aceptaba. 

—¿Tú crees?— El menor asintió con la cabeza— ¡Volvamos a intentarlo!

—Terminemos con los fuegos artificiales primero.

—Bieeeen— Se resignó y decidió seguir con su trabajo. 

 

(...)

 

La paz y tranquilidad volvieron a reinar la habitación de Nakamura. No quería participar de nuevo en las Kinografías de Tamura. La última vez, le pusieron un kimono de mujer y peluca, solo para matarlo en la primera escena. Encima, Hirose no participó como le habían dicho en aquel entonces, y lo vio con la ropa femenina cuando hizo la presentación frente a toda la ciudad de Inazuma. No pudo dar la cara por una semana. 

Aunque poco sabe que es la kinografía favorita del castaño. 

Su atención volvió a las cartas. Algunas eran de familiares lejanos, otra era de su amiga Kawamura, que se encontraba en Sumeru estudiando, además de que le mandó algunos borradores de su siguiente novela de género Bl. 

—L-La leeré más tarde— Dijo apenado mientras escondía los escritos. 

Y Finalmente, llegó a la última carta. Tenía el logo de la Akademiya de Sumeru. Tragó saliva por un momento de los nervios. Mandó hace un tiempo una solicitud para integrarse a la Academia, puesto que la escuela Amurta de Biología tiene un programa de investigación marina para estudiantes, en colaboración con el Instituto de Ciencias de Fontaine. Conocer a las criaturas marinas de otras naciones, ahora con la abolición del decreto y el fin de la guerra, sus sueños se pueden hacer realidad con la respuesta de esta carta. 

Emocionado y ansioso, se acercó a la pecera al otro lado de la habitación. 

—Despierta, Icchan, ¡La Akademiya leyó mi solicitud de ingreso! ¿Crees que me aceptaron?  

El pulpo movió con lentitud sus tentáculos para saludar a su dueño, pegando sus tentáculos para dar a entender su apoyo. Aunque eso no bajaba los nervios de Nakamura, entrar no era nada fácil, y graduarse mucho menos. Pero sus ganas de aprender le dieron la motivación para intentarlo. 

Con las manos temblorosas, empezó a abrir el sobre con los ojos cerrados. Al sacarlo del sobre, puso los papeles frente a la pecera de su pulpo. 

—¡No puedo, Icchan! ¡Léelo tú!

Unas burbujas llenas de agotamiento salieron de la pecera del pulpo ante la decepción de su dueño y una mirada de clara desaprobación. O eso se podría interpretar si el pulpo tuviera cejas. Pero Nakamura podría sentir una mirada prejuiciosa de su mascota, y no el quedó de otra que leer lo escrito en la carta. 

Su rostro iba cambiando de una expresión neutral a una llena de alegría. 

—¡Me aceptaron! ¡Me aceptaron! ¡ME ACEPTARON! 

—¡Cállate maldito Okuto!— gritó su hermana mientras abría la puerta de la habitación, pero siendo sus gritos épicamente ignorados por la emoción del mayor. 

—¡Me aceptaron!— Ignoró los gritos de su hermana y con mucha felicidad fue a abrazarla, incluso llegando a levantarla del suelo y dando vueltas alrededor— ¡Me aceptaron, me aceptaron! 

Kana estaba sorprendida por la repentina expresión de cariño de su hermano mayor, pero al ver la carta en su mano, decidió quedarse callada y dejarlo disfrutar un poco más. Estuvo a punto de decirle algo, pero el mayor salió corriendo a ponerse los zapatos. 

—¡Se me hace tarde para ir a comer con Hirose! ¡Debo contarle! ¡Nos vemos luego, Kana!

—¡Espera, Okuto!— Intentó llamarlo, pero su hermano lleno de euforia solo le despeinó el pelo antes de irse corriendo como un tornado a la calle, dejando a su hermana sola en su habitación, quien volteó a ver la pecera del pulpo— ... ¿Al menos está feliz, verdad? 

Burbujas salieron de la pecera de parte de Icchan, mientras movía sus tentáculos con lentitud. 

—Estaba a punto de decirle sobre lo lento que últimamente has estado, Icchan... Ya casi no quieres comer... Supongo que le diré cuando regrese. 

 

(...)

 

El restaurante Uyuu estaba lleno, pero los chicos consiguieron un lugar. Lamentablemente para Nakamura, no era un cita entre los dos como se lo imaginaba, pues estaban acompañados de Mukai, Takeuchi y Oomori. No estaba enojado del todo, pues no odiaba a los amigos de Hirose, se llevaba bien con ellos después de años de convivencia. 

Bueno, con casi todos. 

—¡Nakamura! ¡Sé que pusiste estas zanahorias en mi plato!

—No sé de que hablas, Takeuchi— Negó con falsa inocencia mientras se llevaba los fideos de su udón a la boca. 

—¡No te hagas! ¡Estas verduras no estaban en mi Yakisoba!

—No le eches la culpa a Nakamura, seguro no te diste cuenta— Respondió Hirose ayudando a Nakamura a salirse con la suya, pues las zanahorias realmente eran de los platos del castaño originalmente, al ver a su amigo pasarlos al plato de Takeuchi, decidió fingir que no vio nada y seguirle el juego. 

—¡Pero...!

—Ya Takeuchi, yo me como las zanahorias, pero no hagas un escándalo— Dijo Mukai con un suspiro mientras tomaba aquellos vegetales con sus palillos.  

Nakamura y Hirose por su parte se rieron de su crimen perfecto mientras continuaban con su comida. 

—Hey, Oomori, ¿Cuándo vamos a grabar la escena que dijiste con Tamura? 

—¿Vas a participar en la kinografía?— Ya se estaba arrepintiendo de rechazar la propuesta del mayor, pero no podía decir nada. 

—Sí, seré el protagonista, te aseguro que lo haré mejor que tú el año pasado— Dijo con una sonrisa llena de determinación. 

Su amigo de lentes se reía en silencio antes de contestar— Lo haremos en dos días, por la noche en el puerto de Ritou, Tamura está consiguiendo el permiso. 

—¿Y Hirose también se pondrá el kimono femenino?

—Esta vez si seré un chico, ¿Qué te pasa, Mukai? 

—Solo decía— una sonrisa burlona se dibujó en sus labios— Lo hiciste en su primera kinografía. 

—¡Fue una vez! ¡Tenía 14 años!

—Y se veía extremadamente lindo... ¡No pienses en eso Nakamura!— Recuerdos de aquel día invadían los pensamientos del castaño. 

Tamura siempre ha sido un personaje excéntrico, queriendo aprender sobre las grandes kinografías y participar en los concursos que organizaban en Fontaine. Pero debido al decreto de captura de visiones y el cierre de la nación, salir era prácticamente imposible, por lo que solo eran una actividad que hacía con Oomori en su tiempo libre para mostrarla a sus amigos. Pero ahora era su oportunidad de llevar su trabajo a las afueras una vez terminara el festival Irodori, por el cual todos estaban emocionados por ir. 

Probar las delicias, participar en los stands de juegos del festival, incluso escucharon que hay un torneo de escaradiablos organizados por el único e inigualable Arataki Itto. Aunque dudaron un poco de que tan oficial era este torneo, pero la emoción de Takeuchi por participar se notaba desde lejos, presumiendo incluso a su campeón que lleva días criando y entrenando. 

Pero aunque la conversación estaba tomando un buen rumbo, y en el fondo, Nakamura se divertía, estaba buscando un momento adecuado para decirle la buena noticia a Hirose. Le quería contar a él primero la buena noticia de que fue aceptado en la Akademiya. Mas encontrar el momento era difícil. 

—Hey, Nakamura, vas a ir al Festival Irodori, ¿Verdad? Será muy divertido, puedes unirte a nosotros cuando terminemos de grabar la escena con Tamura. 

—Escuché que Calx, el ilustrador de la novela de "Una leyenda de espadas" estará en el festival, y el autor de la novela también estará firmando autógrafos, no me lo perdería por nada— Sonrió ligeramente ante la emoción de ver a uno de sus autores favoritos. 

No era fan de las novelas de artes marciales, era más de romance, pero "Una leyenda de espadas" tenía algo especial que le llamaba la atención y cuando leyó el primer libro, no pudo dejar de leer. Y conocer al autor sería un sueño además de tener una copia autografiada de su novela.

—No sabía que te gustaba esa serie Nakamura, yo también quiero ir a la firma, pero Tamura me tendrá ocupado— Suspiró Oomori con tristeza. 

—¿Es tan buena?— Cuestionó el castaño al ver que sus amigos tenía ese gusto en común. 

—¡Es bastante genial! ¡El primer volumen comienza en un mar de estrellas invertido donde una guerra estelar lleva siglos activa. Y La ministra de asuntos militares, Frances, contempla la galaxia desde su ventana y reflexiona sobre el sentido de las ambiciones del emperador Sher y....— Al ver como todos los miraban atentamente ante su repentina explicación e interpretación de la novela, decidió mejor callar y volver a prestar atención a su comida— Y... Algo así iba... —Terminó de decir mientras su cara se volvía roja cual tomate. 

Una pequeña risa salió de los labios de Hirose al ver a su amigo contar lo mucho que le gustaba aquella novela— Quizás intente buscar el primer volumen antes de que se agote. 

—¿Eh? 

—Te aseguro que te va a gustar— Garantizó su amigo de lentes con una sonrisa. 

—Quizás debas leerlo Takeuchi, escuché que Yuuka regresará a Inazuma por el festival y le encantan las novelas ligeras.

—¿De verdad? ¿La impresionaré si leo? 

—Aunque dudo que tu cerebro entienda la trama. 

—¡Maldita sea, Mukai!

Las risas volvieron a invadir la mesa, incluso Nakamura pudo sonreír de vuelta. Estaba aliviado que no se burlaran y que la conversación tomara otro rumbo. 

Nuevamente, no encontró el momento adecuado. Terminaron de comer y cada uno fue por su parte. Pero Hirose se quedó junto a Nakamura un tiempo más. Se quedaron hablando de experiencias del pasado, del entrenamiento que tuvo en la mañana con Heizou, sin contar la parte de la apuesta, y de muchas cosas más. 

Pero finalmente, era momento que se separaran. 

—Estoy emocionado por el festival, y ya no tengo más trabajos en el gremio, ¡Voy a descansar todo el día!

—¿No debes aprenderte el guion? 

—Tengo pocas líneas, no me presiones— Le respondió con un puchero— Además, Hana hará todas las líneas largas, no debo preocuparme. 

—¿Hana? 

Ese nombre se le hacía extrañamente familiar. Pero decidió ignorar ese sentimiento al ver su casa no muy lejos de donde estaban. A lo lejos, de hecho observó al detective Heizou caminando con una amplia sonrisa al lado de un chico peliblanco con una mecha roja. Sus miradas se cruzaron a la distancia, y leyó sus labios en silencio intentando decirle un mensaje. 

"Recuerda la apuesta" 

Su rostro se coloró, y estaba apunto de reclamar, pero Shikanoin había escapado de escena junto a su amigo. 

—¿Estás bien, Nakamura? 

—¿Eh? Ah, sí, todo está bien... lo que pasa es que tengo... tengo algo que decirte. Y es muy importante. 

—¿En serio? ¿Qué sucede? 

El chico se encontraba extremadamente nervioso, intentó tomar valor, pero era muy pronto. No estaba listo. El ambiente no era el adecuado desde su perspectiva. 

No sabe como se lo tomaría, no quiere arruinar su amistad. 

—Uhm... I-Icchan ha estado cansado últimamente, y estoy preocupado...— Decidió tocar otro tema— Espero que esté bien... 

—¿Tu pulpo mascota? Ya tiene varios años, ¿Verdad? 

Nakamura asintió con la cabeza— Sé que no tienes trabajos con el gremio, pero... si pudieras encontrar un veterinario para Icchan... te lo agradecería mucho. 

—Lo que sea que me pidas, Nakamura— Sonrió con preocupación— Te encontraré uno que lo atienda antes del festival para que no te preocupes y puedas disfrutar, no tienes que pagarme por ello. 

—...Gracias... 

Hirose está consiente de lo importante que es el pulpo para su amigo. Puede tomar un trabajo extra con tal de que el azabache se sienta tranquilo. El contrario, por su parte, tocó ese tema con pena, no era mentira, pero no era un tema que quería hablar en voz alta. 

Quizás debió contarle lo de la Academiya, pero decidió decirle después. 

Tenía un mes después de todo. Quiero disfrutar su compañía todo lo que pueda. Hasta que tenga el valor de decirle lo que siento. 

 

(...)

 

Una tradición de Inazuma es subir las escaleras del Gran Santuario de Narukami, para mostrar tu determinación. Una ves llegas al último escalón, tienes el derecho a tomar un palillo de la fortuna y saber cual es tu suerte del día. 

Cuando sentía inseguridad, Nakamura hacía este mismo ritual personal para pedir suerte. Quizás es el empujón que necesitaba. El día anterior hizo esto y recibió la carta de aceptación en la facultad Amurta. Quizás, con un poco de suerte de la gran Narukami, pueda recibir el empujón que necesita para ser más sincero. 

Llegó a la cima de la montaña, esperando que ningún conocido lo vea. No quería dar explicaciones después de todo. Sus pies lo llevaron frente a Gendou Ringo, la antipática Miko que se encarga de recibir los palillos de la fortuna. Le entregó la caja en sus manos para sacar un palillo con temáticas de Sakuras en el mismo. 

Una vez en sus manos, dirigió la mirada y extendió la mano. 

—Hola, Nakamura-kun— No era la primera vez de la chica viendo al joven. Era básicamente parte de su rutina. Casi todos los días, Nakamura subía la montaña y pedía un palillo de la fortuna para recibir un papel con su suerte del día. 

Con su expresión fría de siempre, cumplió su tarea. Sin sonreír, manteniendo su expresión neutral diaria. 

El chico se alejo, agradecido con la sacerdotisa antes de hacerse a un lado para leer la fortuna, chocando por accidente con alguien que llegaba "corriendo" al santuario. Ambos chocaron cayendo al suelo con fuerza, llenando el pelo de ambos con las hojas del cerezo que caían. 

—¡Oye! ¡Fíjate por donde vas!— Gritó la voz chillona e infantil de la personita que cayó al suelo. 

El joven levantó la mirada confundido al ver que había chocado con una niña de pelo blanco y un broche parecido a una estrella negra en el pelo. ¿Con ella es que había chocado? Era muy pequeña, pero le había pegado en la cabeza, no tenía sentido. 

—¡Paimon! Escuché un grito, ¿Estás bien?— Un joven de cabellos rubios amarrados por una trenza se acercaron a la nombrada, quien empezó a flotar para ponerse a su lado. 

—Paimon está bien, gané la carrera pero choqué con este chico— Dijo de brazos cruzados mientras baja la mirada hacia Nakamura, quien se tensó y se levantó con prisa. 

—¡L-Lo siento mucho! ¡De verdad lo siento!— Se disculpó mientras hacía una reverencia de 90°. 

—Disculpa a mi compañera de viaje, ¿te encuentras bien? 

El azabache asintió, pero se dió cuenta que el papel de la fortuna no estaba, entrando en pánico y buscando por todo el suelo para ver donde cayó. 

—¿Pasó algo? 

—M-Mi papel de la fortuna, no lo llegué a leer, y creo que se cayó cuando chocamos...— Admitió con pena mientras seguía buscando. 

—Te ayudaremos a buscarlo, no te preocupes— Dijo el rubio con una sonrisa. 

Empezaron a buscar juntos en busca del papel de la fortuna un rato. Tardaron unos minutos, hasta que Paimon voló al techo, encontrándolo estancado entre la madera.

—¡Lo encontré!— Sonrió con el papel entre manos y volvió con los chicos— Espero puedas perdonar a Paimon, tú... 

—Ah, me llamo... Nakamura Okuto, es un placer. 

—¡Paimon es Paimon! ¡Y este es Aether!— Sonrió con orgullo la chica mientras se presentaban, aunque su sonrisa se tensó un poco al leer el papel de la fortuna— A-Aunque quizás no te guste lo que te salió en la fortuna. 

Nakamura dudó un poco ante las palabras de Paimon, pero entendió todo cuando leyó lo que decía el papel. 

—"Mala fortuna"... No puede ser... 

—Lo siento... 

—No es tu culpa, Paimon, simplemente soy alguien desafortunado...— Bajó la mirada con tristeza intentando sonreír. 

—¡Paimon se siente mal! ¡Voy a amarrarlo para que puedas invertir tu suerte!

La pequeña tomó el papel en sus manos y lo amarró con cuidado, con la esperanza de que la fortuna del chico mejore. Aether solo pudo sonreír antes de dirigirse a Nakamura. 

—Discúlpala, ¿Sí? Se sintió muy mal por lo ocurrido. 

—No, me parece un honor que el viajero me haya intentado ayudar a mejorar mi fortuna— Dijo con un poco de vergüenza. 

Era imposible no conocer al famoso viajero que se enfrentó al decreto de captura de visiones. En el fondo estaba agradecido con él. Una de las primeras personas cuya visión fue arrebatada fue su querido Hirose, a quien le arrebataron su visión Pyro.

Recuerda aquellos días, el joven parecía confundido, su motivación estaba por los suelos, e incluso había olvidado algunas de sus preciadas memorias. Sus amigos aún tenían las suyas en aquel entonces, pero no había forma de hacerle entrar en razón. Su familia lo llevó con todo tipo de médicos, e incluso fueron hasta el Santuario Sangonomiya, pero no hubo resultado. En todo ese tiempo, Nakamura estuvo a su lado todo lo que pudo. Le contaba lo que ocurría en la ciudad, y le aseguraba que recuperaría su visión pronto. 

Aunque no lo podía garantizar. 

Hasta que observó en primera fila al viajero recuperar la visión de Thoma, el amo de llaves de la familia Kamisato. Un brillo de esperanza nació. Hirose podría recuperar su visión. 

Y con el paso del tiempo, y la abolición del decreto, su amado amigo recuperó su visión, y se recuperó por completo. El brillo en sus ojos había regresado. Y no pudo estar más feliz de que haya regresado al ambición del chico. 

No habían palabras para expresar su agradecimiento al viajero de más allá de Teyvat. 

—¡Ya está! Tu suerte debe mejorar ahora Nakamura, ¡Aether! ¡El papel de la fortuna de Paimon decía que el objeto de la suerte de hoy es el brote de bambú! ¡Dale un poco!

—N-No hace falta, en serio. 

—Pero... 

—Paimon— El chico de la trenza detuvo a su amiguita mientras le acaricia la cabeza— Lo estás avergonzando. 

La chica bajó la mirada e hizo una reverencia en disculpa, pero Nakamura realmente no estaba enojado con ella por lo ocurrido. 

 

(...)

 

Era una extraña sensación, apenas había conocido a este icónico par, pero se sentía en paz y en confianza. Le daban una sensación cálida, y era fácil hablar con Paimon sobre todo. El viajero opinaba de vez en cuando, parece que era igual de callado que él, mas no era molestia. 

Bajaron juntos la montaña y estuvieron hablando todo el camino. El viajero le contó que estaban ayudando con los preparativos del festival Irodori para que al día siguiente, todo vaya en orden. Nakamura estaba sorprendido, no sabía que un héroe como él le gustara organizar festivales, pues no era la primera vez que ayudaban en uno. Paimon le habló incluso de sus aventuras en otras naciones y los festivales que celebrar en ellas, como el rito de la linterna en Liyue, e incluso el Festival de las flores del viento de Mondstadt. 

Cada aventura era más increíble que la otra, maravillando a Nakamura sobre el mundo exterior. 

—Eres parte del gremio de aventureros, ¿Verdad? Ahora que pueden salir de Inazuma, ¡Podrás tener misiones fuera de la nación! ¿No es emocionante? 

—Jaja, no creo poder, no soy tan fuerte y tampoco tengo una visión, además...— Hesitó un poco, pero respiró profundamente antes de seguir hablando— Puede que vaya a vivir a Sumeru por un tiempo. 

—Que coincidencia, iremos en unas dos semanas a Sumeru, recién volvimos de ahí, pero regresamos para el festival, ¿Verdad, Aether?

El rubio asintió con una leve sonrisa— ¿Cuándo piensas irte? Podrías ir con nosotros y te mostramos el lugar. 

—Uhm... Aún no lo sé, tengo cosas que hacer aquí antes...

—¿Por ejemplo...? 

La curiosidad de Paimon era insaciable, pero antes de que Nakamura pudiera responder, una voz conocida capta su atención. 

—¡Nakamura! 

El nombrado levantó la mirada, y nuevamente, esa sonrisa volvió a su rostro con un rubor que le daba color. 

—H-Hirose, ¿Cómo estás?— Preguntó con nervios. 

—¡Todo bien! Conseguí a la veterinaria para ver a Icchan como te prometí— Le dijo con una sonrisa de oreja a oreja, orgullos de su trabajo. 

De igual manera, notó la presencia del viajero y su acompañante voladora detrás de él, sorprendido mientras jalaba la el brazo de Nakamura para que se agachara, pues quería susurrarle al oído.

—¿Eres el viajero? ¿El verdadero?— Preguntó entre susurros con un brillo en sus ojos, haciendo sonreír a Nakamura por su tierno rostro. 

—Sí, es él. 

—¿Puedo tener su autógrafo?— Preguntó esta vez en voz alta y genuino asombro antes de taparse la boca al darse cuenta de su emoción. 

—¡Somos famosos, Aether! 

—Humildad, Paimon. 

Pese a lo que dijeron, si le cumplieron el capricho a Hirose, y ambos notaron como este le mostraba el autógrafo a Nakamura con una amplia sonrisa, mientras el contrario tenía las mejillas rosas y respondía con nervios a sus preguntas sobre como conoció al intrépido viajero de cabellos dorados. No quería contarle lo de papel de la fortuna y su mala suerte del día, pero ya estaba sintiendo que está mejorando. 

Paimon y Aether miraron la escena, y una mirada cómplice se dibujó en sus rostros, pero no dijeron nada. 

 

(...)

 

La veterinaria salió de la casa de los Nakamura luego de revisar al pulpo. A las afueras del hogar, se encontraba Hirose junto al viajero y Paimon, quienes decidieron acompañarlo. Hablaron en el camino sobre la mascota del azabache y su preocupación por su falta de comida. 

Desde su posición, vieron la expresión de Nakamura pasar de serio a una extraña sonrisa. No era la típica de una buena noticia, sino una de preocupación, pero hay una pequeña esperanza. 

—Quizás con estos suplementos su condición mejore, dáselos una vez al día y llámame si me necesitas, ¿Ok? 

—Muchas gracias...— Expresó con una reverencia mientras la doctora se retiraba. 

Nakamura soltó un suspiro, intentando calmar la ansiedad que se estaba formando ante la noticia. Bajó la mirada hasta su amado pulpo, cuya pecera estaba en sus manos. Él estaba envejeciendo, y él lo sabía, pero quería que se quedara a su lado un poco más. No quiere que Icchan se vaya sin verlo orgulloso por confesar sus sentimientos y ser sincero con el chico que ama. 

—¿Nakamura? ¿Todo bien?— El castaño se acercó preocupado a su amigo, acercándose junto al viajero y Paimon. 

—Owww, es un lindo pulpo. 

—Este es Icchan, es mi mejor amigo de toda la vida—Expresó con una sonrisa el azabache, sin darse cuenta que alguien hacía un puchero de celos ante su oración. 

—¿Eeh? Pensé que tu mejor amigo era yo, así que eres un mentiroso. 

—¿Ah? M-Me refiero a que... t-tú eres mi mejor amigo humano, ¿sabes? Quiero decir... Bueno, yo...— Intentó organizar sus palabras y pensamiento, pero solo logró hacer reír al castaño. 

—Ya sé, solo jugaba contigo, no te preocupes. 

Un suspiro de alivio salió de los labios de Nakamura, mientras su pulpo solo soltaba burbujas con pesadez, como si expresara la misma emoción que su amo. De tal palo tal astilla después de todo. 

—¡Hirose! ¡Vamos a ensayar!— Interrumpió Oomori, quien llegó agotado después de correr por toda la ciudad— Te busqué por todas partes, ¡Vámonos!

—Ya voy, tranquilo...— Intentó calmar a su amigo mientras volteaba a ver al azabache— ¿Nos vemos después? Prometiste que pasaríamos tiempo juntos en el festival Irodori, no se te ocurra desaparecer. 

—A-Ahí estaré, nos vemos... — Se despidió con una sonrisa mientras el rojo volvía a dominar el color de su rostro. 

Su amigo se fue con Oomori, dejando a Nakamura suspirando. Casi podría jurar que habían corazones flotando a su lado, no podría estar más enamorado de ese chico y todo lo que hace por él. 

Ya quería caminar a su lado en el festival, comer manzanas acarameladas, dangos recién hechos, ver los fuegos artificiales y... 

—Tierra a Nakamura— Una voz infantil y juguetona lo despertó de sus ilusiones, recordando que sus nuevos amigos estaban a su lado— ¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato? 

—¿Quizás uno castaño? 

—U-Ustedes... — Su cara era todo un poema. 

Tanto el viajero como su acompañante habían observado toda la escena en silencio. El ambiente era totalmente diferente y no se veían con la capacidad de intervenir. Aparte, la ternura que le transmitía ver a Nakamura totalmente avergonzado por aquel chico del gremio de aventureros, los hacía sentir en una de esas novelas ligeras románticas que la editorial Yae vendía. 

Estaba acorralado, avergonzado y sonrojado. 

—¿Quizás quieras hablarlo con un poco de comida? Paimon tiene hambre y creo que ese chico tiene que ver con tu necesidad de ver el papel de la fortuna— Expresó la pequeña con una sonrisa mientras tocaba el hombro del chico. 

Miró a Icchan en busca de aprobación, quien solo movió ligeramente sus tentáculos mientras unas burbujas salían a la superficie. 

—... ¿Qué tal en el restaurante Uyuu? 

 

(...)

 

Una vez llegaron los platos, Nakamura se sinceró con aquel viajero rubio y su acompañante. Los nervios invadían su cuerpo, pero en el fondo, sabía que no sería juzgado. Y tenía razón. Ambos se quedaron escuchando su historia al final. 

En su adolescencia, conoció y se enamoró a primera vista de Aiki Hirose, quien es actualmente su mejor amigo. Gracias a él, ha superado poco a poco su timidez y pena. Aquel niño penoso que era, había conseguido más confianza a su lado. Les contó lo que atravesó el joven por el decreto de captura de visiones, y como está dispuesto a seguir a su lado. 

—Eres todo un romántico, Nakamura— Paimon estaba totalmente deleitada con la historia del chico mientras se llevaba un pedazo de sushi a la boca— ¿Y cuándo le vas a decir? 

—...No puedo— Bajó la mirada avergonzado. 

—¿Cómo que no? Se nota que te quiere muchísimo, además, ¿No te duele guardar este sentimiento por tanto tiempo? Es como si Paimon tuviera muchísima hambre y no decidiera no decirle a Aether, entonces pasaría años sin comer y con dolor de pancita... 

—¿Eh...?— Nakamura estaba confundido por la alegoría, pero Aether decidió explicarle de mejor manera.

—Lo que Paimon quiere decir es que, con el tiempo, mientras sigas guardando lo que sientes, te dolerá, e incluso podrías lastimarte a ti mismo sin darte cuenta...— Le dedicó una leve sonrisa— Hirose te lo dijo una vez mientras me contabas, ¿Recuerdas? "Es mejor ser honesto". 

El azabache bajó la mirada. Ambos tenían razón después de todo. Sin embargo... 

—Aunque le diga... no podríamos ser nada... Voy a estudiar en la academia de Sumeru en un mes— Confesó apenado mientras observaba su reflejo en el caldo de un plato de sopa— No nos veríamos en un largo tiempo...  

—No creo que debas preocuparte por la distancia, gracias al gremio de aventureros, ¡Podrían comunicarse desde cualquier parte de Teyvat! Siempre recibimos cartas de nuestros amigos de otras naciones, pero no te dudes en decir lo que sientes— Paimon se acercó volando y tomó la mano de Nakamura entre las suyas y le sonrió— ¡Mereces ser feliz! ¡Dile lo que sientes! ¡Y si él te rompe el corazón, Paimon irá a darle una lección!

—Oye, Paimon....— El rubio iba a regañarla, pero una sonrisa se escapó de los labios de Nakamura, y empezó a reír en voz baja. 

De verdad necesitaba esta conversación. No esperaba contar sus problemas amorosos con un reconocido viajero que salvó tres naciones, se enfrentó a un dragón y a la Arconte electro, en un restaurante donde la mesa estaba llena de comida que terminó en el estómago de su compañera peliblanca voladora. 

Se sentía aliviado, como si un peso hubiera salido de encima. Su vida era toda una ironía. 

—Paimon tiene razón en algo, Aether... Ya no quiero guardarme estos sentimientos... Además, perdí un combate contra el detective Shikanoin, debo cumplir la apuesta, jaja...

—¿Qué tal en el festival? Yoimiya está preparando unos fuegos artificiales hermosos, será muy romántico— Opinó Aether con una sonrisa pícara. 

—Pero, no sé como decirle... 

—No te preocupes— Ambos chicos miraron a la peliblanca colocarse unos lentes fondo de botella y un bigote, una sonrisa amplia y una confianza despampanante— Paimon es una experta en el amor, te diré las mejores frases de conquista para que caiga a tus pies. 

—Solo leíste un par de novelas románticas, no eres— Fue silenciado por un cabezazo de la peliblanca para que Nakamura le preste atención solo a ella. 

—Ignora a mi viajero experimentado en el romance, ¡Sigue mi consejo!

—O-Ok... 

La verdad es que Nakamura no tenía a nadie más a quien pedirle consejos para confesar sus sentimientos sin morir en el intento. Ante la falta tiempo y siendo el festival al día siguiente por la tarde, no perdía nada con intentar. 

Después de todo, sin importar el resultado, amaba al castaño, y no podía seguirlo ocultando. 

 

(...)

 

El día del festival había llegado. La emoción estaba en todas las calles de la ciudad de Inazuma. Las personas se ponían su mejor kimono, los cargamentos de fuegos artificiales del negocios de los Naganohara salían camino a la isla Ritou, y los niños jugaban en las calles, emocionados por un torneo no oficial de combate de Escaradiablos. 

—"Respira hondo, para mantener la calma..."— Nakamura, por su parte, repasaba los consejos que Paimon le dió la noche anterior en el restaurante mientras subía las escaleras al gran Santuario de Narukami, esperando tener mejor suerte hoy— "El mejor lugar para este tipo de conversaciones, es un sitio apartado lleno de flores de cerezo" ... No parece tan difícil, la ciudad está lleno de esos... 

—¡Alto! ¡Ten cuidado! 

—¿Eh?

Los pasos del pelinegro fueron detenidos por una chica, quien se posó frente a él. Tenía un kimono blanco parecido al de las Mikos del santuario, pero ligeramente modificado, cabello castaño ligeramente rizado hasta debajo de los hombros y un broche de flor de colores rosados, y al lado de estas flores, una visión hydro también en su cabello. Sus grandes ojos marrones expresaban un ligero enojo mientras le tapaba el paso. 

Nakamura, por su parte, nunca la había visto antes y estaba confundido del porque le cortaba el camino. La chica se agachó para recoger un polluelo de cuervo que estaba en los escalones, a pocos pasos de que el chico lo aplastara, al darse cuenta, su expresión pasó de incredulidad a culpa en cuestión de segundos. 

La chica volvió a colocar al polluelo en el nido cercano del que se cayó, sonriendo satisfecha volvió a dirigirse al azabache. 

—Lamento haberte gritado, no quería que lo aplastaras, ibas muy distraído— Hizo una pequeña reverencia, la cual repitió Nakamura.

—No, no, discúlpame a mí, no veía por donde andaba— Avergonzado, guardó el cuaderno de notas donde tenía los consejos de Paimon para prestar atención al camino. 

—¿Qué te trae al santuario hoy? Creo que te he visto mucho estas semanas...

Nakamura miró con curiosidad y extrañeza a la chica, por sus ropas, supuso que era una Miko, y de ser así, explicaría el porque cree haberlo visto. No lo conocía, así que no le pareció raro contarle. 

—...Quiero un poco de suerte, así que vine por un palillo de la fortuna... fortuna en el amor...—Confesó un poco avergonzado mientras evitaba contacto visual con la chica, quien sonrió de oreja a oreja con emoción.

—Aaawww, ¡Eso es tan lindo! Yo también quiero un poco de suerte para el amor, ¿Te importa si te acompaño? 

Dudó por un momento, pero asintió con la cabeza, haciendo sonreír a la chica. 

Ambos llegaron frente a Gendou Ringo, quien mantenía su actitud antipática y seria de siempre. Les dedicó un seco saludo mientras les entregaba la caja con los palillos. Nakamura se sentía ligeramente confiado en que hoy sería su día de suerte, pero quería asegurarse de recibir una bendición de la gran Narukami, manteniendo una expresión neutral. Cuando sacó su palillo, se lo dió a la chica en manos, quien se veía nerviosa. 

Sacudió la caja con fuerza mientras cerraba los ojos y hacía pucheros, hasta que finalmente sacó el suyo. Una ligera risa salió de los labios de Nakamura, quien recibió una mirada fulminante de la más baja.

—¿De qué te ríes? 

—De nada— Negó aguantando la risa, parecía una niña pidiendo un deseo a una estrella. 

Ambos entregaron los palillos a Ringo, quien los observó con indiferencia antes de entregarles sus papeles de la fortuna. Los jóvenes agradecieron y se alejaron de su stand un poco para leer con más tranquilidad. 

—Oye, leamos juntos nuestros papeles de la fortuna, ¿Te parece? ¡Quizás tengamos buena suerte!— Propuso la castaña con entusiasmo.

—¿Estás segura? No sabía que las Miko necesitaban suerte en el amor, no quisiera que la perdieras por leer tu fortuna conmigo. 

—Eso da igual, solo estoy en prácticas, no es para tanto— Le dedicó una sonrisa mientras intentaba convencer al mayor con una mirada llena de ternura— Nosotras también podemos enamorarnos y pedir suerte. 

El chico no vio fallas en su lógica, por lo que asintió. Con nervios y el corazón latiendo a gran velocidad, abrieron sus papeles, expresando una reacción diferente. 

—Fortuna modesta— Expresó con un poco de decepción— No es una gran fortuna, de hecho esto es como promedio, no garantiza que me vaya bien, pero tampoco que me vaya mal... ¿Qué te tocó a ti? 

La expresión de Nakamura era neutral, pero se veía un poco de tristeza en sus ojos. Con curiosidad, la chica se asomó para leer lo que decía su papel de la fortuna. 

"Desgracia" 

—Dos días seguidos me toca desgracia, aunque ayer era "Gran desgracia"— Dijo con un suspiro, mas siguió hablando— "Ten cuidado. Podrías estar a punto de perder algo muy valioso".. "Piensa bien antes de tomar una decisión" —Leyó en voz alta, perdiendo su sonrisa mientras seguía leyendo.

¿Se refiere a que su confesión saldrá mal? ¿Acaso no es el día adecuado para elegir tomar esta decisión? 

—¿Voy a perder a Hirose?— Pensó en silencio con desánimo y tristeza, cosa que no pasó desapercibido por la castaña, quien puso sus manos sobre las del chico.

—Hey, no te desanimes— Le dedicó una sonrisa— Dice que tu objeto de la suerte de hoy es la Flor de la niebla, ayuda a aliviar el corazón y la mente, y ayuda con la toma de decisiones. 

Sus negros ojos se posaron en la mirada de aquella Miko, no lo miraba con pena, sino con comprensión y ternura, además de empatía. Era extraño ser consolado por una chica, si no fuera porque batea para el otro lado, quizás se enamoraría de ella por su ternura. Le recordaba un poco a Hirose. 

Ella entonces sonrió. 

—Amarremos el papel en el colgador de boletos de la fortuna, así podrás invertir la suerte, y en el camino podríamos encontrar una Flor de la Neblina, te aseguro que encontrar tus objetos de la suerte puede ayudar, yo también encontraré el mío: ¡Una calavanda!

—¿La Calavanda es tu objeto de la suerte de hoy?— Preguntó mientras sonreía un poco al amarrar el papel de la fortuna. 

—¡Aquí lo dice!

—Jajaja... 

Después de amarrar los papeles de la fortuna, decidieron bajar de la montaña. La aprendiz de sacerdotisa era bastante habladora, en toco el camino bajando al pie de la montaña Yougou para encontrar las flores y calavandas, ella contaba sus experiencias en el santuario. El entrenamiento extremo que estuvo atravesando, como incluso una de sus tareas fue perseguir a una ninja floja, limpiar el santuario, y fue descubierta comiendo fuera de su descanso por la mismísima Yae Miko. 

Nakamura escuchaba atentamente, e incluso él también la regañó por descansar mientras debe estar trabajando. Era cómodo hablar con ella, y era muy amable, no solo con él por estarlo ayudando a buscar su objeto de la suerte, sino con todo el mundo en general. 

Le dió comida a unos tanukis que andaban por ahí, lo del polluelo en el santuario, ayudando a una anciana a cruzar un riachuelo en el camino. ¿Acaso era un ángel de la guardia? 

—Oye, ¿Por qué fuiste por fortuna en el amor al santuario?— Preguntó inocentemente la castaña mientras caminaba al lado de Nakamura. 

—Uhm.... Podría hacerte la misma pregunta— Respondió ligeramente avergonzado mientras desviaba la mirada. 

—Lástima, yo pregunté primero. 

—Tramposa...— Se quejó mientras hacía una pausa, mirando los alrededores antes de contestar— Hay alguien me conozco hace un tiempo... y quiero decirle mis sentimientos antes de irme... 

—¿Te vas?— Asintió con la cabeza— ¿A dónde? 

—Sumeru, a la Akademiya— Una sonrisa triste se formó en sus labios— Ahora que podemos salir de la nación sin miedo, quiero estudiar allá un tiempo, y no sé cuando volvería, por eso... quiero decirle lo que siento para irme sin arrepentimientos. 

—¿Por eso leías ese cuaderno? Decías algo de mantener la calma y un lugar tranquilo.

—¿Me escuchaste...?

—Jeje, lo siento— Se disculpó con una sonrisa antes de caminar— También quiero confesarme a alguien... Trabajo a veces con el gremio de aventureros, soy sanadora, y me uní recientemente a un equipo, aunque no puedo ir siempre puedo ir con ellos— Empezó a contar mientras se coloraban sus mejillas. 

—Que cliché, ¿Te enamoraste de alguien del equipo? 

—A ti te gusta alguien desde hace años y no has dicho nada mientras planeas abandonar la nación, ¿Eso no es más cliché? 

—Touché— Decidió callar y escuchar a la chica. 

—Jaja, pues sí, él me gusta mucho, es muy amable conmigo y es muy valiente, y muy lindo ante todo— Suspiró con anhelo mientras detenía sus pasos y juntaba sus dedos con nervios— La verdad es que no nos conocemos hace mucho, pero... quisiera que me dé una oportunidad. 

El azabache escuchó con atención a la chica. Era una enamorada de novela, y no la podía culpar. Ambos eran personas nerviosas por el que dirán y esperan una oportunidad con la persona amada. Tenían mucho más en común de lo que él pensaba. Iba a decir algo, pero los ojos marrones de la chica captaron algo que la hizo sonreír y salió corriendo. 

—¡Aquí está! ¡Una flor de neblina!— Se acercó con entusiasmo para recoger el capullo de la misma. Estaba helada, pero esperó que se derritiera para dársela a Nakamura en las manos— Para ti. 

—¿D-De verdad?— La chica asintió con la cabeza, haciéndolo sonreír por su amabilidad— Gracias... Creo que si podré decirle. 

—¡Eso espero! Promete que le dirás la verdad, no importa lo que pase, ¿Está bien?— Levantó el meñique con una sonrisa infantil en su rostro, haciendo colorar a Nakamura. 

—Ya no somos niños para las promesas del meñique...— La contraria hizo un puchero, insistiendo en que haga la promesa, pero no le quedó otra a Nakamura de hacerle caso y entrelazar sus meñiques— Bien, pero tú debes prometer lo mismo, le dirás a ese chico lo que sientes, no importa que... Tú también mereces ser feliz y encontrar el amor... 

—Jeje, Esta es la promesa de meñique: si mientes, te tragarás mil agujas y te cortarán un dedo— Canturreó con alegría mientras movían la mano. 

Nakamura no pudo evitar reír ante el canto de la promesa. Era como si fueran amigos unidos por la fortuna. Era una forma curiosa de hacer amistades, pero no se quejó. Poco después de separar sus dedos, encontraron un árbol de calavandas, justo el objeto que necesitaba aquella Miko. El árbol era alto, pero no impidió que con un ágil movimiento de su lanza hiciera caer cuatro frutos. 

—¡Genial! ¡Eres muy hábil!

La chica empezó a recoger los frutos del suelo mientras tarareaba una canción, dándose cuenta de algo sumamente importante. 

—¡Hey!

El susto del gritó lo asustó por un instante— ¿D-Dime...? 

—Olvidé preguntar tu nombre, lo siento, hicimos una promesa de meñique y no sé como llamarte... 

—No te preocupes, también estaba pensando lo mismo... Me llamo Nakamura Okuto. 

—¿...Nakamura?— Su mente pareció hacer click por un instante, haciendo que el contrario la mirara confundido. 

—Sí... ¿Cómo te llamas tú? 

—¡Ah! Soy Sakamoto- 

—¡Al fin te encuentro!— Otra Miko del santuario Narukami se acercó, tomando a la chica de la muñeca— ¡Tienes trabajo pendiente que hacer! Ringo me dijo que bajaste la montaña, no puedes escaparte así. 

—Pero... 

—Pero nada— La miko, más fuerte de lo que aparentaba, se llevó a Sakamoto de la muñeca, quien con fuerza sostuvo la calavanda en sus manos mientras voltea la mirada hacia el chico y se despide de la mano con una sonrisa. 

—¡Quizás nos veamos en el festival, Nakamura! ¡Mucha suerte!

El chico levantó la mano con confusión mientras veía a la aprendiz de Miko ser arrastrada por su compañera de regreso al santuario. Observó la flor en sus manos y agradeció nuevamente su ayuda en silencio. Quizás este empujón sea suficiente para decirle sus sentimientos a Hirose. 

La suerte no lo es todo en esta vida, son meras supersticiones, pero a veces son el empujón necesario para seguir adelante. 

Ya no puede esperar a que llegue el festival. 

 

(...) 

 

—¿Cómo me veo, Icchan?— Preguntó a su mascota mientras ajustaba los últimos toques de su ropa. 

Decidió cambiar su vestuario ligeramente para ir acorde al festival. Su madre le había conseguido unas nuevas prendas, pero se sentía avergonzado. No le gustaba ser modelo para ella, pero en el fondo, pensaba que con un cambio de imagen tendría más posibilidades. 

Por su parte, el pulpo solo pegó sus tentáculos a la pecera. Una sonrisa se esbozó en los labios de Nakamura y se acercó a su fiel compañero. 

—¿Cómo te sientes, eh? ... Te di los suplementos que dijo la veterinaria, pero no han cambiado mucho...— El silencio reinó la habitación y el chico colocó la mano en el vidrio de la pecera— ¿Puedes resistir un poco más? Prometo que le diré a Hirose... Me diga que sí o que no... Seré sincero... Y cuando no puedas más, prometo llevarte al Santuario Sangonomiya. 

Como si entendiera, Icchan soltó unas burbujas en respuesta, haciendo sonreír al azabache mientras se dirigía a la puerta para salir.

—Ya me voy, Icchan. 

El chico se despidió y emprendió camino a Ritou, el lugar donde se va a celebrar el festival Irodori. 

Colores anaranjados predominaban el ambiente. El sol se estaba ocultando en el horizonte. Familias, parejas, niños y comerciantes recorrían la plaza central con emoción. Los puestos de comida estaban en su mejor momento, suculentos olores de pescado frito y yakisoba recorrían el lugar y abrían el hambre. 

Faltaba un tiempo para verse con Hirose, decidieron encontrarse después de terminar de grabar la escena final con Tamura y Oomori, por lo que tenía tiempo. Y lo primero que iba a hacer es: Recibir su copia autografiada por el autor de "Una leyenda de espadas" del autor Zhenyu. La editorial Yae preparó un stand para que los fanáticos consigan su copia. Esperó pacientemente en la fila, aterrado de que se acaben las copias. 

Pero por lo visto, la suerte estaba de su lado. 

—¡Muchísimas gracias!

En sus manos, finalmente estaba la copia del volumen autografiado en sus manos. La ortografía  era un poco ilegible, pero era la marca identificable del autor. No podía estar más feliz. 

—Aún falta para reunirnos... Debería comer algo, y llevarle algo a Kana. Quizás leche de dango...— Murmuró para sí mismo mientras se acercaba a los puestos de comida. 

—¡Oiii! ¡Nakamura!

El nombrado se sorprendió pero no tardó en sonreír al ver a su "maestra del amor" volar en su dirección acompañada del viajero rubio. 

—¿Cómo te sientes? ¿Estás listo? ¿Nervioso? ¿Quieres un trozo de pizza? ¿Pescado asado? ¿Udon? 

—¿Me preguntas si estoy preparado o me contarás el menú de tu cena de hoy?

—Jeje, Paimon lo siente mucho— Sonrió apenada mientras observaba como el rubio reía en silencio— ¿Te estás burlando de Paimon? 

—Para nada— Se limitó a decir antes de volver a ver al menor— ¿Te molesta si te acompañamos? Nuestro amigo está terminando una pintura y nos encontraremos con él más tarde. 

Nakamura asintió y fueron juntos a los puestos de comida. Él no quiso comer mucho, para evitar vomitar por los nervios. Paimon era igual de habladora que cuando se conocieron, pero esta vez era mayormente dándole ánimos, mas por el lado del viajero, se limitaba a escuchar y evitar que su amiga haga preguntas incómodas. 

—...Maestra del amor Paimon, ¿Puedo preguntarte algo? 

—¡Puedes resumirlo en Sensei!— Respondió acomodando sus lentes— Pregunta lo que desees. 

—... ¿Qué hago si me rechaza? ... Soy un hombre, después de todo, nada me garantiza que él sienta algo más que amistad por mí... 

La pequeña guardó silencio por primera vez en todo el día. Se mantuvo pensativa, buscando las palabras adecuadas para responderle a su nuevo amigo. Al no encontrar respuesta, fue Aether quien tomó la palabra. 

—No lo conozco mucho, pero por lo que me has contado de Hirose, sé que no te juzgara por que te gusten los hombres, y menos te juzgará por haberte enamorado de él— Esbozó una leve sonrisa antes de seguir hablando— No hay peor desgracia que extrañar lo que nunca pasó, y lo vas a extrañar cuando vayas a Sumeru... 

Razón no le faltaba. 

Amaba de verdad a Hirose. Y estos sentimientos llevan guardados mucho tiempo en su interior. Tanto tiempo que llega incluso a ser asfixiante seguirlos guardando por más tiempo. Reflexionó por un momento las palabras del héroe de cabellera rubia. Además, se tomaron el tiempo de aconsejarlo y acompañarlo. No quería decepcionarlos ni retractarse. 

—Gracias, Aether, Paimon...— Esbozó una sonrisa mientras terminaba su plato de Yakisoba— Icchan se decepcionaría si me rindiera ahora, incluso encontré una Flor de la Neblina para la buena suerte que decía mi papel de la fortuna... Aunque también me preocupa algo que decía...—Se preparó mentalmente antes de citar aquellas palabras— "Ten cuidado. Podrías estar a punto de perder algo muy valioso"... "Piensa bien antes de tomar una decisión"

—¡Está claro lo que quiere decir!— Su mirada se posó en Paimon, quien se limpiaba la salsa de soya de sus labios antes de seguir hablando— ¡Si no actúas lo vas a perder! 

—¿Será verdad? 

—¡Claro! ¡Paimon-sensei te lo garantiza! 

—...Eres muy sabia, Paimon-Sensei— Sus ojos miraron con admiración a la peliblanca, quien se limitó a sonreír con soberbia ante la repentina admiración. 

 

(...)

 

Ya casi era la hora acordada. La noche se estaba asomando, los fuegos artificiales estaban listos a la señal del director autoproclamado Tamura, y era hora de la escena final. Aiki y Hana estaban en posición, la iluminación estaba preparada: Era hora de la escena final. 

—¡Oomori! ¡Este es el momento! ¿Todo está listo? ¿Los daguerrotipos en posición? ¿Yoimiya en posición? 

—¡Listo, Tamura!— Afirmó con confianza mientras él y Yoimiya levantaban los pulgares. 

 —Mis queridos protagonistas, ¿Preparados? 

—¡Sí!— Respondieron ambos castaños. 

—¡Grabemos esto en una toma! ¡Esta es la hora perfecta!

El equipo estaba listo para grabar, pero antes de iniciar, la chica jaló la manga de Hirose para llamar su atención y que este baje la mirada. 

—Cuando terminemos de grabar... quisiera hablar contigo, ¿Sí? 

—¿Mmm? Por supuesto, Hana— Le dedicó una sonrisa, haciendo que las mejillas de la chica se colores, pero aumentando más su determinación. 

—¡Posiciones! ¡Luces! ¡Cámara!— Los actores estaban en posición, Oomori dió la señal de que estaban listos y una claqueta sonaba con fuerza en el set— ¡Acción!

La historia finalizaba en el festival. Los protagonistas se miraba mutuamente a los ojos, había tensión en el ambiente, mientras se tomaban de la mano mirando los últimos rayos de sol ocultarse. 

—El verano ha llegado a su fin... ¿De verdad tienes que irte?— Preguntó Hirose, inmerso en su papel, con pesar mientras bajaba la mirada a la chica. 

Su mirada expresaba dolor, fruncía el seño mientras miraba a su amado— Minato... Sabes que no puedo quedarme... Cuando el festival de verano llega a su fin, mi cuerpo debe volver al mar. 

—¡No quiero que te vayas! ¡Debe haber otra manera! ¡No puedes irte, Umiko!

Algunas personas rodeaban el exterior del set para mirar a una distancia segura, siendo Mukai y Takeuchi quienes delimitaban a las personas para que no se involucren en el área de trabajo de la kinografía. En medio del público, se encontraban incluso Nakamura, Aether y Paimon, mirando con sorpresa la grabación.

—¿Están grabando una Kinografía? ¡Genial!— Decía Paimon entre susurros mientras sus ojos brillaban con emoción. 

—¿Esa es... Sakamoto?— Los ojos de Nakamura se posaron en la chica que conoció en la mañana, sorprendido pues no sabía que era la actriz de la kinografía de Tamura. 

—Parece una historia de romance...— Esta vez habló Aether mientras observaba— Se reunirían cuando terminen esta escena, ¿verdad?

El azabache asintió, aunque su atención estaba totalmente absorta en la pareja protagónica. Tomados de la mano y expresando sus sentimientos frente al océano. Recordando siempre que es solo una actuación.

Recordando brevemente la trama que le contó en el restaurante cuando comieron juntos, era una historia de amor de un espíritu del océano que se enamora de un humano. La Gran Narukami le concedió el poder de volverse humana durante el verano. La última escena es el atardecer del último día, el día en que debe regresar al mundo espiritual, y abandonar al humano. 

—No creo ser un buen actor como dice Tamura, pero ¿Prometes que veremos la Kinografía juntos cuando Tamura la termine de editar? 

—Lo prometo— Fue lo que se dijeron aquel día en el restaurante luego de hablar de la trama de la misma. 

La verdad es que estaba tan distraído con su expresión de emoción por participar que no recordaba hasta ese día la trama del todo. 

Ahora viendo la escena frente a él, su corazón se estrujó un poco. Posiblemente celos de verlo compartir una escena romántica. Pero igual estaba sorprendido de ver a su nueva amiga, la Miko del santuario, a su lado participando en la escena. 

—...Por favor...— Lágrimas salían de sus ojos, mientras agarraba con fuerza su mano— Por favor, Minato... No lo hagas más difícil para mí... Yo no pertenezco a este mundo, no pertenezco a la tierra de los humanos... No merezco estar a tu lado, somos muy diferentes... — Hizo una breve pausa intentando secar sus lágrimas y detener sus sollozos al bajar la mirada— No, Yo soy la diferente... Podrías estar con una humana normal... 

—¡No me importa, Umiko!

"Minato" tomó a la chica del mentó para que alce la mirada, y con delicadeza, usó su pulgar para limpiar sus lágrimas. Su mirada mostraba una fuerte determinación. Vaya que Hirose era todo un actor. 

—Yo no te amo porque me ames a mí... Te amo tal y cual eres, no importa que no seas humana, no importa que seas diferente... Quiero estar a tu lado... 

—Pero el verano... 

—Aprovechemos este último día de verano... No quiero que me dejes sin decirte lo que siento, Umiko... Yo te amo— Dijo con ternura mientras se acercaban cada vez más sus rostros. 

—...Yo... También yo- 

Sus voces fueron interrumpidas por el sonido de los fuegos artificiales. Los Daguerrotipos grababan la escena desde todos los ángulos posibles. La pareja mira al cielo. El sol se ha ocultado. El cielo se está oscureciendo. Flores y corazones de colores y luces llenan el cielo, mientras hombre y mujer se toman fuertemente de la mano. 

—¡Ahora, el humo!

Ante las órdenes del director Tamura, un humo blanco empieza a rodear a la pareja. Ambos entran en pánico, al darse cuenta que el tiempo se había terminado. Sus manos se sueltan, haciendo a "Minato" se asuste y busque por todos lados. 

—¡Umiko! ¡Umiko!

Grita el nombre de su "amada", pero no se ve en escena. El chico cae de rodillas observando el horizonte, buscando alguna señal de la mujer. Pero ya no estaba con él a su lado. 

—...Te extrañaré... pero no dejaré de amarte... 

Un silencio sepulcral reinó el set. 

Hasta que el sonido de una claqueta hizo acto de presencia. 

—¡Corte! ¡Sublime! ¡Maravilloso! ¡Arreglaremos todo en Post-Producción! ¡Bravo!

Todos los colaboradores aplaudían, e incluso las personas que observaron todo desde afuera dejaron de contener el aliento. La actuación del chico fue tan convincente y el dolor de la chica por irse se podía sentir desde lejos. Hana apareció junto a Yoimiya, ambas chocando las manos por una escena bien hecha, mientras Oomori respiraba profundamente, orgulloso de que todo haya salido bien. 

Hirose, por su parte, se levantó del suelo y observó como el equipo de Tamura se acercaba para felicitarlo. Ubicó con la mirada por un instante a Nakamura, quien estuvo mirando su actuación todo el tiempo, y decidió saludarlo con una sonrisa un poco tímida por lo que acaba de ver. 

El pelinegro no pudo evitar tensarse al darse cuenta, agarrándose el pecho para evitar que su corazón salga disparado. 

—Tu amigo es un gran actor, Nakamura, es un buen partido— Paimon voló a su lado mientras sacudía al chico con el hombro— ¿Te dejamos solos para que te confieses o que? 

—...Quizás sea mucho pedir pero... ¿Les importaría... quedarse a mi lado un rato más? No quiero hacer esto solo... 

Aether y Paimon se miraron un momento, pero le dedicaron una cálida sonrisa y un pulgar arriba. Tenían suficiente tiempo, y no podían dejar a su manojo de nervios solo. 

Cuando el equipo de producción termine la reunión, será el momento perfecto para decirle. 

 

(...)

 

Las lámparas iluminaban la isla de Ritou, los ancianos brindaban con sake el éxito del festival, los niños jugaban con pequeños fuegos artificiales, y las parejas estaban juntas en este ambiente romántico. 

Mientras tanto, Nakamura sostenía con fuerza la flor de la neblina en sus manos. Orando con todas sus fuerzas la bendición de la gran Narukami para recobrar valor. A su lado, el famoso viajero rubio le daba palmadas en la espalda para que mantenga la calma, y a su lado su compañera rubia la hacía repasar todos los consejos que hablaron el día anterior. 

—¡Todo saldrá bien, Nakamura! ¡Tú puedes!

—Yo puedo... Yo puedo...— Se repetía a sí mismo, pero los nervios seguían a flor de piel. 

Aún recordaba aquella escena que grabaron en el puerto de Ritou. Entre Hirose y Sakamoto había una química que él no podía explicar. Apenas la conoció ese día, y no podía estar seguro, pero podía sentir algo genuino en los sentimientos de la chica. 

Pero se recordaba lo mismo. "Era una actuación". 

No era nada real, era para ayudar a Tamura. Pero sobre pensó tanto aquella situación que Paimon tenía que recordárselo a cada rato. 

Nada más... 

—¿Ese no es Hirose? 

La voz de Aether lo hizo regresar a Teyvat. Estaban en el área del festival llena de flores de Sakura. No frecuentaban muchas personas de este lado, por lo que fue fácil ubicar a Hirose sentado bajo un árbol de cerezo. 

Pero no estaba solo. 

Nakamura arrastró a sus nuevos amigos detrás del árbol. Entró en pánico. Su respiración se agitaba y su rostro estaba colorado. 

—No tengas miedo, Nakamura

—Pero, ella está ahí...

—Seguro están hablando de algo poco importante, escucha a tu Sensei, acércate poco a poco, que él note tu presencia, vendrá hacia ti y busca el momento. 

La confianza de Paimon era tan grande que hasta era contagiosa. El pelinegro respiró profundamente y levantó la mirada, decidido a ir hasta el amor de su vida. 

—Nos ocultaremos aquí, tú puedes, Nakamura. 

El chico le sonrió a Aether y decidió caminar. Su paso era lento, a veces sus pies se detenían, pero no se detuvo. 

Estaba tan cerca. 

... 

Tan cerca... 

 

(...)

 

—¡Aiki!

Momentos antes de ser encontrados por el grupo de Nakamura, Hana se encontró con Hirose debajo de un árbol de cerezo en un lado poco frecuentado de Ritou. El nombrado, saludó a la chica con una sonrisa y le hizo una señal para que se siente a su lado. 

—Hiciste un buen trabajo, Hana— La felicitó mientras le entregaba una botella de fonta— ¿Quieres un poco? Unos comerciantes de Fontaine la estaban vendiendo, esperaba tomarla con Nakamura, pero a él no le gusta mucho el dulce. 

—Muchas gracias— Aceptó la botella con gusto— ¿Nakamura es tu amigo? ¿Nakamura Okuto? 

—Sí, es mi mejor amigo, ¿Por qué? ¿Lo conoces?— Le parecía extraño, pues pocas veces ha mencionado el nombre de chico a su compañera de equipo. 

—Nos conocimos esta mañana en el Santuario de Narukami, me ayudó a escapar de la limpieza y a pedir un papel de la fortuna— Le contó con entusiasmo, mientras juntaba sus dedos con nervios y el rostro ligeramente sonrojado. 

—¿Fuiste a rezar por la suerte del día? 

La chica asintió con la cabeza. Estuvieron en silencio un momento, hasta que decidió hablar. 

—Es que... Necesitaba un empujón, porque... porque tengo algo importante que decirte, Aiki... 

Aquello hizo al castaño reacomodarse con una expresión de duda, apoyando su espalda en el tronco del árbol para ver mejor a su amiga, quien combatía para verlo a los ojos. 

El corazón de Hana palpitaba con fuerza, puso su mano sobre el corazón para intentar calmarlo. ¿A donde fue aquella persona valiente que interpretó en el set? Tenía tanto que quería decir, pero no encontraba las palabras. Estaba a punto de rendirse. 

—"Le dirás a ese chico lo que sientes, no importa que... Tú también mereces ser feliz y encontrar el amor..." 

Aquellas palabras resonaron en su mente. Alguien la estaba apoyando, e hizo una promesa. Lo haría por su amigo. 

Con una nueva determinación, decidió dejar a un lado su timidez y citar aquellas palabras. 

—Aprovechemos este último día de verano... No quiero que me dejes sin decirte lo que siento, Aiki...— Empezó a citar mientras observaba al chico a los ojos, quien se veía sorprendido. 

—Esas... son las líneas de la confesión de Minato... 

Hana tomó la mano del chico, con nervios, la sostuvo con ternura a la vez que entrelazaba sus dedos. 

—Ya no puedo quedarme con estos sentimientos guardados, Aiki... Estoy enamorada de ti, por favor... ¿Puedes quedarte a mi lado?— Le preguntó mientras se acercaba cada vez más al chico, con una clara intención de continuar la escena pendiente en el puerto, y hacerla real. 

El rostro de Hirose estaba acalorado por la repentina confesión y la cercanía de la chica hacia él. Estaba apunto de decir algo, cuando de pronto... 

*Crack* 

El ruido de una rama romperse los sorprende, haciendo voltea la mirada en la dirección de donde provino. 

Efectivamente, había una rama, pero no había nadie alrededor. 

Al menos, no a la vista de ellos. 

 

(...)

 

Escondido detrás de un árbol cercano, Nakamura se encontraba en Shock. No podía creer lo que acababa de escuchar. Se le estaban confesando a Hirose, y no era cualquier persona. Era la chica que se le acercó en la mañana, la chica a la que motivó a declarar sus sentimientos. Alguien con quien se desahogó y se dieron apoyo mutuo. 

No tenía idea de que la persona de la que hablaba era él. Su mano tapaba su boca para intentar no hacer ruido, pero estaba hiperventilando. Era imposible respirar, el dolor en su pecho aumentaba, lágrimas amenazaban con salir de sus ojos y no había manera de detenerlas. 

—Hana, yo...— Las palabras de Hirose empezaron a salir luego de aquella confesión. 

Nakamura ya no quería seguir escuchando, pero no podía escapar. En el fondo, quería escuchar que la rechazara, que le dijera que no siente lo mismo, pero a la vez: Hana ahora era su amiga. Aunque se conocieron ese mismo día, sabe que es una chica dulce que cuidaría a Hirose de todo mal que se le acerque, sabe que lo amará. 

No quiere perderlo. 

Pero no pudo evitar asomar la mirada, el rostro sonrojado de Hirose, los nervios, el ambiente... 

La escena de la película, donde la tensión entre ellos se sentía real. 

—Eres una chica bastante linda, no lo voy a negar... 

Las palabras continuaron, así como las lágrimas. Pero quedarse ahí le estaba haciendo daño. Quería escapar. No quería seguir escuchando. 

No puede soportarlo. 

Hana estaba tan cerca de él que parecía que iban a besarse. ¿Estaban a punto de besarse? 

¿Lo había perdido? 

¿Llegó demasiado tarde? 

¿Acaso las palabras del papel de la fortuna eran ciertas? 

—¿Nakamura? ¿Qué ocurre? Oi, Nakamura, Okuto— La voz del viajero de cabellera rubio estaba lleno de preocupación. 

La mirada de Aether se posó en el árbol de cerezo debajo del cual estaban Hirose y Sakamoto. Al bajar la mirada a su amigo. Quiso ayudarlo, pero el azabache se levantó y salió corriendo del lugar. Sus lágrimas nublaban su vista, empujando en su camino a todos los que se le atravesaban en el camino, independientemente de quien sea. 

—¡Nakamura!— Paimon intentó alcanzarlo, pero su compañero de viaje la retuvo, negando con la cabeza. 

La mirada de ambos volvió al cerezo, y comprendiendo lo ocurrido, decidieron retirarse. 

Por otro lado, el grito de Paimon llegó hasta aquel árbol, lo que interrumpió el momento una vez ser reconocieron el nombre del chico. 

—¿Ella acaba de decir... Nakamura...? 

La mirada de Hirose recorrió los alrededores, pero no pudo ubicar a su amigo. Por alguna razón, decir su nombre le causó un pequeño dolor en el pecho. La chica también observó los alrededores, extrañada, volvió a ver al castaño. 

—No hay nadie ahí, Aiki...

—...Creí haber escuchado su nombre... 

Hana se alejó un poco del chico, pero aún nerviosa, lo siguió observando con las mejillas coloradas. 

—Sobre... sobre lo que te dije, Aiki... y lo que decías de que soy una chica linda... 

—Cierto... ¿Te parece si hablamos en otra parte? 

La chica asintió con la cabeza y tomaron rumbo a otro lugar para hablar más en privado. 

 

(...)

 

Los fuegos artificiales explotaban en el cielo desde la ciudad de Ritou. Era un asombroso show de luces y colores, captando la atención de toda la nación, desde Narukami hasta Tatarasuna. Pero desde la cerrada habitación de Nakamura, la luz de colores no pasaba. 

Los ruidos que resonaban como truenos y relámpagos silenciaban sus llantos. Se encontraba acostado en la cama de su habitación, agarrando con fuerza las flores de la neblina que recolectó esta mañana. Por más que se esforzó, por más que intentó ser fuerte: había llegado tarde. Una chica se le confesó a Hirose, y aunque no estaba seguro de si formalizaron o no su relación, la verdad es que no quería saberlo. 

Su pecho dolía, su respiración se entrecortaba, y lo peor: No puede culparla. 

Hana es una linda chica, no tiene la culpa. Él quiso apoyarla a que confiese sus sentimientos, aún si esos sentimientos eran hacia la persona que él más amaba. 

Y además, nada le garantizaba que Hirose la rechazara. Después de todo, es probable que a él le gusten las chicas. 

Aether se lo dijo: Hirose no lo rechazaría por gustarle los hombres. Pero no le gusta cualquier hombre. Si se confesara ahora... 

Arruinaría su amistad más preciosa... más duradera... 

No lo soportaría. 

Se levantó con dificultad de la cama y se sentó frente a la pecera de su amado pulpo, colocando la mano sobre el vidrio. 

—Icchan... Lo siento... —Lágrimas nublaban su vista mientras intentaba ver a su querida mascota— No pude decirle... Te dije que iba a ser valiente, te dije que iba a hacerlo... Pero, los vi actuar juntos, vi la química... Sakamoto es mi amiga, pero ella se confesó primero... Ella si tuvo el valor que yo no conseguí— Se agachó frente a su mascota, su puño golpeó el suelo con impotencia— Llegué tarde... Demasiado tarde... 

Un golpe se escuchó detrás de la puerta de Nakamura. Sus ojos observaron la misma por un momento con dificultad. 

—Nakamura... Somos Paimon y Aether... Tu hermana nos dejó entrar, ¿Puedes abrir? 

La voz de su amiga flotante se escuchó tras la puerta. La verdad es que no quería ver a nadie. No quería responder. No tenía fuerzas para contestar. 

Pero tampoco quería estar solo. 

—Pasen... 

Ambos aventureros no dijeron nada al abrir la puerta. Su nuevo amigo estaba pasando por un dolor de un corazón roto. No hubo chistes. 

No hubo consejos. 

No había nada que hacer que brindarle apoyo a Nakamura. Un cálido abrazo lo rodeó, mientras las lágrimas caía con fuerza y sus sollozos no se detenían. 

Estuvieron así un rato, hasta que el chico se calmó. 

—...Sakamoto... Ella se confesó primero... Creo que incluso se besaron...— Fue todo lo que dijo a sus amigos, mientras se aferraba al abrazo— Me duele mucho... Ellos se conocían, y ella es una chica... No pude hacerlo, lamento decepcionarlos y desperdiciar sus esfuerzos... 

—Nakamura, tranquilo... llora lo que quieras, nosotros estamos aquí para ti... 

Sus ojos volvieron a su amado pulpo, quien parpadeaba con lentitud. La mano del chico entró a la pecera para acariciar a su mascota. Sabía que era muy pronto para decidir, pero estaba seguro de algo. 

Algo que no quería aceptar todavía. 

—¿Le pasa algo a Icchan? 

Nuevamente reinó el silencio. Pero después de desahogarse, él estaba listo para hablar. 

—...Icchan es un pulpo mayor... Él también va a dejarme pronto— Confesó con dolor mientras acariciaba a su mascota, lágrimas volvían a caer en sus ojos— Quería... Quería que él me viera orgulloso confesándole mis sentimientos a Hirose... pero ya no puedo retenerlo más tiempo conmigo... 

—Nakamura... 

—¿Sabes, Paimon? En el fondo... Sabía que esto ocurriría... Pero no pensé que dolería tanto cuando llegara este día... Tanto la partida de Icchan, como el hecho de que Hirose consiga una novia...

—No sabes si son novios. 

—Es imposible que él rechace a Sakamoto— Respondió con pesar mientras cerraba la pecera de su mascota. Su mirada se posó en la ventana, en dirección al festival. —Y ella lo quiere... sé que lo va a cuidar y lo querrá... así como yo lo quiero... 

La mano de Aether se posó en el hombro del chico. Le dedicó una sonrisa triste, pero demostrando su apoyo sin decir nada, haciendo que el chico le regrese la sonrisa. 

—Cuando termine el festival, llevaré a Icchan al santuario Sangonomiya... y luego iré con ustedes a Sumeru. 

 

(...)

 

Los días pasaron y se volvieron incluso semanas, y no hubo noche en que Nakamura no sintiera pesar y dolor. Lloraba en silencio por las noches, se negaba a salir de su casa y faltaba a los entrenamientos. Heizou fue a visitarlo en una ocasión, para cuestionar el porque de su ausencia en la comisión, pero bastó una mirada en el chico para darse cuenta de que su intervención no solucionaría nada. 

No es fácil arreglar un corazón roto después de todo. 

Kana, en cambio, limitó sus insultos y se limitaba a dejarle la comida afuera de su habitación, y hacer ella los recados de la casa hasta que se sienta mejor. Después de todo, ante la inminente partida de su hermano en pocas semanas, debía aprender a mantenerse por su cuenta. 

Y finalmente, llegó el día de llevar a Icchan al Santuario Sangonomiya, para que este cumpla su última misión en vida. El pulpo movía sus tentáculos con lentitud y sus lentos párpados buscaban a su dueño, quien habilitó su pecera para viajar. 

Una antigua leyenda de Inazuma cuenta que las criaturas marinas de la nación, al estar cerca de la muerte, intentan regresar a las aguas donde nacieron. Hace años, Nakamura encontró a su amado Icchan en las aguas de la isla Watatsumi, no muy lejos del santuario, y se han vuelto inseparables desde entonces. Por lo que quiere que sus últimos minutos sean en el lugar donde se conocieron por primera vez. 

Nakamura se encontraba en el puerto, a las afueras de la llanura Byakko, observando el horizonte con pesar mientras sostenía la pecera en sus manos. El gremio de aventureros le ayudó a conseguir un barco que lo lleve a la isla, a cambio de acompañar a un equipo a cumplir una misión en la misma. 

Sería su última misión en el gremio, pues al día siguiente, tomaría el primer barco que parta hacia Puerto Ormos con el viajero. 

Pero la vida está llena de cosas inesperadas. 

—¿Nakamura? 

Una voz conocida lo llamó. Una que lleva años escuchando y nunca podría olvidar. No podía creerlo por un momento. No quiso voltear, pero debía hacerlo. 

—...Hola, Hirose... — Le respondió en voz baja, pero sin mantener mucho tiempo el contacto visual, pues no venía solo— Y hola a ti tambien,  Sakamoto...

Por lo visto, la misión del gremio de aventureros pertenecía al equipo del amor de su vida. No podía creerlo. Encima, solo vinieron ellos dos. Miró por los alrededores, Mukai y Takeuchi no los acompañaban. Si ellos estuvieran, este viaje sería un poco menos incómodo para él, lo más seguro.

—No puedo creer que no me había dado cuenta que tú era el amigo del que siempre hablaba Aiki— La chica se acercó con una sonrisa mientras juntaba las manos— Es una gran coincidencia, ¿Tú eres quien nos acompañará a la misión del gremio? 

El más alto, con pesar e intentando disimular, asintió con la cabeza— También necesito ir a la isla Watatsumi, aunque... por otras razones... 

El castaño observó a su amigo de pies a cabeza, antes de acercarse a su amigo, quien retrocedió ante la repentina cercanía— No nos vemos desde el festival Irodori, se supone que los recorreríamos juntos, ¿Te pasó algo?— Sus ojos se posaron en los de Nakamura, estaban rojos y llenos de ojeras, su pelo estaba ligeramente despeinado, y en sus manos, estaba la pecera de su amado pulpo, la cual agarraba con fuerzas— ¿Tiene... que ver con Icchan? 

Quería gritar, quería llorar ahí mismo, pero se intentó mantener firme. Creó una máscara neutral mientras asentía levemente con la cabeza. Después de todo, no es del todo mentira. 

Tenía curiosidad, quería saber, pero justo llegó el barco que los llevaría a la isla. 

—Vamos a subir, Aiki— Tomó la mano del chico con una amplia sonrisa, quien correspondió su agarre para ir juntos. Una vez dentro, su mirada se posó en Nakamura y le dedicó una sonrisa— No te quedes atrás. 

Él se limitó a observar y subir con ellos. La sonrisa de Sakamoto no pasó desapercibido para él, y mucho menos la repentina cercanía entre ambos. No quería preguntar. No quería saber. Porque en el fondo, sabe que le dolerá conocer la respuesta. 

Una vez confirmaron que no les faltaba nada, el rompeolas avanzó por el mar de Inazuma para llegar a su destino. Los ojos del azabache intentaron mantenerse en Icchan, quien seguía moviéndose con lentitud, demostrándole a su dueño que sigue con vida, resistiendo con fuerza. Pero eso no mejoraba la tristeza del chico. 

—Nakamura— La voz de su amigo lo despertó de sus pensamientos y levantó la mirada, mas no pudo evitar darse cuenta lo juntos que estaban Hirose y Sakamoto, sentados del mismo lado del barco— ¿Has estado durmiendo bien?

No quería responderle. Pero tampoco quería preocuparlo y en sus labios forzó una sonrisa. 

—Sí, solo... estuve desvelado leyendo novelas ligeras... y cuidando de Icchan— Sus manos acariciaron la pecera con delicadeza. 

—¿Es tu mascota?— Esta vez preguntó Hana, acercándose para ver al pequeño pulpo, que saludaba con sus tentáculos con lentitud— ¿Le pasa algo? 

Guardó silencio un momento. No era ningún secreto que Nakamura amaba a su mascota con toda su alma. El dolor que le causa lo que está apunto de hacer, era tan insoportable como el dolor de pensar que Hirose realmente está con ella. Pero no quiere preocuparlos. 

—Volví a ver a la veterinaria, y...— El agarre se hizo más fuerte, pero sin llegar a romper el vidrio, antes de continuar hablando— Me dijo lo que temía.

—Entonces... 

—Icchan es un pulpo anciano a estas alturas... Y no le queda mucho tiempo— Intentó sonreír, pero era demasiado difícil mantenerla con todo lo que está pasando— Así que... Lo llevaré a la isla Watatsumi, que fue donde nos conocimos... Para que pase sus últimos momentos en un lugar especial...

Por un momento, solo se escuchó el sonido de las olas chocar con el barco. Nadie dijo nada, y para Nakamura, ya no habían más lágrimas que soltar. 

—Lo siento... Vine a acompañarlos a hacer un trabajo, y aquí estoy... arruinando el momento... 

—No digas eso, Nakamura— Levantó la mirada a la chica, quien tomó una de las manos del azabache para apretarla con fuerza— No estás arruinando nada, ¿Verdad, Aiki? 

El castaño sonrió, sus ojos estaban ligeramente húmedos, empatizando por lo que estaba pasando su mejor amigo. No quería verlo llorar. 

No lo soportaría. 

—Si te parece... podríamos acompañarte a llevar a Icchan antes de hacer este trabajo, tenemos suficiente tiempo. ¿Verdad, Hana? 

—¡Claro!— La chica volvió a tomar las manos de Hirose, correspondiendo su deseo de ayudar al azabache— Nakamura está pasando un momento difícil, y él también es mi amigo ahora, hay que apoyarlo. 

La mirada de Nakamura volvió a sus manos. Al cariño que se expresaban abiertamente. Bajó la mirada, ese sentimiento doloroso seguía ahí. Pero se limitó a agradecer por acompañarlo. 

En el fondo, no quiere hacer esto solo. 

Aunque sea con la persona que menos quería ver en ese momento, que también es la persona a la que más ama. 

Sin embargo, aún había algo que quería sacarse del pecho, pero no sabía como sacar las palabras. 

—¿Qué tal si hablamos de otra cosa, para distraerte en lo que llegamos a la isla?— Propuso Hirose, buscando la manera de distraer a su amigo— No he podido verte en días, y tu hermana me ha dicho que no estabas en casa las veces que fui a verte. 

—Así que Kana mintió por mí...— Recordó las veces que su hermana menor recibió personas en la puerta, pero nunca supo que Hirose era una de ellas. 

—De hecho, yo quería hablar con Nakamura desde que terminamos de filmar la kinografía— Se adelantó Hana con una amplia sonrisa, su mirada se posó en el chico— Esperaba que volvieras al santuario, para agradecerte. 

—¿Agradecerme?

—No hice nada por lo que debas agradecerme— Pensó, pero la chica solo asintió con la cabeza mientras miraba a Hirose con ternura.

No era una ternura cualquiera...

Era una ternura llena de amor. 

Nakamura no quería saberlo. Prefería vivir con la duda. Pero... 

Creo que era bastante obvio lo que diría a continuación. Después de todo...

Él estaba ahí cuando ella se confesó. 

—Cumplí mi promesa y le dije a Aiki lo que sentía, y ahora estamos saliendo. 

Su mirada pasó de ella para buscar la mirada de Hirose, quien se veía apenado por la confesión de la chica, pero asintió con la cabeza. 

Así que era verdad. 

Sakamoto y Hirose eran novios... 

La suerte estuvo del lado de aquella chica que ayudó inocentemente en el santuario. La suerte estaba de su lado. 

Su amigo se veía feliz, ella le contó los nervios que sintió, y le agradeció por darle el valor con aquella palabras. Por decirle que ella también merecía expresar su amor. 

Él no pudo decir nada. No podía estar feliz porque sus amigos hayan encontrado la felicidad. Pero debía mantener esa máscara, para evitar volver a llorar. Debía ser fuerte. 

Por su corazón roto. 

Debía ser fuerte. 

Para ser feliz por su amigo. 

Debía ser fuerte. 

Para que Icchan no se vaya con la imagen de que su dueño no podría afrontar un corazón roto. 

—...Me alegro mucho, Sakamoto... Que hayas encontrado el amor. 

Fue todo lo que se limitó a decir con una sonrisa que intentaba retener sus lágrimas, que amenazaban con volver a salir. 

 

(...)

 

—¡Tierra a la vista!— Las miradas de ambos chicos se posaron en Hana, quien se avergonzó inmediatamente al ver como Hirose aguantaba las ganas de reír— Siempre quise decir eso... 

Llegaron a la isla Watatsumi. En el resto del camino, la recién formada pareja le contaba lo ocurrido estos últimos días a Nakamura, quien solo respondía con monosílabos. Mas no estaba prestando atención a la conversación en absoluto. Todavía no terminaba de procesar lo ocurrido. 

Hirose de verdad tenía novia. 

Él ayudó a esa chica a confesar sus sentimientos al chico que le gustaba. Quería gritar. Quería alejarse. 

Pero no podía. No puede culpar a Hirose. No puede culpar a Sakamoto. 

Él guardó sus sentimientos por mucho tiempo, y perdió contra ella. No podía competir contra ella, aunque quisiera. Ella es una buena chica. 

—Nakamura— El castaño se acercó al más alto con una sonrisa mientras le mostraba el mapa— ¿En qué parte de la isla es que encontraste a Icchan? 

La voz del chico lo hizo regresar a Teyvat. Ya tendría tiempo para llorar cuando termine su tarea del día. Su mascota es más importante. Bajó la mirada a su pecera por un momento, le intentó sonreír y volvió a ver el mapa. 

—Al norte de la isla, pasando el estante Suigetsu. 

—No es muy lejos de donde nos mandó el gremio de aventureros— Respondió con una sonrisa mientras observaba los alrededores. 

—¿Cuál... es la misión? Perdón que te pregunte ahora... no recuerdo con claridad las indicaciones de Katherine. 

—Los Nobushi de esta zona se están aliando con los monstruos del abismo, hay que investigar la zona y llevarlos a la comisión Tenryu— Contestó Sakamoto mientras se ponía al lado de Nakamura— Aiki, ¿Puedes trazar la ruta? Acompañemos primero a Nakamura y luego nos encargaremos de los Nobushi. 

—Bien, espérenme aquí un momento.

Les dedicó una sonrisa antes de alejarse un poco para comprobar los alrededores. Nakamura tomó aire con mucho pesar, estar cerca de Hirose aún lo ponía nervioso. Mas ahora no solo eran nervios, sino que también tristeza. 

¿De verdad puede mantener su amistad sabiendo que no pasará de eso? 

Y encima, ahora estaba a solas con la chica que acaba de robarlo de su lado. 

...

No, robar era una palabra muy fuerte. Simplemente, ella ganó una pelea a la cual él no pudo llegar. 

—Hey, Nakamura— La chica jaló de su manga, por lo que bajó la mirada para verla con una expresión de duda— ¿Cumpliste tu promesa? 

—¿Eh...? 

—Ya sabes, te prometí que le diría al chico que me gusta lo que sentía, ¿Pudiste hacer lo mismo? ¿Te confesaste a esa chica?  

Claro. Ella aún no sabía quien era la persona que amaba. No sabe que es un hombre. No sabe que es Hirose. 

Una parte de él quería gritarle. Preguntarle que como pudo confesarse a Hirose. ¿Cómo puede decirle Aiki frente a él? ¿Cómo puedes expresarle cariño frente a él? 

¿Cómo pudo conquistarlo en tan poco tiempo, mientras él lleva años intentando? 

—Al principio tuve mis dudas, pensé que no me vería de esa forma, pero decidió darme una oportunidad, y quiero hacerlo muy feliz— La chica siguió hablando, mientras juntaba sus manos con nervios. —Él ha sido muy bueno conmigo... Ah, pero he hablado demasiado de mí, aún no me has dicho como te fue. 

Guardó silencio nuevamente. 

—Ella quiere hacerlo feliz... y él se veía feliz...— Con eso en mente... Era imposible para él odiarla. 

No puede odiar a una amiga.

—...Él no me ama— Confesó en voz baja, pero con el volumen suficiente para que Hana lo escuchara. 

—¿"Él"? ... ¿Te gusta un chico? 

Asintió con la cabeza, y la mirada de Hana cambió. Ya no sonreía.

Esperaba que con esas palabras, al menos ella lo odiara, y se alejara de su lado. Así ya no sentiría culpa. Así podría odiarla libremente. Tendría no sentiría la culpa de tener el pensamiento de robarse a Hirose. 

Pero no fue así. 

Unos brazos rodearon a Nakamura, y se sorprendió al ver que era Sakamoto quien lo abrazaba con tristeza. 

—¿Qué... Qué haces...? 

—Estás pasando por mucho, ¿Verdad?— Al separarse, tomó sus manos e intentó animarlo— Debes luchar, Nakamura. 

—¿Luchar?— No estaba comprendiendo lo que decía aquella chica, pero ella siguió hablando. 

—Luchar contra esta tristeza, él no sabe lo maravilloso que eres. Sé que no nos conocemos desde hace mucho tiempo, pero Aiki me ha hablado muy bien de ti— Apretó el agarre de sus manos— Tienes un gran corazón, uno que estoy segura que tiene mucho amor que dar. Y estoy más que segura que esa persona es importante para ti por lo que me has contado. 

—No lo entiendes, Sakamoto...— Desvió la mirada con pesar, no quería que ella fuera empática con él— No puedo cumplir mi promesa... Ya no quiero amarlo... Es mejor olvidarlo, así puedo irme de Inazuma sin dolor... 

—¿A donde vas, Nakamura? 

La tensión aumentó en el ambiente, Hirose se acercó a ellos. 

¿Qué tanto había escuchado? Nakamura no lo sabía. Pero no quería seguir tocando el tema. 

—Creo que escuchaste mal, Hirose— Se alejó de Hana y volvió a tomar la pecera de Icchan en sus manos, dibujando una sonrisa en su rostro. 

—¿Seguro?— Su mirada demostraba desconfianza, y él conocía esa mirada. Es la mirada que hace cuando sospecha que Nakamura guarda un secreto. 

No le gustaba mentirle. No le gustaba guardarse estos sentimientos. Pero es lo mejor para todos. 

—Muy seguro— Volvió a fingir una sonrisa. 

El castaño no le terminó de creer, pero decidió no preguntar. Tenía confianza en que Nakamura le diría cuando llegue el momento. 

La ruta ya estaba trazada y debían caminar a pie el resto del camino hasta el estanque Suigetsu, por lo que él caminaría adelante para guiarlos con el mapa. Por lo que decidieron seguir el camino en marcha. 

—Sakamoto— Habló Nakamura en voz baja para llamar la atención, de la chica. —...No le digas a Hirose... que me voy... por favor. 

Su mirada se posó en el chico, que caminaba adelante. Aunque era una cara neutral que intentaba no expresar emoción, en sus ojos había tristeza. Hana no estaba segura de la razón. Seguía creyendo que era por Icchan. 

Pero está claro que Nakamura quería reservarse sus opiniones. Y ella respetaría eso, pero a la vez, no quería que su amigo viviera con arrepentimientos, y quería hacer algo por él. 

 

(...)

 

—Hana es una gran sanadora, nos ha salvado el pellejo varias veces— Contaba Hirose mientras caminaban rumbo al estanque— Si te sientes mal, no dudes en acercarte a ella, Nakamura. 

—Me halagas demasiado, Aiki— Sonrió 

El chico se limitó a asentir con la cabeza en silencio. No habló mucho en todo el camino, se limitaba a respuestas monosílabas. A veces decía una que otra frase, pero nada extensos. El castaño ya notaba que su amigo estaba raro, pero quería creer que era por el luto de su amada mascota, que lo ha acompañado por años. A fin de cuentas, vinieron a hacerle un último adiós. 

La brisa marina llegó hasta ellos, acariciando sus cabellos y ropas, además de un escalofrío repentino que penetró sus pieles. 

—Que extraño... no debería hacer frío en esta época del año— Hana se abrazó a sí misma mientras observaba los alrededores. 

Los hombros de Hana fueron cubiertos por el Haori que traía Hirose. Sus ojos se encontraron y este le sonrió ligeramente. Sus miradas se comunicaban sin necesidad de palabras, haciendo colorar las mejillas de Hana ante tal gesto. 

—...No puedo soportarlo— Pensó para sí mismo y siguió caminando delante de ellos, pues ya reconocía el lugar donde estaban. 

Los castaños se dieron cuenta de que Nakamura se adelantaba a ellos y lo siguieron. 

Sus pasos se detuvieron en la playa. Frente a ellos, se encontraba la isla en la cual se veían el templo del Estanque Suigetsu. La mirada del azabache se posó en la pecera de su amado pulpo, acariciando con ternura la misma, a la vez que recordaba con nostalgia. 

—Fue aquí... A las afueras del estanque, en el océano fue donde nos conocimos, Icchan— Empezó a contar en voz alta mientras el viento movía los flecos de su cabello— Mi padre estaba de servicio aquí, y lo acompañé para ver donde trabajaba... Y sus tentáculos se aferraron en mi pierna cuando estaba sentado en el agua... 

Como si Icchan escuchara sus palabras, movió sus tentáculos con más ánimo, como si quisiera observar mejor el paisaje, intentando salir de la pecera. Sakamoto y Hirose sonrieron al ver como su amigo contaba aquella historia. 

Para la chica, era la primera vez que escuchaba como se conocieron el chico y el pulpo. Sin embargo, Hirose había escuchado aquella historia cientos de veces, pero no se cansaba. Le gustaba ver a su amigo hablar de las cosas que le gusta. Se expresa de una manera sincera, y sabe que puede confiar en él. 

Por otro lado, siente que le está ocultando algo. Pero no sabe como sacar el tema. 

—No es el momento— Piensa entonces el castaño. 

¿Pero entonces, cuando será el momento adecuando para hablar de ello? 

—...La gran sacerdotisa Sangonomiya habló conmigo cuando me permitió llevarme a Icchan, porque le pedí permiso en aquel entonces...— Siguió contando mientras bajaba la mirada. —Las criaturas marinas regresan a su hogar para descansar, e incluso hay leyendas de que cuidan a los humanos con los que hicieron una conexión en vida... 

No estaba tan seguro de la veracidad de aquellas historias. Era un niño después de todo. Pero le hace sentir mejor pensar que su amado pulpo lo cuidaría una vez descanse en paz. 

—Hey...— El azabache sintió un golpe en la espalda, bajando la mirada hacia Hirose, quien le estaba sonriendo— Toma el tiempo que necesites, ¿Bien? 

—Pero la misión del gremio... 

—Esto es más importante— Dijo la chica mientras tomaba asiento en la arena, haciendo señales para que se sienten a su lado. 

Así hicieron.

Se mantuvieron en silencio un rato, mientras disfrutaban de la brisa y el sonido de las olas chocas con las ropas cercanas. Nakamura cerraba los ojos, recordando los momentos y secretos que compartió con Icchan a su lado. Pero era difícil concentrarse cuando a su lado, veía a la recién formada pareja. No podía evitar mirar a Hirose, sus ojos marrones que lo enamoraban, esa sonrisa que inevitablemente lo hacía sonreír. 

Pero no le sonreía con amor a él. No lo amaba a él. 

—Lo siento mucho, Icchan... Te hice tantas promesas que no llegué a cumplir... Pero recuérdame este último día por todo lo bueno que me esforcé en hacer por tí... y por mí... 

Su voz era baja, triste y nostálgica. Pero fueron escuchadas por la pareja, preocupándolos inevitablemente. 

Sobre todo a Hirose. Ya no podía aguantar más la incertidumbre de no saber que le pasaba a su amigo. No solo es la inminente pérdida de Icchan, había algo más. Observó por un momento a su novia, y con una simple mirada, es como si le dijera "habla con él, eres su amigo". 

Ella sabía que las palabras del chico iban a hacer más efecto que las suyas propias.

—Nakamura...— El azabache volteó la mirada para ver al chico, quien le dedicó una sonrisa comprensiva— ¿Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, verdad? 

El chico se mantuvo en silencio un momento, tratando de evitar la mirada, pero le era imposible. En el fondo, no quería quitar la vista de esos grandes ojos marrones que lo observaban. 

—Siempre has estado para mí— Admitió avergonzado antes de seguir hablando— Y quiero hacer lo mismo para ti, porque estás pasando por algo difícil... No dudes en contarme lo que te traiga pesar... 

Los ojos se Nakamura brillaron por un instante. No podía negarlo, estaba cargando con mucho en su corazón, tantas cosas que quería soltar. Tantas palabras que quería gritar. La principal pregunta que quería responder. 

"¿Por qué ella y no yo?" 

Sin embargo, este no era el momento. Quería mantener la paz del momento. Al menos, seguía siendo su amigo, y Hirose no lo trataba diferente por tener una novia. 

Él era el que estaba actuando diferente. 

—Gracias...— Es todo lo que se limitó a decir, para mantener el momento en serenidad. 

Pero el momento de paz y tranquilidad había terminado. 

—¡Cuidado! 

La voz de Hana los hizo entrar alerta. Un domo de agua los rodeó, el cual fue impactado por un ataque electro que llegó desde la distancia. El escudo resistió el golpe, haciendo entrar alerta al grupo y buscando en los alrededores al responsable. 

No muy lejos, pudieron divisar a los responsables. 

—Nobushis... ¿Y magos del abismo?— Preguntaba Hana con incertidumbre ante la cercanía con la que caminaban los enemigos. 

—Deben ser de la misión que nos encargó el gremio de aventureros, no creí que sería tan cerca de aquí... 

Dos magos del abismo electro iban acompañados de tres Nobushis, y varios hilichurls armados con ballestas.  Un aura maligna los rodeaba, como si estuvieran poseídos por el abismo. 

Hirose se mantuvo firme mientras agarraba su mandoble con fuerza, a la vez que Hana levantaba su espada en defensa propia, preparada para luchar a su lado. El asombro en los ojos de Nakamura era increíble, pero no había tiempo de sobre pensar en ese instante. Tomó la lanza en sus manos, preparado para luchar, pero fue detenido. 

—Espera, debes alejar a Icchan, nosotros nos encargaremos, tú mantenlo a salvo. 

—Pero, Hirose... 

—No te preocupes, Nakamura, yo pelearé también y lo mantendré a salvo— La chica sonrió con determinación mientras se colocaba en posición de pelea al lado de su pareja. 

Se quería negar, pero los enemigos se acercaban, y está consciente que Icchan no resistirá la pelea y debía alejarlo. Con pesar, asintió y retrocedió. 

Sakamoto y Hirose entonces corriendo. El mandoble del chico se incendió en llamas y se dirigió a los magos del abismo, que eran los más peligrosos debido a esos escudos elementales. En cambio, la espada de Hana chocaba contra los Nobushis, mientras era rodeada con un aro de agua que atacaba en simultáneo con ella. 

Peleaban en sincronía, esquivaban con una agilidad envidiable, puesto que el arma de Hirose era pesada, pero él podía controlarla con facilidad y atacar con fuerza a sus enemigos. 

Nakamura sostuvo la pecera con fuerza. Solo podía limitarse a observar. Él no era débil, estaba consciente, lo demostró cada día en su entrenamiento. Pero a la vez, debido a la tristeza de la situación de su amado Icchan, agregado a las noches que pasó sin dormir por la confesión de Sakamoto, lo tenía agotado. 

Quizás esa es la verdadera razón por la que Hirose le dijo que se mantenga al margen. No fue porque sea débil, sino para cuidarlo. Y Hana lo entendió al instante. 

Estaban peleando, no solo para cumplir su misión, sino también por él. 

—Voy a ponerte a salvo, Icchan... Es todo lo que puedo hacer... 

Aprovechando la distracción de la pelea, se corrió hasta el santuario no muy lejos del estanque. Había un dispositivo no muy lejano que podría traer ayuda del santuario Sangonomiya, debía aprovechar el tiempo que le dieron, y así poner a Icchan a salvo. 

—¿Vas a algún lado, jovencito? 

Un Nobushi se puso frente a Nakamura, cortándole el paso. 

—Demonios... 

 

(...)

 

—Desháganse de ellos Nobushis, estamos muy cerca de alcanzar la perla brillante del santuario, obtendrán un tesoro inigualable, y nosotros el poder para nuestra princesa— Exigió el mago del abismo, mientras mantenía con fuerzas el escudo elemental electro, que era atacado por la espada de Hirose. 

—Esta niñita no es fácil de roer, ¡Pero sigue siendo una mocosa!

El Nobushi levantó su katana con fuerza, preparado para asestar un golpe a Hana, pero esta pudo defenderse con su propia espalda. Empezó el forcejeo, pero su visión brilló con fuerza y un escudo de agua la rodeó, haciendo que los enemigos retrocedan. 

Sus ojos buscaron a su pareja, quien rompió el escudo del mago del abismo. Con un ágil movimiento de su mandoble, dió vueltas para golpearlo y lanzarlo hacia los hombres no muy lejos de ahí, haciendo que caigan sin fuerzas junto a los hilichurls armados, que no se levantaban.

La respiración de Hirose era agitada, alertando a Sakamoto, quien se acercó para tratar sus heridas. Aún con el poder de sus visiones, los enemigos eran muy resistentes. Los Nobushis normalmente no le darían problemas, pero estos recibían apoyo del abismo, y esa aura oscura los rodeaba con intensidad, haciendo que se levantaran como si fueran zombies. 

—Esto no tiene sentido, ¿Cómo tienen tanta fuerza?— Nuevamente, el castaño se puso a la defensiva frente a su novia— Mantente detrás de mí. 

—Aiki, yo todavía puedo seguir, no te preocupes— Le dedicó una sonrisa mientras levantaba la espada. 

Los enemigos se volvieron a levantar y esa aura oscura aumentaba. El ambiente se sentía pesado, y se extendía hacia la pareja. Un ataque del mago del abismo con su varita los golpeó de lleno, siento retenido apenas por el arma de Hirose, pero no fue suficiente. El rayo los lanzó e hizo retroceder y caer en la arena de la playa. 

Intentaron levantarse, pero el repentino cambio en el ambiente y el efecto del electro en su cuerpo les impidió levantarse. 

—¡Aiki! ¿Te duele mucho? 

—Estoy bien... — Intentó sostenerse del mandoble para levantarse, pero la electricidad en su cuerpo lo paralizaba, poniéndolo de rodillas en el suelo— No entiendo que es lo que sucede... 

—Debe ser el poder del abismo, pero no lo entiendo, esto nunca había pasado antes— Intentó sanar a Aiki con el poder de su visión Hydro, pero no hacía efecto.

Una risa maquiavélica llenó el ambiente, los manos del abismo se acercaban con los Nobushi. Ver a aquella pareja dinámica caer rendido a sus pies era satisfactorio a más no poder. Los hombres en armaduras también se unían a las risas como si fueran borrachos. 

Hirose estaba preparándose para luchar de nuevo, cuando un Nobushi nuevo se acercaba, quien regresaba del santuario del estanque. 

—Este mocoso llamó a la guardia de Sangonomiya— Dijo con su voz grave mientras agarraba con fuerza a Nakamura, quien sostenía con fuerza a pecera de Icchan— Intenta proteger a ese viejo pulpo, ¿No es divertido? 

El chico tenía heridas, y su lanza estaba quebrada. Se notaba que había dado pelea, pero no pudo vencer. La pecera de su mascota estaba quebrada, perdiendo agua poco a poco, haciendo entrar en pánico al animal en su interior. 

—¡Nakamura!— Gritaron los castaños al ver al azabache, quien abrió los ojos en busca de sus amigos. 

—Hirose... Sakamoto... 

—¡Oye! ¡Suéltalo!— Gritó Hirose mientras con sus fuerzas intentaba levantar su arma para imbuirla en llamas y atacar, pero el Nobushi puso a Nakamura e Icchan frente a él para usarlo de escudo, haciendo que el chico detenga el ataque. 

Algunos hilichurls, débiles pero numerosos, llegaron como refuerzos y apuntaron con sus ballestas a la pareja, listos para atacar ante las órdenes del mago del abismo. 

—¡JAJAJAJAJA! ¡¿No puedes atacarme porque tengo a tu amiguito y su ridícula mascota?!

El enojo aumentaba en el rostro de Hirose, quien tenía la mano de su novia en el hombro, intentando hacer que este se calme, pues ella también estaba enojada. Pero no podían atacar a la ligera. 

—Si quieren que viva, se quedarán ahí donde están y nos dejarán hacer nuestro trabajo— Amenazó mientras se acercaba a las aguas profundas del estanque Suigetsu.

—Lo siento... lo siento mucho...— Eran las palabras que apenas pudo decir Nakamura con las fuerzas que le quedaban, mientras agarraba con fuerzas la pecera, intentando que no escape más agua de la misma. 

Sakamoto y Hirose fueron amables de acompañarlos a traer a Icchan al lugar donde se creó uno de sus recuerdos más preciados, y ahora estaban en peligro y bajo amenaza. No pudo evitar sentir que todo era su culpa. 

Si hubiera venido otro día. 

Si hubiera decidido venir solo. 

O si no hubiera escuchado aquella confesión, ni se hubiera enterado de su actual relación, ellos estarían a salvo. 

Hirose estaría a salvo. 

El dolor que sentía era demasiado, no solo por la batalla, sino por lo inútil que se sentía en aquel momento. 

—Nobushis, no pierdan el tiempo, no quiero que estos humanos se metan en nuestros planes, no me importa el medio, desháganse de ellos— Ordenó el mago del abismo mientras agitaba su varita. 

Unas risas llenas de maldad se dibujaron en el rostro mientras se acercaban a la pareja, pues eran la mayor amenaza para ellos al ser portadores de visión. Pero ellos resistieron. Una combinación de ataques de agua y fuego los hizo retroceder, pero el enfoque de ambos estaba en el Nobushi que tenía a Nakamura. 

—Parece que te piensan rescatar, ¿Eh?— La mano libre del Nobushi se dirigió a la pecera, sosteniendo al pulpo en sus manos y apretándolo con fuerza. 

—¡Icchan! ¡Suéltalo, maldito Nobushi!— Intentó alcanzar al pulpo, pero el hombre los separaba más y más, a la vez que el animal movía los tentáculos con dificultad.

—Así que tiene nombre, ¿De verdad es tu mascota? ¿Qué te parece quedarte conmigo a ver como muere en mis manos por quedarse reseco y sin agua?— Su tono burlesco hizo enojar al pulpo, quien con las fuerzas que le quedaba, atacó el rostro del enemigo con tinta, dejándolo ciego momentáneamente— ¡Mierda! ¡Maldito molusco!

—¡Icchan no es un molusco!

—¡Si tanto lo quieres, muere con él!

Su grito se escuchó con fuerza, haciendo que Sakamoto y Hirose se alertaran y fueran corriendo en su dirección. Pero era tarde. 

El Nobushi usó toda su fuerza para lanzar tanto a Icchan como a Nakamura en dirección a las aguas profundas del mar, riendo con malicia ante su acto atroz. Se quedó mirando un momento como las burbujas ascendían a la superficie, mientras se hundían cada vez más profundo.  

—¡NAKAMURA!— Los ojos de Hirose miraron con enojo al hombre en armadura que tiró a su amigo al agua, su pareja estaba en shock ante lo ocurrido, y aunque compartía enojo con su pareja, los ojos del chico mostraban odio mientras se preparaba para atacar. —¡Pagarán por ello!

—Yo te cubro— Asintió la chica. 

Volvieron a pelear, combinando sus poderes elementales, pero el aire pesado volvía a atacarlos, y los magos del abismo volvían a paralizarlos. 

Les costó, pero entendieron lo que ocurría. 

Había miasma, lo que dificultaba sus habilidades motoras y los hacían más vulnerables. Pero por alguna razón, quizás influencia del abismo, los Nobushis no se veían afectados. El castaño golpeaba el suelo al que cayó con impotencia, intentando levantarse sosteniendo su mandoble, pero no podía pensar en más nada. Nakamura había caído al agua. Seguro estaba débil, quería salvarlo. 

Pero su cuerpo no respondía. 

Su mirada se posó en Hana, quien estaba igual o peor que él, y se acercó a ella, intentando ayudarla.

—¡Hana! ¿Te puedes levantar? 

La chica negó con la cabeza— ¿Tú estás bien, Aiki?— El chico negó mientras intentaba levantarse. —¿Quieres ir por Nakamura? 

—No ha subido a la superficie... se ahogará... pero tampoco puedo moverme... 

Su novia se entristeció al ver a su pareja sentirse así, lo abrazó por la espalda y nuevamente intentó sanarlo, pero sus fuerzas eran limitadas por el combate. 

—¿A donde fue su fuerza, mocosos aventureros? ¿De verdad creyeron que podrían con nosotros?— Se burló el Nobushi líder, mientras sacaba su Katana y apuntó a hacia Hirose— Les llegó la hora de morir...  

 

(...)

 

En las profundidades del agua, Nakamura retenía la respiración e intentaba mantener la consciencia. Abraza a Icchan, revisando que este estuviera bien, pero el pulpo, con su débil cuerpo, se aferra a su brazo, como si intentara que este resistiera un poco más. 

Intentó mover las piernas para ascender a la superficie, pero el agotamiento de la batalla le jugaba en contra. Sus ojos se abrieron al ver un líquido rojo pasar frente a él. Uno de los tentáculos del pulpo fue cortado, pero este intentaba ayudar a su amado dueño. 

El azabache quería llorar. Quería volver a la superficie para volver a luchar. 

—Icchan se hizo daño por mi culpa... Hirose y Hana están débiles también... —Recordó como la pareja estaba llena de moretones, y los enemigos los estaban acorralando. 

¿Acaso este sería su final? 

¿Todo lo ocurrido era su culpa? 

¿Merecía morir así? 

Después de todo, ya había perdido la batalla. No solo contra aquel Nobushi y los enemigos del abismo, sino también la batalla por el corazón de Hirose. Gane o pierda, él solo sería ese mejor amigo con el que se lleva bien. Él ya tenía una novia. 

Una chica amable, comprensiva, que incluso quiso ayudarlo con sus problemas, aún cuando apenas se conocían desde hace pocos días. 

Una chica que lo quiere y lo ama. Que piensa en él. Que cuidará de él. 

¿De verdad valía la pena seguir luchando? 

Quizás lo mejor era cerrar los ojos y hundirse, volverse uno con el agua y dejar de pensar en el dolor. 

...

—Lo que Paimon quiere decir es que, con el tiempo, mientras sigas guardando lo que sientes, te dolerá, e incluso podrías lastimarte a ti mismo sin darte cuenta...— Le dedicó una leve sonrisa— Hirose te lo dijo una vez mientras me contabas, ¿Recuerdas? "Es mejor ser honesto".

—Aether.... Paimon...— Recordó aquellas palabras de ánimos de aquellos viajeros que lo escucharon hablar de su enamoramiento por horas, sin criticar, sin juzgar...

...

—Tienes que luchar, Nakamura.

—¿Luchar?

—Luchar contra esta tristeza, él no sabe lo maravilloso que eres. Sé que no nos conocemos desde hace mucho tiempo, pero Aiki me ha hablado muy bien de ti.

—Tienes un gran corazón, uno que estoy segura que tiene mucho amor que dar. Y estoy más que segura que esa persona es importante para ti por lo que me has contado. 

Aquella chica que conoció en el santuario le dió consejos como si se conocieran de toda la vida. Recordándole que no está mal amar, aunque ese alguien no sea tuyo. 

Sakamoto... 

... 

—Toma el tiempo que necesites, ¿Bien? 

Fueron las palabras que le dijo Hirose antes en la playa. Sus ojos se abren de repente ante el vívido recuerdo del chico. 

—Siempre has estado para mí.

— Y quiero hacer lo mismo para ti, porque estás pasando por algo difícil... No dudes en contarme lo que te traiga pesar... 

—Hi....— Sus palabras intentaron salir de su boca, pero fueron sofocadas por el agua que amenazaba con entrar en sus pulmones. 

Abrazó el cuerpo de Icchan con cariño y con sus fuerzas intentó volver a nadar a la superficie. Está cerca de ahogarse, pero no le importaba. 

—Me duele... Me duele mucho que estés con ella, me lastima saber que no puedo tenerte, pero...— Una inesperada fuerza lo hizo nadar con fuerza hacia arriba— Eso no me impide amarte, eso no me impide cuidarte... Porque en el fondo sé que, al menos como amigo, has hecho mucho por mí— Levantó la mano, buscando alcanzar la luz que se reflejaba en el agua— No podré vivir tranquilo si algo malo te pasa, mi corazón se romperá aún más si te pierdo para siempre... 

Las pocas fuerzas del pulpo hicieron alzara la mirada a su dueño, que demostraba determinación y estaba en búsqueda de esperanza. 

—¡Dioses, por favor...!— Quiso expresar mientras alzaba más su mano, pero el aire seguía saliendo de su boca, las burbujas ascendían, pero él no subía— ¡Quiero salvar a Hirose! ¡Aunque tenga que renunciar al amor que le tengo! ¡Aunque tenga que sacrificar mi corazón! ¡Por favor!

—No quiero morir aún...

...

 

 

...

 

 

...

 

 

...

 

 

Nakamura estaba a punto de cerrar los ojos, pero como si sus plegarias fueran escuchadas por los dioses, la temperatura empezó a bajar de repente a su alrededor. Un domo de hielo se formó a su alrededor y el aire volvió a sus pulmones. Unos tentáculos frío rodearon su brazo izquierdo. 

Al abrir los ojos, notó como estaba rodeado por hielo a su alrededor, el cual se había creado de repente. Su amado pulpo ahora tenía escamas heladas y tatuajes en sus tentáculos, donde el octavo que anteriormente el Nobushi le había cortado ahora era uno de hielo. Era como si su cuerpo se hubiera congelado casi en su totalidad, y hasta había rejuvenecido. Icchan apuntó al frente, y Nakamura levantó la mirada. 

Una visión Cryo flotaba frente a él. Un nuevo poder recorría sus venas, sus heridas sanaban y aquella luz cegadora lo guiaba. Miró a su querido Icchan un instante, y asintió la cabeza con determinación. 

Tomó la visión en sus manos y la sostuvo en su pecho, enganchándola en pecho, invocó una lanza, y con sus nuevos poderes, creó un pilar de hielo que lo levantó a la superficie. 

—Hirose... 

 

(...)

 

—¿A donde fue su fuerza, mocosos aventureros? ¿De verdad creyeron que podrían con nosotros?— Se burló el Nobushi líder, mientras sacaba su Katana y apuntó a hacia Hirose— Les llegó la hora de morir...

—¡Aiki!— Hana intentó alcanzarlo, pero fue retenida por otro de los Nobushi, quien la empezó a sostener del cuello con claras intenciones de ahorcarla. 

—¡Hana!— Estaba dispuesto a levantarse, pero la Katana volvió a amenazar su cuello.

Con una sonrisa llena de malicia golpeó a Aiki y lo dejó noqueado en el suelo, sin quitar el filo de su espada y una mirada asesina en su rostro.  

—¿Lo hacemos de la manera rápida o tortuosa? 

Aquellos hombres estaban preparados para llevarse las cabezas de la pareja. Sin embargo, la temperatura bajó de repente a su alrededor. Vaho helado salía de sus respiraciones repentinamente. El Nobushi que apuntaba el cuello de Hirose volteó la mirada para observar de donde venía este repentino frío en pleno verano. 

Los pies de los enemigos se congelaban poco a poco. El hielo ascendía por sus cuerpos. El que agarraba a Hana del cuello la soltó repentinamente, dejándola caer, haciendo que ella recupere el aire que había perdido. Ella bajó la mirada para notar como los Nobushis se iban congelando poco a poco. Su respiración también volvía a la normalidad, el aire frío había reemplazado el miasma que les hacía daño. 

—¿Qué demonios está pasando?— Los magos del abismo querían escapar, estaban apunto de teletransportarse, pero sus miradas se posaron en el mar. 

Los pasos aquel chico congelaban el agua mientras apuntaba a los miembros del abismo con su lanza. El pulpo se posaba en su hombro, y con un movimiento de sus tentáculos, sincronizados con el brazo de su dueño, crearon unos tentáculos de hielo que golpearon a los enemigos monstruos y lanzándolos al océano, de donde espera no salgan jamás. 

Los hombres con armaduras intentaron moverse, pero el hielo ahora rodeaba sus caderas y seguía subiendo. Sus extremidades congeladas le empezaban a doler, y sus espadas cayeron al suelo al no poder sostenerlas más. 

Nakamura, por su parte, mantenía una mirada fría, no mostraba piedad, dolor, y tampoco compasión ante su enemigo. Hana logró acercarse a Aiki y abrazarlo para protegerlo y sanar sus heridas, pero no podía dejar de ver al azabache. 

—¿Eres tú... Nakamura...? 

Él se limitó a asentir con la cabeza mientras su mirada se posó en sus enemigos. Sin apoyo del abismo, su fuerza se disminuyó drásticamente. Miraron al chico acercarse. Sus pies dejaron atrás un camino del hielo y llegaron a la arena. Se puso frente a los Nobushi, quienes lo veían con temor. 

Luego, mirada volvió hacia Hirose, quien yacía inconsciente en los brazos de Hana. La chica captó su mirada en el castaño, su forma de verlo era diferente. No era tristeza. Pero tampoco era del todo alegría. 

Había preocupación en sus ojos, una que no es la misma que expresas por un amigo. Sus ojos se abrieron ante el posible descubrimiento que había en sus ojos. 

Quería abrir la boca para preguntarle algo, pero él desvió la mirada hacia aquellos humanos que le habían hecho daño. En cambio, el pulpo si se quedó mirando a Hana unos segundos más desde el hombro del chico, pero buscó la mirada de su dueño casi de inmediato. 

—¿Están listos para pagar con sus vidas? 

Su voz era calmada, pero había ira en sus ojos. Los hombres se limitaron a callar, no importa lo que dijeran. Su destino estaba sellado al notar la sed de sangre de aquel joven. Era como si una parte de él se hubiera sacrificado, con tal de salvar a quien más ama. 

El tentáculo de Icchan en su cara lo hizo reaccionar. No quería matarlos. 

No frente a Hirose. 

Su visión brilló con intensidad y terminó de congelar a aquellos Nobushi. No iban a morir, pero eso los retendría lo suficiente hasta que llegaran los hombres de Sangonomiya. 

Soltó un suspiro y su mirada volvió a la pareja de castaños. Caminó hacia ellos y se agachó a su lado. Hana lo miró y sonrió ligeramente al azabache. 

—Gracias, Nakamura... Nos salvaste... 

Se quedó en silencio un momento, sus ojos seguían en Hirose, quería acercar la mano, pero se detuvo a la vez que apretaba el puño. Volvió la mirada hacia Hana, quien decidió adelantarse a hablar.

—Está inconsciente por el golpe... él estará bien... — Le sonrió. 

— ...La guardia de Sangonomiya vendrá pronto... cuídalo, Hana... por favor... — Se limitó a decir mientras se levantaba, dándoles una última mirada. 

Era la primera vez que decía el nombre de la chica. Pero su tono... 

—¿Hablas... de sus heridas...? 

No dijo nada. Pero en el fondo, la chica conocía la respuesta. 

 

(...)

 

Hirose despertó de golpe, no reconocía el lugar donde se encontraba. Por el lugar, se notaba que seguía en Inazuma por la decoración, pero no reconocía la habitación. Se levantó de la camilla y abrió una puerta cercana. La luna estaba en el cielo, y estaba en el pueblo Bourou. Seguía en la isla Watatsumi. 

—¡Aiki!— La voz de Hana lo hizo voltear la mirada. La chica saltó en sus brazos para abrazarlo y lágrimas caían de sus ojos— Estaba muy preocupada por ti... 

—Hana...— suspiró aliviado al ver una cara conocida, pero una inmediata preocupación surgió y se alejó, mirando a todos lados— ¿Y Nakamura? ¿D-Dónde está...? Cayó al agua... Acaso... — El pensamiento de que su amigo ya no esté en este mundo a su lado lo abrumaba, pero unas manos sostuvieron sus mejillas, intentando calmarlo.

—Él está bien... está en la casa de al lado descansando, un viajero rubio y una hadita voladora lo están acompañando. 

—Él... él está bien...— Aquellas palabras le dieron alivio que lo hizo suspirar, volviendo a ver a su novia y sostuvo su mano— ¿Qué hay de ti, Hana...?  

 —.... Estoy bien— Sonrió, pero esta vez era distinto. 

La chica le pidió que se sentaran, y le empezó a relatar como Nakamura los salvó una vez obtuvo su visión. El asombro en el rostro de Hirose era difícil de ocultar, pero no negaba que seguía ligeramente preocupado, y quería ir a verlo. Preguntarle personalmente a él como se sentía, no se sentía conforme a saberlo de boca de otros. 

Se escuchó unas puertas abrirse. De la casa de al lado salieron Aether y Paimon, acompañados del héroe de ese día, quien levantó la mirada hacia la pareja. Estaba apunto de desviar la mirada para ignorarlos, pero un repentino abrazo del castaño lo hizo reaccionar. 

—¿...Hirose...?— Bajó la mirada, notando como el castaño ocultaba su mirada en el pecho del azabache. 

—No vuelvas a desaparecer así... 

Esas palabras hicieron que su corazón diera un vuelco, uno que no duró mucho al ver la mirada de la chica sobre ellos. Aunque ella estaba sonriendo aliviada, Nakamura, quien quería corresponder el abrazo con fuerzas, no pudo. Esbozó una sonrisa y se separó del abrazo, bajando la mirada hacia el chico. 

—Me alegro que estés bien... Hirose... 

Él levantó la mirada, notando como Icchan se movía animadamente en el hombro de Nakamura, saludando con los tentáculos.

No quería mentirle, así que mejor desviaba el tema de conversación. 

—¿Icchan...? Pero... ¿Cómo...? 

—Kokomi dijo que es probable que el poder de la visión de Nakamura lo haya traído a la vida, al entrar en contacto con la visión Cryo, y por sus tatuajes, parece que ahora es un Yokai— Explicó Paimon con una sonrisa, interrumpiendo a los chicos, pero el asombro ahora dominaba sus ojos. 

Una sonrisa se dibujó en el azabache y acarició a su amado pulpo. No esperaba sacar algo bueno de este viaje, pero al menos, eso lo alegraba.

El castaño pasó minutos regañando a su amigo de su imprudencia, pero felicitándolo por obtener su visión. Este se limitaba a sonreír y dar respuestas monosílabas. No quería acaparar la atención de Hirose, después de todo, él tenía novia, y debía prestarle atención a ella. 

Aether y Paimon se ofrecieron a llevarlos a la ciudad de Inazuma y acompañar al grupo a su casa para que puedan descansar en su casas, pues la sacerdotisa del santuario Sangonomiya se iba a encargar de los criminales. 

En el rompeolas, de camino de regreso, reinó el silencio. Hirose seguía agotado, y se recostó en el regazo de su novia mientras dormía. La chica acariciaba su cabello, arrullando al chico para que mantenga la calma y descanse. Aether y Paimon estaban algo alejados dirigiendo el barco, por lo que es como si estuvieran solamente Hana y Nakamura, quien en todo el camino evitó mirarlos. 

Su actitud había cambiado ligeramente desde que obtuvo su visión. Mantenía oculta sus emociones, pero a la vez, eso hizo que Hana se diera cuenta. 

Y no pudo evitar preguntar. 

—Nakamura... ¿Te gusta...? 

—Shhh...— El mayor hizo una señal de silencio, por primera vez desde que se subieron al barco, se vieron a los ojos, mirada que se cortó cuando volvió a ver a Hirose descansar en sus piernas. 

Icchan se asomó desde el hombro de Nakamura, acompañando a su dueño en su pesar, mientras también imitaba la señal de silencio. 

—Ya he tomado una decisión... no puedo abandonar estos sentimientos, pero tampoco puedo soportar estar a su lado... 

—Pero— La interrumpió. 

—Tú lo amas... Y yo no voy a quitártelo... Eres muy amable, Hana...— Guardó silencio un instante mientras acariciaba a su querido pulpo— Solo te pido que guardes silencio... 

—...Te va a extrañar...— Le dijo con pesar y lágrimas en los ojos, apretando los puños— Al menos dile que te vas... Promételo... 

—Si lo veo y le digo, no seré capaz de irme... Respeta mi decisión. 

Ella quería seguir discutiendo, pero estaban a punto de llegar a la isla Narukami. La ciudad de Inazuma se asomaba. 

Nada de lo que dijera lo haría cambiar de opinión. 

 

(...)

 

Las campanas de los barcos del puerto de Ritou resonaban, los barcos estaban a punto de zarpar. Kana observaba a su hermano mayor caminar junto a aquel viajero de la trenza rubia y extraña hada peliblanca. No podía creer que 2 semanas habían pasado volando, y él estaba apunto de irse a otra nación por su cuenta, y no sabe cuando volverá. 

—Oye, tonto Okuto... — Llamó a su hermano, quien se volteó con una mirada seria— ... Envíame cartas cuando te asientes, y... Cuídate. 

—Tú también cuídate, estúpida Kana— Aunque era un insulto, se mostraba cariño en sus palabras. 

Se dieron un último abrazo. 

Sus pasos lo llevaron al barco, y colocó sus bolsas en el suelo para aliviar el peso. Icchan se despedía de la chica pelinegra con sus tentáculos, y ella devolvía el gesto con una sonrisa nostálgica. 

—¿Estás segura de irte sin despedirte, Nakamura?— Preguntó el rubio, a la vez que colocaba una mano en su hombro. 

La mirada del azabache se posó en el puerto. No había pistas de Hirose por ninguna parte. Una triste sonrisa se esbozó en su rostro. 

—Debo superarlo... Y no podré hacerlo aquí... 

Su mano fue sostenida por Paimon, quien le dedicó una sonrisa que intentaba transmitirle ánimos. 

Soltó un suspiro, mirando por última vez la nación que lo vio nacer y crecer. 

El barco zarpó y empezaron a alejarse. Con el viento a su favor, el barco partió sin ninguna complicación. 

—Adiós padre... Adiós madre... Adiós Kana... Adiós Inazuma... 

Apretó los puños con dolor. Su visión cryo resplandeció por un momento, recordándole su ambición y motivación. Aprender a sobrellevar el amor. 

—Adiós... Hirose...

 

(...)

 

Desde la cima del santuario de Narukami, la aprendiz de sacerdotisa llegó a ver el barco partir. Aquel amigo que hizo por un papel de la suerte estaba dejando su vida para empezar sus estudios en otra nación.

Sabe porque lo hizo, lo entiende perfectamente. 

Pues, si ella estuviera en su lugar, quizás hubiera decidido tomar la misma decisión. 

—¡Ya llegué, Hana! 

La voz de su novio, quien terminó de subir las escaleras para llegar a la cima del santuario, saludando con la mano. Ella le dedicó una sonrisa, y se acercó mientras ocultaba algo en sus manos.

—Lamento llegar tarde, mi hermana no quería dejarme salir hasta comprobar que estaba lo suficientemente sano. ¿Qué querías decirme? 

Oculta en su espalda, se encontraba una carta redactada por Nakamura. Él le había indicado que no le diera la carta a Hirose hasta que el barco se haya ido y estuviera lo suficientemente lejos. 

Después de insistirle, ella le pidió que le dejara algo al chico para decirle que no estaría en la nación, para tener una despedida digna. Pero Nakamura seguía negado a ver al chico, por lo que esta era la única manera práctica que encontraba para decirle. 

—...Quería hablarte sobre Nakamura, me pidió que te diera esto. 

El chico la miró extrañado, pero tomó la carta en sus manos, y empezó a leer. A medida que leía, la sonrisa en sus ojos se borraba, y la tristeza dominaba su rostro. 

"Hirose, He tomado la decisión de irme de Inazuma. Voy a estudiar en otra nación, pero no sé cuando volveré. Puede que no lo haga en mucho tiempo. Tu amistad es lo más preciado para mí, y estoy agradecido por todo. No es tu culpa mi partida, es una decisión que tomé por mi cuenta. 

Solo te pido que seas feliz. Puede que no nos volvamos a ver. No en mucho tiempo.

Para cuando veas esta carta, ya mi barco debe haber partido.

Estoy feliz de haberte conocido, y espero que me perdones por no tener el valor de hablarlo en persona contigo. 

Pero sé que si te veía, no sería capaz de irme. 

Adiós, Hirose" 

Volvió a leer la carta varias veces, incluso llegó a ver tachada las siguientes palabras que quiso decirle, pero había una enorme X en el medio: 

"Por favor, no me busques" 

Y debajo de este, estaba lo que decidió escribir definitivamente. 

"Te extrañaré" 

...

—¿...Se va... de Inazuma?