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Haunted

Summary:

Su Richard nunca ha sido de muchas palabras, pero es divertido, es inteligente y siempre sabe que decir, también es aseado, siempre lo regañaba por no tomar agua y definitivamente, Richard siempre tendría respuestas para sus preguntas, por más capsiosas que sean. Este Richard, perdido y desconsolado, es desesperante, silencioso y está incómodo.

Chapter 1: Línea frágil

Chapter Text

El lugar apesta, literalmente, huele mal y luce como un backroom postapocalíptico. Peter nota que hay mesas ocupadas por alienígenas interesantes y con los que indudablemente jamás se metería de ninguna manera.

Se limpia la bota contra el suelo pegajoso mientras avanza entre la gente; el encargado aquí debe ser un hipster interesante como para atreverse a poner música horrible y servir alcohol barato. Es perfecto y, en definitiva, no debería estar ahí.

Pero entonces —esa indudable espalda cuadrada cubierta de material resplandeciente llama su atención. Por un segundo, todo se queda en silencio.

Richard Rider está en la barra.

Como si nada. Una leyenda viviente. ¿De verdad es él? No, ¿en serio? Había oído rumores y desde que los escuchó por primera vez, no había parado de buscarlo en cada rincón de cada maldita galaxia. La culpa de haber sobrevivido a Thanos sin Richard, aparentemente muerto en el Cancerverso, sin un cuerpo que abrazar, sin una tumba a la cual llorar, todo este tiempo, solo, buscando respuestas, sin rendirse, las noches largas y frías, solitarias, explorando en silencio... Qué estúpido.

No corre hacia él, no sonríe, no hay nada de lo que imaginó en sus sueños cuando se veía a sí mismo y a Richard habitando alguna luna saturniana.

Solo... camina, se detiene a su lado y apoya los codos en la barra.

—Vaya.

Richard no se gira de inmediato, pero se tensa cuando lo siente cerca.

—Debí revisar bares cutres antes —continúa Peter, pidiendo un trago como si nada—. Me habría ahorrado mucho tiempo.

Es entonces que Richard voltea, lentamente y con un movimiento mecánico, como si su cuerpo doliera. Peter puede verlo mejor: tiene esa expresión de cansancio en el rostro y una barba de días, demasiado descuidado, incluso se ve un poco más delgado. ¿Qué le pasó?

—Peter —no suena sorprendido, es más bien un saludo coloquial como quien se encuentra a un vecino.

Peter levanta su vaso.

—Richard —asiente saludando—. O... ¿debería decir fantasma?

Richard aparta la mirada y Peter ríe un poco burlón, sentándose a su lado.

—Creí que estabas muerto —añade, ligero, en tono de broma—. Ya sabes, típico de ti.

No dijo nada sobre eso, ni nada de lo demás, permaneció tanto tiempo en silencio que Peter jura que la bebida que pidió se evaporó en el aire de tanto esperar. Lo observó un segundo más; la mirada de Richard estaba sobre su propio vaso, como si de pronto este tuviera ojos.

Quill rompió el silencio.

—Escuché de un forastero en Meltcrow que el Nova Prime había sido visto ayudando a un pueblito moribundo, los chismes corren tan rápido entre viajeros interestelares que no dudé ni un segundo en ir por la recompensa que los xandarianos ofrecían por tu cabeza —lo miró brevemente—. Te busqué, Richard, en todos lados.

—Lo sé.

—Claro que lo sabes, porque enviaste un mensaje o dejaste una nota. Definitivamente la nota sonaba más a tu estilo.

—Estaba ocupado.

—Sí, yo también —respondió automáticamente—. No quiero sonar dramático pero estaba muy ocupado orando por tu alma porque creí que de verdad estabas muerto.

Intenta sonar como antes, cuando la relación entre ambos no era tan complicada. Richard se siente avergonzado porque su comentario no logra del todo sonar ligero, más bien es amenazador.

Ante el silencio prolongado del centurión, Peter no sabe qué más hacer para que le responda, así que simplemente suelta algo al azar.

—Oye, la nave está ahí afuera —dice de repente, Rich lo mira rápidamente—, te puedo dar un aventón si lo necesitas.

—¿Hacia dónde?

—Hacia cualquier lugar lejos de esta horrible pocilga —arruga la nariz—, de hecho, iré por los chicos a Knowhere, es nuestro punto de reunión.

Nova asiente, aceptando acompañar a Peter y a los pocos minutos van para afuera. Y tal como Peter prometió, ahí está el Milano.

La compuerta se cierra con un golpe seco tras su paso y Richard casi siente el compartimiento como algo familiar, solo que es demasiado silencioso, no hay música ni gente, menos algo que amortigüe lo que acaba de pasar entre ambos.

Peter no dice nada mientras enciende los controles, todo es automático, se mueve casi de manera mecánica y el centurión se queda de pie unos segundos.

No sabe dónde ponerse.

—Siéntate —dice Peter, sin mirarlo, tomando asiento en el lugar del piloto.

Obedece y se deja caer en el asiento del copiloto.

Están demasiado tensos, incluso cuando encienden los motores y despegan hacia cualquier lado. Peter observa a Rich apretar los puños sobre sus piernas así que decide hacer tema de conversación aunque sea incómodo.

—¿Cuánto tiempo llevas así? —pregunta Peter al fin.

—¿Qué?

—Cuánto tiempo llevas así, vagando, luciendo como loco.

Ahora sí lo mira directamente, hay algo que Richard duda.

—No lo sé.

—Inténtalo.

—Desde que volví, supongo —dice al final—. Tal vez antes.

—¿Y nunca pensaste en...? —se detiene—. No sé, ¿avisar?

Richard suelta una risa seca.

—¿Decir qué? "Hola, sigo vivo pero no tengo ganas de existir".

—Podrías haberlo intentado.

—Lo estoy intentando ahora.

—No —dice Peter—. Esto no es intentar.

Se gira un poco hacia él.

—Esto es aparecer cuando ya no tienes otra opción.

Richard baja la mirada.

—No es eso.

—Entonces dime qué es.

Vuelve a quedarse en silencio.

Peter observa con detenimiento a Richard y este no sabe qué hacer. Se le forma un nudo en la garganta de verlo así porque puede ver que este sujeto está perdido, de verdad, y le duele porque Richard es su mejor amigo y no sabe exactamente cómo debería ayudarlo.

Su Richard nunca ha sido de muchas palabras, pero es divertido, es inteligente y siempre sabe qué decir, también es aseado, siempre lo regañaba por no tomar agua y definitivamente, Richard siempre tendría respuestas para sus preguntas, por más capciosas que sean. Este Richard, perdido y desconsolado, es desesperante, silencioso y está incómodo. Definitivamente no es su tipo pero aún así, es el Richard que lo salvó de la muerte y pensar que por eso él está en estas circunstancias, hace que algo dentro de su corazón quiera protegerlo.

—¿Sabes qué es lo peor? —murmura—. Que te creo.

Richard suspira y se tensa aún más, como si quisiera contener su temblorina.

—Sé que no lo hiciste para lastimarme —continúa Peter—. Sé que estás jodido.

Se ríe, sin humor.

—Créeme, lo noto, pero eso no hace que duela menos.

Richard se inclina un poco hacia él.

—No quería que doliera.

—Felicidades —responde Peter—. No funcionó.

La nave entra en hipervelocidad, la luz de alguna estrella los atraviesa, pero ninguno dice nada sobre eso. Richard se lleva ambas manos a los lados de su cabeza, como desesperado.

—¿Qué quieres que haga? —pregunta Richard, más bajo.

—Querer hacer algo ahora es tarde.

—Peter, no morí allí —respinga de repente, levantando un poco el tono de su voz y provocando que Peter lo mire alarmado—, ni siquiera entiendo todavía cómo fue que salí del Cancerverso, pero te juro que cualquier cosa que hayas visto, por más loca, horrible y perversa que te parezca, no se compara a nada ahí dentro.

—Tenía mis teorías sobre ese lugar.

—Lamento si no tienes las respuestas que buscas, pero de verdad no sé qué hacer.

Peter tampoco sabe exactamente qué es lo que debería hacer, así que baja la mirada en silencio, pone un poco de música y pilotea. Tararea una canción que resuena y que Richard conoce muy bien porque él fue quien le dio esa memoria con todos los éxitos pop de los 2000, observa de reojo a Richard pero este parece que está en blanco totalmente.

Pasa el tiempo y Richard suelta de repente:

—Solo déjame en el lugar más cercano, Pete, estaré bien.

Llega a la memoria de Peter la vez que se despertó en medio de la noche sollozando por haber perdido a Richard, las preguntas que vinieron después y la culpa, sobre todo la culpa que no lo dejaba descansar con normalidad. No mintió cuando dijo que lo había buscado cuando se enteró de que estaba vivo. Este no era el reencuentro que había previsto, esperaba poder volver a verlo tan radiante y vivo como recuerda que era.

Cuando menos lo espera, la nave desacelera con un zumbido bajo, las luces de Knowhere se expanden frente a ellos, tan frías y distantes, tan lejanas.

—Llegamos —dice Peter.

Sin emoción alguna y Richard no responde de inmediato, solo mira afuera, sus ojos brillan con lágrimas, como si ese lugar encajara demasiado bien con cómo se siente.

Una basura galáctica, sin lugar.

La compuerta se abre y el aire entra, demasiado pesado por los minerales del ambiente.

—Puedo bajarme aquí —dice Richard al fin.

No suena convencido y Peter no dice nada, entonces Richard se levanta y da un paso hacia la rampa.

Y justo cuando está por bajar—

—No —la voz de Peter lo detiene—. Espera.

Richard se queda quieto pero no se gira aún.

—No hagas eso, espera.

Ahora sí voltea, confundido.

—¿Qué cosa?

Peter se levanta por fin mientras se pasa una mano por la cara, un poco frustrado.

—Desaparecer otra vez.

—No estoy—

—Sí, te conozco, lo harás y entonces vagarás en el universo solo como antes de Thanos y volverás a tus andadas de bandido haciendo las cosas solo, explotándote.

Peter camina hacia él, no rápido pero sí decidido.

—No tienes idea de a dónde ir —añade—. No tienes un plan, no tienes nada. Y crees que dejarte aquí arregla algo.

Richard aprieta la mandíbula.

—No quiero arrastrarte a esto.

Peter suelta una risa corta.

—Ya estoy a bordo.

Da otro paso hacia él sin llegar a ser invasivo, observa la rampa y luego a Richard, que también lo observa.

—Desde el momento en que te encontré —continúa Peter, más bajo—. Así que no finjas que esto es por protegerme.

—No sé cómo estar bien —admite.

—Yo tampoco, pero al menos sé que no quiero dejarte aquí —añade Peter—. No así.

—¿Por qué?

Peter lo mira como si la respuesta fuera obvia.

—Porque te quiero, idiota, ¿qué más si no?

Richard sonríe, como si eso fuera todo lo que había estado esperando escuchar, eso pesa más que cualquier grito. Se queda inmóvil, como si no supiera qué hacer con eso.

—No tienes que—

—¿No tengo que hacerlo? —pregunta divertido—. Quiero hacerlo.

Eso no suena a sacrificio, eso es elección. Porque a pesar de todo, Peter lo elige, a su manera.

Richard traga saliva.

—No soy... fácil ahora.

—Nunca lo fuiste.

—Pero esto... —añade, más serio—. Esto no es lo mismo porque... hay días en los que... —empieza—. Hay días en los que no quiero estar aquí.

No entra en detalles.

No hace falta.

Peter apoya una mano en el hombro de Richard, mostrándole compañía, no habla, solo escucha con atención.

—Y no sé cuándo se va a ir eso —añade Richard.

—Entonces no lo arreglamos hoy.

—¿Qué?

—No tienes que estar bien hoy —dice Peter—. Ni mañana, solo... no te vayas.

—No sé si puedo prometer eso.

—Entonces no prometas nada —extiende una mano, ofreciéndola para que Richard la tome—. Solo sube de nuevo a la nave.

La rampa sigue abierta, Knowhere sigue ahí, esperando, pero Richard no se mueve hacia afuera, solo se queda mirando a Peter.

—¿Y si lo arruino?

—Sí, probablemente lo hagas —sonríe—. Yo también.

Richard suelta una pequeña exhalación, casi suena a una risa, casi un quiebre. Da un paso atrás lejos de la salida y está de vuelta en la nave. La compuerta se cierra lentamente.

Peter no sonríe y tampoco hace bromas, solo vuelve a su asiento, llevándose a Richard a rastras al frente. Esperarán a los demás para poder despegar.