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glitter&ruin

Summary:

Donde Shane Hollander es un periodista novato, entregado ante la investigación de un libro acerca de la existencia de los vampiros. Él no creía en esas criaturas, por supuesto que no.

Ilya Rozanov, ante el mundo mortal, no era más que una estrella de rock joven impulsado por su familia con riqueza. El nepobaby problemático, según ellos.

Shane termina investigando a la estrella vampírica, Ilya. El hijo de Lestat De Lioncourt.

Notes:

Nota: No sigue fielmente el canon de Interview with the vampire, tampoco el de Heated Rivalry. Solo es mi capricho por Ilya siendo el hijo de Lestat y Louis. Enjoy :)

Chapter 1: Capítulo uno.

Chapter Text

 

 

Ilya Rozanov no necesitaba una presentación ante el mundo, cien mil personas coreaban su nombre al compás del sonido de su guitarra y aplaudían mientras retumbaba sus botas contra el duro suelo del escenario mientras tomaba el micrófono en sus manos.

Las graduadas estaban llenas de banderas por donde quieras ver, algunas con su nombre o el resto de sus integrantes en la banda. Ingenuos ante la criatura, inmersos en su voz.

BLOODYZ se presentó esta noche en el estadio de Toronto, sus entradas se agotaron completamente en menos de veinticuatro horas, rompiendo nuevamente, otro récord. Anotado para las revistas llenas de chismes sobre su vida o algún aficionado morboso en su cuenta de Reddit. 

No era de extrañarse, llevaban más años de los que podría contar en la industria, un poco menos que su vida milenaria. Pasando por asquerosos representantes y contratos mediocres, pero ahora estaba en la cima. A veces, Rozanov tenía esos momentos de nostalgia quemándole la piel, algo vulnerable en su… alma, quizás. Restos de la humanidad sin importancia, así decía.

Sus cuerdas vocales vibran, sus colmillos iluminados por la luz del escenario y un atuendo hecho a la medida, de cuero importado, exclusivamente para él. 

Para quienes no estén al tanto, BLOODYZ   es una banda dedicada única y exclusivamente al rock, autores de sus éxitos que podrían escuchar en plataformas digitales, radios locales o encontraras en alguna disquería cualquiera. Perseguidos por supuestos crímenes pasionales, letras obscenas y oscuras, al igual que una moral cuestionable.

Pero hay que presenciarlos en vivo para decir si todo eso era cierto o no. 

Cliff Marlow, quien era el encargado de las finanzas del grupo, además de ser el bajista con más talento de su generación. Responsable, atrevido y conocido como el inteligente estratega.

Vampiro transformado en 1998, su creador se fundió en el fuego luego de que se enfrentarán por comida, en busca de la supervivencia. Un accidente, si podemos decirlo así. 

Después, estaba Troy Barrett, ocupando la segunda guitarra y siendo una de las voces más importantes en cada coro o melodía, su timbre era reconocido por las personas con gran facilidad, al igual que sus movimientos con el cabello cuando entraba en un trance al tocar, más joven que el resto. Se robaba las miradas de su público femenino con una simple sonrisa encantadora.

Vampiro transformado en 2010, el mejor amigo de Ilya en ese entonces, le pidió de rodillas el don oscuro y Rozanov no podía negarse, deseaba a su mejor amigo en la eternidad.

En la batería, Luca Haas. Su joven carisma era cautivador para todo aquel que lo conociera, destacando por ser el más joven de todos y demostrando que verdaderamente se había ganado su lugar en la banda con su imprescindible talento. No es un vampiro, por si se preguntan.

Está al tanto de todo lo que pasa a su alrededor con sus compañeros, a veces se ofrece para alimentarlos, pero no se siente preparado para la responsabilidad que conlleva el vampirismo. 

Y por último, el diablo ruso. Más conocido como Ilya Rozanov. Marginado de su país por ser descarado, inconformista e imprudente. Él era todo lo que Rusia quería erradicar, por lo que al conseguir su independencia del país de origen, nunca más regresó. Montreal, su verdadero hogar, le ofreció algo muchísimo mejor.

Convertido desde 2009, hijo del famoso vampiro Lestat De Lioncourt y Louis De Pointe Du Lac. Su música estaba prohibida al igual que la imagen de sí mismo, lo cual en cierto modo, lo mantenía orgulloso.

Cuando Ilya era muy joven, siempre supo que marcaría la diferencia en el mundo. Intentó de muchas formas llegar hasta donde está hoy mismo, parado ante cientos de personas amándolo por su arte y esencia antinatural. 

Su infancia había sido reprimida, no había otras palabras para describirla, lamentablemente. Su padre era un oficial de policía retirado, lo cual era un infierno para él. Siempre buscaba formas de criticar su manera de ser, sus elecciones en la vida, sus gustos y todo lo que conlleva básicamente existir.

Él no lo quería e Ilya lo sabía. Era plenamente consciente de que lo acogía en un mismo hogar debido a su madre, quien una noche, le rogó para que no lo echara a la calle. Tenía tan solo diez años la primera vez que reconoció sus ataques como una falta grave de respeto. 

Luego, cuando tenía doce años, su madre murió. Accidentalmente se tragó un frasco entero de pastillas, Ilya la encontró tirada en el suelo del baño. Lo recordaba más de lo que le gustaría, bastante a menudo, de hecho. 

Pero ese suceso trágico lo llevó a componer su primera canción junto a la vieja guitarra que ella había escondida en su sótano. Ahí fue cuando entendió que su mente funcionaba a la par de la poesía, que en simples hojas de papel podía descargar la ira y el rencor que tenía hacia su muy rota familia.

Bueno, una manera de decir, ya que su hermano mayor Alexei también le había guardado rencor por su madre. Le echó la culpa, aunque él no tenía nada que ver, pero aún así su descarga no dejó de caer sobre sus hombros.

Ilya sabía que su madre estaría orgullosa de él, hasta cierto punto porque no era perfecto y lo asumía, pero con solo haber escapado de esa casa era motivo suficiente para saber que ella le dedicaría una sonrisa cálida, de esas que únicamente puede dedicarte una madre que te ama con todo su corazón. 

Fue entonces cuando decidió iniciar una nueva vida en Montreal, oyó de ella a través de foros web en los que charlaban de sus lugares al estilo europeo, influenciados por el francés, entre otras cosas.

Se alquiló un pequeño departamento en un barrio bastante privado, anticuado y silencioso. También consiguió trabajo en una cafetería, donde conoció a la amable Katya, una mujer mayor proveniente de Rusia al igual que él, ella no dudó ni un segundo en compartir su espacio con él. 

Su vida monótona se volvió cálida con el pasar de los primeros meses, entre trámites de residencia permanente al país en el que estaba y turnos incontables limpiando mesas.

Los clientes estaban muy satisfechos con Ilya, la gente le dejaba generosas propinas, el lugar se volvió concurrente y algunos pedían exclusivamente que él los atendiera. 

Tenía a sus favoritos, obviamente, la señora Molly por ejemplo, quien tenía muchos hijos y siempre pedía cupcakes de crema con estrellas azucaradas. El señor Jackson siempre buscaba el café para su prometida junto a un croissant de fresas de camino al trabajo.

Y luego estaban Clarence y su marido, Thomas.

Ellos eran una pareja bastante curiosa a los ojos de Ilya, no era común vistos por las mañanas como la mayoría, quienes tomaban un café y leían el periódico para comenzar su día.

No, ellos siempre aparecían para casi el horario de cierre. Lo observaban todo el tiempo, le dejaban generosas propinas y halagaban su trabajo. 

— ¿Tuviste un turno largo, mon cher ? .–Le preguntó el hombre de cabello rubio, le llegaba hasta los hombros y un poco más, con una media sonrisa y su mirada cristalina tan penetrante que sentirías que tu alma estaba expuesta.

Tenía acento europeo, ya le caía bien. Ilya se acercó y suspir. 

—Bastante largo, de hecho. No podría esperar más de un día como este, comienzo de mes y esas cosas americanas.– Se encogió de hombros mientras levantaba las tazas de la mesa, poniéndolas sobre la bandeja que llevaba en la otra mano.– ¿Soy entrometido si me atrevo a preguntarles sus nombres? Me gusta saber a quién estoy atendiendo, además de que sus propinas me salvan el mes entero del alquiler. 

Ambos rieron mientras sacaban sus billetes dejando aún más propinas de la que solían dejar, Ilya casi deja de respirar. El hombre moreno se adelantó. 

— Mi nombre es Thomas, encantado. Este es mi… compañero, Clarence.– Acercó su mano a la de Ilya para estrecharla, un gesto amable. Hasta que Rozanov sintió el frío que emanaba esa mano, ese mismo frío que lo atormentaba por las noches al recordar el cadáver de su pobre madre, se estremeció pero fingió una sonrisa. Thomas lo miró un poco confundido pero aún así le escuchó.– ¿Hace mucho viniste a Montreal? Tu acento es curioso. 

— Yo ehm, soy de Rusia. Estoy hace unos meses nada más, vine porque necesitaba un cambio de aires y tengo ganas de estudiar.– Ilya no sabe con qué velocidad dijo eso, ni tampoco recuerda mucho de cómo llevó la bandeja hasta el mostrador ni se acuerda de haber apagado las luces. 

Solo recordaba cómo al salir del trabajo, fue caminando hacia la casa de Thomas y Clarence, quienes le ofrecieron un buen trago de vodka ruso y él no era nadie para negarse a beber gratis, la verdad.

Charlaron mucho, eso sí lo recordaba. Les contó sobre su infancia de mierda, la muerte de su madre y su empleo amable, por no decir que únicamente cubría gastos justos y necesarios.

No quería darles lástima, de verdad que no. Aunque ellos vivieran en una casa del triple del tamaño que la de Ilya, al final de su calle. No se mostraría débil ante estos hombres. 

 

Débil, débil, débil. Como tu madre, un maldito débil. 

 

Las palabras de Grigori irrumpía en sus pensamientos. Clarence habló.

 

— ¿Te da miedo contraer demencia, Ilya? .–Soltó de un estrago mientras recorría el sofá donde ahora Ilya estaba sentado. Él negó con la cabeza porque… qué carajo. Una maldita broma de mal gusto. A él no le daba miedo, creía. Pero sentí como el hombre estaba dentro de su mente.– Tu mente atormentada por tu padre enfermo, quien también enfermó a tu madre. No te lo merecías, merecías estar a su lado y ver cómo ella conoció a toda tu familia, sabes.

Clarence se sentó a su lado, Thomas estaba enfrente con las piernas y manos cruzadas mientras los observaba en un silencio abrumador. Continuó.— Podrías evitar ese sufrimiento, si quisieras…

— Eso es mierda.– Escupió Ilya.– La demencia no tiene cura, solo tratamiento. Si ese es mi destino, nada puede interceder en eso y quizás me lo merezco por ser un poco hombre. Le fallé a mi familia, sobretodo a mi madre y ahora estoy tratando de lidiar con mi vida, estaría mejor muerta la verdad. 

Rompió a llorar, las lágrimas pesaban contra la piel de su mejilla. ¿Había tomado demasiado? Tampoco lo recordaba, sintió el cálido abrazo de Clarence alrededor de sus hombros, Thomas se levantó del sofá y también lo abrazó. Sintió un cosquilleo contra su cuello. Clarence tomó la palabra de nuevo, mientras tomaba su rostro entre ambas manos y le susurró. 

— Hay una manera de morir, muy placentera. Sin dolor, podrías considerarlo como un regalo oscuro, el cual logra cosas que ni siquiera podrías imaginar. – Ilya vio en los ojos de ese hombre seguridad, apoyo y una solución a su vida mediocre.

No iba a engañar a nadie, esos pocos meses en Montreal ya eran demasiado para él. Ni siquiera quería salir de la cama. Entonces morir no sonaba tan malo.

— ¿Estás hablando de la eutanasia? Soy consciente de que eso existe, lo sabes. 

— No, eutanasia no. Pero puedo concederte el deseo de algo a cambio. 

— Valoro mucho la invitación para un trío pero me siento miserable y ustedes se ven bien, de verdad. No se ofenden. 

Thomas que estaba detrás de él, soltó una risa nasal y se paró enfrente de ambos. Abró la boca y sus dientes hicieron un sonido que Ilya recordó como espantoso, mientras se alargaban hasta quedar con un filo peligroso.

Colmillos, tenía unos putos colmillos.

Sintió la necesidad de huir, gritar, quizás golpearlos. Pero ya no tenía nada que hacer. Iba a morir a manos de vampiros degenerados que quizás se hubieran acostado con él, un buen orgasmo se perdió.

No, maestro. Ilya moderó su alcohol después de esa noche. 

— Este es el regalo, pequeño Ilyusha.– Ilya tembló, no sabía si por el sobrenombre con peso en sus hombros o por el supuesto regalo de sus anfitriones. Ambos quizás.– Únete a nosotros, acaba con tu sufrimiento. Lo único que necesito es que asientas con tu hermosa cabecita, todo el dolor se irá. Lo prometo. Ven a mí. Sé nuestro compañero. 

Ilya ascendió y eso fue lo último que recordaba de esa noche, los colmillos del tal Clarence. Nombre asqueroso que usó su padre y creador en aquel entonces.

Sintió como la sangre drenada con fuerza de su cuerpo, se oyó una campana a lo lejos, una luz, quizás gritó o quizás no. Sentía el golpeteo de su corazón en la carne de su sien y en cada fibra que apoderaba su ser. Fue entonces que Ilya Rozanov murió en diciembre de 2009, exactamente con 18 años. 

Ilya Rozanov murió y eso fue lo mejor que le había pasado. 

Cuando despertó, lo primero que hizo fue mirarse al espejo, tenía los ojos vidriosos como ventanas en pleno invierno, su piel asquerosa y pálida. Sus labios cubiertos de sangre al igual que sus nuevos colmillos y un instinto asesino que perforaba su razón. 

Ser un vampiro novato apestaba, de verdad que sí. Pero tenía el apoyo de sus padres, quienes decidieron adoptarlo como un nuevo compañero. 

Sus padres ahora con nombres reales, Lestat De Lioncourt y Louis De Pointe Du Lac. Hombres con más de dos siglos de historia. Su familia quienes le dieron lujos, ataúdes y conocimientos. Todo estaba bien, era un buen vampiro. 

 

Hasta que se publicó el estúpido libro de “La charla con el vampiro” y todo parecía oscuro, triste sin razón.

 

 

Pero esa historia es para otro momento. 

 

 

 

Volviendo al concierto, estaba en su momento favorito, cuando abandonaba la guitarra y se sentaba en el hermoso piano que la producción le colocaba junto a un gran vaso de su vodka favorito, junto AB+. Por supuesto.

Brindaba con su público, agradeciéndoles por todo lo que hacían y hacen por ellos hasta ese momento. Y luego, simplemente se fundía en la melodía. Su voz se suavizaba, cerraba sus ojos y pegaba los labios al micrófono, imaginando a su madre entre todas las personas observando, seguramente aplaudiría y lloraría.

Porque sí, la canción se la escribió a ella. Con algunos versos en ruso, hablando de cuánto la extrañaba, de que seguramente no creería donde estaba en ese momento ni en lo que se había convertido. Era lo más cercano a su alma humana. 

Las personas lo aplaudían y cuando Ilya abría un ojo, podía ver a la primera fila llorando con fuerza mientras sostenían sus teléfonos tratando de captarlo a él en su momento de vulnerabilidad. Sus compañeros estaban de fondo, tomando agua o alguna bebida con sangre. Nunca interferian este momento tan delicado e íntimo para su estrella.

Cuando la atmósfera cambió y el piano desapareció, volvieron con sus guitarras y la gente empezó a saltar descontrolada. 

Un par de canciones después, llegaron a la favorita de Troy. Las luces del estadio se tornaron de color rojo, Ilya les dio la espalda por un momento sin dejar de tocar la guitarra, dejando que su chaleco oscuro de cuero con un ROZY implantado en la espalda de color rojo sangre, junto a algunas serpientes y murciélagos, tomarán protagonismo en las grandes pantallas junto al escenario. 

Los acordes aumentaban, bajaban y cuando Ilya empezó con su solo, fue cuando su mirada y cuerpo volvieron hacia el público nuevamente y vio una cantidad inmensa de mujeres, algún que otro hombre también, en los hombros de otras personas, agitando sus camisetas y… sus sostenes. Así es, esta canción llevaba a eso, a que su público se acabaría desnudando mientras ellos cantaban y sonreían. 

Troy estaba fascinado cada vez que la tocaban, le encantaba esa reacción y el ritual de cacería que se había armado sin ellos haber dado cuenta cuando comenzó. 

Ilya se acercaba lo más que podía a sus Rozy girls, como las llamaba él, hasta que una en particular le había llamado la atención. Tenía unas tetas hermosas, sin dudas operadas pero a él no le importaba, podía sentir los latidos de su corazón al captar la mirada de él, sangre dulce. Muy dulce. Le guiñó un ojo y se acercaba a cantarle constantemente, dejándola bajo un hechizo probablemente. Ella estaba sonrojada, mientras seguía agitando su brasier lleno de brillos junto a su cabello rubio. 

Oh, Ilya definitivamente la buscaría apenas terminaría el show. No solía involucrarse mucho con sus fanáticas, le gustaba disimular, no era como su padre evidentemente. Pero siempre podía hacer una excepción en ciertos lugares. 

Luego de algunos fuegos artificiales, sus habanos prendidos, y algunas prendas menos que cuando llegaron. Saludaron a sus fanáticos empapados en sudor, agradeciéndoles nuevamente por haber estado ahí. Ilya bajó del escenario y fue a encontrarse con el jefe de seguridad, para que fuera en busca de la hermosa chica rubia que había llamado su atención. Estaba jodidamente hambriento.

Mientras esperaba noticias en su camerino, se dedicó a quitarse la ropa ajustada de cuero y ponerse unos pantalones deportivos, sandalias porque después de tres horas usando sus botas en punta, sus pies lo estaban matando. Se observó al espejo, su piercing en la ceja con diamantes incrustados brillaba bajo la luz led, sacó la lengua para mirar sus colmillos falsos y quitó la prótesis, dejando a la vista sus verdaderos colmillos.

Tenía piercings tanto en la ceja izquierda, pezones y de vez en cuando, en su ombligo. Tenía el cuerpo con algunos tatuajes, algunos vergonzosos, pero otros le gustaban. El delineado estaba a medias y tenía brillos por su pecho. Su cabello rizado estaba desordenado, lo peinó un poco. 

La puerta se abrió y su padre, Lestat, entró junto a la chica con la que interactuó. Estaba vestido con ropas negras muy elegantes, típicas de él y gafas de sol oscuras. 

— Ilya, gran show el de hoy. Estamos muy orgullosos.– Lestat sonando mientras cerraba la puerta tras la rubia, quien aún no decía palabra alguna – Una velada feliz, imagino.. Ella es Ivanna, es una gran fanática.

 

Sintió la voz de su otro padre, hablándole a través de su mente.

 

- Ilya, no hagas nada que tu padre haría ¿Bueno? 

- Papá Lou, esto es ridículo. Soy adulto, no te debo explicaciones. Adiós. 

- ILYA, NI SE OCURRA BLOQU-.

 

Bloqueó a su padre Louis de su mente. Porque sí, algo de tener el don oscuro era que podías comunicarte a través de los pensamientos con otros vampiros, leer pensamientos humanos y eso.

No le daba mucha importancia, los mortales no tenían pensamientos que valieran la pena y su padre era insoportable tratándolo como un niño. 

 

Ilya solo pudo acercarse a ella, en silencio pero con una sonrisa maliciosa, mientras llevaba un mechón de su pelo detrás de su oreja. Le dio un vistazo a su cuello largo y delgado, estaba buenísima. Llevaba unos shorts brillantes muy pequeños, con algunos decorativos en plateado. Su brasier tenía escrito Rozy del lado derecho con lentejuelas, hecho a mano. Del otro lado un corazón igual de rojo. Era muy tierno ese gesto ya la vez, muy sexy. 

— Ivanna, un placer.– Ilya le tomó la mano para besarle la mano, en gesto de caballerosidad. La olfateó.– ¿Te gusta mi música, muñeca? Me imagino. Me gusta tu sujetador, es lindo. Ingenioso.

Ella soltó un jadeo involuntario y automáticamente su piel, tan blanca, se volvió rosada. Asintió y hablaron por un par de minutos, Ilya se acercó un poco más para besarla, porque le urgía y lo necesitaba, de verdad necesitaba follar con ella, beberla y devorarla.

Entonces Lestat, como un buen padre manager y vampiro, le puso una alrededor de su nuca. 

—Alto ahí, mon petite . Necesitamos que firme el acuerdo de confidencialidad, espero no hayas olvidado ese detalle.– Ilya soltó un bufido, dispuesto a firmar esos papeles junto a la hermosa fanática que tenía en frente.

Lestat los sacó de su portafolio y le dio una copia a cada uno. Ella firmó sin dudarlo, le entregó su teléfono y estaba dispuesta a irse con él. Sin saber que había posibilidad de no volver. 

Lo último que recuerda a Ilya de su exitosa noche en Toronto, fue estar en la habitación de su casa, con esta chica Ivanna montándolo con tanta fuerza mientras se corría dentro de ella. Luego recuerda cómo mordió su cuello con tanta fuerza que tragó hasta la última gota de ella.

Él no era de matar a sus víctimas, pero el efecto de la cocaína en la sangre de ella lo llevó a un éxtasis indescriptible, la satisfacción de controlar el fino hilo entre la vida y la muerte. Era más excitante que cualquier orgasmo. Después de eso se desmayó y así concluyó su primer show de la gira vampírica. El escándalo nacional. 

 

La gira de BLOODYZ , esa banda de vampiros, había comenzado. Al mando del hijo del vampiro más famoso y asesino de todos. Ilya De Lioncourt, hijo de Lestat de Lioncourt. 

 

 

 

 

 

Montreal, actualmente. Departamento de Shane Hollander. 

 

— ¿Qué tiene de malo, Shane? ¿Me vas a decir que no crees en nada de esto? .– Rose pasaba los títulos de las películas con el control remoto.– La ficción y la fantasía son de otro universo, de verdad. Te haría bien volar un poco con tu imaginación, es como cuando veíamos Disney, pensábamos que de verdad los autos tenían emociones. 

Shane rodó los ojos, mientras recostaba su cabeza en el regazo de su mejor amiga, ambos cubiertos con una gran manta de peluche color azul oscuro. Ambos en pijamas a juego y muchos snacks sobre la mesa ratona, noche de mejores amigos. 

— Por eso mismo, no incentivo la fantasía que intenta implantar el sistema cinematográfico. La gente de verdad cree que se puede volar con escobas fuera del parque de diversiones ambientado en Harry Potter. Eso es una locura. 

— O sea que, de todos los títulos de fantasía, no cree que nada podría volverse realidad. ¿Absolutamente nada?.– Rose se quitó su mascarilla y comió una papa frita.– Creo en las brujas, lo sabes. Quizás en la magia oscura y en los vampiros también…

Shane se levantó de golpe, mirándola con resignación. Habían evitado el tema toda la noche. No quería escuchar más nada sobre ese asunto. 

— Rose, no y mil veces no. Ya te dije que es una teoría conspiranoica de una persona muy pero muy aburrida vagando en el maldito internet de la maldita Canadá. Es simplemente ridículo, los vampiros son mitos históricos impulsados ​​por los poetas imprudentes de una época antigua y retorcida, no hay registros de que hayan sido reales, son cuentos. 

Rose suspiró, no quería pelear con Shane. Pero a ella le gustaba soñar, por eso mismo era actriz, le gustaba quedarse inmersa en mundos llenos de criaturas extravagantes y llamativas historias. Mucho más atractivo que una simple escena siendo secuestrada. 

Pero su mejor amigo era escéptico, era muy realista, alimentar esas cosas solo era llenar de ideas erróneas la mente de las personas para alejarlos de una realidad gris. Por eso mismo, cuando ocurrió el caso sobre el libro “Charlando con el vampiro” fue como un llamado de emergencia. 

Shane es, como estudiante de periodismo a punto de recibir su título, el encargado de investigar a fondo el impacto de este libro en la sociedad y la relación que tiene Daniel Molloy con los vampiros. Sabía que el hombre estaba enfermo, atribuía eso a su muy particular fijación por ese mundo tan… ridículo, la verdad. Escapatoria, ya saben. 

¿Colmillos? ¿Sangre antigua? ¿Lestat De Lioncourt? No entendía nada de eso, tampoco le interesaba, evidentemente no era el indicado para esa tarea. Pero estaba obligado, realmente quería la calificación y necesitaba graduarse. Estaba frustrado y ansioso.

— Que haga ese informe es tan ridículo como la petición en sí, no conozco al tal Daniel. ¿Cómo se supone que tendría que presentarme? Hola, soy Shane. Quiero saber si es verdad la existencia de esos malditos monstruos o te lo inventaste con la droga en tu sangre.

Rose estalló a carcajadas mientras terminaba de escribir Crepúsculo en el buscador de Netflix. 

— Shane, hay que abrir la mente ante estos casos. Necesitas conocer al enemigo, en este caso tan difícil, a las criaturas sexys que chupan sangre y tienen tez pálida brillante.

Le dio play al inicio de la película, Shane volvió a su regazo y se quedó mirando la pantalla con el ceño fruncido. Estaba cabreado, jodido y lo siguiente a todo eso. 

— ¿Tengo acaso otra opción? No, por supuesto que no. Ahora lo único que me queda es saber dónde reside el viejo amante de estos bichos raros y volverme más cercano a su círculo. El periodismo apesta, a veces. 

—No te culpo, la verdad. A las personas no les gustan este típico género de películas en general, pero sé que los vampiros podrían gustarte. Tendrías que darle la oportunidad a uno para conocerlo.

— ¿A quién? No sabía que conocías vampiros. 

— Mmm, sí. Soy una chica diferente y misteriosa, mira ahí está mi novio a punto de conocer a su novia, Bella. 

 

Shane ignoró casi la mitad de la película. Insistía en su punto, los vampiros eran simples monstruos así tal como Frankenstein, ficciones antiguas que fueron traídas a la gran pantalla para darles énfasis a ese algo más allá de una vida plana en este lado astral. 

 

Para Shane Hollander, los putos vampiros no existen. 

 

En la madrugada no logró conciliar el sueño, Rose dormía plácidamente en el lado extremo del sofá y él estaba del otro lado, preso de sus pensamientos.

Tomó su teléfono y empezó a leer un pequeño fragmento del famoso libro de la charla. Buscó la información de Daniel Molloy por derecho y revés, hasta que encontró una dirección de correo electrónico. Bien, si no lo hacía en estas condiciones de vergüenza y valentía, no lo lograría nunca. Redactó el correo electrónico y pidió una cita para un encuentro con el escritor.

 

Al día siguiente, luego de que Rose se fuera. Shane se dispuso a correr en su cinta, ubicada cómodamente en la sala de su departamento. Intentó cambiar la canción hasta que una notificación casi logra que se caiga de ella. 

 

" Hola, Shane Hollander. Es un placer que hayas leído mi libro, estoy dispuesto a la entrevista, ya que en algún momento también fui un estudiante. Fijemos día y horario para comodidad de ambos, preferiblemente después de la puesta de sol. Conoces esas cosas de vampiros... aunque hayas aclarado que no creías en ellos. Espero tu respuesta. 

 

Atentamente, Daniel Molloy.”