Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Julienzo One Shots
Stats:
Published:
2026-09-07
Words:
2,166
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
119
Bookmarks:
6
Hits:
1,345

Perfecto para mi |One Shot Julienzo| |Omegaverse|

Summary:

Julián está muy embarazado.

Enzo está muy enamorado.

OMEGAVERSE.

PURO FLUFF

Notes:

Twitter

Siganme en mí Twitter!

Hola! Este es un OS Julienzo porque si, pintó. Me encanta ellos enamorados, y bueno espero que les guste!

Work Text:

Enzo entró a su casa ese viernes por la tardes, después de salir de dar clases en la universidad. Era profesor de Matemáticas, y tenía horas cátedras a cargo. Había sido un día largo, en que tuvo que presentar un proyecto al ministerio, tomar examen y estar en una mesa como parte de un tribunal para una alumna que rendía un final. Se encontraba totalmente agotado.

Su alfa había estado inquieto todo el día, arañando su interior reclamándole que volviera a su hogar. Que volviera a su casa, donde le esperaba Julián. Su hermoso Omega.

Su muy hermoso y muy embarazado omega.

No pudo evitar sonreír de oreja a oreja, y aspirar profundo cuando abrió la puerta de su casa. El precioso aroma a madera, miel y canela le llenó todos los sentidos, le erizó los bellos de su cuerpo. Su alfa se estiró, feliz y contento de estar en presencia de su omega.

Julián se encontraba durmiendo en el sillón de su living, un libro sobre su regazo y la tele encendida, olvidada por aquel chico. Una manta tapaba su inmaculado cuerpo, mientras una taza reposaba en la mesa ratona frente suyo. Enzo sonrió más, si era posible.

Dentro suyo su corazón latía con tanta fuerza, que pensaba que podía explotar y salir de su pecho. Como cada vez que veía a su esposo, y se embriagaba en su perfecto aroma. Caminó despacio, sin querer despertar a Julián, quien se removió un poco en sus sueños, como si supiera de manera inconsciente que su alfa de encontraba ahí pero que morfeo era más fuerte y lo sostenía en aquel mundo de fantasía y descanso.

Enzo dejó su portafolios, se quitó su saco y aflojó el nudo de su corbata sin sacarle los ojos al Omega. Dejó sus zapatos marrones en el lugar de siempre, caminó por el piso alfombrado hasta llegar al fin hasta su amado esposo. Se mordió un labio, y se agachó un poco para quedar a la altura del otro. Julián tenía las pestañas largas, apoyadas sobre su blanca piel. Sus labios apenas abiertos, suspirando apaciblemente. Un lunar descansaba justo encima de su labio superior, y las pecas similares a constelaciones distribuidas perfectamente sobre su rostro. Era perfecto, pensó el alfa. 

Se arrodilló apenas sobre el sillón, al lado de Julián hasta que su nariz llego hasta la mejilla ajena. Suave como las fina y delicada porcelana. Movió apenas de arriba hacia abajo, aspirando ese aroma a gloria que tanto amaba. Su mano, que no usaba para sostenerse sobre el respaldo detrás de su esposo fue a parar a su vientre, ahí donde crecía el fruto de su amor. Dejó un suave beso sobre la mandíbula del Omega, tan suave que podría decirse que había sido el toque de una pluma o el mismo viento que lo había acariciado. 

Su mano acarició el estómago del Omega, con tanto amor y cariño que hasta parecía que era algo delicado y que podía romperse o quebrarse con el más mínimo toque. Enzo sentía como su interior burbujeando con amor hacia estos dos seres que eran la luz de sus ojos. Acarició sobre la tela de la frazada, notando como esta tenía su propio aroma. Un calor vagó por su cuerpo, con sentimiento de posesión al saber que su  omega se había dormido con su aroma. Besó con cuidado su nariz, sus párpados y su entrecejo delineando su frente que quedaba a la altura perfecta de su propia nariz.

–Omega– susurró contra su piel, y percibió como este se movió un poco más bajo su delicado toque. Sonrió sobre la piel este, dulce como la fruta más madura. –Mi amor, mi omega– su voz era tan suave, que ni siquiera podía ser llamada como un susurro. Era como un secreto, contado solamente para Julián y nadie más.

Julián abrió lentamente sus ojos, un poco perdido por una milésima de instante. Sus labios se torcieron hacia arriba, como si un titiritero estuviese jalando las cuerdas a su antojo. El omage aspiró fuerte el aroma a tierra recién mojada por la lluvia y a bosque. Enzo pudo apreciar el momento exacto en que su conciencia volvía y entendía que su alfa estaba frente suyo.

–Alfa, llegaste– Los brazos del omage fueron hacia el cuello del más alto, pasándolo por detrás y un sonido de satisfacción nació de su garganta, aquel que su omega tenía reservado solamente para el alfa. Era el sonido de las dos almas encontrándose nuevamente. –Te estuve esperando y me quedé dormido– suspiró, si voz rasposa.

Enzo rió suavemente, asintiendo despacio. Julián le daba tanta ternura cuando hablaba así con esa voz todo dormido aún. Era lo más preciado que tuvo alguna vez, lo más maravilloso y era todo suyo. Agradecía lo afortunado que había sido, como si hubiese hecho algo magnífico en su vida anterior para ganarse el amor y el cariño del omega. 

–No podía dejar de ver lo precioso que sos mientras dormias, omeguita– Julián se sonrojó un poco, Enzo siempre lograba hacerlo. –Los extrañé tanto– el alfa sentía su boca pastosa, cargada de sentimientos. No mentía, desde el instante en que salía de casa hasta que volvía, sentía la necesidad de volver con su familia. Con Julián, y su bebé creciera en su vientre.

–Te extrañamos, alfa– parpadeó, aceptando el beso que el alfa dejó sobre la comisura de sus labios mientras este llevaba una de sus manos sobre las del alfa, que acariciaban su estómago suavemente. Las colocó por encima de ellas, mucho más grandes y fuertes –Mirá, bebé sabe que llegó papá – sonrió, moviendo ambas manos bajo la suya hasta uno de los contados de su panza.

Enzo abrió los ojos, sintiendo un ardor en ellos. –Se está moviendo– dijo, sorprendido. –Hola, mi bebé. Hola, mí amorcito– recibió otro movimiento como respuesta, maravillado con esa sensación de sentir a su hijo moverse dentro de su omega. Todavía no podía acostumbrarse a sentirlo a través de Julián a pesar del tiempo que había pasado.

Julián siempre lo llamaba para que lo sintiera cuando estaba en casa. 

Julián llevó la otra mano hasta el rostro del alfa, acariciando con suavidad y cubriendo su mejilla con su palma.– Siempre se mueve cuando escucha tu voz.

El alfa sonrió más grande, si eso era posible. Acortó la distancia y plantó un beso delicado en los labios bajo suyo. Los movió despacio, sin apuros, saboreando y tragándose los suaves sonidos que emitía el Omega, contento por las caricias y el amor de su alfa. Delineó los labios dulces de Julián con su lengua, y este le dio espacio para que entrara la lengua del otro. Se reconocieron en esa intimidad, lenguas danzando un milenario bailes que se sabían de memoria. Mordió despacio el labio superior y luego el inferior, ganándose un suspiro que llenaba sus pulmones.

Enzo a veces pensaba que estaba soñando, porque esa no podía ser su vida. Julián era el amor de su vida, era por quién se levantaba todos los días, por quien daría hasta lo que no tenía. Había sido así desde que se conocieron el último año de secundaria, habiendo percibido por primera vez ese aroma único hecho para él. Desde ese momento habían estado juntos, ya hacía siete años. Su vida con su esposo era absolutamente de ensueño, pero desde que supieron que iban a ser padres hacia ocho meses todo se había vuelto más intenso, si a caso eso era posible. 

Se preguntaba si estaría soñando, cada día que despertaba y tenía a Julián entre sus brazos respirando en su nuca o abrazándolo por la espalda con su brazo sobre su cintura y su mano protegiendo su cachorro, como si alguien pudiera hacerle daño en sus sueños. 

–¿Seguís con sueño, mí amor?– preguntó el alfa, casi sin espacio sobre los labios del omega, sonriéndole dulcemente. Dejó un beso, luego otro, y otro antes de dejar que Julián responda.

Una risita escapó del omega, una que hacía temblar las piernas de Enzo y que pensaba que daría su vida para escucharla siempre porque Julián era eso. Si vida entera. 

Julián asintió antes de responder –Si, alfa. Estoy cansado, tu cachorro es muy inquieto– sonrió, mientras Enzo soltaba una risa por la nariz. Suspiró, dejando un beso en su barbilla, antes de levantar la mirado y verlo directo a los ojos.

Los ojos más preciosos que alguna vez había visto, y que lo miraban con puro amor. Enzo los miraba como si guardaran el secreto más escondido del universo, como si a través de ellos pudiera ver el interior de Julián. Eran como estrellas en el firmamento, profundos como un lago calmo. Jamás se cansaría de verlos, porque allí se reflejaban el alma de Julián, salía de él y danzaba únicamente para Enzo y él lo quería todo para sí mismo. El omega se lo daba cada instante, y él se lo devolvía de la misma manera. Si alguien pudiera verlos pensarían que sus almas habían sido una, y que se separaron para ir a parar a dos cuerpos distintos destinados a reencontrarse en cada vida.

Se agachó sobre Julián, bajando un poco el cobertor y dejando a la vista la panza del alfa. El aroma de este era más fuerte desde que estaba embarazado y Enzo quería emborracharse en él. Se estiró un poco y desde un beso sentido cerca del ombligo del omega. Julián se mordió el labio inferior, el amor inundando si pecho y alma al ver si alfa tan amoroso y cariñoso. Enzo estaba enamorado de su vientre, besándolo y haciéndole caricias cada vez que podía.

Muchas veces se acostaba sobre su pecho y lo abrazaba ahí, donde si hijo crecía. La voz ronca y profunda del alfa era como un bálsamos para su ser, acariciaba su cabello mientras este le habla a a su cachorro y le contaba lo hermoso que era Julián y lo mucho lo que amaban. A veces no escuchaba qué era lo que le decía, era como si padre e hijo tuvieran conversaciones secretas. Esas veces, Enzo daba vueltas y lo veía desde esa posición y los ojos le brillaban con delicia. Julián sabía que le estaba hablando de él, y sonreía porque no podía amar más Enzo porque tanto amor no puede caber en una persona pero Julián encontraba nuevas formas de amarlo cada día.

–Vamos a la cama, así dormís un rato mas– sugirió el alfa, ayudándolo a ponerse de pie cuando el Omega aceptó. Tenía muchas ganas de acostarse con su alfa. Enzo dobló la frazada y la dejó a un costado, sobre el apoya brazos del sillón. Lo tomó por la cintura, con la mayor delicadeza del mundo– En un rato cocino algo para cenar, ¿qué querés comer, mí amor?

El alfa lo ayudaba a mantenerse de pie, mientras Julián caminaba despacio. No le molestaba el lento ritmo de su esposo, sabía que le contaba ya caminar a esa altura del embarazo. Sabía que le dolía la espalda y también los pies.

–¿Pastel de papas con azúcar por arriba?– Enzo se rió bajo, sintiendo la voz antojada de su omega a su lado. Antes de llegar a la habitación dejó un beso tierno sobre su mejilla, acariciando con amor el costado de su vientre cargado de vida y amor.

–Por supuesto, omega. Lo que vos quieras, amor– El alfa sabía que Julián tenía antojo de eso, todas las semanas le cocinaba pastel de papas almenos una vez.

Julián suspiró bajo, apoyando su peso en su alfa quien lo ayudó a acomodarse en su lado de la cama y tapando su cuerpo con las mantas. Enzo inspiró el dulce aroma de su omage, bebiendo de la imágen más bella de todas como quien bebé agua en un desierto. El castaño se acomodó mejor, haciéndole seña para que él también se acostara. Sin pensarlo dos veces, se quitó la camisa y el pantalón, manoteó un pantalón viejo y se acostó sin remera detrás de Julián. Pronto estuvo debajo de las frazadas también, apoyando su pecho sobre la espalda del Omega, acomodándose mejor.

–¿Estás cómodo, omeguita?– le preguntó suavemente, sobre la piel de su ellos ahí cerca su marca. 

Julián sonrió el aliento cálido del alfa golpear su piel, el calor que transmitía su cuerpo y cómo este estaba pegado a él de pies a cabeza sin ningún espacio entre ellos. Suspiró por la nariz con fuerza, al tiempo que Enzo apoyaba sus labios en su cabeza y dejaba un tierno beso en cortos rulos.

Apoyó una mano sobre la del alfa, entrelazando sus dedos. Enzo sonrió tanto que le dolían los cachetes.

–Ahora sí, alfa– murmuró, sintiendo pesados sus ojos. Su omage tranquilo teniendo a su alfa protegiéndolo a él y a su cachorro, no había forma de estar más cómodo.

–Sos perfecto para mi– suspiró el alfa, escuchando como Julián ya estaba de nuevo dormido. Se acomodó bien, y él también se dejó llevar por la calidez de ese momento, entrando en un sueño profundo.

Series this work belongs to: