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Do not Leave Me → Peter Parker ⁽Au⁾

Summary:

WHAT IF..?

¿Y si Rhydian Mikaelson no hubiera conocido a Peter y tampoco viviera con el y su tía?

¿se volverían a encontrar? ¿Qué tan diferente seria eso?

Descúbrelo aquí.

 

Marvel Universo & The Vampire Diaries universo, Crossover.

Un Au de la historia que esta publicada en mi perfil con el mismo nombre.

Todo los derechos a sus respectivos autores.
Cualquier copia/adaptación/traducción o uso de mi FanFiction esta prohibido.

La historia de Rhydian y su desarrollo con Peter en el universo de Marvel son mi autoría, son sacados de mi imaginación. También me inspire en algunas otras cosas, pero esto es 100% mío.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

...

Después de lanzarse a Malivore y permanecer allí durante lo que para él fueron apenas unos minutos, Rhydian fue succionado por un portal que apareció de repente frente a él.

Antes de siquiera poder reaccionar, su visión se volvió completamente negra y terminó desmayándose. Horas después, apareció en un callejón y al despertar, todavía aturdido y confundido, salió de allí y comenzó a recorrer el lugar. No tardó demasiado en darse cuenta de que algo no estaba bien.

Las noticias que escuchaba le dejaron claro que no solo no estaba en el año correcto, sino que, para empeorar las cosas, ni siquiera estaba en su mundo.

Pero ya saben lo que pasó después, ¿no?

Rhydian terminó encontrándose con Peter, quien lo llevó a su casa, y finalmente May terminó acogiéndolo en su hogar.

Bueno... Esto no sucedió aquí.

En este mundo, Rhydian nunca se encontró con Peter.

Durante semanas, estuvo completamente solo. Hasta que, un día, alguien lo encontró y, preocupado por su situación, llamó a Protección Infantil.

Lo llevaron con ellos y, durante varias semanas, intentaron encontrar a algún familiar que pudiera acogerlo.

Pero nadie pudo hacerlo.

Hasta que, finalmente, Rhydian tuvo que irse a un hogar de acogida, una nueva casa y familia... una vida completamente diferente a la que, en otro mundo, habría tenido.

 

⟬Do not leave Me...⟭

₳u

 

(...)

Hoy por la mañana te vi. Estabas en los pasillos, riéndote con tus amigos como si nada más existiera.

A veces creo que ya casi no recuerdo cuál fue mi primer recuerdo de ti. Todo se siente borroso, como si hubiera pasado hace años. Pero cuando me obligo a pensar en ello, siempre vuelvo a la misma imagen.

Aquel día afuera de la secundaria.

El calor era insoportable, tanto que el aire parecía vibrar. Yo estaba a punto de irme, esperando un taxi, medio mareado por el sol. Cuando alguien se detuvo junto a mí, pero no le presté atención al principio... hasta que te escuché.

—Disculpa... —tu voz sonó cercana, suave entre tanto ruido—. ¿No quieres un helado?

Me giré apenas, sin estar seguro de que realmente me hablabas a mí. Pero ahí estabas, sosteniendo un helado blanco, parecía ser de coco. Parpadeé confundido, sin saber cómo responder.

—Ah... ¿para mí? —pregunté torpemente.

Asentiste, manteniendo la mano extendida. Fue cuando noté que en tu otra mano tenías uno igual.

—Hace muchísimo calor —comentaste, haciendo una mueca exagerada de fastidio hacia el sol—. Y soy pésimo comiendo rápido. Si no te lo doy, uno de los dos va a morir en batalla. —Le diste un golpecito al helado como si fuera un soldado valiente—. Y no pienso sacrificar el mío.

Me sacaste una risa muy pequeña, casi involuntaria. Aun así, dudé un segundo antes de tomarlo, sin entender muy bien por qué alguien que no conocía me estaba dando un helado.

—G-Gracias... —logré decir, sintiéndome ridículo por lo nervioso que sonaba.

—No es nada.—respondiste, encogiéndote de hombros.

Nos quedamos así, tú comiendo tu helado con total naturalidad, y yo probando el mío mientras intentaba no mirarte demasiado. Por alguna razón, tu presencia hacía que mi corazón latiera raro, como estuviera de ritmo.

Aunque creo que aquello debe haber sido por el calor.

Un taxi se acercó y levanté la mano para detenerlo, era la única vez que tenía para pedir un taxi. Me apresuré a subir, casi como si fuera una huida. Por alguna razón, no me despedí de ti, ni siquiera sé por qué pensé que debía hacerlo.

Cuando la puerta del taxi se cerró, te vi alejarte por la ventana... y pensé que jamás volvería a verte.

Y durante mucho tiempo, lo creí.

 

[...]

Meses después de aquel encuentro, que para entonces ya casi había borrado todo de ti de mi memoria, estaba en mi celular, aburrido. Era fin de semana, así que tenía tiempo libre... si no contaba los patrullajes. Pero en ese momento, al menos, estaba tranquilo.

Deslizaba por las solicitudes de amistad que me aparecían recomendadas, amigos de amigos, conocidos de conocidos, perfiles aleatorios. Eran demasiadas, más de las que me interesaban, así que comencé a borrar y rechazar varias sin pensarlo demasiado.

Hasta que vi un usuario raro.

Números y dígitos, sin un nombre distinguible. Casi parecía una cuenta bot, pero en la foto de perfil, aunque borrosa, se veía humana.

Sentí una pequeña punzada de curiosidad.

—A ver... ¿quién eres tú? —murmuré, abriendo el perfil sin pensarlo demasiado.

Tal vez nunca debí hacerlo.

Tenías solo tres publicaciones. Nada más, algo muy minimalista si lo pienso bien.

Presioné la primera, era un video. Aparecías tú y un grupo de amigos, todos se reían mientras te ponían filtros, supongo que de otra aplicación, porque ustedes mismos parecían sorprendidos de lo que pasaba.

Tus amigos te apuntaban la cámara directo a la cara mientras tú fruncías el ceño, confundido por lo que te estaban haciendo.

—¿Qué...? ¿Qué filtro era ese? —reí sin querer, bajito para que May no me mandara a hacer algo en mi tiempo libre.

Era un video inocente y divertido, no tenía nada de malo. Sin pensarlo dos veces, te envié solicitud y comencé a seguirte, deslicé hacia arriba. La siguiente sección eran fotos, tres en total.

Las abrí, las primeras dos eran normales. Tú con tus amigos, tú en un parque, nada demasiado llamativo.

Pero la última... me quedé congelado un segundo.

Estabas sin camisa, flexionándote y mostrando tus músculos. Y eran... wow. No me esperaba eso.

Eso había sido raro para mi y no sabia el por qué, no sabía qué se suponía que debía sentir.

—Eh... ¿qué...? —murmuré, sintiéndome ridículamente nervioso pese a estar solo en mi habitación.

Cerré la foto de inmediato, demasiado abrupto como para que no me importe. No entendía por qué me había impactado tanto, o por qué mi corazón se aceleró.

Volví a la parte superior de tu perfil para ver tu información pública. Y ahí fue donde algo realmente me llamó la atención.

Midtown High.

—¿Es en serio? —susurré, sorprendido.

Ibas a mi escuela.

Pero luego pensé que, quizás, eras de un curso con el que nunca cruzaba pasillos. O uno que tenía sus actividades en otro edificio.

Porque si hubieras estado a mi alrededor siendo alguien tan... llamativo, todos hablarían de ello.

¿Cómo no te había visto nunca?

También vi que teníamos la misma edad, solo que ibas un año abajo mío. Eso también me sorprendió, parecías tener más edad.

—Creí que... —murmuré, sin terminar la frase—. Bueno... supongo que me equivoqué.

Salí de tu perfil sintiéndome extraño, confundido como si hubiera visto más de lo que debía. Pero al final cerré la aplicación, dejé el teléfono a un lado y, con la misma rapidez con la que llegaste, te olvidé.

O eso pensé.

 

[...]

—Ned, en serio. Estoy un poco ocupado con... ya sabes.—susurré, inclinándome hacia él y mirando alrededor con discreción. No quería que nadie escuchara la palabra Spider-Man flotando en el aire.

Ned asintió con esa sonrisa emocionada que últimamente no podía controlarse cuando surgía el tema.

—Gordo, no te preocupes. Lo entiendo perfectamente. Lo dejamos para otro día, ¿sí? —respondió, aunque su tono dejaba claro que estaba deseando seguir hablando de ello. Desde que sabía mi identidad, parecía vivir en un estado permanente de entusiasmo.

Abrí la boca para decirle algo más, pero entonces lo vi.

Una silueta caminando por el pasillo, en dirección contraria a nosotros. No sé qué fue lo que me llamó la atención primero, si su postura, su cabello o simplemente... algo... algo familiar que reconocí.

Me quedé mirando un segundo más de lo que debería. Esa sensación de déjà vu me golpeó suave pero con mucha insistencia, como un tirón en mi memoria.

Lo conozco.. ¿de dónde?

Pasó de largo, nunca me miraste ni te detuviste. Y aun así algo dentro de mí se agitó, intenté encajar la cara con algún recuerdo, pero nada terminaba de calzar.

Ned lo notó, porque su mirada saltó de mí al chico que se alejaba, y luego volvió a mí con curiosidad.

—¿Lo conoces? —preguntó, ladeando la cabeza.

—No, claro que no... —respondí rápido, demasiado rápido a decir verdad. Sacudí la cabeza como si eso fuera a disipar la incomodidad—. Es solo que... me pareció conocido. Tal vez no es nada.

Ned se encogió de hombros, aceptando mi respuesta sin cuestionarla demasiado. Para él, probablemente sí era "nada".

Seguimos caminando como si no hubiera pasado nada, pretendiendo que ese momento extraño no hubiera significado nada.

Tal vez debí hacer lo mismo... debí dejarlo ir.

O tal vez.. debí hacer todo eso.

 

[...]

Estaba en clases, tambaleando el pie con impaciencia. El reloj anunciaba que faltaban apenas unos minutos para el receso, pero para mí se sentía como una eternidad. Había escuchado que hubo un atraco a solo tres calles de aquí hace unos minutos... y si quería atraparlos, el tiempo jugaba en mi contra.

La campana finalmente sonó. Me levanté tan rápido que mi silla chirrió, y me apresuré a salir del salón casi chocando con un par de compañeros en el camino.

Ya estaba cruzando el patio cuando Ned y MJ me interceptaron.

—¡Gordo! —Ned casi dio un brinquito para adelantarme—. ¡Hay una nueva sección de cómics en la biblioteca! Tenemos que ir.

MJ caminaba a su lado de manera silenciosa, absorta en un libro cuyo título rezaba diplomacia corrupta. No levantó la vista ni siquiera cuando llegué junto a ellos.

Sonreí nervioso, no tenía tiempo para la biblioteca. Necesitaba salir a patrullar cuanto antes.

Aun así, empezamos a caminar rápido en dirección a la biblioteca. Teníamos que cruzar la cancha para llegar al otro bloque. Ned hablaba de algo, probablemente de alguna teoría sobre superhéroes que me harían sudar frío, pero yo ya no lo escuchaba.

A veces me gustaba simplemente observar el entorno. El ruido, la luz y las personas, era... reconfortante, en un modo extraño.

Estaba a punto de dejarme llevar por ese hábito cuando, por el rabillo del ojo, vi algo en la cancha.

Alguien jugando básquetbol. Nada raro, la mitad de la escuela jugaba en el receso, pero ese alguien... Ese alguien llamó mi atención.

Un chico... su cabello castaño claro brillaba bajo el sol, y el reflejo hacía que pareciera un rubio apagado. Se movía con agilidad reflejando una expresión concentrada, sin darse cuenta de nada más que él.

Sentí algo en el estómago, una especie de tirón, como si mis ojos quisieran girarse por completo para verlo mejor. De hecho, estaba a punto de darme la vuelta y hacerlo cuando escuché mi nombre.

—¿Peter? —Ned me miraba confundido.

Parpadeé sintiéndome atrapado, como si me hubieran sorprendido haciendo algo que no debía.

No quería repetir lo de Liz, y... sinceramente, no me gustaban los hombres.

O eso creía.

—¿Uhm? —logré soltar, volviendo la atención a Ned. Ni siquiera sabía de qué me estaba hablando; no había escuchado nada.

—¿Estás bien? —preguntó, parpadeando de nuevo—. Hace rato parecías en las nubes.

Abrí la boca para decirle la verdad, o algo parecido, pero mis labios no se movieron. Se mantenían sellados, como si mi propio cuerpo se negara a admitir que había estado mirando a alguien... solo porque mis ojos se desviaron.

No tenía nada de malo, ¿cierto?

—Sí... sí, estoy bien. Es solo que estoy pensando en... mi pasantía en Stark. —mentí, casi tartamudeando al improvisar.

MJ ni siquiera levantó la vista de su libro, lo cual agradecí. No necesitaba que sus ojos analíticos destriparan cualquier secreto mío.

Seguimos caminando hasta llegar a la biblioteca, pero para entonces ya no tenía ganas de huir a patrullar. Ya había pasado demasiado tiempo, y mis pensamientos estaban en otro lado.

Muy lejos de ahí.

 

[...]

Me encontraba confundido, completamente aturdido, sin entender cómo había terminado en esa situación.

Estaba sentado, casi atrapado sobre una de las mesas del club de debate, el lugar donde normalmente reinaba el silencio y los susurros tensos de discusiones académicas.

Pero ahora... ahora solo se escuchaba mi respiración acelerada, y frente a mí estabas tú.

No sabía tu nombre, en ese entonces todavía no. Pero había algo en tu presencia que se sentía... familiar, como si te conociera desde antes, de algún lugar imposible de recordar en este momento.

Y también sentia como si tú también me conocieras a mí.

—¿P-por qué haces esto? —pregunté, con mis manos en tu pecho, intentando empujarte como un reflejo inconsciente.

Pero no utilice mi fuerza real, mis brazos se sentían débiles, como si todo aquello fuera una especie de intento torpe de recuperar control.

Estaba débil como cuando uno está enfermo... o cuando alguien te hace cosquillas y no puedes resistirte, perdiendo fuerzas.

Tú no te moviste ni un centímetro pese a mis suaves empujes.

—¿Por qué no? —respondiste con una sonrisa ladeada, casi juguetona. Tu voz tenía un tono suave pero casi burlón, y antes de que pudiera replicar, te inclinaste hacia mí.

Tu boca quedó a unos milímetros de mi oreja derecha.

—Te gusta, ¿cierto? —susurraste.

Un escalofrío me recorrió por completo. Mis dedos se apretaron contra tu camisa, sentí como mi respiración se entrecortó. No sabía qué estaba pasando conmigo... y eso me asustó más que cualquier villano.

Te alejaste apenas, lo suficiente para que pudiera verte bien. Sonreías con tranquilidad, como si supieras exactamente qué efecto estabas teniendo en mí, pero entonces por fin lo vi.

Tus ojos.

Hace unos segundos eran un verde avellana cálido, casi comunes... pero ahora brillaban en un dorado amarillento y antinatural.

Abrí la boca, sorprendido.

—Espera un momento... ¿por qué tus–?

Nunca terminé la frase.

En un movimiento rápido, casi como si tuvieras una fuerza animal, tomaste mi rostro con ambas manos y me besaste. Fue un beso inesperado, robaste mi primer besó, pero cargado de una intensidad que me dejó sin aire.

Sentí mi mente apagarse por un instante, dejándome solo con múltiples sensaciones, calor, vértigo, confusión, algo parecido al miedo y un inexplicable parecido... a gusto.

No supe qué hacer con mis manos; quería empujarte y atraerte mucho más hacia mi al mismo tiempo. No sabía dónde apoyar mis piernas, cómo respirar ni tan solo como es que se pensaba.

No sabía nada.

Y sin embargo, me gustaba demasiado. De pronto, te detuviste y nos separamos apenas un centímetro, suficiente para que nuestros labios todavía se rozaran con cada respiración profunda.

Te miré, todavía aturdido, y vi cómo el brillo dorado de tus ojos desaparecía lentamente. Apagándose como si nunca hubiera estado ahí.

—I̶a̶n̶... yo... —intenté hablar, sin saber siquiera qué iba a decirte.

No tuve oportunidad.

Tus labios volvieron a los míos, esta vez con más urgencia y hambre, algo parecido a un sentimiento de desesperación contenida. Una de tus manos se deslizó a mi cintura y la otra tomó mis piernas, levantándome con una fuerza que no tenía sentido, sosteniéndome como si no pesara nada.

Me besabas con entusiasmo, con algo que parecía... cariño hacia mi, o algo más peligroso que no quería nombrar...

Amor.

Algo que no entendía y que daba miedo. Era un amor que no sabía de dónde venía, y que tampoco entendia porque no debería de existir.

Intenté separarme apenas para tomar aire, para preguntarte quién eras, por qué hacías esto, cómo sabías mi nombre, por qué... por qué parecía que me recordabas.. y yo a ti.

Iba a hacerlo, estaba a punto de romper el beso y decirte que-

—¡Peter! —la voz de Ned retumbó como un trueno mientras me sacudía.

Abrí los ojos de golpe, respirando como si hubiera estado bajo el agua demasiado tiempo. Me incorporé en la cama tan rápido que me mareé, tenia el cabello completamente desordenado, mis ojos estaban recorriendo cada rincón de la habitación con desesperación.

Buscaba a alguien, lo buscaba a él. Al chico que hacía apenas un instante estaba... tan cerca.

—¿Qué? ¿Ned? ¿Qué... qué haces aquí? —pregunté jadeando, todavía atrapado entre la imagen de lo que parecio un sueño y la realidad.

Ned me miró como si fuera yo el que estaba haciendo algo extraño.

—Me quedé aquí anoche, ¿lo recuerdas? —dijo, frunciendo el ceño como si dudara de que estuviera despierto.

—Ah... sí, claro —respondí rápido, asintiendo varias veces, intentando poner mis pensamientos en orden—. Ned, ¿qué hora es?

—Son las diez de la mañana. May me pidió que viniera a despertarte para que no durmieras hasta tarde, pero... parecías que estabas teniendo una pesadilla. —explicó, todavía preocupado.

—¿Una pesadilla? —pregunté sin entender nada.

Él asintió más serio.

—Sí. Cuando entré, estabas frunciendo el ceño y moviéndote mucho... como si pelearas con algo. Murmurabas cosas no muy claras, así que decidí despertarte.

Sentí cómo mi rostro ardía, bajé la mirada, rojo hasta las orejas. No era una pesadilla, no lo había sido en absoluto. Pero agradecí que Ned me hubiera sacado, no estaba seguro de cómo podía haber terminado ese sueño.

—Está bien... gracias. En unos minutos salgo y comeré algo. —logré decir con la voz apenas estable.

Ned asintió, dándome una última mirada curiosa antes de salir de la habitación. Cuando la puerta se cerró, el silencio cayó sobre mí como una manta pesada.

Bajé la mirada al piso, respirando hondo, intentando ordenar el caos en mi cabeza.

¿Un sueño...? tenía que haber sido un sueño, todo apuntaba a eso.

Solo un sueño.

Me llevé una mano al cabello y cerré los ojos, recordando fragmentos como flashes, la mesa del club de debate, su cercanía, su voz en mi oído, los ojos amarillos... y su boca sobre la mía.

Pero entonces algo llamo mi atención... su nombre.

Yo lo había dicho, lo había dicho como si lo supiera desde siempre. Pero ahora... no podía recordarlo.

Abrí los ojos lentamente, desconcertado.

¿Cómo podía recordar tan vívidamente su rostro, su voz, incluso el temblor que me provocó... pero no su nombre?

El nombre que pronuncié como si lo conociera de toda la vida. Como si ese chico no fuera alguien extraño, era como si ya lo conociera.

Como si siempre hubiera estado ahí para mí.

 

[...]

Te veía por todos lados, en la escuela, en el recreo, en el almuerzo, en los pasillos. Dios, incluso en la calle después de clases.

Era como si el mundo decidiera colocarte justo frente a mí una y otra vez, sin ninguna razón lógica que justificara tanta coincidencia. Y cada vez que te encontraba, cada vez que tu figura aparecía en mi campo de visión, era como si algo dentro de mí se apretara.

Intentaba apartar la mirada, de verdad lo intentaba.

Pero no podía.. por alguna razón, imposible de admitir en voz alta, mi atención regresaba a ti una y otra vez.

Así que hacía lo único que podía hacer... fingir y disimular. Actuar como si no te estuviera mirando, como si no sintiera ese tirón extraño que me obligaba a observarte como un tonto.

O al menos... intentaba aparentar que no lo hacía.

Cuando nuestras miradas se cruzaban, aunque fuera por unos segundos accidentales, me congelaba. Sentía cómo mi respiración se cortaba, atrapada en el pecho, como si algo denso y pesado me presionara desde dentro.

No sabía si tú realmente me mirabas... o si simplemente el destino estaba jugando conmigo.

Pero pasaba, y pasaba mucho.

Cada vez sin fallar, mi cuerpo reaccionaba con una mezcla horrible y deliciosa de miedo y nervios. Incluso verte a lo lejos bastaba para que mis manos sudaran y mis pensamientos se enredaran.

Cuando estábamos cerca... era peor, mucho peor. Sentía el impulso irracional de huir a cualquier lado, al baño, a mi casillero, o directamente hacia Ned como si él pudiera protegerme de algo que ni siquiera entendía.

Fingía que no te había visto y que no me afectaba. Fingía que no me asustaba tanto la idea de que tú te dieras cuenta de que yo... te veía.

Pero había algo más fuerte, y mucho más difícil de negar. Sentía la necesidad, la urgencia, de pasar cerca de ti sin que lo notaras.

Podía recorrer el campus entero solo para cruzarme casualmente contigo. Cinco veces, si era necesario con tal de verte a la distancia, con tal de sentir ese impulso extraño, esa sacudida interna que tú provocabas en mí sin hacer absolutamente nada.

Ese sentimiento que no lograba comprender y que no podía aceptar que tú sacabas de mí... sin siquiera saberlo.

 

[...]

Hubo un día no tan especial hace mucho... o al menos eso creí.

Estaba en la fila del almuerzo, sosteniendo mi bandeja, esperando mi turno como todos los días. Nada fuera de lo común, unos chicos detrás de mí hablaban de algo, pero como no los conocía, simplemente los ignoré.

Solo quería que avanzara la fila.

Saqué mi celular para revisar si me habia llegado un mensaje de Happy. Y fue entonces, sin siquiera pensarlo que miré hacia atrás usando el reflejo de la pantalla y... te vi.

Mi corazón casi se salió por la garganta.

Tu rostro apareció nítido en el reflejo y por poco dejo caer la bandeja. Me quedé rígido, temblando como si me hubieran atrapado haciendo algo malo.

Traté de disimular mirando mi celular, aunque estaba tan nervioso que las letras en la pantalla parecían bailar.

Y entonces... escuché tu voz por primera vez.

Ese sonido quedó grabado en mí de inmediato, como si cada palabra tuya quisiera quedarse pegada a mis oídos.

Me sentí arder por dentro, mi corazón latía tan rápido que pensé que los demás podían escucharlo.

Pero mientras más atención ponía, con mis sentidos mejorados ayudándome sin que yo se los pidiera, escuché de qué estaban hablando tú y tu amigo.

Chicas.

Mi pecho se apretó de golpe, me sentí tonto por sentirme mal... pero aun así lo sentí. Era lógico que hablaras de eso... es normal.

Pero entonces... ¿por qué dolía? ¿Por qué me importaba tanto?

¿Por qué se sentía como si algo dentro de mí se fracturara al escucharte decir "ella está muy linda" o "quizás la invite a salir"?

No lo entendía, o quizás... no quería entenderlo.

Guardé mi celular casi con torpeza y me obligué a mirar al frente, decidido a no escuchar más, a no girarme para así no seguir absorbiendo cada detalle de tu voz mientras hablabas con tanta emoción sobre chicas.

Y aun así, mis sentidos traicioneros seguían captando fragmentos.

Incluso empezaron a bromear sobre sus hermanas, sobre "qué tal si la tuya sale conmigo y tu con la mía", cosas así. En su mayoría eran tus amigos.

Reí bajito sin ganas por lo absurdo de todo, pero me sentí... peor. Apreté la bandeja con fuerza, sintiendo ese nudo desagradable en la garganta.

Era una mezcla rara de tristeza, ansiedad y... decepción. Una sensación que no sabía identificar y que yo no podia darle nombre.

Pero en el fondo... sabía perfectamente qué era.

Sabía qué significaba, sabia muy en el fondo por qué me afectaba lo que decías. Simplemente no estaba listo para aceptarlo.

Cuando por fin fue mi turno y me dieron la comida, escapé casi corriendo hacia la mesa más alejada posible de ustedes. Lejos de tu risa, de tu voz, de esa realidad que no quería enfrentar.

Pero incluso así... no podía dejar de mirarte.

Incluso otros días, cuando comía con Ned y MJ, te veía pasar por el comedor y mis ojos te seguían sin mi permiso. Por más que intentara ignorarte, mis ojos te encontraban automáticamente.

Era casi instintivo, y tenía que fingir que no miraba. Fingir que no me importaba, y que no sentía ese hilo invisible que me jalaba hacia ti, cuando en realidad... era todo lo contrario.

No sabía si me decepcionaba la expectativa que había creado de ti... o que hablaras de chicas. O que mi reacción fuera tan fuerte.

Me esforzaba muchísimo por dejar de mirarte. En serio, lo intentaba.

Pero mis ojos parecían tener voluntad propia, casi como un radar secreto solo sintonizado contigo.

Y yo... yo no sabía cómo detenerlo.

No sabía cómo detener esto, lo único que sabía... era que tú eras el centro de algo que no quería y que tampoco podía admitir.

 

[...]

Siempre soñaba cosas que no tenían sentido. A veces eran imágenes borrosas, ruidos distantes... o simplemente oscuridad en un parpadeo, un instante negro antes de despertar y descubrir que horas enteras habían pasado sin que yo recordara nada.

Pero esa noche, algo cambió.. soñé contigo.

Otra vez.

Estaba en el parque donde solía jugar cuando era niño, ese que quedaba cerca de mi antigua casa antes de mudarme con mi tía May.

Había algo extraño en el ambiente; todo se sentía familiar, pero a la vez... muy diferente, como si en el sueño no supiera si quería ser idéntico a un recuerdo o solo una invención.

Caminaba sin rumbo cuando, de pronto, unos amigos que apenas reconocía y cuyos nombres habían desaparecido de mi memoria real, me llamaron. Me invitaron a hablar con ellos y acepté, porque así funcionan los sueños, uno no lo cuestionaba.

Y cuando me giré... Ahí estabas tú.

Hablando con algunos de ellos, como si siempre hubieras pertenecido a ese grupo, como si conocieras de toda la vida el parque, como si fueras parte de mi vida de la cual jamás compartimos.

Y como era un sueño, no entendía de dónde te conocía. No recordaba ver tu rostro antes... pero aun así algo dentro de mí se iluminó.

Sentí una felicidad tan pura y tan repentina, que me dejó sin aire. Una mezcla extraña de emoción y ansiedad me recorrió al verte acercarte.

Sentia como si mi subconsciente supiera exactamente quién eras, aunque mi mente despierta no.

Te presentaste, no puedo recordar el nombre que dijiste, pero sí recuerdo la forma en que lo dijiste... y cómo mi corazón pareció reconocerlo. Pero luego, estrechamos nuestras manos.

Fue tan real y tan.. cálido.

Se sentia tan vívido que sonreí como hacía tiempo no lo hacía, incluso dentro del sueño.

Por un segundo, fugaz pero intenso, una parte de mí despertó dentro de ese mismo sueño. Reconocí algo en ti, una sensación extraña de déjà vu, era como si te conociera de toda la vida.

Fue como si tú fueras la pieza faltante de un rompecabezas que llevaba meses dando vueltas en mi cabeza.

Pero tan rápido como esa conciencia apareció... desapareció. El resto del sueño es un rompecabezas de fragmentos rotos, imágenes pequeñas que no sé si realmente ocurrieron o si mi mente las inventó después para rellenar los huecos.

Solo sé que desperté aturdido, sintiéndome pesado como si hubiera estado viviendo otra vida durante la noche sin saberlo.

Casi no recordaba nada... hasta que me senté en la cama, y ahí como una ola masiva, volvió todo.

Tu cara, tu voz y tu nombre que siempre quedaba olvidado. Pero de lo único que no logre olvidarme fue del calor de tu mano en la mía.

Me quedé sonriendo como un tonto durante al menos diez minutos. Sonriendo por haber sostenido tu mano, aunque fuera solo en un sueño. Por haberte sentido tan cerca, más cerca de lo que nunca me había atrevido a imaginar en la realidad.

Por haber tenido, al fin... nuestra primera interacción.

Aunque solo existiera dentro de mi cabeza, pero aun así... estaba feliz.

Increíblemente feliz.

 

[...]

Me encontraba vigilando las calles desde lo alto de un edificio, observando desde la sombra como siempre, esperando ese pequeño indicio de peligro que me permitiera intervenir.

Había pasado un largo rato sin que ocurriera nada, todo estaba demasiado silencioso como para darme tiempo para pensar.

Estaba a punto de irme hacia otra parte de la ciudad.. cuando, desde el extremo opuesto de la calle, escuché unas risas.

Me incliné un poco hacia el borde, la calle estaba bañada por la luz amarillenta de los faros, reflejados en las ventanas de los edificios. Hacía frío, pero el traje siempre me protegía de eso.

Sin embargo... lo que vi después me atravesó con una frialdad cortante que ningún traje podía detener.

Karen ajustó automáticamente mi visión al notar que intentaba enfocar algo.. Ahí pude distinguir mejor, te vi a ti.

Me congelé literalmente, fue como si todo mi cuerpo hubiera perdido la capacidad de reaccionar más rapido de lo que mis pensamientos llegaban.

Solo pude acercarme más al borde, casi no podía respirar, sintiendo cada latido en mis oídos mientras mi vista, mi visión normal y la del traje se centraban en ti.

Estabas acompañado de... una chica rubia, creo haberla visto en la escuela alguna vez.

Caminaban uno al lado del otro, hablando y riendo como si el mundo no los estuviera viendo. El viento movía sus cabellos con tal suavidad, convirtiendo la escena en algo tan... perfecto, que por un segundo pensé que estaba viendo una película desde la última fila del cine.

Una en la que yo no tenía ningún papel ni relevancia en esa historia.

Ella dijo algo que no logré escuchar, tú reíste que casi sonrió de solo verte hacerlo. Pero entonces, como si ambos hubieran sentido lo mismo al mismo tiempo, las risas cesaron y se miraron y en un completo silencio.

Ese pequeño instante, ese diminuto segundo suspendido... me lo dijo todo.

Sabía lo que estaba por ocurrir. Lo sabía.

Pero aun así, una parte de mí... una estúpida e ingenua parte de mi se aferraba a algo que no entendía, quise creer que tal vez... que tal vez no pasaría lo que mi mente me gritaba que sucedía.

Sentí mis manos temblar, mis dedos no dejaban de agitarse. La piel se me erizó, y sentí como mi respiración se volvió torpe retumbando en mi pecho.

Era un miedo que no sabía cómo manejar y que no podía justificar ante nadie, ni siquiera ante mí mismo.

Fue entonces cuando todo aquello que mi mente traicionera me grito paso.

La besaste.

Lo vi todo muy claro, como si el tiempo se hubiera ralentizado únicamente para obligarme a mirarlos. No era un beso de esos casuales de los que tanto se decían de como funcionaban una única cita, estaban decididos y tan llenos de esa energía que uno entrega a otra persona cuando siente algo real.

Todo aquello me golpeó con fuerza.

No sé si fue celos... tristeza, decepción... o simplemente el reconocimiento brutal de algo que no quería aceptar. Pero dolió.

Dolió de una forma que no se parece a nada físico que hubiera experimentado. Sentí como si algo dentro de mi pecho hubiera recibido un golpe directo, cortándolo con miles de agujas.

Y aun así, no pude apartar la mirada en todo ese tiempo. Los observé y capte cada detalle, movimiento de cada maldito segundo.

No sé cuánto tiempo pasó. Solo sé que, cuando sentí una lágrima rodar por mi mejilla, fue como si mi propio cuerpo me despertara a la fuerza.

Parpadeé algo aturdido, sacudía la cabeza intentando recuperar el control, intentando recordar que yo estaba ahí arriba por otra razón y que no debía estar mirando esto.

Que no tenía derecho a sentir nada.

Trague saliva con fuerza, y cuando volví a enfocar mis vista hacia ustedes... algo sucedió.

Juraría que nuestras miradas se cruzaron, solo por un segundo muy largo. Tus ojos estaban fijos, que era tan irreal de ver.

Pero juro que me viste... y yo te vi a ti.

El pánico me recorrió como un rayo, retrocedí de golpe saltando atrás lo más lejos posible del borde, sintiendo cómo me faltaba el aire.

No sabía si en verdad habías notado mi presencia o si fue mi imaginación jugándome una mala pasada.

Pero el miedo, los nervios y la vergüenza de aquel dolor absurdo que no podia manejar.. me ganó.

Me alejé de un salto hacia otro edificio, me fui de ahí tan rápido como pude. Estaba huyendo de ti y de la escena que habia presenciado.

Y quizás... de lo que estaba empezando a dar cuenta de lo que estaba sintiendo.

 

[...]

Me pasaron los días de largo y, casi sin darme cuenta, dejé de pensar en ti por un momento. Me forcé a ello, en realidad.

Me sumergí por completo en los patrullajes, en los estudios, en mis amigos... en cualquier cosa que mantuviera mi mente ocupada y lejos de ese nudo extraño que siempre aparecía cuando pensaba en ti.

Y funcionó.. o al menos eso creí.

Hasta que un día, mientras pasaba por el salón de gimnasia, el destino decidió recordarme que no tenía tanto control como pensaba.

Te vi.

Estabas sentado en las gradas, inclinado ligeramente hacia adelante, con los audífonos puestos y con la mirada perdida en algún punto imaginario. Al lado tuyo estaba tu amigo, ese que había escuchado hablar contigo en la fila del almuerzo, por un segundo la escena fue tan cotidiana que casi me sentí dolido.

No te había visto en días y no había pensado conscientemente en ti tampoco. Por eso me tomó por sorpresa el impacto tan inmediato que me generó verte ahí de nuevo, tan cerca y que era real esta vez.

Pero lo peor... y lo más lamentable es que ese sentimiento seguía ahí intacto. Como si nunca hubiera intentado enterrarlo en lo más profundo de mi ser.

Por un instante ingenuo pensé que, con el tiempo, lo que sentía se diluiría y que se evaporaría como cualquier emoción pasajera. Pero no, bastó un solo vistazo para que entendiera lo equivocado que estaba.

Así que hice lo único que podía hacer, pasé de largo, huyendo otra vez de lo que no quería sentir. Seguía caminando con los pies temblándome, tratando de hacer como si no te hubiera visto.

Tratando de ignorar que mi corazón no se hubiera desacomodado de golpe.. y fingiendo como siempre que no te estaba viendo.

No sé por qué, pero.. era como si no temiera que alguien, tú o cualquier otro, notara que mis ojos se habían detenido justo donde estabas sentado.

 

[...]

Estuve en clase con la mente lejos del pizarrón, atrapado en un solo pensamiento... tú.

Intentaba concentrarme, tomar apuntes, escuchar... pero todo se reducía a esperar ansiosamente el próximo receso, solo para tener la mínima posibilidad de verte pasar, aunque fuese a lo lejos.

Y esa ansiedad me desesperaba. No entendía por qué me sentía así, no quería sentirlo.

Pero tampoco podía evitarlo.

Cada vez que pasabas rara vez frente al salón, cada vez que te veía jugando básquet en la cancha, riendo en las competiciones o simplemente caminando con tus amigos... ese sentimiento regresaba, clavándose en mí como un cuchillo eterno.

Me sentia como si cayera de golpe, pero lento a la vez, siempre con esa constante sensación. Era una emoción que no pedí y que tampoco no busqué, pero que se instaló en mí sin pedir mi permiso.

Y lo peor de todo era que esa sensación asfixiante de saber que eso, mirarte y admirarte en silencio, era lo único que podía hacer con respecto a ti.

Solo eso.

Y cada vez que lo aceptaba, sentia como una parte de mi moría poco a poco.

 

[...]

Los días siguientes a volver a verte fueron todavía peores. No porque sucediera algo malo... sino porque anhelaba verte.

Y ese anhelo empezó a escaparse y a filtrarse en mis gestos, en mis ojos, en cada movimiento que hacía sin darme cuenta.

Varias veces, mientras caminábamos por los pasillos o hablábamos de cualquier cosa, Ned y MJ me miraban raro.

—¿A quién buscas? —preguntaba Ned, frunciendo el ceño.

—Peter, estás distraído otra vez. —decía MJ sin apartar la vista de su libro.

Yo siempre me hacia el tonto, fingiendo como siempre.

Ellos no sabían a quién estaba buscando, pero yo sí.. y saberlo me hacía sentir desesperado.

Quería verte, quería encontrarte en medio de la multitud.. y aunque fuera por unos segundos, poder mirarte más de cerca. Y darme cuenta de la realidad, de que estabas en aquel mundo.. conmigo.

Pero esa necesidad empezó a ser evidente.

Me gané regaños por no prestar atención, por voltear demasiado rápido cuando escuchaba voces en los pasillos, por detenerme sin razón en mitad de una conversación solo para ver si eras tú quien había pasado detrás.

Nadie entendía qué estaba buscando, ni el por qué. No sabían que te buscaba a ti.

Y ese secreto silencioso... me estaba consumiendo.

 

[...]

Uno de los tantos días casi al final del semestre, estaba en el patio buscando a Ned. Se había separado de mí después de almorzar y, como siempre, era la única persona con la que pasaba la mayor parte del tiempo.

Sí, tenía más amigos... pero nadie como él. Nadie que llenara tanto espacio en mi día.

Bueno... excepto tú. Aunque no podía admitirlo.

Suspiré frustrado mientras recorría el patio una y otra vez, girando la cabeza en todas direcciones como si Ned fuera a aparecer mágicamente entre la multitud. Pero no había rastro suyo.

Me detuve finalmente, dejando salir una maldición apenas audible mientras seguía escaneando cada rincón del lugar pero nada.

El bullicio del instituto seguía como siempre, risas dispersas, conversaciones pasajeras y pasos apresurados que no me pertenecían y que, en ese momento, solo me irritaban más.

Yo solo quería encontrar a mi amigo, era todo lo que pedía.

Ya desesperado, giré sobre mis talones para buscar en la dirección contraria... y me quedé completamente paralizado. Era como si hubiera visto un fantasma.

Estabas tú abrazando a alguien.

Por un instante mi mente intentó procesar lo que veía, pero el golpe real no fue el abrazo, ni la persona que estaba entre tus brazos.

Fue tu mirada.. fija en mí.

Como si me hubieras estado observando desde antes de que yo volteara, como si supieras exactamente dónde estaba y en qué momento me di la vuelta.

Nuestros ojos se encontraron durante unos segundos que se sintieron eternos. En ese instante sentí que algo dentro de mí se quebraba.

Las fuerzas en mis piernas me abandonaron, sentí una ola de pánico subir desde mi estómago hasta mi garganta. Tenía impulso desesperado de huir, el cual me atravesó con una fuerza abrumadora.

Me obligué a romper la mirada, como si apartarla requiriera una fuerza sobrehumana. Giré la cabeza torpemente, moviéndome como si hubiera olvidado cómo funcionaba mi propio cuerpo.

Mis piernas no respondían bien y mis brazos temblaban. Me alejé rápido, prácticamente tropezando con mis propios pies, sintiendo cómo la vergüenza ardía en mi cara.

Mi corazón golpeaba tan fuerte que casi dolía. Porque sentí.. miedo.

Un miedo horrible y aterrador, tenia miedo de que te hubieras dado cuenta... de que te miraba.

De que te buscaba todos los días sin admitirlo, que notarás que eras tú a quien seguía con los ojos entre la multitud con desesperación y frustración todas esas veces.

Miedo de que pensaras que yo era ese tipo de persona que te vigilaba como.. un acosador, y que pensaras que.. que me importabas más de lo que debería.

Todo aquello era mucho de lo que podia entender y aceptar.

 

[...]

Hoy es mi primer día de mi penúltimo año en la secundaria. Habían pasado muchas cosas de las que desearía no recordar, muchas cosas habían pasado, un montón de cosas que solo algunas cuantas de ellas puedo nombrar.

Un extraterrestre llamado Thanos intento exterminar a la mitad del universo, y lo logro. Solo que cinco años después los vengadores lograron traer de vuelta a todas las personas que perecieron, incluido yo.

Cuando desperté de nuevo en ese planeta inerte me sentía confundido, hacia no unos momentos había estado con el Sr. Stark y ahora estaba solo. A excepción del Dr. Strange, quien me dijo algo que no puede entender en ese preciso momento.

—Levante chico, pasaron 5 años. Stark nos necesita en esta guerra.—Me lo dijo mientras empezaba a hacer unos movimientos con sus manos, y un portal se abrió frente de nosotros.

Active mi mascara y cruce el portal, viendo a mucha gente pasar por otros portales muchos más grandes.

Ese día había vuelto a la vida, solo para ver y presenciar la muerte de uno de mis ídolos y lo que yo consideraba un mentor morir a mis ojos. Tony Stark, murió al usar las gemas del infinito para destruir a Thanos y sus tropas pero en el proceso el termino pereciendo.

Fue tan devastador, que apenas pude darme cuenta cuando nos devolvieron a la tierra.

Todo era un caos, las calles estaban muy ruidosas, mucha gente gritaba y lloraba. Pero lo único que podia pensar era en que se fue.. que el Sr. Stark se fue.

Logre encontrarme con May unas horas despues gracias a la Srita Stark Potts, fue tan amable conmigo y casi no pude aguantarme las lagrimas al verla tener que decirle a su hija que su padre ya no estaba.

Abrace a May tan fuerte como pude, sintiéndola contra mi, por fin aflojando ese nudo constante que se me arremolinaba en la garganta. Ella parecio entender lo que sucedia, no tuve que decirle mucho, ella siempre sabia que era lo que me pasaba.

Llore mucho ese día, y los siguientes al funeral.

No pude ni siquiera averiguar si Ned estaba ahí como yo, o si el no habia desaparecido y habia continuado su vida.

 

(...)

Grande fue mi sorpresa, que el primer día de reingresos a clases a los estudiantes del "blip" como lo catalogaron, me encontré con Ned en medio del pasillo.

Lucia exactamente igual a como lo recordaba.

Nos miramos unos segundos, paralizados intentando procesar lo que veíamos. El fue el primero en acercarse, y yo no me quede atrás. Corrí hacia él y le di un gran abrazo, riendo para no llorar al verlo.

Nos separamos e hicimos nuestro saludo secreto, se sentia tan bien estar con alguien conocido y que apreciaba mucho. A pesar de las cosas que pasaban a nuestro al rededor.

Nos apresuramos a ir hacia donde seria nuestra sala de clases por este año. Habian muchas personas justo en esa dirección, la mayoría personas afectadas por el blip, mientras que los otros eran los que se habian quedado.

Sujete mi único libro que May logro conseguir para mi contra mi estomago, sintiéndome abrumado. Todo era mucho, aun despues de semanas.

Suspire tratando de tranquilizarme, y cuando me di la vuelta me tope con alguien que jamás creí volver a ver.

—Hola.—Me dijiste con una sonrisa incomoda.

—Hola.. ¿Tú..?—pregunte sin decir nada, mientras parpadeaba para que mi voz no se escuchara quebrada.

Asentiste en silencio, haciendo una mueca.

—¿Tu tambien?

—La mayoría de aqui son victimas del blip.—Murmure, inhalando con fuerza para poder mantener mi fachada normal mientras miraba a Ned a mi lado.

—Fue una cosa horrible..—Murmuraste, tragando saliva. Seguramente recordando a tus amigos, y conocidos, a tu familia.

Toda la gente a nuestro alrededor hablaba y gritaban conociéndose, o si ya se conocían lloraban de verse.

Estoy seguro de que ya estoy empezando a mejorar, en ser mejor. Como él hubiera querido, y aunque va a ser difícil adaptarnos a la nueva realidad en la que aparecimos cinco años despues, lo lograremos.

Ya no pienso tanto en ello, es casi como un pensamiento inexistente para mi. Despues de todo.. eso ya no era importante para mi, ya no más.

—Yo.. soy Rhydian.—Hablaste luego de mirarnos unos segundos, para luego extendernos una mano—. Rhydian Mikaelson.

Tal vez las cosas ya no son como antes, y jamas la serán. Y eso es algo obvio, pero.. despues de todo lo que paso en estos años... al parecer.

Ahora no soy yo quien siente las cosas.

—Soy Peter.—Dije unos segundos despues, aceptando su apretón de manos—. Peter Parker.

Notes:

Holaaaa, espero y les guste este One shot. Si les gustaria leer el fanfic original de donde se derivo esto, pueden ir a mi wattpad al usuario de strangemultifamdon o sino, díganme si lo quieren que lo publique aqui :)

Sin nada más que decir, los amo<3