Work Text:
Enzo mira a Julián como si este llevara consigo los secretos más profundos del universo. No puede dejar mirarlo mientras duerme a su lado, sus cuerpos tan cerca uno del otro que no hay espacio para un átomo entre ellos.
El alfa sostiene a Julián de la manera más suave y posesiva en ese momento, contando las pestañas del omega Como si fueran constelaciones. Niega y sonríe para sí mismo porque no puede creer que sea tan mágico. Porque sí, su omega es magia hecha persona. No puede decir otra cosa, no puede pensar algo distinto cuando cada día que lo tiene a su lado es como si alguien con una varita mágica lo tocara a él una y otra vez, siente esa suerte cada vez que lo besa y lo abraza por las mañanas.
Julián carga con la magia del universo en sus hombros porque es mágico, porque es todo y nada al mismo tiempo. Enzo es consciente de esas historias de magia antigua que dicen que las almas están conectadas más allá de la vida y esta seguro que así debe ser, porque siente que conoce al omega de otro tiempo de otros cuerpos de otros mundos y lo ama a través de ellos.
Se habían conocido cuando tenían nueve y ocho años, siendo el alfa un poco menor. Iban al mismo colegio pero un salón distinto. La primera vez que se vieron fue en un recreo cuando jugaban con sus compañeros y Enzo no supo cómo respirar después de verlo correr con el pelo un poco largo y mejillas coloradas. Supo en ese entonces que no habría alguien más para él desde ese instante.
–¿Querés ser mí amigo?– había preguntado un pequeño Julián con voz más suave y mágica del mundo entero y Enzo ni siquiera sabía su nombre pero ya sabía que sería su persona más especial por el resto de su vida. Era una promesa grande para alguien de nueve años. Pero Enzo lo había cumplido al pie de la letra hasta el día de hoy. No había día que no lo hiciera.
Se hicieron mejores amigos, de esos que son inseparables. Pasaban las tardes juntos, comían facturas o pan casero y jugaban a los jueguitos y no importaba nada más. Incluso antes de Enzo presentarse como alfa y Julián como omega ambos estaban seguros de que eran el uno para otro porque no había que no fuera así.
Su amor de amistad se había convertido en amor romántico tan naturalmente como si fuera una oruga preparándose para convertirse en la mariposa más preciosa de todas y su había sido así desde el día uno.
Sus amigos y familia no podía pronunciar un nombre sin el otro, porque siempre estaban juntos. La magia ocurrió cuando ambos presentaron sus castas y todo se acomodó en su lugar luego de eso. A los quince años Enzo le pidió a Julián que sea su novio luego de una salida al cine, en la que habían visto el Hombre Araña. El castaño le había sonreído de esa manera que era tan única y que tenía guardada solamente para él porque nadie más era como Enzo y le estaba pidiendo ser su novio después de años de amistad. Era lo correcto, lo que estaban destinados a ser desde siempre incluso antes de conocerse.
Habían sido su primer beso y también su primera vez, habiendo compartido tantas primeras veces que ya habían perdido absolutamente la cuenta. Pero no importaba, porque estaban juntos y no había magia que los separe. No había fuerza en el universo que hiciera que se alejaran uno del otro porque no había uno sin otro, eran uno solo en dos cuerpos separados.
Un alma dividida en dos, que se encontraron por azar del destino o capricho del mismo, no estaba claro.
Julián se dio vuelta en su sueño y se acomodó sobre su lado. El alfa no dudó un instante en pegar todo su cuerpo a su omega, enterrando su nariz ahí donde la marca de sus colmillos adornaban el cuello del mayor. Símbolo físico de una unión mágica y celestial, decidida por seres superiores que jugaban con sus almas y las habían atado mucho antes una a la otra.
Aspiró el aroma dulce, extremadamente dulce de su omega y su alfa interior se estiró con todo el gusto y goce porque Julián estaba embarazado. Su Julián estaba embarazado de él y este todavía no se había dado cuenta pero Enzo sí. Él se había dado cuenta hacia una semana más o menos de que el omega estaba en estado gracias al cambio de su aroma y por la conexión que ambos tenían. Lo abrazó por la cintura, metiendo su manos grande y tatuada debajo de la remera de su omega y acariciado con vehemencia y veneración aquello que era el fruto de su desmedido amor.
Enzo sentía su orgullo hervir dentro suyo porque Julián cargaba su cachorro. Quería alzarlo y mostrarlo al mundo porque era suyo y todos debían saber lo hermoso y mágico que Julián.
Habían estado esperando este momento bastante tiempo, y por fin había llegado. Julián aun no era consciente de esta situación pero su omega si lo era y ya sin saberlo buscaba proteger a su cachorro.
Enzo sonreía cada vez que pensaba en que tendrían un cachorro quizás parecido a Julián si tenían suerte, porque era majestuoso y precioso y si era como él sería mágico.
El omega había empezado a dormir un poco más, estar más cansado y más territorial con su alfa y Enzo estaba encantado. Julián no se había dado cuenta pero había comenzado a guardar cosas con el aroma de Enzo, quien discretamente dejaba alguna prenda usada que el Julián comenzaría a guardar por alguna razón sin saber qué significaba.
Enzo sabía que instintivamente buscaba su aroma, lo hacía sentirse seguro y Enzo estaba maravillado con su omega y su capacidad de darles un cachorro. Julián queria a su alfa encima suyo todo el tiempo, estaba un poco más pegado y necesitado que en el último tiempo y el alfa no le negaba nada al amor de su vida. Jamás podría.
En secreto veía a Julián ponerse alguna remera suya o algún buzo y buscar su aroma todo el tiempo. A Enzo se le inflaba el pecho de orgullo al ver esa escena. Todavía no iba a decir nada, dejaría que todo siguiera su curso natural hasta que Julián pudiera darse cuenta solo, lo cual no será mucho después tan solo un par de días hasta que pudiera tomar conciencia de su nueva y esperada situación.
Julián abrió los ojos suavemente, volviendo despacio al mundo de la conciencia y lo primero que sintió fue calor. El calor de la mano de su alfa cubriendo todo su vientre y la suave respiración que tanto confía sobre su cuello en instintivamente sonrió relajando su cuerpo sintiéndose como gelatina bajo suave y delicado toque.
–Hola, mi hermoso–. Susurró el alfa sobre su oído. Acarició despacio la oreja del mayor con la punta de su nariz mientras dejaba indescifrables formas con sus dedos sobre la piel tibia bajo sus manos.
–Alfa–. Suspiró Julián, sintiendo como El nombrado se acomodó mejor para estar más cerca suyo si eso era posible. Afuera hacía frío pero bajo esas mantas el calor era intenso y familiar para ambos. Tan común como respirar, tan mágico como casi irreal. –¿Dormí mucho?
Enzo rió bajito, dejando un beso sobre la piel tersa del cuello ajeno. Antes de responder dejó otro, y luego otro y uno más por las dudas.
–Un par de horas mi amor, son como las 4 de la tarde omega.– Dijo, viendo a lo lejos el reloj sobre la mesa de noche. Habían tomado una siesta que duró más de lo esperado pero era domingo y al alfa no le importaba pasar el día envuelto en su omega, su calor y su extremadamente dulce aroma gracias al cachorro que llevaba consigo.
Julián no se volvió de su lugar, de sentía seguro y amado como siempre desde que había conocido a Enzo hacia ya tantos años. Afuera el sol dejaba filtrar por las ventanas los últimos colores rojizos y naranjas del día aunque fuera una tarde fría había sido un día espectacular. O eso le había dicho Enzo porque se le habían pasado acostados casi todo el tiempo. Últimamente se sentía muy cansado y lo único que quería era estar así en los fuertes y protectores brazos de su alfa donde nada más que ellos importaba.
–¿Tenés hambre, amor?– Julián sonrió porque parecía que Enzo le había leído la mente. Después de que se hubieran enlozado con la marca visible en su cuello, la cual Enzo veneraba tal como si fuese lo más sangrado del mundo, parecía que el alfa siempre pudiera leer cómo se sentía o qué necesitaba.
Acarició distraídamente el brazo que lo sostenía por la cintura, como si la vida del alfa dependiera de ellos. Las frazadas los tapaban hasta el cuello prácticamente.
Asintió suavemente, como si Enzo ya no supiera la respuesta a su pregunta.
–Tengo ganas de comer frutilla con azúcar–. Comentó el omega. –¿Queda?– preguntó esperanzado, sintiendo casi dentro de su pecho la profunda y suave risa de su alfa detrás suyo. Esa risa que amaba y lo había desarmado desde la primera vez que lo había visto hacia ya tantos años siendo que ahora tenía 24 y 25 años cada uno.
–Si no queda te iría a comprar, mí amor–. Respondió, como si fuera lo más obvio porque Julián últimamente quería frutillas todo el tiempo y ¿cómo no cumplirle los deseos a su mágico omega? Enzo cosecharia una plantación de frutillas él mismo para que Julián las tuviera si fuera necesario. Pero ese no necesita hacerlo, porque había traído del súper el día anterior ya sabiendo los antojos de su esposo omega. –Pero en la heladera hay. ¿Querés comer acá o en el living?
–Mhm–. Julián lo pensó un momento, mientras que el solo pensamiento de frutillas le hacía agua la boca. –¿En el living? Miramos MasterChef mientras–. Giró apenas y sonrió cuando vió los ojos de Enzo fijos en los suyos llenos de amor y ternura como siempre lo miraba.
–Lo que vos quieras, hermoso–. Le dejó un suave beso en los labios más dulce de todos– Anda a poner mientras y yo cortó la frutilla y te la llevo ¿Si?– habló el alfa sobre los labios del omega y este asintió rápidamente. Dejó otro beso en los labios del alfa y procedió a levantarse. Enzo hizo lo mismo.
De un sillón que había al costado Julián se puso un buzo de Enzo que le quedaba demasiado grande. El alfa lo vio justo antes de salir de la habitación y tuvo que volver sus pasos para abrazar por detrás a su omega por posesividad respirando hondo su aroma y envolviéndolo con sus brazos suavemente por su estómago. –Precioso mi omega con mí ropa–. Casi gruñó con gusto, gruñido que vibró dentro de Julián porque amaba que Enzo fuera así con él.
Julián rió y Enzo se tatuaria ese sonido si pudiera. Es más, estaba considerando buscar una forma de tatuarse la risa de Julián y ya iba a encontrar la forma de hacerlo.
–Alfa, tengo hambre–. Se quejó pero no hizo nada para salir de ese preciado lugar que era suyo por derecho divino.
Enzo lo soltó solo después de besar su mejilla muchas, muchas veces. Se dirigió hacia la cocina mientras Julián iba al living.
–¿Boul chico o grande, amor?– gritó el alfa desde la cocina mientras Julián se acomodaba en el sillón frente a la tele y la encendía.
–¡Grande, alfa!–. Respondió Julián porque tenía mucha hambre y muchas ganas de comer aquella fruta. Desde ahí escuchó como Enzo se reía para luego abrir la heladera y proceder con su tarea.
Enseguida Julián encontró el canal donde pasaba el reality que venían viendo y acomodó en su lugar. Por instinto llevó sus manos hacia su vientre que últimamente estaba más grande de lo normal y frunció el ceño. Antes de comenzar el capítulo Enzo ya estaba a su lado y le extendía el boul lleno de frutillas y azúcar que tanto había querido desde que se despertó hacia unos minutos.
–¿Todo bien, mi amor?– preguntó el alfa, sentándose a su lado y pasando su brazo por los hombros del omega y atrayendo al chico hacia su pecho. Julián ya estaba comiendo porque no podía aguantar más.
Enzo lo vio comer otra cucharada mientras pensaba. La tele encendida frente suyo pasó a un segundo plano mientras lo veía saborear aquel postre como si fuera lo mejor del mundo.
–¿Estoy más gordo?– Preguntó de repente Julián mientras otra cucharada llenaba su boca y Enzo no pudo hacer más que reír con fuerza mientras los abrazaba más contra su cuerpo.
Julián estaba casi acostado sobre el alfa mientras el boul de frutillas reposaba casi en el pecho del menor. Tuvo que levantar la vista cuando este se movió gracias a la risa del alfa. Lo miró desde abajo.
–Ay mi omega, estas perfecto como siempre –. Le contestó, metiendo una mano por debajo del buzo y acarició suavemente su vientre. Julián escondió su cara el pecho del alfa, un calor de satisfacción recorrió su cuerpo y un poco de le llenó de lagrimas los ojos porque Enzo era el alfa más dulce y amoroso del mundo y era todo suyo.
Esos días Julián estaba más sensible que antes, todo lo que el alfa hiciera o le dijera mientras lo miraba de esa manera como si Julián sostuviera el mundo entero en su espalda lo sensibiliza mucho. A veces sentís que el amor que sentía por Enzo y el que el alfa irradiaba a través de su vínculo no entrara en sus cuerpos porque no era normal amar tanto a alguien y que ese alguien te ame con la misma intensidad.
Una idea se le cruzó por la mente, cuando ya queda casi nada en el boul mientras miraban como gente que no sabía cocinar se le quemaba un huevo hervido. Se llevó la mano libre hacia su vientre justo donde Enzo tenía la suya como si lo estuviera protegiendo de algo invisible que amenazara a Julián.
Pensó, mientras entrelazaba sus dedos con los más grandes del alfa. Sentía la tranquilidad y el amor de Enzo que dejó un beso en su coronilla sosteniendo sus labios ahí por unos segundo sintiendo como inspiraba su aroma de omega. El olor del alfa lo envolvía por completo y era la mejor sensación del mundo porque parecía que nada ni nadie podría hacerle daño jamás cuando estuviera bajo esos fuertes brazos.
Julián sabía que era así porque Enzo era su sueño hecho realidad por arte de magia. Se acuerda cuando era adolescente, antes de ser novios con Enzo. Pensaba en él siempre y se veía en un futuro así tal como estaban ahora porque ya eran alfa y omega incluso antes de hacerlo oficial y siempre había deseado alguien que lo amara de esta manera y Enzo lo había hecho. Incluso cuando eran aún niños y no tuvieran ideas de castas o de amor, Enzo lo cuidaba y nada le podía pasar cuando el alfa era quien velaba por él y su bienestar.
Como si fuera magia de habían encontrado y nunca más se soltaron porque eran almas destinada.
Julián soltó de repente la cuchara que tenía últimos pedazos de frutilla como si una gran revelación lo hubiera golpeado con fuerza sobrehumana. –¿No estaré embarazado yo?– preguntó repentinamente.
Enzo soltó una fuerte carcajada que llenó todo el ambiente incluso por encima del sonido del televisor. Julián lo miró y rió también, porque había sido un boludo. La respuesta era bastante obvia.
El alfa lo besó tanto que le dolían los labios después. Esa era la única respuesta que necesitaba porque Enzo así sobre su cuerpo besándolo como si no hubiera un mañana era lo único que necesitaba.
Enzo y su futuro cachorro era todo lo que necesitaba para ser feliz porque ellos eran mágicos y eran de Julián.
