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The Siege of Silence

Summary:

Hola este es mi primer fic que circo

Notes:

Amo las armaduras

Chapter 1: Jornada

Chapter Text

La lluvia había caído durante tres días seguidos. El barro llegaba a los tobillos de los hombres y a las rodillas de algunos caballos. La hueste avanzaba lentamente por un camino estrecho entre bosques oscuros, con los estandartes empapados y las capas pesadas por la humedad.

Sir Erwin Smith cabalgaba al frente. No llevaba el yelmo puesto, pues lo sostenía uno de sus escuderos. La cota de malla asomaba bajo un sobreveste de lana verde oscura marcado con el blasón de su casa: unas alas plateadas sobre campo blanco. Su mirada recorría el horizonte mientras escuchaba los informes de los exploradores.

La fortaleza de Dunwall, objetivo de la campaña, se encontraba aún a cinco jornadas de distancia. Cinco jornadas si el tiempo mejoraba. Siete o más si seguía lloviendo.

— El puente de piedra sigue en pie, mi señor —informó un jinete recién llegado—. Pero el río ha crecido. Erwin asintió.

— ¿Se han visto hombres del conde rival?

— No, mi señor.

— Entonces continuaremos.

El explorador inclinó la cabeza y se retiró. Apenas había avanzado unos metros cuando Erwin llegó a escuchar una voz seca a su lado.

— Si el río sigue creciendo, perderemos dos carros.

Erwin no necesitó girarse para reconocer a Levi Ackerman. Montaba un caballo negro más pequeño que los grandes corceles de guerra de los nobles, pero notablemente más resistente. Llevaba una capa gris oscura y la lluvia había pegado algunos mechones de cabello a su frente.

— Dos carros no son una tragedia —respondió Erwin.

— Lo serán cuando los soldados lleven una semana comiendo gachas aguadas.

— Siempre tan optimista.

Levi lo observó de reojo.

— Alguien tiene que serlo.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en los labios de Erwin. Era extraño. La mayoría de hombres que servían bajo su mando se cuidaban mucho de hablarle con tanta franqueza, pero Levi no. Nunca lo había hecho. Quizá porque había ganado ese derecho, pues sabía que Erwin valoraba más una verdad incómoda que una obediencia vacía.

La hueste siguió avanzando. Al caer la tarde encontraron refugio en una aldea pequeña, un conjunto de casas de madera rodeadas por empalizadas y campos embarrados.
Los aldeanos observaban desde puertas y ventanas mientras los soldados instalaban el campamento. Erwin desmontó y comenzó a dar órdenes: distribuir centinelas, revisar los caballos, encender fuegos, comprobar las provisiones.

Cuando terminó, la noche ya había caído sobre los campos. Las nubes ocultaban las estrellas. La lluvia se había convertido en una fina llovizna.

Levi estaba sentado bajo un cobertizo examinando una espada. Pasaba un paño aceitado por la hoja con una concentración casi irritante. Erwin se acercó.

— Los hombres dicen que la lluvia terminará mañana.

— También dijeron que la campaña duraría un mes.

— Eso fue antes de descubrir que nuestros enemigos saben construir murallas.

— Qué sorpresa. — expresó con ironía.

Erwin apoyó una mano sobre una viga. Durante unos segundos ninguno habló. El sonido de la lluvia llenó el silencio. No era un silencio incómodo. Llevaban demasiado tiempo juntos para eso. Años de marchas, de campañas, de heridas, derrotas y victorias compartidas.

— ¿Tienes alguna preocupación? —preguntó finalmente Erwin.

Levi levantó la vista.

— Además de la lluvia, el barro y la posibilidad de morir congelados, no.

— Entonces algo te preocupa.

— La fortaleza. — guardó la espada y suspiró.

Erwin lo miró confuso.

— Es demasiado fácil.

— ¿Qué es demasiado fácil?

— Que nos la entreguen.

La expresión de Erwin se volvió más seria. Los informes indicaban que Dunwall estaba debilitada. Pocos hombres, pocas provisiones, murallas dañadas. Demasiado conveniente.

— Piensas que es una trampa.

— Pienso que alguien quiere que lleguemos allí.

Erwin observó la oscuridad más allá del campamento. La línea negra del bosque parecía inmóvil y silenciosa.

— Yo también lo creo —admitió.

Levi resopló.

— Y a pesar de todo seguiremos adelante.

— Sí.

— Sabía que dirías eso.

Por primera vez en todo el día, Erwin soltó una risa breve.

Levi negó con la cabeza.

— Algún día tu curiosidad va a matarte.

— Y tú estarás allí para recordármelo.

— Probablemente.

Sus miradas se encontraron un instante. Sólo un instante, pero fue suficiente para que algo extraño atravesara el pecho de ambos. Algo que ninguno nombró, pero que llevaba años creciendo. Un sentimiento tan peligroso como cualquier batalla. Entonces un soldado apareció corriendo entre las tiendas.

— ¡Mi señor!

La atmósfera se rompió al instante. Erwin se giró.

— ¿Qué ocurre?

— Los centinelas han encontrado huellas en el bosque.

Levi ya se había puesto de pie.

— ¿Cuántos hombres?

— No lo sabemos.

Mientras cabalgaban de regreso al campamento, nadie pronunció una sola palabra. El bosque parecía observarlos. Y Levi no lograba desprenderse de la sensación de que habían llegado demasiado tarde.