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nobody wake me from this bad dream

Summary:

dolorous: adj. triste, o causante de tristeza o dolor emocional

— No soy tu Ferran —confiesa con un hilo de voz.

Hay tantas implicaciones en esa frase. No sabe por dónde empezar, no está seguro siquiera de entenderlo él. Pedri lo mira con recelo.

— ¿Qué dices? ¿Quién vas a ser si no?

Ojalá saberlo.

o: dos años después de mudarse a París, las consecuencias de sus decisiones empiezan a pesar sobre Ferran. Tras un partido especialmente duro, tendrá que enfrentarse a ellas.

Chapter 1: París, noviembre 2028

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Ferran tarda cinco minutos enteros en salir del coche. El conductor le da dos minutos de cortesía para recoger sus cosas, pero a partir del minuto tres lo mira a través del espejo con cara de pocos amigos. Decir que le importa sería mentir, hay cosas más pesadas sobre sus hombros y nudos más complejos en su estómago, no tiene tiempo para preocuparse sobre la opinión del hombre.

— Gracias, Dorian, buenas noches —musita al salir, tras reunir suficiente energía para mover sus músculos entumecidos.

Han jugado un partido brutal, desgarrador incluso, de los importantes, los de Champions. El cansancio se pega a cada fibra de su cuerpo, ralentiza sus movimientos y lo vuelve torpe. Aunque, pensándolo bien, puede que la torpeza venga de otra parte, del gusano que tiene instalado en el cerebro, ese que solo habla para recordarle que es un inútil.

Meter la llave en la cerradura le cuesta tres intentos, como los tres tiros claros que ha fallado esta noche. El recuerdo de sí mismo corriendo por la banda, sorteando centrocampistas y adelantando a los defensas se instala bajo sus párpados. Luego ve su pie contra el balón, los tobillos mal colocados por centímetros, el golpe dado con la fuerza equivocada y el balón saliendo por el lado, por arriba, golpeando el palo y burlándose de él. Inútil. La herida es reciente y está en carne viva, siente las capas de la dermis expuestas como en una quemadura. No hay gel que calme el escozor, este dolor no se cura en urgencias.

Se cepilla los dientes con desgana, se lava la cara con desidia. Noches como esta, llenas de vergüenza y reproches, son cada vez menos comunes, pero por eso mismo le cuesta más sacar las herramientas que el psicólogo le ha metido a la fuerza entre los surcos del cerebro Se ha desacostumbrado a la ansiedad cuando sale del campo, le pesa más el dolor del ridículo. La soledad también es un factor, es difícil superar la humillación sin los dedos de Pedri acariciándole la barba y las uñas rascándole la coronilla.

Pedri. Se mete en la cama con la mente llena de imágenes del canario, recuerdos que lo atormentan en sus momentos más vulnerables y le pican el corazón como buitres rabiosos. Él estaba preparado esta tarde, cabeza bien erguida, pecho bien hinchado pero antes de entrar al campo vio de refilón el móvil de alguien. En la pantalla estaba el último post de Gavi en Instagram, en el centro de la foto, Pedri. Verlo así, con la sonrisa de todos los dientes, los ojos entrecerrados y los brazos bien enganchados en la cintura de Pablo lo desestabilizó. Tuvo que apoyarse en la pared para no caerse y apenas puso un pie en el césped supo que el partido se había ido a la mierda.

Roma se acomoda entre sus brazos, le lame las mejillas con paciencia mientras Vader se tumba a su espalda, con el morro en su cintura. Está rodeado por todas partes, la calidez de los perros se cuela a través de las mantas y derriten el peso de la humillación poco a poco. Lo superará, sabrá levantarse, pero mientras tanto cierra los ojos y conjura en su mente la imagen de Pedri besándolo, un recuerdo de tantos. Un momento del pasado, algo que era y ya no es.

Antes de caer profundamente dormido, juraría que siente unos dedos fríos rascarle la cabeza.


El sueño lo tiene envuelto en un abrazo cálido, o tal vez sean los perros, pero está cómodo y calentito. Escucha el repicar de la lluvia sobre la ventana y se enreda todo lo que puede en las mantas, se abraza a sí mismo hasta convertir su metro ochenta y pico en un ovillo pequeño, pequeño en el medio de la cama.

El cansancio tira de él, sumiéndolo en un dormir tranquilo, cuando siente una lengua sobre sus mejillas. Son lamidos suaves pero entusiasmados, pero él quiere seguir durmiendo.

— Roma, para —pide con la voz ronca, casi sin abrir la boca y las palabras salen todas apelmazadas entre sí, no se distinguen.

La lengua sigue y sigue, sube a su oreja y le hace cosquillas, lo arranca poco a poco de los brazos de Morfeo.

— Romita, cariño, para —repite, saca la boca del edredón y gira un poco la cabeza, intentando alejarse de la humedad.

Hay un movimiento sobre el colchón, la lengua desaparece, siente al animal saltar sobre él y caer al suelo con suavidad. Asiente lentamente y hace un ruido de aprobación antes de volver a acurrucarse e intentar dormir.

Siente unos dedos en su pelo de nuevo, fríos y largos, quitando los mechones de la frente y dejándola expuesta. Y unas uñas, justo en su coronilla, en la parte más alta de su cabeza, subiendo y bajando en un ritmo hipnótico, llevándolo de nuevo a dormir.

— ¿Qué dices tú de Roma? —la voz de Pedri se cuela en su cerebro muy lentamente, como si tuviese las orejas llenas de algodón.

Sus sueños son crueles a veces, le recuerdan lo que ya no tiene, lo que ha perdido. Lo ponen en situaciones que ya no van a suceder, que ya no son para él porque decidió irse. Su mente es vil, malvada, busca las imágenes más tiernas, recordarle una vida pasada para luego dejarle el corazón bien magullado. Y él no puede hacer nada más que dejarse ir, disfrutar de los pocos minutos que tiene con un Pedri que no es real, que no le pertenece.

Las uñas siguen, los dedos se abren y se cierran, se siente como agua cayendo sobre él, limpiando su dolor y su humillación. El desastre de anoche no existe, él es una persona nueva, fuerte.

— Mmmh —murmura la presencia a su lado, el sonido lo hace vibrar a él también y sonríe—. Despiértate ya, anda, que tengo hambre.

Niega con la cabeza, tiene los ojos cerrados todavía, no se atreve a abrirlos y a enfrentarse a la cama vacía. Este momento, aunque falso, le pertenece, va a saborearlo todo lo que pueda, va a grabarse bien en la mente como se sienten las uñas de Pedri sobre su cráneo, lo necesita.

Vuelve a sentir un salto en la cama, un hocico lo golpea en la espalda, en el hombro, pidiéndole movimiento.

— Cinco minutos, Roma —pide, casi ruega.

— ¿Cómo que Roma? —repite Pedri con voz divertida, como si se estuviese riendo.

— Mmmmh, Roma, Romita —insiste él, que poco a poco siente los últimos vestigios de sueño abandonarlo. El momento se deshace entre sus dedos, cae como arena y él no puede sostenerlo.

Un ladrido, más grave de lo normal, suena casi ofendido. A su lado, Pedri se ríe y puede oír como le acaricia la cabeza al animal por encima de su cuerpo. La calidez es tan cercana que se siente real, es un sueño cruel y malvado, el producto de una mente que lo odia.

Otra lamida, del borde de la mandíbula hasta prácticamente la ceja, lo obligan a abrir los ojos.

— Roma —llama con seriedad, pero frente a él no está su perra.

— Es Nilo, tonto —se burla Pedri a su lado.

Se gira asustado.

Junto a él, en todo el esplendor de la mañana, iluminado por la lámpara de la mesita y la luz tenue que se cuela entre las cortinas, está Pedri. Tiene el pelo un poco más largo que en la foto que vio ayer en Instagram, una barba de tres días y una sonrisa tan brillante que le duele. Es una representación nítida y perfecta, con los bordes bien definidos, los colores fieles a la realidad. Es raro, porque sus recuerdos están borrosos, desdibujados por el tiempo y son una mezcla inexistente de distintas versiones de Pedri, el mejor intento de reconstrucción que puede ofrecerle su cabeza.

Pero este Pedri, el que está junto a él con la cabeza apoyada en una mano y mirándolo con cariño, no es nada de eso. Es una versión completamente nueva, no hay permutaciones posibles en su cabeza que hayan podido crear la imagen que tiene frente a él. Lo ve a la perfección, con una claridad que le quita el aire de los pulmones de un golpe, lo deja temblando.

— ¿Tienes frío? —pregunta Pedri y su voz es más grave que en sus recuerdos, el timbre levemente distinto.

El canario se estira sobre él y recoloca las mantas, lo envuelve aún más si cabe. En uno de esos movimientos, la mano de Pedri roza su mejilla y el sentimiento se propaga por todo su cuerpo. Nace en su cara y lo quema todo a su paso, baja por su cuello hasta llegar a su pecho y ahí explota, cada latido lleva gasolina por sus venas y él se siente como un hombre en llamas.

— ¿Pedri? —llama, temeroso de que esto vaya a romper la ilusión y en el siguiente parpadeo el hombre frente a él vaya a romperse en mil pedazos que van a cortarle la cara.

— Buenos días, amor —contesta Pedri.

Todo sigue igual, no hay explosión, no hay movimiento. Solo el canario frente a él, con restos de sueño en los ojos y la cara llena de un cariño que lleva más de dos años sin ver.

Estira la mano, incrédulo todavía y hunde el pulgar en el hoyuelo de Pedri. Siente la piel contra su yema, la reacción de la carne contra la fuerza de su dedo, aire caliente en su palma proveniente de una risa ahogada de Pedri.

¿Qué?

Notes:

día de mierda así que he puesto a ferran a pasarla mal porque si yo no soy feliz no lo va a ser NADIE me entiendes.

todos mis créditos a la chavala que escribió un smau yoonjin con una trama así allá por el 2018, la búsqueda de twitter es una mierda y no te encuentro, no sé ni si tu cuenta seguirá existiendo o habrás sido víctima de la caza de brujas (armadas pedorras, im talking bout u). si os lo leísteis, sabéis como termina.

oso conmigo (bear with me) mientras plasmo mis delirios en este au. gracias x leer como siempre, besicos guiris: xx