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24/7

Summary:

ego: sust. tu idea u opinión sobre ti mismo, especialmente tu impresión sobre tu propia importancia o abilidad

— Hermano, no hace falta hacerse el empanado solo porque Pedri te lo pida, eh —Gavi le da un codazo y baja la voz para que el canario no se entere.

— ¿Qué dices? —Ferran frunce el ceño, él no ha hecho eso.

o: 4 veces en las que Ferran le da la razón a Pedri y 1 vez en la que no (ft. un grupo de amigos que está hasta las narices)

Notes:

título: ego - sace6 (brutalist)

me he inventado muchas cosas sos. juega gavi al fortnite? hay una equipación amarilla fea en el barça? no sé, chica, haz uso de tu suspensión de la credibilidad. (pido perdón igualmente)

situado en la temporada 25/26, cuando Ferran todavía estaba en el Barça. en este universo se queda? probablemente.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ☾ ˖°˖ uno ˖°˖☽ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ

El sol le pega en la cara con fuerza y gotas gruesas de sudor le bajan por las sienes, pero Ferran ha encontrado el lugar perfecto entre las filas del equipo contrario y, si consigue la pelota en este momento, tiene un camino claro hasta la portería. Está hecho.

Ve a Lamine correr demasiado cerca de su portería, tan concentrado en marcar que no se percata de que tiene a Pedri detrás y acaba perdiendo el balón. El canario sortea a Eric y Rapha para llegar al centro del campo, cerca de donde está Ferran.

— ¡Pedri, Pedri! —hace aspavientos con los brazos— ¡Aquí, pasa!

Pedri mira a su alrededor, analizando la posición de los jugadores y buscando el punto perfecto para el pase. Es mucha información que asimilar en unas pocas milésimas de segundo, pero si alguien es capaz de hacerlo es Pedri, Ferran está completamente seguro de ello.

El canario se adelanta un poco más, pero se coloca mal y es demasiado lento al patear porque Lamine aparece de repente y la pelota, que supuestamente iba para Ferran, acaba en los pies del menor. El equipo de Pedri está descolocado, Szczęsny tapándose del sol con las manos, y la bola entra de lleno en la portería. Mierda.

— Pedri, joder, ¡espabila! —reclama Gavi corriendo hacia el canario, lo agarra por los hombros y lo sacude—. Vaya puta mierda de pase, hermano.

— ¡Pero si yo no fui, hijo de puta! —Pedri le da un empujón al sevillano para alejarlo.

— Hostias, Pedrito, Lamine te la podría haber quitado con los ojos cerrados —Gavi estira ambos brazos, claramente frustrado.

— Pero que ha sido Ferran, que está empanado. ¿Cómo quieres que le haga un pase a la nada?

Ferran llega a su lado con dos botellas de agua, le pasa una a Pedri y bebe de la otra. El sol no da tregua y hace un calor horrible, a Pedri se le pega el pelo en la frente como siempre, se le rizan los mechones más largos y le dan apariencia de niño. Eso, combinado con las mejillas rojas por el esfuerzo y el puchero que ha puesto por las acusaciones del sevillano, lo hace ver muy tierno, adorable. Comestible, incluso.

— ¿Y tú qué? —Gavi le arranca la botella de la mano a Ferran—. ¿No te vas a defender?

— ¿De qué? —pregunta él con los ojos fijos en Pedri, en su pecho que sube y baja rápidamente, en como su garganta se contrae cuando traga agua, en las gotas de sudor bajándole por el cuello.

Pedri se encoge de hombros y lo señala con las manos, como queriendo probar su punto, a lo que Gavi bufa exasperado. Ferran sigue sin entender muy bien qué está pasando, hay una gota de sudor que ha bajado por la sien de Pedri, ha recorrido toda la línea de su mandíbula hasta llegar a su barbilla y de ahí ha caído al suelo. No sabía que eso era físicamente posible.

— Ferran estaba perfectamente colocado —insiste el sevillano—, si llegas a pasarla bien hacemos gol.

— Pablo, tanto Fortnite te está dejando tonto —Pedri lo regaña con un chasquido de la lengua y sacudiendo la cabeza como una madre decepcionada.

— Tú, Ferran, ¿crees que estabas mal puesto? —Gavi se dirige directamente hacia él y Ferran tiene que alejar sus ojos de Pedri por primera vez desde que ha empezado la conversación.

— Eh… —va a decir que no pero no aguanta mucho sin mirar a Pedri, y ve que el canario le devuelve la mirada bajo los dedos que lo tapan del sol y sus labios de repente lucen más carnosos de lo normal. Y sí, puede que hoy esté distraído pero Pedri está distinto, como más guapo— Puede ser, estaba en todo el medio, ¿no? No había espacio.

Gavi jadea, incrédulo, al mismo tiempo que Pedri levanta el puño victorioso. El silbato suena y todos tienen que volver a sus posiciones. El sevillano se aleja de ellos mientras sacude la cabeza y murmulla algo que Ferran no llega a entender muy bien.

— ¿Tú crees que el pase era malo? —pregunta Pedri antes de separarse.

— No, estaba yo muy en el medio, tendría que haber bajado un poco más —se encoge de hombros. Ahora que lo piensa, había mucha gente alrededor, no había un hueco claro.

Pedri sonríe radiante, enseña todos los dientes y arruga la nariz, como un gatito, y a Ferran empieza a picarle la mano porque quiere hacerle "bop" justo en la punta de la nariz. Pero eso es infantil y ridículo y esto es un entrenamiento serio, por favor.

El partido continúa y él sigue pensando en la nariz de Pedri y en lo bien que huele, incluso cuando están sudados bajo el sol sigue oliendo dulce, a tortitas. El equipo de Lamine tiene la pelota y él se mueve de lado a lado sin saber muy bien qué hacer, su cabeza sigue pensando en el canario.

Ve a Pedri con la pelota de nuevo y él intenta salir de dónde está entre los defensas del equipo contrario para recibir mejor el pase, pero justo ve otra gota de sudor que hace el mismo recorrido de antes, sien, mandíbula, barbilla y al suelo, y mueve mal el pie. Su puntera no llega a tocar el balón, que llega los pies de Eric, este se la pasa a Rapha y, cerca de la portería, Lamine está distrayendo a Szczęsny con un chiste. Gol de nuevo.

— Ferran, me cago en tus muertos —grita Gavi desde el otro lado del campo. Él levanta las manos en un gesto de rendirse y ve como, un poco más cerca, Pedri se ríe.

Poco después, el entrenamiento acaba y, lamentablemente, no son capaces de remontar. La chica de redes llama al otro equipo para hacerles la foto de ganadores mientras Ferran, Gavi y Pedri se dirigen al vestuario, comentando el partido.

— Hermano, no hace falta hacerse el empanado solo porque Pedri te lo pida, eh —Gavi le da un codazo y baja la voz para que el canario no se entere.

— ¿Qué dices? —Ferran frunce el ceño, él no ha hecho eso.

Gavi levanta una ceja, pero Ferran no cede y el sevillano se acaba alejando de los dos, negando con la cabeza mientras mira al cielo, como preguntándose qué ha hecho para merecer esto.

— Bueno, ¿qué? Otro día será, ¿no? —Pedri se acerca a él, le pone una mano en la mejilla.

— Sí, claro —es lo único que puede decir.

El canario se aleja y Ferran piensa que Pedri siempre tiene los dedos fríos, independientemente del tiempo o de la actividad física, pero aún así su mejilla está ardiendo. Entra al vestuario tocándose la frente con el dorso de la mano intentando discernir si tiene fiebre. Tiene que estar malo, ¿no?

ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ☾ ˖°˖ dos ˖°˖☽ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ

El estómago de Eric es el primero en hacer ruido. Dani, Pedri y Ferran se ríen de él pero no tardan en hacer lo mismo. Han venido a hacer un poco de senderismo y a la vuelta han encontrado una zona recluida y bonita para pasar el rato, pero ya se está haciendo de noche y les está entrando hambre.

— Yo quiero mexicano —anuncia Eric frotándose el abdomen con una mano—, voy a meterme diez tacos mínimo. O quince.

— Oye, planazo, eh —Ferran gira un poco la cara desde donde está tumbado para verlo mejor. Puede sentir la calidez de las piernas de Pedri cerca de su cabeza.

— Uf, sí, unas quesadillas… —Dani señala a Eric entusiasmado— o mejor, unos chilaquiles.

Ferran empieza a pensar en qué puede comer él, hace mucho que no van a un mexicano y hay tantas cosas que quiere probar. Se pregunta si tomarse también un margarita será demasiado, tienen partido en tres días, debería ser suficiente para que su cuerpo que su cuerpo procese el alcohol y la carne al pastor, su boca se hace agua ante la idea. Encima de él, Pedri alarga la mano para hundir los dedos en su pelo y habla:

— Yo quiero japonés.

Eric y Dani bufan al unísono, Ferran vacía la mente y se concentra en las uñas de Pedri rascándole la coronilla.

— Venga, hombre, el otro día cenaste sushi —Dani chasquea la lengua y gira la cara.

— Cenaste sushi con Ferran, de hecho —recalca Eric.

Es cierto, en el último viaje a los dos les entró el mismo antojo y estuvieron hablando del tema todo el camino al hotel. Comieron encerrados en el cuarto de Ferran mientras veían una peli que Pedri había elegido, el valenciano no se acuerda muy bien de qué iba pero sí recuerda que Pedri se reía mucho. Y la comida tampoco estuvo mal.

— Vale, pero quiero sushi de nuevo —insiste el canario, sus yemas trazan patrones sin sentido en el cráneo de Ferran.

— Somos tres contra uno —Dani se encoge de hombros, dando por terminada la conversación, convencido de que el capricho de Pedri no va a llegar muy lejos.

Ferran empieza a pensar en takoyakis.

— ¿A ti te apetece japo, Ferri? —Pedri enreda su indice en los mechones más largos de Ferran, los que nacen del punto más alto de su cabeza.

— Me quedé con ganas de probar el temaki ese —murmulla con los ojos cerrados, deshaciéndose bajo los dedos fríos de Pedri.

— Ferran, venga ya —Eric le da un golpe en las costillas con el dorso de la mano.

— Él no ha dicho que quisiese tacos —señala Pedri, muy astuto.

— Ha dicho planazo —le recuerda Dani.

Es verdad. Pero también es verdad que ambos son buena elección, ojalá no estuviesen en mitad de la temporada porque podría comerse los dos. De primero, tacos; de segundo, takoyakis y nigiris; de postre, gofres. Si se va a saltar la dieta, se la salta bien.

— Ferri —lo llama Pedri y baja los dedos a su frente, Ferran echa la cabeza hacia atrás para verlo bien—, ¿tú qué quieres?

Es un poco injusto, piensa, que Pedri se vea tan bien incluso desde un ángulo tan complicado como este. Se ha cortado un poco el pelo así que los mechones más largos ya no le llegan a los ojos, pero caen sobre su frente despreocupados. Lleva ese peinado que tantos se esfuerzan por conseguir con geles y cera, el look de "no me lo he currado pero tengo el pelo así de bien". A Pedri sí le sale solo, a él no. Se corrige a sí mismo: es muy injusto.

— ¿Por qué tiene que elegir Ferran? —pregunta Dani.

— Eso, eso —concuerda Eric—. Aunque diga que quiere japonés sigue siendo empate, dos contra dos.

— Sí —Pedri deja de mirarlo y Ferran arruga los labios en un puchero—, pero les recuerdo que vinimos en su coche.

— Oye, esto no es justo —se queja Dani.

A Ferran el ruge el estómago por tercera vez, y empieza a dolerle de hecho, así que, con mucho pesar, se desenreda de los dedos de Pedri y se levanta. Tiene la espalda un poco dolorida pero Pedri ha estado de vez en cuando acariciándole el pelo, los brazos, la cara incluso. Ha merecido la pena, ha sido relajante.

— Vamos, anda, que tengo tanta hambre que me podría comer un elefante entero —y empieza a caminar de vuelta al coche.

Escucha pasos tras él y las voces de sus amigos que siguen peleándose sobre el restaurante. Piensa de nuevo en los tacos, en que lleva casi un año sin siquiera oler comida mexicana y que ya se había hecho a la idea de tomarse un margarita esta noche. Pero también piensa en Pedri y en el sushi, en que cuando el canario está muy feliz sonríe con todos los dientes y arruga los ojos. El sushi lo haría muy feliz ahora mismo.

Apenas llegan al parking, va directo al maletero para guardar las mochilas, las voces tras él se han callado un poco y oye como alguien corre hacia él. Sabe perfectamente que es Pedri y también sabe perfectamente que la decisión ya estaba tomada antes de que el canario lo alcance.

— ¿Al final qué? ¿Dónde quieres ir? —Pedri pone ambas manos en sus hombros y asoma la cabeza para verlo mejor. El agarre deshace los nudos que se le habían formado por la mala postura.

— Hay un japonés que nos pilla un poco lejos, pero está más cerca de casa.

Pedri salta entusiasmado, usando sus hombros como punto de apoyo, y roza sus labios contra la parte alta de su nuca, donde acaba el crecimiento de su pelo. No es un beso porque no hay presión y dura como mucho dos nanosegundos, pero Ferran siente un hormigueo que nace donde se ha producido el contacto y se expande por todo su cuerpo. Nunca ha metido los dedos en un enchufe, pero se debe sentir así.

Pedri se separa para dirigirse al asiento del copiloto.

— Venga, hombre, Ferran —Dani lo alcanza también y lo empuja suavemente mientras él cierra el maletero.

— Te tiene cogido por los huevos, eh —Eric le da una palmada en el hombro.

— ¿Qué coño decís? —se gira confuso y ve como sus amigos lo miran con ojos divertidos.

— Si no lo ves tú… —Eric niega con la cabeza.

— No vamos a ser nosotros los que digamos nada —Dani completa la oración mientras abre la puerta de atrás.

Ferran sube al coche y conduce sin pensar en lo que le han dicho porque realmente no merece la pena, estarán picados porque ellos querían tacos y Pedri y él quieren sushi. Pues que les den.

De camino al restaurante, pasan por una taquería muy buena a la que no suelen ir mucho, porque tiende a haber mucha gente y ellos, no es por ser arrogante, son famosos. Hoy, da la casualidad, que está prácticamente vacía y a Ferran vuelve a rugirle el estómago con fuerza cuando el coche se aleja del local. En el asiento trasero, ve como sus amigos sueltan el aire por la nariz en un intento de no reírse, pero en el asiento del copiloto Pedri mira por la ventana y se muerde el labio, distraído. Dos tontos atrás y un canario bonito en el frente. Él sabe perfectamente lo que prefiere.

El restaurante japonés es muy bonito, muy privado y también muy caro. Eric y Dani, al otro lado de la mesa, miran la carta desconfiados y Pedri elige por sí mismo y por Ferran, porque realmente el valenciano no tiene preferencia y, en cuanto a sushi, Pedri sabe más que él.

— Joder, Ferran, podríamos estar tú y yo metiéndonos tacos de dos en dos —le reprocha Eric en un susurro cuando Pedri va a lavarse las manos.

— Pero el japonés está más rico, anda, hay más variedad.

Sus amigos intercambian una mirada cómplice y vuelven a sofocar una risa. Él los ignora y bebe de su vaso de agua, aunque pensando en el margarita que quería.

La cena es mediocre. Pedri no se acaba sus nigiris así que Ferran se los come, en parte por costumbre y en parte porque el canario lo mira con esos ojos de cachorrito a los que no puede resistirse. Al final de la noche, le da igual que Dani y Eric se rían de él por enésima vez mientras pillan un taxi, o que haya acabado tan lleno que sienta que va a vomitar todo el camino de vuelta, porque cuando deja a Pedri en su casa, este enreda los dedos en el pelo de su nuca de nuevo y le da un beso en la mejilla.

Al día siguiente en el entrenamiento, se siente tan pesado que le cuesta correr y no consigue recibir ningún pase. Gavi vuelve a cagarse en sus muertos y puede que esta vez se lo merezca.

ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ☾ ˖°˖ tres ˖°˖☽ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ

Los días de contenido son más relajados que los de entrenamiento, pero también mucho más aburridos. Les han hecho fotos con todas las equipaciones, incluso con alguna de la temporada que viene que, en su opinión, es un poco fea. Hay un tercer kit amarillo fosforito y todos lucen ridículos, cuando les han hecho la foto en grupo parecían un paquete de subrayadores.

Bueno, casi todos, porque Pedri, de alguna manera, sigue estando guapo incluso vestido de rotulador. El pelo le ha vuelto a crecer, le cae sobre las cejas y algún que otro mechón le roza un poco las pestañas. Las de maquillaje le han puesto un poco de colorete y está tan tierno que Ferran quiere darle un bocado, morder su mejilla como si fuese un mochi.

Después de las fotos con la equipación entera, les toca cambiarse y ponerse unos vaqueros. Un look más casual, para que la gente quiera comprar la camiseta porque combina bien, dice el equipo a su alrededor. Ferran solo piensa que el color es tan horrible que no hay esperanza.

Lo ponen delante de la cámara y le ordenan que se quede quieto, que levante un poco los puños, que ponga cara de haber ganado un partido. Él obedece lo mejor que puede, nunca se le ha dado muy bien esto de posar, se queda siempre tieso como un lego.

— Venga, Ferran, ahora un poco sexy —dice el fotógrafo detrás de la cámara.

— ¿C-cómo? —tiene que haber escuchado mal.

— ¡Dale, Ferri, con la cara que le pones a las pibas! —Dani tiene ambas manos al lado de la boca para que su voz suene más alta. Menudo imbécil.

— ¡Oh, soy Ferran Torres! ¿Quieres follar conmigo? —Eric se une al alboroto, mira hacia el techo y sacude las manos junto a sus hombros.

Se le sube toda la sangre a la cara y sus mejillas arden a más no poder. El fotógrafo asoma la cabeza detrás de la lente y levanta las cejas, pidiéndole con la mirada que haga algo más que quedarse parado con cara de gilipollas. Él solo es capaz de sacar un poco de pecho con los brazos doblados, y luego hace como que se muerde un dedo. El chico parece satisfecho porque le lanza un pulgar hacia arriba y Ferran sale corriendo, dejándole el hueco a Pedri.

— ¿Por qué tan tímido, eh, tiburón? —Dani le da un codazo.

— Que te jodan —masculla Ferran.

— No puedes aparecerte así con cara de tonto en tu cita de esta noche —le recuerda Eric.

Ferran va a mandarlo a la mierda cuando ve cómo el fotógrafo se acerca a Pedri y probablemente le da las mismas instrucciones, porque ve como el canario se gira un poco y flexiona el brazo para marcar músculo. La saliva se le atasca en la garganta cuando nota como el bíceps del canario llena por completo la manga, el dobladillo tan estirado que las letras se deforman un poco. No se había fijado en lo fuerte que está su amigo.

El chico detrás de la cámara eleva las manos, como pidiendo más y Pedri, siempre tan bueno y tan obediente, se lo da. Vuelve a ponerse de frente y agarra el borde de la camiseta con los dedos y lo levanta un poco, lo justo para enseñar el elástico de los calzoncillos y un poco de músculo. A Ferran le arden las mejillas.

— Menudo guarro, ¡tápate anda! —chilla Dani.

Pedri simplemente lo mira con las cejas levantadas, como retándolo, y levanta la camiseta un poco más. Se ve perfectamente la línea del abdomen, como baja y se pierde en los calzoncillos. Ferran se pregunta hasta donde llegará, como acabará eso transformándose en su pubis. Es una duda de verdad, porque a él no se le marca tanto, le nace mucho más abajo y es como que su abdomen y sus piernas estuviese todos conectados. Pedri parece más un muñeco hecho por piezas, todas maravillosas, encajando a la perfección.

— ¡Ahora enseña la polla, no tengas miedo! —lo reta Eric con la barbilla levantada. Ferran se gira hacia él con el ceño fruncido porque ¿qué coño está diciendo?

El canario solo se ríe por la nariz, con esa sonrisa de lado suya de cuando sabe que esta ganando, y engancha el pulgar de la mano que no sujeta la camiseta en el elástico del bóxer. No lo baja, solo lo estira un poco, no se ve nada realmente pero la boca de Ferran se abre sola ante el gesto. Es la combinación del descaro, la absoluta desvergüenza y el hecho de que no se esperaba esto de Pedri lo que lo deja un poco descolocado. El canario aunque tenga cara de bueno es un cabrón, pero esto es diferente, lo siente en el pecho, en la tripa.

— Pero ¿y este qué hace marcando lo que no tiene? —dice Gavi en un falso susurro porque quiere que Pedri lo oiga.

Las palabras solo avivan más el fuego, el canario baja un poco el pulgar y apoya las yemas de su otra mano en sus abdominales. Ferran puede ver perfectamente la piel del comienzo de su cadera, dorada por el sol y desde su posición se ve tersa y suave, pero jugosa. Su mente se llena de nectarinas.

Sus amigos siguen gritando cosas, cada cual más indecente que la anterior, hasta que Pedri acaba y se dirige hacia ellos con las cejas muy levantadas.

— Cualquiera diría que están enamorados de mí.

— No, hermano, es que das grima —Gavi le da dos palmaditas de consuelo en el hombro.

— ¿Qué dices, anda? —Pedri levanta un lado de la boca y Ferran se da cuenta de que también le han puesto algo en los labios, las luces reflejan de manera diferente.

— Ahí intentando parecer un folletis —Dani mueve el índice de un lado a otro—. No te sale, bro, no te agobies.

— Venga, venga. Si estoy to' bueno —Pedri se pasa las manos por el pecho con aire de suficiencia.

— Sí, bueno para nada —Eric se ríe con fuerza, Dani y Gavi lo acompañan. Ferran sigue mirando el brazo de Pedri, no entiende ni cómo ni cuándo el canario se ha puesto tan fuerte. ¿Qué le están dando de comer?

— ¿Tú qué opinas, Ferri? —Pedri se gira hacia él, lo mira a través de las pestañas y Ferran se pierde en sus ojos, su pelo, sus mejillas coloradas, sus labios brillantes, y se queda en blanco.

— ¿De qué? —no ha escuchado muy bien la pregunta ni la conversación, su mente está sustituyendo la cabeza de Pedri por una nectarina gigante.

— Que si crees que está buenorro —le explica Gavi y suelta una risa cuando acaba de hablar, Dani y Eric lo miran con la misma cara que tenían el otro día en el restaurante, Pedri se muerde el labio.

— ¿Quién? —la pregunta no tiene sentido. ¿Qué va a saber él si Pedri está bueno o no?

— Eso es un no, Pedrito, espabila —el sevillano le da dos golpes suaves en la mejilla al susodicho y Pedri solo mira a Ferran con los ojos muy abiertos.

Sus amigos se dispersan, dando por finalizada la conversación. Caminan todos a la zona de descanso, frente a Ferran, Dani y Pedri hablan de algo entre risas y a él se le ocurre la terrible idea de bajar la vista. La camiseta se pega a la cintura del canario, Ferran no sabía que la tenía tan estrecha, y su culo rellena muy bien esos vaqueros. De nuevo, ¿qué coño está comiendo Pedri para estar así? Antes no lo estaba, él lo sabe bien.

Esa misma noche tiene una cita, amiga de una amiga de un amigo, por probar, conocer gente, darle alguna alegría a su madre. Después de la cena y el paseo cutre porque no quiere que lo reconozcan, acaba en casa de ella, entre sus piernas. Es muy guapa, alta, atlética y tiene pecas por toda la cara. Besa muy bien, lo toca incluso mejor, sabe dónde morder, donde apretar, cómo mover la mano para que se vuelva un poco loco. Es cálida, lo envuelve a la perfección, le deja la piel ardiendo y un nudo en la tripa que lucha por deshacerse, y Ferran se traga los gemidos de ella con besos.

De repente, a su mente vienen recuerdos de Pedri esta misma mañana, con el dedo enganchado en el elástico de los calzoncillos, la mano tirando un poco de la camiseta hacia arriba. Su cabeza le muestra los abdominales del canario, los músculos que desaparecían bajo sus pantalones. Y tal vez debería ser raro, pero es la imagen de Pedri lo que lo empuja al orgasmo. Bajo su cuerpo, la chica se retuerce y le araña la espalda, él baja a su cuello porque le da vergüenza admitir que se ha olvidado de su nombre.

Una hora después, metido en su propia cama, con el pijama y sin ningún resto de sexo porque se duchó al llegar, le manda un mensaje a Pedri.

ferran, 00:46
no le hagas caso a esos tontos eh
estás buenorro

Durante una fracción de segundo, se pregunta si es algo raro que decirle a su mejor amigo pero Pedri preguntó, ¿no?

Unos días después, la chica, Lucía según su móvil, le manda un mensaje para preguntarle cómo tiene el calendario el jueves. En retrospectiva, la cita se le hace insulsa, no eran compatibles en lo absoluto y el sexo… bueno, los ha tenido mejores. Por eso mismo, aún teniendo la tarde del jueves libre porque sale antes de entrenar, le dice que imposible y le pide perdón porque no cree que esto vaya a ninguna parte.

Es consciente de que no fue la mejor noche ni ella es el amor de su vida, pero correrse con la imagen del pulgar de Pedri en el elástico del bóxer ha ascendido a uno de los mejores orgasmos que ha tenido nunca. No piensa mucho en lo que eso implica, porque él podrá ser heterosexual (en duda), pero ciego no.

ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ☾ ˖°˖ cuatro ˖°˖☽ᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧᐧ

La noche antes de un Clásico, especialmente los que se juegan en Madrid, son siempre para jugar al Pueblo Duerme. Es el entretenimiento más adecuado que hay, les desaconsejan las pantallas a partir de cierta hora y tienen que portarse muy bien para estar perfectos al día siguiente, cuando se enfrentan a los merengues.

Llevan unas cuantas partidas y a Ferran no le ha tocado nada de momento. El que reparte los roles es Lamine y esta tarde el valenciano ha dejado un comentario medio vacilón en Instagram y ahora está pagando las consecuencias. El que también está pagando consecuencias es Dani, que le ha dicho a Pedri que es un paquete en el Rocket League y cuando al canario le ha tocado ser lobo, el de Terrassa ha muerto el primero.

Empiezan otra partida, en la que a Ferran no vuelve a tocarle nada, y solo pide que por lo menos lo dejen jugar y no lo maten al principio. Lamine los manda a cerrar los ojos, pide a los lobos que maten y, cuando todos vuelven a abrir los ojos, Pedri se revuelve en el asiento a su lado y Ferran siente como sus rodillas chocan.

— Ha muerto… —la mirada de Lamine recorre las caras en el círculo— Dani.

— Venga, hombre —se queja el rubio y cruza los brazos molesto.

— Eh, que los muertos no hablan —señala Pau.

Siente la pierna de Pedri contra la suya, han juntado las sillas de más y ahora están pegados de cadera a muslo, su propia pierna se sacude en reacción al movimiento. El canario está nervioso.

— Yo creo que es Pedri —acusa Eric.

— Por la puta cara —Pedri echa la cabeza hacia atrás, ofendido.

— Venga, tío, te has cargado a Dani de nuevo. Está clarísimo —insiste Eric estirando el brazo y señalando al muerto. Dani levanta las manos y se encoge de hombros.

— A ver si lo mataste tú y ahora quieres acusarme a mí.

— Hostias, Pedrito, mientes fatal —Eric niega con la cabeza y chasquea la lengua.

— Pero si dijiste que soy yo antes de que abra la boca —estira ambas manos con las palmas hacia arriba, Ferran nota como le tiembla un poco el pulso.

— Eso es verdad, eh, Eric, te has lanzado a por Pedri sin saber nada —Gavi asiente lentamente, pasando la mirada de uno a otro.

Las acusaciones continúan y Ferran intenta seguir el hilo. Eric y Pedri insisten que no son, alguien acusa a Pau por lo bajini y el chico responde con un insulto en catalán, Fermín dice que es Rapha y Gavi se mete solo para acusar a Ferran. El valenciano gira la cabeza de un lado a otro confuso, él ni siquiera ha dicho nada y todo el mundo sabe que Lamine no le está dando una mierda. Su pierna se sigue sacudiendo por Pedri revolviéndose en la silla.

Lamine interrumpe la discusión para decir que es el momento de defenderse por última vez y votar.

— Que es Pedri, que la tiene tomada con Dani por lo del Rocket —reitera Eric.

— Eric, supérame y deja de cargarme el muerto, anda —Pedri baja las manos y sus dedos se plantan en el muslo de Ferran. El valenciano siente sus uñas a través de la tela fina del chándal.

— Que sí, venga, ¿todos listos para votar? —pregunta Lamine al círculo.

Todos asienten menos Ferran, que solo puede concentrarse en que tiene los dedos de Pedri en el muslo.

— Va, Ferran, es Pedri claramente, no hagas el tonto —avisa Eric con la expresión muy seria.

— Ferri —susurra Pedri a su lado y él se gira para verlo bien. Tiene las mejillas rosas a pesar de que no han hecho ningún esfuerzo y se lame los labios, los deja brillantes, y huele a gofres con nutella y rodajas de plátano, y lo mira con esos ojos de cachorrito—, no soy yo, te lo prometo —asegura y clava las uñas en el músculo—. Es Eric, que quiere hacerte el lío.

A Ferran se le olvida de qué iba la partida, no se acuerda ni de quién ha muerto. Solo sabe que quiere pegarle un bocado a Pedri en la mejilla porque es ilegal lo bien que huele, y puede que también comprarle unos guantes porque el frío de sus dedos se está colando a través de la tela.

— Bueno, a votar —anuncia Lamine—. Uno, dos, ¡ya!

Ferran vota a Eric porque Pedri tiene razón, lo ha acusado sin pruebas y sin que el canario haga algo sospechoso. Es el voto de Ferran el que hace que los dos empaten y la partida continúa, no sin que Eric le recuerde que es un gilipollas.

Eric muere en la siguiente ronda, Ferran, tres rondas después, y cuando se queda con los ojos abiertos mientras los lobos matan a su última víctima ve que, en efecto, uno de ellos era Pedri. Al otro lado del círculo, el catalán lo mira con las cejas levantadas y niega con la cabeza muy lentamente. ¿Qué? Un error lo tiene cualquiera.

La partida acaban y el grupo se dispersa, se está haciendo tarde y tienen que irse a dormir en breve. Eric y Dani se acercan donde Ferran y Pedri están recogiendo sus cosas antes de subir a las habitaciones.

— Pedri, eres malísimo a este juego, cabrón —dice Dani cuando llegan a su lado.

Ferran tiene su sudadera y la de Pedri en el brazo, el canario se aleja siguiendo a sus amigos y se deja el móvil en la silla, que él también recoge y se apresura por alcanzar al grupo.

— Suena a que a alguien no le gusta morirse tan pronto —Pedri se encoge de hombros, estira el brazo hacia atrás buscando la presencia de Ferran. El valenciano se acerca más, le aprieta el antebrazo para hacerle saber que está ahí.

— No, hermano, es que eres un ansias matando a los que te caen mal —espeta Dani.

— Claro, coño, estrategia —Eric se golpea las sienes con dos dedos—. Espérate un poco antes de cargarte a Dani, que eres muy obvio.

Ferran camina muy pegado a Pedri, siente la calidez de su cuerpo a través de su camiseta, huele los gofres y el plátano. Sonríe involuntariamente, ojalá pudiese embotellar a Pedri y llevárselo a todas partes, porque ahora le toca volver a su habitación que huele a productos de limpieza y el pedo que se ha tirado Gavi esta tarde porque se cree gracioso.

— ¿Tú crees que soy mal lobo, Ferri? —la voz de Pedri lo saca de sus pensamientos, que también son sobre Pedri. No se libra de él nunca, pero tampoco le importa.

— Mmh, no —Ferran se encoge de hombros y se acerca todavía más, roza la muñeca de Pedri con sus dedos y siente electricidad. Será el roce de la tela sobre la moqueta o algo así, no tiene ni idea, suspendió física en la ESO.

— Joder, pero la opinión de Ferran no cuenta —se queja Dani y a su derecha Eric sacude los hombros en un intento de aguantarse la risa.

— Porque lo digas tú —el valenciano intenta defenderse dándole una colleja a Dani por detrás de Pedri, pero este se aleja y empuja a Eric consigo.

Gavi se une al grupo, en el hueco que se ha abierto y le pasa un brazo al canario por los hombros.

— ¿De qué hablamos? —pregunta, girando la cabeza de un lado a otro para ver a todos sus amigos a la vez.

— Que el puto simp de Ferran nos ha jodido la partida —Eric lo acusa con un dedo.

— ¡Oye! —responde Pedri antes de que él pueda defenderse.

Ferran se dispone a decir algo, a insultar a Eric de vuelta o a sacarle el dedo a Dani que claramente está riéndose de él, pero Pedri entrelaza sus dedos y mete sus manos en el bolsillo de la sudadera de Ferran. Están muy pegados, como siempre, y la calidez de la mano de Pedri sube por su brazo hasta su pecho y su cabeza, y él no puede pensar en nada más. Le dan igual Eric y Dani, y Gavi riéndose como un loco cuando los mira, solo le importa el punto de contacto en su bolsillo, la palma de Pedri contra la suya.

Cuando llegan a su planta, todos se separan y se dan las buenas noches, Ferran tiene que soltar la mano de Pedri con mucho pesar, aunque todavía tenga su sudadera y su móvil. La distancia no dura mucho porque el canario se pega a él de nuevo una vez los demás han desaparecido tras las puertas y se mete con Ferran en su habitación. No hablan mucho, solo se meten en la cama juntos como muchas otras veces y Pedri se acomoda en su pecho e inhala profundamente.

— Huele raro —dice con la boca aplastada contra la camiseta del pijama de Ferran.

— El cabrón de Pablo —explica él, poniendo los ojos en blanco.

Pedri se acomoda más arriba, su pelo acaba en la nariz de Ferran y este se va a dormir inhalando gofres y plátano. Cuando se despierta, Pedri se ha alejado de él pero tiene una mano agarrando su brazo y Ferran agradece el contacto. Se da cuenta también que la habitación huele mucho mejor, que le den a Gavi.

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Es tarde por la noche, pero la temporada ha acabado y ya no tienen hora de dormir. Pedri ha organizado una cena en su casa para celebrar, no ha cocinado él, obviamente, ha sido mayormente su madre y Ferran, que ha llegado antes que todos los demás para ayudar. La comida ha quedado maravillosa, todos están contentos y él se está tomando un vinito. Se siente casi tan bien como al ganar La Liga, casi.

Llevan ya dos o tres botellas, no las ha contado, pero la conversación ha perdido todo tipo de sentido hace un rato, cuando Gavi preguntó qué tipo de calzoncillo preferían llevar cuando sabían que se iban a liar con una chica y todos lo miraron raro, pero aún así contestaron.

A partir de ahí, ha perdido el hilo, alguien ha hablado sobre comprar criptomonedas, otra persona sobre abrirse un OnlyFans y hasta hace un rato estaban debatiendo sobre quién era más probable que se liase con una fan después de un partido o en cualquier otro momento. Todos señalaron a Ferran y él no entiende muy bien por qué. Bueno, todos menos Pedri y con eso le sirve para no sentirse ofendido.

— Vale, pero ¿quién creéis que da los mejores besos de aquí? —pregunta Gavi poniendo un codo en la mesa y acercándose a los demás, arrastra las palabras pero tiene la expresión completamente seria.

— Joder con el otro —se queja Eric y a su lado Dani se ríe con fuerza.

— ¿Qué? ¿Lo preguntas para saber a quién meterle boca? —Dani pone morritos y le lanza dos besos.

— No, imbécil. Pero si quieres que te bese, dímelo, eh, se puede solucionar —Gavi acerca la cabeza hacia él y levanta las cejas, provocándolo.

— ¿Os dejamos solos? —Eric los señala con un dedo y hace el amago de levantarse.

— No te pongas celoso, anda —Dani tira de él para que vuelva a sentarse—. Ya sabemos que el mejor soy yo, no hace falta picarse.

— Sí, hombre, porque lo digas tú —Pedri interviene y pone un puchero.

— Pues claro, ¿quién va a ser si no? ¿Tú? —Dani lo señala con la barbilla desde el otro lado de la mesa.

— Obviamente —responde el canario y todos, menos Ferran, estallan en carcajadas—. No sé de qué se ríen si saben que los canarios somos los mejores en esto.

— Oye, te has pasado con el vino, eh —Eric se estira sobre la mesa para quitarle el vaso—. Estás hablando mierda.

— Lo que pasa es que me tienen envidia —y más risas en la mesa, excepto Ferran.

Él está callado, apoyado en el respaldo de la silla y moviendo la cabeza de un lado a otro para mirar a sus amigos. Por su cuerpo corre ese hormigueo feliz de cuando bebe vino y, de vez en cuando, Pedri se mueve mucho en su propia silla y los brazos del canario chocan con los suyos. No tiene nada de qué quejarse.

— ¿Envidia de que te mientas a ti mismo? No creo —Dani se encoge de hombros y bebe de la copa de Pedri. El canario suelta un quejido y decide apropiarse de la de de Ferran, que lo mira fijamente.

La imagen hace algo en su interior, como que multiplica el hormigueo y lo acumula todo en su estómago. Pedri ha puesto los labios justo donde los había puesto él, es casi como un beso pero con la copa de por medio. El pensamiento no lo disgusta, en cambio, lo hace estar más alerta. Se sienta un poco mejor y se acerca a la mesa, siente tres pares de ojos fijos sobre él.

— ¿Y tú qué opinas, Ferran? —Gavi se gira hacia él con una ceja levantada.

— ¿De qué? —ha perdido de nuevo el hilo de la conversación.

— ¿Quién besa mejor de aquí? —le pregunta Eric acercando la cabeza al centro de la mesa, Dani y Gavi hacen lo mismo, como hienas acechando su presa.

Pedri deja la copa y baja una mano, la pone por completo en el muslo de Ferran, cerca de la rodilla. El valenciano siente como su corazón baja de su pecho a su pierna, nota los latidos justo debajo de la palma de su amigo. Lleva pantalones cortos y siente cada molécula de Pedri sobre la suya, ha vuelto a pasar lo que pasó en el entrenamiento aquella vez, la mano del canario está fría pero su piel quema.

— Soy yo, díselo, Ferri —Pedri aprieta el agarre en su muslo durante una milésima de segundo, pero es suficiente para que Ferran sienta fuego por toda su pierna.

— ¿Y cómo lo sabe Ferran, eh? —Eric se acerca aún más, tiene la cabeza apoyada en sus manos entrelazadas y alterna los ojos entre él y el canario.

— No lo sé —Ferran se encoge de hombros.

— ¿Entonces qué? ¿Es Pedri el que besa mejor? —insiste Eric con una sonrisa casi diabólica, se lo está pasando demasiado bien.

— No —se limita a decir Ferran. Pedri se gira con la boca abierta y una mano en el pecho, traicionado.

— ¿Entonces quién? —Dani se inclina aún más hacia adelante, imitando la postura de Eric y los dos lo miran con esa expresión de que saben algo que él no.

— No lo sé.

Sus tres amigos se echan a reír con fuerza, demasiada fuerza de hecho. Eric no deja de golpear la mesa con la mano, Dani tiene que agarrarse al hombro de Eric para no caerse y Gavi pone ambas manos en el abdomen. Pedri los mira con las cejas levantadas y expresión indiferente.

— Qué fuerte, macho —Gavi es el primero en hablar, después de limpiarse una lágrima con un dedo.

— ¿Fuerte por qué? —la voz de Pedri sale molesta casi. Ha quitado la mano del muslo de Ferran y ha vuelto a subirla a la mesa.

A Ferran, la ausencia le arde.

— Para una vez que Ferran no te da la razón —exhala Dani entre risas— y es sobre quién besa mejor.

— Madre mía, y nosotros vemos esto gratis —Eric habla con voz muy aguda entre las carcajadas.

Los tres vuelven a desternillarse de la risa, Ferran los mira impasible. Pedri aleja su silla levemente y su muslo siente la pérdida de calor.

Poco más de una hora después, sus amigos se han ido a casa, cada uno en su taxi, y él está en la cocina con Pedri. Ferran se encarga de tirar los restos de comida más grandes y enjuagar los platos, el canario los recibe y los mete en el lavavajillas. Es doméstico, casual, una noche más para ellos.

El silencio entre ellos nunca es incómodo, pero ahora mismo está un poco más cargado que de costumbre. Desde la conversación del beso de antes, Pedri se ha callado un poco. No del todo, pero sí lo suficiente como para que Ferran se dé cuenta de que ha dejado pasar varias oportunidades para reírse de Gavi o defenderse ante las tonterías de Dani y Eric. También ha notado, o más bien su piel, que no lo ha tocado en absoluto. Pedri suele estar tan cerca de él siempre que es inevitable que acaben rozándose, dándose golpes sin querer, pero el canario se ha quedado quieto y ha empezado a medir muy bien sus movimientos para no tocar a Ferran.

No sabe muy bien por dónde empezar la conversación, no entiende ni siquiera por qué se ha enfadado Pedri. Claramente estaban todos bromeando, la pregunta para empezar era una gilipollez (la ha soltado Gavi, ¿qué esperaban?) y nadie estaba hablando en serio. Ni Gavi se va a liar con Eric ni con Dani, y Ferran no puede confirmar que Pedri es el que mejor besa porque nunca lo ha besado. Era la verdad, ¿qué se suponía que tenía que decir?

— ¿De verdad crees que beso mal? —la voz de Pedri sale en un susurro, el canario no lo mira, simplemente acomoda platos y cubiertos en el lavavajillas.

— Nunca he dicho eso —Ferran cierra el grifo y se seca las manos, se gira directamente hacia él.

— No pero casi —Pedri sigue sin mirarlo, finge colocar los platos, que ya están bien colocados, una y otra vez.

— No, no he dicho eso, Pedri —repite Ferran y se acerca a él, se pone de cuclillas para estar a su nivel.

Pedri sigue rehuyendo su mirada, pero Ferran estira el brazo para tocarle el hombro y el canario gira la cara inmediatamente, porque de la misma manera en la que Ferran no puede resistirse a Pedri, Pedri no puede resistirse a él. Tiene el puchero de siempre, los ojos de perrito al que le han dado una patada y las mejillas rojas. Ferran nunca ha tenido las de ganar con Pedri, desde el primer minuto sabía que iba a caer.

— Has dicho que no soy el que mejor besa —le recuerda Pedri, saca el labio inferior aún más y lo mira a través de las pestañas.

— Sí.

— Pues ya está —sentencia el canario y se pone de pie para cerrar el lavavajillas y encenderlo.

Ferran se levanta también, tira de él hacia el centro de la cocina, se apoya en la isla y lo agarra por los hombros, lo coloca frente a él. Hace unos meses, ayudó a Pedri a instalar unas luces debajo de los armarios, más cálidas que las del techo, y esas son las que ha encendido. Son mucho más tenues también, iluminan la cara de Pedri con suavidad, le dan un aspecto mucho más joven, vulnerable. Se pregunta si su cara se verá igual.

— Venga, di, ¿por qué te has enfadado?

— No te costaba nada decir que sí, ¿sabes? —le reclama Pedri, ladeando la cabeza, profundizando el puchero. Ferran no es el hombre más fuerte.

— Pero, ¿qué más da? Si era verdad, no lo sé, qué voy a saber yo si besas bien o mal —se encoge de hombros y acerca un poco la cara. Lo mira con una sonrisa, intentado que se le pase el enfado.

— ¡Pero las vibras, Ferran! —Pedri explica con las manos, están tan cerca que sus dedos chocan con el pecho del valenciano—. La conversación era sobre quién crees —enfatiza la palabra con dos golpes en su hombro— que besa mejor.

— Vale —Ferran asiente lentamente—, pero es que no creo que seas el que mejor besa —envuelve las manos de Pedri entre las suya, las coloca sobre su pecho para evitar que se escape.

El canario bufa y pone los ojos en blanco e intenta alejarse, tal y como Ferran había previsto. El valenciano aprieta su agarre y tira de él. Pedri arruga la boca y mira hacia otro lado.

— Pepi —estira un dedo y lo hunde en su mejilla, Pedri tiene que apretar la mandíbula para no sonreír.

— ¿Qué quieres?

— No te enfades, va —pide en un susurro y mueve la cabeza buscando los ojos de Pedri, que sigue sin mirarlo.

— Si no me enfado.

— Pepi.

El canario suspira con desgana y finalmente posa sus ojos en él. Tiene los ojos brillantes, no por lágrimas, hay algo más detrás de su mirada, y tiene las mejillas aún más rojas. Se lame los labios y Ferran siente ese cosquilleo de antes en el estómago, el de cuando Pedri puso su mano en su muslo y apretó. Hoy Pedri huele a gominolas, porque la temporada ha acabado y se pueden saltar la dieta. Ferran podría comérselo de un bocado.

— ¿Entonces quién crees que besa mejor? —pregunta por fin Pedri. Lo mira con los ojos muy abiertos, enormes.

— Yo —y lo acerca un poco más, envuelve sus brazos en su cintura y sus caras están muy cerca.

— Qué creído te lo tienes —pretende ser una acusación, pero la voz de Pedri sale temblorosa y Ferran sonríe.

— Que no —Ferran lo acerca incluso más, sube una mano y la coloca en la nuca del canario, Pedri responde subiendo los brazos a sus hombros y posando dedos fríos en su cuello—, te lo puedo demostrar, eh —susurra y sus ojos bajan a los labios de Pedri y vuelven a subir, una y otra vez.

— A ver —son las últimas palabras de Pedri antes de que Ferran se coma la distancia y lo bese.

No siente fuegos artificiales ni explosiones, ni siente que se va a desmayar es… justo lo que esperaba. Los labios de Pedri contra los suyos es como volver a casa, meterse en la cama y acurrucarse entre Roma y Vader, es su hogar, parte de él.

Ha estado viviendo en una tarde de tormenta, pero la lluvia no dura para siempre y él sabía que iba a salir el sol, él sabía que iba a acabar besando a Pedri. No sabía si aquí, en la cocina del canario, o en otra parte de su casa o tal vez en la casa de Ferran, en el vestuario o en un hotel o después de un partido. El curso de su amistad iba dirigido aquí, desde el primer momento, desde que lo conoció todos los caminos acababan con la boca de Pedri contra la suya.

No le hace falta pensar, sabe cómo colocarse para que Pedri encaje perfectamente entre él, sus piernas y sus brazos. Es tan fácil mover sus labios, tragarse las exhalaciones de Pedri y pedir más y más con su lengua. Siente al canario temblar bajo sus manos y Ferran sabe, sin haberlo hecho nunca, que tiene que apoyar sus palmas en la parte baja de su espalda para darle estabilidad, para que se acomode mejor y pueda darle mejor acceso a su boca.

Cada día junto a Pedri, cada mirada, cada roce han ido llenando poco a poco el corazón de Ferran hasta que ya no ha cabido más y ahora lo que siente por el canario sale por sus poros, lo impregna todo, llena a Pedri de cariño y adoración. Y su amor cae y cae, llena la cocina, y hasta el lavavajillas hace menos ruido y las luces son más suaves porque todo está teñido del amor de Ferran por Pedri.

Pedri huele a chuche, su boca sabe a gominola, su lengua es lo más rico que Ferran ha probado en la vida. Podría quedarse aquí para siempre, que le den al fútbol y a la dieta y al mundial si hace falta. Su lugar favorito en en el planeta es aquí, o donde sea, siempre y cuando Pedri esté entre sus brazos y suspirando en su boca. No le hace falta más.

Tienen que separarse para tomar aire y Ferran maldice tener pulmones. Apoya su frente en la de Pedri, siente como sus labios todavía se tocan levemente. No quiere nunca más estar separado de él.

— ¿Y ahora qué, eh? —susurra Pedri sobre su boca, le brillan los ojos incluso más que antes y tiene los labios mojados. Ferran quiere comérselo entero.

— ¿Ahora qué de qué?

— ¿Quién besa mejor? —insiste el canario y le pasa el índice por el labio inferior, Ferran siente un escalofrío en la columna.

— ¿Sigues con eso? —exhala él, incrédulo, y su aliento va a parar en la boca de Pedri.

— Pues claro, dijiste que no sabías si besaba bien o no. Ahora lo sabes, puedes contestar —el canario acaricia su barba con los dedos distraídamente. El tacto enciende algo en la piel de Ferran, ser querido por Pedri es tan bonito.

— Sigo siendo yo, creo —mira hacia arriba un segundo y vuelve a bajar sus ojos a Pedri, que lo mira con la boca abierta.

— Eres un cabrón —no hay ningún tipo de maldad en su voz, sale con tanta dulzura y delicadeza que Ferran casi llora ahí mismo.

— Va, Pepi —Ferran arruga la nariz y acaricia la mejilla del canario con ella—, te doy la razón en todo. Déjame esto por lo menos.

Es verdad, ambos lo saben. Si Pedri dice que el cielo es verde, Ferran estará ahí para comprobar que en efecto el cielo no ha cambiado de color y se preguntará si tal vez se ha hecho daltónico de un momento a otro. No hay cosa en el mundo que Pedri pueda pedir a la que Ferran vaya a decirle que no, ni ahora ni antes ni en el futuro. El día que se conocieron, después de grabar, Pedri le preguntó a Ferran "¿vienes conmigo?" y Ferran solo pudo hacer caso e ir con él. Y ahora están aquí y a donde sea irá con él.

Pedri lo mira con esos ojos enormes y brillantes, Ferran casi puede verse en ellos. Es el reflejo de él más bonito que ha visto en su vida, los ojos de Pedri lo ven de tal manera que se siente desnudo y vulnerable, pero también poderoso, como si pudiese comerse el mundo. Nunca ha habido alternativa, él y Pedri tenían que acabar así.

El canario huele tan bien y, ahora que por fin se han besado, Ferran cree que por fin ha ganado el derecho de hacer algo que lleva mucho tiempo esperando: abre la boca para hundir los dientes en la mejilla de Pedri. La muerde entera, de la comisura de los labios a la esquina del ojo.

— ¿Y eso? —Pedri se ríe suavemente, sonríe con todos los dientes y la nariz arrugada.

— Siempre había querido hacer esto —es la única explicación que da—. Sabes a chuche, ¿lo sabías?

Y vuelve a morder, esta vez la otra mejilla. Pedri entre sus brazos se deshace en risas suaves, su aliento choca contra su cuello y le llega directamente al corazón. El amor en su pecho se llena más y más, y la cocina se inunda de todo lo que siente por Pedri y todo huele a gominola.

Hunde sus dientes por última vez, deja que la carne del moflete le llene la boca y se da cuenta que Pedri no solo sabe a chuche. Sabe a futuro, a felicidad, a una casa muy grande con muchas fotos y todos sus títulos en una vitrina, y tres perros que se acurrucan con ellos en la cama, y una boda en la playa de Tegueste si el mundo les deja o una ceremonia en la casa de sus padres en Foios si no.

— Te quiero tanto —susurra Pedri cuando Ferran por fin ha dejado en paz sus mejillas.

— Yo te quiero más —le pasa los pulgares por la cara para limpiarle los restos y en los ojos de Pedri reconoce la adoración absoluta.

— No creo.

Puede que esta sea la segunda vez en su historia en la que Ferran no le da la razón a Pedri. Y Pedri tampoco se la va a dar a Ferran.

Notes:

usuaria lovelynumbers escribiendo algo feliz?? pedid un deseo!! creo que lo necesitaba después de autotraumatizarme con el último lololol. gracias, gracias a todas las que estáis siguiendo brutalist. intento sacar ideas felices pero sace es un sadboi, hago lo que puedo

a ver, está corregido pero soy una tonta que se había olvidado que hoy tenía que ir a la oficina así que solo he hecho una pasada en vez de dos. si hay errores pido perdón, ya corregiré... eventualmente...

muchísimas gracias por leer, besicos guiris xx

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