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27 de agosto.
Para cualquiera sería una fecha normal, un día más en su vida, pero no para los jugadores de fútbol, sobretodo los que pertenecían a equipos que jugarían la Champions League. Ese día se haría el sorteo para crear los grupos para la fase de liga. Descubrirían contra qué grupos se enfrentarían, era importante.
Sobretodo para dos jugadores en específico.
Cada uno en un lugar diferente, distintas ciudades, distinto país. Separados por cientos de kilómetros, pero unidos por un número de contacto y sentimientos que mantenían en secreto por el bien de ambos.
Ferran se encontraba en su habitación de hotel, acababa de llegar a la ciudad y todavía no había encontrado una casa para instalarse. Estaba semi acostado en la cama, con una mano descansando en su nuca y la otra sujetando el móvil. Tenía la mirada fija en la hora mientras contaba mentalmente los segundos, pensando que así pasarían más rápido. Estaba metido en un periódico deportivo digital que se encargaría de subir las listas. Cuando su cuenta llegaba a 60 segundos reiniciaba la página, con la esperanza de que se hubieran adelantado de la hora para publicarlas.
No podía -ni quería- negarlo, estaba nervioso. Movía ligeramente su pierna flexionada, mordiéndose el labio inferior que temblaba por momentos. El motivo de sus nervios era obvio; Pedri.
La última vez que lo vio fue un par de días después de ganar el mundial. No pudieron irse juntos de vacaciones y en cierta parte lo agradecía. Era consciente de lo que sentía por él, de lo que se imaginaba cuando pensaba en él y de la reacción que eso generaba en su entrepierna. Si hubieran estado solos de vacaciones estaba seguro que no habría podido controlar las ganas de darle un giro a su amistad, por eso agradecía no haber tenido la oportunidad.
Pero lo echaba de menos y por eso estaba así ahora, deslizando el dedo sobre la pantalla para recargar la página una y otra vez, rezando por poder volver a verlo pronto, así fuera jugando contra él.
— Vamos, joder...— Murmuró, rodando los ojos al no ver actualización alguna.
Un par de minutos después, tras intentar de nuevo recargar la página, lo vio tan claro como el que dice que el cielo es azul.
Grupo 1:
- PSG
- XXXX
- XXXX
- XXXX
- FCBarcelona
- XXXX
- XXXX
Los demás le daban absolutamente igual, aunque creyó leer "Manchester City", otro de sus clubs anteriores, pero solo clavó su mirada en el suyo y el que tanto ansiaba ver.
Levantó la espalda apoyada en el cabecero de la cama, agarrando el móvil con ambas manos temblorosas, temiendo que se le cayera.
Aún con la mirada fija en ambos clubs, recibió una notificación que le hizo apartar la mirada de estos.
Pepi❤️🔥: Parece que nos veremos pronto.
Por otra parte se encontraba Pedri con el resto de su club. Todos estaban reunidos para ver contra quienes les tocaría enfrentarse. Muchos bromeaban imaginándose escenarios ficticios con diferentes equipos y otros hablaban animadamente sobre su día, pero él estaba ahí, sentado en su lugar del vestuario. Una de sus manos estaba ocupadas por su móvil, que apretaba con más fuerza de la necesaria para sostenerlo. Tenía la mirada clavada en la pantalla que habían puesto para ver en riguroso directo las listas, aunque todavía no se proyectaban.
En su cabeza pasaban varios pensamientos a los cuales ya les había dedicado bastante tiempo en la soledad de su habitación. Pensamientos sobre cómo sería la nueva temporada sin tener a su mejor amigo al lado, en cómo le iría a él en una nueva ciudad, un nuevo equipo y una nueva liga. Pero también había otros de los cuales no se sentía tan orgulloso, como las dudas de si ya le habría echado el ojo a alguna chica, si allí lo tratarían mejor que en el Barça o si encontraría alguien igual que él. Eso último siempre le hacía arrugar la nariz, tensando su cuerpo tan solo de imaginárselo.
Hacía tiempo que se había percatado de que lo que sentía por Ferran no era lo mismo que podía sentir por otro amigo. Al principio quiso excusarse diciendo que era normal, pues él no era un simple amigo más, sino su mejor amigo, pero pronto se daría cuenta de que eso no se lo creía ni él mismo, porque, ¿quién en su sano juicio fantasearía con su mejor amigo?
Cerró los ojos al recordar las veces que había abusado de su imaginación para complacerse a sí mismo, sintiendo como sus mejillas comenzaban a arder. Agradecía que todos estuvieran centrados en otra cosa, sino ya esperaba escuchar al menos 5 bromas sobre su aspecto.
Dio un suspiro pesado, apoyando la cabeza en la pared y fijando su mirada en el techo, ansioso. También sabía que estar así de nervioso por saber si te enfrentarías a tu amigo no era normal, pero a estas alturas ya se había dado por rendido.
— ¡Contra el PSG otra vez no, joder!— Exclamó alguien que ni siquiera se había molestado por reconocer la voz. Miró con rapidez hacia la pantalla, torciendo la comisura de sus labios hasta formar una sonrisa que no se le había visto antes en ese último mes.
Encendió el móvil y apretó la pantalla un par de veces, llegando hasta el chat fijado que tenía en WhatsApp.
"Parece que nos veremos pronto" Escribió casi en automático, fijándose como el mensaje era leído en menos de 5 segundos. Su sonrisa aumentó sin vergüenza alguna.
Ferri❤️🩹 : Menos mal, te juro que tenía el corazón en la boca de los nervios😮💨
Soltó una risa nasal al leerlo, porque aunque no se lo dijera, él estaba exactamente igual.
Durante el mes siguiente estuvieron hablándose todos los días. Llegaron los primeros partidos dela UEFA Nations League y con ello los entrenamientos. El primero había sido a puertas abiertas, pero eso no había sido un impedimento para Ferran, quien no se separó de Pedri en ningún momento. Sabía que no era lo mejor. Mientras stalkeaba al canario en redes sociales llegó a ver algunos rumores que, muy a su pesar, no le habían disgustado. Pero no podía evitarlo, había estado esperando por verlo dos meses enteros. Cualquiera podría aguantar, pero él, que llevaba años pegado a su amigo, no.
Pedri no había sido menos, también estaba al tanto de lo que decían sobre ellos y eso tan solo aumentaba sus fantasías, pero por su bienestar debía comportarse para acallar los rumores. Aunque al ver que Ferran se comportaba como siempre lo había hecho, se deshizo de la idea de aparentar rápidamente. Si bien en el primer entreno había dejado que este lo persiguiera cual perro faldero, él no se quedó atrás en los siguientes.
Los días que duró la concentración estuvieron llenos de miradas cómplices, roces intencionados y comentarios que, según pasaba el tiempo, iban tornándose más sugerentes. Y eso lo notaban, tanto ellos como los demás. Pero eso era lo que más les gustaba.
Y si así eran en público, la cosa se intensificaba en privado.
Al principio solo eran mensajes con bromas inocentes. Cuando hablaban no lo hacían con los demás, sino que se iban a la habitación del otro para tener más privacidad. Rápidamente las bromas se tornaban más subidas, con doble intención, pero a fin de cuentas seguían siendo solamente bromas, ¿verdad? Ahora las conversaciones duraban más, sentían como la habitación se reducía tanto que tan solo quedaba la cama.
Pero nunca pasaba nada más.
Se separaron 15 días antes del partido en el que se enfrentarían, Ferran perdiéndose el partido de España vs Croacia y Pedri ciertamente desilusionado.
En esos días los mensajes solo aumentaron y se mantenían en la misma línea, a veces incluso jugaban a querer pasarla.
Se mandaban fotos la mayoría del tiempo, enseñando lo que estaban haciendo, dónde estaban o cómo iban vestidos. En estas últimas a veces, según ellos, se les "escapaban" otras fotos en donde se mostraban sin camiseta e incluso algunas en donde solo les tapaba la ropa interior.
Ferri❤️🩹 : Lo siento, se me escapó la última
Pepii❤️🔥 : ¿Otra vez?
Ferri❤️🩹 : Exacto ;)
Ferri❤️🩹 : Algún problema? Te molesta?
Pepii❤️🔥 : Para nada
Pepii❤️🔥 : No me quejaría si se te volviera a escapar otra
Los días pasaban y las ganas de verse y sentirse aumentaban. Ninguno hacía nada para esconderlo aunque creyeran que el otro le seguía el juego por tomárselo como eso, un juego.
19 de octubre.
El Barça ya había aterrizado en París y cuando llegaron al hotel Pedri avisó a Ferran, quien estaba desesperado por recibir su mensaje. Varias veces le había dicho que podía quedarse en su casa -que ya tenía-, que quedaba cerca de la ciudad deportiva. Pedri lo interpretó como una broma más, aunque quisiera que fuera verdad, y Ferran, que lo había dicho completamente en serio, tuvo que conformarse con recibir largas de su parte.
Pepii❤️🔥 : Ya estamos en París. Bueno, en el hotel
Ferri❤️🩹 : Ya en la ciudad del amor eh😏
Pepii❤️🔥 : Lo sería si te tuviera más cerca🫣
Pepii❤️🔥 : Tenemos que cambiarnos e irnos. Recuerda que tengo la rueda de prensa, ¿la verás?
Ferri❤️🩹: La duda ofende
Ferri❤️🩹 : Eso sí, la veré con los pantalones bajados
Pepii❤️🔥 : Si no lo veo, no lo creo
Ferri❤️🩹 : Ven y compruébalo tú mismo ;)
Pedri sonrió con cierta vergüenza, apretando las piernas entre sí al sentir un ligero cosquilleo en su entrepierna, otra vez su imaginación haciendo de las suyas. Suspiró y empezó a prepararse, sin siquiera intentar reprimir la sonrisa que se dibujaba en sus labios por la emoción de estar tan cerca de Ferran.
Ferran estaba acostado en la cama. De frente tenía la televisión encendida y un canal de deportes emitiéndose. Quedaban unos minutos para que Pedri apareciera en pantalla y lo sabía por la foto que le había mandado con el chándal del club, escribiendo debajo de esta "Mientras tú estás en paños menores, otros están ganándose la vida". Se rio y le mandó otra foto como respuesta, en la que se veía la televisión y parte de sus piernas desnudas, y escribió "Veremos qué tan guapo estás trabajando ;)".
Había dejado el móvil a un lado del colchón, centrando la mirada en la pantalla al escuchar como anunciaban la llegada del canario. Instintivamente se acomodó en la cama, abriendo ligeramente las piernas. Al verlo aparecer en el plano sonrió, mordiéndose el labio inferior por la expresión facial que tenía. Estaba serio, como si hace unos minutos no le hubiera escrito bromeando y hace unas horas no le hubiera dicho que quería verlo con los pantalones bajados. En broma, claro está.
Subió el volumen cuando comenzó a hablar. No decían nada del otro mundo, preguntas sobre lo que se esperaban del partido, cómo llevaban la Champions y poco más. Él respondía con una firmeza que solo sacaba en esos momentos, pues a él nunca le había hablado así. En cierta parte le ponía celoso pero también lo agradecía, porque escucharlo así solo facilitaba la erección de su miembro, pero ya que pocas veces podía disfrutar de escucharlo de esa forma, aprovecharía el momento para dar rienda suelta a su imaginación una vez más.
Lo de que lo vería sin pantalones no era ninguna broma, al igual que todo lo que le había ido diciendo estos meses. Se encontraba solo con un bóxer, uno de los que recientemente había publicitado y que se los regalaron. Acarició la tela sin apartar la mirada de la televisión, deslizando los dedos desde el bulto que se formaba en estos hasta llegar al elástico. Al tocarlo recordó una conversación que habían tenido hace un par de días, cuando se publicó la sesión de fotos del patrocinio. Le había mandado las fotos a Pedri antes de que sus representantes las subieran, pidiéndole opinión de cómo se veían. Tenía ojos, sabía perfectamente cómo se veían y sabía que Pedri las vería en algún momento, pero quería asegurarse de ello. Como contestación recibió un par de burlas y otro par de elogios diciéndole que así tendría más pretendientas de las que ya tenía y que se vería mejor sin nada.
Apretó los labios recordando cada palabra de los mensajes y la contestación que le dio, diciendo que no le interesaba tener pretendientes a no ser que él fuera uno de ellos, y que podía comprobar qué tan bien se veía sin ellos si era él quien se los quitaba. Adentró la mano bajo la ropa interior, rozando con la yema de sus dedos toda la extensión de su miembro, llegando a notar la calidez que erradiaba su glande. Con la mano libre se bajó el calzoncillo hasta la altura de las rodillas mientras se proporcionaba caricias lentas.
Su mirada seguía clavada en los ojos de Pedri, pero pronto empezó a fijarse más en sus mejillas rosáceas por el frío y en sus labios carnosos y ligeramente agrietados. Pensó en cómo sería besarlos con rabia, morderlos hasta hacerle heridas y llenarlos de su propia baba. Rodeó la polla con la palma de su mano y sus dedos, apretándola ligeramente. Bajó la vista un poco más hasta dar con su nuez, notando como subía y bajaba por cada palabra que decía. Imaginó cómo sería lamerla y succionar su piel al punto de marcarla por días. Su mano comenzó a hacer un vaivén lento de arriba hacia abajo, sacándole varios suspiros que no se molestó en ocultar.
— ¿Cómo fue su reacción al saber que iban a enfrentarse contra Ferran Torres? ¿Siguen manteniendo relación? ¿Qué le deseas en este partido?— La voz de un periodista lo sacó de su imaginación, haciendo que tragara saliva, espectante por su respuesta. Notó como al escuchar su nombre cambió el semblante serio que había puesto todo el tiempo a una sonrisa tímida. (No se imagina lo que estoy haciendo ahora mismo con su cara en la pantalla). Sonrió a su vez, apresurando el movimiento de su mano.
— Bueno, espero que mañana no tenga tanta suerte— Dijo, manteniendo aquella sonrisa que en cualquier otro momento Ferran se derretiría por ella, pero ahora solo querría borrar haciendo que se atragantara con su polla.— Y si juega espero que no marque goles— Ferran dejó escapar una risa nasal antes de permitirse gemir por lo bajo.— Le he deseado mucha suerte para el resto de la temporada. Igualmente, habíamos hablado cuando salió el sorteo que nos íbamos a enfrentar— Miró los ojos del canario, quien evitaba hacer contacto visual con alguna cámara o periodista. Quizá por vergüenza.— Tengo muy buena relación con él a pesar de que ahora no estemos en el mismo equipo, nos vemos en la selección y hablamos...— Pedri miró hacia un lado, intentando ocultar una sonrisa que, evidentemente, no logró.
Ferran pasó la lengua por sus labios por los que se escapaban suspiros y gemidos provocados por sí mismo. Su mano recorría toda la extensión desde el tronco hasta la punta, jugueteando con esta por unos segundos. Al ser una de las zonas más sensibles un gemido más sonoro que los anteriores salió de su boca sin pudor alguno. Sonrió mientras miraba la pantalla, ahora con los ojos entrecerrados.
— Sabes perfectamente de lo que hemos estado hablando, por eso te avergüenzas...— Dijo entre suspiros.
— No tengo nada más que decirle. Simplemente que mañana no tenga mucha suerte y que nos llevemos la victoria nosotros— Concluyó Pedri, mirando hacia la cámara y sonriendo con esa picardía con la que le hablaba a él. Pero a él le hablaba con menos filtro todavía.
Se aferró al edredón con fuerza, levantando ligeramente las caderas. Acercó la mano hacia su boca, escupiendo en esta para luego volver a llevarla hacia su pene y utilizar la saliva como lubricante. Había intensificado la velocidad y su mirada ya no se encontraba en la televisión, sino en el techo. Dejó la vista perdida, imaginándose que quien se estaba encargando de su polla era la boca de Pedri y no su propia mano.
Los gemidos retumbaban en las paredes de su habitación y eso le generaba más morbo, pues se imaginaba lo mucho que se le escucharía a Pedri cuando lo estuviera penetrando en su cama.
La excitación le nubló la visión y taponó sus oídos, pero eso ahora no le importaba, siquiera lo notaba. Movió sin cesar su mano, sintiendo el conocido cosquilleo que le advertía de que estaba por correrse. No opuso resistencia alguna, los movimientos siguieron, ahora acompañados de unos movimientos de cadera desesperados y, con las últimas palabras que Pedri le concedió a la prensa, terminó corriéndose, manchando su mano, parte del abdomen y parte de su muslo izquierdo.
Miró hacia la pantalla con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta, intentando regular su respiración. Pedri acababa de irse, no sin antes guiñarle un ojo a la cámara junto con esa sonrisa tan suya. Ferran sonrió a su vez, dejando caer su cabeza contra la almohada, exhausto.
Pepii❤️🔥 : Qué, ¿me vi guapo o no?
Ferri❤️🩹 : Un poco despeinado
20 de octubre.
Ya había llegado el día y no solo lo notaban ellos, sino todos los demás. El Barça contra el PSG era un partido de los importantes, como una especie de clásico europeo en donde los parisinos eran los ganadores por excelencia. Son dos grandes equipos, pero a fin de cuentas uno tiene que ser el que acabe ganando. Por eso era un partido tan importante que ansiaban por jugar.
Gavi daba saltos por el vestuario gritando como él solía hacer, provocando una subida de cortisol colectiva a todos sus compañeros. Pedri estaba a su lado, mirando de reojo el móvil que guardaba en el bolsillo, dudando en si hablarle o no. Eran las 18:57, iban a verse en cuanto salieran de sus vestuarios, no tenía por qué escribirle, ¿no?
Una voz avisándolos de que saldrían ya lo sacó de sus pensamientos, haciendo que tragara saliva por los nervios. Se pusieron en fila según sus números, quedando él uno de los primeros. Tomó aire antes de comenzar a caminar, divisando las tiras que hacían de cortina para separar el túnel del campo. Detrás de esos plásticos estaría él, esperándolo. En verdad no sabía si sería así, pero le gustaba pensar que sí.
Poco a poco fueron pasando todos. Apartó con ambas manos las tiras, entrecerrando los ojos por los focos del campo. En cuanto su vista se acostumbró a la luz, buscó la figura esbelta del valenciano, creyendo firmemente que ahí estaría.
Y no se equivocaba.
Antes de que sus ojos divagaran por todo el campo, ya lo había encontrado. Estaba en frente suyo, caminando hacia él con una sonrisa tan radiante que podría jurar que lo deslumbraría. No se quedó atrás y fue hacia él con la misma sonrisa dibujada en los labios y los brazos extendidos. Al abrazarse ambos sintieron un escalofrío que fue desde la cadera hasta el cuello. Sabían la razón, pero no querían centrarse en eso, aunque el cuerpo a veces se mandara solo. En los segundos que estuvieron abrazados ninguno llegó a notar el corazón del otro, pues de ser así podrían jurar que estaban por sufrir un infarto.
Se separaron por compromiso, chocando miradas al mantener cierta distancia. No hacía falta ser adivino para saber el significado que tenían estas detrás.
— Hombre, Mr.Joga, ¿o debería decir Mr.Gemidos?— Ferran chocó la mano con Dani para después abrazarse.
— Eres un cabrón— Contestó el rubio entre risas, sosteniendo el café con cuidado de que no se le cayera.
— Menuda barbaridad lo tuyo— Se separó de él riendo a su vez, sin siquiera notar la presencia de un ser más pequeño frente a él.
— Buenas tardes para ti también, eh— Gavi acercó una mano a la cara de Ferran, dispuesto a molestarlo un poco. El contrario se giró a mirarlo, ampliando su sonrisa para luego saludarlo de la misma forma que lo había hecho con Olmo.
— Ven aquí, renacuajo— Lo abrazó con fuerza, notando como intentaba subirse a él cual koala. Rio y se separó de él, pues no era momento para dejar que Gavi hiciera de las suyas.— ¿Viste lo que dicen? Que me has echado del grupo que tenemos.
— No saben qué más inventarse.
Después de que Ferran saludara a todos los miembros de su anterior equipo se volvieron a juntar los 4 para ponerse al día. Conversaciones de trabajo, cómo fue la adaptación con los "gabachos" (así los llamaban en broma), sobre la odisea que fue la mudanza y mil burlas por la campaña que acababa de hacer con Intimissimi. Ellos le contaron sobre sus victorias, los nuevos integrantes del club y cómo lo extrañaban en el team Dominó. Ferran arrugó la nariz al escuchar sobre Gordon. Sabía que estaba ahí desde antes de que lo anunciaran, y cómo no iba a saberlo si era su reemplazo.
Pero Pedri no prestaba atención a las conversaciones. Desde el primer minuto tuvo su mirada fija en el cuerpo del valenciano y no pensaba parar de mirarlo. Cuando hablaba se fijaba en sus ojos, lo mucho que relucían, se notaba que estaba emocionado. Su cabello estaba más peinado que de costumbre y había ido hacía poco a la peluquería. Sonrió al recordar la foto que le había mandado sentado en la butaca de la barbería, posando en el espejo poniendo morritos. Debajo de esta estaba escrito "Arreglándome para cuando nos veamos💋", y recordó, avergonzado, lo que terminó haciendo con esa foto.
Bajó la mirada hacia sus labios los cuales se movían sin descanso alguno. Ferran hablaba mucho, pero ahora mismo no estaba centrado en escucharlo. Inconscientemente se relamió los labios, bajando la mirada un poco más. Su cuello se tensó al poner más detalle del que se debería en cómo iba vestido. Llevaba un traje, seguramente con el que grabó su presentación al PSG por redes sociales. Llegó a esa conclusión por la corbata de Dior, recordando como en una de sus fantasías le había surgido la necesitad de tirar por esta hasta tenerlo a milímetros de su rostro. Cerró los ojos momentáneamente, intentando controlarse. Bajando un poco más se topó con el cinturón que rodeaba su cintura. La hebilla brillaba por cada movimiento que este hacía, como si le invitara a quitárselo. Sin darse cuenta estaba mirando hacia su entrepierna ligeramente abultada. Recordó las fotos de la campaña de ropa interior, mordiéndose el labio inferior al sentir el cosquilleo tan conocido en su miembro.
— ¿Por qué os pusieron de gala? Parece que vais a recoger un premio en vez de jugar un partido— Preguntó Olmo, aunque apenas escuchara algo.
— Parece que querían que estuviéramos presentables para vosotros. Como si tuviéramos que alegraros la vista— Contestó con una risa, mirando de reojo a Pedri antes de volver la vista hacia su amigo.
Olmo murmuró algo que Pedri juraría que podría haber escuchado si no fuera por lo absorto que estaba en sus pensamientos. Levantó la cabeza al notar el tono sugerente en su voz, encontrándose con la mirada de Ferran. Este lo miraba como él acababa de hacerlo hace unos segundos, solo que Ferran no se escondía ni disimulaba. Pedri sonrió con cierto nerviosismo, pensando en que eso le estaba gustando más de lo que debería.
Unos minutos después tuvieron que separarse para ponerse las equipaciones. Se despidieron con un simple choque de manos y un abrazo que no duró más que un segundo, pero eso había sudo suficiente. Ferran logró apoyar la cabeza en su hombro. Rozaba la punta de su nariz contra la oreja de Pedri, provocándole un ligero cosquilleo por el que no se atrevió a quejarse.
— Espero tener esa suerte que no me deseas y meter todo— Dijo en un susurro, con el tono sugerente con el que Pedri ya se había familiarizado.
Las palabras acariciaron la oreja del canario, metiéndose por su oído y provocándole un escalofrío por la columna vertebral. Pedri lo miró de reojo, sonriendo con picardía. Ahora mismo no le importaban las cámaras que los enfocaban, ni los compañeros que tenían alrededor. Ni siquiera se preocupó por cómo influiría en su amistad lo que diría.
— Mientras que no sean goles, puedes meter lo que quieras— Contestó con el mismo tono que el valenciano acababa de utilizar, fijándose en cómo la comisura de sus labios se curvaba, formándose esa sonrisa que tantos suspiros le había sacado en su intimidad.
Con cada uno ya en su respectivo equipo, hicieron un breve entreno minutos antes del comienzo del partido. Ya habían salido las listas de los titulares y sabían que sería difícil encontrarse, pues Pedri salía de titular y Ferran de suplente, pero confiaban en poder coincidir, así fueran unos minutos.
Comienza el partido. Todos jugaban con más fuerza de la que deberían, provocando varios parones del juego para atender las faltas que estaban cometiendo. Por cómo se veía se sabía que sería un partido reñido, como todos los que habían jugado. La velocidad de los jugadores era superior a como usualmente corrían e intentaban hacer jugadas que el rival no conociera para desconcertarlos, pero se las ingeniaban para pararlos. Nada fuera de lo común en este enfrentamiento.
Ferran, desde el banquillo, dejaba que su mirada se perdiera entre los jugadores hasta dar con el que estaba buscando. Mentiría si dijera que estaba prestando atención al partido como tal, pues solo se enteraba de lo que estaba pasando cada vez que Pedri poseía el balón, así fuera por unos segundos. Él sabía que pasaría esto y que no podría evitarlo porque tampoco haría algo por impedirlo.
Cuando se enteró de que se enfrentarían siempre intentaba imaginarse cómo sería verlo con una equipación distinta a la suya, pero nunca lograba que la imagen mental le convenciera. Era raro. Llevaban años compartiendo club y vistiéndose con los mismos colores, y ahora que ya no tenía que imaginarse cómo se vería, se alegraba. Se alegraba porque, por primera vez, la idea de no jugar juntos no le deprimió, sino todo lo contrario. El barça llevaba una equipación diferente a las principales que tenían esta temporada, pues todas se las habían denegado para jugar contra ellos. Pero eso no le importaba, para nada. Él había jugado con esa equipación el año anterior, recordaba las celebraciones conjuntas con Pedri y apretó las piernas por instinto, respirando lo más calmado posible para no empalmarse en frente de sus compañeros.
Unos gritos hicieron que posara su mirada en el pelotón de gente que se estaba formando en el campo. Otra falta, pero esta parecía un poco más grave que las demás, en esta tendría que darse un cambio. Se acercaron todo lo que pudieron para saber de quién se trataba, aunque lo más seguro es que todos los supieran, menos él, que no prestaba atención alguna. Se trataba de un compañero suyo, concretamente, Dembélé. Pedía cambio y ahí fue cuando notó la mirada de Luis Enrique. Por un momento dejó de respirar, sabía que saldría pero no se imaginaba que fuera en el minuto 20 del partido.
Sus sospechas fueron ciertas, tras un cambio rápido de camiseta entró al campo cubriendo al jugador francés que acababa de salir. Buscó con la mirada a Pedri, quien estaba sonriendo desde que lo vio cambiarse para entrar en el terreno de juego. Correspondió la sonrisa y se posicionó donde debía, pensando en que jugar ese partido sería más difícil de lo que había pensado en un inicio.
Rápidamente se acopló en el partido, adaptándose al ritmo al que estaban jugando. Tenía que tener cuidado, pues sabía que tanto ellos como su equipo anterior tendían a ser muy brutos cuando había tensión. Tuvo alguna ocasión de tiro, pero ninguno acababa en gol. Intentaba no estresarse, pero la verdad era que no estaba tan metido en el partido como le gustaría. Sabía que había alguien que le impedía estar completamente concentrado y que, lastimosamente, no podría hacer nada para evitarlo.
Un choque con Vitinha hizo que Dani cayera al suelo soltando un grito de dolor. Todos se acercaron a comprobar su estado. Ferran se acercó con rapidez, preocupado por el bienestar de su amigo. Ya había perdido la oportunidad de enfrentarse contra Eric por una lesión, ahora solo rezaba por poder jugar unos minutos más contra Dani.
— ¿Qué pasó? ¿Está bien? No es nada, ¿verdad?— Aburrió al árbitro con tantas preguntas las cuales fueron contestadas indirectamente con el llamamiento de los médicos.— Dani, ¿te duele mucho? Vas a estar bien, ya verás que es una tontería— Apoyó una mano en el hombro del recién nombrado, quien solo podía agradecerle su preocupación entre quejidos.
Ferran miró a su lado donde estaba Pedri intentando saber el estado de su compañero. Se acercó hacia él, poniendo la mano frente a su boca para que evitar que, a través de las cámaras, pudieran leerle los labios.
— No se sabe todavía lo que tiene, pero lo van a cambiar fijo, ya han mandado que vengan los médicos— Le explicó, fijándose en cómo suspiraba por la rabia. Se apartaron del pelotón de gente, caminando uno al lado del otro.
Inevitablemente Dani fue sustituído por Fermín.
— Joder con los de tu equipo, podrían relajarse un poco, que a este paso se cancela el partido por falta de jugadores— Contestó Pedri con fastidio, copiando la acción de taparse la boca.
Ferran le dio un codazo suave, sonriendo ligeramente.— Oye, no somos nosotros los únicos que entramos con ganas.
Pedri sonrió descaradamente al escucharlo, olvidándose del tema inicial del que estaban hablando. Miró por encima del hombro la escena, comprobando que todos ya estaban dispersándose para volver a sus posiciones.
— Lo sé, yo también entré con bastantes ganas— Contestó, dándole una última mirada antes de alejarse de él para posicionarse. Ferran lo siguió con la mirada, lamiéndose los labios al fijarse en cómo se le marcaba el culo con los pantalones de la equipación.
El partido seguía y cada vez se acercaban más. Cualquiera diría que era porque las jugadas lo pedían, incluso ni lo notarían, pero ellos sabían la verdad. Cada vez que el balón estaba lejos de ellos, aprovechaban a acercarse el uno al otro. Daban un par de pasos hacia donde estaba el contrario, sin siquiera mirarse. Trataban de disimular, pero esa falsa indiferencia tardaría poco en acabarse.
Atacaba el Barça. La llevaba Pedri y, por obras del destino -que es bastante sabio-, fue Ferran quien tuvo que pararle los pies. Ambos se miraron y Pedri escondió el balón detrás de sus pies, mientras Ferran se acercaba e intentaba quitárselo. Terminó dándole la espalda, buscando con la mirada a algún compañero al que se la pudiera pasar. Por un momento sintió el peso del cuerpo de Ferran en su espalda. Este chocaba su pecho contra él, intentando intimidarlo para poder hacerse con el balón. Pedri arqueó ligeramente la espalda, levantando la cadera para alejarlo de su objetivo. Se mordió la lengua al hacer eso, pues ahora su culo hacía contacto con la pelvis del mayor, cosa que notó por cierto bulto que comenzaba a ponerse duro entre sus nalgas. Ferran posó sus manos en la cadera de Pedri, apretando el agarre y a su vez pegándolo a él inconscientemente.
Ese gesto que duró apenas escasos segundos fue todo para ellos. Por un momento se habían olvidado de dónde estaban, de qué estaban haciendo y quiénes eran.
Pedri logró pasarle el balón a Raphinha, dejando de tener una excusa por la que los dos estuvieran en esa posición. Miró por encima de su hombro el rostro de Ferran, quien respiraba con la boca entreabierta y fijaba su vista en las nalgas que aprisionaban su pene.
Arqueó un poco más la espalda, flexionando las rodillas. Esto hizo que su culo se pegara más contra el cuerpo de Ferran, provocando que este soltara un suspiro ahogado. Después de restregarse con la excusa de estar cogiendo impulso, echó a correr por el campo hacia donde estaban el resto de sus compañeros, dejando a Ferran quieto en el sitio, con una creciente erección que sería difícil ocultar en pleno partido.
Eso fue la gota que colmó el vaso. No importaba el gol que acababa de marcar el PSG, ni los que vendrían por parte de ambos equipos. Acababan de sobrepasar la línea con la que tantas veces habían vacilado por mensaje y sabían que ahora no habría vuelta atrás. Pero no les importaba, porque ahora sabían que ninguno se opondría.
Después de los primeros 45 minutos más 3 de añadido, ambos equipos fueron a sus respectivos vestuarios. Mientras en el vestuario del PSG se les felicitaba por ir ganando, en el vestuario del Barça se estaba dando un sermón de Flick hacia los jugadores sobre lo que estaban haciendo mal. Pedri rodaba los ojos cuando se aseguraba de que no lo estaba viendo, pues sentía que no se merecía escuchar eso. Era uno de los únicos que estaban haciendo cosas de provecho, no quería escuchar un regaño cuando toda su concentración se iba a intentar no empalmarse de nuevo.
Levantó la mano para llamar la atención de su entrenador, quería irse de ahí lo más pronto posible. Necesitaba ir al baño, pero no a los que estaban en el vestuario, sino los de afuera, los del pasillo.
— ¿Puedo...?— Preguntó con voz suave, señalando la puerta. El míster asintió con la cabeza, pues era verdad que él no necesitaba escuchar la chapa que estaba dándole a los demás. Le agradeció con la cabeza, se colocó el pantalón antes de levantarse y fue hasta la puerta, cerrándola tras él.
Apoyó la espalda en la puerta, soltando un suspiro debido a la desesperación de la situación. Se llevó las manos a la cara, masajeando por momentos su frente. ¿Qué acababa de pasar? Lo sabía perfectamente, lo sabía porque era una de las tantas cosas que se había imaginado en esas noches en las que había abusado del contenido audiovisual que poseía de su mejor amigo. Solo que no se creía que en verdad hubiera pasado lo que pasó; que Ferran se hubiera excitado con él, con su culo. ¿Cómo se supone que le hablaría después de eso? Él podía fingir que nada había pasado, aunque ese momento quedaría grabado en su memoria y lo recordaría cada vez que se masturbara. ¿Pero y Ferran? ¿Él haría como si no hubiera pasado nada? Por un momento pensó en que quizá se había molestado, pero la reacción de su cuerpo daba a entender de todo menos molestia.
Dio otro suspiro, apartando las manos del rostro al escuchar como alguien abría la puerta que estaba frente a él, la puerta del vestuario del PSG.
Y ahí estaba él, mirándolo con una sonrisa al darse cuenta de quién era.
Ferran fue hasta él dando un par de zancadas y, sin previo aviso, tomó una de sus manos y tiró de su brazo, esperando que lo siguiera. Pedri no puso resistencia pero caminaba tras él, mirándolo con extrañeza.
— Ferran, ¿a dónde vamos?— Preguntó en un tono tan bajito que si el contrario hubiera estado un metro más alejado de él, ni se habría enterado de que le hablaba.
Este giró ligeramente la cabeza para verlo, manteniendo aquella sonrisa que había dejado de ser inocente desde hacía ya mucho tiempo.— Al baño, porque la cama me queda lejos— Por el tono de voz que le salió no parecía ir en broma, ni esta vez ni ninguna otra había ido en broma.
Pedri lo miró a los ojos y pudo asegurar que Ferran tenía un objetivo claro y no se iría sin haberlo conseguido. Aquella contestación fue la culpable de que en sus labios apareciera la misma sonrisa que caracterizaba al valenciano, pues sabía que él era el objetivo de Ferran y con gusto le ayudaría a que lo tuviera.
Ferran abrió la puerta de los baños sin siquiera fijarse en si había algún cubículo ocupado, porque le daría completamente igual. Pedri cerró la puerta como pudo, pues Ferran ya lo estaba arrastrando al cubículo más alejado que había. Tiró de su brazo con fuerza para adentrarlo en aquel espacio diminuto y luego ponerle el seguro a la puerta.
Pedri se dio la vuelta, quedando frente a la espalda de Ferran, quien todavía se aseguraba de que el pestillo estuviera bien puesto. Sin pensarlo, pegó su cuerpo al del contrario. Al ser más bajo su mejilla chocó con el hombro derecho del mayor, pero no podía importarle menos.
Ferran, al sentir el contacto del cuerpo del canario, lo miró por encima del hombro, dando con sus ojos entrecerrados. Lo miraba con necesidad y el frote de su cadera contra su pierna lo delataba. Con una sonrisa ladina que mostraba parte de sus dientes se dio la vuelta, posando las manos en su pequeña cintura, tal como había hecho minutos antes en el campo. Bajó la cabeza para estar a la altura de su rostro, sin separar la vista de aquellos ojos que le suplicaban por ayuda para satisfacer sus necesidades carnales.
— ¿Qué es lo que estás haciendo?— Preguntó Pedri, jadeando por la fuerza con la que sostenía su cuerpo. En cierta parte lo agradecía, pues si su estabilidad dependiera de sus piernas temblorosas, en esos momentos ya estaría sentado en la tapa del váter.
Ferran acercó su rostro al de este y, sin prudencia alguna, sacó la lengua, pasándola por los labios agrietados del menor. Por fin había podido probar los labios que tomaban el papel protagonista en muchas de sus fantasías.
— Acabar lo que empezamos en el campo— Contestó, con la voz más ronca de lo usual por la excitación.
Pedri juró que podría desmayarse al sentir la calidez de su lengua pasando por sus labios. Posó las manos en su espalda, agarrando con fuerza su camiseta, implorando por quitársela de una buena vez.
Acabó con la mínima distancia que los separaba uniendo sus labios con los de este con agresividad. Cerró los ojos sin creerse todavía lo que estaba viviendo, pero sea como fuere, tampoco quería cuestionarse nada, en esos momentos solo deseaba seguir sintiendo la lengua de Ferran entrometiéndose en su cavidad bucal sin haber pedido permiso alguno. Él sabía por qué no lo había pedido, pues estaba seguro de que le dejaría, por no decir que se lo suplicaría.
Lo que estaban haciendo no se podía considerar ni un beso, sino dos bocas chocando entre sí, sedientas y deseosas por recorrer cada centímetro de piel del contrario. Sus dientes rozaban, pero no les importaba, siquiera lo notaban. Enredaban las lenguas cada segundo que pasaba, para luego separarse, morder los labios del contrario y volver a juntarse.
Las manos de Ferran se colaron dentro de la camiseta del menor, deslizándose por todo su abdomen hasta subir a su pecho en busca de sus pezones. No fue difícil encontrarlos, pues estaban tan duros como los suyos. Pellizcó estos mientras dejaba un rastro de saliva que iba desde la boca de Pedri hasta su cuello, donde se había asegurado de cumplir uno de sus tantos fetiches; marcarlo.
Pedri gimoteaba por el estímulo en sus pezones, que había empezado siendo un simple roce y ahora Ferran se entretenía retorciéndolos, sacándole gritos de dolor mezclados con excitación.
Al parecer a Pedri tenía un fetiche con el dolor.
Ferran bajó las manos hacia el borde de la camiseta que poseía un escudo que anteriormente había portado él y con un tirón se la sacó por encima de la cabeza. Hizo lo mismo con la suya propia, tirando estas con indiferencia, sin preocuparse a dónde irían a parar. Se agachó al punto de que su rostro quedara a la misma altura que la del pecho de Pedri y, relamiéndose los labios, se acercó a uno de los pezones -ahora rosáceos-, tomándolo con los dientes. Con una mano se encargó de seguir estimulando el otro pezón, mientras que su mano libre se aferraba a su cintura, masajeando cerca de su pelvis con ayuda del pulgar.
Pedri intentaba ahogar los gemidos mordiéndose una de sus manos, teniendo la otra en la cabeza de Ferran, con sus dedos enterrados en aquella cabellera tan frondosa como un bosque.
Mantenía los ojos cerrados, evitando así que las lágrimas generadas por la excitación y la desesperación salieran a la luz. No quería verse tan necesitado aunque Ferran ya sabía que lo estaba, al igual que él.
— Joder, Ferran...— Dijo entre suspiros, abriendo ligeramente uno de sus ojos para percatarse de que lo miraba fijamente mientras lo estimulaba, lo que le provocó un escalofrío que viajó por todo su cuerpo.
El recién nombrado sonreía por escuchar su nombre dicho de aquella forma, tan sumisa y necesitada. Sabía que lo tenía así desde hacía tiempo, pero saberlo no era nada parecido a corroborarlo. Se separó de su pecho, dejando un hilo de saliva compartido por su boca y el pezón ajeno, delatándolo.
— ¿Qué pasó, canario? ¿Esto es demasiado para ti?— Preguntó, vacilante. Le gustaba tratar así a Pedri, pero acababa de descubrir que le gustaba más hacerlo en este contexto.
Este lo miró, apartando la mano de sus labios, que formaban la misma sonrisa pícara que habían compartido recientemente.
— Con esta tontería me quedo con hambre...— Contestó, con la voz temblorosa. Todavía no sabía cómo seguía en pie, mas no se quejaba.
Apartó el cuerpo de Ferran hasta que su espalda chocó contra la fina puerta que los separaba de el resto del baño. Flexionó sus rodillas hasta que estas tocaron el suelo, quedando así frente a la creciente erección de Ferran. Este abrió los ojos por la sorpresa, notando un ligero cosquilleo en la pelvis. Ambos cumplirían otra de sus fantasías.
Pedri se acercó al bulto que llamaba su atención, posando una de sus mejillas encima de este. Miró hacia arriba, encontrándose a Ferran mordiéndose el labio inferior con una fuerza que podía asegurar que luego tendría herida. Sonrió al ver su reacción a lo que estaba a punto de hacer, restregando su cara contra el pene erecto que tanto se había imaginado tener a su disposición. Llevó la boca al elástico del pantalón, mordiéndolo para bajárselo hasta la altura de las rodillas. Se separó unos centímetros para mirar con detalle los calzoncillos del mayor, eran uno de los de la publicidad que había hecho y tanto adoraba. Se fijó en una zona en la que la tela estaba más oscura y rápidamente supo por qué era.
— Y luego el desesperado soy yo, eh...— Sonrió, bajando la prenda con ambas manos y más lentitud de la que le gustaría, como si se tratara de abrir un regalo que había ansiado tanto tener. Se echó hacia atrás al liberar el pene del mayor de aquella tela, abriendo los ojos con asombro. No iba a mentir, en las duchas se veía de todo y él no se había librado, pero lo de ahora no era nada comparado a lo que había visto antes. Sonrió con emoción, llevando una de sus manos hacia la base del miembro. Ferran soltó un gemido ahogado.
— Fíjate, no deja de saltar—Dijo, dándole toques con uno de sus dedos.— Se muere por que lo cate.
— Y tú mueres por probarlo— La contestación de Ferran llegó rápidamente, posando una mano en la cabeza de Pedri, asegurándose de agarrar un par de mechones del pelo color platino.
Pedri sonrió y, aún manteniéndole la mirada, comenzó a besar la polla de este, dejando un rastro de saliva desde la base hasta el glande, por donde comenzó a succionar. Saboreaba el líquido preseminal como si se tratara de un manjar, no le importaba si sabía mal, pues estando a merced de la excitación todo mejoraba.
Ferran gruñó por lo bajo, apoyando su mano libre en la puerta, procurando mantenerse en pie. Desesperado, empujó la cabeza del canario con fuerza, provocando que tragara toda su polla, lo que le hizo tener una arcada, pero a Ferran le dio igual. Comenzó a mover su cabeza hasta que este le dio un pequeño golpe en el dorso de la mano, avisándole de que ya había pillado el ritmo.
Pedri no había realizado una mamada antes en su vida, pero sentía que de tanto fantasear con la idea de hacerlo ya sabía lo que tenía que hacer. Mantuvo el ritmo acelerado que Ferran le había marcado, disfrutando de cada estocada que le daba, pues el contrario había comenzado a mover la cadera al compás. Ferran se la sacaba por momentos y la apoyaba en su mejilla, haciendo que Pedri sonriera, mirándolo con los ojos entrecerrados.
— Eres un jodido guarro, Pedri...— Gimió Ferran, poniendo los ojos en blanco al sentir la cálida lengua del contrario por sus testículos.
— ¡En 15 minutos termina el descanso!— Una voz desconocida proveniente del pasillo les había sobresaltado, recordando donde se encontraban y a lo que habían venido en un principio. Ambos se miraron, con las bocas entreabiertas, dejando que los jadeos salieran sin prohibición alguna.
— Tenemos 15 minutos— Ferran pasó los brazos por debajo de las axilas del menor, levantándolo. Luego, con un movimiento rápido, lo hizo darse la vuelta. Tomó una de sus piernas y la flexionó, dejando la rodilla apoyada en la taza del váter. Pedri sabía lo que estaba planeando, por lo que le ayudó apoyando las manos en los azulejos de la pared, arqueando la espalda para dejar su culo en una altura mayor.
Ferran sonrió y bajó ligeramente tanto su pantalón como su ropa interior, teniendo ahora las nalgas desnudas de Pedri a su disposición.
— Hostia puta...— Susurró, llevando ambas manos hacia estas, apoyando una cada una. Sus fantasías no le hacían nada de justicia a la realidad. Pedri gimió al sentir las grandes manos en su culo, sin tela alguna que los separara. Masajeó por un momento la zona antes de acercar una mano hacia la boca del canario. Pedri lo vio y no hizo falta que le indicara nada. Abrió la boca e introdujo dos dedos en esta, esperando que con eso sirviera, pues el grosor de el miembro de Ferran no era poco, precisamente. Rodeó ambos dedos con su lengua, llenándolos de saliva, ya que eso sería la única lubricación que tendría y todavía tenía un partido que jugar. Metió la lengua entre estos y volvió a sacarla, chupándolos de la misma forma que lo había hecho hace escasos minutos con el pene de Ferran. Los sacó segundos después, dejando que este comenzara lo antes posible.
Ferran apoyó la manos en su cintura, bajando la espalda hasta tener de frente la entrada de Pedri. Se acercó y pasó la lengua sin pudor alguno, provocándole un gemido más sonoro que los demás al contrario. Sonrió y alineó uno de sus dedos, comenzando a meterlo con cuidado. Los sonidos que salían de la boca del canario le indicaban lo bien que iba, dándose el gusto de dejar besos y mordidas por sus nalgas mientras comenzaba a penetrarlo con lentitud.
Los gemidos incrementaban por cada estocada que este le proporcionaba y Pedri sentía que podía desmayarse en cualquier momento. No sabía la cantidad de veces con la que había soñado por estar así con Ferran, por compartir algo tan íntimo como el sexo con él, su mejor amigo, aunque dejó de considerarlo así hace mucho más tiempo del que en verdad admitiría. Un segundo dedo lo sacó de sus pensamientos, formando movimientos de tijera en su interior para dilatar su ano. Apretó los puños, comenzando a salivar por tener la boca abierta para gemir sin cuidado alguno.
— Ferran- Joder, Ferran, hazlo ya...— Murmuró, mirando de reojo al recién nombrado, quien se masturbaba a la vez que profanaba el ano del menor. Al escucharlo levantó la cabeza, sonriendo de forma burlesca.
— ¿Qué quieres que haga? Pídemelo bien— Le preguntó con un tono vacilante. Sabía perfectamente a lo que se refería y nadie más que él deseaba hacerlo, pero le encantaba sacarlo de quicio, incluso en esas situaciones.— Utiliza esa boca para algo más que no sea mamar.
Pedri frunció el ceño, intentando ponerse lo más serio posible, aunque se le escaparan los gemidos.— ¿No eras un tiburón? Cómeme entonces...— Su voz entrecortada delataba lo desesperado que estaba y no era menos, llevaba esperando ese momento demasiado como para que ahora no se diera por falta de tiempo.
— Pedro, pídemelo bien.
— Que me folles de una puta vez, Torres— Gimió al sentir como los dedos daban con una zona más placentera a las demás.
Ferran no necesitó más que escuchar a Pedri gimiendo su apellido para sacar los dedos del interior del contrario y darle la vuelta. Le bajó los pantalones hasta dejarlos en el suelo y lo tomó por las piernas, alzándolo. Pedri se aferró a su espalda, rodeando la cintura del mayor con sus piernas para evitar caerse. Ferran apoyó la espalda de Pedri en la puerta del cubículo y este levantó ligeramente las caderas para facilitarle el trabajo. Rodeó su cintura con un solo brazo, tomando con su mano libre su miembro, alineándolo en la entrada del canario. Volvió a tomarlo con ambos brazos y una vez ya sujeto, dio una estocada fuerte, adentrándose por completo en el cuerpo ajeno.
Pedri gritó de dolor, arañando por completo la espalda tatuada del valenciano. Este gimió a su vez, acercando los labios a los del menor, susurrando un "lo siento" antes de besarlo. Mientras Pedri correspondía el beso, Ferran comenzó con las estocadas suaves pero profundas. Sentía como las paredes de su ano se aferraban a su polla, privándolo de una libertad la cual no volvería a buscar nunca más.
Esta vez el beso era más tranquilo, se habían parado a disfrutar de la cavidad bucal del contrario, dejando que su imaginación, la cual tantas veces los había satisfecho, descansara por una vez, pues esto ya no tendrían que inventárselo más.
Ferran aprovechaba la posición en la que estaban para subir ligeramente el cuerpo de Pedri y dejar que su propio peso le hiciera bajar, hundiendo por completo su polla en él. Los besos eran interrumpidos por los gemidos de ambos, algunos más sonoros que otros. Por un momento Pedri apoyó su mentón en el hombro de Ferran, comenzando a gemirle en el oído, provocando que el mayor intensificara la velocidad de las embestidas. Pedri enterró sus uñas una vez más en la espalda de este, sacándole un par de gemidos más notorios que los demás por la sorpresa.
Giró levemente la cabeza para besar su oreja, mientras notaba como sus mejillas se humedecían por las lágrimas debidas a la excitación.
— Ferran... Más... No pares, por favor...— Sus súplicas salían entrecortadas por los gemidos, su respiración estaba agitada y sentía que en cualquier momento su alma abandonaría su cuerpo.
La puerta de los baños se abrió, dejando paso a Dani, que acababa de volver de que los médicos lo revisaran. Tenía una lesión clara y el tiempo de recuperación se rumoreaba que podría ser de hasta un mes. Fue hasta el lavamanos para echarse un poco de agua fría en la cara, hasta que unos ruidos provenientes de un cubículo hizo que se detuviera. Quien dice ruidos dice gemidos incontrolables. Asomó la cabeza por el pequeño pasillo que había para ir a los cubículos. El único que tenía la puerta cerrada -la cual no dejaba de moverse- era el último de la fila, por lo que no había mucho misterio sobre de dónde venían aquellos ruidos. Por un momento pensó en salir corriendo del baño y fingir que no había pasado nada, pero el ser humano es curioso por naturaleza y él no era la excepción. Ciertamente avergonzado, caminó por el pasillo hasta llegar el penúltimo cubículo. No le hizo falta acercarse más, pues lo que había en el suelo confirmaba sus sospechas.
Ya se lo veía venir, pero no se esperaba que fuera ahí mismo. Pedri le había dicho que estaban hablando seguido, no dejaba de sonreirle al móvil, antes de empezar el partido notó la tensión que había entre ellos dos y, aunque él no lo hubiera presenciado debido a su lesión, estaba seguro de que no se habían separado en el campo, aún siendo rivales. Pero en verdad no necesitaba nada de eso, ya que los conocía hacía ya años y esa tensión estuvo presente desde que se conocieron, solo era cuestión de tiempo que se cansaran de ocultarla.
Fijó la vista en las camisetas que asomaban por el suelo; "8 Pedri" "9 Ferran". Rodó los ojos y se fue hasta la puerta, arrugando la nariz por lo ruidosos que estaban siendo en un lugar tan público como ese. Salió del baño asegurándose de cerrar la puerta y controlar que no fuera nadie. Ya tendría algo para contarle a Gavi.
5 minutos les quedaban y aunque no tuvieran un reloj a mano, sabían que debían de terminar pronto. Pero eso no sería problema para ninguno, que ya estaban sintiendo aquel cosquilleo conocido. Ferran aumentó la velocidad de las embestidas, fijándose como Pedri apenas aguantaría un par más.
— Pedri, no puedo más... Me voy a...— Intentó avisarle, pero su cuerpo fue más rápido. Antes de poder acabar la frase eyaculó dentro de su chico, soltando un fuerte gemido. Por un momento sus piernas flaquearon, pero se mantuvo firme, aunque ya tuviera los brazos dormidos.
Pedri se corrió sin siquiera molestarse en avisar mas que con un gemido estruendoso, manchando tanto su abdomen como el de Ferran. Agradecía que fuera este quien le sostuviera, porque sino habría caído desplomado.
Ferran besó los labios de Pedri una última vez antes de sentarlo en el váter, pues ya lo había notado temblar y sabía que no podría mantenerse en pie.
Ambos intentaban regular su respiración mientras se fijaban en el estropicio que habían formado. Estaban despeinados y más sudados de como habían entrado, la piel de Pedri estaba marcada, pero al menos era en zonas que nadie más que Ferran podría ver. Ferran tenía la espalda destrozada junto con los hombros que tenían múltiples mordidas de cuando Pedri intentaba hacer menos ruido, siendo en vano. Estaban manchados y ahora Pedri podía sentir como el semen de Ferran se escurría por sus nalgas, manchando la taza.
Ninguno hablaba porque ninguno sabía que decir, y era normal, ¿qué se debía decir después de haberte follado a tu mejor amigo?
— ¡Ferran, en un minuto hay que estar en el campo! ¡Sal antes de que te tenga que sacar yo!— Luís Enrique había picado a la puerta del baño, tomando a ambos por sorpresa.
Ferran recogió las camisetas y el pantalón de Pedri del suelo, dándole sus prendas y tendiéndole la mano para que se levantara.— ¡Ahora salgo!— Contestó, sabiendo que su entrenador ya no estaría en la puerta (Menos mal).
Ferran tomó una buena cantidad de papel antes de que Pedri se vistiera y lo ayudó a limpiarse para luego limpiarse a él mismo. Veía su cuerpo y temía haberse pasado, a fin de cuentas ahora tenían que seguir jugando y quizá no lo había dejado en las mejores condiciones. Quizás ni él lo estaba.
En cuanto se vistieron tomó el rostro de quien había considerado su amorado secreto hasta ahora y fijó la mirada en sus ojos, quienes le miraban con cierto cansacio, pero brillaban más que antes.
— Pedri, yo...— El recién nombrado apoyó una de sus manos en las de este, negando con la cabeza.
— Ferri, luego hablamos sobre esto, ahora tenemos que salir o nos matarán— Dijo, riendo por su exageración del final. Ferran asintió con la cabeza, sonriendo por escucharlo reír. Aún sin saber si lo que acababan de hacer significaba algo más que sexo casual o un simple desliz, se dio el gusto de besar sus labios una vez más. Pedri acarició el dorso de su mano, correspondiendo el beso por unos segundos antes de separarse.
Después de arreglarse un poco frente al espejo, quien salió primero de los baños fue Ferran, acoplándose a su equipo de la forma más natural posible. Pedri salió minutos después, cuando ya estaba seguro que le habrían buscado un sustituto para jugar. Cuando Hansi Flick lo vio, le faltó llevárselo tirando de su oreja hacia al campo.
Ya todos colocados en sus respectivas posiciones, debían de volver a poner la mente en el partido, aunque en ningún momento había llegado a estarlo.
Pedri fue cambiado por Gavi casi a mitad del segundo tiempo y en ese momento solo le faltó ponerse de rodillas y rezar para agradecerle al mismísimo que por fin podría descansar.
Ferran tuvo varios intentos de tiro, pero ninguno terminó en gol.
Terminó el partido siendo PSG el vencedor por 4-2. Los jugadores se felicitaron entre sí y Ferran se despidió de todos sus ex compañeros, hasta de los que no conocía -y tampoco quería-, como era el caso de Gordon. Cuando fue a despedirse de Pedri, el inglés estaba, casualmente, muy cerca de él. Ferran lo odiaba desde el principio y lo hacía más desde que escuchó como en una entrevista decía que Pedri era el mejor, cosa que no discutía, pero ese "guiri" no tenía derecho algunona decirlo.
Aprovechando que este tenía la mirada puesta en ellos, Ferran abrazó con fuerza a Pedri, sacándole un quejido.
— Ten cuidado, animal, que ya bastante me hiciste antes— Le regañó este en un susurro, haciendo que Ferran riera.
— Perdón, perdón, es que el pijo este nos está mirando demasiado, seguramente tenga envidia...
— ¿De ti?— Preguntó Pedri, sin separarse todavía del abrazo.
— Claro que de mí, ¿y quieres saber por qué?— Pedri se separó lo suficiente como para poder verle la cara, arqueando una ceja por la confusión. Ferran sonrió al verlo, teniendo que aguantar las ganas de abalanzarse encima suyo.— Porque yo puedo tenerte y él no.
Pedri escondió de vuelta la cara en el hombro del mayor, avergonzado. No solo por las palabras que este había dicho, sino porque tenía toda la razón.
— Ferran...
— ¿Me equivoco?— Pedri negó con la cabeza aún enterrada en su hombro, provocándole una sonrisa al valenciano. Levantó la cabeza del menor y ahora fue él quien se apoyó, esta vez escondiendo la cara en su cuello. Disimuladamente apartó el cuello de la camiseta para dejarle un pequeño beso en una de las múltiples marcas que le había hecho, mirando de reojo a Gordon, quien se giró inmediatamente.— Cuando os vayais espérame en el aparcamiento, dormirás en mi casa, ¿de acuerdo?— Levantó la cabeza para mirarlo, recibiendo un asentimiento como respuesta.
Se separaron con una sonrisa en la cara, sabiendo que lo que había pasado en los baños solo era el comienzo de algo más grande de lo que se podían imaginar.
— Ya te vale, tío— Gavi pasó un brazo por los hombros de Pedri. Este lo miró sin entender muy bien a lo que se refería.
— ¿Qué hice ahora?— Gavin sonrió, negando con la cabeza.
— No, ahora nada. Pero antes en los baños hiciste de todo menos quedarte callado— Pedri dejó de caminar al escucharlo, notando como su piel palidecía. ¿Cómo lo sabía?
— ¿Acaso...?
— No, solo me lo contó un pajarito... Bueno, mas bien era un árbol.
— ¿Un árbol? ¿Qué estás diciendo?— Preguntó Pedri, ya de los nervios.
— Sí, un olmo— Contestó el menor, con una sonrisa radiante, como si fuera el ser más inocente de la faz de la tierra.
— Vamos no me jodas.
