Chapter Text
Estar en esta tierra por tantos años que ya perdiste la cuenta después de los 250 años suena, a primera vista, impresionante. Ya cuando lo piensas más y dejas que ese número se asiente podrías imaginar que con su vida ha hecho cosas increíbles, tal vez alguien con tantos años sea un gran sabio, un gran pensador sin precedentes ni comparación; pero hay un pequeño detalle, Foolish no es ni de cerca ninguna de esas cosas, a pasado su entididad vagando por el mundo, siendo más un espectador que un protagonista. No es que no haya tenido más de una vez el deseo de levantar su voz, de dejar una huella, lo que pasa es que cuando lo intentó le dejó una marca de por vida, los mortales lo proclamaron un Dios que daba una doble oportunidad cuando se está cerca de la muerte, algo así como un Dios quien te permite renacer (ya sea metafórica o literalmente).
Foolish no sabría decirte cómo pasó exactamente, en una ocasión por allá del siglo V le dio un amuleto de madera que él mismo había tallado a un tipo que se veía perdido, después él mismo se perdió entre los chismes del pueblo durante la tarde que casi había olvidado su pequeño regalo a esa pobre alma solitaria, lo siguiente que supo de éste tipo lo escuchó de un panadero muy habilidoso que le contó que el muchacho se vio involucrado en un accidente de muerte segura que involucraba unos caballos, todo mundo lo daba por muerto desde el momento que escucharon las pisadas furiosas de la caballada dirigiéndose hacia el muchacho. Cuál fue su sorpresa cuando el joven salió ileso, ni un sólo rasguño o moretón en todo su cuerpo, eso mismo era igual de impresionante que el mero hecho de que estuviera vivo, el único cambio que reportó el superviviente fue el amuleto de madera que le había regalado Foolish, ahora estaba roto y sin brillo. Desde entonces el pueblo entero lo cazaba con la esperanza de obtener uno de esos amuletos, la sola idea de obtener una segunda oportunidad de vivir les brindaba cierto confort en esos tiempos de angustia.
No es que Foolish no quisiera darle uno de esos a todo mundo, pero era joven y hacer sólo uno de esos le quitaba una gran cantidad de energía vital, deja de lado hacer uno para el continente entero cuando se corrió la voz de pueblo en pueblo sobre el supuesto Dios de los tótems dorados que curaban cualquier mal y pesar. No gracias, Foolish no estaba listo para ese tipo de vida, aún era una deidad joven que tenía una gran cantidad de errores por cometer y malas amistades pendientes por conocer. Desapareció del radar bastante rápido y limitó su contacto con los mortales de poco a poco, sólo para no verse como una deidad malvada o rencorosa, puede que no disfrute la vida como los mortales la plantean para alguien como él, pero tampoco era un villano. Puede que sea tonto, pero no estúpido.
Lo que nos lleva a los más recientes días, Foolish estaba aburrido como una concha cerrada esperando crear una perla, ¿se le llamaba concha o almeja? son tan parecidas que muy frecuentemente las confunde. Bueno, volviendo al punto anterior estaba terrible, absurda, plena y lastimosamente aburrido y lo ha estado por un tiempo ya, tal vez ya han pasado unos tres meses desde que no sabe qué hacer con su existencia.
El problema puede ser el clima, ha estado nublado terriblemente por semanas y llueve sólo a ratos, es como si el Dios del clima también estuviera pasando por un momento difícil, tal vez él tampoco sabe qué hacer con su existencia y todo eso termina en un cielo tan cambiante y gris, ojalá se mejore pronto. ¿Dónde terminará Foolish? nadie sabe, pero de momento se encuentra en un paseo por el bosque “embrujado”.
En realidad no está embrujado, pero la gente del pueblo evita el bosque por el hechicero que vive en la torre a un lado del lago, cuentan las malas lenguas que es un maestro de las artes oscuras, las blancas, las grises e incluso la morada que no existía hasta que él mismo la creó. Nunca ha visto al Señor Hechicero Morado, ¿si le regalara un tótem se ganaría su favor o será una de esas almas altruistas que no se convencen tan fácilmente? Sin duda era un mortal interesante, si no le tuviera tanto miedo iría a visitarlo. Por lo mientras su reputación que mantiene el bosque a solas le es suficiente para tenerle cierto grado de aprecio por la privacidad que le brinda su bosque.
A Foolish le encantan los rumores, el cotilleo, el cachirulo, el intercambio de acontecimientos entre los ciudadanos de un mismo pueblo o de sucesos tan escandalosos que las voces relatando llegan a dos pueblos a la redonda o como prefieras decirle al chisme, pero los mortales se han vuelto aburridos, ya quieren hacer un mar de un simple charco, un león de un gatito callejero, un banquete de un simple sandwich… no hay nada interesante, al principio se lo pintan como algo enorme y revoltoso pero resulta ser una cosa de nada, algo tan poco relevante o novedoso que más seguido de lo que le gustaría admitir se arrepiente de pasar más tiempo de lo necesario en las tabernas. Por eso mismo estaba ahora en el bosque embrujado, necesitaba un momento a solas para pensar un poco y eso es algo que no suele hacer con frecuencia así que es de aplaudir.
Los árboles por sí mismos eran hermosos, tan grandes que apenas alcanzaba a ver la copa de los mismos, había aves de colores llamativos y cantos hermosos, flores tan exóticas que ni siquiera parecían pertenecer a este mundo, no había ni una pizca de embrujado en nada, lo único encantado era él mismo por la belleza del lugar. Foolish sólo estaba pendiente de sus pensamientos cuando escuchó la risa de una niña pequeña, ¿sería eso el canto de un ave o una persona real? no quedaba de otra más que averiguarlo por sí mismo, si la respuesta era la segunda opción estaba preocupado por la seguridad de la niña, puede que sea un bosque encantador pero los animales salvajes no perdonan la belleza.
Ahí, sentada en un columpio viejo, se encontraba una niña pequeña de no más de 8 años con ojos morados que, en cuanto lo vio, desapareció tan rápido que casi pensó que había usado magia. Puede que ahora tenga mal los ojos porque lo que acaba de pasar frente a él ni siquiera tiene sentido, recapitulemos: escucha la risa de una niña, la encuentra no más lejos de 10 metros, hace contacto visual y desaparece.
Ok, oficialmente se ha vuelto loco, no hay de otra. Foolish no nació ayer, hay cosas que es mejor no buscarle una respuesta y lo sabe, está a punto de dejar el tema por la paz antes de meterse en una madriguera de conejo de la que no pueda salir cuando escucha una voz, no sabe exactamente de dónde sale, tal vez algún lugar arriba o atrás de él.
-¿Quién eres tú? - dice la voz misteriosa en un tono curioso. Foolish se cuestiona por unos cortos segundos si debería contestar con la verdad o fingir una nueva personalidad para este mortal, pero ha estado de tan mal humor que no tiene ganas de mentir más.
-Soy un Dios, ¿tú quién eres? - responde, quiere salir de esta situación lo más rápido posible, la niña que tiene la ventaja en esta situación puede incluso ser un secuaz del Señor Hechicero Morado, o una criatura del bosque con suficiente poder como para sobrevivir en los terrenos del anterior.
-¿Qué clase de Dios? - responde la niña ignorando su pregunta. ok, la nena es la que está en control aquí, lo tiene claro.
-Uno muy tonto, créeme
Ante eso la niña ríe, sólo entonces se da cuenta que todo su cuerpo estaba tenso como un pedazo de pan que se dejó al aire libre por demasiado tiempo. Le parece un poco irónico que una risa de una voz misteriosa en un bosque embrujado lo relaje, en otras circunstancias estaría con ganas de correr lo más pronto que pueda; sólo que no lo hace, estos últimos dos minutos han sido más interesantes que tres meses en el pueblo cercano.
-¿Eres un Dios entonces?, ¿cómo supiste que eras eso?- Vuelve a hablar la niña, aún sin querer revelar su identidad o su ubicación, cool, un poco de misterio a la situación.
-No lo sé, no me gusta recordarlo.
-¿Por qué?
-¿Tú recuerdas cuándo naciste?
-Sí claro - Responde muy segura, como si fuera la cosa más obvia del mundo. -Salí de la panza de mi mamá y luego desayuné. - Ahora era turno de Foolish de reír, la prioridad después de nacer siempre debe ser desayunar, le encanta esta nueva niña.
La tarde pasa así, en una especie rara de cuestionario, entrevista e interrogatorio combinados, era un ir y venir de preguntas que nadie le había hecho en sus más de 200 años de vida, no le pasaba por la cabeza que los niños fueran tan divertidos.
Cuando Foolish mencionó su edad la nena con una emoción tan fuerte de asombro que era difícil de esconderla en su voz le preguntó si entonces ya casi iba a tener un bebé y que si le podía poner su nombre. Plan con maña y Foolish no nació ayer, así fue como “Niña misteriosa que está escondida en los árboles” pasó a tener un nombre más corto “Leo” de Leonarda… ajam, una niña que se llamaba Leonarda, no juzga nombres porque él mismo se llama como un verbo.
Leo preguntó cosas que apenas y habían pasado por la mente de Foolish, como cuál era su animal favorito y que si seguiría siendo su favorito si fuera de color azul brillante, que si pudiera comer una sola comida toda su vida cuál sería (esta pregunta tenía trampa, sólo había una respuesta correcta para Leo). Incluso le preguntó qué insecto sería durante un día y si pensaría quedarse como ese insecto si pudiera para siempre porque era bonito y chiquito.
Se divirtió tanto que las estrellas los estaban abrazando cuando la niña le dijo que debía irse, que su maestro la estaba esperando y no quería ser regañada.
-Pero vendrás mañana, ¿cierto? te estaré esperando aquí, me divertí mucho contigo Leo
-Yo también me divertí hoy señor Dios dorado, es muy inteligente. Mañana no, pero después de mañana y mañana vendré.
- Pero debes prometérmelo, por el pulgar. Es más importante que la promesa de meñique
-Te lo prometo.
Así sellaron el trato, con una promesa de pulgar. Foolish no regresó al pueblo, no tenía punto de regresar a ese lugar ahora, ya tenía alguien con quién pasar la tarde después y no quería distraerse. Tal vez no era el clima después de todo lo que lo tenía de mal humor, tal vez sólo necesitaba una niña llamada Leonarda que tenía las preguntas más locas de todas.
De todas maneras, ojalá el Dios del clima se sienta mejor para que deje de llover y ojalá El Señor Mago Morado no los encuentre nunca.
