Chapter Text
La vida parecía haber vuelto a la normalidad para ellos después de una guerra tan dura, sobrecogedora y, en buena medida, dolorosa, tanto para ellos en el Mundo Humano como para sus amigos de la Sociedad de Almas. Quince años habían pasado desde aquella guerra que no solo les costó la vida a muchas personas importantes para ellos, sino que también causó un gran e impenetrable vacío que tal vez nunca se cerraría en sus corazones y mentes. Especialmente, para dos de ellos. Se trataba de Ichigo Kurosaki y Uryu Ishida. Mientras tanto, sin embargo, continuaron viviendo sus vidas lo mejor que pudieron, junto con sus familias -en el caso del primero- como con sus amigos. Aunque, con toda honestidad, fue particularmente extraño para ellos y sus amigos y compañeros de toda la vida, Kurosaki (nee Inoue) Orihime y Sado Yasutora, encontrarse realmente volviendo a una vida normal, o relativamente normal. Hubo momentos en los que ni siquiera se sintieron ellos mismos a pesar del tiempo que había pasado desde esa batalla. Aunque tal vez podrían decir que en parte se lo debían a que algunos de sus amigos Shinigami todavía los visitaban regularmente. En especial, la otra pareja establecida, conformada por la recién nombrada Capitana del Escuadrón Trece, Rukia Kuchiki y el Teniente del Escuadrón Sexto, Renji Abarai, junto con su hija aprendiz de Shinigami de diez años, Ichika. El propio Ichigo y Orihime tenían un hijo que era un año menor que la chica de cabello rojo oscuro como su padre, y también un aprendiz de Shinigami, Kazui.
— ¿Debería decir que esta es la... cuarta o quinta vez que vienes, Kazui-san? —preguntó el médico de ojos índigo enfocando momentáneamente su mirada en el brazo izquierdo del chico que estaba vendando —Dime que no te enfrentaste al Capitán Hitsugaya como la última vez. ¿Apuesto a que Ichigo debe haberte recordado lo mala idea que puede ser?
El chico, con idéntico color de cabello y ojos a los de su padre Ichigo, pero color de piel e incluso apariencia infantil como los de su madre Orihime, intentó hacer pucheros, pero sabía que, a diferencia de lo que sucedería con su madre o cualquiera de sus tías -las hermanas gemelas de Ichigo y Rukia, su madrina-, intentar engañar al hombre que tenía delante sería una pérdida de tiempo. Así, suspiró, señalando que, en primer lugar, no había intentado 'practicar' sus habilidades con el Capitán del Décimo Escuadrón Toshiro Hitsugaya sino, más bien, con su Teniente, Rangiku Matsumoto. Sin embargo, ignoraba qué tipo de poder tenía su Zanpakuto.
—Normalmente, y dado que nunca desarrolló Bankai, su Zanpakuto es de tipo Ceniza/Hielo. Ni siquiera yo sería capaz de superar sus ataques si los combinara con los del Capitán Hitsugaya...
Uryu Ishida se dio cuenta de que el hijo de su amigo no se había creído su historia cuando le devolvió una ceja arqueada. Sin embargo, lejos de estar siquiera un poco molesto, el Quincy simplemente respondió que debería preguntarle a su padre Ichigo sobre los tres combates del Capitán Hitsugaya durante su última guerra. Aunque tendría que elegir el momento adecuado para hacerlo, ya que no estaba seguro de que Ichigo todavía estuviera listo para abrirse a él al respecto.
—Le tomó cinco años confesarle a Kuchiki-san toda la verdad. Y me refiero a ambos Kuchiki; al Capitán Byakuya también...
El chico no dijo nada más mientras Uryu terminaba su trabajo. Un momento después, y cuando salía del apartamento más que su oficina en el hospital del médico, Kazui lo miró por encima del hombro y le dijo que su madre Orihime esperaba que pudiera hacer algo de espacio para unirse a ellos para la cena esa noche.
—Entonces dile que estaré allí alrededor de las 6 pm. Hay otro lugar al que necesito ir antes de eso, aunque dudo que tus padres te hayan hablado sobre esa persona con quien debo encontrarme. Digamos que... Es un Shinigami, pero no ha regresado a la Sociedad de Almas en diez años...
Ishida tuvo que contener una risa cuando el chico le preguntó si estaba hablando del 'bicho raro con el sombrero curioso', agregando después que lo había conocido una vez cuando había acompañado a sus padres y Rukia.
—Ya veo... —respondió Ishida —Y, por cierto, su nombre es Urahara; Kisuke Urahara...
Se quedaron en silencio por un breve momento y, antes de despedirse finalmente de Kazui, Ishida repitió que pasaría por la casa de sus padres alrededor de las 6 pm. Sin embargo, le pidió al chico que no mencionara a Ichigo o Rukia que visitaria a Urahara en caso de que le preguntaran dónde estaba. No obstante, estaba convencido de que ni Orihime ni Sado preguntarían al respecto.
Ni siquiera él estaba seguro de por qué no sólo Kisuke Urahara, sino también el Capitán Comandante Shunsui Kyoraku, quien también estaría presente en la tienda del ex Capitán del Escuadrón Doce, había pedido que ni Ichigo ni Rukia -la única Shinigami en el Mundo Humano además de ellos- supieran de esa reunión. Sin embargo, cuando se acercó al lugar en cuestión y fue recibido por el imponente ex Capitan de la Unidad Kido de piel morena y cabello negro trenzado, Tessai Tsukabishi, Uryu supo que algo estaba pasando. Sin embargo, no podía decir qué tan malo era, o a quién involucraba directamente. Sacudiendo momentáneamente ese pensamiento de su cabeza, miró los ojos oscuros de Tessai como su único saludo, que le fue devuelto con igual gravedad.
—Kyoraku-Taicho...
El hombre prácticamente tan alto e imponente como Tessai, de largo cabello castaño rizado recogido en una trenza baja y suelta, piel bronceada y ojos marrones (el derecho cubierto por un parche) asintió ante el saludo de Uryu sin el más mínimo atisbo de su habitual sonrisa. A continuación, se disculpó con el Quincy por haberlo convocado a él en lugar de a Ichigo.
—Sin embargo, la verdad es que me temo que no reaccionaría como se espera si se entera de lo que está sucediendo...
Tessai les entregó a ellos y a Urahara una taza de té y luego se paró cerca de su amigo de mucho tiempo mientras Kyoraku e Ishida tomaban asiento. A continuación, y sin más preámbulos, el Capitán Comandante le explicó al hombre de cabello ébano que no habían tenido noticias de tres Capitanes desde los últimos cuatro días. Se trataba de Toshiro Hitsugaya, Lisa Yadomaru y Shinji Hirako. Además, y ese fue el evento más extraño, alguien aparentemente había entrado en Muken y herido gravemente a Sosuke Aizen.
—Y debes recordar que hay pocas armas o técnicas capaces de escapar de la habilidad de su Zanpakuto...
—La mía y la de Ichigo, por ejemplo. Espere... solo hay dos Quincy vivos además de nosotros y Ryuuken... Y ninguno está aquí en Karakura. Por otro lado, Kisuke-san, debes saber quién es uno de ellos, porque no es un ser humano como yo en primer lugar...
Urahara pareció reflexionar sobre las palabras de Uryu por un momento y luego, fijando sus propios ojos grises en los azules del hombre más joven, mencionó que recordaba haber escuchado de Mayuri Kurotsuchi que uno de sus 'sujetos de prueba' se había descontrolado y escapado de su laboratorio -y más tarde de la Sociedad de Almas- hace dos años. Dicho sujeto poseía no solo sus habilidades de Quincy, sino incluso las de Shinigami, aunque dudaba de dónde hubiera podido conseguir una muestra de estas últimas cuando era imposible hacerlo directamente de un Shinigami.
—Recuerdo que alguien, creo que fue Ichigo-san, mencionó que fue el Capitán Kurotsuchi quien logró revertir la técnica de zombificación de aquel Quincy, luego de que matara a Hitsugaya-Taicho y Matsumoto. Su nombre ahora no importa…
Uryu probablemente estaba del lado del enemigo cuando eso ocurrió, pero recordaba perfectamente aquella escena en cuestión por una sencilla razón. Giselle, la Quincy dotada de esa habilidad, había sido la última en morir, precisamente, a manos de su amo cuando la consideró…
No fue sorpresa para nadie que Ishida se hubiera detenido ahí, también por una sencilla razón. Había sido un método muy poco ortodoxo de su más reciente enemigo para deshacerse de aquellos a quienes ya no encontraba útiles el absorber su Reiatsu hasta que murieran. Tal como lo había hecho nueve años antes de la guerra, en el momento de la muerte de las madres de Ichigo y Uryu.
—Creo que deberías venir conmigo a la Sociedad de Almas, Ishida-san... —para sorpresa de todos los presentes, fue Kyoraku quien pronunció esas palabras —Quizás podamos preguntarle directamente a Kurotsuchi-Taicho sobre eso. Sin embargo, por otro lado, me temo que venir solo no sería una buena idea. En otras palabras...
—Entonces permita que solo Ichigo, o incluso su padre, sepan de esto. Temería involucrar a Orihime y Sado, al menos, por el momento...
Ninguno de los otros tres Shinigami se opondría. Conocían a Kurosaki lo suficientemente bien como para darse cuenta de cómo la más mínima posibilidad de una amenaza inminente que involucrara a sus amigos más cercanos podría afectarlo. Urahara e Ishida, especialmente, podían dar fe claramente de hasta dónde podía llegar el hombre de ojos ámbar en esas circunstancias. Suspirando y sacudiendo la cabeza, Shunsui puso una mano sobre el hombro de Ishida y le pidió que hablara con tantas personas como considerara apropiado y que luego se reuniera con él nuevamente en dos horas.
—Muchas gracias, Kyoraku-Taicho...
—No estás bajo mis órdenes como para dirigirte a mí de esa manera; aunque puedo dar fe de la nobleza natural de tu gente. No tengo la mitad de la edad del Viejo Yama, pero he vivido lo suficiente para conocer a un hombre con el que creo que tú, o tal vez tu padre, estaban emparentados...
—Ambos, en efecto; él era el padre de mi padre. En cuanto a lo que menciono antes, creo debérselo, precisamente, porque no soy uno de los suyos...
Se giró para darles parcialmente la espalda a los tres Shinigami e, inclinando ligeramente la cabeza, se despidió de ellos, diciéndole al Capitán Comandante que lo encontraría a su debido tiempo. Mientras se alejaba, Uryo detuvo brevemente su paso, pasó una mano por debajo de su chaqueta, tomando su cruz, y dejó escapar un hondo suspiro. Sinceramente no podía explicar por qué, pero comenzó a sentirse cansado de pronto, hasta que finalmente cayó de rodillas, sin percatarse siquiera de que alguien lo había tomado por los hombros.
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Era realmente raro que ella se encontrara en ese lugar. Y más aún en esa situación. Sin embargo, la Teniente del Primer Escuadrón, Nanao Ise, había acompañado a su Capitán -y actual Capitán Comandante del Seireitei-, Kyoraku Shunsui al Mundo Humano después de la desaparición de los dos Shinigami originalmente asignados como su escolta. El Capitán del Décimo Escuadrón, Hitsugaya Toshiro, y su Teniente, Matsumoto Rangiku. Ella había visto al hombre que ahora sostenía en sus brazos quizás dos o tres veces desde la guerra con los Quincies; precisamente, la raza de ese hombre. Sin saber qué hacer o a dónde ir, Nanao finalmente decidió llevarlo al otro lugar que conocía allí en el Mundo Humano además de la tienda (y casa) de Urahara Kisuke; el hospital y hogar de la familia de Ichigo Kurosaki, donde el hombre de cabello anaranjado aún vivía con su actual esposa, su hijo, su padre y sus hermanas gemelas. Antes de que Nanao pudiera prepararse para seguir su camino hacia la casa de Kurosaki, se dio cuenta de que Uryu no solo se había despertado, sino que también parecía un poco aturdido por alguna razón que ella no entendería. Eso, hasta que notó un curioso, pero vagamente familiar brillo cian debajo de su chaqueta gris.
—Hazte a un lado... —pidió Ishida, mientras lentamente volvía en sí y enfocaba su mirada índigo vidriosa en la oscura de Nanao —No sé qué tipo de Zanpakuto es ese que tienes, pero, si tienes la intención de permanecer en este plano, apártate ahora...
— ¿Estás diciendo que algo parecido a esa habilidad hizo que mis compañeros desaparecieran?
—No exactamente parecido, sino más bien idéntico. ¿Tu Capitán te ha mencionado alguna vez que Kurotsuchi-Taicho estaba experimentando con el Reiatsu de los Quincy además de los restos de Hollow?
Ise asintió, señalando que sabía que tales experimentos se llevaban a cabo en la Sociedad de Almas, y que esa había sido la razón por la que algunos miembros, como Urahara, la Capitana Yadomaru y el Capitan Hirako, entre otros, habían sido literalmente exiliados de allí. Nanao se dio cuenta rápidamente de que Ishida aparentemente ignoraba esa información; o, si sabía sobre eso, probablemente lo había olvidado debido a una confusión momentánea. Se levantaron lentamente y, poniéndose de nuevo las gafas, el Quincy y médico se giró para mirarla cara a cara y dijo:
—Me preguntaba por qué no te apartarías. Te enseñaron algún tipo de Kido, ¿verdad? De lo contrario, sería imposible que alguien se mantuviera a una pulgada de mí sin que fuera atrapado por mi Reiatsu. Por otro lado, parece que no puedo absorber el tuyo; no es que tenga la intención de hacerlo, de todos modos...
—Solo puedo activar mi Zanpakuto bajo ciertas circunstancias. Sin embargo, esta vez, me atrajo hacia ti. Y ahora veo por qué; la última persona contra la que tuve que usarlo fue un Quincy; y lo vencí... ¿Hasta dónde llegan tus habilidades?
—Hasta donde quisiera; sin embargo, no hay manera en el infierno de que pueda vencer a hombres como Ichigo o Hitsugaya-Taicho y no lo intentaría incluso si pudiera, Ise-san...
Sacó su cruz cuando se dio cuenta de que el brillo cian se estaba volviendo un turquesa más brillante y, volviéndose hacia Ise nuevamente, la instó a entrar a la tienda de Urahara antes de que su arco largo de energía pura se materializara en su mano izquierda. Solo entonces, la Teniente del Primer Escuadrón notó que estaba muy vendada más que enguantada como su mano derecha. Sin embargo, no cuestionaría eso; en cambio, obedeció. En el momento en que se fue, un montón de no menos de seis flechas de color púrpura rojizo cayeron exactamente en el lugar que acababa de desocupar. Fue entonces cuando, cuando cayó una nueva serie, fue detenida y luego arrojada por un rápido movimiento de espada, demasiado para que el ojo de Ishida lo notara. Sin embargo, una de ellas finalmente dio en el blanco, provocando un grito de desesperación de Ise cuando se dio cuenta de que efectivamente había golpeado a Shunsui en su pecho izquierdo. En realidad, un poco debajo de su clavícula.
—Ayúdalo a volver adentro, Ise-san. Puede que tenga una idea de lo que era esa flecha, aunque quitarla podría llevarme no solo un poco de tiempo... ¿Podrá resistir hasta entonces, Capitán Comandante?
—Creo que me estás subestimando. Sé en qué estás pensando... Y puede que tengas razón; si el atacante era el sujeto de prueba extraviado de Kurotsuchi-Taicho, entonces es probable que sus flechas estén envenenadas, como la Zanpakuto de Mayuri…
Por supuesto, Kyoraku no permitiría que sus acompañantes -especialmente Nanao- lo vieran. Sin embargo, luego de un momento, y a pesar de que nada en su expresión lo delataba, Uryu pudo darse cuenta de que la herida en su pecho le estaba provocando demasiado dolor. Por otra parte, recordaba haber visto tales expresiones en contadas ocasiones y, en especial, en los miembros femeninos, tales como Rukia o Matsumoto. Aunque probablemente jamás pudiera quitar de su mente la imagen de Ichigo en Las Noches, durante su duelo con los Espada de Aizen. Y, para ser honesto, el solo pensamiento aun le dolía a él mismo en ocasiones.
—Apresúrese, Ise-san... —le instó Uryu a la Teniente de cabello negro y gafas —Estoy seguro de que Tessai-san o Urahara-san podrían ayudarlo hasta que regrese...
Nanao miró a Ishida como si le cuestionara en silencio qué podía hacer al respecto. A eso, y al darse cuenta de su pregunta no formulada, el Quincy de ojos azules respondió que tal vez no podría tratar a su Capitán de la misma manera que Orihime o Tessai lo harían, ya que lo que él poseía no era Kido. Y usar su Reiatsu para eso podría resultar un error casi fatal considerando que Shunsui era un Shinigami. Puro, a diferencia de Ichigo, quien solo poseia herencia de su padre. En otras palabras, concluyó, tendría que recurrir a los medios convencionales que había aprendido como médico. Una pequeña e involuntaria sonrisa apareció en el rostro de Uryu cuando se dio cuenta de que Nanao aparentemente ignoraba esa información. Probablemente porque, a diferencia de otros miembros de la Sociedad de Almas, como Rukia, Renji o Toshiro, ella rara vez -o nunca- había visitado el Mundo Humano.
—Disculpe, Nanao-san; será mejor que sigamos nuestro camino. Si ese tipo fue capaz de llegar tan lejos como para herir a un Shinigami de alto rango con una flecha perdida, entonces eso significa que no se parece en nada a mí. No puedo darle a un objetivo al que no he apuntado; ningún arquero puede...
Se fue dejando a Nanao preguntándose si, si lo que decía era cierto, realmente había tenido la intención de atacar a Ichigo y sus amigos durante la guerra. Por otro lado, ella sabía que ningún Shinigami usaba arcos y flechas; sin embargo, algunos de ellos practicaban el tiro con arco como medio de 'meditación'. Sacudiendo la cabeza, continuó su camino de regreso a la tienda de Urahara.
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—Me disculpo por no poder hacer más que esto por ahora, Capitán Comandante...
Shusui no estaba lo suficientemente confundido ni lo suficientemente adolorido como para no identificar el indicio de agotamiento en la voz de su compañero. De hecho, podría decir que todo lo que quedaba de lo que fuera que esa flecha pudiera haberle causado era un ligero aturdimiento. Bajó la mirada ligeramente hacia el Quincy, quien estaba volviendo a colocar su kimono, cubriendo el vendaje que aplicara sobre su pecho y hombro izquierdo. Uryu negó con la cabeza, dejando escapar un largo suspiro que le dio al hombre de ojos color café la pista de que había tenido razón sobre el cansancio del más joven, aunque no preguntaría por qué, ya que también podía darse cuenta, considerando los eventos anteriores. Sin embargo, una duda surgió en la mente de Kyoraku, la cual no pudo evitar preguntarle a Ishida. Sin embargo, el hombre de cabello ébano se anticipó a ello y dijo:
—Su Teniente consideró apropiado regresar a la Sociedad de Almas e informar la situación al resto de la Guardia de la Corte. Por otro lado, no pude encontrar al atacante, aunque me topé con una posible respuesta a por qué apuntaría a Hitsugaya-Taicho... Me encontré con una mujer en mi camino hacia aquí que parece poseer poderes similares a los suyos y, también, a los de Ichigo... y usted debe saber que su Zanpakuto no está clasificada hasta ahora. Desprovisto de sus habilidades de Quincy, no pertenece a ningún elemento en particular entre los de sus Zanpakuto...
Shunsui no le recordaría a Uryu que, incluso después de la muerte de su enemigo, Kurosaki, e incluso él mismo, aún conservaban las habilidades 'ganadas' o 'heredadas' durante la guerra. En el caso de Ichigo, porque había entrenado para perfeccionarlas; en el de Ishida, porque literalmente habían pertenecido al conjunto de habilidades posibles de su raza desde la primera guerra, hace más de un milenio. Sin embargo, luego lo pensó mejor y le explicó esa 'teoría', por así decirlo, a Uryu, medio esperando su reacción completamente imperturbable. Después de todo, él era el hijo y, como si eso no fuera suficiente, nieto de Quincy de sangre pura.
—Capitán Comandante... —dijo Uryu después de un momento, sacudiendo al Shinigami de sus cavilaciones —Le recomiendo encarecidamente que no regrese a la Sociedad de Almas en este momento. Sé que acostumbraban reunirse en casa de Ichigo durante la invasión de Aizen. Sin embargo, supongo que puede entender que probablemente no esté en condiciones de hacerlo ahora...
Un nuevo suspiro, más largo, escapó de su boca, antes de finalmente sugerirle a Kyoraku que se quedara temporalmente en su casa. Una oferta que, ¿por qué negarlo?, tomó a todos los Shinigamis presentes por sorpresa. En especial, considerando qué era más que quién era el hombre de ojos índigo. Al darse cuenta de la razón detrás de esa reacción, Uryu miró por encima del hombro a Urahara y dijo:
— ¿Debo asumir que Kurosaki, y me refiero a su padre, debe haberle explicado mis razones detrás de los eventos durante la guerra, Urahara-san? Si no lo hizo, entonces puedo hacerlo yo mismo, si así lo deseas...
—Ya lo he dicho antes y lo repetiré ahora... —dijo Shunsui mientras se levantaba lentamente, con cuidado de no rozar siquiera el vendaje en su pecho —No me debes más respeto que el que me debe Ichigo-san como nuestro camarada. En cuanto a tus razones, Kurosaki-san no explicó nada, fue Yoruichi-san quien lo hizo después de que terminó la guerra. De hecho, también nos contó lo que tú, tu padre y, precisamente, Kurosaki-san hicieron al final después de que los intentos de Ichigo-san fracasaran...
—Ya veo... —respondió Uryu, esta vez, dejando escapar un suspiro de lo que parecía ser alivio —Vámonos ahora. Me pregunto, sin embargo, ¿alguna vez ha viajado en auto?
Shunsui negó con la cabeza, señalando que, sin embargo, sabía que se movían de esa manera allí en el Mundo Humano, a pesar de no haber estado allí muchas veces. De todos modos, concluyó con una sonrisa, tenía a sus 'espías' para mantenerlo informado de las actividades de sus camaradas. Por supuesto, Uryu sabía quiénes eran. Después de todo, además de Urahara y Tessai, Shinji Hirako y Hiyori Sarugaki también estaban acostumbrados a pasar una buena cantidad de tiempo en el Mundo Humano a pesar de haber sido aceptados de regreso en la Sociedad de Almas. De hecho, Hirako era un Capitán, al igual que sus compañeros ex Visoreds Rōjurō Otoribashi, Lisa Yadomaru y Kensei Muguruma. Sacándolos de ese ensueño momentáneo, Shunsui y Uryu se despidieron de Urahara y Tessai y se fueron, aunque, antes de que pudieran avanzar más de un par de cuadras, ambos hombres sintieron una energía intensa y vagamente familiar y, solo segundos después de eso, escucharon un grito de batalla muy familiar de una voz masculina.
—Eso viene de la casa de Kurosaki-san, ¿no es así?
Ishida asintió física y verbalmente, esta vez, incapaz de ocultar el indicio de preocupación tanto en su expresión como en su voz. No solo estaba preocupado por lo que le pudiera pasar a Ichigo, sino también porque Kyoraku tuviera que participar en la batalla mientras aún estaba herido. Así, volviéndose hacia el hombre más alto pero más delgado, se disculpó con él, explicándole que tendría que pedirle que regresara a casa de Urahara o que evitara involucrarse en la batalla durante el tiempo que fuera necesario, en caso de que decidiera acompañarlo a la casa de Ichigo.
—Me temo que debería regresar a la Sociedad de Almas, Ishida-san. Por un lado, es mi prioridad como Capitán Comandante cuidar de mis subordinados. Por otro, y por mucho que agradezca tu ayuda, creo que ya te he quitado mucho tiempo... Además, parece que necesitas un poco de descanso. ¿Estás bien?
—Puede que esté un poco cansado y aturdido, no puedo negarlo. Nunca he tenido que curar a un Shinigami como lo hace Orihime a excepción de Ichigo, aunque es posible que se dé cuenta de por qué pude hacerlo con él sin que me afectara tan severamente. El gasto de energía puede ser ridículo, créame...
Shunsui asintió, explicándole a Uryu que Matsumoto le había dicho una vez que Orihime había tenido que utilizar una gran parte de su propia energía en curar al Capitán Hitsugaya la primera vez que se le permitió liberar todo su poder en el Mundo Humano, mientras luchaba contra una de las Fracciones. Era la primera vez que hacía eso, así como también era la primera vez que el Capitán del Décimo Escuadrón había sido tan gravemente herido.
—Sí; lo recuerdo. Desafortunadamente, debo agregar. Ya sabe, mi... relación con ellos, y me refiero a sus subordinados, no era tan amable en ese entonces como lo es ahora...
— ¿Dirías que ‘tiraba la sangre’?
—Ya no estoy seguro...
Ishida suspiró, llevándose brevemente una mano al pecho mientras lo hacía. Kyoraku instintivamente colocó su mano sobre la del Quincy y, ofreciéndole al hombre de ojos índigo con gafas una leve sonrisa, notó que se sentía frío, aunque no podía saber si era su pecho el que estaba frío o si había algo mal con la fuente de sus poderes. Es decir, la cruz que llevaba debajo de su chaqueta. Uryu le devolvió la sonrisa, explicándole que era un efecto secundario común del uso de sus habilidades, aunque, como había mencionado antes, el hecho de haberlas usado en un verdadero Shinigami pudo haberlo hecho más agudo de lo que solían ser. Suspiro nuevamente, sacudió la cabeza, y volvió a repetirle a Shunsui que lo acompañara. Después de todo, señaló el Quincy sin ver directamente al hombre de cabello castaño, dudaba que pudiera regresar a la Sociedad de Almas cuando su Teniente se había marchado y, por otro lado, no llevaba su Zanpakuto consigo, aunque no comprendía por qué.
—Tampoco vos a cuestionarlo al respecto… —concluyó Uryu, esta vez, volviendo la mirada sobre su hombro al Capitan Comandante —Dudo que me corresponda saberlo, de todos modos…
—Ya no la tengo conmigo…
Respondio Kyoraku luego de subir al auto negro estacionado fuera del complejo. Y, además, de sacudirse del breve y ligero estupor que le invadió apenas lo hizo. Nuevamente, Uryu no le devolvió la mirada apenas se sentó frente al volante; sin embargo, Shunsui le escuchó emitir una exclamación apenas audible de lo que, imaginaba, debía ser sorpresa, por lo que señalo:
—Entre los miembros de la Guardia Real, solo el Capitán Ukitake y yo poseíamos espadas gemelas. Sin embargo, en mi caso, una de ellas le pertenecía originalmente a mi Teniente; mejor dicho, a su madre… No estoy seguro si hayas oído de ello alguna vez, pero también la Zanpakuto de Ichigo le perteneció a su padre…
—Su nombre no es Kurosaki, sino Shiba, y solía servir como Capitán del Décimo Escuadrón. De hecho, el Capitan Hitsugaya fue su Tercer Oficial. Estaba asignado a la protección de Karakura cuando conoció a su esposa. Y, antes que lo pregunte, no; no fue Ichigo quien me lo dijo. Tampoco Kurosaki-san o mi padre…
Shunsui sonrió. Solo habría una única persona de quien Uryu hubiera podido oír aquello y esa era quien fuera su maestro; su abuelo paterno. Aunque, pensándolo mejor, tal vez no lo había oído directamente de él. Decidió sin embargo dejar allí la conversación, por lo que un largo y por demás cómodo silencio cayó entre ambos hasta que llegaron a su destino.Una vez que se detuvieron, nuevamente percibieron los mismos dos rastros de energía que notaran anteriormente aunque, esta vez, notaron un tercero, aun mas fuerte que los otros dos. Shunsui no era habitualmente alguien que reaccionara de ese modo; sin embargo, al identificar la inmensa -aunque invisible al ojo ‘ordinario’- barrera alrededor del hospital, y asimismo hogar, de la familia Kurosaki, señaló:
—Al parecer… El Capitán Hitsugaya logró escapar. Sin embargo… ¿por qué y cómo pudo montar esa barrera?
Uryu tenía exactamente el mismo cuestionamiento, para ser honesto. Aunque por una razón completamente diferente. El único modo en que un Shinigami, cualquiera fuera, pudiera ser capaz de montar una barrera semejante era que hubiera alcanzado su Bankai. Y, por lo que podía recordar, Toshiro Hitsugaya aún no había logrado dominarlo por completo como lo habían hecho otros Capitanes y Tenientes. Byakuya Kuchiki y Renji Abarai, entre otros.
—Probablemente explicarte las circunstancias solo signifique echar sal en la herida, hijo, pero… La realidad es que finalmente, y después de dos años entrenando para ello, el Capitán Hitsugaya consiguió perfeccionar, o mejor dicho completar su Bankai…
—Solo imagino un sujeto que haya podido forzarlo a ese extremo… Uno de ellos fue eliminado por su Teniente; estimo no debo explicarme quien es el restante…
Solo en ese instante, el Capitan Comandante comprendió que el joven Quincy había decidido voluntariamente ‘aliarse’ a su enemigo, con el solo fin de que sus amigos, aunque probablemente no los miembros de la Sociedad de Almas, pudieran llegar más fácil a él. O, al menos, Ichigo. Sacudió la cabeza y, apenas descendieron del vehículo, alzó la mirada a la especie de ‘domo’, el cual, por supuesto, solo el y su compañero podían apreciar.
—Mantente detrás de mi… —advirtió Kyoraku mientras se acercaban al domo —Algo serio debió de haber sucedido para obligar al Capitán Hitsugaya a tales extremos…
Uryu podía decir que, en efecto, algo muy serio había ocurrido por una simple razón. Hasta que llegaron allí, podía percibir claramente la Presión Espiritual de tres personas, las cuales sabía perfectamente quienes eran. Sin embargo, en ese instante una de ellas se había desvanecido casi por completo. Y no pudo evitar recordar la primera vez que eso sucediera. Un escalofrío involuntario recorrió su columna vertebral cuando la escena en cuestión cruzó por su mente. Especialmente, al recordar la expresión aterrorizada de la actual esposa de Ichigo ante la apariencia frenética -o más bien grotesca- del Shinigami de ojos ámbar mientras estaba bajo el control de su Hollow interior. Shunsui pareció notar eso incluso a pesar de haberse posicionado frente al hombre más joven y, por lo tanto, estar de espaldas a él. Sin embargo, se dio cuenta de que su Reiatsu fluctuaba de manera bastante extraña.
—Con mayor razón, deberías quedarte aquí... —dijo finalmente Shunsui, girando su oscura mirada sobre su hombro para mirar a Ishida —Ignoro lo que tienes en mente ahora y preferiría no profundizar demasiado en eso, pero ciertamente parece haber afectado severamente tu mente más que solo tu flujo de Reiatsu. Y eso nunca es una buena señal en personas como tú...
Demasiado sorprendido para responder, en parte debido al persistente recordatorio de lo que acababa de ver y en parte debido a las palabras completamente honestas más que directas del Capitán Comandante, Ishida simplemente asintió. Después, se llevó una mano al pecho y respiró profundamente un par de veces, exhalando lentamente como si intentara absorber todo lo que pudiera de esa bocanada de aire fresco. Solo cuando se percató de que parecía haberse calmado lo suficiente, el Quincy de cabello ébano preguntó si había algo que pudiera hacer mientras tanto. O si en realidad había alguien a quien Kyoraku considerara prudente informar de la situación.
—No por el momento… —respondió Kyoraku mientras se alejaba lentamente —Sin embargo, y por desgracia, debo pedirte que no te alejes demasiado. Algo me dice que tus amigos podrían necesitar ayuda una vez que esto acabe. Y asumo que comprendes por qué lo digo…
Si. Por supuesto que comprendía perfectamente de qué hablaba. Aunque, muy dentro de sí, rogaba que su ayuda fuera necesaria en la menor medida posible. Por otra parte, sin embargo, y considerando la situación en la que se encontraban, temía que eso no fuera posible.
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Mientras tanto, dentro de la residencia Kurosaki, el Capitán del Décimo Escuadrón, Toshiro Hitsugaya, prácticamente estaba llegando al límite en el que podía sostener su Bankai perfeccionado mientras también intentaba fortalecer la barrera que había colocado en la casa de su antiguo capitán. Por otro lado, su Teniente, Rangiku Matsumoto, estaba ayudando a Inoue Orihime a curar a Ichigo de las graves heridas que había sufrido tras el ataque sorpresa del que habían sido víctimas hace unas horas, y al que los cuatro habían sobrevivido precisamente gracias a la intervención del Shinigami de ojos turquesas.
—Deberías... detenerte, Toshiro... —advirtió Ichigo, apenas por encima de un susurro y mientras se incorporaba lentamente —Puede que esté débil, pero... puedo decir que ni la barrera ni tu cuerpo resistirán mucho tiempo en el Bankai...
Hitsugaya no respondió, consciente de la verdad en las palabras de Ichigo pero, al mismo tiempo, de los riesgos que detenerse en ese momento podría significar para todos ellos.
—Tengo que aguantar lo más que pueda, Ichigo... —respondió el capitán de cabello albino y ojos turquesas —La ayuda está en camino, pero... parece que él tampoco se encuentra en las mejores condiciones...
Inoue abrió enormemente sus ojos almendrados al darse cuenta de a quién se refería Hitsugaya. Un momento después, sintió no solo el Reiatsu de la persona en cuestión, sino también de otra más poderosa que no pudo identificar al principio. Hasta que una abertura en la cúpula le dio no solo a ella, sino también a Toshiro, una pista más cercana de la identidad de dicha persona. Desde la ventana frente a la que se encontraba, Hitsugaya pudo notar un claro corte en la cúpula que fue causado por una sola arma posible. Una espada. Un momento después, pudo vislumbrar quién era esa persona. Fue entonces cuando sus resistencias cedieron y, mientras su Bankai se desvanecía, o al menos lo hacía en su mayor parte, cayó de rodillas, jadeando en busca de aire. Desesperada, Inoue se apartó de Ichigo y se arrodilló junto al Capitán, colocando sus manos en su espalda como si tratara de restaurar su energía más que solo curar las heridas que el sobreesfuerzo le había causado.
—N-no... Inoue, detente... por favor...
Eso fue todo lo que pudo decir antes de que la fatiga lo dejara inconsciente, sin que él lo supiera -a diferencia del caso de sus tres amigos presentes- en los brazos de otra persona. Uryu miró a Ichigo una vez más acostado en el sofá y luego a Rangiku que todavía lo atendía y dijo que se llevaría a Hitsugaya con él; mientras tanto, el Capitán Comandante se quedaría de guardia allí, porque tenía la impresión de que quien los había atacado había apuntado directamente a Ichigo. Por lo tanto, si se quedaba allí, las cosas probablemente empeorarían.
—No puedo explicarlo ahora, pero si quien atacó a Ichigo fue el mismo que atacó al Capitán Comandante mientras intentaba protegerme a mí y a su Teniente, entonces no solo nosotros dos, sino incluso mi padre pueden ser sus objetivos. Y supongo que no necesitas que te explique por qué, Ichigo...
Ichigo negó con la cabeza mientras se quitaba su shihakusho -su túnica negra de Shinigami-, dejando al descubierto una herida aparentemente aún fresca, o que estaba tardando más en sanar, y que Ishida reconoció al instante. Al darse cuenta de lo que era en realidad, el Quincy le pidió a Matsumoto que tomara su lugar junto a su Capitán por un momento y que le permitiera evaluar las heridas de su amigo él mismo. Sin embargo, le explicó que los Quincy no poseían técnicas que pudieran curar a menos que los heridos fueran otros como ellos. Y, como él, Ichigo era una especie de híbrido.
—Sí, recuerdo que el Capitán mencionó algo así hace años... —dijo Rangiku, asintiendo lentamente mientras se agachaba junto a Toshiro, apoyando su cabeza en su regazo —Y me refiero a Kurosaki-san. Recuerdo que dijo que conoció a tu madre aquí, en Karakura, y que sacrificó sus poderes de Shinigami para salvarla de ser tragada por un Hollow...
—Eso escuché...
Ishida admitió, señalando más tarde que, en realidad, en lugar de haber oído sobre eso, había leído sobre eso en las notas de su abuelo que su padre Ryuuken había guardado en su oficina. Ninguno dijo nada más después de eso hasta que, volviéndose para mirar a Matsumoto, Uryu tomó dos frascos que tenía debajo de su chaqueta blanca, y luego dirigió su atención hacia Ichigo. Mientras llenaba una jeringa con el contenido de uno de los frascos, y sin voltearse a mirar a la Teniente del Décimo Escuadrón, dijo:
—Esto sólo servirá para adormecer su cuerpo desde la cintura hacia arriba hasta que termine de atender y vendar sus heridas. Aunque eso no sólo tomará algo de mi tiempo, sino incluso de mi propio Reishi. Sólo hay una técnica que compartimos y es la que eventualmente me ayudará a cerrar una herida causada por una flecha Quincy como la que le atravesó el pecho...
Luego le dio otro frasco a Matsumoto, explicándole que esa muestra posiblemente le era más familiar, ya que había sido el Capitán Mayuri Kurotsuchi quien la creó en su laboratorio, con un poco de ayuda de Urahara. Y, añadió con un dejo de frustración, usando su último clon de Nemu como sujeto de prueba.
—Sólo me alegro de que haya sobrevivido; he oído que todavía no ha vivido más de ocho años... Lo siento; solo... dale eso al Capitán Hitsugaya y, si algo sale mal, avísame de inmediato. No estoy seguro de que sea el caso, pero estimo que debes de conocerme lo suficiente a estas alturas para saber que no hubiera aceptado la ayuda de ese sujeto sin haber comprobado por mi mismo que esa sustancia no le haría daño, ni a ustedes ni a mi…
Matsumoto palideció de solo imaginar que Uryu se hubiera arriesgado a probar una sustancia experimental creada por el Capitán del Doceavo Escuadrón en sí mismo antes de entregársela a ella y, por si fuera poco, de utilizarla en Ichigo. Considerando que, a diferencia de ella y Toshiro, Ishida y Kurosaki eran seres humanos mortales más allá de sus habilidades. Sin embargo, no tuvo tiempo siquiera de cuestionarle acerca de su estado puesto que, apenas volvió la mirada hacia donde antes estaba Uryu, se percató de que alguien más había ocupado su lugar. Este era nada menos que el Capitán Comandante.
—Olvida los formalismos ahora, Rangiku-san… —pidió el moreno con una pequeña sonrisa —No estamos en la Sociedad de Almas y, por ende, aquí somos huéspedes, o invitados de Kurosaki-san y sus amigos…
Matsumoto solo le devolvió una pequeña sonrisa en respuesta. Para ser honesta, estaba preocupada no solo por su Capitán, sino incluso por Ichigo e Ishida. En especial, si lo que este último había mencionado era en efecto cierto.
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Su Reiatsu, su cuerpo normalmente era frío debido a la naturaleza de sus poderes. Sin embargo, la mano que presionaba su muñeca como si intentara comprobar su pulso se sentía aún más fría, si tal cosa era posible. Eso fue lo que finalmente provocó que el capitán Toshiro Hitsugaya despertara de su letargo más que sueño. El Shinigami de ojos turquesas parpadeó, tratando de aclarar sus ojos, para luego enfocarlos en la persona parcialmente agachada a su lado. Parcialmente porque, mientras que Hitsugaya estaba acostado en una cama, Uryu Ishida estaba apenas sentado en el borde de una silla a su lado. Ofreciéndole una sonrisa completamente desprovista de cualquier rastro de ironía, Toshiro le preguntó al Quincy si estaba tratando de hacer lo que suponía que estaba haciendo, recordándole que, a diferencia de lo que sucedería en el caso de Ichigo o Isshin, ninguno de ellos tenía pulso real, por así decirlo.
—Eso ya lo sé, capitán Hitsugaya... —tosió suavemente un par de veces, como si tratara de aclararse la garganta en lugar de tomar aire—. Perdone; llevo... unas seis horas más o menos sin beber un sorbo de agua... En cuanto a lo que realmente estoy haciendo, le pido disculpas de nuevo. Es solo... una costumbre mía; de nosotros los médicos, quiero decir. Estamos acostumbrados a revisar los signos vitales de un paciente incluso cuando sólo padecen un leve resfriado...
Se puso de pie y caminó hacia un rincón de la habitación, luego abrió un cajón del escritorio y llenó rápidamente una jeringa. Cuando Hitsugaya se dio cuenta de eso, le preguntó a Ishida si esa era la misma sustancia que le había pedido a Matsumoto que le diera antes. Y que, por cierto, ella no le había dado.
—No; no lo es. Y me alegro de que no se la haya dado. Tal vez ni ella ni Inoue-san le hayan mencionado esto, pero esa droga de prueba que me dio el Capitán Kurotsuchi... Tuve que usarla dos veces por falta de una antes... Aunque no fui el único en ese entonces; Renji, también. Sin embargo, prefiero guardarme los detalles para mí. Es decir, si tiene la intención de mantenerse cuerdo...
Toshiro no estaba seguro de cómo reaccionar, especialmente, ante esas últimas palabras. Sin embargo, tenía al menos una vaga idea de lo que podría haber llevado a Ishida y Abarai a recurrir -de mala gana, supuso- a la ayuda de Mayuri. Es decir, cuando un rebelde Capitán Aizen y su ejército de Arrancar los separaron y los aislaron a través de una Garganta. Por otro lado, era innecesario decir que el solo pensamiento de lo que Kurotsuchi había hecho en realidad lo aterrorizaba más que su propia experiencia con los 'experimentos' de su compañero Capitán. Solo esperaba que otras personas, como Ichigo y Orihime, por ejemplo, no hubieran pasado por eso antes.
—Sabe, no es una habilidad habitual entre nosotros los Quincies el leer las mentes, pero debo estar de acuerdo con su Teniente y con Kurosaki-san en que la suya es a veces un libro abierto...
—Eso me han dicho. El padre de Ichigo también nos ha mencionado muchas veces que no le contaba a su hijo sobre su madre por lo que pasó. Sin embargo, ¿alguna vez has escuchado por qué la ayuda nunca le llegó a pesar de haberla pedido al Capitán Comandante Yamamoto?
Uryu abrió enormemente los ojos al darse cuenta de a qué se refería Toshiro. Sin embargo, interiormente se preguntó cómo el Capitán del Décimo Escuadrón podía saber eso cuando probablemente no era mayor que Renji. Es decir, en el momento de la muerte de su abuelo, Hitsugaya probablemente todavía era un estudiante de la Academia Shinigami. Como si de hecho se hubiera dado cuenta de lo que estaba pensando el doctor de cabello ébano, Toshiro suspiró, explicándole que de hecho era cincuenta años más joven que Renji y Rukia. Sin embargo, había logrado dominar su Bankai y se había graduado de la Academia antes de cumplir cien años. Unos años más tarde, fue designado como el tercer escuadrón del padre de Ichigo, con Matsumoto como su teniente.
—A diferencia de los Hollows, nosotros los Shinigami olvidamos la mayor parte de lo que fue nuestra vida humana en el momento en que somos llevados a la Sociedad de Almas. Mi primer recuerdo, de hecho, es el de la aldea Rukongai donde la mayoría de nosotros que no pertenecemos a familias nobles fuimos criados, cerca del cuartel del Undécimo Escuadrón. Fui criado junto con la teniente del capitán Hirako, Momo Hinamori, por ejemplo...
Uryu podía notar un indicio de algo que no podía decir si era tristeza o nostalgia en las palabras del hombre de cabello albino. Especialmente, cuando hablaba de Hinamori. Podía recordar una ocasión particular en la que su vínculo probablemente se hizo más claro y fue cuando, mientras estaba bajo el efecto de Kyoka Suigetsu de Sousuke Aizen, Hitsugaya literalmente apuñaló, hiriendo casi fatalmente a Hinamori después de confundirla con el ex-Capitán del Quinto Escuadrón. Sacudió la cabeza y, volviendo a la pregunta que le formulara Hitsugaya anteriormente, asintió, señalando que, por desgracia, había oído de ello por parte de la persona -el Capitán- directamente responsable, por así decirlo, de que eso no sucediera. Es decir, Mayuri Kurotsuchi. Esta vez fue el albino quien le devolvió una mueca de genuina sorpresa en su rostro una vez más prácticamente vencido por el cansancio aunque, antes de que pudiera cuestionar al Quincy de ojos índigos al respecto, este simplemente negó con un leve movimiento de su cabeza, para luego advertirle que lo mejor en ese momento era que descansara.
—A propósito, y me disculpo por ello, Hitsugaya-Taicho, pero creo no haberle mencionado ni donde estamos ni donde se encuentra Rangiku-san ahora. En primer lugar, Urahara-san nos trajo aquí; es su tienda. En segundo lugar, ella regresó a la Sociedad de Almas a reportarse con su Capitan Comandante. Finalmente, han pasado dos días desde entonces, por eso tampoco Kyoraku-Taicho está aquí…
—Entiendo… —respondió Toshiro, mientras sus ojos se cerraban lenta y pesadamente —Te lo agradezco, Ishida pero… tú también deberías descansar…
El hombre de cabello ébano respondió con un ‘lo haré’ prácticamente en un murmullo, a tal punto que Hitsugaya apenas pudo escucharle antes de quedarse dormido nuevamente. Uryu se retiró entonces de la habitación, encontrándose no sólo con el ex-Capitán de la Unidad de Kido, Tessai Tsukabishi, sino con otros dos actuales capitanes del Gotei 13, nombrados tras el final de la guerra. Recordaba haber visto a Shinji Hirako, generalmente, acompañado de Hiyori Sakuragi. En ese instante, sin embargo, le acompañaba la actual Capitana del Octavo Escuadrón y ex-Teniente y sucesora de Shunsui Kyoraku, Lisa Yadomaru. Para ser honesto, la presencia del rubio no le sorprendía en lo más mínimo; sin embargo, lo último que recordaba de Lisa era el haberla visto en la ceremonia de nombramiento de Rukia Kuchiki como sucesora en el Decimotercer Escuadrón de su fallecido Capitan, Juchiro Ukitake. Finalmente, le sorprendió no encontrar allí a Yoruichi Shihoin, a pesar de que le había sido concedido el permiso para regresar a la Sociedad de Almas para cumplir sus antiguas funciones en el Servicio Secreto del Seireitei junto a la Capitana del Segundo Escuadrón, Soi Fon.
—Yoruichi-san regresará con Rangiku apenas entreguen el reporte…
Dijo de pronto Lisa, casi como si hubiera adivinado los pensamientos de Uryu. Aunque, más que mostrarse siquiera ligeramente sorprendido, el Quincy solo asintió, permitiéndole continuar. La mujer de cabello negro en una coleta a media altura y gafas agradecio devolviendole el gesto y simplemente explico que tambien la actual Teniente del Primer Escuadron y asimismo mano derecha de Shunsui Kyoraku, Nanao Ise, regresaria junto a Shihoin y Matsumoto.
—Ignoro que haya sucedido y no me corresponde cuestionar a mis superiores al respecto…
No tardó demasiado en notar la expresión confundida de Uryu cuando menciono esas palabras por lo que, sin modificar un ápice su expresión, aclaró que, si bien era cierto que, a diferencia de Nanao, ella era una Capitana, Ise era nada menos que la mano derecha de la máxima autoridad de la Sociedad de Almas y, como tal, le debía el mismo respeto que a cualquier Capitán por debajo de Shunsui. Es decir, a cualquiera de sus colegas.
—Entonces permítame decir que si le corresponde saber por que motivo Ise-san vendría aquí. Es mi directa responsabilidad que su Capitan haya resultado herido la primera vez que nos atacaron. Y es ahora mi responsabilidad y no solo la de Orihime velar por los habitantes tanto del Mundo Humano como de la Sociedad de Almas si llegaran a necesitarlo. A propósito, Yadomaru-Taicho…
Ante la mirada absorta tanto de Lisa como de Shinji, mas no así de Kisuke y Tessai, Ishida se inclinó ligeramente antes de hablar de nuevo:
—Ishida Uryu, a su servicio. Y ha sido un honor conocerla… Con su permiso, debo marcharme; debo asegurarme que Kurosaki no intente huir mientras nadie está vigilandolo…
—Primero, cualquier amigo de Ichigo puede solo llamarme Lisa. Aunque… entiendo que eso puede tomar algo más de tiempo contigo y Yasutora. Creo que ese hombre le pondría la piel de gallina a Hiyori con tanta cordialidad. Bueno... tú no eres diferente en ese sentido…
— ¿Sado? Creo que lo subestimas, Yadomaru-san…
Por supuesto, todos sin excepción rieron ante el comentario por demás habitual, aunque sin el menor rastro de ironía, de Urahara. Momentos más tarde, Uryu volvió a despedirse, recordandole al ex-Capitan de Duodecimo Escuadron que aun llevaba consigo el movil que le diera años atrás. En otras palabras, que estaría al pendiente en caso de que requiriera su ayuda nuevamente.
