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El resto del fin de semana es tan monótono como siempre, no hay nada nuevo que destacar, y si eso pasara Shoto no lo notaría, estar en su casa es tanto como vivir en un infierno bien conocido.
Soportar los gritos de su padre cada mañana y al atardecer, se supone que debería de tener más trabajo heroico los fines de semana que otra cosa, pero el hombre siempre parece tener la agenda libre para ir a entrenar a su hijo.
Está ahora mismo en su habitación, con su cuerpo sudoroso por el esfuerzo, adolorido por los moretones que pintan en tonos oscuros sus costillas, brazos y abdomen, marcas de un color rojizo ardiente le dan la bienvenida en su antebrazo.
Mucho más grande y visible de lo usual, las otras quemaduras son como manchas agridulces en su costado derecho, dónde jura que es mucho más pálida que la otra mitad.
No le sorprende que el anciano esta vez tuviera menos tacto, bueno, nunca lo tuvo, pero ahora que estaba en UA el hombre había sido, si se puede decir en una mejor palabra, “Cuidadoso” en cuanto a su entrenamiento, dejando moretones en las partes más cubiertas de todo su cuerpo.
Que sea leve, no significa que no duela, Shoto se ha acostumbrado al dolor desde que era un niño, como el único acompañante fiel que nunca lo abandonó, la cicatriz en su ojo izquierdo arde con vehemencia, pero sabe bien que es más un dolor fantasmal que reciente.
Aun así, es tan real que no le impide dejar un paño húmedo sobre esta, su respiración sube y baja, el corazón le late con tanta fuerza que tiene miedo de que finalmente haya decidido huir, como él siempre deseo.
Pero se detiene, la figura borrosa de su madre aparece como un recuerdo nostálgico, y como si pudiera dejarse caer en la tentación, un beso frio cae sobre su coronilla, y casi puede añorar estar nuevamente sobre el regazo de su madre mientras ella le lee un cuento antes de ir a dormir, una de las pocas cosas infantiles que su padre no le prohibió. Al menos hasta que ella se fue.
Entonces se rompe, como el hielo quebrándose ante la presión, ya no hay nada, solo él y su helada habitación.
Baja el paño de su rostro que ahora está seco, y vuelve a remojarlo, el dolor punzante de su antebrazo clamando su atención, es cierto.
El viejo sigue enojado porque no ha usado su fuego, Shoto es tan terco que prefiere que lo humillen y golpeen contra el suelo sin descanso antes que usar el asqueroso don que su padre le heredó, el fuego horripilante que traumatizó a su madre, y el mismo que le arrebató a su hermano mayor.
El fuego es imparable, igual a Endeavor, destruye todo lo que toca y no deja nada más que cenizas, lo odia, y preferirá mil veces morir por hipotermia si eso le asegura no tener que usar su lado izquierdo por el resto de su vida.
Fiel a sus deseos, sus dedos trazan con delicadeza sus heridas, con cremas para quemaduras, y un gel frio que adormece sus músculos, se siente pegajoso y asqueroso, pero es mejor que nada.
Dejando sus heridas de lado, Shoto observa el plato de arroz y curry olvidado en la mesa de su habitación, Fuyumi vino hace más de una hora, justo después de que terminó su entrenamiento, con comida y las cremas para quemaduras, tocando suavemente la puerta de su habitación.
No le abrió, dejó a su hermana allí afuera por 20 minutos hasta que ella entendió, con un dulce “Buenas noches”, y le dejó el plato junto a lo demás en el suelo antes de marcharse.
Shoto no odia a su hermana, y mucho menos la culpa por la situación, no cuando Fuyumi le prepara su comida favorita siempre que puede, incluso a escondidas de su padre, no cuando ella en su cumpleaños sin falta le compra un regalo y le hace con esmero un pequeño pastel.
No cuando ella intenta tener pequeñas conversaciones con él, aún si sus respuestas son tan cortas que no dan hincapié a ninguna otra charla, ella sigue allí, le cura las heridas cuando él está tan cansado que no se puede mover.
Lo arropa con cariño, e incluso lo abraza susurrando palabras bonitas en su oído.
Pero ella vive en una burbuja, y se niega a aceptar la realidad, una en la que su padre es un monstruo, pero ella se aferra a que existe la diminuta posibilidad de que él pueda cambiar.
Shoto no odia a Fuyumi, él la ama, pero no puede soportar la mirada apagada y llena de tristeza que ella siempre le da, no quiere verla.
No puede, él no puede evitar sentirse culpable por todo, por obligarla a vivir en este infierno con una actitud positiva que no es tan buena en fingir como ella cree.
Porque Fuyumi solo se queda en esa casa por él, y solo por él, ella aguantará y tendrá una falsa esperanza sobre que las cosas podrán cambiar.
El arroz sabe arenoso en su paladar, el curry lleno de sabores que no puede descifrar, aun así, Shoto come, la comida es deliciosa como siempre, pero no la disfruta.
En la oscuridad y silencio de su habitación. Él llora, pero sus gritos son tan silenciosos que a la intemperie de la noche son cubiertos por el silbar del viento.
Él odia, solo quiere correr lejos de aquí.
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A la mañana siguiente el sol brilla aún más fuerte que ayer, el calor es casi insoportable, un gran contraste con el frío de la noche. Sus quejas no son solo suyas mientras oye a sus compañeros quejarse ante Aizawa-Sensei, lo cual es grave porque literalmente se encuentran en un salón de clases con aire condicionado en una moderna y tecnológicamente actualizada escuela.
Para él no es que sea un problema, sus dones lo mantienen siempre a la misma temperatura, con el frío deslizándose por el lado derecho.
Por el rabillo de su ojo notó al compañero que tenía sentado a su derecha, suspirando de alivio y mirando a Shoto como si fuera una deidad, su nombre era Sato si mal no recuerda, y eso es solo porque escucha el nombre de sus compañeros cada día, no porque realmente les esté prestando atención en absoluto.
Aunque hay algunos que han alcanzado a tomar su curiosidad, como Yaoyorozu su compañera sentada a su lado izquierdo, ella ha sido muy amable con él, casi le recuerda a Fuyumi, además de que su don es muy útil y práctico, ve en ella alguien que puede a ser un héroe impresionante en el futuro.
Sus otros compañeros poco o nada les ha dado más de una sola mirada, la mayoría son tan ruidosos que no soporta estar más de un par de horas, y Kaminari, el chico de la electricidad cada que tiene la oportunidad se recuesta sobre él con una confianza que no le ha dado, así que solo lo aparta con cortesía, aunque no le sorprende tanto porque el rubio parece hacer lo mismo con más personas, como tocar incesantemente la cola de Ojiro cada que puede, corrección, no los detesta, pero él no ha venido a UA para ser amigo de nadie.
Y hablando de ruidosos, una explosión se escucha no muy lejos de donde está, sus ojos heterocromáticos parpadean hasta hallar la fuente del ruido, un chico con aparentes problemas de control de la ira está zarandeando a un pelirrojo, Bakugo, no tiene mucho que decir de él, es molesto y tiene una personalidad que le recuerda horriblemente a Endeavor, solo que en miniatura. No muy lejos del escándalo, un peliverde mira la escena con una mueca.
Midoriya Izuku, en un principio nunca notó al chico de cabello esponjoso y verde, de hecho, no se dio cuenta de su existencia hasta que estuvieron en la prueba de aprehensión de dones que hizo Aizawa-Sensei hace unos días, con la amenaza de expulsión hacia el que tuviera la puntuación más baja, Shoto no se sintió intimidado, no iba a permitir que lo expulsaran el primer día, sabía que era fuerte.
La cuestión es, Midoriya no poseía un don extremadamente llamativo ni nada por el estilo, si, poseía una fuerza incomparable dado lo lejos que mandó a volar la pelota en la prueba, e incluso escuchó de lejos como algunos se emocionaban con él al mencionar que destruyó un robot punto cero de un golpe.
Hazañas, pero eso no fue lo que hizo que Shoto mirara al adolescente, sino el hecho de lo que pasó después, él notó con intriga como el dedo de Midoriya se había vuelto de un tono oscuro después de lanzar la pelota, no había que ser un genio para saber que se había roto, de una manera completamente sádica.
Al igual que cuando destruyó el punto cero, se rompió las extremidades, esto también sabido por escuchar a escondidas. Un don tan poderoso y destructivo que lastima a su usuario es básicamente el inicio de un mal presagio, exactamente como le pasó a su hermano, Shoto no lo conoció, pero escuchó de Endeavor lo suficiente, furioso por Touya, por no saber cuándo detenerse, y que hay cosas que simplemente no estaban destinadas para ti.
Casi sintió la necesidad de ser una buena persona y decirle a Midoriya que debería parar, o eso intentó en muchas comillas, hasta que un día durante el almuerzo vio al peliverde hablando con nadie más que el mismísimo All Might, de todas las personas, su héroe de la infancia, y aquel al cuál Endeavor odia con fervor, el héroe al que Shoto debe superar.
Estaba muy lejos como para escuchar la conversación, pero los gestos demostraban el hecho de que se conocían, Shoto no era bueno leyendo a las personas, en lo absoluto, pero incluso él podía ver como All Might trataba con cariño a Midoriya, una palmada suave sobre los rizos verdes, eso lucía más que una relación de profesor y un alumno, quizás, mucho más paternal de lo que él alguna vez sintió por experiencia.
Entonces no dijo nada, no interfirió, es probable que él y Midoriya pudieran tener algo mucho más profundo en común.
La clase terminó, y Shoto salió de sus pensamientos, hora del almuerzo, no tenía mucha hambre, pero la espera a un buen soba frío le hizo tragar en seco.
La cafetería estaba llena con cientos de estudiantes yendo de un lugar a otro, él decidió por sentarse en una mesa en la esquina más recóndita que pudo encontrar para evitar charlas innecesarias, como la de algunos estudiantes cuando lo reconocieron como el hijo de Endeavor cuando estaba buscando su almuerzo, Shoto no les dirigió ni una palabra.
Ahora, con el sabor frio del soba en su boca, se siente mucho más tranquilo, e incluso feliz, hasta que una conversación de la mesa de al lado le llama la atención.
—Oigan ¿Si vieron el café nuevo que abrieron ayer? —Dijo uno con emoción.
—¡Si! Y tiene temática de héroes, se ve realmente bonito.
—La verdad es que abrir un café con temática de héroes cerca de una escuela de héroes, es una gran idea. —Dijo una chica con el cabello morado.
Un café, cerca de la UA, no sabía de eso, y tampoco le interesaría, pero en su paladar el sabor del latte que tomó hace unos días lo ha perseguido desde entonces, el dulce y suave líquido lo pone de buen humor de inmediato, debería probarlo de nuevo, así que Shoto con su bandeja de comida limpia, se levanta de su mesa y sin pensarlo mucho se acerca al grupo de estudiantes.
—Disculpa, ¿Podrías decirme dónde queda esa cafetería? —Su tono de voz es tan expresivo como su rostro. Indiferente.
Los estudiantes pestañean dos veces ante su presencia, hasta que uno de ellos con el cabello azul tose con una sonrisa nerviosa, pero alegre. —Si, queda a dos calles de aquí, cerca del gimnasio.
—Ya veo, muchas gracias. —Da una leve reverencia antes de alejarse, dejando a los estudiantes más confundidos que antes, pero ninguno lo llama para obtener respuestas.
No las habría respondido tampoco, así que para el final del día Shoto se encuentra frente a una cafetería que tiene tanta publicidad que de verdad se pregunta cómo no la vio antes.
Hay un enorme cartel de All Might, con el pulgar hacia arriba gritando “Plus Ultra”, y una fila notoriamente larga afuera del lugar.
Suspira, siempre supo que el precio de la felicidad era caro.
Cuando está adentro, el lugar está abarrotado de distintas decoraciones, todas ellas de héroes, sobre todo All Might con figuras de cartón del tamaño real, y casi parece ser dividido en secciones, la más grande es la de All Might, la segunda más grande es la del héroe alado Hawks, y puede ver un grupo de adolescentes agrupadas allí.
Hay otros héroes como Best jeanist, Edgeshot, Mirko, y otros.
Ve a su padre también, pero la sección de Endeavor es tan minúscula que más bien parece una decoración al azar, así que Shoto puede ignorarlo.
Cuando por fin llega su turno luego de una larga espera, un hombre con el cabello negro y ojos verdes lo mira con una gran sonrisa, nada que ver con el hombre de cabello blanco con ojos azules de mal humor que lo atendió la última vez que fue a un café.
—¡Bienvenido al café Plus Ultra! ¿Qué podemos hacer por ti? —Su voz es tan alta.
—Un latte.
—Ya veo, ¿Me permites tu nombre por favor? Te llamaremos cuando la orden esté lista, estamos un poco saturados en este momento. —Responde con una sonrisa.
—Todoroki Shoto.
—Entendido, por cierto, tu vaso será decorado a tu gusto, ¿De cuál héroe te gustaría chico? Tenemos All Might, Hawks, Endeavor…
—All Might. —Decide Shoto con su rostro inexpresivo, Dios nunca permita que Endeavor le arruine el café.
Hubo un asentimiento por parte del hombre quien anota su pedido. —Serán unos 650 yenes.
Shoto paga sin pensar realmente en el precio, le dan una factura y le piden que espere, y eso hace Shoto, buscando una mesa en la cual quedarse.
—¡Oh por All Might! No puedo creerlo, ¿Eres tú Todoroki?
Una voz muy animada grita detrás de él, y le suena demasiado conocida, gira y se encuentra con algunos de sus compañeros de clase.
Ashido, Kirishima, Sero, Kaminari, Jirou, Hagakure y Aoyama. Fantástico, pero, esto es un café de héroes, lo raro sería no encontrarse con sus compañeros.
—Wow, hombre no creímos que te encontraríamos aquí, pero supongo que este lugar es así de genial, ¿No? —Dice en un tono alegre Kirishima.
—Ven, ven, siéntate con nosotros, también estamos esperando nuestros pedidos. —Kaminari expresó con emoción.
Y dado el hecho de que no tenía ningún otro lugar donde sentarse, él lo hizo, sentado a la derecha de una ansiosa Hagakure.
—Este café es genial, ¿No lo creen? Vi que había postres con temática de héroes. —Dice Ashido.
—Mon ami, c’était exactement mon choix, el postre de mango y frambuesas de Hawks obtuvo por completo mi atención. —Aoyama declara con fascinación.
—¿En serio? Yo solo pedí un Bubble Tea de Taro con temática de Midnight -Sensei. —Contó Jirou mientras jugaba con uno de los cables de su oreja.
Shoto no les prestó más atención mientras hablaban entre ellos, pensando profundamente cuándo le darían su pedido, cuando estuvo en el otro café se lo sirvieron en cuestión de minutos, quizás sea solo una cuestión de clientela.
—¿Y qué hay de ti, Todoroki? ¿Qué pediste? —Pregunta Hagakure a su lado.
Todos en la mesa lo observan así que responde. —Un latte.
—Oh bueno, delicioso y sencillo ¿No es así? —Jirou dice después del silencio en la mesa.
—Honestamente creí que dirías algo como café negro o una bebida extra fría o extra caliente. —Ashido sigue con una sonrisa.
Pero él frunce el ceño, aunque no se note. —¿Por qué un café negro?
—Ya sabes, a los chicos serios y misteriosos siempre les gusta el café negro para verse aún más místicos. —Hagakure le resuelve su duda.
—No me gusta lo amargo.
Su declaración parece ser suficiente para sus compañeros, quienes asienten en comprensión, pero Ashido parece lista para hacerle algunas otras preguntas hasta que escuchan el nombre de Kirishima ser llamado.
Su pedido está listo, y el de la mayoría de ellos, pero no el suyo, lo que es muy injusto, un latte no lleva tanta preparación.
Pasan 20 minutos más hasta que su nombre se escucha, y Shoto siente que por fin puede salir de aquí, sale con una excusa de que debe volver temprano a casa, y escucha al resto de estudiantes despedirse de él, el latte en su mano es caliente, con diseño y estampitas de All Might, no le molesta en realidad. Piensa seriamente si llegar con el envase a casa para que su padre lo vea, pero decide que no tiene ánimos de pelear con el anciano.
Sus labios saborean con anticipación cuando se lleva el café a la boca, cálido.
No le gusta.
Es lo que declara después del primer sorbo, no tiene la suavidad ni el dulzor del primero que pidió, en cambio la leche sabe más a espuma, y un sabor ligeramente amargo se acentúa en su garganta.
No lo entiende, el café no debería ser muy distinto si la receta y preparación es la misma, pero este latte no sabe ni mínimamente igual, su ilusión baja de golpe.
Quizás el latte era especial porque fue preparado por Izanami-San, si, recuerda su nombre.
Lo único bueno de ese café fue el hecho de que el empleado no le habló en códigos, de resto, no le agradó en absoluto, perdió mucho tiempo y el café no le gustó, casi se sintió como una derrota.
Iría directamente a aquel café si no fuera porque no le da el tiempo, probablemente mañana pueda ir después de clases. Espera que realmente sea bueno, y no haya sido una simple distorsión de su memoria.
