Chapter Text
Madness is when all your nightmares have come true and you just don’t care anymore.
-Simon R. Green.
De acuerdo, no... No es su línea más romántica, ni de cerca una proposición adecuada, y no carece de una nota desesperada que deja demasiado de sí mismo servido en el plato para el goce del rompe pelotas que es el hijo de Rick Prick. Lo sabe, y...
¡Bien! Con las cartas dispuestas en la mesa y sin posibilidad de regresarlas a la baraja, Negan diría que, si Carl ya pensaba que era un pervertido desagradable sin haber hecho y dicho nada –nada fuera de sus chistes sucios habituales- , ahora que había soltado sus tripas el chico correría directo al insufrible de Rick y todo el progreso que había logrado con Prick se iría al diablo.
Oh, lo veía claro. Rick, latoso e insoportable, estaría en su puerta mañana a primera hora con esa mirada apestosa y medio enloquecida. Una sola palabra de Carl respecto a sus esfuerzos por acorralarlo y Rick saldría del libreto y volvería a eso de; ‘No hoy, no mañana. No hoy, no mañana.’ ¡Maldita sea! Tal vez ni siquiera tuviera que esperar la justicia del ‘justo’ padre de Carl, el chico tenía las bolas, metafóricas claro, y una lengua veloz y venenosa para defenderse.
Es lo que espero. Mentalmente listo para la paliza verbal que Carl desataría sobre él poco podría hacer si el chico decidía volverlo una disputa física. Dios sabía que no lo golpearía, las burlas y provocaciones estaban bien, pero jamás le pondría un dedo encima de esa forma a ese trasero, y ahora Carl también lo sabía.
La sangre que se había aglomerado ciudad abajo, pendiente y lista para la acción, poco a poco volvió a su subir a donde pertenecía. Y fue mientras la criatura contenida en sus pantalones perdía fuerza, que noto que el chico aún no había dicho nada y lo que era peor, parecía congelado en su sitio.
Mierda. ¿Lo rompí? ¡Mierda! Negan se reprendió retrocediendo lentamente, tratando de hacerlo ver como un movimiento casual en vez de inquieto. Oh no , se estaba llevando la mano al rostro de nuevo.
“Escucha, yo... puede que me excediera un poco. Nada que no podamos dejar atrás, ¿no?” Se escucho preguntar, pendiente de cualquier minúscula señal de que Carl pueda echársele encima o se largara a llorar. De nuevo, cables cruzados, lo sorprendían de un instante a otro. “Vamos, chico. Te lo dije antes, ¿qué es un par de chistes entre nosotros? Solo te molestaba, no tenemos que hablarlo, no diré una palabra si tu no lo haces.”
Carl no se movió. No de forma que contara. Pero esa daga afilada que se hacía pasar por ojo, helado y totalmente rudo, se clavó en él con la intensidad de quien diseccionaba un cadáver, preguntándose si podía mover los órganos, volver a cerrarlo, revivirlo y estudiar el fenómeno restante.
Bueno, esa era una interesante nueva forma de ser visto. Decidió, sin saber si era una buena o mala señal que su pene no entendiera de vibras y llamara la sangre de vuelta al ataque.
“...O tal vez si quieras hablarlo.” Continuo precavidamente.
Negado a intimidarse por seguir siendo el objeto de estudio del adolescente, que ahora lo recorría de arriba abajo como quien observa a un animal con una pata en una trampa; preguntándose si perderá pronto la cabeza y se morderá la extremidad para escapar, o si se rendirá y morirá. Espeluznante .
“Estoy dispuesto a entretenerte, chico. Muy dispuesto. ” Murmuro sombríamente, camuflando la danza de puntitas bajo su usual bravuconería. “Pero tienes que darme una señal, Carl. No voy a joder donde todo grita detente. ¿Estamos en el mismo barco? ¿Vas a amenazarme? ¿Debo llevarte a casa? ¿No me quieres cerca? Llamare a Dwight si...”
“Cállate.” La voz nada amable y enronquecida de Carl lo corto. “No puedo pensarlo si no te callas.”
El condenado infierno se congelaba a sus pies. De todas las buenas razones para hacer que Negan cerrara la boca, escuchar que el pequeño demente iba a usar cada rezagada neurona en su poder para pensar a fondo en su propuesta, era la mejor jodida razón para hacerlo. No extrañaría el sonido de su voz si le ganaba una oportunidad.
¡Cielos! La maldita navidad se había adelantado. Santa y su trineo arreado por apestosos renos voladores debía estar aparcado en el techo del Santuario. El gordo por fin iba a compensarle las navidades de mierda que tuvo de niño.
Pensarlo. Negan podía despejar el camino con eso. Ciertamente los encaminaba a algo.
“¿Puedo pedir lo que sea?”
El instinto le dicta contestar con un fácil: ‘Claro, cuéntamelo después de quitarte los pantalones.’ El razonamiento lo hace reír en su lugar; una verdadera risa, profunda, repleta de humor y alivio, sobre todo alivio ; nada comparado a la patentada risa sarcástica marca Negan; la que usa para incomodar a la gente y hacerlos preguntarse si en verdad considera algo gracioso o si está a punto de aplastarle el cráneo a ese alguien con quien ríe.
¿Que había que decir? El suspenso mantenía a la gente en línea. A casi todos.
“Mira eso, parece que aprendimos unos modales después de todo. Preguntándole a papi si puede conseguir un poni en su cumpleaños como un niño grande. Me enorgulleces.”
Es la diminuta y extraña sensación de no tener la menor noción del gran truco tras la pregunta, por lo que Negan se arriesga a hacer enojar a Carl cuando lo tiene servido en el plato. Prácticamente lo anima a sorprenderlo o a dejarlo, pero una respuesta malhumorada era mejor que tomar la ruta corta y caer por error en una trampa.
El ‘lo que sea’ figurativo, podría volverse ‘lo que sea’ literal. Mucho margen. Sin líneas claras. Una jugada excepcional. Si se permitía admitirlo.
En el minuto que ambos aceptaran todo se trataría de: ¿Qué podría querer Carl?
¿Se trataría de algo extravagante? ¿Egoísta? No, Carl era un blando para la gente a la que no se desesperaba por asesinar. ¿Un capricho? ¿Un obsequio para la querida niña esperándolo en casa? Carl no era como las esposas, si la pequeña necesitaba algo él mismo lo buscaría, así fuera muy muy lejos. ¿Se trataba de las alacenas? ¿Querría abastecer las reservas de Alexandria? No se negaría si el chico prometía comer un poco más, llenar esas caderas le daría un mejor soporte para cuando lo tomara por detrás. ¿Querría recuperar a Daryl para Rick? ¡Demonios, no! ¿Conseguir un trato mejor para Alexandria? Aburrido. ¿Facilitarle las cosas a su padre? Tendría que chupársela como actriz porno. ¿Cobrarse la muerte de la exniñera? ¿Vida por vida? Espeluznante. ¿Qué clase de mierda podría querer Carl Grimes para preguntar si de verdad se lo daría? En su experiencia, algo muy bueno o terriblemente malo.
“¿Es un sí o un no?” Carl gruño, o lo intento lo mejor que pudo sin poseer las cuerdas vocales correctas.
Las de un Alfa. Las que Negan sí poseía.
“Mmm, puede ser, tal vez. ” Evadió, con un tono insinuante. “Te lo diré cuando lo escuche salir de tus dulces labios, cariño. ¿Qué es lo que quieres, mi querido, pequeño, adorable y escalofriante asesino en serie favorito? Apostaría que quieres dispararme, pero sabes que no te daré permiso de hacerlo, ¿verdad?”
La ceja arqueada que Carl le dedica aclara dos cosas, primero; que no es en lo que pensaba, y segundo; que, de proponérselo, lejos estaba el necesitar su permiso. El mocoso arrogante seria su perdición.
“Bueno, digamos que sí . Puedes tener lo que quieras. Siempre , que sea para ti y solo para ti. ” Carl no aparto la mirada, pero si le dio la popular mirada apestosa de los Grimes. Te atrape. Pensó, sintiendo una sonrisa tirando de la comisura de sus labios. “Si continuamos, esto solo funcionara si imponemos los limites correctos. Tengo dos reglas para ti, chico. ¿Me escuchas?”
Carl resoplo irritado, como si Negan estuviera siendo innecesariamente difícil, y arqueo una ceja. Tal vez lo fuera, después de todo... Era una apuesta peligrosa la que estaban jugando. Las malditas cartas ya habían sido repartidas, y una corazonada le decía que no tenía la mano ganadora.
Negan lo tomo, incluso si algo de la irritación del niño parecía estársele pegando.
“No escuchare una palabra de ti mediando por tu gente. Mientras estés aquí, silenciaras esa bondad en tu corazón que te pedirá pensar en lo mejor para papi y el resto de los idiotas que te esperan en casa. Esto se trata de ti y de mí. Tu serás quien soporte mi pene con todo y nudo, y será un esfuerzo de equipo llevarme dentro de ti. ¡Alerta de spoiler! Así de simple.”
El niño apretó los labios y respiro hondo con un ligero rubor sonrosándole las mejillas. Negan siguió antes de que el muro que contenía la rabia del chico se resquebrara de una vez por todas, aun les quedaba algo que aclarar.
“Tampoco voy a mentirte. Lo que planeo hacer contigo será sucio, desagradable y tal vez sangriento. Aunque eso es de tu lado, tienes cara de disfrutar un poco de salvajismo, no juzgo, mis huevos están en la misma canasta. Pero si intentas hacerte el listo e ir por todas, terminar lo que no lograste con el tiroteo en mi patio, voy a morder ese frágil cuello tuyo y entonces veremos quién de los dos le ruega al otro una muerte rápida.”
No tenía por qué ser así. Negan de verdad esperaba no tener que transformar una amenaza vacía en un castigo. Tenía grandes propósitos esperando a Carl en el Santuario para cuando le clavara los dientes. Porque lo haría. Algún día, en el momento justo, a su debido tiempo. Y sería Carl quien se lo pediría. Lo haría perfecto para el chico; lento, premeditado, a mitad de un espectacular orgasmo y con su nudo bien sujeto por las paredes estrechas de Carl.
Dolería como una perra, pero las mejores cosas en la vida venían con un poco de dolor. Nada que Carl no toleraría, nada que a la larga no disfrutaría.
“Mis condiciones. ¿Algo que agregar?” Dijo, sintiéndose satisfecho por conseguir que no le respondiera de inmediato. Conservación, la primera mierda que necesitaba inculcarle.
La satisfacción no le duro. Carl tomo otro respiro, más profundo, sin señal de reprimir temblores u ocultar arrepentimiento, salvo por el fugaz deslizamiento de su mirada tuerta a la cama king con sabanas negras y satinadas al otro lado de la habitación. Un parpadeo y estaba de vuelta en él.
Carl avanzo un paso, luego dos y para el siguiente ya estaban frente a frente, tan cerca que Negan tuvo que mirar hacia abajo, con una cabeza de altura sobre la del chico.
“Cuando mueras, yo seré lo último que veras.”
El susurro habría sido imposible de escuchar de no compartir aliento.
Negan acepto el desafío con una sonrisa. La calidez que lo recorrió pincho en su pecho y mando un escalofrió a lo largo de su columna. ¡Dios! En algo tenía razón, ese condenado cabrón lo llevaría a la tumba.
...
La consecuencia, el desenlace, el fruto cosechado por sus pecados, resultaba ser una penitencia en el único ángulo donde de verdad le dolería portando el rostro de un joven singular.
Que peculiares eran las formas en que el universo se cobraba las malas acciones de una vida. Lucille, oh la dulce Lucille , se reiría de él si aun quedara algo de ella. La bola curva que arruina la jugada perfecta de su construido imperio es el creciente aumento de su libido de la noche a la mañana, y el frustrante malestar de no conseguir saciarlo.
‘No voy a tener tiempo de follar con ninguna de mis mujeres hoy.’ Lo había dicho para ver la reacción de Carl –que fue inexistente, no lo culpaba por estar más preocupado del que pasaría ahora que no había logrado asesinarlo- , para confundir un poco al tonto perro de Daryl, y tocar las fibras sensibles del buen Dwight. No hablaba en serio, y, sin embargo, había terminado cumpliéndolo.
Si tan solo pudiera patearse en las pelotas a si mismo... No lo haría, no mientras aun estuviera en sus planes procrear un heredero. Y uno creería que, con la cantidad de mujeres a su disposición y su envidiable capacidad para cumplir, el trabajo se resolvería solo. Pero no. Era toda una tarea a la que solo él se aplicaba.
Frankie se había ofrecido la primera noche, desfilando con su mejor sonrisa, actitud y una lista de productos de tocador que ‘desesperadamente’ necesitaba. Esos delgados dedos mágicos habían hecho un gran trabajo al deshacer los nudos más tensos en sus hombros y en provocarlo sobre el cinturón. Fue cuando se libró de este junto a sus pantalones que el infierno personal empezó.
Su erección, el orgulloso mástil que jamás dimitía, no sin llegar al puerto dar dos vueltas un salto y tres giros, se apagaba con el simple roce de cualquier mano que no fuera la suya. Lo que era una mierda. ¿De qué servía tener un montón de mujeres buenísimas vistiendo vestidos ajustados y tacones altos si ninguna lograba hacerlo conservar una erección?
Como podría esperarse, no se había dado por vencido fácilmente. No sin antes probarlo todo.
Combino esfuerzos. Las llamo por turnos, juntas, sonrientes, malhumoradas, con ánimo de ser complacientes, con ánimo de mandarlo al diablo, con tacones, sin zapatos, en vestido, sin ropa, perfumadas, recién duchadas... Infinitas opciones. Inútiles.
Sherry se había arriesgado al tercer día con una idea, la muy lista se le apareció vestida con ropa muy similar a la que usaba antes de subir a la categoría de esposa; camisa y pantalones sueltos y sucios; con el cabello sin lavar y tierra en el rostro.
¿Se había reído en su cara? Claro . ¿Pensó que era ridículo lo rápido que su miembro se endureció ante la imagen? Peores cosas le excitaban. ¿Tomo a Sherry de las flacuchas caderas y se preguntó si la forma larguirucha y desgarbada de cierto jovencito encajaría de la misma manera contra él? Bueno, que se jodieran, nadie podía leerle la mente. Pero, sobre todo... ¿El intento había rendido jugosos frutos? No. Solo había conseguido darle una terrible jaqueca y tintar sus bolas más azules.
La ‘respuesta’ a su problema se resolvió esa misma mañana unos minutos después de despedir a Sherry. Por fastidio se había apartado de la cama destendida, sin ánimo de permanecer en la prueba de su fracaso, y tumbado de frente en su sillón.
Más rápido de lo que un adolescente cachondo se desesperaba por abrirse los pantalones la noche que perdía su tarjeta v, Negan estropeo los suyos forcejeando por bajarlos sin apartar el rostro del cojín sobre el que había caído, negado a perder el impulso frenético ante el embriagante aroma impregnado en el asiento. Fue la sacudida más rápida y escandalosamente sucia desde sus días como estudiante de secundaria.
La verdad, que no se atrevía a reconocer del todo, aclarado tras el resplandor pos-orgasmo, era una comezón que no sabía si debía rascar o no.
Si se esforzaba por evitarla terminaría supurando pus de lo podrida e infectada que estaría. Si sucumbía, bueno, la costra que quedaría después podría sanar, si era la bastante listo como para no arrancarla. La verdad es que iba a arder.
Negan se conocía. Sabía que el siguiente movimiento debía hacerse con cuidado. De algún modo debía conseguir atraer a Carl. Alejarlo de las tonterías de Rick, poseerlo del modo más primario, amarrarlo a él para nunca entregarlo a nadie más.
Su instinto, el Alfa dentro de él había hablado, dictado una orden sin derecho a objeción por primera vez desde el inicio del caos. Su Alfa necesitaba a ese Omega. Y maldito fuera, pero se lo conseguiría. Tenía que.
...
“¿Planeas venir en algún momento o solo seguirás viéndome como el tipo raro que eres?”
La paciencia se le estaba agotando. Sentado al borde del colchón, Negan se abstuvo de suspirar y bebió un sorbo de la ginebra que se había servido, contemplando acusadoramente la otra copa en su mesa de noche. La que Carl rechazo pese a ser un buen intencionado intento por relajarlos un poco.
En sus ‘planes’ se ‘ suponía’ que empezarían besándose en el sillón mientras compartían de un trago; acalorando los sentidos, tocándose encima de la ropa –como Negan supuso que Carl imaginaba su primera vez, algo tímido, algo reservado, algo cliché-, creando un ambiente en el que Carl se decidiera a abandonar las reservas y se dejara llevar por su instinto.
Una vez maleable se ‘ suponía’ que guiaría a Carl en su primer paso a actuar como un Omega, su Omega , una lección de aprendizaje importante; con persuasión lo conduciría enredando una mano firme entre las hebras castañas de ese largo cabello, y entonces dirigiría el ritmo y velocidad al que los labios rosados y esponjosos del chico se deslizarían de arriba abajo a lo largo de su miembro, tomando cada empuje de sus caderas sin quejarse e instintivamente encaminándolo a caer en la bruma de un pre-celo.
Llenarle esa boca insolente debía ser suficiente para despertar ese lado de su naturaleza.
Ya que el calor le fuera insoportable se ‘ suponía’ que el propio Carl sentiría la necesidad de presentarse para él; se desharían de la ropa en un parpadeo, forcejearían hasta llegar a la cama y siendo así Negan lo posicionaría para tomarlo por detrás. Con el culo al aire sería sencillo enterrarse hasta las bolas en el estrecho coño del chico, porque así y solo así es como se tomaba a un buen Omega. Bombeando dentro de ellos como lobos salvajes en luna llena, con espacio para maniobrar una vez su nudo se expandiera, y de acceso rápido a la glándula de apareamiento.
¡Una primera vez de en sueño! Si se atrevía a comprometerse. De verdad, iba a darlo todo por crear una experiencia especial, ¿y que recibía a cambio?
‘¿Quieres emborracharme? ¿Eres tan malo?’ Fue lo que consiguió del pequeño diablo. ¡Vaya chiste! Y porque el asesino en él no podría dejarlo así... ‘Se que tal vez tardes en levantarlo, por ser viejo. Cuando estés listo estaré arriba, así no te dislocas la cadera o algo.’ Como si fuera a hacerle un maldito favor.
Cualquier pensamiento de ser tierno o por lo menos cuidadoso se había esfumado, lo que los dejaba en una encrucijada. Negan no podía ponerle las manos encima tan molesto, no sin peligrar todos sus objetivos futuros. ¿Y Carl? Carl no iba a ayudarlo a calmarse.
“¿Que se supone que haga? No te has quitado la ropa.” El muchacho lo amonesto cruzándose de brazos y encogiendo los hombros.
“Mmm, quizás porque no necesito hacerlo, el sexo con ropa es tan bueno como sin ella, o, porque espero que lo hagas por mí. Disfruto de la iniciativa, y la ayuda no viene mal cuando eres tan viejo como yo.” Negan mordió sarcásticamente, apurando otro trago, disfrutando de ver a Carl retorcerse bajo el peso de su exigencia. Pequeñas victorias. Le daban un motivo minúsculo para no perder las muelas apretándolas. “Lo preguntare de nuevo. ¿Vas a venir , o tendré que ir por ti? ”
Carl parpadeo una vez, dos veces, y tras el tercero su ojo paso a recorrer la habitación, del lado más lejano a él.
De acuerdo, o su habitación estaba llena de la mierda más interesante del universo, o Carl se retaba seriamente a sacarlo de sus casillas. Opto por creer lo segundo, y con honestidad, creerlo solo lo ponía nervioso, porque era un comportamiento jodidamente infantil incluso para el mocoso demente. Que ganas de aplastarle la cabeza a alguien.
“¿Y bien?” Lo intento de nuevo, bebiendo los restos de gin y dejando la copa al lado de la intacta. “Chico, no vas a obtener puntos conmigo siendo una pesadilla, me gustan mis juguetes húmedos y dispuestos, si eres bueno y vienes, seré bueno, ¿lo entiendes?”
La pregunta no le consiguió nada, y quizá la condescendencia fuera demasiado, pero por lo menos parecía estar siendo escuchado, no con interés sino aburrimiento. Eso le dio una idea, una que disolvió la ira ardiendo en su pecho, remplazándola por una molestia ordinaria y en cierto grado afectuosa que solo Carl provocaría en él.
“O ambos podemos ser malos, ¿sabes?” Cuestiono, arrastrando la voz, gruñendo sin gruñir. “Si me levanto de esta cómoda cama será para ponerte en tu lugar. Y ya que no te importa una mierda tal vez decida tomarte de pie con las manos en la pared; tal vez en el piso, en concreto no merecerías la alfombra; tal vez frente a esa ventana que te gusta ver, les ofrecerías un espectáculo a mis hombres... ¡Maldita sea, tal vez lo probemos todo!”
Negan no lo pierde de vista, nota el instante en que el chico parece llenarse de agobio; si es por sus palabras o por lo que sea que esa mente loca evoque con su discurso, no le es claro. Carl aun no lo mira, pero hay algo tenso en su forma que lo hace lucir como si estuviera preparándose para correr o atacar, y otro algo en el aire que se arremolina entre ambos que huele a expectativa y casi lujuria.
“Se que me divertiría mucho agotando tu trasero, un buen trasero para que sepas, pero también sé que lo pasaremos bien comportándonos y...” Carl se mueve en un pestañeo.
Un segundo esta estático y distante, sin señal de mover un musculo, y al siguiente el condenado asesino dentro del chico se abalanza a tomar el primer objeto a su alcance -que resulta ser una especie de estatuilla femenina sin ropa- , y se lo lanza directo a la cabeza.
Negan esquiva el ataque saltando de la cama. “¿Qué diablos...?” No alcanza a levantarse antes de notar otro objeto volando a través de la habitación en dirección a donde se agazapa. “¡Esa es mi mierda, demonios Carl, trata de nuevo y...!”
Algo más es tomado y arrojado sin dudas por la pequeña bestia. La cosa impacta en la pared tras él con un crujido a solo un pelo de rebanarle el cuello.
Bueno, el chico tenía una puntería de miedo, eso del tiro al blanco y la pared agujereada en Alexandria era un chiste. La mueca feroz que le tuerce la expresión a Carl es lo último que Negan registra del mocoso antes agacharse completamente, con la espalda contra la parte trasera del sillón frente a la puerta, evitando activamente más basura recolectada por vanidad, ahora intencionada a matarlo.
“¿Y qué? ¿Qué vas a hacerme? ¿Qué, imbécil?” Carl maldice y Negan saborea la furia junto al escombro de otra tontería destruida. “Te diré lo que vas a hacer, Negan. ¡Nada! ¡Vas a seguir hablando y al final no harás nada! ¡Porque no puedes!”
Negan esperaba escuchar pasos acercándose desde el otro lado de la puerta, pero lo único que le taladraba los oídos eran los resultados del desastre que el chico montaba para él. Tal parecía, que nadie en la maldita fabrica advertía el pequeño tornado desatado dentro del Santuario. Mataría al idiota que estuviera en turno. Todos a su cargo eran unos inútiles.
“Bueno, discúlpame psicópata, ¿pero que carajos significa eso?” Negan pregunto al tiempo que algo más volaba.
Preocuparse del que paso a segundo plano cuando lentamente empezó a avanzar a rastras, rodeando la parte trasera del sofá, agazapándose hasta la punta más lejana, aguardando su tiempo para salir en el ángulo ciego de Carl.
“No soy una mujer, imbécil. ¡No soy una de tus esposas, no necesito tu amabilidad!” La palabra sonó venenosa en la lengua de Carl. De cerca y con la energía del chico puesta en atacar donde pensaba que se escondía, Negan noto gotas de sudor perlando las sienes de Carl y las rápidas respiraciones que tomaba. “Estoy cansado de tus tonterías. ¿Quieres saber que quiero, Negan? Por una vez, quiero que alguien cumpla una tonta promesa. ¡Quiero que hagas algo, carajo!”
Ni bien termino Negan se incorporó con rapidez y arremetió contra Carl. El chico debió notar un movimiento en su periferia, porque dio la vuelta a medias, blandiendo una charola extrañamente familiar que no alcanzo a darle antes de que ambos cayeran al piso sin aire por el impacto y con las extremidades enredadas.
Cubrió el cuerpo de Carl por completo, y el chico le regalo un pequeño momento de paz, inhalando grandes bocanadas de aire repleto de sus aromas mezclándose en el trecho espacio, antes de dar el primer golpe contra sus costillas.
“¡Mierda...! Pareces un pescado, chico. ¡Detente! ” Ordeno al tiempo que se apoyaba más sobre la figura larguirucha de Carl y tiraba de los brazos del mocoso por sobre su cabeza.
Carl no lo puso fácil; se retorció en su agarre con salvajismo, mostrándole los dientes y empujando contra él lo mejor que podía con las caderas presas bajo la presión de las suyas; fue hasta que abandono toda intensión por contenerlo y en su lugar apretó su agarre y torció dolorosamente las muñecas de Carl, que este detuvo la lucha propinando un largo gemido que lo tomo por sorpresa. Una gran y grata sorpresa.
“Bueno, bueno, mira eso. ¿No tengo a una pequeña revoltosa entre manos?” Negan trato de bromear, trabajando su forma de sujetar las muñecas de Carl a una sola, liberando la otra para tomarle el mentón y forzarle a mirarlo. “Oh, cariño, sabía que la mierda sangrienta y extraña te funcionaba. Fenómeno de día, fenómeno en la cama, no hay misterios contigo.”
Esperaba que Carl intentara apartar la mirada, que ese brutal ojo azul vidrioso se desviara a donde pudiera, pero en su lugar permaneció fijo en él, enfrentándolo intensamente. Ni un segundo más tarde la lengua rosada del chico salió para humedecer esos labios afelpados, y justo a la par, Negan sintió el primer empuje de las caderas de Carl friccionándose contra las suyas, presionando la inconfundible dureza dentro de los pantalones del chico en lo bajo de su estómago.
La fricción, deliciosa y embriagante, provocada y dedicada al placer de Carl, lo tomo por sorpresa, pero no tanto como la voz cargada de una irreconocible sensualidad murmurada a escasos centímetros de su rostro.
“¿Que vas a hacer, Negan?” Carl respiro entrecortadamente sin detener el movimiento contra él, de alguna manera, empujando con más fuerza, buscando un ángulo en el que los dos obtuvieran placer. “¿Que vas a hacer?”
Esta vez fue él quien no respondió de inmediato, confundido, y como en un trance, Negan observo a Carl exigir más con solo una mirada. El ‘ que’ fue claro cuando con deliberada lentitud Carl ladeo el rostro, sin tratar de salir del agarre en su mentón, y expuso a sus ojos un camino libre y despejado a su cuello del lado incorrecto para una marca de apareamiento.
“¿Que vas a hacer?” Le repitió menos dócil, retador.
Quiero que alguien cumpla una tonta promesa. Es lo que escucho por sobre el gran desastre de sus pensamientos fritos por la violencia y entrega descarada del chico. Es la rama de la que se sostiene mientras ciñe ásperamente cada espacio de piel que sus manos tocan, cruel al grado de saber que dejara marcas, moretones que Carl tal vez trazaría en la soledad de su habitación, recordando donde y con quien las había obtenido.
De nuevo, reconocía una trampa cuando la veía, incluso si lucia como un obsequio, sabía que una espina lo atravesaría... No es que eso siguiera importándole.
“Mmm, sabes lo que voy a hacer, te lo dije la primera vez. Y yo, soy un hombre de palabra.” Murmuro descendiendo despacio, hasta que sus labios rozaron la carne estremecida en la curva del cuello y hombro de Carl. “Y tú, de verdad sacas lo peor de mí...”
...
El respeto y el miedo no siempre iban de la mano, pero si se lograba tener ambos, poco se atravesaría en el ascenso de cualquiera en la escalera al cielo.
Un pequeño dato curioso respecto a conseguir ambas cosas al mismo tiempo era que, si bien derramar sangre siempre aminoraba las probabilidades de fomentar una revuelta a futuro, si no se lograba crear una impresión en el primer encuentro, el error regresaría otro día para morderle el trasero.
Por eso, Negan no corría el riesgo de arruinarlo. No . Claro, Negan no diría que sentía orgullo por disfrutar de cada parada en el largo viaje que era ganarse el respeto y el miedo de una nueva comunidad, más no por ello temía tomar el papel que le correspondía en el espectáculo y actuar con la brutalidad necesaria en una danza que conocía de memoria. El baile siempre iba al mismo ritmo:
Dilema. ‘Ese paseo se debió a la manera en que me mirabas. Quería cambiar eso y quería que entendieras. Pero me sigues mirando del mismo maldito modo... Como si hubiera cagado en tus huevos resueltos y no lo permitiré.’
Maniobra. ‘Lo que hagas a continuación determinara si tu mal día se convierte en el de todos, en un ‘ultimo mal día’, o solo un mal día más.’
Opción. ‘Rick, quiero que tomes tu hacha... y le cortes el brazo izquierdo a tu hijo, justo en la línea. Ya lo se. Vas a necesitar un segundo para procesarlo, es lógico. Aun así, voy a necesitar que lo hagas, si no, todas estas personas van a morir.’
Amenaza. ‘Rick, tiene que ser ahora. Ponte las pilas, o le aplastare el cráneo al niño yo mismo. Este es el único modo.’
Decisión. ‘Rick, toma el hacha. Dios mío. ¿Vas a obligarme a contar? Está bien, Rick, tu ganas, voy a contar...’
Condena. ‘Eres mi subordinado, trabajas para mí. Me perteneces, ¿cierto? Cierto. Esa es la mirada que quería ver.’
Respeto. Únicamente posible de ganar con esfuerzo y meticuloso estudio del ángulo que mataría más lentamente a alguien, la culpa hacia maravillas atormentando a idiotas como Rick y Daryl. Así se lograba mantenerlos en control.
Miedo. Era meramente una consecuencia, fácil de obtener con la sangre correcta ensuciando el pavimento y las advertencias necesarias de lo que pasaría si quebraban las reglas, el recordatorio constante de lo mal que terminarían si decidían pelear. Un azote que la chica samurái y el resto del grupito de Rick no olvidarían. Así se enojaban, lloraban, y se resentían en silencio, sin fuerzas para pelear.
Con todas las fichas de su lado, posicionadas a su antojo, plenamente en su poder, Negan no habría apostado lo importante que sería no rodear el diminuto paso en falso de su presentación. Lo caro que le saldría marcharse de un lado con la rendición de Rick, pero no con la del monstruo dispuesto a entregar un brazo por su gente.
Un nuevo movimiento había desviado el baile a un terreno no explorado: Sorpresa. ‘Papá, hazlo. Solo hazlo.’
Y no se detuvo ahí.
‘Deberían irse, antes de que descubran qué tan peligrosos somos.’ ‘Solo quiero a Negan. Nadie más necesita morir.’ ‘Yo le dispare. Antes de que...’ ‘Me parece que somos diferentes.’ ‘Que deberías saltar por la ventana para ahorrarme el trabajo de matarte.’ ‘No estás diciendo lo que me vas a hacer, porque no vas a hacer nada. Si nos conocieras, si supieras algo, nos matarías. Pero no puedes.’ ‘Tus botas mancharan la alfombra, quítatelos o ve abajo.’ ‘No voy a aplaudir, cualquiera tira un dardo.’ ‘Si vas a sostenerla lávate las manos.’ ‘Te sangra la barbilla.’ ‘¿Porque sabría amasar?’
El pequeño fanfarrón y matón desconfiado no le tenía miedo. No fue una noticia estelar, Negan lo había notado desde la formación. Los dedos del niño se le retorcían en el regazo ansiosos por tomar el arma a centímetros de él y dispararle. Lo entendía. Fue un asunto emotivo, con todo eso de ver morir a dos de sus amigos, supuso que pasaría y que la próxima vez que se vieran el joven temblaría y se ocultaría bajo su cama rezando no ser encontrado.
No fue lo que paso. ¿Qué fue lo que sucedió?
El lunático puso el arma en manos de papi en lugar de las suyas. Un acto de rebeldía digno de una exesposa veinteañera que se discutía con su exmarido tres décadas mayor los términos y cláusulas de un nada justo divorcio. La chica no iba a quedarse con la casa en los Hamptons.
Debió dejar que Rick le cortara el brazo . Si no para obtener el respeto del chico, por lo menos para saborear el miedo.
Como fuera, nada de lo que pasaría después engrosaría la vena por la que corría el miedo que Carl le tenía, que era nulo, si lo ponía en palabras. Hacerlo llorar y cantar no remedio nada, y forzarse a intentar más habría sido desesperado. No necesitaba dar pistas ni a Carl ni a su gente de lo admirable que se había vuelto el chico ante sus ojos, tampoco entraría en detalles de cuánto de su respeto ahora le pertenecía, ni hablaría del miedo que le guardaba.
De algún modo los roles habían cambiado, pero no se disgustó por ello. Que Carl no le temiera... La mejor clase de sexo se daba con un poco de pelea, y el chico solo sabía golpear con todo el cuerpo.
...
El sabor de la sangre de Carl, la textura de la llaga abierta al deslizar su lengua sobre esa piel cremosa, dañada, supurante e inflamada por la mordida... Era un intoxicante bocado. Una exquisita novedad ansiosamente recibida. El más sabroso deleite que su paladar había alcanzado en años. Y en su boca, el persistente gusto a oxido combinado con el aroma salvaje llenando sus pulmones le conmocionaron los sentidos. ¡Dios! Era bueno, muy bueno. Y al mismo tiempo, no era suficiente.
“Mierda, sabes...” Susurro, siguiendo las escasas gotas sueltas, dando una última lamida amplia alrededor del borde herido, buscando las palabras que lograran expresar la dicha y tortura menguante en su paladar. “...Es como saborear un Martini bien helado, pero en vez de tener esa porquería de vino al fondo, tiene veneno. Es... ”
Perfecto. Completa la voz sucia y desesperada por más en su cabeza. Porque lo es, sin ninguna duda. También es peligroso . Es todo lo que Negan esperaba que fuera.
“Seguro no sabes de lo que hablo, no te preocupes, lo arreglaré. Antes de que te deje ir, voy a prepararte uno extra seco, con doble aceituna, extra especial. Quiero que salgas de aquí, sabiéndolo.” Murmuro con una sonrisa embriagante tirando de sus labios.
Carl no respondió y él se apartó renuentemente lo necesario para darle un vistazo al rostro del chico dividido por el dolor y algo innombrable. Lo observo; bebiendo de la imagen de esas mejillas rojas, sin aliento, el único ojo que le quedaba cerrado, el ceño fruncido y la mandíbula apretada, hincándose los dientes con furia en el labio inferior –hasta provocarse una herida de la que descendía un delgado hilo de sangre mezclada con saliva- ; lo observo, entregado al dolor que no parecía dispuesto a negar o reconocer. Dolor del que Negan era el completo responsable, y verlo...
Es molesto.
El Carl ante sus ojos luce desecho, tan agotado, tan suelto en su agarre, que no puede creer que después de tanta lucha, de todas las estupideces, eso sea lo que lo hace endurecer aún más. No lo aprecia . No el silencio que teme sea cortado por una queja o reclamo. No el peso que acarrea el haber sucumbido a su lado Alfa tras la escasa provocación. No la responsabilidad que debe tomar, aunque fuera el chico quien empujo y empujo hasta sacarlo de quicio. No la sensación febril y rugiente que insiste en su deseo por consumir a Carl. No la codicia en él que conoce tan bien, que se inquieta a cada segundo que no descubre la verdad oculta por la ropa de Carl, espacios de piel que solo se ha atrevido a soñar miserablemente y que desespera por recorrer.
Negan sabe que es un maldito avaricioso. Un provocador de mierda que normalmente toma lo que quiere sin pedir permiso. Un imbécil mezquino dispuesto a arrastrar a cualquiera al pozo de porquería en el que residía. Un inútil Alfa desesperado por meter su miembro en un jovencito que respiraba superficialmente, se angustiaba hasta la medula y estaba atrofiado en todo ángulo emocional. Una pobre excusa de hombre, pero no una jodida bestia que no se detendría hasta escuchar de Carl palabra. Ruin, sí. Pero con maldita conciencia, aun si le gustaba fingir no poseerla.
Inhalo profundo, llenado sus pulmones con el aroma único y envolvente de Carl, reuniendo toda pizca de calma en su interior antes de abrir la boca y gruñir provocativamente sin proponérselo con los labios al ras de la mejilla del chico.
“¿Que? ¿No tienes nada que decir? ¿No vas a llorar, o sí? Creí que podías con todo, cariño. ¿O es que el tipo rudo que me dejaría cortarle el brazo se quedó en casa? ¿A quién diablos tengo ahora entre manos?” Eso le gano un estremecimiento y un diminuto siseo ininteligible. “¿Que fue eso?”
Carl parpadeo pesadamente, casi como si fuera un gran trabajo hacerlo, y no lo miro de inmediato. El gélido azul se perdió en algún lugar por encima de su cabeza. Sin la mueca que antes le torcía los rasgos, el chico prácticamente se había rendido en sus brazos. Relajado como jamás se habría atrevido a imaginarlo. Todo él laxo, quizá débil, en apariencia. ¿Qué es lo que normalmente dicen? ¿Es la paz después de la tormenta?
Y vaya tormenta. Pensó relajando la presión bajo la que aún le ceñía las muñecas a Carl, una acción inconsciente que atrajo la atención dispersa del niño de vuelta a él.
“No...” Carl balbuceo el principio de algo que se apagó rápidamente, sin darle la oportunidad de captarlo.
“Maldición, asesino. ¿Y si hablas más alto?” Dijo incorporándose unos centímetros, aun presionando una pelvis contra la otra, pero anclándose lo suficientemente alto para observar el ceño del chico apretarse. “Se que no te desgarre las cuerdas vocales. Ponle energía...”
“¡No me sueltes, imbécil!” Carl lo interrumpió en un pesado aliento, dos grandes y veloces bocanadas le inflaron el flacucho pecho y antes de que siquiera intentara responder, se le adelanto. “No, no lo hagas, yo... aún no deseo estar muerto, podría intentar algo gracioso.”
Negan lo proceso y no sin esfuerzo se tragó la risa que le quemaba furiosa la garganta por salir. Bueno . ¿No era encantador recibir una cucharada de su propia medicina? Con razón Carl se molestaba tanto. Reconoció para sus adentros, tomando nota de que debía empezar a prestar atención a las estupideces que tan fácilmente salían de su boca y admirando a partes iguales la petulancia que le corría por las venas al niño.
Diablos, ese cerebro partido en dos era una joya.
Siguiendo la ‘sugerencia’ , oprimió en lugar de soltar. Un jadeo recompenso el esfuerzo. Esta vez no contuvo la risa que sonó baja y hambrienta.
“Wow, ¿en serio? ¿Eso te pone de humor? ¿Fantaseas mucho asesinándome?” No hubo respuesta, no era necesaria. “... Es casi romántico. Oh, solecito, te obsesiono. Me gusta. Justo ahora creo que escucho el eco de esas ideas rebotando en tu linda cabecita. Muy dulce. ”
“No me llames así, y cállate.” Carl le exigió con rudeza, pero perdió intención por el estremecimiento que lo sacudió como una hoja llevada por el viento. “Eres un imbécil.”
Otra risa se le escapo, menos perversa, más real. “Oh, Carl. Dices las cosas más tiernas.”
Ambos callaron y simplemente se miraron a los ojos, absortos en la visión del otro. Sin duda con pensamientos muy diferentes inundando sus mentes. Negan culparía a su subconsciente intoxicado por el penétrate aroma de Carl; una maravilla viciosa con olor a tierra fresca y fértil, madera húmeda, hojas de pino y polvorín en abundancia; acompañado del regusto salado y sangriento en sus encías; como la causa por la cual no escucho de inmediato el prolongado jadeo que Carl exhalo, y por lo que casi ignoro lo que dijo después.
“Quítate el cinturón y amárrame las manos.”
Toda línea de pensamiento se cortó al instante. Por incontables segundos permaneció inmóvil, descerebrado como un estúpido puberto al que la animadora más popular del instituto le había permitido tocarle las tetas, con el pene imposiblemente duro y exudando preseminal en la prisión de sus pantalones.
Sentir que Carl tiraba de donde aún lo sostenía sin verdaderas intenciones de soltarse, fue lo que lo saco del estupor a tiempo para registrar lo siguiente.
“Sujétalas a la pata de la mesa. No hagas un nudo básico, puedo liberarme, apriétalo fuerte.” Lo último lo dijo con el espíritu de quien tiene el jodido mundo y a todos los que viven en él en la bolsa.
La orden posee una intensidad impulsiva que es casi halagadora y que lo toma por sorpresa. Actúa antes de notarlo. Nada lo detiene a pensar. No hay reservas al tiempo que desliza una mano entre sus cuerpos, y no para a contemplar lo libre que parece Carl a la hora de exigirle ser maltratado mientras se incorpora a una altura adecuada para arrastrar la forma tendida y sin resistencia de Carl el espacio necesario para completar la tarea.
“Lo haremos de frente, no me niego si es de lado, pero si tratas de darme la vuelta te hare detenerte...” Lo escucha aportar al mismo volumen junto al intimidante tintineo de la presilla al cruzar y ligar dolorosamente. El crujir del cuero encubrió el aliento de un nuevo jadeo. “...No estoy jugando. Hare lo necesario, así tenga que roerme un brazo. Me las arreglare para matarte con el que me quede...”
Ninguna parte de las ocurrencias de Carl debía llevar los restos de sangre que usaba para pensar río abajo. La presión simplemente creció y fluyo. No hay ningún jodido alivio, y no duda que Carl conoce el resultado de lo que le provoca. No hay dignidad en el sonido que suelta al terminar de apretar esas delgadas muñecas hasta enrojecerlas. No hay orgullo en él que le detenga de colocarse entre las piernas de Carl, alzarle las caderas y magullar la mezclilla desgastada. Y no hay modestia que estropee el frenesí y satisfacción de empujar su erección donde es inevitable unirse pronto.
Negan sintió chispas de excitación crepitando en su interior, y tan impaciente como era, no tardo en mecer las caderas, apretando contra Carl hasta notar una mancha oscura en la entrepierna impregnar la tela. Al menos no debía preocuparse de que el mocoso no lo estuviera disfrutando. Pensó, y como si el engendro lo hubiera escuchado, lo miró fijamente con su ojo entrecerrado, brillante y malicioso al extremo.
“Hazlo.”
Lo que una sola palabra pronunciada sin aliento; infundida de odio y placer culposo; era capaz de provocarle, era más que un simple entumecimiento, sino un entorpecimiento total, de la clase que no había visto desde que daba educación física a basuras calenturientas.
“¿Que?” Cuestiono estúpidamente, recobrando algo de compostura tras callar la estática inundando su cabeza.
Un profundo suspiro broto de Carl, y se humedeció los labios antes de murmurar entre dientes. “No debería tener que recordártelo, pero se supone que vas a cogerme. ¿No es así?” Inconscientemente asintió y Carl continúo bajando la voz, casi como si hablara consigo mismo. “Entonces bájate el pantalón y hazlo. No voy a portarme mejor y espero que tampoco lo hagas. No quiero amabilidades, no soy una de tus chicas, Negan.” Puntuó lo dicho clavándole las duras suelas de las botas en un contundente golpe a la espalda baja. “No vas a anudarme, si no haces un maldito esfuerzo.”
Negan lo miró fijamente. No pasaron dos segundos tras la declaración antes de que el Alfa en él se removiera en su apretado dominio y encontrara un espacio por el cual salir a encarar a Carl.
“Eres una pequeña perra...” Exhalo en un gruñido con los colmillos fuera, sonando extrañamente salvaje. Consciente de como su autocontrol pendía de un hilo. “Tu padre es un inútil. Ni siquiera puede enseñarte a no provocar al lobo feroz. Gran imbécil.”
El cuerpo de Carl se puso rígido debajo de él, lo sintió donde sus manos le recorrían el pecho por sobre la chamarra. Algo se afilo en la mirada del chico y si le hubiera dado la oportunidad, era seguro apostar que el pequeño mocoso lo habría apartado a patadas. Así que no se la dio . Negan metió las manos en la olla hirviendo que era la figura furiosa de Carl y con movimientos bruscos le desabrocho y quito los pantalones, arrastrando en el proceso las botas mal calzadas y un calcetín.
La visión de la pecosa piel pálida de las piernas de Carl le hizo agua a la boca. Su mirada recorrió toda la extensión, desde los flacuchos tobillos hasta lo poco pronunciado de las caderas. Sus manos reaccionaron más rápido que su cerebro y tomaron cada pierna por las pantorrillas antes de abrirlas de par en par.
Escucho a Carl quejarse sin aliento al tiempo que se relamía los labios. Sus ojos observaron con avidez el no tan pequeño pene de Carl –duro y goteante contra lo bajo del cierre de la chamarra-, y más abajo, justo donde los alfas y betas tenían normalmente los testículos, la sonrojada hendidura de ese coño apretado y goteante.
¡Demonio! Negan tenía unas ganas tremendas de enterrar la lengua en ese húmedo y acogedor agujero. Aflojarlo con los dedos y beber la humedad que saliera. Tal vez dejar que tuviera un orgasmo o dos en su boca, que produjeran suficientes jugos para escurrir de su barbilla. ¡Tened un maldito festín digno de un rey! Si que le habría gustado, pero, a Carl le gustaba hacer las cosas difíciles. El mocoso quería una paliza, y él nunca daría menos de lo que le pedían. Nunca .
“Voy a volar tu mundo ahora, pequeño idiota.” Murmuro mirando fijamente el rostro retador de Carl.
El chico le pago con la misma moneda. El azul no abandono al café en ningún momento. Apenas parpadeo mientras se desabrochaba la presilla y se bajaba la cremallera. No titubeo ni cuando le alzo hasta el pecho un muslo para hacerse espacio y por fin, después de lo que parecían milenios, rozar con la cabeza de su miembro esos suaves labios efectivamente goteantes. Deslizo lo largo de su miembro a través de ese coño; empapándose de lo que alcanzaba a reunir saliendo de Carl; lo hizo dos veces y a la tercera se detuvo con la punta clavada en el pequeño agujero por el que se forzaría a entrar sin importar lo que viniera después.
“Ultima oportunidad, fenómeno. La cama es más cómoda y no nos dolerá a ambos la espalda.” Dijo, tratando de no sonar burlón, pero el demonio solo apretó los labios e inflo el pecho con una profunda inhalación, preparándose para lo que llegara a sentir. Y vaya que sentiría algo. “¿No? Entonces se mi invitado y disfruta el viaje...”
...
No había forma de justificar la lealtad que Carl le profesaba a su padre, una lealtad que tomaba toda clase de imagen, propósito y tarea.
Negan sabía que Carl mataría por Rick, el arma que le habían sacado durante la formación era la prueba de que ya lo había hecho. Sabía que Carl espiaría para Rick, que haría algo tan estúpido como encontrar su guarida y memorizar lo que pudiera del interior. Sabía que Carl pelearía por Rick, que defendería su postura como sabio y fuerte líder, aunque estuviera equivocado. Sabía que Carl sería lo que Rick necesitara que fuera, y si eso significaba jugar a ser la joven ama de casa que se encargaba del hogar y de cuidar a su tierna hermana para que los ‘adultos’ pudieran salir a arruinar el mundo, bueno, entonces se le daría excelente.
Observar a Carl entreteniendo a su pequeña hermana, ambos sentados en la alfombra, a solo unos pasos de donde él descansaba –apropiándose el asiento predilecto de Prick- , mientras la niñera limpiaba la cocina y los tres se sumergían en un dulce momento de paz tras la deliciosa comida que habían disfrutado y que se asentaba en sus estómagos, le había hecho notar que Carl no era muy hablador.
Si lo pensaba, las únicas veces que lo había escuchado hablar por voluntad propia fueron para dar una sentencia de muerte. No cool.
Y aunque Negan disfrutaba de ese espíritu; encantador a su forma más perra, manteniendo una tensión entre ellos muy interesante que abordaría en otra ocasión; no cambiaba el hecho de que era extraño viniendo de un adolescente que parecía estar furioso y cachondo cada que se encontraban... Aunque puede que lo de cachondo se lo imaginara. De cualquier manera, los silencios no le gustaban. Nadie debía tener la desgracia de quedarse solo con sus pensamientos, esa mierda podía destrozar a cualquiera. O ser útil para destrozar la imagen de cualquiera.
‘¿Como murió tu madre?’ Las miradas vacías de Carl siempre eran un placer. ‘Ahora, sé que la mataste, muy benévolo de tu parte, muchacho. Pero me pregunto, ¿por qué tuviste que matarla? ¿Qué paso?’
La linda Judith gorgoteo casi silenciosamente al tiempo que era bienvenida en los brazos abiertos de su hermano, y pese a no ser una respuesta, el gesto no le pasó inadvertido.
“Demonios, debió ser duro. Ella tiene, ¿qué? ¿Tres, cuatro años? Eras un verdadero niño, que jodido.’ Carl no agrego, negó ni confirmo nada, pero tampoco tenía que hacerlo, lo entendía. ‘No quiero ni imaginarte en botas más pequeñas cargando con todo. Ese es el trabajo del hombre a cargo, esa era tarea de Rick, ¿no? ¿Dónde estaba? ¿Que era más importante que cuidar de ti y tu mamá?’
Quizás Carl no fuera combativo por naturaleza, no podía serlo si era capaz de sujetar con ternura a un ser humano tan pequeño como lo era Judith, sobre todo después de perder a su madre trayéndola al mundo. Un mundo muerto e infectado que se comería vivo a cualquiera. Pero si era orgulloso, letal y puede que aun más inteligente de lo que ya le reconocía. No dudaba que las acciones del niño fueran influidas por ciento grado de impulsividad, más no siempre parecía dejarse llevar por ello.
‘Nos atacaban, cuando paso.’ Respondió en voz baja, posiblemente no queriendo ser escuchado por la mujer en la otra habitación. ‘Tomamos una prisión. Era perfecto. Seguro, defendible, con enfermería... Lo limpiamos de caminantes y reclusos. Dos se quedaron con nosotros, papá mato a los más difíciles, pero resulto que uno no murió y regreso. Infesto los pasillos, todos nos separamos, y mamá no pudo dar a luz. Maggie y yo tuvimos que sacar a Judith, si se transformaba sería un peligro, así que la mate. ¿Es suficiente?’
Nop. Pero es un comienzo. Pensó egoístamente, convencido de que podía empujar más, solo lo suficiente para bajar del pedestal de grandeza al insufrible de Prick.
‘Supongo que es algo de Rick, ¿no? Ir por ahí asesinando gente, sin terminar nada, dejando un caos a su paso.’
Como era de esperar, la provocación no le valió nada. Carl no dio su brazo a torcer, pero ya estaban en el punto de no retorno, y con las manos ocupadas tratando de evitar que cierta niña alcanzara la herida descubierta en su rostro, Carl parecía a un segundo de explotar.
‘Qué lástima que no los encontráramos antes, abríamos ayudado a tu mamá. Seguro que los dos sacaron lo bonito de ella. Tu hermana pudo haber crecido en las guarderías, con otros pequeños... Los habríamos cuidado, a todos, a ti, ¿lo entiendes?’
El silencio se hizo asfixiante, la negativa de respuesta le pico las costillas, y antes de notarlo había abandonado el sillón para arrodillarse junto al mocoso resentido que no se alejaría, no mientras siguiera reteniendo las manos de la niña en su regazo, lejos del borde herido y sumamente rudo de su ojo.
‘Porque eso es lo que hago. Salvo personas, Carl.’ Espeto, y la tensión entre ellos se enrollo hasta ser un nudo a punto de romperse. Negan lo sintió en el aire, algo creciendo dentro de Carl que le acelero la respiración. ‘Las salvo del desastre que hay afuera, a veces de sí mismos, de sujetos como Rick, que toman decisiones estúpidas y hacen que personas inocentes mueran. Que abandonan a sus esposas cuando los necesitan, que no pueden mantener a los que importan a salvo...’
‘¡No sabes nada!’ Carl lo interrumpió con un grito temerario y francamente infantil.
Era difícil recordar que seguía siendo un muchacho. Demasiado joven. Pero se hacía más fácil ignorarlo al vislumbrar la bella oscuridad dentro del chico apropiándose de sus fracciones, suplantando los restos de juventud de sus suaves mejillas por el vicioso deseo de sangre. Dios, era tan adorable y malévolo a la vez.
‘Se que hará que te maten, y hará que maten también a esta preciosa niña.’
Carl no le permito pasar los dedos por el cabello de Judith, de repente ambos se observaron y sabían que había un desafío gestándose. Negan solo pudo esperar que Carl se rindiera, que cayera en sus brazos, justo como Judith se entregó a ellos antes.
‘¿No harías lo que fuera para mantenerla a salvo? Es lo único que te queda de tu mamá. ¿Crees de verdad que Rick lograra mantenerla con vida?’
'No.’ Que dulzura fue escucharlo susurrar tal confesión, solo para aplastar su encanto inmediatamente. ‘ Tampoco tú lo harás.’
Los pasos de la niñera acercándose les impidió seguir hablando. Un miedo irracional al verlos tan cerca la hizo temblar de pie al marco que separaba la sala de la cocina. ‘Es hora de que Judith duerma la siesta.’ La chica balbuceo por lo bajo, y temerosa se adentró para tomarla de Carl al no verlo impedirlo.
Fue hasta que la escucharon subir las escaleras que Carl volvió a abrir la boca. ‘Mi papá no es como crees, Negan. Él no antepone el bien común, si Alexandria callera yo sería lo primero que buscaría. Nada se lo impediría. Y si para hacerlo tuviera que abandonar a todos los demás, incluso a Judith, lo haría. Lo hizo antes. Él hará lo que sea por mí. Y de eso, es de lo que no sabes nada. No aún.’
Quizás Carl no estuviera loco, no como Simón creía y mencionaba en burla de vez en cuando. Pero si había una pasión en él que bien podría ser confundida por demencia. Quizás si el señor simpatías no hubiera armado un alboroto afuera, habría profundizado en esa extraña obsesión paternal de Carl y en por qué existía. Pero mientras observaba a algunos miembros de Alexandria sacar la vieja mesa de billar de un garaje para su diversión, solo podía pensar en lo intenso que era ser el centro del universo Carl.
Quizás fue la idea de ser venerado por Carl, reconocido por él, ser a quien entregaba toda su lealtad, lo que hizo sencillo matar al tonto sonriente que amenazaba el liderazgo de Rick. Una jugada desesperada e impulsiva a la vista de todos que no dio frutos; no cuando la chica latina decidió que era un gran momento para dispararle a su hermosa Lucille, y no cuando Rick apareció un segundo después de que Arat asesinara a la niñera de Judith.
Negan no habría apostado que aún le quedara algo al mundo por codiciar. Algo por lo que esforzarse. No hasta Carl.
...
El interior de Carl es cálido y acogedor. Ese coño es un horno tenso y revoloteante apresando su miembro.
Sin el trabajo de prepararlo está sumamente apretado. Le cuesta cuatro empujes profundos forzarse por completo dentro de esas estrechas paredes e interminables minutos sentir que Carl se relaja lo suficiente para probar con lentas y cortas embestidas.
Los sonidos que Negan logra sacarle con esos primeros empujes son pecaminosos. Sucias y largas exhalaciones que quiebran los gemidos a la mitad y al final salen sonando estrangulados, casi como sollozos callados contra una almohada, forzados a aparentar inhalaciones ruidosas a la hora de dormir. Ese ruidito es tan peculiar que lo hace volver la atención al rostro de Carl en vez de seguir viendo como un idiota hipnotizado la piel enrojeciendo alrededor de la mordida en el cuello del chico, concentrado en aguantar la urgencia por más.
Dos cosas de las que Negan no tenía dudas, eran que Carl tenía una enorme tolerancia al dolor; debía de , presumiendo ese agujero llevándose la mitad de su cara; y que el desgraciado no le confiaría ni una maldita habichuela si podía evitarlo. Lo que en términos simples significaba que, si el mocoso le entregaba en bandeja de plata la vista de su lado dañado, era únicamente porque quería ocultar el sano.
“Carl, mírame.” Murmuro con toda la amabilidad que pudo reunir dadas sus posiciones, y el extraño hecho de no intentar dejar de cogerse al chico, aun si solo ondulaba perezosamente las caderas.
Como usualmente era el caso con Carl, el chico no le respondió, al menos no con palabras y sin duda no como le gustaría. Era imposible negar que Carl trataba de ocultarse –enterrando lo que podía del lado bueno de su rostro contra la tela de la chamarra- , también lo era notar que algo debía estar verdaderamente mal si de un momento a otro el monstruo bajo él parecía dispuesto a dislocarse un brazo en su afán por escapar de la atadura en sus muñecas. Maldita bipolaridad.
“Hey, mírame.” Repitió, esta vez más firme. No tomo el silencio de buena gana, le basto notar otro intento inútil por escapar del cinturón, magullándose la piel al grado de provocar sangre, para aferrar un puño en esos largos cabellos castaños enmarcando la fea cavidad cicatrizada y tirar de ellos. “Maldita sea... ¡Mírame, asesino!” Negan gruño con el rostro a centímetro del de Carl.
Sin escapatoria, no había mucho que Carl pudiera hacer para encubrir el desastre. No había forma de disimular las lágrimas pesadas y silenciosas humedeciéndole la mejilla, marcando un camino salado por su pómulo. Lágrimas que removieron algo en su interior.
Mmm, debería darle un verdadero motivo para llorar. Fue un pensamiento abrupto impulsado por el deseo ardiente de sacarle más lágrimas, y pensar en hacerlo abofeteando a Carl... fue un pensamiento que trato de silenciar rápidamente.
“Eres asqueroso.” Escucho susurrar a Carl, a penas audible por encima de sus alientos y un resoplido.
Con el estrecho espacio entre sus cuerpos, Negan temió haber dicho lo que pensaba, aunque fuera en voz baja. Casi fue un alivio darse cuenta de que su pene había dado un tic dentro del chico con la idea de maltratarlo, otro por el miedo a ser descubierto, y uno más fuerte por ser insultado.
¿Y se creía en posición de juzgar al fenómeno por sus fetiches paternos? ¿Como mierda se catalogaba lo suyo...?
“¿Esto te pone de humor? ¿En serio?” Carl continúo hablando cuando él no discutió, casi como si no pudiera evitarlo, un tono burlón devolviéndole sus palabras. Deja Vu. “¿Es lo que haces? ¿Lo que te gusta? ¿Qué tan seguido las haces llorar, Negan?”
Algo agudo y llameante surgió en su estómago, todo porque el mocoso no lo hizo sonar como una acusación, sino a un hecho. Lo conmociona. Tanto , que el mundo a su alrededor parece desdibujarse tras un paño rojo. Tanto , que apenas es consciente de salir casi por completo del coño de Carl y volver a entrar con rudeza. Tanto , que reconoce distraídamente impulsar sus caderas sin descanso, y hacer oídos sordos a los silbidos adoloridos saliendo de Carl.
“Eres un, tu... Te matare, lo juro.” El chico siseo, apretando los dientes, tratando de tragar cualquier sonido que pudiera escapársele.
“Oh, no. Nada de eso.” Negan no es piadoso al no permitírselo. Imponiéndose, volviendo a tirarle del pelo, trazando con la lengua la yugular tensa y mandíbula; saboreando el sudor salado perlándole la piel; antes de susurrarle al ras del oído. “Vas a gritar, llorar, suplicar, insultar mi nombre si quieres, y lo harás fuerte y claro . Tan fuerte que nadie en este maldito lugar, ni siquiera Daryl, tendrá dudas de quien arruino tu coño, de a quien le perteneces ahora. Tan claro, que la próxima vez que trates de llamar Alfa a Rick, te callaras pensando en mí. Y él lo sabrá, Carl, así de simple tu papi sabrá que lloraste sobre mi polla, que te mojaste tanto para mí, y que me dejaste hacerte un nudo...” No puede evitar alargar el tormento mordiéndole un poco el lóbulo, saboreando la sensación del cuerpo frágil estremeciéndose a cada palabra. “Oh, quiero ver su cara cuando se entere... y la tuya cuando papi te explique que una cosita tan dulce como tu podría acabar criado en su primera vez.”
Ni bien lo dijo Carl se arqueo bajo su peso, sin contener un grito que a sus oídos sonó extasiado y violento. La reacción de su cuerpo como Omega ante la mención de ser criado fue inmediata y sorprendentemente fuerte para alguien que no había sucumbido a ninguna otra estratagema para nublarle ese vivas cerebro macabro.
Carl no pudo evitar la satisfactoria reacción en cadena que monto ante sus ojos.
La mirada vidriosa de Carl se tornó oscura pero nítida; el sonrojo que le bajaba por el cuello se avivo como si Carl se hubiera hundido en agua hirviendo; los colmillos le bajaron y mordieron desgarrándole un costado de la mejilla interior, tiñéndole los demás dientes de sangre; inhalo con las fosas nasales dilatadas, aspirando grandes respiraciones con el aroma del sudor y el sexo; y aferro las piernas alrededor de él, clavándole los talones donde alcanzaba. Acercándolo. Buscando. Retorciéndose.
Las presentaciones con el culo al aire del viejo mundo podían irse mucho a la mierda. Él sin duda prefería el espectáculo de frente. Ver la compostura del chico pender de un hilo, jamás se habría perdonado perdérselo por tonterías costumbristas de un mundo muerto.
No tardo en aprovechar la euforia. Dispuso del cuerpo de Carl como mejor le convenía para ajustarse en su interior, le magullo las caderas y trasero con sus grandes manos; apretando y palpando todo lo que podía tocar; abriendo al máximo las piernas del chico y penetrando de vuelta una y otra vez con brutal empeño; arrancando de él sonidos jadeantes que se interrumpían de cuando en cuando al chasquear los dientes.
“¿Que, que me hiciste?” Carl logro balbucear tras un largo silencio en el que sus labios solo se movían sin decir nada, abriéndose y cerrando al patrón en el que se lo follaba. “No me siento... Esto no se siente...”
¿Bien? Pensó en completar la oración, en burla y reto, preguntándose si valdría la pena descubrir a donde los llevaría. Porque el chico ya era masilla en sus manos con cada empuje de sus caderas. Tan dispuesto, húmedo y caliente a su alrededor. Tan dócil y sensitivo con su miembro moldeándole el coño. Tan abrumadoramente real en su forma de envolverse del placer que le estaba entregando, que Negan en verdad se preguntó si quería arruinarlo.
“Ssh, relájate, lo estás haciendo bien. Muy bien, chico .” Fue lo que arrullo con la vista fija en la mirada perdida de Carl. “Oh, si supieras cuanto esperaba esto. Tenerte así. Cualquier día me habrías asesinado solo por fantasear con tus lindos pezones, y ahora espero tener suerte y que me des un lindo bebe como el que cuidas en casa...”
Honestamente, no sabía que eso era algo en su lista de deseos, no hasta que salió de su boca, y Carl -en lugar de encontrar la forma de acuchillarlo- , se estremeció de pies a cabeza alargando un gemido. De repente, la presión alrededor de su miembro se sintió asfixiante, como si el coño de Carl estuviera practicando como exprimir de su nudo cada gota de semen. Tan tangible al regodearse con la perspectiva de cargar dentro de él a su hijo, tan innegable el que sin fanfarrias o sobornos Carl estaba a un parpadeo de llegar al orgasmo.
Y en el fondo, -no tan al fondo, era una maldita delicia de la que se aferraría en adelante-, eso fue lo más sexy y satisfactorio que el chico pudo ofrecerle. Porque Carl no le debía nada, ni a él ni a nadie.
Carl no era una de sus esposas, que venían a él esperando ser recompensadas por lucir bonitas y ser cogidas de vez en cuando. No trabajaba para él, no necesitaba recibir misericordias. No le temía, así que no se dejaba usar por miedo. No le respetaba, y francamente no habría esperado que eso lo hiciera por él. Pequeñas sorpresas.
El chico hacia lo que quería, como lo quería, y donde lo quería. Era una máquina de matar sin miedo a jalar del gatillo. Un pequeño bastardo que lucía bien en mezclilla y camisas a cuadros, sin zapatos que le quedaran y una funda para pistola sin arma. Un Omega delicioso, letal y enloquecido. Un cabrón leal y rencoroso. Era jodidamente perfecto, y... ¡Dios!
Daba miedo lo mucho que quería quedárselo.
“Estas cerca, ¿verdad? Si, lo estas. Puedo sentirlo. Dime que estas cerca... Que mi polla te hace venir. Vienes en mi polla.” Negan trato de sonar cautivador pese a sentir como su nudo ya se estaba llenando y presionando entre los labios de Carl. Tan malditamente vergonzoso lo rápido que acabaría. No tenía tiempo que perder. “Anda, dame el gusto. Te la jalare mientras te corres, venir en mi puño te volara la mente. O puedo chupártela antes de que te vayas, comerte el coño, ambas... ¡Vamos! ¡Lo que quieras!” Termino rugiendo con abrumadora urgencia, acelerando la velocidad y presión de sus embestidas perdiendo ritmo.
¡Ah, estaba cerca! Pero sabía que su instinto, su lado Alfa no se sentiría satisfecho solo con anudar al chico. No. Incluso si lograba criarlo, no sería suficiente. Necesitaba escuchar lo bien que lo estaba cuidando. Su Alfa necesitaba ser validado. Necesitaba escuchar que su Omega estaba satisfecho. Y lo necesitaba ya...
“¿...Lo que quiera?” Creyó escuchar susurrar a Carl, si fue así o un simple producto de su imaginación, no le intereso.
“Lo que sea.” Acepto sin dudarlo, demasiado metido en perseguir las olas de placer que le bajaban del pecho y se asentaban en su vientre. “Lo que sea, solo... Lo que sea. ¡Dios, Carl!”
El sonido de su nudo golpeando el borde del húmedo agujero de Carl era obsceno y penetrante. Había tanto sudor y fruidos entre ellos que sus olores naturales apenas podían percibirse por debajo de ello. La ropa que no se había quitado se sentía pesada en sus tensos músculos, y ridícula por ser una barrera directa a la piel sedosa y tierna de Carl.
Sabe que ya no nada que pueda hacer para retrasar el inevitable final. Y saciando al Alfa en él o no, estaba a segundos de pintar las paredes internas del chico. Era inevitable.
Negan se preparó para sucumbir. Estaba listo para forzar su nudo dentro de Carl, cuando la voz medida del demonio se alzó por encima de sus gemidos y gruñidos gemelos.
“Yo, Negan, yo... me estoy, me estoy corriendo. Me corro, me... maldición, me corro en tu estúpido pene, imbécil.”
Afortunadamente, ninguno de los dos era afecto a los buenos modales ni tratos.
De la boca del chico, las vulgares palabras fueron poesía en sus oídos, y la letanía de jadeos que le siguieron además de los temblores de pies a cabeza retorciendo el cuerpo orgásmico de Carl fueron la cereza del pastel que lo empujaron a su propio final.
Se aferraron uno al otro a través de las sensaciones. Con los corazones desbocados latiendo violentamente en sus pechos. Negan con una mano encima de la chamarra nueva y arruinada con semen del niño y otra bien enterrada en esos cabellos largos y castaños. Frente con frente. Pecho a pecho. Compartiendo aliento. Con uno de los brazos de Carl –sangriento en la muñeca y nudillos donde había luchado después de tanto por escapar, sin que él notara que lo había logrado-, rodeándole la parte trasera del cuello y el puño apretando el cuero del hombro.
El nudo no los soltaría en un buen rato, sabía que esas cosas no se podían apresurar. Él lo aprecio. Era linda la tranquilidad del mundo al ser uno con otra persona. Negan no recordaba que ese nivel de intimidad existiera. Por eso se suponía que los Alfas y Omegas debían estar juntos. Pensó en medio del éxtasis. Por eso...
“Ahora si quiero ese trago.” Carl le suspiro las palabras al oído.
“Mmm, te conseguiré todos los que quieras. Luego.” Respondió de la misma manera, tratando de aferrarse al resplandor.
Resplandor que se extinguió en el mismo instante en que Carl volvió a abrir la boca. No solo para hablar, sino para reír al mismo tiempo. “Estas muy, muy jodido.”
Si, de acuerdo. Negan no mentiría, ni siquiera para sus adentros, fingiendo que las alarmas en su cabeza no se encendieron. El chico no le daba un respiro, que maldita maravilla...
...
“No eres el primero.”
Negan se abrocho la bragueta de un nuevo y limpio pantalón antes de sacar dos camisetas blancas de entre sus cosas y lanzarle una al chico sentado con las piernas cruzadas al borde de la cama, vistiendo unos boxers que habían estado al fondo de un cajón porque no le quedaban y unos pants elásticos que necesitaron doble nudo para que no se le cayeran de la cadera.
Carl la atrapo en el aire y se la puso sin titubear, justo como se había puesto lo demás, sin objeciones, sin maldecirlo, sin pelear. Carl apenas había reaccionado, parpadeando como un búho cansado, a la sugerencia de refrescarse un poco en su baño privado –un espacio no tan pequeño con un sistema arcaico para subir agua fría por una manguera, nada comparado al sistema de tuberías en Alexandria-, y vestir su ropa. Tampoco había dicho mucho en el tiempo que estuvieron enredados, ni se había apresurado a huir en cuanto estuvo libre.
La pasividad era confusa, y francamente alarmante, casi fue un alivio saber que el chico aún tenía algo de energía en él. Casi.
“¿Mmm? ¿El primer qué?” Cuestiono impasible yendo al área de bar. Pateando de camino una piedra sin forma, un resto después de ser víctima de la furia hormonal de Carl.
Lo que alguna vez fuera, ahora era solo una simple basura que barrería un trabajador más tarde.
Encontró el vodka sin problema y las aceitunas le dieron buena pinta, aunque el tarro hizo un ruido extraño al abrir. Tomo una copa, una no tan fea ni simple, alargada y con un bonito relieve –posiblemente una que Tania o Frankie olvidaron en alguna visita-, y perdió en silencio la calma al notar que, de los tres putos ingredientes necesarios para preparar un Martini, uno le faltaba.
Reviso como estúpido dos veces la variedad de botellas frente a él, irritándose con el tintineo molesto de los cristales topándose y casi decidió usar la radio para mandar al gordo o al flaco Joe a buscar a la habitación de las esposas esa mierda de vino blanco con nombre italiano que Sherry escondía de Amber. No lo hizo solo porque Carl detuvo el mundo al volver a abrir la boca.
“El primero con quien hago esto.”
Lentamente, muy lentamente, giro en sus talones lo necesario para encarar a Carl y lo vio con la misma intensidad aplastante con la que el chico lo veía. Lo vio parpadear despacio, llenarse el pecho a respiraciones apáticas, aun sentado como indio con los codos en las rodillas, tranquilo e indiferente.
Nada en él gritaba ‘recién cogido’. Nada fuera de la piel pálida repleta de marcas y moretones condenatorios del cuello para abajo.
Es mentira. Fue lo primero que su mente aporto, por algún motivo inexplicable, por nada en concreto.
Negan le dio una última mirada y se volvió, optando por abrir el vodka y servir dos dedos. Atravesó dos aceitunas en un palillo y vertió unas gotas de la salmuera para darle un toque de sabor. Como si se tratara de una maravilla alzo la copa improvisada en alto para sus ojos y el de Carl.
Bueno, el niño no tenía idea de que era un Martini. ¿Qué más daba? Un trago era un trago.
Carl no estiro el brazo para tomar la bebida ya que regreso a él, de hecho, no le dedicó un vistazo a su creación, y no desistió de observarlo en silencio. Un minuto incómodo se tornó en dos, el tercero en un cuarto y el cuarto estuvo a punto de ser un infernal cinco, lo habría sido si no se hubiera quebrado, y alargado un suspiro frustrado.
“De acuerdo. Bien, voy a morder. ¿Porque lo mencionas?” Pregunto encogiéndose de hombros.
Carl lo fulmino con la mirada y la peculiar sensación de estar expuesto se hizo mayor. “Tu preguntaste.”
Lo que fuera que Carl pensara mientras lo sometía a su inquebrantable escrutinio no le fue claro. Lo había escuchado, escuchado sin comprender a que se refería con; ‘Tu preguntaste...’. ¿Qué carajos significaba? Si eran justos, muchas tonterías salían de su boca a diario, y un noventa por ciento de ellas eran olvidadas segundos después.
Negó inconscientemente y Carl le respondió revoloteando las pestañas de forma cansina y dramática, también apretando los dientes. “Estábamos aquí, aquí preguntaste cuando me presente. Aunque no es lo que querías saber.”
Oh , bien, sí, eso lo recordaba. Claro que lo hacía. Y ninguna parte de él podía negárselo. El primer celo de un Omega llegaba al mismo tiempo que su presentación, y en adelante se repetía cada tres meses; eso si el Omega en cuestión estaba sano física y mentalmente –cosa que sabia no era así-; y también si poseía todo lo necesario para fabricar un nido a su gusto.
Entonces, si estaba entendiendo a donde iban, significaba que el chico no era tan ingenuo como para no captar hasta donde planeaba llegar con él. Ni se había metido en la cueva del lobo por mero descuido. Resolvió al tiempo que tomaba la mano floja y poco combativa de Carl y la ajustaba a la copa.
“Mira nada más. ¿Estás diciendo lo que creo que dices? ¿Lo haces?” Intuyo retrocediendo un paso y tocándose la barbilla.
Maldito tic, tenía que encargarse de ello pronto.
Un escalofrió le bajo por la espalda al observar a Carl llevarse a los labios el borde de la copa y humedecérselos con apenas unas gotas de licor, asomando un poco la lengua para tomar de ellos los restos, sin negar o confirmar nada. Negar o confirmar. No había nada que negar o confirmar, todo con el chico era una maldita confirmación.
“Esto tiene que ser una maldita broma. Enserio, ¿que...?” S u voz sonó inesperadamente ronca a sus oídos, forzada a través del nudo cerrándole la garganta. “¿Esta es tu forma de decirme, que tienes un novio secreto en Alexandria? ”
Los labios de Carl se curvearon y un brillo de oscura diversión le ilumino el rostro. “Tú en verdad no sabes cuando cerrar la boca, y, por cierto, tienes un gusto horrible.” Aporto lo último dando un golpecito con el dedo índice en el borde de la copa.
Negan resoplo, pero fue más risa que otra cosa. No pudo evitarlo, no cuando una rabia irracional, un enloquecimiento sin porqué, impulsado por una espiral de incertidumbre, avivo una emoción toxica en su pecho. Era ira, claro que sí, ira nacida de la posesión. Malditos celos, ¡carajo! Casi podía olerlos.
“Bueno, disculpa, pequeño bastardo. ¿Pero que carajos significa todo esto? El suspenso me mata. Digo, tienes que contármelo todo. Anda, dime, ¿con quién fue? ¿Fue bueno?” Se escucho cuestionar, y las palabras cortaron como vidrios rotos a través de su esófago.
Inesperadamente, Carl soltó una carcajada estrangulada y su tono antes plano se tornó sedoso y repleto chispa. “No, no fue bueno.” Hizo una pausa para recorrerlo de arriba a abajo, midiéndolo. “Ese día, fuimos atacados por un grupo de dementes que destazaban personas, los caminantes nos rodearon y no me di cuenta de lo que me pasaba hasta que tuve encima a un tipo que alguna vez consideré mi amigo.”
Las palabras son agua helada tras su cuello. Negan trata de tragar saliva, pero su garganta está seca, y su corazón late con fuerza. El espacio entre ambos de repente es monstruosamente enorme.
“Se llamaba Ron, y era hijo del doctor de Alexandria.” Carl continuo, tras mordisquearse cruelmente el labio inferior, abriendo la herida que jamás sanaría a tal paso. “Antes de que su padre enloqueciera, y el mío tuviera que matarlo, solíamos vernos todo el tiempo. Jamás noté nada especial en él, crecí rodeado por Alfas, supuse que lo sabría, que notaria si algo no iba bien, pero... no, no fue así.” Una risita seca se interpuso a lo dicho. “No estaba preparado para lidiar con el calor, tampoco sabía que afectaría a alguien más. Nos quedamos solos unos minutos...”
Nada vino después. Carl frunció el ceño y parpadeo como si tratara de desvanecer una imagen desagradable de su vista. Era un pésimo momento para no ser alguna clase de vidente o brujo vudú. Quien sabe dónde residían los pensamientos menos tumultuosos del chico en un buen día, al momento, solo podía darse una idea de donde residían en los malos.
Que jodido desastre.
“Las cosas solo empeoraron después, tuvimos que matar a unos caminantes y usarlos para salir y cruzar a un área segura. Judith necesitaba estar segura.” Carl apretó la copa en su mano, pero no hizo afán por beber de ella, en su lugar vio al techo y negó con la cabeza. “No lograba concentrarme, sentía tanto calor, estaba ahogándome. No me di cuenta cuando mordieron a su familia, un segundo avanzábamos y al siguiente sostenía la mano amputada de su madre en la mía.”
Una amarga nausea burbujeo en su estómago, y aunque no amenazo con derramarse pronto, Negan considero adelantarse al desastre y buscar una superficie en la cual apoyarse. Lo habría hecho si eso no significara moverse al ángulo ciego de Carl, un acto que sin duda le ganaría un silencio absoluto. El chico jamás volvería a abrir la boca si se atrevía a hacerlo.
Y pese a la naturaleza del relato, Negan quería saber más. Quería saberlo todo de Carl.
“No note cuando tomo mi arma, tampoco sabía que había estado planeando vengarse de mi papá. Me quede parado entre los dos como un idiota, esperando escuchar el disparo. No... ni siquiera lo sentí.” Sin ceremonias Carl rozo con las puntas de los dedos el borde de la cuenca vacía en su rostro. “Me entere que Michonne le atravesó el pecho con la espada y que no lo enterraron. No enterramos a traidores y asesinos, ¿sabes? Si es que eso tiene sentido.”
No, no lo tenía, en lo más mínimo. Decidió guardarse la sentencia para sí mismo. Por un rato simplemente permanecieron en silencio, ambos respirando superficialmente y sin perder de vista al otro. Era pacífico y tenso a la vez. Dulce y horripilante. No duro lo suficiente para realmente disfrutarlo.
“Hay lo tienes. Ya que lo digo en voz alta, no parece una gran historia. De hecho, es bastante patética.” Carl murmuro, y se le adelantó antes de que pudiera intervenir. “Creí que esto se sentiría igual, lo esperaba, el dolor no es gran cosa, pero... no fue así. No lo fue.” Concluyo sonando irracionalmente irritado.
Wow, que buena jodida noticia. Pensó tragándose la amargura, repugnándole interiormente la misma idea de que Carl creyera que hacerlo con él sería igual que ser atacado por un pequeño infeliz rencoroso hasta la medula, y en su lugar, guio cualquier pisca de resentimiento al verdadero protagonista en el escenario vivo en su mente.
“Vaya pedazo de mierda.” Negan suspiro guardándose peores insultos a nombre del jovencito muerto... y no mentiría, también a nombre del buen padre de Carl. Una pregunta más pico en su cabeza y no encontró el ánimo para ahogarla. “¿Rick lo sabe?”
Carl reacciono como era de esperar dado el ataque; en un parpadeo se incorporó y lo enfrento a un suspiro de distancia, la copa en su mano estallo en cientos de diminutos pedazos al impactar contra el suelo, y cualquier muestra de pereza y quietud fue remplazada por algo vicioso y malvado reflejando su propia molestia en ese juvenil rostro.
La visión, fue como presenciar un volcán mostrando las primeras señales de que va a explotar. Jodidamente hermoso.
“¿Así es como preguntas si vendrá armará un escándalo por ponerme las manos encima?” Carl dice y hay una burla tacita en las palabras que simplemente le pica los nervios.
Quizá en otro momento, sin la conciencia repleta del desastre mental que era Carl en el interior, le hubiera parecido hilarante la forma en que el chico evitaba responderle. Una jugada más de su buen asesino en serie. Pero tal como estaban las cosas, no le gustó nada.
Un torbellino de emociones lucha en su interior y se notan en su voz, que suena ronca y viciada. “Así es como pregunto si hizo su maldito trabajo aclarándote el desastre que estas escupiendo para mí. Digo, entre mi gente pasan muchas cosas, pero te aseguro que nadie pone un dedo sobre aquellos que no quieren ser tocados. Regla número uno, chico. No tengo un maldito psicólogo en una caja, listo para la fila de personas que necesitan consuelo estos días...”
“¡Oh! ¿Eso necesito ahora? ¿Consuelo?” Carl le interrumpe y escupe las palabras con asco. El aire entre ambos huele a muerte y ceniza, nada en ello denota menos que furia chocando. “¿Hay algo en mí, cuando me miras, que te haga querer consolarme, Negan?”
Nop, pero sí que me dan unas ganas terribles de estrellarte en la pared y cogerte de nuevo. Es lo que habría dicho si su pene tuviera control sobre su boca. Era una suerte que no fuera así.
De acuerdo. No iba a lidiar con el resto, ni lo dicho ni lo extrañamente implícito, no con el niño respirándole encima y estando jodidamente sobrio. Sobre todo, no estando sobrio. Se decidió, retrocediendo un paso, luego dos y un par más, alejándose de Carl y volviendo a donde residía todo su alcohol.
No se atrevió a darle la espalda al mocoso homicida. ¿Cómo podría? El condenado le había prometido ser quien lo mataría. No había forma de que se entregara en bandeja de plata para el pequeño sádico. Así que, con el cuerpo de lado, alcanzo la primera botella a la que sus dedos palparon el pico y la destapo de un solo movimiento.
Un pestañeo fue el tiempo que tomo para buscar rápidamente una copa a la mano y servirse un trago, y un pestañeo fue lo que Carl necesito para acercársele y tomar del servicio un picahielo abandonado que uso para apuñalarse la yema del dedo medio, cortando una línea sangrienta sin siquiera jadear.
La criatura más condenadamente silenciosa que jamás tuvo la desgracia de conocer.
“Maldito psicópata.” Masculla por lo bajo, sobresaltándose por escuchar el entusiasmo en su voz, y bebiendo de una el poco licor servido. No es mucho el espacio que descubre de su cuello, pero parece ser suficiente para que Carl abalance su mano herida a él. “¿Qué crees...?”
Empieza a cuestionar, con su mano libre ya en el aire, a centímetros de la muñeca escuálida del chico, listo para torcerla y lastimar al mocoso si estaba tratando de hacerse el listo, pero el chico solo le calla chasqueando la lengua.
“No te matare, tonto, ahora no te muevas.” Carl le advierte y un segundo después la presión de ese dedo ensangrentado se le clava en la vena carótida, siente el trazo sin pausas de un extremo hasta el polo gemelo, y tan rápido como llega termina.
Lo que sabe al siguiente segundo es que Carl se llame los restos sangrientos y se encoge de hombros como si nada extraño hubiera pasado.
“¿Que carajos fue eso?”
Quiere parecer demandante al decirlo, pero no puede evitar que la malsana curiosidad que tiende a asomar su fea cabeza cada que el chico hace algo sumamente rudo en su presencia, tome las riendas y en su lugar lo haga parecer maravillado ante la osadía.
Y como si Carl pudiera escuchar el rumbo que toman sus pensamientos, le frunce el ceño poco impresionado. “Ya lo entenderás, o no. Pero si eres la mitad de listo que dices ser...” El insulto flota en el aire y antes de que pueda replicar el chico se aleja de su alcance, regresando al pie de la cama, donde descansa la ropa sucia con la que había llegado.
Lo observa hacer de su pantalón y camisas una bola en manos, olvidando recoger junto a eso deliberadamente la chamarra que se esforzó en conseguirle, y calzarse en las botas demasiado grandes con poco esfuerzo. El niño ni si siquiera tiene que agacharse para ajustarlas, sus pies solo se deslizan dentro como un cuchillo caliente en mantequilla.
“Debo volver a casa.” Anuncia Carl, y como si supiera que iba a ofrecerse a llevarlo, niega con la cabeza sin mirarlo. “Consigue quien me lleve.”
Claro, demandas, su parte favorita del contrato. Se burla para sus adentros y pese a que no hay dudas de que hará lo esperado, no se detiene de jugar un poco tocándole las pelotas al chico.
Hace de ir por la radio y conectar con Dwight un espectáculo, finge distraerse en una letanía de basura sin sentido, prodigando órdenes -que después retractara, sin retractarse en realidad, porque es el jodido líder y nadie debe cuestionarlo-, para los siguientes turnos de vigilancia, y solo le encarga la tarea de preparar un vehículo y regresar al chico a casa cuando el ojo malévolo de dicho fenómeno le lanza dagas afiladas a escasos pasos de la salida.
Ser merecedor de tal odio... ¡Dios! Puede que tuviera otro gran orgasmo llamando a la puerta pronto.
“¿No hay beso de despedida?” Es divertido picar a la bestia con un palo, Carl no lo decepciona al rodar el ojo y tratar de alcanzar el picaporte la puerta. Por suerte para él, sus zancadas largas lo ayudan a interponerse entre Carl y la huida, de repente –no tan de repente-, la curiosidad de siempre vuelve a hacer su trabajo y punza. “¿Que tengo que darte para hacerlo?”
Un suspiro hastiado brota de Carl y sin que lo vea venir, él niño se adelanta y soltando lo que llevaba en manos, lo toma por la parte trasera del cuello y le atrae a un beso fuerte y apretado que termina muy pronto.
No piensa en sonreír con ironía o en ingeniar un comentario desagradable. No tiene la oportunidad. No al ver a Carl agacharse a recoger lo tirado, y al incorporarse sentirlo tomar una de sus manos para colocarle en ella la desgastada camisa a cuadros con la que había llegado.
“Escondí la bufanda que dejaste en mi casa hace unos días, cuando vuelva, me masturbare con ella.” Las sucias palabras de Carl son extrañas al escucharlas salir de esa boca en lugar se la suya, suena casi magnánimo al continuar. “Se que harás lo mismo. No me la devuelvas.”
Negan no registra del todo a Carl saliendo de la habitación. El eco de la puerta al cerrarse es lo único que lo regresa a tierra. Ese chico lindo y desagradable... Oh, vaya, sí que iban a divertirse mucho juntos. Reflexiono apretando la tela en su mano, y sonriendo abiertamente ya que estaba solo.
Bien, si de tres cosas podía darse aires de estar completamente seguro, eran que... primero; que el adorable monstruo suelto sin supervisión en su fábrica sabía perfectamente como salir del santuario sin ayuda, un dato por el que no estaba dispuesto a preocuparse pronto, segundo; que la insoportable obsesión royéndole el interior no iba a calmarse, ni era tan unilateral como para seguir perdiendo el tiempo ideando planes estúpidos, y tercero; que así tuviera que cortarse un dedo en ofrenda al mocoso asesino, ya se diera la próxima semana, en un mes, un año o en el próximo apocalipsis... se uniría a Carl como solo un Omega y un Alfa podían unirse.
Quien sabe, quizá si el chico lograra engendrar un bollo en el horno para entonces, también le dejaría marcarlo de vuelta. Llevar marcas idénticas como antes se llevaban argollas...
El nuevo mundo era uno repleto de maravillosas posibilidades para dos desgraciados como ellos. Perfectos el uno para el otro.
