Chapter Text
El Grim
Nine quería correr.
Aunque volar era, en realidad, la mejor opción.
Pero no podía simplemente irse volando en medio de los cristales de roca que lo separaban del lejano punto que era la entrada a Green Hill. Terminaría con algo roto si lo hacía. Además, todos los habitantes de los Shatterspaces lo tenían en la mira. No directamente, pero Nine sabía que al mínimo movimiento ellos iban a actuar de una forma no tan… amable.
Eso era molesto, porque sólo por la promesa de Sonic nadie le decía ni le hacía nada. Y Nine sabía que todos ahí tenían un par de cosas para decirle, sino es que hasta gritarle, en el rostro. Aunque de cualquier forma, Nine estaba exhausto después del uso prolongado del poder del Prisma. Era un milagro que siguiera de pie con ese dolor de cabeza que parecía crecer más junto al cansancio extremo que lo asaltó cuando la adrenalina bajó.
Es por eso mismo que Nine sabía que ahora era un blanco fácil. Sin poder y sin armas. Sólo sus patéticas colas para defenderlo. Así que no sabía porqué todos ellos se contenían. Hace mucho que ya no pudieron distinguir la silueta de la nave en la que se llevaron a Sonic, dejándolos flotando en la incertidumbre de saber si realmente había logrado llegar a su mundo o no. E independientemente de eso, Nine estaba impresionado de que los demás de verdad estuvieran cumpliendo su palabra de no hacerle nada. Pero eso lo estaba molestando más, porque todos ignoraban al elefante en la habitación, poniéndole los nervios de punta.
Nine sentía que cualquier cosa iba a hacerlo explotar.
Sus ojos pálidos registraron el exterior, descubriendo que el Grim parecía estarse sanando, y poco a poco el suelo frío y púrpura volvió a su lugar. Lástima que eso no iba a recuperar la energía de sus máquinas. Una pena.
Nine respiró hondo, tratando de eliminar el escozor tras sus ojos de sólo recordar que Sonic se había ido y que ahora, mientras más pasaban los minutos, se daba cuenta de que no pudo despedirse apropiadamente. Había mucho que quería decirle, y sólo hasta ahora su mente estaba logrando unir las palabras que se quedaron atascadas cuando abrazó al erizo como único acto para poder expresar de algún modo las emociones que se le estaban desbordando del pecho.
Nunca fue bueno para expresar lo que sentía ya que nunca necesitó hacerlo. Al vivir solo no había modo de que aprendiera a sacar correctamente sus emociones. Nine nunca se enseñó a hacerlo, y con Sonic aprendió muy poco lo que significaba dar un abrazo o decirle su sentir a la persona que denominaba como amigo.
Tuvo muy poco tiempo para entender esas acciones y ahora…
Nine elevó las orejas cuando escuchó que finalmente la nave en la que se fueron las Roses regresó, aprovechando el suelo restaurado para poder aterrizar algo lejos del laboratorio. Nine sintió súbitamente un vuelco salvaje en el corazón, con un terrible peso de ansiedad en el estómago que lo mareó y que incluso le hizo temblar las rodillas y las manos sin poder controlarlo. Estaba seguro de que si intentaba caminar, sus piernas iban a desplomarse por los nervios que estaban consumiéndolo.
Sólo las Roses podían saber si Sonic había vuelto o no. Sólo ellas tenían la información que haría que Nine encontrara algo de consuelo en la culpa que estaba naciendo en él o que definitivamente se convirtiera en la versión que más iba a odiar de sí mismo si es que Sonic no lo logró. Jamás iba a perdonarse si su primer y único amigo desaparecía de la existencia por su culpa.
Tenía que haberlo logrado…
Nine movió una oreja, tratando de distinguir lo que estaban diciendo dado que todos se reunieron afuera para recibir a las Roses. Nine estaba seguro de que él no sería bien recibido y, más que eso, si lo veían activar sus colas para acercarse estaba seguro de que más de uno trataría de ponerse en guardia. Y Nine estaba muy cansado como para lidiar con un escenario así. Lo mejor que pudo hacer fue prestar atención y tratar de descifrar qué demonios significaba que ‘Shadow lo llevó el resto del camino’ y ‘no vimos si llegaron’.
¿Qué querían decir con que no lo vieron llegar? Para eso habían ido ellas mismas hasta allá. De qué servía que hubieran tomado la nave para salvar a Sonic si ni siquiera eran capaces de terminar la tarea que se ofrecieron a hacer.
¿Por qué no lo confirmaron?
¿Por qué no fue él mismo para ayudar?
¿Por qué nadie podía decir que Sonic sí lo había logrado?
¿Por qué tenía que permanecer en la incertidumbre?
¿Por qué…?
Nine se atragantó, con el repentino pensamiento de que él había eliminado a Sonic de la existencia.
No. Él llegó. Shadow debió lograrlo.
No es que confiara en el otro erizo, pero Nine sabía que también era rápido, casi como Sonic. Y si había alguien que podría alcanzar la entrada de Green Hill con Sonic en un estado débil, era Shadow. Así que Sonic debía haberse salvado.
Nine de verdad deseaba que sí, por lo que se lo repitió a sí mismo varias veces en su cabeza como un mantra.
Pero aún con ese pobre intento de convencerse de que Sonic estaba bien, sus piernas no dejaron de temblar ni un poco. Nine tuvo que retroceder dentro de su laboratorio hasta que sus colas chocaron con el panel de control del Shatter Drive. Su máquina. La que le quitó lo único que mantenía a Sonic estable en el Shatterverse.
Por su culpa.
Nine se deslizó hasta el frío suelo, todavía temblando. Si era por el cansancio o por la ansiedad creada por la incertidumbre del destino de Sonic, Nine no podría decirlo. Todo estaba siendo demasiado y muy rápido como para sentir que podía pensar con claridad. Él solo quería que todos se fueran y lo dejaran solo. No quería ver a nadie, ni tener que lidiar con cualquier habitante del Shatterverse que quisiera intercambiar unas últimas palabras con él. Ya fueran de odio o de advertencia, Nine no quería escucharlos.
Mentalmente estaba tan agotado que se creía capaz de ponerse a llorar ahí mismo. Pero no iba a darles el gusto a todos los demás de verlo con ese nivel de vulnerabilidad. Simplemente permanecería apartado de cualquier plan que tuvieran para volver a sus mundos, y hasta entonces tal vez Nine se permitiría llorar.
Pero sólo hasta entonces.
Con algo de suerte, por ahora todos iban a ignorarlo y se irían sin siquiera mirarlo. Siempre fue así en la Ciudad de New Yoke. Tal vez ahora volvería a ser lo mismo y…
—Er… ¿hola?
O su suerte simplemente lo abandonaría incluso en su peor momento. Aunque, para empezar, Nine nunca ha tenido mucha suerte en su vida, así que no era inesperado que no escuchara uno sólo de sus deseos.
Igual que siempre.
Nine retrajo hacia él sus rodillas, dirigiendo su filosa mirada hacia el dueño de la voz que se parecía a la suya, pero con un estúpido acento.
Frente a él estaban sus dos contrapartes de No Place y Boscage, a unos cuantos centímetros de distancia de Nine. El pirata de pie y el salvaje a cuatro patas, sentado sobre las traseras. Sólo eran ellos, sin nadie más a su alrededor para iniciar alguna confrontación grupal. O para acorralar a Nine. Aunque el zorro pudo vislumbrar que la Rose de No Place y la murciélago de Boscage, así como Rebel y Renegade, miraban hacia ellos con algo de preocupación y tensión en sus rostros.
Nine bufó. Era obvio que estaban vigilando a sus compañeros en caso de que Nine hiciera algo. Alagador, pero ya no tenía fuerzas para siquiera querer lidiar verbalmente con alguno de ellos.
El pirata zorro se aclaró la garganta, volviendo a hablar con ese acento ridículo a falta de respuesta.
—Eh… Nine, ¿cierto?
Al oír su nombre, él volvió a enfocarse en ellos, encontrando la expresión segura y cautelosa del pirata y la emocionada del salvaje de Boscage. No entendía cómo es que estos dos debían ser contrapartes de él en sus propios mundos. Era casi insultante ser comparado con el zorro sucio de Boscage que ni siquiera parecía saber cómo pararse en dos piernas. Una maldita mala broma, y aún así…
El cráter negro apareció en su mente, con pedazos de metal regados al rededor.
Nine bajó la mirada, tensando la mandíbula.
Odiaba a esos dos, pero no… él no era un asesino. Sólo había querido llegar a Sonic en ese momento, y en su lugar terminó sacando un lado oscuro de él mismo que no conocía. Tampoco estaba seguro de querer analizar ni sentir de nuevo esos deseos peligrosos e intrusivos. Lo mejor era olvidarlo y agradecer que esos dos seguían vivos, incluso si le molestaba sólo ver sus patéticos rostros.
Nuevamente el zorro de No Place habló. —Uh… Un gusto. Yo soy Sails, y nuestro buen compañero de aquí es Mangey.
Sails acarició la cabeza del mencionado, que vibró con un sonido que sonaba como un ronroneo para Nine, contento con el toque.
Nine los miró con desdén, preguntándose qué demonios querían o cuando iban a dejarlo solo. Además, no entendía qué buscaban de él si dejó claro el desagrado que ellos le generaban. Vaya, incluso ahora su lenguaje corporal debía decir mucho de las pocas ganas que tenía de estar cerca de ellos.
¿Por qué no se iban?
Sails sonrió de lado rascando su mejilla. Volvió a aclararse la garganta. —Bueno, verás… pensamos que sería bueno informarte de las noticias que trajeron la capitana Black y sus camaradas. Sobre Sonic. —Su oreja libre cayó levemente. —Él-
—No saben si llegó. —Nine por fin habló, con la voz rasposa y cargada de fastidio.
Sails se sobresaltó mientras que Mangey agitó los hombros, mirándolo curioso.
Nine torció la boca. —Si es todo lo que tienen por decir, pueden irse. Ya lo sabía.
Nine rodeó sus rodillas con sus brazos, enterrando con furia su barbilla en sus brazos. Estaba esperando que el maldito intercambio de palabras hubiera terminado y él pudiera seguir hundiéndose en su propia culpa. Pero parecía que esos dos estaban lejos de irse.
Sails se enderezó. —Tal vez no sepamos si llegó. Pero te puedo asegurar que Sonic es un camarada duro de vencer. Apuesto mi barco a que llegó con bien a su mundo.
Mangey asintió con ahínco al lado de Sails, con una sonrisa tan grande que Nine no creía que fuera capaz de sonreír más sin lastimarse la comisura de la boca.
—Puedes contar con que Sonic no caerá por eso. —Sails continuó, llevando sus manos a su caderas, emanando una confianza que Nine quisiera tener para sí mismo y creer que Sonic realmente la habría librado.
Pero hasta que no lo viera con sus propios ojos, Nine jamás sabría el destino real de Sonic. Lo cual probablemente sería su situación hasta el último día de su vida, dado que no tendría forma de llegar a Green Hill una vez que El Grim terminara de restaurarse y su propia entrada matara cualquier posibilidad de volver al vacío de los Shatterspaces. Sin más poder Prisma, ahora se volvería imposible salir de cualquier mundo. Lo cual, de hecho, llevaba a Nine a preguntarse porque esos dos no estaban ayudando a los demás a poner en marcha las naves antes de que fuera muy tarde para salir de ahí. El cielo agrietado no iba a durar así para siempre.
Nine torció los labios.
—Si ya terminaste de soltar tus estúpidos ánimos, pueden irse. —Él los corrió de nuevo. —A menos que ellos crean que ustedes podrían convencerme para ayudarlos a arreglar sus ridículas naves. En tal caso, no pasará. —Escupió con veneno, logrando hacer retroceder con satisfacción al zorro de Boscage.
Sails titubeó, usando ese patético brazo mecánico para tomar el hombro de Mangey.
—¡No! Agh, vaya. —Se frotó las manos. —Siendo honesto, ninguno quería dejarnos venir aquí contigo. Estamos aquí porque… —Él dudó, mirando a Mangey, que también lucía angustiado. —... Bueno. No queríamos que estuvieras solo después de que Sonic se fue.
Nine parpadeó, incrédulo. No sabía qué pensar del hecho de que esos dos se le hayan acercado por voluntad propia a pesar de que Nine los atacó con intenciones asesinas. Todavía no sabía cómo escaparon, pero si no lo hubieran logrado, ellos ni siquiera estarían ahí de pie.
Él se burló. —Creí que eran más listos que esto. Estoy seguro que todos allá saben que no soy su aliado después de todo. —Nine levantó dos colas, señalando a cada uno con ellas. —Incluyéndolos a ustedes dos.
Mangey bajó las orejas, gimoteando. Sails de inmediato volvió a palmearle la cabeza, levantando la otra en señal de paz. Su mirada se tornó levemente triste, casi como si le ofreciera compasión a Nine. —Nadie merece navegar solo después de la tormenta. Sabemos lo que es estar solos y no queríamos dejarte así.
Nine sintió un pinchazo de odio puro. Ellos no tenían ni idea de lo que era realmente estar solo.
Sus dientes chasquearon con fastidio, y Nine usó el enojo que surgió con fuerza para ponerse de pie rápidamente. El plan era decirles a esos dos lo que pensaba de su estúpido acto de buena fé para querer acompañarlo en su soledad y luego correrlos, a la fuerza y con gritos si era necesario, pero su cabeza no parecía estar de acuerdo con su movimiento repentino.
En el momento en que Nine se enderezó escuchó el jadeo de Sails, mas no vio su expresión porque su vista se puso negra por varios segundos. Su cabeza parecía haber hecho rebotar una pelota hecha de piedra por todo el interior de su cráneo, perforando sus oídos con un zumbido agudo que desapareció más despacio de lo que llegó. Su estómago se revolvió de forma salvaje, estando a nada de vomitar a pesar de que no había comido casi nada desde hace mucho.
Durante ese momento, Nine no estaba seguro de donde era arriba o abajo, o si seguía de pie o flotaba. Ni siquiera sus colas metálicas lo pudieron estabilizar, aunque más preciso era decir que no sabía si se habían activado o se habían desconectado unos segundos igual que él.
Sus manos se sostuvieron de algo firme, permitiendo que la náusea bajara poco a poco y su cabeza palpitante pudiera dejar de jugar ping pong con la pelota de piedra que azotaba de un lado a otro. Nine pudo volver a enfocar la vista vidriosa, observando una mancha amarilla cerca de él. Más allá de la mancha, podía ver unas siluetas borrosas que parecían haberse acercado.
Nine se puso rígido, preocupado de que quisieran atacarlo.
Ahora que enfocó mejor logró descubrir que los que se habían aproximado a la parte destrozada de su laboratorio eran el idiota de Renegade, Rebel y la Rose pirata. Su respiración se aceleró, tratando de retroceder, pero su espalda ya estaba presionada contra una superficie sólida, así que no tenía escapatoria.
Volvió a asustarse, pero no debía mostrarse débil. No podían tocarlo. No debían tocarlo. Lo habían prometido, pero si rompían su promesa, Nine tendría que defenderse. Ya no era débil ni patético. Él podía con esto, podía protegerse, podía…
—¡Wow! Despacio, Nine. No te van a hacer nada.
Sus ojos volvieron a enfocar la mancha amarilla de antes, sólo que ahora podía verlo mejor de nuevo.
Era Sails.
Cierto. Estaba hablando con ellos.
Nine se abofeteó mentalmente por haber perdido así los estribos y casi entrar en pánico.
Sus ojos volvieron a registrar su situación y con trabajo intentó conectarse físicamente de nuevo para dejar de sentir que estaba flotando gracias a su mareo. De verdad debió estar a punto de desmayarse si había sido necesario que los soportes a los que se aferró fueran la mano de Sails y la cabeza de Mangey.
Nine se erizó de nuevo.
Con más esfuerzo del que le hubiera gustado, retiró bruscamente ambas manos y se deslizó hacia un costado, tratando de alejarse de los otros dos zorros, pero sin mucho éxito. Fue molesto que sólo tuviera su espacio personal de vuelta porque ellos dos se alejaron un poco de él. Y más exasperante aún recibir sus estúpidas caras de preocupación hacia él, rodeándolo para que nadie más se acercara. En especial el de Boscage. Parecía estar a punto de llorar por él, pero a la vez con el pelaje erizado al mirar hacia la entrada.
Eso se sentía desconcertante. Y muy irritante.
Nine prefirió desviar la vista de esos dos por pura incomodidad. Le estaban provocando un nudo de un sentimiento indeseado y nauseabundo en su pecho.
Sus ojos azules volvieron a regresar al costado de su laboratorio, encontrando que los malditos intrusos se habían retirado de nuevo, pero ninguno dejaba de seguir mirando ocasionalmente hacia ellos. Nine casi quería poder recuperar sus fuerzas y asestar un maldito puñetazo a todos ellos. En especial a Renegade. Ese idiota se la debía, y con creces. Pero para su gran pesar iba a tener que quedarse con las ganas de desquitarse, y con el dolor palpitante en su mejilla.
El recuerdo de su falta de fuerza lo hacía sentirse desolado. Hace menos de media hora había estado en la cima de su poder y ahora no era más que un patético zorro cuyas piernas no podían sostenerlo sin tener que recurrir a sus colas metálicas.
Una total decepción en toda la extensión de la palabra.
Sails volvió a hablar con insistencia. —¿Te sientes mejor? Sé lo horribles que pueden ser los mareos, pero creo que aquí no tenemos un poco de agua para refrescarte.
Nine bajó la mirada, dejando que sus ojos se movieran como imanes hacia sus dos pequeñas palmeras con la hamaca. En el suelo, al lado del tronco, yacía uno de los pequeños cocos que había creado con el poder del Prisma, y otros más quedaron resguardados entre las hojas de las palmeras.
Sails siguió su mirada, animando su oreja libre. —¡Oh! Agua de coco. Es perfecta. —Mangey le respondió con un meneo rápido de sus colas, estando a punto de correr en cuatro patas hacia las palmeras, pero Sails lo detuvo al instante con la mano de metal. —Aunque, eh… ¿Te gustaría que nosotros…?
—No. —Nine espetó secamente.
No quería que nadie tomara las cosas que había creado sólo para Sonic. A pesar de que ya no tenía caso, pues ya no había ningún erizo con quien compartir eso, pero su sentimentalismo y obstinación lo aferraban a no dejar que nadie tomara lo que estaba destinado para su único amigo. De cualquier forma, es posible que tarde o temprano Nine termine consumiendo los cocos, pero mientras pudiera conservar por más tiempo el pequeño regalo que había hecho por Sonic, mejor.
Mangey retrocedió, y Sails también regresó a su postura anterior. —Está bien. Pero insisto en que deberías-
—No. —Nine repitió, gruñendo esta vez con fuerza.
Los dos zorros se quedaron quietos, dándose una mirada breve entre ellos.
Nine no estaba seguro de si de verdad entendían al otro con sólo mirarse así. Según sus cálculos, esos dos habían formado alianza apenas ese mismo día, y fue durante el combate por el Prisma. Tal vez hasta se conocieron un poco antes, pero seguía siendo muy poco tiempo para que hubieran logrado una cercanía tan… estrecha y hasta envidiable.
Aunque Nine también recordó a las Roses.
No estuvo presente desde el inicio de la unión fraterna entre ellas. Sin embargo, toda la odisea que ocurrió cuando los tres mundos se unieron por los portales del estúpido Consejo había pasado en, como máximo, un día entero. Y en El Grim, Nine vagamente tuvo vistazos de lo mucho que ya se estimaban entre ellas. No estaba seguro de si se debía a que eran contrapartes, o si simplemente ellas lograron pasar la barrera de diferencias para unirse, pero Nine no creía que se debiera del todo a que fueran la Rose de sus propios mundos.
Ahí estaban las contrapartes de Renegade como claro ejemplo de que no todos parecían encontrar unión en sus otras versiones. El equidna de su mismo mundo no lucía muy cómodo con el pirata, y parecía huir del salvaje. Y honestamente Nine no lo culpaba tanto por sentirse algo insultado de tener contrapartes que eran… no exactamente lo que dirías una versión tuya aceptable.
Pero Nine sentía una pequeña chispa de superioridad contra Renegade al saber que, a pesar de que odiaba a Sails y a Mangey y los veía como menos, ellos, a diferencia de las otras versiones del equidna, parecían defender mejor sus niveles de inteligencia y aptitud.
Después de todo, habían tomado el control de su Grim Big, y aunque fue humillante en su momento, Nine admitía que era impresionante pensar en el hecho del zorro salvaje logrando entender los controles que él mismo diseñó para sus máquinas. No iba a decirlo en voz alta, pero Nine podía presumir de mejores versiones alternas de él que Renegade.
Aunque eso seguía sin decirle nada de cómo es que esos dos zorros lograron unirse tan rápido. Eso hacía que Nine volviera a envidiar la facilidad que tenían los demás para lograr ser felices, pero a la vez se preguntaba si… si tal vez no tuviera este horrible sentimiento de odio y necesidad de no ser igual ni ser comparado con otros, él… ¿podría crear un lazo con ellos similar a como lo hicieron las Roses?
Nine no lo creía, pero…
Volvió a mirar a los otros dos zorros, notando que parecían haberse dado ánimos mutuos de nuevo sin decir una palabra.
Sails de nuevo tomó la palabra. —Oye, si no es molestia, nos gustaría saber… ¿de verdad quieres quedarte aquí?
Mangey gimoteó sentado en el suelo, mirando hacia atrás, a la parte exterior donde El Grim cada vez recuperaba más y más extensiones de tierra. El cielo también estaba volviendo, pero mantenía varias grietas en diversas zonas, exponiendo las pocas puertas que quedaban para volver al vacío. El zorro salvaje volvió a regresar su mirada, observando a Nine como si quisiera decirle con sus ojos tristes que no se quedara ahí.
Y, siendo honesto, Nine tenía un poco de ansiedad ante la perspectiva de quedarse en el Grim sin ninguna compañía ahora que su mente estaba pensando con claridad.
Claro, ese era su plan desde el inicio, y es lo que Sonic pidió para él antes de haberse ido. Pero ese plan implicaba tener dos factores fundamentales: el Prisma Paradoja y Sonic. Justo ahora no tenía ninguno de los dos, y sin fuente alguna de poder, además del Prisma, Nine sabía que estaba condenado a sobrevivir con lo poco que almacenó en sus colas, y si es que de casualidad algo quedó atrás en su Shatterdrive.
Pero volver a la Ciudad de New Yoke tampoco era la mejor opción.
Nine apostaría todas sus colas de metal a que los rebeldes iban a obligarlo a pagar por sus crímenes, por mucho que su inteligencia pudiera ayudar a desmantelar el viejo gobierno del Consejo del Caos. El daño que causó Nine era suficiente para que ellos quisieran tener un ojo sobre el zorro al menos las veinticuatro horas del día.
Y Nine no iba a prestarse para ser vigilado en todo el momento. Mucho menos para ayudar a restaurar a la ciudad que más lo hizo sufrir. Él mismo lo dijo. Ese lugar no le había traído nada bueno y ni siquiera los rebeldes hicieron nunca nada por él. No veía razón en dar su conocimiento y esfuerzos por un lugar que significaba menos que un grano de arena para Nine.
Así que sus opciones se reducían a aceptar volver con los habitantes de New Yoke o quedarse en El Grim.
Era obvio que Nine ya tenía su decisión establecida.
Además, no quería retractarse después de casi haber destruido toda la existencia sólo por haberse empecinado en crear su hogar en El Grim. No iba a admitir la falta de razonamiento en sus acciones sólo para volver a un lugar con mejores provisiones. Nine iba a quedarse.
Sus brazos se cruzaron. —Mejor aquí que con ellos. —Su cabeza señaló hacia la entrada antes de volver a ellos. —Y en especial mejor que con ustedes.
Sails apretó los labios, aunque no parecía sentirse insultado por las palabras de Nine. Mangey también se veía abatido, mirando de nuevo entre el exterior de El Grim y Nine.
El pirata le sonrió con ánimo y tranquilidad. —Sé que la soledad no es tan mala, pero creo que puede volverse abrumadora. Y yo… no creo que a mí me gustaría quedarme aquí solo.
Mangey volvió a gemir, con las orejas gachas y tratando de acercarse a él. Nine retrocedió un poco, retrayendo sus manos.
Sorprendentemente el zorro salvaje habló con voz extremadamente ronca y pausada. —Un…tos.
Nine frunció el ceño, sin saber realmente qué significaba lo que el otro quiso decir.
Sails, en cambio, se rió, palmeando de nuevo a Mangey entre las orejas. —Quiere decir que podríamos irnos juntos. —Sonrió de lado, mirando a Nine con una energía amistosa y esperanzada.
El mismo sentimiento indeseado de antes regresó a Nine, como si hubiera un pequeño deseo de aceptar la oferta e irse con ellos.
Ya nada podía ser más convincente que ver a los dos zorros frente a él insistiendo tanto después de que Nine casi los mata. Pero su cabeza de nuevo le trajo la imagen del cráter, con la pesadez de saber que él… que no muchos iban a tener la mejor imagen de él. Nine iba a ser juzgado y tratado igual o peor que antes en New Yoke, sólo que a diferencia de su vida anterior, ahora Nine iba a ser reconocido por todos como el zorro psicópata que casi destruye los mundos. Ya no iba a ser invisible como antes. Todos sabrían quién era y nadie iba a dejarlo en paz.
Nadie iba a ser Sonic para que pudiera encontrar un refugio ahí.
Y mucho menos iban a estar esos dos como para decir que de verdad iban a estar juntos, si es que acaso Nine aceptaba volver.
Era desolador, pero la realidad es que Nine no iba a tener a nadie que no quisiera juzgarlo y acercarse genuinamente a él, además de Sonic e increíblemente los dos zorros frente a él. Y esos dos idiotas no estaban considerando eso. Eran iguales al erizo. Sólo venían con su ridícula amistad, pero no consideraban el panorama general. Sólo palabras vacías. Tal como Sonic había hecho, pensando sólo en sí mismos. Nunca en las consecuencias que habría después para él.
Nine bufó con desprecio. —Oh, claro. Vámonos juntos y después dejemos que cada uno vuelva a su mundo y así los rebeldes puedan encerrarme para hacerme pagar por lo que hice. Qué gran idea de ‘irnos juntos’ tienen. —Su postura logró enderezarse, levantando un par de colas y filtrando veneno en su voz. —Gracias, pero no gracias. Puedes decirles que no regresaré con ellos y que se ahorren las tretas para regresarme a New Yoke.
Ambos zorros se marchitaron con culpabilidad, para su beneficio. Pero aún así Nine no pensaba ceder. No quería nada más de nadie. Ya tuvo suficiente de querer aceptar amistad en su vida para que al final lo dejen y se quede solo. Mejor volver a estar sin ninguna clase de compañía desde ahora, sin emociones conflictivas e innecesarias.
Todos podían irse de su vida.
Sails se rascó la nuca. —Ay, vaya. No lo decíamos con esa intención. Nosotros estamos dispuestos a defender tu postura ante ellos, si quieres. Pero Mangey y yo en realidad queríamos decir que… cuentas con nuestro apoyo y-
—¿Y para qué querría yo tener la ayuda de ustedes dos? —Nine apretó los puños. —Por si no quedó claro, los odio incluso más de lo que odio al Consejo. —Mentira. —Ustedes o cualquier otra variante idéntica a mi jamás podrá agradarme. —No quería ser comparado de nuevo. —Si creen que alguna vez aceptaré su patética amistad, pueden largarse. El único amigo que tengo es Sonic. Nadie más. —Sólo quería ser querido de nuevo, pero incluso perdió eso.
Nine no se dió cuenta hasta que terminó de hablar que había estado avanzando, haciendo retroceder a los otros dos. Sails había levantado un brazo frente a Mangey, que se había encogido con las orejas gachas. Ante eso, Nine volvió a sentir esa envidia y anhelo de saber que ellos dos se habían unido tanto. Que Sails apreciaba a Mangey lo suficiente como para protegerlo.
Nine quería sentir de nuevo que había alguien que lo cuidaba y lo protegía.
Pero ya no estaba. Y él se forzó a alejar a esos dos, que habían parecido dispuestos a aceptarlo también. Así iba a ser más fácil. Mejor distanciarse antes de volver a sentir la dolorosa separación, como con Sonic. Si no se encariñaba ahora, la soledad ya no dolería tanto después.
Además, Nine ya no quería sufrir más. Estaba cansado, herido y con ganas de llorar. Sólo esperaba que sus palabras hirientes surtieran efecto y por fin lo dejaran en paz.
Lamentablemente no tuvo éxito.
Sails entristeció su expresión, volviendo a mirarlo con compasión. Su mano regresó a su lugar, dejando que Mangey se asomara de nuevo. Ninguno de los tres dijo nada por un par de minutos, lo que le dio a Nine un respiro necesario, despejando su mente de nuevo para poder controlar sus emociones abrumadoras. No quería ponerse a llorar frente a nadie.
Luego el pirata tomó la palabra de nuevo, irritando los nervios de Nine porque no podía simplemente callarse.
—Oye… tus colas son increíbles. De verdad. —Sails le sonrió, aunque el comentario dejó confundido a Nine, pues no tenía nada que ver con lo que acababa de decirles. Sin embargo, el pirata continuó. —Es agradable saber que no soy el único. —Él guiñó un ojo, saludando con su propio brazo robótico.
Nine arrugó el rostro, sintiendo que era un insulto comparar el intrincado diseño que realizó con sus siete miembros mecánicos con una simple mano de metal cuyo diseño apenas y era aceptable. Aún así se mordió la lengua con sus palabras cuando Sails continuó hablando.
—Aunque confieso que en mi hogar podrían hacerme caminar por la plancha por esto. —Sails bajó la mano mecánica, dejando que Mangey la olfateara mientras también escuchaba. —Allá no… aprecian este tipo de innovación. —Se encogió de hombros despreocupado, pero Nine logró ver el atisbo de dolor viejo y enterrado en la mirada del otro.
Sails continuó la fachada, llevando ambas manos a su cintura. —Mi tripulación ha sido la única que quiso llevarme con ellos siendo un marginado. Les debo toda mi lealtad, pero… si me permiten decirlo, admito que me tomó meses aceptar que mis camaradas de verdad me querían a bordo con ellos. Fue… bueno, difícil darme cuenta de que alguien me había admitido cuando antes siempre intentaron mandarme al casillero de Davy Jones.
Nine torció los labios inseguro, pues aunque no entendía ni un poco la jerga del pirata, comprendió perfectamente lo que quería decir. Sin embargo, eso no lo hacía sentir mejor, ya que Nine se dió cuenta de lo que el pirata quería lograr con su ridículo discurso, provocándole un pinchazo de molestia que no hacía más que aumentar cuando notó que sintió un atisbo de simpatía al entender que Sails no era libre de inventar en No place.
New Yoke no era tan estricto con eso, pero Nine estaba seguro de que se habría vuelto completamente loco si nunca hubiera podido saciar su curiosidad manipulando las máquinas descompuestas del Consejo. Fue lo único que lo hizo feliz y lo único que se sintió como un refugio seguro en ese basurero. Si también le hubiesen quitado eso, Nine no habría durado tanto.
De cualquier forma, no quería empatizar de ningún modo con ellos dos.
Nine ignoró el consuelo que Mangey le daba a Sails al restregarse en su pierna, rodando los ojos. —¿Por qué me cuentas eso? Me importa muy poco lo que les haya pasado a ustedes en sus vidas. —Entrecerró los ojos con desprecio. —Al final encontraron compañía. Así que no intentes decirme que sabes cómo me siento. Nunca podrías.
Nine dejó que el cansancio se filtrara en las últimas palabras, resignado a aceptar que la vida tenía un desprecio específico hacia él. De otro modo al menos habría podido tener aunque sea un amigo en New Yoke. Pero nunca lo dejaron ser mínimamente feliz.
—Es precisamente por eso, Nine. —Sails volvió a atraer su atención. Nine arrugó el rostro en confusión, aunque dejó seguir hablando al otro. —No sé qué has vivido. Pero… ¿no has pensado que ahora puedes encontrar tu propia tripulación si te permites aceptarla?
Nine se enderezó, mirando al otro como si hubiera perdido la cabeza. Por reflejo miró a Mangey, aunque olvidó con quién estaba tratando, pues este volvía a sonreír con las colas alegres ante la propuesta. Sí, no era el apoyo que Nine necesitaba.
Sails, sin embargo, se rió. —No sé cómo es tu mundo. Pero sé que Mangey y yo jamás tuvimos a unas ratas de bodega similares a las que expulsaste por el portal. —El pirata señaló vagamente por donde el Consejo había sido expulsado, y Nine tuvo que admitir que el insulto se sentía apropiado. —Sin ellos en tu hogar, ¿no crees que podrías buscar camaradas que ahora te apoyen?
Las palabras, de hecho, lo hicieron detenerse por un momento y considerar la posibilidad.
Es cierto que hasta donde pudo tomar nota, Nine no tenía registro de alguna variante de cualquiera del Consejo en Boscage Maze o en No Place. Pero considerando que todo surgió desde el mundo de Sonic, Nine tenía la sospecha de que el tal Dr. Eggman pudo… fragmentarse en versiones atemporales y no dimensionales.
Aunque la teoría tenía algunos huecos, y técnicamente ahora estaba la variable de que, si Green Hill se restauró, todos ellos teóricamente debían desaparecer. O algo así. Pero ese no era el punto de la situación. Y Nine no tenía cabeza para analizar el existencialismo del Shatterverse.
La cuestión aquí es que, si los mundos de Sails y Mangey eran un poco más libres a falta de un Eggman, y que ahora New Yoke tampoco los tenía, ¿Nine podría ser capaz de encontrar libertad y felicidad?
Honestamente no creía que fuera a ser así de fácil. Además Nine tenía que recordarse que todos lo vieron cuando proyectó sus ridículos hologramas en el cielo (otra de sus pésimas ideas). Tal vez si las cosas hubieran sido distintas y él no se hubiese puesto la etiqueta de villano psicópata, posiblemente un regreso a New Yoke hubiese sido más factible. Así que la conclusión es tal y como pensó antes: que ese regreso en realidad sólo podía significar afrontar sus consecuencias.
Nine sacudió la cabeza, abriendo la boca para responder, pero una voz externa llamó la atención de los tres.
Rebel, que se había acercado lo suficiente a ellos, alzó la voz con autoridad. —¡Sails! ¡Mangey! Es hora de irnos. Ya están listas las naves.
El aviso le cayó a Nine como agua fría, volviendo a resurgir la inquietud y miedo de su estómago al saber que ya iban a dejarlo ahí, sin ninguna posibilidad de volver a salir de El Grim.
No sabía que tanto se sentía listo para aceptar lo que venía sin tener que admitir que le daba miedo quedarse solo y sin provisiones. Menos ahora que ese idiota de Sails había agitado su curiosidad. Nine iba a sentirse muy estúpido si aceptaba irse con todos luego de insistir obstinadamente quedarse. No quería darles el gusto de que se regodearan en su cara cuando le hicieran ver que su capricho de aferrarse a este lugar ahora se veía más como un berrinche infantil y volvía con las colas entre las patas a aceptar su castigo.
Ni con toda la incertidumbre y miedo que golpeaba su pecho quería ceder. Pero…
Sails titubeó. —Ah- ¡Sí! ¡A la orden! Sólo… un momento más, ¿por favor?
Rebel los estudió a los tres. Luego suspiró mientras cruzaba los brazos. —Sólo un par de minutos. No más.
Nine ni siquiera se cuestionó a sí mismo la forma en que su pecho se llenó de alivio al saber que el momento de quedarse solo iba a retrasarse un poco más. Estaba… muy confundido en ese momento, pero si de algo estaba seguro es que iba a derrumbarse una vez que nadie más que él se quedara en El Grim.
No estaba listo para afrontar el torrente de sus pensamientos.
El pirata agachó su oreja, asistiendo a Rebel. —Entendido. —Volvió a girarse hacia Nine. Su voz esta vez tenía un tono desesperado. —Entonces, Nine, ¿qué dices?
Algo en su interior quería ceder, pero Nine aún conservaba su orgullo y obstinación, tragando con fuerza las ganas de irse. Además, la idea de Sails sonaba bien siempre y cuando Nine pudiera sentirse libre en cualquier otro mundo que no fuera New Yoke. Él ya no quería volver a ver el sitio que más lo torturó durante su corta vida.
Nine presionó los labios, esperando sonar convencido. —Quiero quedarme.
Ambos zorros se deprimieron notablemente, moviendo el interior de Nine. Eso hizo que su mente soltara de la nada la idea de si ellos dos hubieran sido capaces de convencerlo de tener más tiempo. Y a su vez esto le hizo pensar que si insistían otro poco, es posible que ya no tuviera tanta confianza para seguir negando la oferta. Tal vez si preguntaban una vez más… O si tal vez pudiera irse con alguno de ellos en lugar de New Yoke…
Sails suspiró, viéndose igual de derrotado que cuando supieron que toda la existencia iba a desaparecer. Había resignación en su mirada. —Está bien. —Se esforzó por sonreír. —Pero aún así, vas a contar con nosotros. —Su voz se animó levemente, señalándose con su mano mecánica.
Mangey sorbió por la nariz, dando unos pasos tentativos al frente sobre sus cuatro patas. Nine esta vez no retrocedió, pero no se atrevió a mirar al zorro a los ojos. Nuevamente la voz rasposa del salvaje llegó hasta sus oídos. —A… igos.
Incluso con la falta de dicción correcta, Nine entendió lo que quiso decir.
Sus ojos comenzaron a picar, pero ahora más que antes. Nine miró hacia otro lado y apretó los dientes lo más que pudo, negándose a llorar.
No quería admitir nada, pues se negaba a aceptar el apoyo que le estaban dando porque él quería aferrarse a la maldita idea de que odiaba a sus variantes. Una idea que surgió después de que no había sido visto como su propia persona. Y no podía ceder así sin más. Quería saber que podían verlo como él mismo y no como una copia más de…
Sails también avanzó otro paso. —Si alguna vez nuestros caminos nos permiten cruzarnos de nuevo, ¡Mangey y yo estaremos encantados de aceptarte, Nine! Siempre hay lugar para un camarada más. Después de todo, ya eres uno de nosotros.
Nine bufó, aunque logró resistir el impulso de retroceder cuando Sails se le acercó. Por un segundo pensó que iba a atreverse a darle un abrazo, lo que comenzó a gestar un gruñido en la garganta de Nine. Pero en lugar de eso, Sails le palmeó el hombro con una suavidad que sólo había recibido de Sonic.
Se tensó ante el toque, pero no lo rechazó como posiblemente habría hecho antes.
Sails le sonrió a pesar de la tristeza que reflejaban sus ojos, guiñando mientras su mano mecánica hacía un saludo en su frente. —Te deseo lo mejor en tu viaje, Nine. De verdad espero que nos volvamos a encontrar.
Nine respiró hondo, sintiendo ahora como algo cálido se frotaba contra su pierna. Él bajó la mirada con ganas de patear lo que se le estaba pegando, pero afortunadamente logró detenerse al encontrar a Mangey restregándose, con las orejas caídas. Tuvo que cruzar sus brazos para resistir el ridículo impulso de despedirse de ambos.
No necesitaba hacerlo. Ellos dos ahora lo molestaban aún más que antes.
Era difícil aceptar la falta de Sonic. Ahora saber que ellos se iban… Uf. Simplemente estúpidos. No era justo que esos idiotas le hicieran saber a Nine que podían quererlo en sus vidas, pero no podrían mantenerlo a su lado. La vida seguía siendo cruel con él, y de la peor forma.
Si se quedaba ahí, la despedida iba a ser menos dolorosa. Simplemente iba a continuar diciéndose a sí mismo que esos dos eran molestos y que él, en efecto, los odiaba. Al menos así podría aceptar mejor su futura estadía solitaria en El Grim.
El suave toque en su hombro y pierna se desvaneció. Nine observó a los otros dos empezar a alejarse con las orejas caídas, pasando al lado de Rebel.
Nine por un momento sintió el impulso en sus piernas que casi lo hacen salir corriendo tras los otros dos y subir a la nave. Incluso se visualizó por un segundo yéndose con ellos, pero cuando Rebel se acercó a él, la adrenalina se disparó en su lugar, volviendo a tomar una postura defensiva con los músculos tensos.
Rebel se detuvo a una distancia prudente, estudiándolo con la misma mirada de escrutinio que él le daba a ella.
La murciélago bufó. —Nuestra parte está hecha. No vamos a molestarte mientras no vuelvas a causar problemas. —Ella hizo una pausa, como si esperara que Nine dijera algo. Él se negó a responder, sacando un suspiro de ella. —Es el trato, sin embargo… —Nine se puso rígido, creyendo que iba a obligarlo a ir con ellos. —Voy a preguntarte esto una vez, porque no me voy a sentir tan tranquila dejándote solo.
Nine inclinó levemente la cabeza, haciéndole saber que tenía su atención.
Rebel mantuvo su tono firme. —¿De verdad quieres quedarte aquí? —Ella dejó que la pregunta flotara un par de segundos. —No voy a convencerte de venir. Pero me gustaría saber si de verdad quieres permanecer en este lugar. Lo hablé con Knucks y ambos acordamos que nosotros podríamos aceptarte de vuelta y-
—¿Y qué? —Nine la interrumpió, volviendo a escupir las palabras con el veneno de su furia de vuelta. —¿Fingir que somos amigos y arreglar el mundo que el Consejo dañó? —Miró a Rebel con odio genuino, alterando la expresión de ella. —No vengas fingiendo que yo te importo un poco o para querer calmar tu maldita conciencia. Nunca voy a hacer nada por ese maldito mundo, ni por ustedes. Jamás esperan nada de mi parte.
Rebel flaqueó en su postura, luciendo desconcertada por un segundo. Parecía como si intentara reorganizar sus palabras o cualquier otro intento de convencerlo a pesar de lo que ella dijo al inicio.
Luego negó con la cabeza, recuperando su expresión apática hacia él. —No esperamos nada de ti, para empezar. La oferta te la damos por lo mucho que Sonic hizo por ti. —Ella suavizó sus rasgos, dejando ver lo cansada que estaba para ese momento, frotándose el puente entre los ojos. —Sé que Sonic nos pidió dejarte en paz, pero tampoco nos parece correcto dejarte aquí sin nada. Si insistes en permanecer en este lugar, no vamos a tomarte a la fuerza. Pero… necesito que de verdad me digas si es tu última respuesta.
Nine apretó los dientes. —¿Van a dejarme ir cuando lleguemos a New Yoke?
Rebel parpadeó, titubeando, aunque enseguida escondió su sorpresa. —Ese tema podemos discutirlo cuando-
—Sí o no. —Nine la interrumpió, torciendo los labios para hacerle saber que no quería que le diera vueltas al asunto y fuese al punto.
Ella pareció aferrarse a su control antes de suspirar irritada. —Lo siento. No podemos dejarte exactamente libre. Pero tampoco vamos a encerrarte. —Se apresuró a aclarar, negando con la cabeza. —No hacemos ese tipo de cosas. Así que pensábamos que podrías-
—No. —Nine la interrumpió por tercera vez. —Cualquier negociación que tengas en mente, ahórratela. No iré ahí bajo sus términos.
Nine esta vez se dio la vuelta, dando a entender que daba por finalizada la conversación y ya no deseaba escuchar nada más de su parte. Se acercó a su panel con su computadora, fingiendo revisar algo cuando Rebel habló una última vez.
—Dejamos un par de provisiones que encontramos en las naves del Consejo. Es todo lo que podemos ofrecer.
Nine gruñó. —No necesito nada de ustedes.
Él volvió a verla de reojo, pero ella ya caminaba a la salida saludando hacia atrás con su mano, sin señales de querer continuar discutiendo con él. Rebel simplemente se alejó, volando hasta una de las dos naves que arreglaron.
Si tuviera la fuerza, Nine podría haber corrido hasta el exterior y lanzado hacia ellos las provisiones que mencionaron. Pero su parte lógica lo estaba llamando estúpido por el simple hecho de haber pensado eso. Aún sabiendo que era ridículo, su lado mezquino habría ganado.
El sonido silbante de los propulsores de las aeronaves retumbó en el exterior, regresando el miedo que Nine había guardado por un momento a favor de su odio.
Sus piernas flaquearon, avanzando paso a paso hacia la salida de su laboratorio como si una fuerza magnética lo atrajera. Nine había pensado en no salir a ver cuando todos se fueran, más que nada porque quería hacerles saber lo muy poco que le importaba el hecho de que todos iban a irse. Ahora parecía que sus pies tenían otros planes para él.
Nine siguió caminando, llegando justo a la orilla de la pared de cristal, observando las viejas naves del Consejo, robadas por todos ellos, elevándose hacia el cielo despejado ahora que su campo de fuerza ya no existía. La extensión verde contrastaba con las pocas grietas moradas que estaban quedando, cerrándose lentamente una a una. Los dos vehículos voladores estaban tomando rumbo hacia la abertura más cercana, justo por encima de la Ciudadela que construyó.
Él avanzó otro paso, girando la cabeza hacia arriba, con el aire de los propulsores agitando su pelaje. La primer aeronave atravesó el portal con un destello blanco, dejando a la otra con el camino libre para irse también. Nine se agitó con angustia, sabiendo que era la última salida del Grim. Incluso si él volaba con sus colas hasta otra grieta, no sabía a dónde iría estando en el vacío. Atravesar el lugar por su cuenta sería peligroso sin tener nada con qué abrir el camino destruyendo los cristales. Se quedaría varado para morir en medio de la nada.
Estaba atrapado.
Nine dejó que sus pies lo hicieran avanzar más lejos, observando los pocos metros que separaban a la aeronave de la grieta. Tragó pesado, sintiendo sus manos temblar más que antes. Justo momentos antes de desaparecer, Nine logró ver las cabezas de Sails y Mangey, que se asomaron por la borda y barrieron la zona cerca de él antes de encontrarlo.
Los dos zorros lo saludaron con las manos, aunque Nine logró notar las expresiones preocupadas y tristes que arrugaban sus caras. La emoción que emanaban fue suficiente para que Nine estuviera a punto de desplegar sus colas y alcanzarlos volando, pero el segundo de duda que asaltó su cabeza recordándole que no volvería con ellos, sino a New Yoke, lo hizo titubear. Esa duda fugaz bastó para hacerle perder la ínfima oportunidad que tenía para irse de ahí.
Ellos desaparecieron. Junto a toda la nave.
Ya nadie más quedaba en El Grim. Sólo Nine.
El silencio que siguió se sentía espeluznante, como si fuera antinatural. Pero sabía que era el mismo silencio que siempre hubo en ese mundo incluso antes de que Nine lo invadiera. Desde que se refugió ahí, siempre que no hacía nada ruidoso, el lugar quedaba en una calma irreal y sin ningún rastro de sonido natural. Las últimas grietas cerrándose fueron los únicos susurros de ruido antes de que también se sellaran.
El Grim volvió a respirar con paz, completamente sanado.
El aire estático se asentó suavemente durante varios minutos antes de llevar al vacío lugar el sonido sordo de un peso cayendo contra el suelo frío.
Nine ni siquiera se estremeció cuando sus rodillas se rasparon contra la tierra. El dolor físico se sentía más como un zumbido roto cuando justo ahora no sabía qué pensar ni sentir. Sus ojos observaron la pared rota de su laboratorio, vagando sobre la plataforma donde antes estuvo el Prisma. Luego desvió la mirada hacia sus controles, todavía encendidos con la poca energía que quedaba. Nine se estremeció, odiando su propia creación. Alejó su vista hasta las palmeras, siendo lo único con verdadera vida en toda el área.
Se alzaban altas y orgullosas, listas para haber impresionado a la persona a quién iban a ser obsequiadas. Esas palmeras ya nunca iban a ser entregadas.
Sonic ya no estaba.
Se había ido.
Tal vez para siempre.
Nine se ahogó. No supo en qué momento las lágrimas empezaron a caer de sus ojos. Aunque tal vez igual no importaba. Ya nada importaba. Las palmeras se veían borrosas, al igual que la hamaca. La que era para Sonic.
Sonic.
Volver a pensar en él fue la gota de derramó el vaso.
Nadie más escuchó el grito cortado que rasgó la garganta de Nine. Nadie podría hacerlo.
Él estaba solo, y es lo que él quiso.
Nine se estremeció. Sus manos se aferraron a su cabeza, dejando que sus garras presionaran la tela de sus guantes lo suficiente como para arañar su piel. Al menos el dolor físico podría ayudarlo a enterrar la bruma que oprimía su pecho. Su garganta volvió a rasparse, aguantando apenas sus lamentos. Nine ni siquiera le tomó importancia a la mancha húmeda que estaba creciendo en la tela de su short, producto de las lágrimas que caían sobre sus piernas.
Sentía como si pudiera morir ahí mismo, con las piedras púrpuras siendo los únicos testigos de sus gritos agónicos. Ya no quería sentir nada. No quería estar ahí. No quería estar en ningún sitio. Quería desaparecer para siempre y no volver a despertar nunca más.
Quería matar el dolor que lo estaba ahogando.
Nine sollozó con fuerza, estrellando su cabeza contra el suelo. Se hizo un ovillo tembloroso, buscando refugio en sí mismo. Sus manos se aferraron a su nuca, de alguna forma escondiéndolo del exterior. Aunque no había nadie de quién esconderse.
Simplemente se tenía a sí mismo.
El silencio volvió a acompañarlo. Nine no sabía cuánto tiempo estuvo lamentándose en medio de la nada. El tiempo ahí era difícil de tomar. Pero su cuerpo terminó tendido en el suelo por el cansancio y el llanto prolongado.
El frío suelo al menos lo hizo recuperar la compostura. Pero Nine no se atrevió a moverse.
Se quedó ahí hasta que la inconsciencia lo alcanzó.
Iba a ser una larga estancia en el Grim.
—Parece que vale más la pena tratar de crear nuevas provisiones que encenderte de nuevo.
Nine dejó que las palabras flotaran en el aire sin esperar respuesta alguna.
Sus ojos escanearon lo poco que quedó de su Ciudadela, sentado desde la orilla de la vieja Nave Nodriza del Consejo que quedó atrás, una estructura que por cierto ya había recorrido internamente varias veces durante sus primero días ahí, tratando de encontrar algo útil, pero la mayoría eran cosas inservibles, pues eran funcionales sólo con energía.
Debajo de él, también lo acompañaban todos los robots apagados que terminaron regados en el campo de batalla.
Nine genuinamente creyó que todo lo que estaba ahí, incluyendo la nave, se había perdido en medio de la batalla o desintegrado cuando su campo de fuerza se redujo a nada y sólo había quedado un trozo flotante de El Grim. Pero cuando se recuperó, parece que lo que desapareció también volvió. Bien decía la ciencia: la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Así que cada robot reducido a partículas, y que se hubiera perdido en las tierras de El Grim, regresó a su vieja forma. Aunque al final eran igual de inútiles al no tener energía que les diera vida.
Ni siquiera sus robots Alpha Grim se salvaron de quedar inutilizados luego de que el Prisma desapareciera de su mundo. Todo se redujo a un montón de metal inútil, y aunque Nine descubrió que había logrado almacenar un poco de energía prismática en sus colas, iba a ser suficiente para crear un par de cosas más, comestibles de preferencia, o para activar alguna de sus máquinas por corto tiempo. Nunca para lograr abrir un portal. No era suficiente. Así que debía elegir entre una compañía fría e inservible o más comida y agua.
De cualquier forma, ambas cosas serían infructíferas y sólo cubrirán una pequeña necesidad de Nine por corto tiempo.
Además, ya tenía suficiente compañía hablando solo. O casi solo.
Era estúpido, pero le aliviaba mucho tener cerca sus robots y creer que al menos había alguien con él. Sabía que se veía completamente ridículo, pero no había nadie en kilómetros a la redonda que pudiera juzgarlo, así que Nine continuaba actuando como se le daba la maldita gana para afrontar la soledad. Es por eso que tenía al lado en ese momento a Alpha Grim Sonic, que se había restaurado también.
Nine le estaba haciendo saber a la máquina que él se estaba inclinando más a crear comida en lugar de encenderlo de nuevo por algunos minutos. Tal vez máximo una hora.
Si creaba otras provisiones, podría lograr administrarlas por varios días más. Las que Rebel le dejó cuando se fueron ya estaban escaseando mucho, a pesar de que Nine se esforzó por comer lo mínimo cada día. Y no es que fuera complicado. En New Yoke a veces sobrevivía hasta dos o tres día sin comer absolutamente nada. Sin embargo, Nine sabía que ahí en algún momento volvería a tener comida.
En el Grim no tenía esa certeza.
La tierra era infértil. Las fuentes de agua eran inexistentes, y aunque durante su tiempo confinado ahí Nine recorrió varios kilómetros a la redonda del desértico mundo, nada más que el mismo paisaje polvoriento y lleno de cristales violetas cubría el terreno.
Lo peor es que el cielo tampoco cambiaba mucho.
Nine casi no podía notar cuando era de día o cuando de noche. O si siquiera El Grim tenía día y noche. Simplemente parecía que el cielo de vez en cuando se tornaba un tono más oscuro por algunos segundos antes de volver a la normalidad. Pero aunque Nine trató de llevar registro de todas las veces que se oscurecía un poco, no tenían un patrón de tiempo estable, así que más temprano que tarde Nine desistió de medir los días con esa perturbación en el cielo.
Sólo le quedó resignarse.
La verdad es que ahora veía porqué Sonic preferiría regresarle la vida a su mundo que querer darle vida a este lugar. El mundo de Sonic tenía ya los cimientos para ser un hogar. El Grim, por su parte, no era ni capaz de permitir el surgimiento de vida nueva desde la tierra. Nine sabía que si sus palmeras seguían vivas es porque las creó dentro del laboratorio y las cuidaba con ahínco. Tal vez también influía que las creó con el poder del Prisma, pero Nine no podría descubrirlo.
Ya jamás podría.
Su tecnología y computadoras en el laboratorio habían quedado apagadas desde hace mucho tiempo atrás. Según sus pobres cálculos, es posible que fuera hace casi un mes que todo murió. Pero era sólo una estimación. Nada concreto.
Nine bufó hacia sí mismo, sabiendo que era estúpido seguir intentando descubrir cuánto tiempo llevaba en El Grim. Llevó las rodillas hasta su pecho, rodeándolas con sus brazos. Le dió un vistazo al robot sentado a su lado, con la cabeza de metal mirando también hacia el páramo frío. La pantalla estaba en negro, resaltando sobre el metal rojo oscuro y dorado del que fue creado.
Nine había estado muy orgulloso de su creación, pero ahora sentía que se veía afilado y gélido.
Tal vez si se volviera a encender…
Ni así dejarías de estar solo.
Nine gruñó, poniéndose de pie.
Le irritaba tanto dejar que sus pensamientos intrusivos tomaran el mando de su mente. Lo más molesto es cuando a veces su cerebro cambiaba su propio tono de voz por el de los estúpidos rebeldes. Incluso también creía llegar a escuchar la voz de Mr. Dr. Eggman, volviendo a repetirle las mismas palabras que le dijo cuando lo manipuló estando capturado. No lo dejaban en paz los últimos días.
Sus manos se apretaron en puños, eligiendo enfocarse en el Alpha Grim. Nine lo arrastró hacia atrás usando sus colas mecánicas.
—¿Y? ¿Te dejo aquí o te enciendo?
Obviamente la máquina no respondió, pero Nine elevó el resto de sus colas, sintiendo el poco poder prismático que todavía le quedaba empezando a llenar las puntas afiladas. El metal negro del robot reflejó la luz verde acumulada en sus miembros artificiales, dándole un aspecto aún más siniestro a su apariencia. Si de todas formas se iba a pudrir en ese lugar, al menos podría conseguir algo de compañía por un momento.
Nine respiró hondo, temblando ligeramente en su agarre sobre el robot. Intentó concentrarse en lo que quería hacer, como había hecho siempre que usó poder prismático. Una vez que empleara lo último de esa energía, ya no tendría más para cualquier otra cosa, lo que implicaría provisiones o hasta reactivar su computadora y tratar de encontrar una solución a su precaria situación.
Quizá esa idea era lo que lo detenía para continuar y activar a la máquina.
Porque eres un cobarde para hacer nada.
El metal del Alpha Grim vibró con un suave tintineo agudo. Nine se dió cuenta de que estaba temblando mientras lo sujetaba, provocando el sonido chirriante. Su garganta volvió a sonar con un gruñido profundo antes de gritar frustrado, tomando su cabeza entre sus manos en el momento en que arrojó el robot contra el suelo exterior de la nave con un sonido estrepitoso.
Sus dientes se presionaron fuertemente, agachándose sobre sí mismo mientras sus colas se envolvían a su alrededor, formando una jaula gris sobre él. Nine gimió angustiado, presionando sus orejas lo más que pudo contra su cráneo. Ya no quería oírlo. No quería seguir escuchando la maldita voz del científico en su cabeza. Su propia voz insultándolo. La voz de Sonic hablándole con odio…
Nine gritó de forma agónica, rasgando su garganta. Varias de sus colas se movieron cortando el aire con su velocidad, atravesando de forma limpia la superficie contra la que chocaron. El sonido sordo del metal abriéndose se mezcló con su respiración rápida y aguda. Casi dos segundos después Nine registró lo que había hecho.
El Grim Alpha estaba atravesado desde el centro del pecho metálico por las puntas afiladas de tres de sus colas, dejando un hoyo enorme y difícil de reparar en su situación.
Nine jadeó, retrayendo los miembros mecánicos. —¡No! No… nonono… —Se hincó al lado del robot, tomando los trozos de metal doblados hacia adentro, dejando al descubierto todos los cables internos y notando que varios se habían roto con la apuñalada, volviendo definitivamente inservible su creación.
Sus manos jalaron los cables, tratando de unirlos de forma estúpida e inútil, esperando vagamente que el cobre volviera a atarse junto y el plástico se fundiera para proteger el metal conductor. Pero seguía igual de roto, negándose a repararse.
Nine sollozó. —No tú… ¿Por qué también tú…?
El Alpha Grim Sonic no respondió. Su pantalla siguió apagada, y esta vez para siempre.
Nine dejó los cables rotos, sintiéndose repentinamente patético por llorarle a una máquina, incluso si era su robot favorito de todos. Al haber sido creado con la imagen de Sonic en mente, era el que más solía tener a su lado en lugar de los demás Alpha Grim, que se sentían más extraños para Nine. Pero ahora ya tampoco tendría a la versión robótica de su amigo.
Que patético
No te queda nada.
El zorro tragó con fuerza, poniéndose de pie mientras frotaba con brusquedad sus ojos. Era sólo una estúpida máquina, no había necesidad de sentirse mal por romperla. Tenía muchos robots Grim que copió de este. Si algo sobraba, eran las máquinas basadas en Sonic. No necesitaba más.
Nine respiró hondo, enderezando su espalda. Tomó el robot Alpha con las colas, arrastrándolo por el suelo maltratado de la aeronave. Lo dejó en el centro de la plataforma exterior de la nave, sentado sobre el suelo. Nine le dio un último vistazo resignado antes de darse la vuelta, caminando hasta la orilla de la nave y volando de vuelta al suelo de El Grim.
Sintió la mente en blanco todo el camino de vuelta a su Ciudadela, prefiriendo pensar en qué provisiones iba a crear con el resto de energía prismática. Tal vez un par de barras más, un poco de jugo y otros cocos, ya que podía comerlos y usar su agua. Era el doble de alimento en uno.
Luego, quién sabe…
Tal vez le dure otras dos o tres semanas en sus cálculos inútiles de tiempo. Cuatro si comía una ración por día.
Hasta entonces, Nine vería cuánto aguantaba sin nada de comida y agua.
Su dispositivo se había descompuesto.
O al menos así parecía ser.
Nine llevaba demasiados días sin salir para nada de su laboratorio. Su comida alcanzaba para unas dos semanas más, si acaso. Nuevamente, con sus cálculos pobres sobre el tiempo. Pero quién podría saber nada sobre el tiempo en El Grim, parecía ser relativo. Tal vez incluso el tiempo era relativo en todo el Shaterverse. Los días en New Yoke parecían ir más rápido que en El Grim. Probablemente el tiempo también era veloz en el mundo de Sonic, llevando el paso del erizo. Aunque si así era, ¿sería posible que incluso Sonic ya estuviera viejo…?
No, espera. Eso sólo podría ser si sobrevivió.
No gracias a tí.
Ah, vaya. Eso no es lo que estaba pensando.
Nine miró su dispositivo, recordando que estaba tratando de usarlo sólo para notar que podría estar fallando. Cierto.
No es que la mayor parte de sus funciones no trabajaran como debían hacerlo, y tampoco se estaba quedando sin energía. Nine usó los últimos restos de energía de Prisma almacenada en sus colas para recargar su dispositivo, rellenando su batería hasta el máximo y funcionando de manera óptima estos últimos días.
De esa forma también sacrificó la posibilidad de curar sus dolencias, en especial el dolor de cabeza, pues luego de descubrir que podía sanar en cierta medida sus heridas luego de dispararse en la cara para aliviar el dolor en su mandíbula por el puñetazo, Nine casi se había vuelto adicto a dispararse bajas cantidades de poder prismático para no sentir dolor. Y ahora eso incluso se había ido.
Todo por mantener encendido su dispositivo. Y ahora incluso éste se había descompuesto.
Pero ahora que lo pensaba… Tal vez fue justo el hecho de que usó energía prismática la que descompuso una función de su dispositivo.
Como sea.
Nine había estado teniendo un momento de bruma mental luego de haber despertado bruscamente de una pesadilla donde veía a Sonic desvanecerse frente a él, culpando a Nine por todo lo que le pasó y haber muerto sin ser capaz de volver a ver a sus amigos.
Él entró en pánico al despertar, gritando y sin poder calmarse hasta después de varios segundos. Pero cuando el silencio regresó, su mente no podía callarse, como siempre pasaba cada vez que tenía pesadillas. Tuvo que buscar una fuente de entretenimiento o foco de atención para callar la culpa que le quemaba el pecho. Eso es lo que lo llevó a jugar con su artefacto amarillo, pasando todas las aplicaciones que tenía en el hasta que llegó a la que le llamó la atención.
El detector de fragmentos de Prisma.
Nine recuerda que lo usó cuando llegó a El Grim para localizar el fragmento que yacía en ese mundo, lo que lo ayudó a continuar tomando más poder del Prisma para él. Pero como ya no había ningún trozo de Prisma en todo el lugar, Nine pensó que sería… interesante (gracias a su ocio y mucho tiempo libre), volver a activar el detector.
Tal vez incluso teniendo una vaga esperanza de creer que había energía prismática cerca de él para poder usarla.
Porque es lo único que te importa.
Uf.
En fin.
Nine lo activó, pero para su sorpresa la aplicación sonó como loca, mostrando el holograma verde como si tuviera estática hacia donde sea que apuntara. Se supone que si localizaba un trozo de Prisma, o al menos su energía, debía marcar un punto específico blanco, pero su imagen se veía llena de diminutos puntos moviéndose fugaces, justo como una pantalla cuando pierde señal y el ruido visual inunda la imagen.
Así que, o se descompuso en algún momento de la batalla en El Grim o Nine lo arruinó cuando cargó su dispositivo con la misma energía prismática, alterando el rango de su detector y volviéndolo inútil. Lo más probable es que fuera la última opción.
Brillante.
Nine podría arreglarlo. De eso no hay duda. Pero siendo honesto, su cabeza había estado muy dispersa como para saber exactamente qué hacer para arreglar su aplicación. Además, no le veía el caso a trabajar en ello cuando probablemente sus días ya estaban muy contados en El Grim y no pasaría de otras dos semanas o tres ahí.
Y a veces, en el fondo, Nine quería que ese día llegara.
Su cabeza se sacudió, alejando el pensamiento oscuro. No tenía salida de ese lugar, pero… en el fondo quería ver una última vez a Sonic. Si de verdad llegaba a… morir solo, deseaba poder irse sabiendo al menos que Sonic había sobrevivido. Es lo único que lo ha mantenido motivado durante todo ese tiempo.
Nine suspiró, volviendo a abrir el holograma sólo para recibir el mismo ruido visual sin ningún cambio. Ya fuera que apuntara hacia arriba o hacia abajo, o diera una vuelta sobre sí mismo con su dispositivo en manos, la estática permanecía igual. De hecho, Nine consideró salir y confirmar si esa peculiaridad también podría ocurrir estando fuera de su laboratorio, o incluso yendo más lejos en las tierras del Grim.
Sería una buena forma de saber qué le pasaba, pero hace mucho que Nine no tenía energía para salir del laboratorio.
Y esa ocasión no fue la excepción. Al menos hasta que, un par de días (tentativos) después de ese descubrimiento, Nine se levantó al descubrir una extraña perturbación en el cielo. Por varios segundos se vió mucho más oscuro de lo normal, lo suficiente como para que Nine lo notara.
Él salió corriendo después de tanto tiempo sin ver el exterior, observando que el tono verde opaco de arriba ahora se veía más como un verde pantano. Denso e inusual. Nine frunció el ceño, sacando su dispositivo para analizar la perturbación justo cuando volvió a la normalidad.
Fue como si desde un punto lejano al sur el color normal del cielo se extendiera desde ese foco hacia el exterior. Como una onda de agua cuando cae una gota sobre la superficie tranquila. Eso fue completamente raro.
Nine se atrevió a usar primero su detector, con un pequeño deseo de querer que esa reacción estuviera relacionada con el Prisma, pero cuando lo activó, hizo lo mismo que en el interior del laboratorio: sonar como loco y mostrar la estática blanca.
Grandioso.
Rodó sus ojos, avanzando más hacia adelante, sin notar cambio alguno. Nine miró sobre su hombro, a la punta más alta de su Ciudadela. Aunque la cima exacta estaba algo inestable al haberse apoyado mucho del poder del Prisma para mantenerla erguida, Nine se atrevió a volar por primera vez en mucho tiempo hacia la parte superior de la estructura morada y cristalizada que seguía sólida, pero sin tener que llegar hasta la corona.
Sus colas se sentían tensas y entumecidas, trabajando duro para elevarlo. Era una suerte que Nine usara también las colas de metal para volar o se habría estrellado en el suelo en pleno vuelo.
Finalmente llegó hasta su objetivo, obteniendo de vuelta la misma vista superior que tuvo en la batalla por el Prisma. Nine se estremeció, negando con la cabeza y tomando su dispositivo para volver a revisar la forma en que funcionaba el detector. Apuntó en dirección hacia donde el cielo se había mostrado perturbado, pero para la frustración de Nine, su aparato siguió mostrando la irritante estática.
Definitivamente lo había descompuesto.
Nine gruñó, cambiando ahora a la medición de niveles de energía para buscar algo que le dijera por qué el cielo se puso así, antes de darse cuenta de que sería inútil al no tener medidas previas y recientes para comparar.
Nunca pensó que las necesitaría.
Sus ojos volvieron a ponerse en blanco, sentándose por un momento en el cristal helado. Miró el entorno por varios minutos, pensando en que tal vez El Grim simplemente se mostró más raro de lo usual. Incluso una perturbación exterior pudo haberle provocado esa rareza, pero como había mucha falta de ruido extraño o de algo nuevo que le dijera a Nine que de verdad este mundo podría tener acción nueva, el zorro terminó rindiéndose, bajando de la punta usando sus colas de nuevo.
Cuando sus pies tocaron la arena sólida del suelo, Nine avanzó de nuevo más lejos de su ciudadela, intentando una última vez usar su dispositivo, recibiendo ningún cambio en la estática.
Nine suspiró, bajando la cabeza y observando de reojo uno de los viejos robots abandonados por la zona yacer cerca de él. Nine le bufó, haciendo una seña hacia su dispositivo. —Me temo que seguirás apagado hasta nuevo aviso. —Su voz le raspó la garganta, sonando rota. Él carraspeó. —Hasta que esto no encuentre energía prismática, creo que… podría ser el final de ambos.
Sus orejas cayeron, desviando la mirada del robot.
Sus piernas volvieron a llevarlo de regreso al laboratorio, sintiendo ya el cansancio excesivo por el poco esfuerzo que hizo. No comer ni dormir bien no le estaban haciendo ningún favor. Aunque igual no importaba. Sólo le quedaba menos de semana y media con comida. Después de eso la situación iba a empeorar.
Si tan solo la vida pudiera sonreírle por al menos una vez…
Sería bueno poder escapar de ahí.
Cuando Nine deseó poder huir de El Grim, no se refería exactamente a una salida… agresiva.
Pero bien decían, ten cuidado con lo que deseas.
Y para ser honesto, si hubiera sabido que el universo, la vida o el destino querrían escucharlo por primera vez en su patética vida, se habría esforzado mucho por aclarar con lujo de detalle la forma en que hubiera querido salir de su prisión autoimpuesta. Que posiblemente igual no se habría cumplido al pie de la letra porque el mundo lo odiaba, pero valía la pena intentarlo ahora que la oportunidad de salir se había presentado.
Aunque, tal como dijo, no exactamente del modo en que Nine quería y no hacía donde hubiera querido huir.
De cualquier forma, eso ahora daba igual. Pero en fin, recapitulando un poco.
Nine se había terminado hace un día la última barra comestible de todas sus provisiones, lo que lo dejaba ahora a manos del tiempo para que llegara su inevitable final. La idea era angustiante para él, porque a pesar de tener pocas fuerzas para hacer nada, no quería irse. No aún.
Tal vez era un deseo infantil o el delirio por la falta de alimentos, pero Nine comenzó a llorar cuando se dió cuenta de que sus días estaban muy contados. Ya ni siquiera había salido para nada de su laboratorio para poder conservar todas las energías que le quedaban. Quería esforzarse por mantenerse despierto todo lo que pudiera, esperando por algún milagro que era consciente que jamás llegaría.
Es por eso que Nine terminó acurrucado en su pequeña hamaca, limpiándose las lágrimas y luchando contra el sueño que azotaba su mente. Se giró de lado para observar el techo, tratando de contar las grietas entre la estructura hexagonal de los cristales morados. Empezó desde la parte superior y fue bajando poco a poco hasta la parte inferior, pero al llegar a la parte de en medio del techo, sintió la pesadez de sus párpados, comenzando a cerrarse de a poco.
Nine se enderezó de inmediato, frotándose la cara con cuidado para no empeorar el mareo que lo abrumaba.
Tal vez una pequeña siesta no venga mal. Después de todo sólo ha pasado un día tentativo desde que comió el último trozo de su barrita. Todavía no tenía desnutrición ni deshidratación severa, así que definitivamente todavía seguiría respirando por varios días más. Podía descansar un poco, y si tenía suerte, sin ninguna pesadilla durante su corta siesta.
Bien.
Iba a estar bien. Sólo dormiría un poco.
Nine volvió a recostarse sobre la hamaca, con el miedo y la inquietud picando en su pecho. Para su buena suerte, el cansancio era mucho mayor a su ansiedad, así que no pasó mucho antes de que sintiera que poco a poco iba perdiendo la consciencia, dejándose caer inerte sobre la tela de su hamaca.
No se molestó en acomodarse ni cubrirse. Simplemente se recostó hasta quedarse dormido, perdiéndose por minutos u horas. No lo sabía. Lo único que supo es que comenzó a agitarse entre sueños, creyendo oír voces. Su cerebro seguía atrapado entre la poca inconsciencia de su sueño y la realidad. Ni siquiera podía recordar cómo se llamaba a eso, estaba seguro de que tenía un nombre, pero las voces lo seguían distrayendo.
Tal vez estaba soñando que alguien le hablaba. Pero esos sueños no eran divertidos, porque muchas veces era la voz de Sonic diciendo cosas hirientes, incluso si se las merecía.
Nine sintió que arrugó el rostro, notando como sus orejas atrapaban poco a poco las palabras. Se sentían difusas pero lentamente logró atrapar fragmentos de lo que su cabeza estaba haciéndole escuchar.
—... sólo nos facilitó las cosas…
—... si se hubiera ido habríamos tardado más…
—... finalmente sirvió de algo…
—... creo que esto ya no funciona, que idiota…
—... simplemente dejemos que se pudra aquí.
Oh.
Eso… reconocía esa voz.
Pero definitivamente no estaba en su cabeza. Venía de afuera. Y cerca.
Nine finalmente se levantó con un jadeo cuando escuchó el pitido de su dispositivo, sonando alto y fuerte. Su corazón se disparó mientras su cabeza se mareaba por la ansiedad, el movimiento brusco y la adrenalina aumentada por el miedo al enfocar su vista y ver a los invitados menos esperados dentro de su laboratorio.
Casi deseó que eso fuera un sueño.
—Miren quién se despertó por fin. Casi pensé que ya estabas muerto. —Mr. Dr. Eggman le sonrió de una forma que hizo temblar a Nine, activando de inmediato su instinto de lucha para levantarlo de un salto de la hamaca, con las colas extendidas.
¿Qué, en todo el Chaos, hacían ellos ahí?
No perdió ni un segundo en gruñirles con furia, tomando una postura defensiva. Tampoco tardó tanto en tratar de analizar el escenario e intentar descubrir que tan poca ventaja tenía, la cual honestamente era muy baja. Y ellos lo sabían.
—Yo no haría eso si fuera tú. —El líder del Consejo volvió a hablar. —No estás en posición de vencernos.
Casi para probar su punto, el Dr. Done-It levantó su bastón activado y el Dr. Deep desenfundó sus katanas.
—¡Ríndete, maldita alimaña!
—Te aconsejo que retrocedas y no interfieras.
En el infierno Nine haría algo así.
Ellos ni siquiera deberían estar ahí. ¿Cómo demonios pasó?
Nine apretó los dientes, obligando a su cerebro a pensar en todas las malditas posibilidades para después y mejor pensar en soluciones a su situación. Esos idiotas estaban robando su laboratorio. Para qué, no tenía idea, pero cualquier cosa que el estúpido Consejo tuviera en mente no podría ser buena opción. Y se volvía más irritante ver que el Dr. Don’t estaba toqueteando sin permiso su dispositivo amarillo como si fuera suyo.
¡Ese maldito idiota!
—Ahora, si no quieres que nosotros-
Mr. Dr. Eggman no pudo terminar.
Nine se lanzó contra ellos usando sus colas, estando a nada de alcanzar al maldito líder del Consejo cuando un disparo se dirigió hacia él. Nine lo interceptó usando una cola, desplazándose de inmediato hacia su izquierda cuando la hoja de la espada intentó cortarlo.
En ese momento estaba desprovisto de armas, así que necesitaba recuperar su dispositivo a como diera lugar. Además, tenía la ventaja de que ninguno de ellos tenía sus trajes mechas. Estaban dependiendo únicamente de las armas del Dr. Done-It y el Dr. Deep. Nine podría tomar eso a su favor.
—¡Maldita rata! ¡Quédate quieto!
El Dr. Done-It le gritó mientras lanzaba otro disparo que Nine esquivó, usando sus colas para subir sobre el panel con sus computadoras. Esto iba a dolerle mucho a Nine, pero sujetó el monitor con tres de sus miembros y se los arrojó con fuerza a los Doctores, que gritaron mientras retrocedían. De inmediato tomó el resto de cosas en su escritorio, ya fuera el teclado, herramientas o los lápices, y los fue arrojando mientras le seguían disparando, sintiendo el calor del plasma muy cerca de él.
—¡Bastardo! ¡Deja de moverte como una araña por la pared!
Nine los ignoró, aprovechando la distracción de arrojarles todo lo que tenía a la mano para lograr acercarse lo suficiente al maldito adolescente, que gritó mientras intentaba usar su dispositivo amarillo, pero Nine fue más rápido, arrojando una patada entre las manos del Dr. Don’t y mandando a volar su propio artefacto.
Al instante Nine se elevó usando todas sus colas y lo tomó entre sus manos, sintiendo un repentino alivio al saber que ya no estaba tan desarmado. Ignoró las expresiones indignadas bajo él mientras cambiaba la configuración de su dispositivo al láser.
—¡Maldita sea! ¡Terminemos con él de una vez! —Mr. Dr. Eggman gritó mientras se acercaba a un Eggforcer, que Nine no había notado cerca de la entrada rota, y arrancaba una de las sierras de plasma para entregarla al Dr. Babble, que rió divertido mientras la aferraba a sus manos gordas.
¿De dónde sacaron-?
—¡Muere, alimaña! —El viejo gritó cuando volvió a disparar.
Nine se tambaleó, desprendiendo dos colas del torbellino que lo hacía volar para volver a desviar los disparos, apuntando su propio dispositivo y dándole al bastón del viejo, tocándolo a duras penas porque el Dr. Deep se lanzó contra él blandiendo la katana y estando a nada de darle de no ser porque Nine volvió a subir más, pero ya estaba en el límite del techo, y los Doctores se estaban acercando a la esquina donde él mismo se acorraló al confiar en que tenía su propia defensa.
Sus manos volvieron a ajustar su dispositivo, lanzando varios disparos en ráfaga que fallaron por el temblor de sus manos, y los que estaban destinados a llegar se vieron desviados por la hoja de las espadas y el Eggforcer que se movió hacia adelante con el holograma activado.
Vale. Nine sabía que enfrentar a todo el Consejo del Caos por su cuenta era una especie de suicidio. Pero en su defensa, acababa de despertar y los vió allanando su laboratorio. No lo pensó mucho para lanzarse al ataque.
Nine se ancló al techo cuando el Eggforcer intentó atizar la sierra contra él, por lo que se valió de sus colas para mantenerse alejado. Las armas volvieron a apuntarlo, obligando a Nine a pensar rápidamente como defenderse. Los disparos comenzaron a llegar, y mientras él esquivaba recordó el ataque spin dash que Sonic le había enseñado.
Tal vez su fuerza mermaba, pero Nine estaba seguro de que podría crearse una abertura y tratar de salir del laboratorio para tener más espacio por donde atacar. Ahí dentro se sentía enjaulado con ellos.
Sin descuidar su guardia, Nine se enfocó en el Eggforcer, soltando las colas del techo y enrollándose para lanzarse contra la máquina. A su alrededor escuchó gritos de sorpresa, pero Nine no prestó atención cuando se estrelló contra el robot y de inmediato se desenroscó, apuntando desde el suelo a la silla flotante del viejo Dr. Done-It.
El láser dio en el blanco, provocando un grito sorprendido del Doctor al sentir como su silla se inclinaba y perdía control sobre su bastón. Perfecto.
Nine volvió a cargar su dispositivo, aunque tuvo que rodar por el suelo cuando ese estúpido bebé se lanzó contra él desde su propia silla, gritando, y rozó su costado con la sierra caliente y peligrosa. Eso estuvo muy cerca, pero no fuera de peligro. Además era una señal de cómo estaba perdiendo su fuerza.
Debía salir de ahí ya.
El Dr. Babbles volvió a arremeter contra él, haciendo que Nine lo esquivara nuevamente por los pelos. Sus ojos buscaron de reojo la salida, encontrando con alegría que estaba cerca. ¡Sólo un poco más-!
—¡Ya es suficiente!
El grito del líder del Consejo llegó a sus oídos justo cuando sintió un golpe contra su costado, del lado que descuidó para cuidarse de la sierra del Dr. Babbles.
Nine se atragantó, volviendo a caer al suelo boca abajo. Su mano se aferró a su dispositivo, llevando su dedo al gatillo del láser para disparar desde ahí apenas se diera la vuelta sobre su espalda. Y eso hizo, pero no pudo activar el gatillo.
Su garganta se atragantó con un grito atorado, más por la sorpresa que por el dolor, porque ni siquiera estaba procesando correctamente lo que pasó.
El tiempo pareció volverse lento por un segundo. Luego sus sentidos por fin reaccionaron.
Cuando por fin entendió que la katana del Dr. Deep acababa de darle en el costado izquierdo y no se había movido de ahí, Nine por fin dejó escapar un grito corto entrecortado, llevando de inmediato tres colas hasta la hoja, tratando de sacar el arma de su vientre, que estaba empezando a doler de una forma que le hizo jadear con cuidado para no aumentar la horrible sensación. Sin embargo, el maldito infeliz del Dr. Deep aumentó la presión, ingresando más la hoja.
Nine tembló, ahogándose con las ganas que tenía de gritar, pero negándose a hacerlo frente a ellos. Sus manos soltaron su dispositivo, aunque no tardó mucho para arrastrarlo hacia sí mismo con la poca cordura que tenía en medio del dolor, vagamente queriendo que el Dr. Don’t no volviera a tomarlo.
—Bien hecho, Dr. Deep. Empezaba a volverse molesto.
—Muy irritante. —El dueño de la espada siseó, girando levemente la hoja enterrada.
Otra ola de dolor azotó a Nine, llenando sus ojos de lágrimas. Una de sus manos alcanzó el arma, esperando sacarla de ahí. Por favor, sólo quería sacarla.
Dolía mucho, maldita sea.
Que pare. Para, por favor.
No quería morir por esto. No así.
Por favor, alguien… S-
—Pff. Yo también lo hubiera hecho.
—¡Si no se moviera tanto, yo le habría dado!
—Por favor, viejo. No le habrías dado ni aunque estuviera quieto y a una palma de tí.
—¡Calla, insolente! Aprende a respetar a tus mayores.
Los balbuceos del Dr. Babble también se unieron al montón de galimatías, pero Nine no los estaba escuchando. Sólo intentaba regular su respiración, asustado de sentir un hilo caliente mojar su costado izquierdo y llegando hasta su espalda baja.
Eso era malo. Muy malo.
Simplemente estabilizó su postura cuando Mr. Dr. Eggman los silenció a todos, mirándolo con una alegría enfermiza.
—Finalmente nos hemos deshecho de la maldita alimaña. —El líder exclamó, logrando hacer sonreír a los demás mientras se burlaban de él.
Nine buscó fuerza en su interior, la misma que fue tomando contra sus abusadores en la ciudad de New Yoke y que lo hacía negarse a verse indefenso. Juró que nunca volverían a aprovecharse de él.
Con mucho trabajo, levantó el resto de sus colas, estremeciéndose por el dolor que se estaba volviendo demasiado para él. Aún así levantó sus colas, usando su brazo libre para intentar mantenerse erguido.
El Doctor volvió a hablar. —De cualquier forma, me gustaría agradecerte, zorro. Gracias a tu patética demostración depresiva, nos diste la oportunidad de conseguir lo que necesitábamos. Incluso fue divertido caminar durante días por ahí sin que te dieras cuenta.
Eso tensó a Nine, haciéndolo temblar aún más.
Eso no podía ser posible. Se supone que él debería haber sido capaz de notar cualquier invasión a El Grim. Era un maldito páramo desolado, no había muchas fuentes de sonido como para que no lo hubiera notado. ¿Cómo pudo dejar que pasara? ¿En qué pensaba al quedarse encerrado en su laboratorio? ¿Cómo pudo ser tan idiota?
Mr. Dr. Eggman dio otro paso.
—Y ahora sería tan fácil matarte, ¿no crees?
Nine tembló, tragando duro mientras intentaba sobreponerse al dolor para encontrar todo el odio que les tenía a esos cinco idiotas, tratando de cambiar su expresión a una más agresiva.
—Aunque será más divertido si es lento.
Todos los Doctores se rieron, disfrutando de su sufrimiento. Eso es lo único que querían. Verlo sufrir y entretenerse a costa de su dolor.
Siempre fue así.
Desde hace años.
La furia finalmente lo alcanzó, así que Nine pudo gruñir al Doctor, arrugando el rostro tanto como pudo, dejando que el odio se filtrara desde sus ojos. Lamentablemente eso sólo provocó que la katana ingresara más, obligándolo a llevar otra cola a la hoja. El dolor nuevamente se hizo presente, pero esta vez Nine estaba aferrado a no dejarlos ganar. No iba a llorar ni quejarse.
El Consejo pareció finalmente decidir que era hora de irse, porque la espada retrocedió, pero eso no hizo más que aumentar el dolor de Nine, que deseaba desesperadamente gritar y llorar ahí mismo. Se aferró a mostrarse obstinado con su odio, volviendo a levantar sus colas para verse más amenazante. Con suerte, funcionaría.
El Doctor titubeó, pero continuó sonriendo. Luego bufó, como si hiciera de menos su intento por seguir luchando.
—Es una pena. Una mente con potencial, muriendo como la rata que es.
Nine gruñó irritado, vagamente deseando que esto terminara de una vez, y que si iban a matarlo que lo hicieran ya. Pero por las palabras anteriores, podía sospechar que querían dejarlo ahí hasta que se desangrara y la vida se le fuera.
Y no se equivocaba.
El Consejo comenzó a retroceder, dejándolo atrás como si no fuera más que un trozo de basura. Y tal vez lo era. Después de lo que hizo, de lastimar a Sonic, su único amigo, por qué la vida querría sonreírle. Este iba a ser su final, y eso lo llenó de un fuerte sentimiento de tristeza y rabia que querían hacerlo llorar. De nuevo.
Ni siquiera pudo ver de nuevo a Sonic.
Nine sólo quería poder abrazarlo una última vez. Quería que estuviera ahí con él, diciéndole que iba a estar bien…
La voz de Mr. Dr. Eggman volvió a sonar mientras se alejaba. —Diría que fue un placer, chico. Pero nunca lo es cuando se trata de ustedes. —Se dio la vuelta por un momento. —Pero no te preocupes. Le daremos tus saludos a Sonic. Seguro le dará gusto saber que te has ido.
Nine se atragantó, levantando la vista hacia la espalda del Doctor con la sorpresa empezando a crecer en su pecho.
¿Qué significaba eso? ¿Sonic estaba… ?
Oh, Chaos. Imposible…
Pero… ¿Qué otra razón tendrían esos idiotas para haberlo atacado así y haber robado quién sabe cuánto en su laboratorio?
¿Podría ser?
Nine respiró hondo, sintiendo que el cansancio estaba a nada de empezar a ganar, haciendo muy fácil la idea de simplemente quedarse ahí, muriendo de forma lenta. Pero incluso si fuera lo último que haría, Nine no iba a rendirse ni siquiera ahora.
Iba a ver a Sonic de nuevo.
Con un grito ahogado, Nine se levantó, ignorando el dolor que lo estaba mareando. Levantó su dispositivo y lo guardó entre sus colas. Miró hacia adelante, registrando el recorrido del Consejo para descubrir que se dirigían hacia la Nave Nodriza.
Eso significaba que tenían modo de salir.
Oh, y vaya que Nine iba a aprovecharse de eso.
Con una última respiración profunda y la determinación ardiendo en su pecho, Nine se lanzó hacia adelante.
Si Sonic estaba vivo, Nine lo buscaría.
Finalmente se aseguraría de verlo de nuevo.
Y para eso saldría de El Grim.
