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Ven aquí, mi dulce amor (Nadie nos ha de separar)

Chapter 11: Primer partido

Summary:

¡Llegó el momento para el que Blue Lock fue creado! ¡Equipo V vs. Equipo Y! ¿Quién será el ganador?

Notes:

Dato: después de terminar y editar este capítulo, me dió fiebre y estuve en cama... Pero ya estoy mejor!!! YIPPIEEEEE!!!!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text



Y así pasaron dos semanas desde que ambos ingresaron a Blue Lock.

 

Las renovaciones que Anri había prometido no fueron casi nada, el lugar no había cambiado mucho, excepto que los enchufes ahora tenían una especie de protección de seguridad que Atsushi no podría abrir; las puntas de las mesas estaban imperceptiblemente redondeadas; y quizás había más plantas. De plástico, por supuesto, para gran decepción de Atsushi.

 

Había una sala que fue remodelada solo para Atsushi, a la que únicamente se podía ingresar si el niño escaneaba su manito en un panel, y si ignorabas el ambiente esteril de afuera quizás pensarías que la sala es una extensión de alguna guardería.

 

Se notaba que Anri le puso cariño a esa sala en particular, con las paredes de color celeste decoradas por recortes de dinosaurios, una pizarra borrable con dibujos inentendibles de marcadores estridentes. Con cojines donde podrías hundirte sin miedo, crayones abarrotados en una caja y hojas escritas en una mesita pequeña en el centro.

 

Tenía más juguetes y peluches de los que Atsushi tenía en casa, el niño se la pasaba perdido entre los grandes amigos rellenos de algodón que Rin a veces se sentía mal de negarle a Sae enviarle cosas.

 

A veces.

 

Con la puerta cerrada, la instalación no cambiaba en lo absoluto. Rin se preguntaba si alguien se había dado cuenta de esa puerta casi permanentemente cerrada.

 

Atsushi amaba esa sala y pasaba la mitad del tiempo ahí, al menos en los buenos días, la mayoría del tiempo se pegaba a Rin e insistía en que no lo dejara. ¿Quién era Rin para negarse?

 

No era como si lo dejara solo, en la esquina del cuarto ya había visto una cámara negra que desentonaba fuertemente con el ambiente alegre, Atsushi no le prestaba atención, pero Rin sí. Otras veces era Anri la que estaba con Atsushi, jugando en la sala, y otras veces un holograma.

 

Así fue como Rin conoció lo que era el “Blue Lock Man”. No va a negar que fue extraño verlo sostener un peluche de oso y escuchar a una IA jugar con Atsushi, pero después de las primeras tres veces dejó de preocuparse.

 

Cuando Rin estaba con Atsushi, normalmente estaban también Kurona y Kiyora, a los que Rin consideraba como garrapatas, por mucho que Atsushi los describiera como sus amigos. Rin no quería pensar mucho en tener amigos dentro de esta prisión, no era eso por lo que estaban aquí.

 

Como prueba de eso, tampoco hablaba mucho con sus compañeros de habitación, se refería a ellos con apodos en su cabeza para identificarlos, pero desconocía sus nombres. Al menos podía confiarles a Atsushi por periodos cortos de tiempo, lo dejaba más tiempo si estaba Kurona o Kiyora, sino no…

 

Quizás está confiando demasiado en esos dos, debería pensarlo más a fondo.






Al menos en esas dos semanas, el resto dejó de ver a Atsushi como si fuera una aparición. Lo que sí se formó a espaldas de Rin fue una especie de apuesta donde te retaban a acercarte al niño desconocido sin morir a manos de <<su hermano mayor>>.

 

Lo empezó a sospechar, por supuesto, en el momento en que se hizo evidente que más gente quería acercarse a Atsushi. Se acercaban con sonrisas gigantes y forzadas, caminando lentamente como si fuera un animal asustado y hablaban lento y pausado como si nunca hubieran hablado con niños antes. Esta actitud, por supuesto, espantaba al niño hasta los huesos porque eran personas sospechosas y corría a esconderse detrás de Rin.

 

No le tomaba mucho a Rin para espantarlos, una mirada ya los desarmaba y un simple movimiento, como si fuera a acercarse, los hacía dar la vuelta.

 

"¿Po’que todos dan miedo?", preguntó Atsushi, con lágrimas en los ojos.

 

"Son unos inútiles, no les hagas caso", Rin le acarició los cachetes.

 

Atsushi no era una mariposa social, seguramente te habrás dado cuenta de que prefiere estar colgado de Rin como si fuera una extensión de su cuerpo, pero actuaba más confiado cuando estaba con Rin y se portaba más risueño. Era una pena que estos idiotas simplemente lo asustaran.

 

"Mira el lado bueno, no hay porqué compartir a Atsushi", señaló Kiyora, en la cafetería.

 

Rin entendía que fuera algo bueno para él pero, "¿Por qué sería bueno para ti?"

 

"Ya verás"

 

Rin no quería ver nada, interactuar con Kiyora lo cansaba emocionalmente. Desvió su mirada a Atsushi, que había conseguido actualizar su menú y ahora obtenía “postre”, un yogur de sabor aleatorio, y que hablaba con Kurona.

 

Era extrañamente adorable.

 

"Prefiero los tiburones blancos, blancos"

 

"Yo pupos", pulpos.

 

"Ese es bueno", Kurona asintió, aunque sabía tan bien como los otros dos en la mesa que no era ni de cerca alguna clase de tiburón.

 

Rin estaba esperando a que Atsushi terminara de comer, sus manos estaban listas para moverse si alguna vez se cansaba de comer el yogur de frutilla, que había insistido en comer solo y por ahora no estaba haciendo desastre.

 

Kiyora se levantó con su bandeja en mano e hizo una seña indicando que volvería pronto. Kurona se levantó también, solo que apuntaba a una dirección diferente, Atsushi lo miró con tristeza y le sostuvo la mano.

 

"¿’one vas?", preguntó.

 

"Ya vuelvo, solo voy al baño", aseguró Kurona.

 

"Volverá rápido", intervino Rin, "Por otro lado, tú tienes que terminar tu yogur"

 

Atsushi hizo un puchero al mirar el recipiente azul con sello de Blue Lock.

 

"Lo terminará antes de que vuelva", Kurona sonrió mirando a Atsushi, "¿Verdad, verdad?"

 

El niño asintió con ganas y Kurona caminó a su destinó, Atsushi miró a su papá con urgencia.

 

"Ayuda", dice, levantando el envase medio vacío y la cuchara de plástico en su dirección.

 

Rin finge pensarlo, pero accede en el momento en que Atsushi amenaza con llorar, no le conviene que lo haga en medio de la cafetería. Rin deja las cosas en la mesa, la cuchara usada encima del envase para no contaminarla, y agarra a Atsushi para sentarlo en sus piernas. El niño se acomoda allí como lo ha hecho muchas veces y Rin agarra el envase y la cuchara.

 

"Bien", Rin acerca la cuchara a Atsushi, "Ahh"

 

Así de simple Rin comienza a alimentarlo con cuidado de no manchar ni al niño ni a sí mismo por algún descuido, es muy fácil hacerlo cuando Atsushi se comporta obediente.

 

Estando concentrado, hay un momento donde Rin realmente no presta atención al sonido de pasos y al ruido del asiento frente a él porque ¿No mencioné ya que tiene dos garrapatas? Sin embargo son las siluetas claramente diferentes que capta de reojo y la forma en que Atsushi trata de fundirse con él lo que lo hace levantar la vista.

 

Frente a él hay dos personas que claramente no son ni Kiyora ni Kurona. Un chico de peinado angular y un lunar debajo del ojo lo observa con una ligera sonrisa y, muy contrario a él, a su lado está un chico de cabello blanco y un mechón verde que los observa con calma.

 

Rin entrecierra los ojos, recuerda haberlos visto muy de pasada, pero la forma en la que ambos parecen estar analizándolo y al mismo tiempo incomodando a Atsushi lo hace rabiar.

 

En la lengua de Rin baila un «Vayanse al carajo» y «¿Qué es lo que quieren?» con los modales que sus padres les enseñaron.

 

"¿Qué carajo quieren?", termina diciendo, siendo una combinación muy bien lograda entre ambas cosas.

 

El chico con el lunar silba, "¿Hablas así en frente del niño?"

 

Rin puso los ojos en blanco, "Dilo o lárgate. Lo estás asustando"

 

El chico con el mechón verde se inclina más sobre la mesa, "No es nuestra intención, amigo. Solo pensamos en presentarnos"

 

Saludó a Atsushi, pero el niño solo lo miró confundido antes de darse vuelta y aferrarse a Rin.

 

"¿Presentarse para qué?", Rin dejó las cosas y el envase, al menos ya vacío, en la mesa para abrazar al niño.

 

"Se llaman modales", señala el de cabello blanco, "Para calmar las aguas después del partido"

 

Rin se mantuvo neutral, aunque ignoraba de qué partido hablaba.

 

"Me llamo Karasu Tabito"

 

"Otoya Eita"

 

Rin acarició la espalda de Atsushi. "Yo nunca dije que me iba a presentar"

 

"Suena justo"

 

"Me suenas conocido", señala Karasu, sin perder el ritmo, "Pero creo que todo el mundo sabe que el pequeñín se llama Atsushi"

 

Rin bufó al sentir que Atsushi se tensaba más, se levantó sosteniendo a Atsushi, "No necesitaba las formalidades, que manera de desperdiciar mi tiempo"

 

Otoya se encogió de hombros, "Te quedaste"

 

Rin frunció el ceño y se alejó de la mesa, apenas recordó el envase de yogur vacío, su cabeza estaba más ocupada en calmar al afligido Atsushi que rodeaba su cuello con sus bracitos.

 

"¿Son malos?", preguntó el niño.

 

Como incontables adultos le habían dicho a lo largo de su corta vida, si alguien de aspecto curioso se acercaba a ti, significaba peligro. Y si sabía tu nombre, ¡Peor todavía!

 

Rin lo pensó. Una vez más, no parecían malos, pero Atsushi parecía angustiado.

 

"No", respondió, "Pero si lo fueran, yo te protegería de ellos"

 

"Sí", afirmó Atsushi, como si Rin necesitara la validación.

 

Casi en la entrada de la cafetería, se encontró con Kiyora que sostenía una bebida isotónica y con Kurona, ambos contenían expresiones extrañas, combinando curiosidad, anticipación y emoción.

 

"Kurona dice que acaban de anunciar los partidos"

 

Rin, pensando en lo que acababa de pasar, suspiró. "Sí, me enteré"

 

"No puedo esperar", Kurona vibraba de emoción.

 

"Sí… aunque no sé cómo armaremos una jugada para mañana"

 

La mente de Rin dejó de funcionar. ¿Para mañana? Ya escuchaba el funeral que le harían en casa…






El problema no era exactamente un partido, todos tenían ganas de jugar y vencer, el problema fue tener que repartir entre adolescentes tercos posiciones fuera de su zona de confort: ser delanteros. Rin pensó, un poco, que comenzaba a entender para dónde iba la mente de Ego en cuanto a esta prisión.

 

"Yo quiero ser el delantero", dijo su compañero, «Ojos graciosos».

 

"Creo que el delantero debería ser alguien que resalte…", intervino «Ohime-sama». "Como yo~"

 

"Tus patadas son mediocres en el mejor de los casos", señaló «Ojos graciosos».

 

"Y a ti te he visto darle al caño de la portería muchísimas veces, nadie es perfecto"

 

Mientras esos dos comenzaban a pelearse otra vez, algo que Atsushi encontraba divertido, Rin suspiró, sujetando su cabeza con frustración. De haber previsto esta situación, los habría sentado y obligado a discutir esto antes, así ahora estarían entrenando.

 

Si tenía que escuchar de nuevo a «Ohime-sama» pelear con «Ojos graciosos» sobre cuál sería el delantero, tendría que cometer un crimen de odio. Se acercó al tablero virtual que contenía las posiciones, tenían que decidir esto ahora. No mañana, porque no tendrían tiempo de entrenar y Rin se negaba a perder contra ese par de payasos que se habían acercado más temprano.

 

"Tú, Ohime-sama", el chico de bucles rosas se dio la vuelta, con una sonrisa. "Central"

 

"¡¿Ehhh?!"

 

"Y tú, ojos graciosos, central también"

 

"Bien…", contestó, desganado.

 

"¡No lo aceptes así nada más!"

 

"¿Y qué quieres que haga?"

 

Sin más, comenzaron a pelear.

 

Rin tenía sus razones para haberlos elegido, para empezar, «Ohime-sama» podría tener esos tontos bucles, la cara elegante y los hábitos sacados directamente de un manga, pero tenía reflejos y fuerza, era casi tan alto como Rin, sino más, y no era ciego ante la complexión musculosa del chico. Luego estaba «Ojos graciosos», medía casi igual que Rin, pero tenía algo ligeramente mejor: rapidez, una complexión delgada que lo impulsaba por el campo y lo hacía desaparecer de la vista de todos.

 

Aunque sí, era malísimo con sus tiros, le daría razón en eso a «Ohime-sama».

 

"Yo quiero ser el portero", levantó la mano uno de los chicos, Rin le decía a este: «Pulpo». "Tengo buenos reflejos"

 

Otro de los chicos, Rin asume que es Kiyora, porque siempre puede ser Kiyora, le lanza una botella desde un lugar que Rin realmente no ve. Pero este chico, «Pulpo», sí lo hace, pues sin apartar la mirada de Rin, detiene la botella con la mano derecha; solo entonces desvía la mirada ligeramente para ver a quien lo hizo.

 

"No hagas eso, pudiste darme en la cara"

 

"Te estaba probando"

 

Rin se da la vuelta para añadir el icono del chico en la posición de portero. No tenía nada que perder, además, tenía extremidades largas, lo que era increíble porque podría parar la pelota sin mucho esfuerzo.

 

"Tú, el pelo de punta", el chico lo miró.

 

«Pelo de punta», pese a que parecía un delincuente, tenía disciplina y se levantaba temprano, no tanto como Rin y Atsushi, pero si Rin entraba a la sala de entrenamiento, este chico lo seguía justo después. Aunque no se quedaba tanto, porque nadie era tan enfermizo como Rin cuando se trataba de un entrenamiento. Rin podía dar fé en que tenía buena resistencia.

 

"Lateral izquierdo"

 

«Pelo de punta» abrió la boca para decir algo, pero viendo a Atsushi, rápidamente dijo otra cosa, "Diablos…"

 

Rin miró a Kurona, "¿Te molesta si…?"

 

Kurona negó, "Para nada"

 

Exhalando de alivio, Rin anotó a Kurona como lateral derecho.

 

Aún quedaban demasiados puestos, pero Rin no tenía problemas en llenarlos. Su siguiente candidato fue el que cruzó por la puerta, con una sonrisa tranquila, un tipo de pelo teñido que casi nunca sabía donde estaba parado. "Holaa, ¿Qué estamos haciendo?"

 

"Elegimos las posiciones para el partido, partido", explicó Kurona.

 

"Ah, ¿Cuándo es eso?"

 

"Mañana", dijo Kiyora.

 

"Oh… ¿En serio? ¿Cuándo avisaron eso?"

 

"Amigo, ¿Dónde estabas que no te enteraste?", preguntó «Ojos graciosos».

 

"Solo por eso, será el centrocampista defensivo"

 

"Pero yo quiero ser el delantero"

 

"Pues que mal, hubieras llegado antes"

 

No es que Rin estuviera dispuesto a dejarle su puesto.

 

«Pelo teñido» cayó de rodillas dramáticamente y se cubrió la cara. Atsushi le dio unas palmaditas en la espalda, es increíble que pudiera causarle pena hasta a un niño, pero aquí estamos.

 

"Kiyora, serás el centrocampista central"

 

"No, yo quiero ser el delantero"

 

"O eres el central o no juegas, decide"

 

"Mira lo malo que es tu papá conmigo, Sushi", Atsushi miró a Kiyora sin entender y le dio un abrazo, en su opinión su papá estaba siendo amable, pues le había dado opciones.

 

Rin suspiró y simplemente lo puso ahí.

 

"Espera", dijo «Pelo teñido». "Nos estás asignando posiciones, ¿Pero tú qué vas a ser?"

 

"Obviamente el delantero"

 

"¿Ehh?"

 

"¡No es justo!"

 

Rin no tiene tiempo para esta mierda, pero si algo le ha enseñado la paternidad, es respirar y calmarse.

 

1, 2, 3…

 

"¡¿Quién te nombró capitán, eh?!"

 

4, 5, 6…

 

"¡¡Cámbiame, quiero ser delantero!!"

 

7, 8…

 

"¡¡No te hagas el listo!!"

 

8… 8…

 

"¡Solo trata de hacerse el genial porque tiene a su hijo aquí! No debe ser tan bueno"

 

Rin, lentamente, miró a Atsushi, que miraba la conmoción encogido en los brazos de Kiyora. Atsushi miró a su papá, que sonreía lentamente.

 

"¡Oh!", comprendiendo el mensaje, el niño se cubrió los oídos y cerró los ojos con fuerza.

 

Rin, entonces, golpeó la pantalla con la palma abierta. Callando inmediatamente a todo el mundo, especialmente «Pelo teñido» que miró al suelo.



(Ego, mirando por las cámaras, sintió que tenía un ataque cardíaco por la fortuna que salieron esas pantallas)



"Miren, idiotas", la voz sedosa de Rin los envolvió como una serpiente venenosa, lo que los hizo moverse incómodos en su lugar. "Estoy tratando de hacernos un favor aquí, porque lo que han estado haciendo la última hora y media solamente es pelear"

 

«Ohime-sama» pareció listo para replicar, pero no lo hizo cuando Rin finalmente lo miró.

 

"Si alguno tiene una mejor idea, que la diga", miró a cada uno. "Pero no involucren a mi hijo"

 

Kurona le dió unas palmaditas a Atsushi cuando finalmente terminó. El niño abrió los ojos y notó como todos estaban inusualmente quietos y callados.

 

Entonces un chico levantó la mano, Rin le decía «Tatuajes» porque, bueno, tenía casi todo el cuerpo lleno de tatuajes excepto zonas como la cara. De hecho, a Atsushi le agradaba «Tatuajes» porque le daba permiso de pintar sus “dibujos”, mientras no use nada a prueba de agua.

 

"¿Qué?"

 

"¿Puedo ser uno de los extremos?", preguntó con calma.

 

Rin se encogió de hombros, "Claro"

 

Jamás había visto a «Tatuajes» jugar, así que no sabía cómo podría salir eso.

 

«Megane» levantó la mano también.

 

"A mí tampoco me molestaría ser uno de los extremos"

 

Y con eso solo queda uno. Rin se giró levemente para ver al último de los chicos, uno que no había hablado. A opinión de Atsushi lo llamaba «Moe».

 

"Tú…"

 

"Ofensivo", dijo «Moe». "Está bien"

 

No veía como podría pelear su posición, pues casi todos estaban tomados.

 

En contra de cualquier pronóstico, habían logrado armar el equipo. Mientras eso era genial, quedaba una sola cosa…

 

Entrenar lo más posible para mañana. Y eso, en teoría, era fácil.

 

Al menos hasta que tuvieron que ponerse en práctica. 

 

En la sala de práctica sentó a Atsushi en un banco, le dijo que sí era un buen chico no se movería hasta que le dijera. Atsushi asintió y puso una mirada decidida, listo para quedarse quieto durante el entrenamiento.

 

Rin estaba parado, cruzado de brazos, en medio del campo observando como todos se preparaban, algunos estaban visiblemente nerviosos.

 

«Pelo de punta» se paró junto a él, lo miró de reojo un momento y luego volvió su vista al resto.

 

"Bien, haremos un calentamiento primero", les dijo, todos los escucharon atentamente. "Primero estiramientos, luego pases cortos"

 

«Megane», un poco confundido, levantó la mano. "¿Pases con quién?"

 

"El que tengan más cerca"

 

"Entonces no con Rin"

 

Rin miró fijamente a «Pelo teñido», quién se desplazó directamente a «Moe» para preguntarle si quería ayudarlo a estirar.

 

Suspirando, Rin se acercó un poco más al banco dónde Atsushi lo estaba mirando para estirarse. El estiramiento familiar contra sus músculos tensos y nerviosos se sintió bien, relajandolo al instante para no permitirse algún tipo de lesión.

 

De reojo sintió un movimiento, por lo que movió el rostro ligeramente para ver a Atsushi imitandolo como podía, completamente concentrado, sacando levemente la lengua.

 

Rin sonrió ligeramente, ese era un hábito que seguramente sacó de él.

 

Sintiendo un poco de inquietud, Rin decidió hacer estiramientos más simples para que Atsushi pudiera imitarlo, sin hacer caso a esa voz en su cabeza que lo llamaba débil.

 

"¿Lo ‘toy hacieno bien, papá?", preguntó el niño.

 

Rin lo miró enternecido, "Sí, lo estás haciendo perfecto"

 

Atsushi le dió una sonrisa grande.

 

A la hora de los pases, Rin no necesitó buscar compañero ya que Kiyora y Kurona se acercaban con un balón, con la intención de hacer rotar la pelota entre ellos.

 

Luego del calentamiento, Rin debió pensar que fue la calma antes de la tormenta.

 

Lo único normal que pisaba este campo de entrenamiento era la pelota y quizás el propio Rin, aunque ni el balón parecía cooperar.

 

Estando más al margen, Rin observó el completo caos. Su intención era analizarlos para saber qué era lo que estaba manejando, pero estaba anonadado ante la inutilidad que veía.

 

«Pulpo» le gritaba desde el arco a «Ohime-sama» (“¡Ve más atrás!”) y «Ojos graciosos» (“¡Cubre tu costado!”), pero ninguno lo escuchaba realmente; «Ohime-sama» estaba más interesado en no ensuciarse de polvo en exceso y «Ojos graciosos» gastaba energía innecesaria persiguiendo al balón.

 

En el mediocampo, «Moe» y Kiyora parecían discutir sin levantar la voz, pero con una tensión palpable. No podía escucharlos desde donde estaba, pero «Moe» parecía molesto por algo que Kiyora había dicho.

 

«Pelo de punta» era el único que parecía intentar algo parecido al liderazgo, corría, señalaba y ordenaba, aunque no lo escuchaban de verdad.

 

"No te preocupes," intervino Kurona, con la intención de calmar a su compañero. "Estaremos bien"

 

«Pelo de punta» suspiró y miró a su compañero. "¿Eso crees?"

 

Kurona volvió a mirar el campo.

 

"... Creo que sí, sí", aunque ni él estaba seguro, su tono lo delataba.

 

Rin desvió la mirada antes de gritarles. No tenía energía para eso.

 

«Tatuajes» mantuvo su calma habitual, distribuyendo pases que nadie aprovechaba, parecía listo para explotar por ello, aunque parecía pensarlo y se calmaba.

 

«Megane» seguía las jugadas en silencio, a veces deteniéndose para arreglarse los lentes, haciendo la vista ciega ante todas las tonterías que pasaban frente a él.

 

Quizás el peor era «Pelo teñido». Corría detrás de todo, sin saber a quién marcar, sin saber cuándo detenerse.

 

Rin apretó los dientes. No podía creer que eso fuera su “equipo”, este desorden, este caos que parecía sacado de sus peores pesadillas, sería lo que jugaría mañana un partido real.

 

¿Y no era estúpido? Porque todos habían jugado en equipo, entonces Rin fingía no entender porque nada funcionaba. Fingió que el ego de estos delanteros no estaba jugando parte crucial de este desastre.

 

Esto no estaba bien

 

Su cabeza lo repitió una y otra vez, sonando extrañamente parecido a Sae. ¿Por qué no se lo tomaban en serio? ¿No recordaban que Ego podría arruinarles la carrera? ¿O Rin lo estaba tomando demasiado en serio otra vez?

 

Eran malos, malos con ganas y, Rin quizás sea negativo, pero esperaba que todos los otros equipos tuvieran este problema, porque Rin ciertamente estaría encantado de que todos se hundieran con él en el mismo barco.

 

El balón le pasó a unos metros, pero ni siquiera fue por él. Y no porque no lo hubiera visto, sino porque un pensamiento comenzó a predominar el resto hasta finalmente instalarse en su cabeza.

 

No valía la pena.

 

Le pesó como plomo. Si tan solo el entrenamiento no valía la pena, ¿entonces para qué seguía en el proyecto? Mañana iba a ser difícil, y solo Rin podría llevarlos a la victoria…

 

«El problema es que no eres el mismo de antes», se clavó en su corazón.

 

Su vista se nubló en los bordes, agarrando fuertemente sus brazos, seguramente dejando algunas marcas que fueron suavizadas por las capas de ropa.

 

¿Qué no era el de antes? ¡Ja! Seguro, ¿Por qué no lo sería?

 

Rin desvío la mirada rápidamente hacia abajo, mirando quien estaba jalando de su traje de compresión.

 

"Mami…", Rin se chocó con los ojos grandes de Atsushi.

 

Tu.

 

Atsushi lo miraba con preocupación.

 

Tu. Tu. Tu.

 

"¿Tas bien?", preguntó.

 

Los labios de Rin formaron una pequeña sonrisa, se agachó y le acarició la mejilla a Atsushi.

 

"Necesito diez minutos, ¿Sí?"

 

Atsushi abrió sus ojitos y asintió, dándole un abrazo.

 

"No estoy enojado contigo"

 

"Oki"

 

"Quédate con Kurona y Kiyora"

 

"Oki..."

 

Atsushi lo soltó rápidamente y dió un paso atrás. Rin se levantó con calma y salió de la sala de entrenamiento, dejando al resto haciendo lo suyo, excepto dos pares de ojos que lo observaban.

 

Caminó por el pasillo con una tranquilidad ajena, sentía que algo lo perseguía, algo que trataba de clavar sus garras y apropiarse de Rin.

 

Era extraño que no quisiera que se lo llevara. De hecho, la intranquilidad que rebotaba debajo de su piel decía que sentía miedo.

 

Que extraño.



(...)



Rin terminó en el baño. Fingía no saberlo, pero sabía exactamente por qué.

 

Gotas saladas se deslizaron por su rostro, un llanto silencioso mientras perdía su mirada en la puerta del cubículo cerrado.

 

El partido sería un fiasco, podía verlo. Ah, quizás estaba siendo muy dramático, ellos eran buenos… quizás.

 

Rin… podría salvarlos.

 

Pero no era Rin.

 

Era gracioso, estaba ahí sentado en el baño llorando, pero quizás no era él mismo.

 

Era estúpido, solo necesitaba cinco minutos para llorar y cinco para calmarse.

 

Apoyó los codos en las rodillas y puso su rostro en sus manos.

 

Que tontería, ¿Por qué se sentía abrumado? Su equipo no era su carga, no, de hecho su única carga era…

 

No, basta, ¿Por qué sería una carga? Que estúpido, que ridículo…

 

Pero era un niño tan malo…

 

No, tampoco, solo son las pequeñas cosas que se le acumulan. Y que lo ahogan.

 

¿Por qué no quería separarse de él? Atsushi estaría bien, ¿Qué le importaba a Rin si lo olvidaba? Mejor, ¿No?

 

Atsushi quizás sea más independiente así, quizás no lo necesite, y quizás Rin pueda recuperar su vida—

 

"¿Rin?", toc, toc. "¿Estás ahí, ahí?"

 

Rin apartó las manos de su rostro para mirar a la puerta cerrada.

 

"Sí, estoy aquí"

 

"¿Estás bien?"

 

"... Sí, sólo necesito un momento"

 

"Oh, okay, okay"

 

Rin sabía que Kurona no se fue.

 

Cuando pasaron los cinco minutos, Rin se secó las lágrimas y abrió la puerta del cubículo. Salió directo a los lavabos para lavarse la cara.

 

"¿Estás mejor? Atsushi dijo que… uh…"

 

Claro, ese niño…

 

"¿Que a veces hago esto?"

 

"Sí…"

 

A veces, Rin sentía que era demasiado. A veces no sabía qué hacer, porque todo se sentía demasiado, y solo necesitaba estar solo.

 

La primera vez que empezó fue cuando Atsushi estaba pasando por su adolescencia temprana, cuando tenía un año y solía hacer terribles berrinches.

 

Fue un momento en específico, Rin no recuerda muy bien, pero a Atsushi no le gustó y comenzó a llorar. Lloraba demasiado fuerte, no importaba cuánto Rin intentara calmarlo, quizás su error fue sujetarlo, pues Atsushi comenzó a jalarle el pelo.

 

Rin quería gritar, soltarlo para que cayera al suelo, quería que Atsushi lo soltara y se callara.

 

Sus padres tuvieron que intervenir y le dijeron que se tomara su tiempo, Rin se quedó en el baño diez minutos, simplemente llorando con la mirada perdida.

 

Cuando volvió, Atsushi estaba calmado, con el rostro increíblemente rojo, pero ahora sollozando levemente. Atsushi le pidió “““perdón”””, quizás en ese momento no sabía que significaba, Rin le dijo que no importaba, pero que no volviera a hacer eso.

 

Rin volvió a hacerlo, solo cuando sentía que todo empezaba a volverse demasiado. Atsushi simplemente aprendió a leerlo cuando estaba por pasar y lo aceptaba, a veces el niño lo consolaba cuando volvía, dándole palmaditas en la cabeza o dibujos que hizo mientras no estaba.

 

No sabía que tan jodido era eso, pero por otra parte le alegraba que Atsushi fuera al menos un poco consciente.

 

Volviendo al presente, quizás se quedó en silencio demasiado tiempo, miró a Kurona.

 

"Estoy bien. Simplemente pasa", dijo. 

 

Kurona no le creyó, pero asintió. "¿Volvemos al entrenamiento?"

 

Rin no quería ver ese desastre, quizás su rostro lo demostró. "Esos idiotas solo se guían por…"

 

… Instinto.

 

De repente, Rin sintió que tenía la respuesta.

 

Kurona no le hizo preguntas ni nada por el estilo en el camino de regreso. Rin no las esperaba, a lo mejor Kurona era del tipo que esperaba a que el otro le hablara.

 

Se sintió reconfortante ese silencio.

 

Al llegar a la sala de entrenamiento, se encontró con casi todo el equipo animando a Atsushi a patear el balón, pisando unos zapatos ridículamente grandes.

 

Atsushi pateó y «Pulpo» fingió que no pudo atajarlo, lo que provocó un gol y una serie de vítores y gritos.

 

"Creo que Sushi debería ser nuestro delantero", dijo Kiyora, levantando al niño del suelo.

 

"¡¡No!! ¡¡Ese es papá!! ¡¡Papá es beno!!", Atsushi se reía.

 

"¿De verdad, Sushi?"

 

"¡¡Papá!!"

 

Atsushi extendió los brazos y Rin se acercó a cargarlo. A pesar del rostro serio de Rin, no sabían si tomarlo seriamente cuando tenía a un niño dándole repetidos besos en la mejilla.

 

"¿A dónde fuiste?", preguntó «Pelo de punta».

 

"Al baño"

 

"... Al baño", repitió «Pelo teñido». "¿A hacer qué?"

 

"¿Qué pregunta es esa?", «Ohime-sama» hizo una mueca. "Nosotros no te preguntamos qué haces en el baño"

 

"Pues si quieren saber—"

 

"Cállate antes de que te mate", interrumpió Rin.

 

«Tatuajes» le tapó la boca a «Pelo teñido».

 

"Bien… Somos un asco"

 

"¿Disculpa?"

 

"Somos un asco, ¿Qué quieren que les diga?", Atsushi se rió ante la cara del equipo.

 

«Megane» se rió ante la cara de disgusto de Kiyora.

 

"Mañana jugamos", continuó Rin, "Contra un equipo que sí sabe qué es un pase, qué es una línea, qué es un gol de verdad"

 

Sus palabras eran frías, pero no sonaban crueles sino como un hecho. Un veredicto.

 

"Pero seguramente tenemos algo que ellos no tienen", hizo una pausa cuando Atsushi se movió.

 

El cuerpo de Rin se movió automáticamente para acomodar al niño según este quisiera.

 

"Pasión", dijo, como si nada, "Y de la pasión nace otra otra cosa: instinto. Solo tenemos que seguirlo"

 

Un breve silencio nació y se rompió tan pronto «Tatuajes» habló, tranquilo como siempre.

 

"¿Instinto? Eso es para animales, Rin. Se supone que juguemos en equipo"

 

Rin lo miró.

 

"Los animales saben cuándo agruparse y cuándo hacerlo en solitario. No veo por qué nosotros no podemos hacer lo mismo"

 

«Pulpo», el más convencido del grupo, tomó el turno de hablar.

 

"¿Cómo haremos eso?"

 

Rin se dió la vuelta y dejó a Atsushi en la banca, acariciando su cabeza con ternura, volvió al campo, pasando a todos los que se habían agrupado.

 

"Una hora más" Y volvió a su posición.








El resultado no fue el mejor, pero cumplió con la mitad de los estándares de Rin y eso significó algo.

 

Para él, claro.

 

Así que se recostó con la satisfacción de que al menos mañana darían pelea.

 

El día del partido, Rin había pensado que se levantaría y se prepararía listo para sumar unos cuantos puntos.

 

No fue nada como se lo imaginó.

 

De hecho, Rin se despertó porque sintió unos toques en el rostro. Con el sueño nublandole los ojos y apenas adaptándose a la oscuridad, Rin despertó.

 

Atsushi le tocaba la cara.

 

"Mami…"

 

Rin soltó un suave quejido, llevando su mano a la carita de Atsushi.

 

"¿Qué pasa?"

 

"Uhh…". Atsushi miró a los compañeros dormidos de Rin y luego a la habitación grande y oscura.

 

Rin, naturalmente, asumió que tenía miedo y tuvo una pesadilla.

 

"Está bien, vuelve a dormir. Estoy aquí, nada te va a pasar"

 

Sintió como sus ojos se iban cerrando de nuevo, pero se obligó a abrirlos cuando sintió que algo le tocaba la cara de nuevo.

 

"Banio" dijo.

 

Rin no lo entendió bien a la primera.

 

"“Banio”…." repitió.

 

Atsushi asintió, con el rostro un poco rojo. Al instante Rin se incorporó y tomó a Atsushi en sus brazos, rodeó a los chicos, tratando de no pisar a nadie, y corrió hasta el baño más cercano.

 

Su hijo había estado entrenando para usar el baño, Rin no tendría problemas en dejarlo usar el baño de casa, pero si se caía dentro del inodoro en Blue Lock sería una historia distinta.

 

Se encerró en el cubículo con Atsushi y se apoyó en la puerta cerrada, tratando de no dormirse de pie en el baño.

 

"¡Listo!", exclamó el niño.

 

Rin asintió y lo limpió suavemente, le subió los pantalones y tiró la cadena. Luego lo ayudó a lavarse las manos.

 

Volteó a ver el reloj digital de la pared, casi se ríe al ver que eran las 5:58 de la mañana. Tendrían que levantarse en dos minutos, pero está bien, no importa, Rin y Atsushi pueden hacer su rutina diaria.

 

Su rutina se produjo sin problemas: 30 minutos de yoga en el gimnasio, en algún momento se cruza con «Pelo de punta» saliendo del baño, 15 minutos para bañarse, 15 minutos dónde Atsushi hacia lo que quería en la “sala guardería” y finalmente dan las siete de la mañana en punto, dónde todos empiezan a levantarse por órdenes de Ego.

 

La alarma en Blue Lock es una campana que suena durante tres minutos y luego reproduce un mensaje de Ego: “Ya son las 7 de la mañana, el horario perfecto para comenzar el día según expertos”. Rin pensó que estaba teniendo una especie de pesadilla la primera vez que sonó.

 

"Sushi, hora de desayunar", Rin volteó a ver al niño.

 

Atsushi estaba haciendo un dibujo después de haberse cansado de jugar a matar al monstruo, que era Rin, porque Rin siempre le ganaba. Se levantó con la hoja en mano y se la entregó a Rin, un dibujo de tres personas bastante reconocibles.

 

"Edes tú, yo y el tío Sae", explica.

 

"Qué lindo, le diré al tío Sae que lo dibujaste"

 

"¿Y si no le gussta?", preguntó, preocupado.

 

"Le va a gustar, el tío Sae te quiere mucho"

 

De hecho, si Sae fuera abiertamente evitativo con Atsushi como llegaba a serlo con Rin, entonces podría tener a su hijo para él solo en lugar de tener que soportar a Sae pidiéndole fotos de Atsushi constantemente.

 

Aunque también agradece que no lo odiara, lo agradece muchísimo.

 

Ver la gran sonrisa de Atsushi solo afianza ese pensamiento.

 

… Quizás recorte a Sae del dibujo después de enviarle una foto, no es la primera vez que lo hace. Sae todavía tiene que darse cuenta de ello, es medio estúpido a veces.

 

Dejó el dibujo cerca de una mesa, Rin sabía que estaría más seguro aquí dentro que afuera, donde cualquiera podía agarrarlo y dañarlo, y cargó a Atsushi, que ya estaba hablando de lo que iba a desayunar, como si no hubiera estado comiendo lo mismo desde hace dos semanas.

 

En el camino a la cafetería, Rin se dio cuenta de que no estaba ni un poco nervioso por el partido. Ayer había estado con los nervios crispados y tuvo ese ataque tan vergonzoso, y ahora estaba aquí, sintiéndose completamente en paz escuchando a Atsushi balbucear.

 

Quizás el niño tuviera algo que ver, así como quizás estuviera todo en la cabeza de Rin. Solo sabía que había algo que decía “Todo saldrá bien” y lo cubría como una manta, negándose a soltarlo.

 

Atsushi le golpeó la cara a Rin con ambas manos y las palmas abiertas, suena como si lo hubiera hecho fuerte, aunque no lo fue. Solo sirvió para hacer que Rin volviera a concentrarse en el presente.

 

"¿Qué pasa?", preguntó Rin.

 

Atsushi se rió en lugar de responder.

 

Rin puso los ojos en blanco, bien, que no responda si no quiere.

 

La felicidad de Atsushi pronto se convirtió en algo parecido a un berrinche, pues tenía las mejillas infladas y estaba visiblemente enfurruñado, mirando fijamente el plato. Para el desayuno tenía un omelette de verduras junto con un poco de arroz, Atsushi no era muy fan de los vegetales, y tener que comerlos todos los días durante las últimas semanas fue su pequeño desafío.

 

"No quiedo", Atsushi pasó su mirada a Rin.

 

"¿No quieres ser como yo?", preguntó.

 

"Sí…"

 

"Entonces tienes que comer las verduras", Rin pinchó un pedazo pequeño con la cuchara tenedor y se lo ofreció. "Ahhh"

 

Atsushi odiaba las verduras, pero le gustaba cuando lo alimentaban.

 

Kurona y Kiyora se acercaron poco después, pareciendo menos despiertos que ellos, llevando las bandejas del desayuno estándar de Blue Lock. Mientras comían, sin mucha energía, escucharon a Atsushi hablar del sueño más raro que había tenido en toda su vida.

 

Cuando terminaron de comer, Atsushi quiso que Kurona lo cargara, el chico de cabello rosa miró a Rin como si temiera encontrar alguna clase de disgusto en su rostro, pero lo encontró tranquilo. Al no encontrar nada, Kurona cargó a Atsushi, que le sonreía abiertamente a Kurona.

 

"¿Deberíamos repasar la estrategia?", pregunta Kiyora.

 

"¿Por qué? ¿La olvidaste?"

 

Kiyora tardó un poco en responderle, "No"

 

"... Ajá"

 

Rin no le creía ni un poco.

 

"Quizás un pequeño repaso antes del partido nos vendría bien a todos, todos"

 

Atsushi jugueteaba con la trenza de Kurona, sin jalar ni nada, solo la miraba con asombro infantil. ¿Él también puede tener una trenza?

 

Lo que menos esperaban en el pasillo fue encontrarse con Anri, que en lugar de verse sorprendida con encontrarlos, lucía completamente aliviada. Se acercó a ellos con una sonrisa, los chicos se detuvieron justo donde estaban.

 

"Buenos días, Rin-kun, Kiyora-kun, Kurona-kun"

 

"Buenos días, Anri-san", corean.

 

Anshi, ‘enos días!", Atsushi la saluda con la mano, Kurona se asegura de sostenerlo bien para que no se caiga.

 

"Buenos días, Atsushi-kun", Anri toma la manito de Atsushi, sin borrar la sonrisa.

 

Aunque decae un poco al pasar su mirada a Rin, y él tiene el ligero presentimiento de que no le gustará lo siguiente que salga de la boca de Anri.

 

"Perdona, Rin-kun. Tendré que llevarme a Atsushi-kun"

 

El estómago de Rin se hunde, su expresión se torció un poco.

 

"¿Disculpa?"

 

Anri vio su rostro y rápidamente se dio cuenta de lo que dijo. "¡Oh, no, no! Lo siento, me refiero a que él no estará contigo durante el partido"

 

"Oh…", Rin se calmó.

 

"Espera, ¿por qué no?", preguntó Kiyora.

 

"Ego-san insiste en que Atsushi-kun será una distracción durante el partido, así que pensé en cuidarlo hasta que el partido termine"

 

Rin no ve por qué no confiaría en Anri con la seguridad de su hijo, si Atsushi no confiara en ella sería una historia completamente distinta, y al menos Rin no ha visto nada malo en la mujer que reformó un edificio entero solo para darle la posibilidad de tener a Atsushi a su lado.

 

"Bien"

 

Anri le sonrió a Atsushi y extendió sus brazos, Atsushi, emocionado de que todo el mundo quisiera cargarlo hoy, los extendió de vuelta. Anri pasó de Kurona, que se sintió un poco triste, a Anri, que le sonreía.

 

"Bueno, Atsushi-kun, vamos a divertirnos juntos hoy", el niño le sonrió, asintiendo con ganas.

 

Su sonrisa empezó a desaparecer cuando Anri comenzó a alejarse de Rin, que estaba dándose la vuelta, como si lo estuviera dejando. Comenzó a removerse para tratar de bajarse, primero Anri pensó que simplemente estaba incómodo, así que se aseguró de sostenerlo, pero luego se removió con más fuerza y se hizo difícil sostenerlo.

 

Anri detuvo su caminar y trató de sujetarlo, sin ser necesariamente brusca, aunque comenzaba a frustrarse de que Atsushi no dejara de moverse y la idea de sujetarlo con fuerza estaba siendo muy llamativa.

 

"¡Atsushi-kun!", terminó por exclamar Anri cuando el niño casi se cae, logró atraparlo muy apenas.

 

Atsushi rompió a llorar, "¡Mamáaa!"

 

El trío se detuvo, Rin giró tan rápido la cabeza que pudo ser la escena de una película de terror.

 

Anri admite que se quedó en blanco al ver que empezaba a llorar, ¿Quizás Atsushi pensó que Rin también pasaría tiempo con ellos?

 

Rin, gracias a sus piernas largas, se acercó rápidamente para atender al niño que extendía sus manitos desesperadas por agarrarlo. Anri no tuvo problemas en dejar que Rin le quitara a Atsushi de los brazos, pues el niño se aferró rápidamente a su padre y era obvio lo que necesitaba.

 

"Mamiii…" sollozaba Atsushi, manchando el pecho de Rin con lágrimas. "Mamii… no me dejes…"

 

El corazón de Rin se volvió pesado, le acarició la espalda y esperó a que se calmara.

 

"No me estoy yendo a ningún lado", dijo, su voz tan tranquila como el agua. "Nunca te dejaría"

 

Atsushi levantó la mirada.

 

"¿No?"

 

Rin negó con la cabeza, usando un solo brazo para sostener a Atsushi, mientras que usaba su mano libre para limpiarle las lágrimas de la cara.

 

"Solo irás con la señorita Anri un momento, yo volveré por ti en un rato"

 

"¿Lo pometes?", pregunta Atsushi, ya más tranquilo.

 

"¿Alguna vez te mentí?"

 

Atsushi niega con la cabeza.

 

"Bueno…"

 

Rin, notando que estaba más tranquilo, dejó que Atsushi pasará a brazos de Anri otra vez. La mujer le sonrió aliviada al niño.

 

"¿Te sientes mejor, Atsushi-kun?"

 

Atsushi asintió. "Sí"

 

"Eso es bueno"

 

El niño abrazó a Anri por el cuello, y está vez ambos se alejaron sin ningún problema. Mientras se alejaban, Atsushi miró a Rin, con sus ojitos caídos y medio tristes, y se despidió con la manito.

 

Eso conmovió a Rin, sintiéndose un poco triste por dejarlo así.

 

Rin volvió con Kurona y Kiyora, listos para ir a prepararse para el partido.

 

"Awww, tienes un lado tierno", comentó Kiyora.

 

"Cierra el pico"






En lo que ambos equipos se preparaban, Anri guió a Atsushi hasta la sala de cámaras.

 

Atsushi estaba tranquilo ahora, mirando el pasillo igual a los demás, pero por el que nunca había andado. Al verlo así, Anri se sintió fatal.

 

Había pensado en obligar a Atsushi a callarse, qué horror, el niño solo extrañaba a su papá. Anri no estaba orgullosa de haber pensado en eso en primer lugar.

 

Anri se paró enfrente de la puerta automática y está se abrió.

 

"¡Wow!", exclamó Atsushi, mirando todas las pantallas. ¡Su casa no tenía tantos televisores!

 

La silla que estaba en medio de las pantallas se giró, Atsushi pensó que estaba viendo un esqueleto.

 

"¿Por qué trajiste al niño?", Ego preguntó con desgana.

 

"Pensé que podría ver el partido con nosotros", dijo Anri, acercándose a las pantallas. "Como dijiste que no puede estar en la cancha…"

 

Ego miró a Anri y luego al niño que sostenía en sus brazos, que los ignoraba en favor de mirar los televisores que no mostraban nada emocionante.

 

"Bien… pero que no moleste"

 

Anri parpadeó cuando Ego volteó la silla, poniendo los ojos en blanco. Bajó a Atsushi y él se centró en el enorme televisor que había en el medio.

 

"¿Po’ qué hay tantos… nevisodes?", pregunta Atsushi.

 

Antes de que Anri responda, Ego toma la palabra.

 

"Se dice Televisores, niño. Los uso para monitorear el progreso de los jugadores, incluido tu padre. Es para registrar tanto sus avances como sus atrasos—"

 

"¿Tiene Yokai wash?"

 

Ego se tomó un momento para responder.

 

"Quizás"

 

Anri se agachó a la altura de Atsushi, con una sonrisa.

 

"Veremos el partido de tu papá por este televisor"

 

Los ojos de Atsushi brillaron. "¿Cómo el tío Sae?"

 

"Sí, como tú tío Sae"

 

¡Si papá llegó hasta la tele, entonces es alguien super famoso!






Rin estornudó.

 

«Pelo teñido» lo miró. "No te estarás enfermando justo ahora… ¿Verdad?"

 

"No seas estúpido", gruñó.

 

«Ojos graciosos» miró al equipo contrario. "Uno me está mirando feo"

 

"Míralo peor", sugirió «Pelo de punta».

 

"¿Estás bien, bien?", preguntó Kurona, mirando a Rin.

 

"Sí, solo… Ganemos de una vez para que pueda ver a mi hijo", gruñó entre dientes.

 

«Megane» silbó. "Wow, me encantaría tener esa confianza"

 

"¿Todos saben lo que hay que hacer?", preguntó «Pulpo» al acomodarse los guantes.

 

El equipo asintió, algunos respondieron verbalmente.

 

Todos se pusieron en posición. Alguien del equipo contrario susurró, aunque muy fuerte, seguramente no fue un accidente, "¿Dónde está el niño?"

 

Rin entrecerró levemente los ojos.

 

"Oye, ¿el chiquitín no está contigo?", preguntó Karasu.

 

"No, no pensaba en traerlo de todas formas", mintió con facilidad.

 

"Suena a mentira", señaló Otoya.

 

"¿Qué sabrás?"

 

El balón rodó por el césped artificial, había algo formándose en el aire, lleno de emoción contenida y algo más.

 

Quizás era la propia sed de sangre de Rin que se sentía en el aire lo que parecía poner a todos en una posición más defensiva que deportiva.

 

El silbato se sintió como un disparo, atravesando el ambiente como un estruendo que sacudió sus cuerpos.




GAME START!!!

EQUIPO V vs. EQUIPO Y




La pelota apenas se movió unos metros, más lejos que cerca, y solo eso bastó para que Rin sintiera el cambio.

 

Ese instante microscópico donde la cancha deja de ser hierba y líneas blancas y se vuelve un campo de caza, donde cada jugador revela lo que realmente es.

 

Ese momento que Rin más adora del juego.

 

Su cuerpo se tensó de anticipación involuntaria y observó.

 

El equipo rival avanzó con una sincronía casi antinatural. Los primeros pasos de Otoya se notaron ligeros, como un preludio, y lo fue; Rin rápidamente lo perdió de vista, pero no fue eso lo que lo obligó a moverse.

 

Fue Karasu, quien no prestó atención a la desaparición de Otoya, cuyos ojos brillaron en dirección a la pelota lo que le dió una mala sensación. Solo bajó el cuerpo, un toque corto, y el balón ya estaba corriendo a un espacio vacío.

 

No.

 

No vacío.

 

A la persona que todavía no había aparecido.

 

Rin lo notó de inmediato y se movió, pensó: «¿Qué carajo?». ¿Cómo Karasu supo que Otoya aparecería ahí? Aunque si había algo más peligroso que una jugada, era la confianza que Karasu parece haber dejado en Otoya.

 

Y Rin no planeaba arriesgarse a saber si estaba bien fundada o no.

 

«Ohime-sama» retrocedió, marcando la línea con rigidez. Su lectura del juego era lineal; seguía la pelota, no el espacio. «Ojos Graciosos» lo imitó, un paso atrás, otro al costado, imitando una coreografía destinada a salir mal.

 

La línea defensiva quedó demasiado recta, sin cobertura detrás.

 

"¿Qué… mierda están haciendo..?" murmuró «Pulpo» desde el arco, observando los movimientos torpes de sus compañeros y tensandose en respuesta.

 

El balón ya los había pasado.

 

Karasu lo había tocado con un pase invisible entre los dos centrales. Había esperado el momento exacto en que los defensores perdieron el rumbo, dejando un hueco microscópico entre ellos y la portería.

 

Una sonrisa se formó en el rostro engreído de Karasu.

 

Para sorpresa del equipo V, Otoya se coló entre ambos, como una sombra, algo que le puso los pelos de punta fue que no mostraba ninguna sonrisa, ni alguna señal de esfuerzo. Se sintió como más una burla.

 

Rin apretó la mandíbula.

 

Otoya recibió el balón con gracia. Ni un ruido, ni un esfuerzo visible. Solo un movimiento limpio, exacto.

 

«Pulpo» casi pierde el movimiento debido a la sorpresa, y aún así, reaccionó tarde.

 

[1:43]

GOL!!

0 - 1

 

El sonido hueco de la pelota golpeando la red cortó el aire, Rin soltó un suspiro, sintiendo la ligera amenaza que provocó un gol temprano.

 

»El partido es nuestro«

 

Bueno, lo veremos.

 

Otoya se giró, su postura relajada llenaba a Rin de un odio recién descubierto. Ni celebración ni burla, solo esa tranquilidad suya, casi insultante.

 

Karasu se acercó despacio, sin prisa, como si estuviera seguro de su declaración.

 

"Te dije que el espacio se abriría"

 

Otoya alzó los hombros.

 

"Nunca dudé de ti, bro"

 

Rin apretó los dientes, de forma involuntaria, al presenciar la charla casual.

 

No era la jugada lo que le estaba dejando un mal sabor de boca, era la coordinación. Conocer lo que hará tu compañero incluso antes de que lo haga. Dos compañeros en la misma sintonía.

 

Y si Rin se ponía a escarbar un poco, podía rápidamente reemplazar a Karasu y Otoya por un par de niños que alguna vez fueron iguales.

 

Ahora, al verlo desde fuera, le dolía como una herida fresca y expuesta.





“¿Qué pasó?”, le preguntó Atsushi a Anri.

 

“Parece que el otro equipo hizo un punto”

 

“Oh… ¿Papá pedió?”

 

“No, no, claro que no”

 

“Me decepcionaría si lo hiciera”, dijo Ego.

 

Anri suspiró, “No perdió, hay que seguir viendo, ¿Si?”

 

 

[3:45]



«Moe» recibió el saque y lo devolvió hacia atrás, un pase preciso y directo, «Tatuajes» lo recibió sin problema alguno. 

 

Fue como una señal secreta, Rin comenzó a moverse justo después de ese movimiento. No detrás de «Tatuajes», persiguiendo un pase, sino a un espacio vacío.

 

Otoya lo notó de inmediato.

 

El supuesto ninja dio un giro ligero, como una sombra adelantándose al movimiento antes de que ocurriera.

 

"No vas a pasar" dijo, casi con tono de juego.

 

Rin le concedió una respuesta.

 

En cambio, con un solo movimiento de caderas, el balón ya no estaba donde Otoya creía. Fue tosco, demasiado brusco para un pase limpio, pero Rin siempre se caracterizó por su forma de ser errática.

 

El balón salió con un giro irregular, lo suficiente para burlar a ese estúpido ninja.

 

«Moe» lo tomó al vuelo. El balón rebotó apenas en el empeine pero él no lo dejó caer, su toque breve y silencioso.

 

Rin volvió a aparecer en el ángulo ciego, justo detrás de la mirada de Otoya. 

 

El cambio de ritmo, el leve temblor en el aire detrás de él, Otoya apenas tuvo un segundo para reaccionar.

 

Rin ya estaba ahí, deslizándose como si hubiera leído la respiración del rival en lugar de su posición.

 

Otoya abrió ligeramente los ojos, notando como la lengua de Rin sobresalía ligeramente.

 

La sincronía entre estos dos era torpe, instintiva, como si apenas estuvieran descubriendo cómo funcionaba. Quizás a medida que avance el partido, lo descubrirían entre todos.

 

Eso emocionaba a Otoya, un poco.



[5:12]



Kiyora corrió por el medio, abriéndose paso entre dos rivales. Su cuerpo se movía como si bailara sobre un alambre, fluyendo entre piernas, hombros y aire.

 

Rin tenía el mismo sentimiento que ayer, parecía un espectáculo casero, pero Kiyora sabía exactamente cuánto espacio necesitaba para no perder el equilibrio.

 

Y también lo hacía bien. Rin quizás estaba un poco envidioso porque él no sabía bailar.

 

"¡Ahora!" gritó «Pelo de punta», la voz ronca y casi desvanecida.

 

Rin disparó.

 

El golpe furioso, impropio, impulsó un proyectil curvado. Rin chasqueó la lengua, no había planeado eso.

 

El arquero rival alcanzó a rozarlo con los dedos, apenas desviándolo lo suficiente.

 

Los jugadores se tensaron ante el rebote y se prepararon.

 

El balón cayó frente a «Moe», el chico reaccionó sin pensar y se lanzó. Estaba cerca, por supuesto, pero confió demasiado en sí mismo.

 

Karasu llegó primero al balón, habiendo reaccionado antes de tiempo apenas vio el toque del arquero rival; siendo más intuitivo que rápido.

 

Su cuerpo bloqueó el espacio con precisión, cortando el ángulo del movimiento. El rebote golpeó su pierna y salió despedido lejos del área.

 

La mirada azul de Karasu denotaba tranquilidad, irritantemente lúcida, como la de alguien que ya había visto la jugada.

 

"Demasiado directo", una crítica disfrazada de observación.

 

Rin lo miró, Karasu le devolvió la mirada.

 

Por un instante, todo se desvaneció en su pequeño mundo; un lugar donde no eran rivales ni compañeros, solo dos puntas de la misma cuerda, dos interpretaciones del mismo deporte: lógica e instinto.





“¿Po’que papá no pega gol?”, preguntó Atsushi, molesto.

 

“Es, de hecho, algo interesante”, interrumpe Ego. “Normalmente el fútbol es un trabajo en equipo, lo que honestamente es un pensamiento de mierda. Pero, al menos aquí, hay algo de verdad en eso”

 

Anri se reserva su opinión ante la ligera arcada de Ego, pues no esperaba que tuviera que admitir eso.

 

“Tu padre se está enfrentando a su primera reacción química. Lo que, en cualquier caso, lo haría crecer; lo que está frenando su victoria es el equipo mediocre que tiene”

 

“Pero tú elegiste las habitaciones…”

 

“Exacto, tiene que superar esto si quiere ser el mejor del mundo”, Ego le dió una sonrisa torcida.

 

“... No entendí”, Atsushi miró a Anri, con una carita apenada.



 

[7:45]



Karasu giró el cuerpo, un movimiento perfectamente calculado, y lanzó un pase lateral con una suavidad quirúrgica. El balón viajó rápido, rodando entre «Moe» y Kiyora, ambos estirando una pierna tarde, como si hubieran caído víctimas de una ilusión óptica.

 

"Ya me estoy cansando de este tipo", murmuró Kiyora entre dientes, recibiendo un asentimiento de «Moe».

 

Y hablando de estar cansado, apareció la otra pesadilla del equipo: Otoya, surgiendo de la mismísima nada como siempre.

 

"Aquí vamos" murmuró, un tinte alegre tiñendo su voz.

 

Otoya cayó sobre el balón con una naturalidad escalofriante.

 

Kurona intentó cerrarle el paso, moviendo el cuerpo para bloquear la línea de tiro; pero Otoya hizo una tontería, un toque tan corto que cambió la dirección y tomó desprevenido a Kurona.

 

El disparo salió en el mismo gesto, directo al arco con la misma energía de un misil.

 

«Pulpo» tomó una larga inhalación, sus ojos siguiendo la pelota, hasta que todo su cuerpo le gritó que se moviera. Haciendo exactamente eso, movió el brazo, sus guantes rozaron la pelota y la desvió con éxito.

 

Un estallido metálico resonó en el campo, el balón había golpeado el poste.

 

«Pelo de punta» se adelantó más rápido que todos. La patada que le siguió fue una descarga de furia contenida, el balón volando hasta el medio.

 

El balón voló hasta el medio.

 

Kiyora lo recibió con el pecho, parecía sorprendido incluso de que lo hubiera atrapado. La pelota cayó a sus pies y, por un instante, quedó en blanco, hasta que sus ojos se concentraron en Rin.

 

Rin, desde la distancia, le lanzaba una mirada de desafío. «Pruebate ante mí».

 

"Hijo de puta", Kiyora maldijo con la voz ronca. ¿Por qué Rin se coronaba como rey?

 

Y, en realidad, no fue el único que notó esa mirada.



[9:02]



El contraataque nació como un reflejo colectivo.

 

«Moe» aceleró el paso, los ojos fijos al frente, con una calma letal. «Tatuajes» se adelantó sin prisa, con la mente despejada.

 

«Pelo Teñido», corriendo más por instinto que por idea, cruzó la mitad del campo, arrastrando a dos defensas que no sabían si marcarlo o esquivarlo. Al menos era útil.

 

«Megane» levantó la cabeza justo a tiempo. Midió, rezó e hizo el pase: tosco, inestable, casi parecía listo para detenerse a los pies del enemigo.

 

Y aún así, habiendo aparecido casi como quien dice María Sangrienta tres veces, Rin atrapó el pase sin problemas.

 

Por un momento se sintió como darle libertad a un animal salvaje; mirada fija, músculos tensos, midiendo la velocidad como si la reservará para un gran evento, todo comprometido a una rabia contenida que lo consumía desde dentro.

 

Otoya lo vio venir antes que nadie.

 

Giró el cuerpo, los ojos verdes brillaban en diversión. Silbó, tratando de llamar la atención de Rin.

 

"¿Sabes? Me emociona mucho que te muevas así" dijo en tono cómplice, casi ronco.

 

"Pervertido" respondió Rin, seco, desinteresado.

 

Otoya no se perdió la forma en la que temblaba su ceja 

 

Y en ese momento, se cruzaron. No fue un duelo técnico, fue un cruce de naturalezas: Otoya, con su naturaleza libre, y Rin, con la suya opresiva.

 

El impacto fue físico.

 

Rin usó el cuerpo, giró sobre su eje con una elegancia brutal, y soltó el pase atrás.

 

«Moe» estaba ahí, como si fuera algo natural. Ni miró, solo remató.

 

La pelota subió. Demasiado alto, demasiado fuerte, pasando por encima de la portería. Una jugada imperfecta.

 

O quizás…

 

Una amenaza.



[11:32]



Karasu bajó al mediocampo para frenar el ritmo. Hasta ese momento, el partido había ido exactamente como lo había previsto. Sabía que, al igual que todos, el equipo V tendría un mal equilibrio al tener que tragar sus egos para ajustarse.

 

Eso fue lo que Karasu usó a su favor a la hora de explicar la jugada.

 

Pero ahora había algo diferente, lo notaba en el aire.

 

Sus movimientos seguían siendo exactos y regulados: los pases cortos, el equilibrio cuidadoso.

 

Y aun así, algo estaba cambiando.

 

Cada vez que soltaba el balón, el pase salía limpio…

 

El ritmo que él imponía se diluía entre respiraciones más salvajes.

 

«Moe» no seguía la pelota, sino la intención. Su cuerpo pequeño se movía con lucidez fría, una especie de sexto sentido que lo empujaba justo al lugar donde el balón iba a estar.

 

«Pelo de punta» y Kurona presionaban como si estuvieran de cacería, como si trataran de obligar a salir de su escondite. Cada vez que Karasu giraba, uno de ellos ya estaba ahí.

 

Karasu se movió un paso más, el balón rozándole el pie, la cabeza fría.

 

»Todavía puedo controlarlo« pensó.

 

Pero mentiría si dijera que no sentía como la presión le mordía los talones.





Atsushi realmente no quería molestar, ¡Pero estaba cansado de estar de pie! ¡Quería sentarse un rato! Y la señorita Anri había ido al baño, así que estaba solo con el hombre de gafas.

 

Se acercó a la silla de Ego, no necesitó llamar su atención, ya que el hombre ya lo estaba mirando.

 

"¿Qué quieres?"

 

"Quiedo sentadme"

 

Ego buscó a Anri con la mirada, pero no la encontró. Mierda, ¿Cuánto tiempo tarda alguien en el baño? Ego bufó y miró de nuevo al niño.

 

"¿Qué quieres, una silla?"

 

"¿Puedo sentadme co’tigo?"

 

"No"

 

Al ver como el niño mira al suelo, desanimado, Ego se siente como si hubiera pateado un perrito. Y él acepta que puede ser un bastardo y un idiota, pero carajo, hacer llorar a un niño no es algo que realmente quiera en su registro.

 

Con torpeza, agarra a Atsushi y lo sienta en su regazo. El niño parece contento, sonriendo y todo.

 

Anri escoge ese momento justo para volver del baño y observa la escena.

 

Ego la mira de reojo.

 

"No digas ni una palabra"

 

 

[15:07]



Rin corría sin pensar, su cuerpo respondía al balón antes que su cabeza.

 

Karasu lo observaba desde la línea del mediocampo. El sudor bajándole por la sien, los ojos fríos, evaluando cada paso.

 

Pero a ojos de Karasu, Rin no seguía al resto: Rin era un prodigio. Y no había nada que llamara más la atención de Karasu que un prodigio.

 

Otoya se filtró entre «Pelo de punta» y «Ojos graciosos» otra vez, estaba empezando a ser bastante molesto que sus estúpidos trucos pudieran contra su aún más estúpido equipo. Rin empezaba a temer que Otoya realmente era un ninja, y eso solo podía ser síntoma de locura.

 

El movimiento se sintió como un susurro: tres pasos cortos, una pausa y, finalmente, una explosión. La maldición bastante colorida de «Ojos graciosos» cruzó el campo y Rin solo esperaba que Atsushi, si estaba viendo el partido, no la aprendiera.

 

Lo sintió antes de verlo, por lo que «Pulpo» saltó en el momento en que lo creyó indicado. El balón chocó contra el cuerpo del portero y salió rebotado, Otoya abrió ligeramente la boca, sorprendido.

 

«Pulpo» miró a Otoya, "No te confíes tanto"

 

Otoya maldijo ligeramente, “oh no” aunque sonaba bastante descuidado.

 

Rin ya estaba corriendo hacia el rebote. «Moe» lo acompañó, su paso más corto pero igual de firme. Kiyora los siguió, arrastrando marcadores.

 

El balón volvió a tocar el suelo. El equipo se movió, casi como títeres con cuerdas enredadas, apenas coordinandose, aunque había un reconocimiento que brillaba en cada uno, diferente, pero siguiendo el mismo camino.

 

Karasu lo sintió antes de verlo. Demasiada presión, velocidad ansiosa en los toques. »Se mueven como bestias«, pensó. Pero cuando las bestias aprenden a cazar se vuelven peligrosas.

 

Retrocedió un paso, levantó la mano, y su defensa respondió. Una línea fría, casi perfecta. El pase de «Moe» rebotó en uno de los compañeros de Karasu, y Karasu lo tomó, con una ligera sonrisa. Giró y cambió de flanco con elegancia clínica.

 

Exactamente como esperaba, Rin ya lo seguía. No al balón, sino a Karasu.

 

Porque los genios y las bestias siempre se rinden al instinto.




[17:19]




Karasu recibió de nuevo. Rin lo presionó desde atrás.

 

No hablaban, pero el aire entre ellos vibraba.

 

Karasu giró sobre su eje, la pelota bajo el control perfecto de su pie, los brazos extendidos como alas para proteger el espacio.

 

"Tienes un talento extraordinario, pero estás bastante ausente…", murmuró Karasu, el tono entre burla y estudio. "¿Extrañando a alguien, quizá?"

 

Su mente respondió antes de procesar la pregunta, proyectando imágenes de la sonrisa más linda que alguna vez había visto.

 

Rin apretó la mandíbula. "Cállate"

 

La respuesta pretendía ser más dura de lo que era, alejar a Karasu y demostrar que no lo conocía para nada. Karasu lo miró con interés, la sombra de una sonrisa se proyectó en sus labios.

 

"Tsk… parece que acerté"

 

A veces no es bueno poner nervioso a un animal salvaje, porque puede jugarte trucos como el siguiente.

 

Rin lo empujó con el cuerpo, desequilibrando completamente a Karasu, algo que realmente lo tomó por sorpresa, forzándolo a soltar antes de tiempo.

 

El balón cayó en pies de «Moe», quien no perdió tiempo en convertirlo en un pase. «Tatuajes» lo controló, se giró con calma y lanzó hacia Rin.

 

Otoya apareció de la nada, interceptando el pase como el ladrón más infame. Rin reaccionó al instante y ambos chocaron inevitablemente.

 

El balón rebotó entre ellos y rodó lejos, con una lentitud agonizante que los atrae como moscas a la luz.

 

Otoya llegó primero, ganando el premio: la pelota, ya estaba alejándose y pensando en su siguiente paso, olvidando a alguien importante.

 

Rin.

 

Lo barrió justo cuando levantaba la pierna. La pelota se deslizó al borde del área, fuera del alcance de ambos.

 

Rin miró de reojo a Otoya, que parecía ligeramente molesto.

 

Bien, ahora los dos estarían molestos. Que le agradezca a Karasu.




[22:12]




Karasu podía leer cada movimiento, anticipar cada paso, pero el ritmo era impredecible.

 

El equipo de Rin no seguía lógica, solo instinto, era intrigante y molesto en partes iguales.

 

El balón llegó a los pies de Karasu. Apenas le dió uno, dos, tres toques y Rin ya estaba encima.

 

"Mírate, te traigo loco"

 

"La rabia también te vuelve loco, pero no por eso me gusta"

 

Karasu soltó una carcajada, Rin bufó sin encontrar lo gracioso.

 

Intentó hacerle una finta, Rin no cayó en ella, de hecho pareció indignado. Rin le cerró el paso, como un depredador cuando aprisiona a su presa y le arrebató el balón.

 

Karasu reaccionó al instante, pateando la pelota con la punta del pie, y alejándola del control de Rin.

 

Kurona lo recogió antes que alguien entendiera qué había pasado, de inmediato levantó la vista para buscar a quien pasarle.

 

Su mirada cruzó la de Rin.

 

El pase de Kurona fue seco y curvado, justo al límite del área. Rin corrió como un animal, sus pulmones ardían, su corazón golpeaba su pecho con violencia, pero jamás se había sentido tan vivo.

 

Otoya lo persiguió, quizás sentía menos que Rin, pero la emoción que lo recorría era similar a la adrenalina.

 

Ambos eran velocidad pura, Rin amagó a la izquierda y Otoya cayó en la trampa por medio segundo.

 

Rin disparó.

 

El balón voló con un zumbido agudo, el arquero rival se lanzó a atajar el balón, desviándolo apenas con la punta de los dedos.

 

Una sonrisa victoria se reflejó en el rostro del arquero.

 

Pero el rebote cayó hacia Kiyora, que ya se deslizaba en el área.

 

Con el corazón golpeando de anticipación, tomó esta oportunidad.



[23:10]

GOL!!!

1 - 1



Las piernas de «Pulpo» fallaron, cayendo de rodillas, y se soltó a reír con incredulidad. «Ohime-sama» fue a ayudarlo a pararse, mientras que «Ojos graciosos» soltaba un enorme suspiro.

 

«Pelo de punta» se aventó a los brazos de «Megane», que lo atrapó, aunque ambos cayeron igual.

 

«Moe» solo exhaló, con una pequeña sonrisa que se desvaneció tan rápido como llegó, chocó los cinco con Kurona, quien sí mantuvo su pequeña sonrisa.

 

Rin pensó en sonreír, claro, estaba tan contento como los demás, pero era demasiado orgulloso como para no estar molesto con Kiyora. Ese gol debió ser suyo.

 

Kiyora, por supuesto, se acercó a él.

 

"¿Y bien…?"

 

"Bastante tibio, lo hubiera hecho mejor", Rin se dió la vuelta y se marchó.

 

"Esperaba un elogio", Kiyora se cruzó de brazos.

 

"Creo que no deberías acercarte por un tiempo", comentó «Tatuajes», pasando cerca de él.



[25:49]



Rin tomó el balón cerca del círculo central. Y ahí estaba Otoya, esperando, la sombra de una sonrisa peligrosa bailando en su cara.

 

Rin avanzó.

 

Otoya bajó el cuerpo.

 

El césped artificial crujió bajo sus tacos. Rin no iba a cambiar de dirección, Otoya no pensaba moverse; con eso en mente, sabían que iba a doler.

 

Y justo cuando chocaron, un silbato virtual y estridente marcó una falta.

 

Ambos se quedaron frente a frente, respirando pesado.

 

"Sabía que no te resistirías a mi", Otoya se pasó una mano por el cabello.

 

Rin no lo miró.

 

"Creo que tengo mejores gustos"

 

Se alejó.

 

 

"¡Gol! ¡Es gol!", Atsushi se acercó demasiado a la pantalla.

 

"Sí, sí, quédate quieto niño—", Ego no le prestó atención.

 

"¡Es go—"

 

Anri atrapó a Atsushi, que estuvo a punto de caerse de la silla por tratar de alcanzar la pantalla, casi como si pudiera atravesarla.

 

"Ups", Atsushi miró a Anri.

 

Anri no estaba molesta con él, en su lugar, miró a Ego con el ceño fruncido, pues no había movido ni un dedo para atrapar al infante.

 

El hombre en la silla la miró.

 

"¿Qué?"

 



[26:01]



El equipo V empezó a moverse más rápido, más errático, estaban comenzando a cansarse de este ritmo ansioso y cometían deslices tontos.

 

«Pelo Teñido» se adelantó demasiado y «Moe» tuvo que cubrir su espacio.

 

«Ohime-sama» perdió una marca, pero recuperó con una barrida impecable y nadie pudo decirle nada.

 

Karasu los observaba con los ojos entrecerrados. El instinto se desgasta y la pasión consume energía.

 

Eventualmente, serían su propia destrucción.

 

Así que esperó pacientemente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

 

Karasu controló el balón cerca del círculo central. Kiyora fue a presionarlo, sin saber que Karasu lo esperaba; bastó un toque sutil con la punta del pie y una pequeña finta con el hombro para desequilibrar a Kiyora.

 

Karasu apenas logró avanzar, Rin ya estaba sobre él, ejerciendo presión.

 

La presión fue tosca, improvisada, pudo intuir que Rin había aparecido solo porque sí y no porque fuera parte de algún plan.

 

"Te estás volviendo más bruto, ¿No te parece, genio?", Karasu sonrió apenas.

 

Rin gruñó.



[29:36]



Rin respiraba por la boca, su lengua amenazando con salir, no se sentía mejor que ningún perro y eso que lo dice con todo el cariño como dueño de dos criaturas perrunas.

 

Solo quedaba el campo, el olor del pasto y los ojos de Karasu, que parecían desafiarlo incluso sin mirarlo.

 

«Moe» le pasó el balón sin hablar. El toque fue pesado, casi doloroso al pararlo con sus músculos tensos, Rin controló su expresión y no le dio cabida.

 

Un amague.

 

Otro.

 

Otoya lo siguió, serpenteando. Ambos se empujaron con el cuerpo, la fricción casi animal parecía un espectáculo.

 

Karasu leyó la jugada y se adelantó, pero Rin, sin pensar, cambió de pie y golpeó.

 

Ambos equipos se tensaron.

 

El balón rozó el travesaño.

 

Cayó fuera.

 

Se oyó un suspiro colectivo, la mitad de alivio y la otra mitad de frustración.



[32:33]




El balón volvió al centro.

 

Kurona lo tomó con calma, incluso si sus respiraciones agitadas no decían lo mismo, y lo pasó hacia Kiyora. Karasu interceptó el pase con un toque mínimo, casi invisible.

 

El balón cambió su dirección hacia Otoya, que ya corría.

 

La transición fue instantánea.

 

Karasu ni lo miró, fue increíblemente estresante. O quizás esa era la envidia de Rin hablando.

 

Otoya recibió con el empeine, giró entre «Ojos Graciosos» y «Ohime-sama». «Pulpo» salió del arco, presintiendo, con los ojos entrecerrados y los reflejos a flor de piel.

 

Otoya amagó, tratando de confundirlo.

 

«Pulpo» no se movió, sin creerle un instante que cambiaría el tiro estando ya así de cerca.

 

»Como quiera«, pensó Otoya, y disparó sin culpa.

 

El balón rozó la punta del guante y golpeó el travesaño, el sonido metálico y hueco atravesó el campo, indicaba el fallo, pero Otoya parecía tranquilo con eso.

 

«Pulpo» se reafirmó en el suelo, exhalando de alivio.

 

"Casi, ¿eh?", Otoya rió, sin enojo, ni burla.

 

«Pulpo» gruñó, fingiendo dar un paso.

 

Otoya, tan rápido como apareció, voló.

 

Mientras tanto, Rin ya corría por el rebote.

 

El balón voló al medio, y Kurona lo cazó con la suela. Una media vuelta, un toque corto hacia Rin.

 

"Te estabas tardando", murmuró Rin.

 

"Perdón, perdón"

 

Otoya fue tras él, pasos rápidos y ligeros impulsando al ninja por el campo.

 

Karasu observó desde lejos, sin intervenir todavía. Sabía que si Rin se lanzaba, arrastraría a todos consigo.

 

Exactamente como lo predijo, Rin aceleró, su respiración sonaba exigente, como si estuviera llegando a su límite. ¿Pero tenía uno? Karasu no lo sabía, aunque presentía la respuesta.

 

Otoya le cerró el paso.

 

Chocaron, pero Rin giró y lo empujó con el hombro. Otoya tropezó hacia atrás pero recuperó el equilibrio al instante, casi como si toda esta interacción no significara nada.

 

Rin se abrió un hueco, Karasu aprovechó su estado concentrado para sorprenderlo.

 

El contacto fue seco.

 

Karasu bajó el cuerpo, controlando el espacio con sus brazos, bloqueando el balón sin tocarlo.

 

Rin empujó y empujó, pero Karasu resistía, casi como un muro.

 

Karasu lo hizo retroceder medio paso, luego otro, otro y otro. Y justo cuando Rin parecía rendirse, soltó el balón con la punta del pie, una finta improvisada, perfecta.

 

«Megane» lo tomó al instante. Un toque rápido que se llevó la atención de Karasu medio segundo, fue todo lo que Rin necesitó para desenmarcarse y seguirlo.

 

Kiyora apareció por el lado contrario, el pase cruzado voló entre piernas y gritos.

 

«Tatuajes» recibió el pase con tranquilidad. Levantó la vista, y lanzó un centro al área.

 

El balón cayó justo donde Rin saltó.

 

Un cabezazo fuerte, torpe, definitivamente dado en la emoción del momento.

 

El arquero rival la rozó con los dedos.

 

El balón pegó en el poste.

 

Rin maldijo, no valió el zumbido que le dejó el cabezazo.



[35:47]



«Pelo teñido» apareció como un relámpago, con ganas de probar suerte. De hecho, el balón rebotaba libremente frente a él, y quien lo toma, gana, ¿No?

 

Golpeó el balón con la rodilla.

 

Rebotó en un defensa.

 

Rebotó otra vez.

 

Y entró.



[36:00]

GOL!!!

2 - 1




«Pelo Teñido» levantó los brazos, llevándose las manos a la cabeza, gritando "¡CARAJO, SÍ PUDE!"

 

Kiyora cayó de rodillas, incrédulo, casi como si no pudiera creer lo que veía.

 

Kurona tenía el presentimiento de que podría haber hecho lo mismo, pero su compañero fue más rápido. "Rayos, rayos…"

 

«Megane» se quedó quieto, viendo el marcador. "Mierda… Bueno, dicen que los tontos tienen suert—", no pudo terminar antes de que «Pelo teñido» se le lance encima.

 

«Tatuajes» levantó una ceja, tranquilo, «Moe» solo exhaló.

 

«Ojos graciosos» y «Ohime-sama» se abrazaron y saltaron, completamente eufóricos.

 

Rin odiaba que ese idiota hubiera tenido tanta suerte… Pero.

 

Pero.

 

Iban ganando.



[36:54]



El balón pasó por los pies de Karasu, quién lo controló con la misma calma con la que uno sostiene un bisturí.

 

Un toque, otro, un amague.

 

Kiyora trató de cerrarle el paso, Karasu lo desarmó con un simple giro de cadera. Nada en su movimiento era brusco.

 

Era técnica pura, refinada hasta la crueldad.

 

No lo vieron, pero era obvio que él perro fiel de Karasu no estaría lejos; dicho y hecho, Otoya apareció de nuevo.

 

Rin lo perdió de vista por un segundo. Solo un segundo fue suficiente para una jugada que le quitó el aliento: Karasu filtró el pase, tan preciso que el aire pareció cortarse a la mitad.

 

Otoya lo recibió en carrera.

 

Tres zancadas, una pausa.

 

«Pulpo» salió del arco, esta vez no hubo milagro.



[37:01]

GOL!!!

2 - 2



Rin acaba de recibir el “pero no cantes victoria” más grande de toda su vida.




[39:04]




Karasu se adelantó de nuevo, Rin ya lo esperaba.

 

Había algo diferente en la forma en la que lo miraba, en la que se acercaba; no lo enfrentaba con fuerza, sino con lectura.

 

Parecía que quería devorarlo, como si él fuera la presa. ¿Será un halago? Porque Karasu pensó que era algo bastante digno de este genio.

 

Rin lo analizaba, lo sintió en la forma en la que no se tragaba sus fintas, en que parecía estar tan cerca de copiar hasta la forma en la que Karasu respiraba…

 

Un poco aterrador.

 

Karasu amagó, giró, fintó… Y Rin lo bloqueó, como si fuera natural, como si estuvieran sincronizados.

 

Ambos quedaron frente a frente, respiraciones mezcladas, músculos tensos.

 

El balón rodó hacia un costado, como si tratara de escapar de ese duelo desquiciado.

 

Otoya se coló por detrás, Karasu esperaba eso.

 

Pero «Moe», casi sin mirar, también lo había esperado. Se lanzó, logrando una barrida limpia, seca, elegante.

 

La pelota salió al lateral.



[44:29]



Karasu levantó la cabeza, la mandíbula tensa. Otoya ya estaba en posición.

 

»Una más« pensaron los dos al mismo tiempo.

 

En medio del cansancio y las respiraciones agitadas, el balón se movió como si fuera manejado por alguien externo. Ni siquiera vieron a Karasu moverse.

 

Otoya corrió y, llámalo cansancio o costumbre, esta vez su tonta invisibilidad no funcionó y estuvo a la vista de todos.

 

Rin lo siguió, obligando a sus piernas a moverse una vez más, porque si Itoshi Rin conocía sus límites, entonces sabía muy bien que este no estaba ni cerca de serlo.

 

«Pulpo» se preparó con apuro, incluso con sus músculos gritándole que se diera un descanso, no dejaría que desempataran antes de terminar el primer tiempo.

 

Todo se comprimió en un segundo.

 

Otoya llegó primero, Rin lo chocó por detrás, un golpe seco de hombros que casi podría contar como falta.

 

El balón rebotó en ambos y salió disparado directo a la portería, dónde «Pulpo» extendió los brazos para abrazar el balón que le chocaba el pecho.

 

El silbato virtual sonó.



[45:00]

FIN DEL PRIMER TIEMPO

 

 

En cuanto Atsushi vio que Rin se dirigía fuera de cámara, pensó ingenuamente que el resto ya había pasado, ¡Entonces significaba que ya podía volver con él!

 

"¡Ganamos!", el niño intentó bajar de la silla otra vez.

 

"Sí, claro, como no", Ego puso los ojos en blanco y, esta vez, lo sujetó firmemente para que no hiciera otra acrobacia.

 

"Todavía no termina el juego, Atsushi-kun", dijo Anri.

 

"¿Ehh? ¿Cómo que no?", frunció el ceño. "¡Pe’o ya no está ahí!", señaló el campo.

 

"No, está aquí", Ego presionó una tecla y las cámaras cambiaron a los vestuarios de ambos equipos, efectivamente, ahí estaban.

 

"Este se llama descanso", explicó Anri. "Así los jugadores podrán reponerse antes de seguir jugando"

 

"Uuuhh…. ¡Pe’o ellos juegan pa’a siempe!"

 

"Solo son unos minutos más, niño. Y te vas. Te lo juro"

 



Rin se aseguró de tomar agua y calmarse, descansar sus músculos agotados y prepararse mentalmente para los próximos minutos decisivos.

 

Sería muchísimo más fácil si Atsushi estuviera ahí animándole, pero claro, sería una distracción.

 

Aunque Rin discrepa totalmente, porque su hijo podría quedarse sentado todo el día si eso le permite pasar tiempo con Rin.

 

Ego solo es un idiota porque no lo conoce, ese cuatro ojos bastardo…

 

"Oye, Rin, sé que estás molesto por el empate pero…", habló «Ojos graciosos».

 

Rin regresó a la realidad. No, en realidad no está tan molesto por ello, bufó y sostuvo con más fuerza su botella de agua.

 

"Más les vale que ganemos"

 

"Lo estamos haciendo bastante bien", dijo «Tatuajes».

 

"Solo está molesto porque Atsushi no está aquí", se encogió de hombros Kiyora.

 

Rin lo miró mal.

 

"Lo que importa es que vamos empatados, eso es algo, algo" aportó Kurona.

 

"Sí… Oye Rin, tengo una petición", dijo «Pelo teñido».

 

"No estás en posición para hacer peticiones", Rin lo miró de reojo.

 

"¡Por favorcitooo! ¡Metí un gol, tengo derecho a que me escuches!", pidió. Y aún así, continuó sin que Rin le dijera que sí, "Si ganamos… quiero que nos llames por nuestros nombres"

 

"... Lo pensaré"

 

Eso es un no.




SEGUNDO TIEMPO

2 - 2

 

[46:01]



«Moe» recibió, tocó, y notó que el mediocentro rival —la ayuda de Karasu— adelantaba su cuerpo para cerrar el espacio. No se apresuró: devolvió al pie, atrajo un rival, y en el hueco donde debía aparecer un pase técnico apareció «Pelo Teñido» por puro impulso.

 

Fue torpe, sucio. Y, también, fue efectivo, las esquinas de los labios de «Moe» se curvaron con cierta malicia.

 

La pelota rebotó hacia «Tatuajes», que pegó un pase largo buscando la espalda de la defensa. 

 

Rin arrancó. Otoya, que había quedado un segundo fuera de sitio por la transición, recortó la distancia.

 

El balón cayó al pie de «Megane», que puso un centro raso. Kiyora lo rozó con la suela, intentando convertir la energía en dirección. 

 

El tiro final fue desviado por el lateral contrario.



[54:02]



Karasu movía, calculaba, y exigía. Otoya aparecía donde la lógica de Karasu dictaba. 

 

El equipo contrario estaba más atento que en el primer tiempo, ajustando cada uno de sus movimientos a la presión que el equipo de Rin imponía; Rin podía suponer que habían ajustado la estrategia durante el descanso. Pero el equipo V tenía algo que las piezas contrarias no podían fabricar: improvisación pulida por la urgencia.

 

Urgencia infligida por el propio Rin, claro.

 

Rin, con la lengua afuera y la camiseta pegada al cuerpo sudoroso, miró a su alrededor. 

 

No había un plan bonito en sus manos, solo una certeza: cuando la presa se asusta, corre, y cuando la “manada” ataca, el resto explota el hueco. El segundo tiempo había empezado como un experimento de supervivencia.

 

Rin sonrió de lado, fatigado y feroz.



[53:09]



El empate seguía, pero el aire estaba cargado de intriga, sudor, y algo bestial proporcionado por nadie más que el equipo V.

 

Karasu levantó la mirada una vez más, el cabello pegado a la frente, el sudor goteando por su barbilla. Sus compañeros ya respiraban pesadamente, por supuesto, el ritmo que Rin marcaba no era algo simple, no solo su equipo trataba de seguirlo, sino que ellos también.

 

Eventualmente cometió un error. 

 

A dónde se suponía que fuera el pase ya no importaba, pues «Moe» lo interceptó con la punta del pie por puro reflejo. El balón rebotó hacia «Pelo Teñido», que lo empujó sin pensar.

 

Kiyora corrió como si su cuerpo fuera más ligero que el aire, dando un giro imposible para esquivar una entrada.

 

El balón cayó justo donde Rin lo esperaba.

 

Otoya llegó en el mismo instante. Ambos chocaron con violencia, Rin apretó los dientes al mismo tiempo que Otoya soltó un ligero gemido de dolor. La pelota salió disparada, girando sobre sí misma.

 

El balón se estrelló contra un defensa rival y «Moe» apareció otra vez.

 

Su toque fue seco, sin duda, directo al hueco. El portero del equipo extendió su mano enguantada y lo expulsó con brusquedad.



[61:28]



Rin controló el balón con el muslo, giró sobre su eje y disparó. El ruido fue seco, brutal, un golpe que hizo vibrar el aire.

 

El arquero rival apenas alcanzó a mover los brazos. La pelota pegó en su pecho y cayó.

 

Rebote.

 

Kurona llegó primero, como si lo hubiera visto desde lejos.

 

Tiro.

 

Fuera. Por unos simples centímetros.

 

"Yo lo hice mejor", dijo «Pelo teñido».

 

"Cállate ya", «Ojos graciosos» exclamó desde su lugar.

 

Rin se inclinó hacia adelante, las manos en las rodillas, los pulmones quemándole. Karasu levantó la cabeza, y por primera vez en el partido, exhaló con una sonrisa cansada.



[69:24]



El balón voló a los pies de su siguiente víctima, «Moe», quién rápidamente lo redirigió a su compañero, «Tatuajes», que ya parecía estar esperando la pelota. El extremo, sin levantar la vista, disparó un proyectil largo en diagonal hacia Rin.

 

Por desgracia para Rin, Otoya vio la misma oportunidad y corrió paralelo a él.

 

Por un instante, se sintió más una carrera, y lo era, solo que no se suponía que las carreras implicaran patear el premio.

 

Rin alcanzó el balón primero, pero no se libró de Otoya, que lo presionó desde atrás. Casi chistoso, en realidad, si le permiten decir a «Pelo de punta». Rin intentó un amague, pero Otoya no lo compró, como si comprendiera sus intenciones.

 

"No vas a escapar", le dijo Otoya.

 

"No quiero escapar", respondió Rin.

 

"¿Ves? Te gusto"

 

Antes de que la prisión de este fenómeno se alargara más de lo deseado, Rin giró sobre sí mismo y disparó con la pierna izquierda con más fuerza de la necesaria, casi sobresaltando a Otoya por el ruidaje que produjo.



El balón cruzó el área, de hecho se estrelló bastante fuerte con una de las paredes de concreto, pero no rebotó. Se deslizó hasta el suelo y rodó un poco, nada más.

 

Karasu hizo un gesto a su equipo, para que baje el ritmo, mientras que a Otoya le hizo uno distinto, para que dejara de bromear así.

 

Otoya no tenía la culpa de que fuera tan fácil meterse con Rin.



[73:23]



«Pelo Teñido» arrancó por el costado, burlándose de la presión del rival. Kiyora decidió que era divertido, así que lo acompañó, «Tatuajes» suspiró desde la distancia.

 

Rin levantó la vista ligeramente, el espacio estaba abierto. Bueno, no perdía nada.

 

Pasó el balón.

 

«Moe» lo recibió al borde del área, para su mala suerte, al instante tuvo a Karasu encima, cerrándole el paso. Pero el chico más pequeño no vio problema con esto, pensó en frío su próximo movimiento y como sacarse a Karasu de encima.

 

Aunque de apariencia frágil, «Moe» no tuvo problemas en girar su cuerpo y dar un poderoso pase con la pierna derecha. El balón regresó a Rin como si fuera su estado natural.

 

"No me gusta que me toquen", comentó «Moe» con tranquilidad cuando Karasu se le despegó con rapidez.

 

Karasu soltó una carcajada.

 

Rin no esperó a que alguien se terminara de acercar antes de patear con fuerza. El golpe sonó seco, brutal, y voló rápidamente a la arquería.

 

Los guantes del arquero apenas rozaron el balón.



[74:10]

GOL!!!

3 - 2

 

 

Rin no celebró, no vio el motivo de hacerlo. Se secó el sudor de la frente y bajó la cabeza, respirando como si acabara de despertar.

 

Detrás de él, «Moe» apoyó las manos en las rodillas, soltando un suspiro.

 

Kiyora cayó de espaldas, "Al fin, maldita sea"

 

"Buen trabajo", animó «Tatuajes».

 

Kurona casi se ve aplastado por la emoción de «Pelo Teñido».



 

De hecho, no eran los únicos emocionados por el gol de Rin.

 

Atsushi no podía dejar de aplaudir en la sala de monitores, por más que Ego le dijera que pare, aunque con ese tono monótono y plano no lo tomaba en serio.

 

Anshi! ¡Anshi! ¡Papá hizo gol!" exclamaba el niño.

 

"Sí, sí, lo vi", Anri le sonreía.

 

Ego mantuvo el rostro neutro, pensando en como callar al mocoso sin que se viera muy brusco.

 



[78:59]



Karasu se adelantó.

 

Sus piernas dolían, su pecho ardía, pero su cabeza seguía intentando describir una jugada, el siguiente punto que al menos los llevara a un empate. Su compañero le devolvió el balón;

 

Rin mantenía los ojos fijos en Karasu, siguiendo su movimiento con la respiración pesada.

 

El reloj pareció avanzar lentamente cuando Karasu levantó el balón, la emoción fría corrió por las venas de Otoya, quien comenzó a correr y a prepararse para recibir ese pase.

 

«Pulpo» lo vio venir, preparándose para el impacto.

 

Otoya dio su mejor tiro, directo a la esquina derecha, «Pulpo» notó el ligero descenso de la pelota y extendió la mano enguantada, alejando exitosamente a la pelota.

 

El balón rodó por el área, y «Pelo Punta» lo despejó con una patada que sonó como un cañonazo.

 

"A la próxima dejame anotar", sugiere Otoya.

 

"Ganatelo", despide «Pulpo».



[81:10]



Rin caminaba unos pasos detrás de la línea, los brazos le colgaban pesadamente. Su pecho subía y bajaba con violencia, sentía su sangre corriendo rápidamente en sus oídos, aturdiendo.

 

Necesitaba un buen baño para despejarse, comer algo, quizás dormir. Y luego practicar, porque carajo, sí que estaba oxidado.

 

Karasu tomó el balón, él no estaba mucho mejor que Rin, solo ligeramente más lúcido. 

 

Otoya se movió por detrás de todos, Karasu lo vio y no dudó en pasarle la pelota.

 

El balón viajó con la suavidad de una serpiente.

 

Otoya lo recibió sin mirar, con tranquilidad, como si su cuerpo no se tensara de esa forma deliciosa que lo hacía sentir vivo. Si aún podía moverse, entonces aún podía marcar.

 

Rin lo interceptó a medio camino; cuando Otoya intentó girar, Rin también lo hizo, ahora era Rin quien se pegaba como una sombra molesta. Otoya no dio ningún indicio de sentirse molesto ni nada, Rin sí se sintió molesto.

 

Otoya ganó la pelota por un solo segundo y eso fue suficiente. Aprovechó y, usando toda su fuerza, disparó.

 

La pelota golpeó el poste, Otoya suspiró, decepcionado.

 

«Pelo Punta» la despejó sin dirección, solo por instinto.

 

El balón cruzó el campo entero.



[85:00]




El reloj acababa de marcar ochenta y cinco minutos, el tiempo que ambos equipos habían estado esperando, aunque con diferentes expectativas. A tan solo cinco infames minutos de terminar el primer partido de esta prisión de fútbol, ya se podía sentir el cansancio.

 

Karasu levantó la cabeza, cerrando los ojos ante la luz blanca y artificial, respirando hondo para aliviar un poco la adrenalina que atosigaba a su corazón.

 

Otoya lo miró.

 

"¿Uno más?", preguntó, una leve sonrisa se notó en sus rasgos.

 

Karasu bajó la cabeza, mirando al suelo, antes de volver su vista azulada a Otoya, con una sonrisa cansada.

 

"Uno más" respondió.



[86:00]



Karasu avanzó, sus movimientos firmes no delataban el cansancio que lo incitaba a tirarse al suelo ahí mismo.

 

Otoya se filtró entre «Ojos Graciosos» y «Ohime-sama», casi se sintió como un dejá vú de lo que fue el inicio del partido. Recibió con gracia el pase de Karasu y espantó a «Pulpo» con una facilidad temible.

 

El arquero no tuvo tiempo de pensar antes de lanzarse a atajar, con la mente nublada por el cansancio, no se estaba arriesgando a confiar en su instinto. Quería ganar, antes que dejarse engañar.

 

Otoya disparó, usando toda la fuerza que pudo reunir, y la pelota chocó contra el pecho de «Pulpo». El chico soltó un jadeo por el contacto, un golpe seco que pronto rebotó y salió rodando, «Pulpo» se echó para atrás por la fuerza.

 

«Pulpo» se incorporó, respirando pesadamente.

 

"¡Mierda! ¿Estás bien, amigo?", gritó «Pelo de punta».

 

"¡¿Te parece bien?!", gritó «Ohime-sama», "Malditas bestias"

 

«Pulpo», sobando su pecho, y «Ojos graciosos» lo miraron con rostro apático.



[87:00]



La pelota cayó en los pies de «Moe».

 

El chico levantó la cabeza, vio a Rin y, sin dudar, soltó el pase.

 

Rin corrió y, como lo esperaba, como una muy fiel sombra, Otoya lo estaba siguiendo muy de cerca para quitarle el balón.

 

Pero teniendo el tiempo contado, Rin ya no estaba de humor para juegos, así que sin pensarlo amagó a la derecha. Otoya debía estar igual de desesperado, ya que cayó en la finta sin dudarlo.

 

Rin disparó.

 

El balón voló bajo, tan silencioso como una puñalada por la espalda. El arquero rival apenas lo vio pasar.



[88:00]

GOL!!!

4 - 2



«Pulpo» cayó al suelo, derribado por «Ohime-sama» y «Ojos graciosos». Aunque tenía dos pesos enormes encima, «Pulpo» sentía que acababa de ser aplastado por un enorme alivio.

 

«Pelo Teñido» se acercó y abrazó a «Moe», quien se quedó quieto e incómodo, y a Kurona. Al intentar girarlos a ambos en el aire, cayeron.

 

«Megane» fue derribado una vez más por «Pelo de punta», que gritaba emocionado, por lo que todavía no entiende como no lo vio venir.

 

«Tatuajes» le acarició el cabello a Kiyora fuertemente, que no se quejó ni se quitó, pero tampoco le gustó.

 

Rin se quedó quieto, respirando pesadamente, con el pecho ardiendo y su corazón golpeando sus costillas como si fuera a escapar.

 

Se sentía tan vivo en este maldito momento.

 

Del otro lado, Karasu caminó hasta el centro, justo hasta Otoya.

 

"Lo hiciste bien" dijo Karasu, con una sonrisa de medio lado.

 

"Lo hicimos increíble", recalcó Otoya.

 

Quedando solo dos minutos para el final del partido, todo parecía imposible, pero ¿Quién no creía en un milagro?

 

 

[89:00]



El balón rodó otra vez.

 

Nada era imposible, y sin embargo se sentía el aire derrotado. Esta vez, se sintió más como un juego infantil, algo simplemente divertido como si no fuera a definir su futuro en el fútbol.

 

Otoya tenía el balón bajo su pie, observando con calma. Karasu a su izquierda, completamente tranquilo. Rin se paró frente a ellos.

 

Ambos se lanzaron a Rin, y sin embargo, Karasu ocupó toda su atención; el único segundo en el que Rin tardó en darse cuenta de que era una trampa, fue todo lo que necesitó Otoya para desaparecerse.

 

El silbido de un disparo viajando por el viento resonó, Rin desvió la mirada para ver la trayectoria.

 

«Pulpo» se levantó lo más rápido que pudo, aunque rápidamente se quedó quieto al notar algo.

 

El balón subió, subió, y golpeó el travesaño.

 

[90:00]

FIN DEL PARTIDO

4 - 2

TEAM V WINS!!!



 

Atsushi se levantó, parado en las huesudas piernas de Ego, que murmuraba “maldito malcriado”, mientras trataba de mantenerlo quieto.

 

"¡Metió gol! ¡Ota ves! ¡Papá es genial!"

 

"Y no solo eso, también ganó", le informa Anri.

 

"¡¿Ganó?!", chilló.

 

"Sí, sí. Maldita sea, quédate quieto", murmura Ego.

 

Atsushi se dio la vuelta para mirar a Ego con una brillante sonrisa, el hombre tuvo que entrecerrar los ojos. "¡Papá ganó! ¡Es inqueibe!"

 

"Se dice increíble, niño", Ego suspira, “Sí, sí. Lo vi"

 

Ego mira a la pantalla un momento y luego mira al niño. "¿No quieres ser igual a tu papá?"

 

Atsushi jadea y se tapa la boca sorprendido. "¿Puedo?"

 

La sonrisa de Ego se extiende. "Por supuesto"

 

Antes de que Ego pueda seguir envenenado la mente del niño para convencerlo de que juegue al fútbol, Anri levanta a Atsushi.

 

"Te llevaré con tu papá, Atsushi-kun"

 

"¡Síiiii!", el niño se emociona a la hora de extender sus brazos hacia Anri.

 

La mujer levantó al niño y salieron de la sala de monitores.








Rin esperó a que sus compañeros se ducharan antes de hacerlo él mismo, mientras esperaba se descomprimió y se relajó en el banco.

 

Inhaló y exhaló, contento de que por fin acabara el partido.

 

No fue su mejor partido, estaba seguro de que podía anotar más, de hecho pudo haber anotado los cuatro goles él solo.

 

Estaba seguro de que si alguien leyera sus pensamientos, podría regañarlo por ser tan duro consigo mismo.

 

Pero es verdad.

 

Incluso cuando llegó su turno de ducharse, siguió pensando que debería hacerlo mejor el próximo partido. Tiene que ser el mejor, demostrar que no quedó atrás.

 

Se vistió con pereza, los músculos relajados le indujeron sueño. Apenas ponía un pie fuera del baño cuando escuchó un grito.

 

"¡Papá!"

 

Eso lo desperezó por completo.

 

Se dió la vuelta en dirección a dónde venía el sonido, justo a tiempo para ver a Atsushi corriendo hacia él. Rin contuvo la respiración, esperando que no cayera, hasta que llegó a él sano y salvo.

 

Atsushi le extendió los brazos y Rin lo cargó con gusto.

 

Sin querer, pensó en que cuando Atsushi dejara de caber en sus brazos, ya no podría cargarlo. Será un día difícil para ambos, pero eso es problema del Rin del futuro.

 

"¡Ganaste! ¡Te vi po’ la tele! ¡Edes famoso!", exclamaba el niño.

 

Rin parpadeó.

 

Anri se acercó rápidamente.

 

"Ha… ha… que rápido corre", se ríe Anri, sin aire.

 

"Sí, es escapista", respondió, restándole importancia. "¿Dijo que me vio por la tele?"

 

"¡Así es! Por la sala de monitores. Bueno, no la común, la oficina de Ego, en realidad"

 

Ay, ese esquelético. Ya le arruinó el buen humor.

 

"¡Mami es un billa billa!"

 

Ya se mejoró.

 

"Una estrella", corrige Rin, antes de besarle la frente.

 

"¡Sí!"

 

"Gracias por cuidarlo, Anri-san"

 

"No hay de qué, siempre es un gusto"

 

Y Anri piensa que seguramente Ego le agarre gusto… Cree.

 

Habiéndose despedido, Rin se da la vuelta, dejando que Atsushi se despida de Anri por sobre su hombro.






Más tarde, Rin se dirigió al comedor para cenar.

 

Atsushi no había dejado de sonreír desde que volvió a su lado y no quería que Rin lo baje por ningún motivo. Rin tampoco quería bajarlo, así que era casi un acuerdo mutuo.

 

Lo único malo es que Atsushi ahora podía esconderse si no quería comer sus malditas verduras.

 

"Vamos, Sushi, solo una", Rin le extendió un pedazo de brócoli.

 

"¡No!", Atsushi escondió la cara en el pecho de Rin.

 

"Una mordida, vamos"

 

"¡Noo!", se escondió más.

 

Rin cerró los ojos y suspiró.

 

"A veces hay que escoger tus batallas", comentó una voz conocida.

 

Debe estar alucinando por el cansancio, ya que no hay forma de que Otoya le haya hablado.

 

Abriendo los ojos, se encontró con el dúo molesto de más temprano. Dios no estaba de su lado, al menos no ahora, quizás se aburrió de acompañarlo durante el partido.

 

"¿Qué vas a saber?", respondió de mala gana.

 

"Tengo una hermana menor", señaló Otoya.

 

Rin pasó su mirada a Karasu.

 

"A mi no me mires, yo tengo una hermana mayor", se encogió de hombros.

 

Volviendo su mirada a Otoya, Rin le frunció el ceño. "No necesito tus tibios consejos, sé lo que hago"

 

Atsushi despegó la cara de la ropa de Rin cuando notó que su papá ya no le estaba prestando atención. Miró a su papá y luego a los extraños de enfrente.

 

"Hola niño, ¿Qué tal?", sonríe Karasu.

 

Los reconoció al instante.

 

"¡Son los perrdedores!", exclama Atsushi, señalando a ambos chicos, que quedaron paralizados al ser reconocidos de esa forma.

 

Rin se muerde fuertemente el labio para no sonreír, sin embargo hay una mirada burlona que les dirige sin ninguna pena al ver sus rostros ofendidos, por el claro adjetivo, y confundidos, por no saber si tomarlo a pecho pues se los dijo un niño.

 

No esperaba que la primera vez que intenta pronunciar la “R” fuera al humillar a alguien, pero serán los genes…

 

Bueno, mientras Atsushi no lo repita frente a la señora Itoshi, no ve ningún problema en que lo repita.

 

 

 

Notes:

yo: wow, 15k de palabras, quien lee esto?

mis betas: yo...

 

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NO ME MORÍ, SOLO NO QUERÍA EDITAR ESTE PARTIDO. o sea estuve a punto pero ... Ajá.

Dato híper random: una de mis películas favoritas de todos los tiempos es Dumbo (más que nada por la secuencia de los elefantes locos). Por eso el título es parte de la canción de mamá Jumbo, y si tuviera que describir la relación entre Atsushi y Rin seguramente sería la misma canción, “Hijo del corazón”.

Honestamente no sé si les ponga nombre a los compañeros de cuarto de Rin, sería puramente temporal porque cuando pasen a la segunda selección— pues los eliminan, que más?? 🫡🫡 Sí tienen rostros, muy específicos y por algo tienen esos sobrenombres, quizás los dibuje (ya están pero me falta darles color...)

No quiero sobrecargar esta historia con ocs (me encanta crearlos pero tengo miedo de abusar de esto en ese contexto)

Sooo... Ajá. Ese fue el primer partido que escribí, espero que no se sienta muy pesado de ninguna forma. Me mandé a pelo escribiendo esto💔💔💔 (no sé cómo le dirán en sus países a "lanzarse sin saber nada")
Creo que esa es una manera de decir que tendré que ponerme a jugar yo misma para entender el deporte...........

El siguiente capítulo será más chill porque sino lloraré..

si alguien de aquí me lee en español, conocen los tiktoks del profesor y el bebé Isaías? Personalmente creo que podrían ser Ego y Atsushi, me dan unas vibras muy así 😺😺 pero hay que ver..

Alguien esperaba a Otoya y Karasu como rivales? Porque lo tuve en la cabeza por un tiempo, pensé que eran perfectos para el puesto! No tengo mucho experiencia caracterizandolos, in fact, seguramente se siente raro, sientanse libres de corregirme en ese aspecto! 🫰🫰🫰

Ah, y ya tenemos como más 400 kudos??? De donde salieron todos ustedes?? Muchísimas gracias 😭😭😭

 

NOS VEMOS!! GRACIAS POR LEER!! 💙💙💙💙

Notes:

Así que... Rin preñado? Jaja