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Si alguien le pidiese a Jax que se describiera en una sola palabra, más allá de autodenominarse como un individuo gracioso por su arquetipo, él diría que es espontáneo. Podría considerarse como algo positivo, llamativo y ruidoso, que desde su perspectiva, le iba como anillo al dedo.
Le encantaba la adrenalina, vivir aventuras que lo llevaran al limite y tomar riesgos. A veces era imprudente, pero sabía como actuar, decidir en cortos lapsos de tiempo lo que debía hacer y determinar una ruta sobre la marcha le parecía alucinante. Su personalidad vibrante le provocaba ser el centro de atención, sin embargo, nunca fue bueno manteniendo el control.
Que su avatar fuese un cuadrúpedo considerado como una presa dentro del reino animal era hilarante. Todo su ser se sentía como una balanza. A comparación de otros humanos, agradecía que su cuerpo tuviera cierta normalidad. Era alto, poseía brazos largos y piernas fuertes con las que podía desplazarse fácilmente. Era extremadamente flexible, sus orejas y cola junto con su paleta de colores cálidos lo hacían no pasar desapercibido. Era agotador.
Detrás de todo ese espectáculo, también existía alguien que no era capaz de reconocerse así mismo. Jax no recordaba mucho de su vida fuera del plano digital, incluso ciertos periodos dentro de la carpa eran un borrón en su memoria. De manera ocasional podía perderse entre las palabras que rondaban a su alrededor. Como si un switch apaga todo su sistema.
Podían acusarlo de que se distraía con facilidad o que no se tomaba las cosas en serio, pero no era algo que hiciera de forma consiente. Trataba de mantenerse enfocado ante las indicaciones del maestro de ceremonias para las aventuras que planteaba día con día, así como con los reproches de sus compañeros. No estaba seguro de que era lo que desencadenaba aquellas lagunas, sólo tenía claro que estaba cansado.
Si quizás tuviese la capacidad de elegir que mantener y que omitir todo sería más sencillo hasta cierto punto. Si fuese más abierto, más honesto con el resto como consigo mismo, más simple, más ligero, quizás de esa forma avanzar no parecería una meta difícil. Solía decir en voz alta que nada de lo que vivían era real en un intento desesperado de convencerse de que la salida sí era una posibilidad o que la condena eterna no era tan mala. Le aterraba acercarse al vacío, pero anhelaba poder desaparecer. No entendía como es que estar cerca de un abstraído podía ser tan doloroso, pero experimentarlo en carne propia era tan relajante y apacible.
Nunca había estado tan cerca de conseguirlo como antes de que iniciara la estúpida aventura de escape y tampoco es algo que le haya confesado a alguien antes. Si ponía todo en perspectiva, quizás todo lo que le ocurría era su propio karma. Existía la posibilidad de que hubiese roto demasiados platos, hasta llegar al punto en que se quedara con una enorme deuda de por vida. Ni siquiera estaba seguro de si tenía derecho a pensar de esa manera, de callar la culpabilidad y tratar de darle paz al dolor que lo atormentaba.
Entendía que todos estaban atrapados en el mismo barco y que cada uno tenía su propia manera de asimilar la vida misma. Trataba de no involucrarse demasiado con el resto, mantenerlos lejos y propiciar el repudio hacia su persona era muchísimo más simple que tener que lidiar con la inestabilidad mental y emocional por ser abandonado y no conseguir llenar una expectativa. Aún así, realmente muy en el fondo, no deseaba que nadie sufriese en realidad.
El cambio de acontecimientos ocurrió demasiado rápido. En un principio, habían estado hablando en la cafetería mientras tomaban aperitivos sobre el origen de la IA que los atormentaba. Se sintió demasiado abrumado cuando la pieza de ajedrez comenzó a explicarles sobre como con ayuda de otros programadores, habían sido capaces de mejorar el prototipo de Caine y como este había diseñado el circo. Ofrecerse como distractor para la dentadura flotante habían sido una idea poco confiable pero funcionaba. Estaba demasiado nervioso, ni siquiera necesitaban respirar, pero sentía como el oxígeno se agotaba, sus pulmones se cerraban y todo su ser ardía.
Bastó un parpadeo para que se percatara de que estaba dentro de la boca de Caine. Las tontas habilidades de su cuerpo animado le permitían estirarse de forma cómica y molesta a la vez. El director de circo hablaba sobre la limpieza bucal y como parecía no tener nada entre sus dientes. No estaba seguro de que es lo que le había propuesto para llegar a ese punto, pero aquello era más fácil de sobrellevar que la evidente verdad de que siempre había sido una escoria. ¿No le había confesado en esa estúpida cita lo mucho que deseaba ser devorado? Otra idea suicida que esperaba poder llevarse a la tumba.
La estática revoloteó a su alrededor. Volvió a despertar para ver como el resto del elenco había llegado a su lado. Los otros personajes le habían preguntado a Caine si estaba listo para escuchar una jodida lista de razones por lo cual lo amaban. Desde el inicio estaba previsto que fallarían. No le sorprendió que la IA declinara su petición y que por el contrario, optara por seguir torturándolos. Después de todo, bien se los había dicho Caine, ¿quienes eran ellos para negarse a participar en las aventuras? ¿Desde cuando es que ellos creían poseer el control que lo que ocurría en el medio digital? Lo más sensato y razonable es que participaran de forma activa y sin rechistar. Recordaba a Zooble diciéndole que Caine sólo los trataba bien porque le caían bien. Cuanta razón en las palabras para un individuo sin boca. Si le cuestionara si aun seguía creyendo eso, ¿Zooble reiría? No es algo que quisiese descubrir en realidad.
Pomni se había unido poco después. Su rostro serio y la mirada molesta no le daban un buen presentimiento. La falsedad no duró demasiado, ya que Caine había concluido rápidamente la extrañeza de sus acciones. Estaba listo para chasquear los dedos e invocar a Kinger, sin embargo, el bufón había comenzado a gritarle. Esperaba escuchar el montón de bocinas y chillidos silenciando las malas palabras que saldrían de su boca, sin embargo, Pomni se había inclinado más por las fibras sensibles de la IA.
Llamar a Caine como alguien egoísta podría ser un poco desalmado, después de todo, no era más que un programa siguiendo indicaciones. No tuvo más remedio que apoyar al resto cuando estos empezaron a arremeter contra la dentadura. Replicas sobre cómo la IA no podía ser un Dios con un ego tan frágil, que no los hacía sentir en casa ni decidir sobre lo que querían hacer, y que sobre todo, como las mentiras y la falta de responsabilidad afectiva lo llevarían a quedarse solo lo rompió. ¿No estaban sólo reflejando sus inseguridades en Caine?
No podía culpar al director de circo por colapsar. Otro parpadeo bastó para que su alrededor volviese a cambiar. Los colores llamativos de la carpa fueron opacándose poco a poco, múltiples brazos brotaron del cuerpo de Caine para sujetar y mantener alejado a cada humano. Quizás este era el instante en que morirían de una vez por todas. Jax sintió como su cuerpo abandonaba el suelo y era lanzado contra un gran cubo de plástico, al levantar la vista, pudo notar como sus compañeros desaparecían poco a poco bajo los puños de Caine. Una gran mano con un guante blanco se posó sobre su cuerpo hasta cubrirlo por completo.
Se sentía mareado, la bilis subiendo por su esófago le quemaba la garganta. Notó como su cuerpo no podía dejar de temblar. Miro a su alrededor en un intento desesperado de encontrar alguna salida. Intentó levantarse pero sus piernas no respondían de forma adecuada. Poco después, se percató de las sombras que se acercaban por su espalda. Un sudor frío bajó por su sien, sus orejas se movieron de forma nerviosa al detectar el horrible sonido que resonada a su alrededor. Trató de mantener su mirada al frente, sin embargo, aquellas siluetas terminaron acercándose sigilosamente mientras lo rodeaban. Estaba seguro de que un foco rojo se había encendido en su cabeza, sus orejas dolían de lo fuerte que resonaban las risas de aquellos seres amorfos. Su cuerpo estaba congelado, la tierra parecía tragarse sus extremidades, sabía que debía correr y buscar un lugar seguro. Lo que sea que estuviese planeando Caine no terminaría bien.
No podría decir con claridad si odiaba el contacto físico, pero le causaba cierta incomodidad al no estar acostumbrado a ello. Sintió un par de brazos sujetándolo por cada extremo. Otra mano se posó sobre uno de sus hombros mientras que otra le sujetaba las orejas con fuerza. Aquella bestia tiro de su cabeza sin cuidado. Todo ocurrió demasiado rápido.
Nunca entendería el proceso de la abstracción. Desconocía si el sótano era un sitio sin retorno y si aquel estado implicaba el fin de un camino. Ciertamente no sabía cómo disculparse con un muerto. Las aventuras de Caine solían estar acompañadas de cierto grado de realismo, por lo que el daño físico podía ser más grave en casos específicos. Bastaba con un chasqueo para que la IA reiniciara sus avatares y la sensación de dolor desapareciera de sus nervios, aunque puede que aquello no fuese suficiente en ese momento.
La poca visibilidad que poseía fue perdiéndose poco a poco. Podría jurar que le estaban cubriendo los ojos, aunque no sentía ningún peso sobre su rostro. Las risas habían sido reemplazadas por gritos desgarradores, ¿era esa su propia voz? Las lagrimas bajaban por sus mejillas mientras aun trataba de liberarse sin éxito. Un desgarro fue suficiente para que volviera a desconectarse del medio por un instante. No podía ver y las risas parecían haberse alejado. No tenía sentido, ya que aun sentía el peso de aquellas manos extrañas jalando de sus extremidades. Trató de gritar sorpresivamente cuando su cuerpo había sido lanzado al suelo. Sintió un frío alucinante en su cuerpo. Intento cubrirse desesperadamente sólo para dimensionar que su cuerpo estaba desnudo de la parte superior.
El overol estaba roto, caía sin cuidado por su hombro izquierdo, pero había un mayor peso en su espalda. Se pasó una mano sobre la cabeza sin encontrar sus características orejas. Hubo un temblor bajo sus pies. Su cuerpo había sido lanzado de nuevo con agresividad. La oscuridad nunca lo abandonó, pero podía escuchar otros gritos a lo lejos. Aquella sensación podía describirse como si estuviese sumergido debajo del agua. Intentó levantarse pero un choque eléctrico le recorrió la columna vertebral, por lo que volvió a colapsar en el suelo frío.
“¡¿Qué mierda acaba de pasar?!” Una pregunta estúpida. Desde su punto de vista, estaban siendo castigados por sus acciones, después de todo, nadie que estuviese atrapado dentro del asombroso circo digital era un santo.
“¡No puedo moverme!” Era una tragedia, pero al menos tendrían algo que compartir. Imaginaba que colgaban un letrero en la sala común que dijera algo al estilo de ¡Bienvenido al club de los congelados digitales! ¡Gana quien sea el primero en moverse por medio de un comando!
“Creo que accidentalmente mate a Caine”
Aquellas palabras hicieron que el silencio reinara a su alrededor. Realmente deseaba que todo fuera una estúpida aventura, después de todo, había tenido razón en su predicción respecto al fallido escape, con Caine declarando que estaba orgulloso de ellos por haber elegido quedarse a su lado en la carpa en lugar de seguir buscando una forma de salir. Suspiró cansado, quería irse a su habitación y dormir por el resto de su vida. Por un momento había olvidado que su movilidad era reducida. Sintió un par de golpes en su espalda, lo cual lo hizo retorcerse de dolor.
“¡Lo siento! ¡No quería lastimarte!”
“¿Ese es Jax?”
“¿Qué carajo te hizo Caine?”
Demasiadas preguntas en poco tiempo lo trajeron de regreso a la realidad. Su cabeza comenzaba a doler. Podía sentir como el pelaje de sus piernas se erizaba en señal de alerta. Puede que haya sido la adrenalina que se acumulaba en su sistema que parecía burbujear desde lo más profundo de su ser, pero consiguió ponerse de pie. Miro a su alrededor, sin vislumbrar nada más que oscuridad. Los sonidos parecían seguir amortiguados, al igual que la brisa que bailaba por sus extremidades superiores le provocaba una ligera picazón.
Se llevó ambas manos hacia el rostro. Juraría que las lagrimas se acumulaban en sus ojos para dar paso a lagrimas saladas que bajaban por sus mejillas. Cada movimiento y roce le hacía sentir que se rompía literalmente. Realmente lo había jodido en grande.
“¡Jax! ¡Tienes que parar!” Un cuerpo más pequeño rodeó su torso. “¡Te estas lastimando!”
Una clase de quejido salió de su boca, pero no consiguió separar sus labios. El miedo y el enojo se mezclaban de manera agria en su estomago. La impotencia amenazaba con hacer que perdiese el control. Desde otro punto de vista, lidiar con las aventuras de la IA y sus delirios de grandeza no parecía tan malo como su estado actual. Sintió como tiraban su cuerpo hacia abajo, por lo que se dejó caer sin cuidado en el suelo. Después de que lo soltasen, una mano se posó sobre una de sus rodillas mientras la apretaba ligeramente, como si tratasen de calmarlo o que estuviese enterado de que no estaba solo.
Si se concentraba lo suficiente podía descifrar lo que el resto de personajes animados decía a su alrededor.
“Entonces, ¿qué vamos a hacer ahora?” Ese tono molesto era claramente de la muñeca de trapo. “Ni siquiera parece que este sea un sitio seguro ahora”
“Deberíamos ver que tan grave estamos” La mano que sujetaba su pierna parecía temblar. “No creo que podamos hacer mucho ahora mismo”
Un bufido salió de lo que fuera que tuviese por boca.
“El sentimiento es mutuo” La caja de piezas de colores pareció reír ligeramente ante su postura. “Realmente necesito arreglar esta mierda”
Kinger volvió a explicarles que todos poseían la capacidad de conjurar como lo hacía Caine, sin embargo, con el estado actual del circo, desconocía los limites de cada uno. Parecía que con tener en mente alguna cosa, sin importar que no fuese algo tangible, podrían hacerlo posible. Aunque claro, decirlo era mucho más fácil que hacerlo.
El desliz contra el suelo le indicó que el resto del elenco había comenzado a moverse. Supuso que debían estar en un estado similar al suyo, quizás no tan deplorable si aun mantenían todos sus sentidos. Una manó le sujetó el brazo izquierdo por lo que no pudo evitar agitarse ligeramente.
“Lo siento, ¿puedes levantarte?” Así que era el bufón quien se había mantenido cerca antes. “¿Debería llamar a alguien más?”
Mantuvo su rostro en la dirección donde suponía que ella estaba y negó con el rostro. “De acuerdo… lo haremos a la cuenta de tres”
Pomni inició la cuenta regresiva. Jax buscó a tientas el cuerpo del bufón, quien se limitó a sujetarle ambas manos. Al ponerse de pie, el conejo volvió a sentir una ligera picazón en su columna, sin embargo el movimiento en sus piernas no era un problema. A pesar de carecer de facciones, puede que la molestia o vergüenza hayan estado presentes en su rostro. Escuchó ligeramente como Pomni le explicaba que se moverían a un sitio más privado, por lo que sólo asintió.
Caminaron despacio por un rato. Poco a poco las voces fueron desapareciendo y la duda volvía a hacerle cosquillas en la nuca. Pomni caminaba frente a él mientras le sujetaba ambas manos. Un click le indicó la apertura de una puerta. “Esta un poco desordenada pero nadie nos molestará aquí”
El bufón le preguntó si la luz le molestaba, aunque la risa nerviosa que dejó ir después fue la señal suficiente de que realmente no tenía idea de la magnitud de su estado. “¿Sigues molesto conmigo? Nunca habías estado tan callado”
Una de las piernas de Jax chocó con lo que podría ser el colchón de la cama de Pomni. Se agachó despacio mientras liberaba una de sus manos del agarre del bufón. Tocó la suavidad de la tela y con ayuda de Pomni pudo sentarse en la orilla de la cama. Ella lo soltó. El hundimiento del colchón en su costado le indicó que Pomni se había subido a la cama.
“¿Puedes hablar?” Jax volvió a negar. Sintió las palmas de Pomni contra su rostro. Se inclinó hacia adelante mientras la empujaba. “¡Lo siento! ¡Fue mi error!”
Más que una incomodidad por tener a alguien tocándolo sin su consentimiento, el rose contra su piel era doloroso. La mueca en su rostro lo había delatado.
“¿Te duele si te tocan?” Está vez Jax asintió. El silencio pareció alarmarlo, por lo que comenzó a agitar sus piernas contra el suelo en un intento de regularse.
“¿Realmente puedes ver algo?” Una negación más. “Mierda… al menos aún escuchas, ¿no?”
Jax hizo un ademan tratando de decirle que también era algo limitado.
“Tu piel… ¿crees que deberíamos tratar de ponerla en su sitio?” El conejo levanto sus hombros.
Pomni habló despacio y de forma clara. Le había indicado que se quedara quieto mientras ella trataba de colocarle el pelaje contra su cuerpo. Jax volvió a sentir el tirón de la piel que colgaba contra su espalda. Volvió a desconectarse cuando las manos de Pomni se envolvieron contra su cuerpo y extremidades. El pelaje parecía pegarse contra su musculatura, sin embargo, al llegar a su cabeza, no sucedió lo mismo. Su dolor se había disparado ante el intento desesperado del bufón acomodando sus facciones y como su piel rosaba de forma molesta contra su cabeza. En un arranque volvió a sacarse la piel del rostro, dejándola colgar contra su cuello.
“¡Está bien! ¡Es suficiente!” Pomni le quitó las manos del rostro. “No puedo aguantarlo más”
Su voz estaba quebrada. Los bufidos que salían de la garganta de Jax sería lo más cercano que podría escuchar de su propia voz. Le picaba el rostro por las lagrimas que bajaban por sus mejillas. Pomni acarició su cuello, bajando por su pecho mientras separaba ligeramente la piel de su torso. “Todo va a estar bien… vas a estar bien”
Jax no podía ver la cara del bufón, pero podría jurar que los rehiletes de sus ojos habían sido reemplazados por esas líneas confusas que parecían no llevar a ningún camino. Nunca había sido un fiel creyente en deidades o divinidades, pero realmente deseaba que alguien escuchase las plegarias del bufón. Ya fuera que sus palabras estuviesen encaminadas hacia terceros o así misma, después de todo, una vez que alguien tocaba fondo, lo único que quedaba era salir de ahí.
