Chapter Text
Tercera parte, antes.
3. La vez en que Draco Malfoy tuvo una buena fama.
Desde ese momento, Draco estaba en la mira de la profesora Septima. Y era una verdadera molestia. Todo el tiempo lo observaba y en clase le usaba de ejemplo para todo, esperando más equivocaciones de su parte. Afortunadamente hasta el momento, ninguno había ocurrido. Sin embargo, tenía la certeza que no todo le iba a salir así de bien por siempre. En algún momento, más temprano que tarde, mostrará lo difícil que realmente le resulta la materia y sus calificaciones no tardarán en irse en picada.
Así que sabía que debía estudiar, hacer sus deberes por él mismo y esforzarse de nuevo. El tiempo de descanso para él había terminado. Se puso manos a la obra, se sentó en la mesa de siempre y comenzó. Miró con gesto aburrido los problemas que Pansy había hecho para él y las ecuaciones que no tenían sentido, completó algunas cosas que pensó que podrían estar bien, o podrían verse bien, y se enfureció tratando de descubrir el resto. Pero los chicos de años anteriores gritaban y reían de cosas tontas, disfrutando de su noche de sábado como a él le gustaría hacer, y de pronto, le dolía la cabeza diez minutos después.
Pansy se había ofrecido a enseñarle todo lo que sabía y los trucos que había aprendido por sí misma, pero se negó rotundamente. Porque Draco Malfoy siempre había sido así. Desde pequeño había aprendido a ser totalmente independiente y eso no cambió a lo largo de los años. Era algo suyo y no permitiría que problemas de Aritmancia estúpidos e inecesarios le quitaran eso. Era por ello que no estaba listo para cambiarlo de ninguna manera. O quizás, y tan sólo quizás, el asunto se reducía en algo más allá que un simple hábito. También tendría que ver el hecho de que de ese modo jamás tendría que esperar nada de nadie: sin decepciones, sin nada de lo que pudiera lamentarse. Y si había algo, si había algo que le molestara durante las noches antes de ir a la cama y urgara su mente a tal punto de volverlo loco, sabría que aquello era culpa suya y aceptaría el error. Encontraría por sus propios méritos una solución y lo resolvería solo, entonces seguiría con su vida y no cargaría en los hombros las equivocaciones ajenas y los errores humanos. Menos peso muerto que sostener, absolutamente nada amarrado de su tobillo o atando sus manos.
Aunque si le preguntaran a él, Draco sonreiría irónicamente y negaría con la cabeza entera, moviéndola de lado a lado al menos cinco veces, con sus mechones rubios platinados balanceándose sobre su nuca. Posiblemente escondería sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón de vestir y diría algún vago argumento bien formulado expresando su preocupación por desperdiciar el tiempo de los demás y arrastrarlos a sus problemas. Pero eso no sería verdad, porque así no es él. Porque él, el chico que prefiere mantener sus cosas en reservado, siempre ha sido lo suficientemente egoísta como para preocuparse de algo tan absurdo. Tan ajeno a él. Y no es que el chico fuera una mala persona en la que no se puede confiar. Draco sólo era brutalmente honesto y las personas aún no estaban preparadas para escuchar lo que sus labios estaban a punto de decir y prefería callar, (algunas veces con muy poco éxito). Sabía que debía controlarse, sabía que debía controlar sus pensamientos negativos y su filosa lengua, gustosa del veneno que escurría por sus labios y enfermaba a los demás.
Sabía desde sus años más blandos, que debía aprender a hacerlo.
Pero, él no era así.
Es por ello que levantó sus libros, pergaminos y plumas en total silencio, dispuesto a seguir intentando estudiar por su cuenta. Salió de la sala común sin dar más explicaciones que un escueto "Voy a la biblioteca, el ruido que hacen aquí me está colmando la paciencia" cuando Pansy se interpuso en su camino.
Lamentablemente ella no fue la única, luego de salir del laberinto de pasillos en las mazmorras, Neville Longbottom bloqueó el camino. Estaba inclinando en el suelo frío de piedra, la cabeza recargada contra la pared. Cuando escuchó los pasos de Draco resonando por el corredor, él se movió, con sus ojos fijos en su forma.
—M-Malfoy, hola—tartamudeó, intentando sonar amigable.
—¿Perdido de nuevo, perdedor?
—N-No, en realidad. Sabes... Hermione dijo q-que la salvaste de ser expulsada de Hogwarts—balbucea sin más remedio. Y Draco se siente irritado casi de pronto—, ¿es cierto?
—Por supuesto que sí, ¿crees que si no fuera cierto dejaría que la sangre sucia ande diciendo cosas como esa a todo el mundo?
—B-Bueno, no... no lo sé.
—¿Es que jamás dejas de tartamudear? Por Salazar—suspiró, golpeando su frente con la palma de su mano y arrastrándola por el resto de su rostro.
—Lo... Lo siento, no quería molestar—murmuró Neville con la voz quebrada, viendo hacia el rubio con ojos de cachorro triste. ¿Por qué todos tenían que mirarlo así? Dios santísimo—. Creo q-que es genial lo que hi-hiciste por ella.
Draco asintió lentamente sin saber como manejar esa situación, huyendo del niño cuanto antes. Y sin más retardos subió hasta el cuarto piso, adentrándose a la biblioteca de inmediato.
—¡Draco!—Theodore Nott le saluda con especial emoción, tal y como todas las veces en las que se cruza con él. Aunque Draco tiene el presentimiento de que no lo hace de buena fé:— buenos días. ¿Qué quieres leer hoy?
—¿Qué haces en el lugar de la señora Pince?—respondió el rubio, ajustando su agarre con los libros y pergaminos a punto de resbalarse para que Nott pueda notarlo. Cuando lo hace, sale detrás del escritorio de la bibliotecaria y lo ayuda a llevarlo todo hasta la mesa más cercana.
—Estoy ayudando a mantener el orden en la biblioteca desde que la señora Pince se rompió la cadera—se rió después de comentarlo, arreglando su cabello con una de sus manos libres—, para ser sincero, tuve algo que ver con eso. Y este es mi castigo por ello.
—Hmm—vaciló Draco. Conocer los problemas de Theodore Nott en esos momentos ni nunca han sido su prioridad, pero sabe que sería mucho pedir que Nott le dé una respuesta breve—, lástima.
—Sí...—volvió a reír. Y Draco habría esperado que para ese momento, el chico se habría esfumado. Ese no fue el caso. Theo se mantuvo plantado en los pisos de madera y la sonrisa encantadora extendida en su rostro, con el rubio sintiendo la molestia burbujear en su vientre. Menos mal, Draco había estado aprendiendo a controlar su ira— Lo que hiciste por Granger fue sorpresivo... Todo Hogwarts esta hablando de eso, totalmente sorprendente. Supongo que debajo de toda esa fachada debe haber un buen corazón, ¿eh?
Draco se contuvo de bufar.
—Nott.
—¿Sí?
—Quiero leer.
—Ah, sí. Claro—jadeó el chico, sacudiendo la cabeza de lado a lado para desaparecer el sonrojo que había empezado a colorear sus mejillas. Aunque Draco no sabía decir la causa exacta por ello—: ¿Qué estás buscando?
—Aritmancia avanzada.
—Genial, ¿sabes qué? Déjame ayudarte, ¡yo mismo te buscaré uno!—se ofrece casi al instante.
A simple vista, Theodore luce genuinamente amable: cálido, agradable y reconfortante, como todo en su persona. Pero Draco nunca se ha fiado de él ni un minuto, y no es que el chico muestre un defecto en especial que lo haga insistir en que sólo se trata de una fachada. Sólo tiene el presentimiento de que su madre está deseosa por casarlos desde que supo la inclinación de su primogénito. Theo es un chico guapo, podría decir. Blanquísimo como las perlas, aunque en esos momentos había optado un look mucho más bronceado que su tono natural. Cuando hablaban, siempre tenía una sonrisa enorme entre sus carnosos labios rosas. Ojos grandes y hermosos, como gemas, enmarcados por una hilera de pestañas tupídas. Siempre le había tratado como un igual, y cuando eran más inmaduros, incluso habían hecho algún par de bromas juntos. Granger era su blanco favorito. Definitivamente no era tan unido como lo era con Blaise, pero al final no importaba. Draco sólo confiaba totalmente en Pansy y ella en él.
—No, no—dice Draco al darse cuenta que lo había pensado demasiado, casi amable—, yo lo hago. No te apures. Gracias.
—Muy bien. Sabes donde encontrarme.
—Sí, claro—masculló tan bajo como su voz se lo permitía, suspirando con cansancio. La energía de Theodore le agotaba con sólo verla. Así que prefirió concentrarse en sus pergaminos unos momentos para saber exactamente qué buscar.
Rascó su nuca sin entender nada sobre el pergamino y volvió a intentar. Era tan frustante. Podía sentir la ira surgir de sólo pensar en que tenía que encontrar el modo de resolver algo como eso. Y cuando escuchó que la silla a un lado suyo raspar contra el piso al ser arrastrada, casi le grita a Nott que deje de molestar.
—Hola—el cambio en el tono de voz lo detuvo y lo dejó sin habla, porque Draco podría reconocer esa voz donde fuera. Alzó la vista de su pergamino y entonces prestó atención al chico frente a sus ojos.
—Potter...—dijo, siendo lo único que podía decir en un momento así. Él y el chico que vivió nunca habían entablado una conversación sin que llevara golpes o insultos de por medio, y ciertamente verlo acercarse a él como si las represalias hubieran desaparecido de un día para el otro en verdad lo dejaba sin habla.
—Ese es mi nombre—comentó al aire, riendo de forma en que su voz lucía aterciopelada. Así que Draco se vió obligado a poner los ojos en blanco por ello.
—¿Puedo ayudarte en algo?—preguntó Draco con impaciencia, reprimiendo exitosamente un insulto. Podría haberlo corrido entonces, pero en esos momentos, no buscaba problemas. Tan sólo quería comprender la mierda escrita por Pansy en el pergamino, resolverla e irse a la cama temprano.
—Escuché lo que hiciste por Hermione la otra vez...
—¿Por qué nadie deja de recordarmelo?—bufó— Por Dios, sólo hice lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar. Ella salvó mi pellejo, yo salvé el suyo: así es como funcionan las cosas. ¿Pueden ya olvidarlo?
—Malfoy, hiciste lo correcto por una vez en la vida—rió Potter, inclinando su cabeza hacia un lado. Draco pensó que estaba demasiado cerca—, es obvio que nadie lo olvidará en un buen rato.
El rubio frunció en entrecejo, ofendido.
—Es absurdo, ¡yo hago cosas buenas!
—¿Sí?—se burló—, ¿Cómo qué?
—Como...—Draco lo pensó por un buen momento, desesperado por encontrar algo—¡oh!, como esa vez que ayudé a Granger a tener una dentadura bonita.
Harry miró al slytherin con los ojos increíblemente abiertos, de modo en que sus gafas hacían parecer que en cualquier momento se saldrían. Río entre dientes, incrédulo.
—Malfoy, me lanzaste un hechizo para que mis dientes no dejaran de crecer y rebotó en ella.
—¿Y qué? Si no fuera por mí, ella jamás habría reparado su sonrisa, ¿o no?
—Eres increíble—dijo con voz muy suave, riendo un poco antes de levantarse de su silla—, gracias por evitar que Hermione se fuera, de todos modos.
Draco mentiría si dijera que ese último comentario no hizo estragos en él de una manera muy extraña, revolviendo su estómago en una sensación bastante agradable. Mucho más que insultar a los imbéciles de otras casas o hechizar a los de primer año.
—N-No fue nada—balbuceó de un modo bastante fuera de lo normal, y quiso abofetearse por ello. Eso no había sido agradable para nada, se sentía como el perdedor de Longbottom o el idiota de Theodore. Pero Harry sonrió ante eso, así que no le dio más importancia de la necesaria.
—Será mejor que me vaya. Hermione me espera en la otra mesa. Quiso venir a saludar pero..., estaba avergonzada—rió de nueva cuenta, está vez mucho mas superficialmente que antes. Draco lo notó casi de inmediato y volteó hacia donde el chico miraba. Atrás de él, Hermione se escondía en un libro demasiado grande. Sus ojos apenas eran visibles sobre él y su alborotado cabello sobresalía también. Bajó un poco un libro, como para confirmar lo que sus ojos lo estaban viendo y se sonrojó intensamente cuando cruzó mirada con él, enterrando su cabeza en el libro para evitar ser vista.
Draco tuvo un mal presentimiento entonces.
