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Gripa. Asquerosa gripa

Summary:

Soraru cae enfermo una vez más en época invernal, contrayendo una fea molestia en las vías respiratorias, cuando sin previo aviso, Naruse toca a su puerta, enojado y entristecido por algo...

Work Text:

Las posibilidades de que una cosa así sucedieran eran escasas. Las posibilidades de que una cosa así le ocurriera a él eran bastantes mayores. Contra sus deseos pero a favor de su despreciable suerte le había pasado una vez más. Cumpliendo con el pronóstico anual de su salud, Soraru había tenido el descuido suficiente para pescar un horrible catarro durante el preciso y único día de San Valentín. No es como si nuestro gamer estuviera realmente conmocionado por su enfermedad o por perderse del festejo del superfluo día del amor, sin embargo ya estaba harto de tener que soportar una irrefrenable tos seca cada invierno de cada estúpido año. Febrero, a pesar de gozar de su calidad de mes más corto había terminado siendo el más despreciado por el apático peli-negro. Y aunque no sin razón, era un poco deprimente verse excluido de la celebración que tantas veces había rechazado con intención de no acabar, como ahora, postrado en cama sorbiéndose la enrojecida nariz y con decenas de pañuelos sucios alrededor suyo, espolvoreando el suelo.

Estornudó una vez más sin detenerse a taparse la boca y se tragó las inmensas ganas de gritar de rabia e impotencia, tenía la garganta y las cuerdas vocales deshechas como para proferir siquiera un mísero gemido de disgusto. Esto era de lo peor para su rutina, ¿cómo se supone que iba a vocalizar para practicar la nueva canción que Mafumafu le había enviado? El nuevo mini álbum de After the Rain debía ser concluido muy pronto, los productores no reirían mucho con la noticia del segundo vocalista indispuesto.

Asqueado de su situación actual, volteó a ver por la ventana de su departamento ni tan grande ni tan pequeño, encontrándose con un simple y sencillo panorama seco e inerte, inexpresivo y levemente mortecino, creyó él. Hacía una escalofriante ventisca fuera, cuya fuerza obligaba a la mayoría de los transeúntes a cobijarse bajo varias gruesas capas de ropa en colores opacos de la temporada o en su defecto en algún lugar apropiado para la ocasión, pues no había que olvidar que seguía siendo Día de San Valentín y por lo tanto la gente se esmeraría en cumplir sus planes. Que tristeza, el pobre Soraru era un desventurado.

Una nube densa surcó el cielo arropando las grisáceas callejuelas con una sombra atemorizante, amenazante de diluvio. Y con la esperanza de ver a la gente saludable terminar en su misma odiosa condición debido a la supuesta lluvia avecinada Soraru pudo reír para sus adentros sínicamente. A veces se tornaba malévolo.

¿Qué qué podría hacer para combatir aquel estresante día? No mucho realmente.

Se había propuesto llamar a sus amigos e invitarlos a su hogar a tomar algunas copas sólo para tener que revisar Twitter más tarde, por si las moscas, pero la gran mayoría de ellos tenían la agenda llena, ni su confiable Mafu podía acudir en su auxilio puesto que las gestiones del álbum no iban a hacerse solas. Así pues Soraru acabó justo como estaba: solo en su casa, resfriado y sin poder avanzar en lo más mínimo algún proyecto o cover pendiente. Atrabancado en un angustioso resfrío al borde de convertirse en fiebre.

¿Qué momento mejor para pensar en sí mismo y reflexionar? Una mierda, era imposible relajarse con aquella asquerosa sensación de picor en los ojos y la garganta acosándolo incansablemente, sólo podía pensar en maldecir al invierno una vez mas.

Se encontraba apresado por momentáneos sudores fríos pero no se dejó vencer sólo por eso. Daban aún las doce del día y necesitaba intentar automedicarse por más riesgoso que pudiera sonar. En caso de que no mejorara no tendría el gusto sufrir otro suplicio así. Era reconfortante la idea de una muerte sin más penurias, pensó antes de tomar fuerzas de voluntad para salir de su acogedora, blandita cama y aventurarse al cajón de las medicinas. Ni siquiera se hallaba en otra habitación pero ya se hacía a la idea de un camino largo y tortuoso hasta el dichoso mueble.

Levantó la cobija hasta destaparse la mitad de las piernas y le recorrió un horrible escalofrío acompañado de una suave corriente de aire. Estaba cubierto de ropa y aún así se sentía desnudo, a pesar de estar sudando bajo la chamarra que traía sobre la camisa de piyama creía firmemente en su desnudez. Movió las piernas tambaleantes para sentarse sobre la orilla del colchón y dió un suspiro de resignación, una corta tos le atacó al sentir apenas la temperatura ambiente que le rodeaba. Sus pies estaban cubiertos por los calcetines y lo recordó cuando pisó, acongojado, el desagradable suelo. Volvió a quejarse una vez separado de su adorada cobija y dió un par de pasos hasta el sitio donde solía disponer la cajita de medicina y el jarabe. No se atrevía ni siquiera a guardarlos en los estantes de la cocina porque ya tenía previsto una enfermedad invernal espontánea. Abrió la tapa del frasco ámbar de jarabe y se lo llevó a la boca para tragar la medida de una tapa lentamente. Su laringe se lo agradeció y sintió su pecho menos aquejado, sus pulmones seguían débiles pero ahora sentía más sensato intentar hablar. Cerró el jarabe y lo dejó sobre el mueble. Acudió presuroso a su cocina y, cuidando no tocar el agua, se sirvió un vaso de agua simple. Volvió con él a su habitación y sin pensarlo dos veces destapó la cajita con las pastillas, se puso dos sobre la lengua y sorbió de golpe el líquido, llevándose así los dos blancos círculos. Hizo una mueca y volvió a recorrerlo como corriente eléctrica un escalofrío por la frescura del agua.

Se limpió la nariz con la manga y se devolvió a su cama, agarrando su celular a fin de distraerse en el camino. No había mucho que hacer, pero al menos las píldoras lo habían atontado, mesurando el dolor y la incomodidad. Quiso dormirse, sin embargo despertó tardísimo luego de haber dormido a unas horas, un poco altas, de la noche y ya no tenía una pizca de sueño. El cansancio lo invadía y de todas formas no lograba ni dormitar. Era un zombi, en el limbo de estar consciente o inconsciente. Tampoco podía pensar demasiado porque era cuento de nunca acabar, darle vueltas y vueltas a todo eso que había planeado hacer ese día y no podría realizar, sintiéndose un inútil, o mejor dicho, una persona útil desperdiciada e impotente. Miraba ido la pantalla brillante del aparato con desdén, como esperando que alguna noticia o anuncio brillante lo alegraran aún si no podía ni concentrarse; la mirada se le perdía irremediablemente viendo los tweets deslizándose como gotas de agua que salpican la ventanilla del autobús bajo la lluvia.

No contó el tiempo que pasó así (pues el tiempo le parecía intermitente estando abrumado) pero, de la nada, espontánea e imprevisiblemente, llegó un mensaje que dictaba:

"Soraru soy yo, estoy tocando tu puerta desde hace como cinco minutos, ¿me puedes abrir?".

Una expresión de completa confusión fue lo que el azabache pudo retener en su cara durante cerca de cinco segundos al leer el aviso. Se dió cuenta entonces de cuanta verdad había en aquel texto. Alguien tocaba su puerta, reluciendo la desesperación que sentía por estar aguardando como tonto a que aquel enfermo se saliera de su burbuja mental. Una visita no era lo más propicio para el día, aunque tampoco estaba en posición de negarse a la compañía humana por mucho que deplorara el hecho de tener que volver a desprenderse de sus acogedoras mantas.

Mientras asimilaba el hecho de que habían ido a visitarlo prendió el celular para revisar quién era el responsable de tan bondadosa acción, la cual no necesitó culminarse porque una voz exclamó irritada desde fuera, apenas imperceptible para el maltrecho oído del azabache: ---¡Soraru!

Se despabiló con ello y obtuvo su respuesta, por muy mal que escuchara estando agripado esa grave vociferación era inconfundible. Salió de su cama sin seguir preocupándose por sus dolencias y se dirigió hasta la puerta del apartamento. Subió imperceptiblemente la calefacción antes de abrir y al hacerlo fue acallado instantáneamente.

---Llevo aquí veinticinco minutos tocando, ¿se puede saber qué demonios estabas haciendo? --espetó molesto el visitante.

---Naruse, estoy enfermo. Apenas escucho --respondió con la voz rasposa mirando al chico que lo juzgaba silenciosamente, con aquellos pupilentes rosas que lo hacían ver aún más llamativo, o en este caso, amenazador.

Lo único que Naruse tenía de femenino en aquel momento eran el cabello, los ojos y el maquillaje. Y los ojos excluyendo la mirada penetrante que contenían.

---Sí, se ve que lo estás, pareces un muerto viviente. ¿Me dejas pasar de una vez? Aquí hace frío. --dijo ya sin tanta indignación.

Soraru se hizo a un lado y le dejó entrar a su casa, donde se había estancado el calor, produciendo un leve bochorno que, considerando la ventisca del exterior, era más agradable. El pelirrosa entró y soltó un suspiro de alivio al ser envuelto por el sofocante calor del lugar. Sin pedir permiso a nadie se desplomó sobre el sillón gris de tres piezas que adornaba la sala de la casa mientras dejaba escapar un sonido de claro disgusto y desesperación. El dueño del lugar cerró la puerta tras de sí y lo acompañó a sentarse al otro lado del sofá, donde lo miró expectante y curioso, alzando una ceja.

---Entonces... ¿Qué te pasó? Tú tampoco te ves de lo mejor que digamos --insinuó medio adormilado. ---Es muy anormal que vengas tan de pronto y molesto.

Supo por intuición que su amigo no andaba bien, y que su molestia no estaba originada en la larga espera que inconscientemente le hizo pasar. Su mirada estaba descomponiéndose en una más triste. Además su postura encorvada denotaba los escasos ánimos que tenía.

---Pues yo... --dudó-- Agh, no lo sé. Ví algo hoy que me hizo creer que Senra y Shima están... juntos.

---¿Juntos? --se descolocó el azabache.

---¡Saliendo! --esclareció irritado. Decir en voz alta sus preocupantes sospechas resultó ser más irrefutable que pensarlas. Y agobiante, consecuentemente.

---Ahh --comprendió. ---¿Qué? ¿Por qué? --cuestionó preocupado por su amigo.

Naruse jamás se atrevió a expresarlo en voz alta, sin embargo daba señales notorias sobre sus sentimientos hacia aquel rubio alto con quien guardaba una entrañable y cariñosa relación, una relación de entera amistad. Varios de los miembros en XYZ sospechaban sobre eso y Soraru no fue una excepción, sin embargo era mucho más factible confiarle a él secretos de índole amoroso o que pudieran avergonzar a alguien debido a su noble carácter y a su discreto uso de las palabras. Sumándole que, cuando quería, se transformaba en una persona increíblemente dócil y comprensiva a la que únicamente puedes pagar con una sonrisa y muchos agradecimientos. No por nada lo tachaban de tsundere.

---Pasó algo hoy, bastante sospechoso --respondió frunciendo los labios en busca de una forma de explicar lo sucedido.

---Bueno, pero antes de que te sueltes y no me dejes ni ir al baño, voy a prepararme un té para la tos, ¿quieres un poco? --intervino levantándose de su mullido asiento al tiempo en que señalaba en dirección a la cocina con el pulgar.

---Suena bien, gracias. ¿No necesitas ayuda? --ofertó mucho más tranquilo.

---... Por qué no, vamos. --aceptó encogiéndose de hombros.

Sacaron las tazas, hirvieron la infusión, cortaron limones y sacaron la miel. Pasados los diez minutos habían vuelto a arrellanarse sobre el sillón depositando suavemente las bebidas sobre la mesa de centro.

---¿Y bien? --incitó Soraru dando un sorbo.

---Veamos, mmm ¡Oh, ya recordé! Fue hoy a eso de la una de la tarde. Luz nos había citado a todos para vernos en el estudio en la mañana, dijo a las siete pero porque sabía que varios se iban a retrasar como siempre y bueno, acabamos por llegar todos a las ocho. Pobre Meychan, llegó directo al estudio porque se había tenido que regresar a su casa por algo que se le olvidó y casi lo matan ahí --se rió--. En fin, ya que estábamos todo XYZ ahí comenzamos con la sesión a hacer las primeras tomas y bueno, fue un desastre, Anku se perdió al primer intento, luego Araki se adelantó y ya sabes, lo de siempre cuando somos tantos al mismo tiempo. Luz se empezó a desesperar y a las diez nos tomamos un descanso. Ahí ví que Senra le sonrió como tonto al celular cuando le llegó un mensaje pero no alcancé a ver nada y me quedé con la curiosidad, digo, no suele hacer eso. --Soraru negó con la cabeza, concordando con el relator-- Después de eso ya no nos salió tan mal y como es catorce acordamos que sería mejor no sobre exigirnos, al cabo que nadie estaba tan de humor como para acabar de grabar hoy. Salimos a las dos de la tarde del estudio y Luz dijo que si queríamos podíamos ir con él a su casa a festejar lo del día del amor si es que nadie tenía planes ya hechos. ---Se miraron con complicidad-- Y no te lo voy a negar, sí me daban ganas, pero entonces Senra se puso medio nervioso y dijo que no podía ir. Varios se decepcionaron y...

---¿Varios se decepcionaron? --enfatizó en las últimas sílabas de la segunda y tercera palabra.

---¡Bien! ¡Nos decepcionamos! --Naruse lo miró enojado mientras Soraru sonreía con satisfacción y un tanto de mofa. ---Le pedimos que se nos uniera aunque sea en la noche cuando hubiese terminado y sólo dijo: "No, de verdad no puedo chicos" . Como si eso fuese más importante que pasar el tiempo con nosotros, agh. Se rindieron y empezaron a planear la fiesta entre los que quedaban. Todavía estábamos adentro del estudio cuando pasó así que una vez estuvimos todos afuera Senra se despidió y se adelantó a no sé dónde. Me desconcerté aún más y entonces lo seguí para preguntarle si me dejaba acompañarlo en el camino y luego me regresaba con los otros, al fin había dicho que iba a ir, ya no podía negarlo. Se puso otra vez nervioso y confundido pero acabó cediendo. --Suspiró mirando a la nada, como recordando la bella imagen del rubio contrariado aceptando caminar con él, con un poco de color rosa pálido adornando sus pómulos-- Estaba distraído, se la pasó mirando a los lados casi todo el camino y cuando se quedó pensativo por unos momentos le ví mejor la cara y comprobé que traía delineador negro en los ojos ¡Hasta se puso colonia Soraru! --exclamó desesperado el pobre Naruse abriendo sus ojos, también maquillados-- No parecía tener ánimos de platicar así que estuvimos en silencio la mayor parte del camino y el ambiente se tensó pero no sabía ni qué decirle... Casi abro la boca para preguntarle por Shima cuando me interrumpió, dijo algo rapidísimo que ni entendí y se fue corriendo hacia adelante. Me quedé procesando lo que acababa de pasar y para cuando volteé a buscarlo con la mirada lo encontré abrazando a Shima y, y... Se fueron tomados de las manos... --finalizó sin saber qué agregar.

---Vaya...

Soraru tampoco estaba seguro de qué decirle. Era prácticamente como si al pelirrosa lo hubiesen rechazado antes de plantearse una manera decente para declararse y aunque mostrara continuamente una faceta segura de sí mismo, hasta orgulloso, no era de piedra. Sus emociones eran bastante claras, el problema yacía en su forma de expresarlas a la gente. Naruse era en verdad bastante tímido con cosas así, inclusive endeble. Por lo tanto, el azabache no podía permitirse ser insensible o decir algo a lo que su amigo tomara como una señal para deprimirse y dejar acrecentarse la idea de que era un feo ser humano del cual nadie se enamoraría jamás, mucho menos Senra.

---¿Soy patético cierto? --lo miró resignado.

Sin embargo, si todo lo que había relatado era cierto (muy probablemente era así, pero con exageraciones de por medio) no cabían muchas posibilidades de que sus sospechas sean equívocas. Un completo dilema, ¿cómo le haces ver a un amigo frágil que la verdad no es tan mala y horrible? ¿Cómo decirle que aunque Senra ya ame a una persona no significa que nunca se fijará en él? Se cuestionó el mayor silenciosamente.

---No digas eso, estúpido, no me digas que no tienes la culpa de esto por ponerte tan indeciso con aceptar tus sentimientos y declararte primero --escupió cruelmente, con la esperanza de no hacerlo sentir débil e indefenso.

---¿¡Hah!? ¡Sólo estás confirmándome que están juntos! ¡No tienes delicadeza ni para eso! --le reclamó moviendo las manos con frustración e incredulidad.

---¿Qué esperabas? Odio ser condescendiente y no te voy a andar dando el lujo de pasarte una semana o más preguntándote lo que pudiste haber hecho para ganártelo o si son realmente pareja. No evadas la primera pregunta. --declaró seguro.

Su voz continuaba sonando pastosa y su garganta aún ardía levemente, sin embargo, gracias al té y a sus auto medicaciones pudo hablar fluidamente en pos de hacer entender a Naruse, a las malas, la posición en la que él mismo se había puesto. Habló tan escueto y directo que el contrario se revolvía la mente en busca de alguna solución razonable, alguna pizca de esperanza que pudiera tomar para refutarle a Soraru sus palabras. Nada. Quedó en blanco con una cara de tener la idea en la punta de la lengua, adornándole.

---Supongo que tienes razón... Yo... me demoré demasiado en todo y ahora no sé qué...

Naruse suspiró más que decaído.

---Hacer, decir, pensar. Da lo mismo, debes seguir adelante.

---Para ti es fácil decirlo, Mafu te adora aunque parezcas un cubo de hielo sin chiste.

A Soraru le saltó una vena de furia en la frente, mas se contuvo.

---Mafu no tiene nada que ver en esto, en primer lugar, y en segundo si soy un cubo de hielo cómo tú dices, teóricamente me sería más complicado expresarme, pero mírate a ti.

Le clavó una mirada cargada de reproche al azabache, quien estaba habituado y ni se inmutó por el infantil comportamiento de su amigo.

---Bueno... --prosiguió-- ¿No piensas ir con Luz a festejar?

---¿Hay algo que festejar hoy?

---Deja de lado tu dramatismo, por amor de dios, se supone que es día del amor y la amistad.

---Se llama friendzone Soraru. Si no te apresuras la conocerás muy pronto.

---¿Eso es una sugerencia?

---No, es una advertencia. Se siente asqueroso ser rechazado sin haberlo intentado...

---Lo dices como si yo fuera tan tonto como para seguir tu mal ejemplo romántico jajajaja

Soraru había recuperado parte de su compostura gracias al cálido vapor de la humeante taza de té, su siempre confiable jarabe y las pastillas con las que se automedicó, no obstante, seguía estando enfermo. Después de regocijarse con la pequeña burla a Naruse soltando una corta carcajada lo abordó una desesperante tos, fuerte y repetitiva. El chico visitante se le quedó mirando asustado y esperó pacientemente a que el otro dejara de toser. Parecía como si se le fuese a salir un pulmón por la boca en cualquier momento.

---¿Estás bien? --inquirió una vez el escándalo hubo cesado.

---Estoy mejor comparado a hace un par de horas --sinceró con la voz mucho más rasposa y áspera que cuando arribó.

---No tienes remedio --se encogió de hombros meneando la cabeza en señal de negación.

---Bueno, ya veré cómo arreglármelas. Te agradezco la visita pero si no te vas pronto terminarás como yo --sorbió su nariz tapada.

---¿Eso piensas? Eres frágil Soraru, yo a diferencia de ti, soporto una inofensiva gripe sin tanto alboroto, además se me quitaron las ganas de ir a la fiesta. La última vez que Araki se emborrachó me quiso besar... --recordó estremeciéndose al recordar el festejo de año nuevo, esbozando una mueca de asco.

Soraru estuvo a punto de reír pero apenas alcanzó a sonreír silenciosamente, como riendo sin sonido. Él hubiera pagado por presenciar aquella graciosa escena, ni modo, se contentaría con imaginarse a un pelirrojo con aliento a cerveza pegándose a Naruse mientras balbuceaba incoherencias. Por dentro se había reído, y mucho.

---Lo que significa que me quedaré a cuidarte --anunció determinadamente.

---¿Bromeas? --volvió a toser-- Ni que fuera un bebé para tener una niñera.

---No, eres un viejo y uno proclive a caer enfermo, no tienes como refutarme esto. --aseguró con suficiencia, ganándose a su vez una mirada de lo más hastiada por parte del de ojos azules, enrojecidos por la deshidratación.

Se quedó en silencio sin saber qué más decir. No tenía las fuerzas ni las ganas necesarias como para ponerse a discutir con Naruse en busca de evitarle pasar el mismo calvario, así que se calló, no realmente muy dispuesto, a escuchar lo que el sorpresivo enfermero tenía para decirle.

---¿Y bien? --cuestionó-- ¿Cómo sugieres que debería tratar mi malestar?

---Para empezar, date un baño caliente y cámbiate. Tus mangas están atascadas de mocos y luces asqueroso. Eso te ayudará.

---Pero tengo frío... --excusó buscando una buena razón con tal de no cambiarse de ropa. Estaba muerto de frío por dentro a pesar de sentir el sudor descendiendo por su espalda.

---¿Y luego? --enarcó una ceja, denotando la trascendencia de su argumento.

Soraru suplicó con la mirada igualando a un niño pequeño, mas no generó el menor cambio en la expresión altiva del de ojos rosados.

Se fue al baño arrastrando los pies y media hora más tarde regresó a la sala, muy bien abrigado y con una cara menos irritada. Al escucharlo llegar, Naruse despegó la vista de la pantalla de su teléfono y lo miró comprensivo: ---¿Mejor?

---Lo admito, me sentó bien.

El azabache se sentó junto al otro y miró al televisor enfrente de ambos.

---¿Quieres ver una película? Te diría que jugáramos Splatoon o algo pero si grito, ya sabes

---Pobre Amatsuki, y eso que él quería jugar Apex otra vez con nosotros --se rió--. Pero suena bastante bien. Nada mas no me vayas a contagiar.

---Dijiste que tenías las defensas altas hace menos de una hora.

---Sí, pero eso no implica ser inmune.

Otra mirada de resentimiento directo a la cabeza del pelirrosado.

---No importa... ¿Qué vemos?

Al final decidieron probar con una película vieja que Soraru tenía arrumbada entre sus estantes, la cual ni siquiera recordaba haber comprado. Se arriesgaron y antes de iniciar la función metieron una bolsa de palomitas al microondas, trajeron mantas y almohadas extras al sillón y se pusieron cómodos a observar el misterioso filme. Resultó que la caja no correspondía al disco pero de todas maneras tenían muy pocas ganas de levantarse a intentar buscar de nuevo. Acabaron hombro con hombro, babeando al llegar los créditos de la tercera película puesta al azar. Se habían dormido realmente pronto.

 

 

 

 

Naruse no se salvó del resfriado después de eso.

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