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Pijamada

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Naruse-chan es la estudiante más afamada por sus extrañas costumbres, porque para empezar no es ni siquiera considerada una chica.

Work Text:

La escuela reflejaba emoción por todos sus muros, cuyo interior encerraba cientos de adolescentes repletos de emociones confusas en su complicado interior, el olor del invierno estaba casi borrado del ambiente, se saboreaba el gusto de la primavera entre tanta multitud. Está demás mencionar cuan rosa, en su sentido mas literal, se apreciaba el recinto estudiantil; muchos lo calificaban como exagerado y empalagoso, aunque la positiva carga emocional resultaba extrañamente contagiosa: casi todos deseaban sonreír sin buscar porqués.

Un grupo de amigos en especial se percibía resuelto a no involucrarse en líos románticos y dramáticos organizándose en su propio festejo de San Valentín. Todos ya pensando en lo que harían se reían internamente con su sola imaginación, no sería en absoluto una reunión aburrida. Él, o me corrijo, la responsable de aquel silencioso alboroto no era alguien aparte de Naruse-chan, la chica saturada de rosa (haciendo juego con el día en especial) a quien en ciertas ocasiones tuvieron que confiscarle el maquillaje para asegurar el respeto al reglamento escolar. Sus asiduos amigos no tenían el menor dilema a la hora de referirle en femenino, pues sabían que ese era su género y no el original, no obstante, los demás llegaban a tratar hostilmente a la pobre chica de voz grave.

De cualquier modo, al comenzar a comprender lo complicado del mundo femenino en realidad, Naruse se olvidó de esas miradas molestas y entendió el tipo de actitud que debía de tomar si quería aceptarse por completo. He allí la raíz de todo este asunto. Ni siquiera sabía si era lo suficientemente ˝chica˝ como para declararse a alguien aquel día. Claro que sus emociones estaban hechas un desastre pensando en diez cosas más pero igualmente era una duda un tanto estresante. ¿Podría algún día pretender que nació en el cuerpo que desea y olvidar el pasado? Se cuestionaba internamente.

La de mechones rosados buscaba un desahogo a sus disturbios emocionales con sus leales chicos, aquellos que jamás le rechazaron. Necesitaban de una memorable fiesta. La lista de invitados comenzaba con los nombres de Soraru, Luz y otros mas, alumnos afamados de tercero con quien la mayoría de niñas hubieran agradecido pasar.

Cada cual planeaba una actividad en su mente. Una más riesgosa que la otra, pero todo era bienvenido para el momento, según la información de la organizadora.

A Naruse le fascinaba la nieve, sin embargo para febrero ésta se había disuelto entre las ganas de retornar a clases y hacer los deberes. Algo de ella le parecía entrañable y hermoso, no tenía claro si estaba ligado con su suavidad, su maleabilidad, su frescura, su blancura pulcra o algo aparte pero era lo que menos importaba. Uno de sus preciados invitados poseía dicha característica inevitablemente llamativa, una piel y cabellos albos, cuidadosamente peinados en esa cabecita rebosante de ideas y pensamientos amables, incluso su nombre resultaba enternecedor Mafuyu-kun, alias Mafumafu. Por alguna razón difusa o que la pelirrosada no se dignaba a admitir, su amigo estilo chico suave le llenaba el corazón de calidez con su risa aguda, sus facciones pueriles y delgadas, su extraño gusto, parecido al suyo, por los accesorios femeninos. ¿Sería que se identificaban? ¿Su admiración era ahora algo peligroso de sentir? Tenerlo claro resultaba imposible, suspirando con la barbilla apoyada en la palma de la mano derecha, se debatía la adolescente.

El pupitre estaba vacío, un bolígrafo era el único aditivo en su lugar de trabajo, debido a que la clase les había quedado libre. El equipo de estudiantes encargados de las actividades especiales de la fecha iban y venían atareados de un lado a otro. No era obligatorio quedarse dentro del salón, sin embargo quería ordenar sus pensamientos un poco para evitar encontrarse antes de tiempo con los invitados de la fiesta. La ventana daba directamente al patio, el marco estaba un poco polvoriento y no quedaba nadie dentro del aula, quizás era un desperdicio quedarse ahí adentro, pero le aterraba la idea de ser vista entre las niñas cerca de áreas exclusivas y que la vieran mal, ni se diga de ir al baño.

Soltó un suspiro extra y acomodó los codos sobre la madera de la mesa, estaba tibia. Dejó caer su cabeza sobre éstos y esperó a que las horas transcurrieran a su propio paso. Cerró los párpados, atinando a relajarse y dormitar.

Timbró y resonó la campana en todos los huecos de la escuela. Al fin eran libres. Su fiesta podría comenzar de una buena vez.

Basándose en lo acordado, todos debían encontrarse en la casa de la chica al término de clases para poder iniciar, aún a sabiendas de la impuntualidad de ciertos invitados. Naruse, tras sentir el repicar escandaloso de la campanilla guardó el inútil bolígrafo en la mochila y arrancó a correr fuera del sitio, con emoción pintada en sus mejillas sonrosadas. Bajó hasta la entrada hasta el casillero para cambiarse de zapatos cuando se halló con los demás chicos.

—Hey, es de las primeras veces en que sales así de rápido Naruse-chan —comentó sin mala intención un pelirrojo despistado.

—Cállate Sakata, si no fuera por Urata te dormirías una hora extra —bufó el mayor de todos.

—¡Soraru-san, no seas cruel! —exigió Mafumafu.

—Lo peor es que es verdad —rió el castaño de baja estatura —ayer se quedó dormido en la última clase y por poco lo atrapan, tuve que patearlo desde mi silla para que no se diera cuenta el profesor...

—Todavía me duele —rascó su nuca.

—¿Ves? —se sustentó Soraru, recibiendo una mirada de reproche por parte del albino.

—Por lo menos ustedes no se olvidaron de esperar a la organizadora de la fiesta, ¿verdad Amatsuki? —echó en cara el más alto.

—No me olvidé de nada Luz, simplemente dejé algo pendiente en casa y no quería retrasarlos —expresó de brazos cruzados el de ojos entre castaño y rojo.

—Bueno ya dejen de quejarse, que ustedes no pusieron su casa para esto —regañó entre risas la muchacha.

—Buen punto, si dejan el lugar hecho un desastre no los regañarán a ustedes, no tienen por qué estresarse —razonó Sakata.

No hace falta describir la fulminante mirada que se ganaron los varones por ese comentario, como diciendo: "si se les ocurre hacer eso, los castro". Tragaron en seco y se anotaron mentalmente: ˝No hacer un muladar de la casa de Naruse˝ antes de despedirse y cada quien dirigirse a su propia casa con tal de prepararse.

La fiesta no pretendía ser en sí una pijamada, pero varios de ellos habían previsto la posibilidad. Aunque realmente Naruse no expresó algún desalentador mensaje al oír la propuesta de boca de Amatsuki, seguían enfrascados en la incertidumbre.

La chica fue caminando a su hogar, sin apremios, pues a pesar de su nerviosismo no tenía intenciones de volver tan rápidamente. Por extraño que parezca, tenía este plan guardado en la mente desde al menos un año, en el cual no pudo llevarlo a cabo por la presión que le impusieron sus padres en subir sus notas y limitar el contacto social. Aprovechaba las ideas que tenía apiladas desde aquel tiempo, no obstante estaba muy indecisa. Por un segundo olvidó lo gentiles que eran sus compañeros. Meneó la cabeza, sacudiendo esos desagradables pensamientos y se decidió a disfrutar de un día especial junto a sus amigos. Levantó la cara, mirando al frente, manteniendo esa firme actitud positiva hasta poner pie en casa.

Los padres de ella no estaban. La madre trabajaba en la tarde y el padre estaba de viaje, por lo cual sería responsable de preservar intacto el mobiliario y las alfombras. No es como si los dichosos invitados fueran sucios, pero sí un tanto despistados. Aún se reían del día en que, accidentalmente Soraru le echó un huevo en el uniforme a Luz en clase de cocina, o la vez en que Urata se quemó con la pistola de silicón por culpa de Amatsuki, en fin, una infinidad de anécdotas que se sabían de memoria por el carácter sorpresivo que guardaban. De allí el temor a que se les terminara rompiendo algún vaso, derramar alguna bebida o cualesquiera de entre los temores acumulados en la paranoica mente de la anfitriona.

Pasadas unas dos horas de la despedida al salir de clases, sonó el timbre del lugar dos veces. En el ínter de ese tiempo, la chica ya se había cambiado de ropa y acomodaba la sala en la forma que creía conveniente, muy poco a decir verdad. Dejó sobre el sillón la almohada que buscaba posicionar bien entre las otras, se dirigió a la puerta y abrió al primero en llegar.

—Naruse-chan, ¿cómo vas? ¿Llegó alguien antes de mí? —cuestionó al ser recibido.

—Nop, nadie. Me sorprende que nunca rompan tu récord de puntualidad aún cuando Luz vive como a tres cuadras. ¿Cómo lo haces Urata? —rió, dándole el paso a su invitado. —Te digo algo, sospecho que por lo menos Luz intentará traer sake —confesó soltando un suspiro.

—¿También tú? Qué alivio, tal vez así Sakata deje de llamarme obsesivo —aceptó encogiéndose de hombros mientras dejaba caer su mochila al lado de la mesita de café, colocada en medio de los sofás de la sala. —Por cierto, creo que también Amatsuki se trae algo entre manos, digo, por algo se quiso adelantar, ¿no crees? —se sentó en la parte izquierda del mencionado mueble, apoyando el antebrazo sobre el brazo del asiento.

—Y luego te quejas de que te digan paranoico... —habló por lo bajo.

Sin más por hacer mientras tanto y después de cerciorarse de que la puerta estaba cerrada se sentó al otro lado del chico.

Urata la miró mal y bufó. —¿Apostamos a ver quién llega al último? Para pasar el rato —alegó.

—Amatsuki, seguro.

—Yo digo que... —reflexionó— Sakata.

—Está difícil...

—¿Verdad?

Rieron cómplices.

—¿Qué si pierdes? —preguntó levantando el mentón.

—Veamos, si Ama no llega al último... ¿Te hago la tarea de hoy?

—Mm, no es mucho pero está bien

—¿Y si tú pierdes?

—Eh... —intentó idear algo, enroscando en el dedo índice un mechón rosado.

Urata abrió la boca para hablar justo cuando un segundo timbrazo sonó en el interior del sitio. Los amigos intercambiaron miradas, entornando los ojos en señal de (algo así) amenaza.
Al aventurarse a abrir la puerta, Naruse, con Urata detrás suyo, se encontró con el más propenso a llegar temprano.

—Soraru, te ves bien —halagó la que había abierto la puerta.

—Gracias... —dudó— ¿Llegué tarde?

—Llegaste después de mí —se señaló el más bajo.

Soraru lo miró con aburrimiento y se adentró con ellos a la sala. Unos minutos después llegó también Mafumafu, quien cargaba una pequeña bolsa de plástico con dulces en su interior, los cuales se negó a sacar de ahí antes de que los demás terminaran de arribar.

—Está bien, déjalos en la maldita bolsa, pero por lo menos dinos qué son —pidió Naruse, ya exasperada.

—¡Bueno! traigo un par de dangos y algo más, pero es todo lo que les diré —replicó inflando los cachetes.— Además Naruse es la anfitriona, ¡Tú deberías ofrecernos snacks o algo, no yo!

—Planeaba pedir pizza pero eso era cuando Senra no se había echado para atrás por lo de su viaje —explicó— ¿Ustedes quieren pizza o algo más? Eso sí, nada de cocinar aquí.

—Desconfías de nosotros, ¿verdad? Podemos cocinar en tanto Luz haga lo mínimo —propuso el azabache.

—¿Acaso ya olvidaste cuando Mafu se comió tu ramen? —frunció el ceño.

El aludido desvió la mirada, sin ganas de evidenciar a su mejor amigo por su falta de habilidades culinarias.

Discutieron unos minutos más respecto al tema de la comida cuando se presentó el personaje que temían, llevara consigo alcohol.

—¡Luz-kun bienvenido! —saludó la chica.

En la sala, los demás imitaron dicha actuación con movimientos de mano, entre otros. El recién llegado correspondió alegremente mientras dejaba los zapatos en la entrada y entraba. Urata miraba con suspicacia la mochila que traía. Por increíble que parezca, habían acertado: Amatsuki y Sakata aún faltaban por llegar.

—Vaya, soy de los últimos. Me retrasé en casa, pero al menos parece que no han empezado —dijo sentándose junto a los demás.

—El plan era esperarlos a todos para poder comer y jugar en la consola o algo pero no tengo idea si esos dos llegarán pronto —habló Naruse.

—Tengo hambre, ni siquiera sé si lleguen, ah —se quejó Soraru haciendo una mueca. —¿Podemos comer de una vez?

—Voto por lo de Soraru —apoyó Urata

—Yo... —SoraUra miró a Mafumafu, como presionando por apoyarlos, pues sabían que con sus amigos era demasiado débil. —Creo que tengo un poco de hambre... —terminó cediendo.

—Está bien, está bien. ¿Pediremos pizza?

Sin ganas de continuar discutiendo todos asintieron. Soraru miraba con desespero a Naruse, al parecer la culpaba de no haber comido nada en todo el día. Nadie le dijo que se levantara tarde para no poder desayunar y olvidar el bento en su casa para no poder comer en la escuela.

Pasado un rato todos estaban mirando la comida con agua en la boca. Los faltantes ya contaban casi dos horas de retraso. Estaban haciendo tiempo preparando bebidas, poniendo la mesa y proponiendo actividades por hacer pero ya nadie tenía confianza en que los impuntuales alcanzaran a comer. Se sentaron todos en las sillas y Luz se veía indeciso para abrir la caja, se sentían mal. Al menos todos aquellos que no morían de hambre.

El timbre sonó por fin y la tensión se fue por un tubo. —¡Yo voy! —gritó Urata antes de salir corriendo a descubrir si ganaría la apuesta. Se quedó estático al verlos a ambos, con cara de vergüenza, saludarlo. Naruse trataba de observar en dirección a ellos, pero no alcanzaba a ver nada. Urata, sin decir nada, los dejó pasar. Todos los demás se les quedaron viendo con reproche.

—Gracias a dios llegaron, Soraru dice que se va a desmayar del hambre —comentó Luz.

—¿Qué horas son estas de llegar? ¿Y por qué diablos vienen juntos? —reclamó la anfitriona.

—Podemos explicar todo, pero ¿comemos primero? —Respondió Amatsuki al ver la cara de moribundo del azabache.

Los invitaron a sentarse. La apuesta se había desecho. Comieron tranquilamente mientras Sakata explicaba el porqué de su retraso. Amatsuki hizo lo mismo al terminar el pelirrojo. Resumiendo, cada uno tuvo problemas para llegar a la dichosa dirección y ambos se encontraron de camino, por lo cual optaron por llegar juntos (en un fútil intento de no sentirse tan agobiados) . Como castigo, les tocaría lavar los trastes, dictaminó Naruse contando con las manos levantadas de casi todos.

Para cuando terminaron de comer ya se había apagado el atardecer como vela débil ante un soplido descuidado. Los últimos rastros fulgorosos del sol estaban ciñéndose al horizonte mientras el azul profundo devoraba lo que restaba del inconmensurable firmamento. Hay que recordar lo ágil que debemos movernos en invierno para que el anochecer no nos alcance tan a prisa como les ocurrió a los adolescentes de este relato.

—¿De verdad ya oscureció? No me acostumbro a esto... —refunfuñó Mafuyu, disgustado por la pronta despedida del sol.

—El día se fue más rápido de lo que Ama y Sakata tardaron en venir —constató Urata encogiéndose de hombros.

—¡Oye! Sabes que soy malo con las direcciones Ura-san —se defendió el segundo en ser nombrado.

—Entonces Ama-chan, ¿Dices que también te perdiste? Pero, ¿cómo?

—Verás Mafu, la cosa es que quería hacer algo antes de llegar aquí, aunque como viste Luz me retuvo y para cuando llegué a donde quise ir ya era tarde.

—¿Y a dónde querías ir exactamente? —inquirió curioso Soraru, ya revivido, frunciendo el ceño.

—Eh pues... Sobre eso... —desvió la mirada, con un deje avergonzado casi invisible en el semblante— Es algo que tenía pendiente, jeje.

A nadie logró convencer con esa ambigua explicación, es mas, Urata y Naruse ya tenían algo en mente. Muy probablemente quisiera ocultar las románticas raíces del asunto, no es como si su exagerada insistencia en acercarse de vez en cuando a Itou Kashitaro pasaran desapercibidas por sus amigos. ˝Ah, el amor˝ pensó la chica.

—En fin —habló el albino—. Supongo que ya puedo darles del postre, aunque creo que un par de chocolates venían con rompope o envinados pero, ¿no pasa nada, verdad?

Todos los demás intercambiaron miradas como pensando "y yo que creí que eras el más bueno y santo". No obstante, ya considerándolo mejor, era poco probable que de verdad alguien se emborrachara con chocolates inofensivos y si no, la fiesta era para divertirse, al fin y al cabo.

—Nah, está perfecto así —aseguró Sakata, el mas proclive a embriagarse hasta con sidra.

—Por cierto, hablando de alcohol... —interrumpió el de cabellos grisáceos— resulta que tomé de mi alacena una botella de sake, ¿quieren? —Sus ojos se veían atrevidos y mínimamente perversos al sostener la mencionada botella con el líquido semi transparente meneándose en pequeños círculos.

—¡Sabía! —acusaron UraNaru al unísono, dejando contrariado al acusado.

—Esto no saldrá bien Luz, guarda eso —intentó interceder el de verdes orbes después de gritar.

—Oh vamos Urata, me agrada la idea

—¡¿Soraru-san?! —exclamaron incrédulos varios de los presentes.

Quién hubiera creído que el más pacífico del grupo apoyaría la irresponsable proposición. Por eso se habían quedado anonadados. Luz se estaba carcajeando, la pelirrosa reflexionaba, el pelirrojo miraba al del arete de estrellita de oro, Mafuyu miraba a Urata y viceversa. Todo un caos silencioso.

—Qué mas da, yo también quiero —concluyó Naruse—. Pero para hacerlo más divertido, juguemos verdad o reto cuando nos terminemos la botella completa.

—Por favor no, ¿no prefieren chocolates? También vienen alcoholizados —volvió a ofrecer el dulce jovencito de piel de porcelana, al borde de un ataque de nervios. No le agradaba en absoluto el licor.

—Sí, también. Gracias Mafu-kun.

Al estilo de dibujo animado, al nombrado le saltó una vena de rabia por ser tan olímpicamente ignorado. Sakata simplemente tomó una de las bolsas de caramelos y se empezaron a repartir el botín. Mientras tanto, la fémina y otros dos preparaban los vasos con bebida en la cocina. Definitivamente nada bueno podría salir de esto.

—Ya quiero sacarles mis dudas —pensó en voz alta Soraru, riendo cínicamente.

Llevaron los siete objetos a la mesita de centro donde se habían juntado frente al televisor, dándose cuenta que con eso solo se les había consumado el líquido peligroso.

—¿Ves, pequeño Mafu-kun? No pasará nada por tomar un simple trago, además, ¡Luz! —llamó.

—¿Si?

—¿Qué porcentaje de alcohol tiene esto? —realmente ninguno había tenido la maravillosa idea de fijarse en aquel insignificante detalle, hasta entonces.

—Déjame ver... —hizo una pausa y luego se le tensó el rostro tan bonito que tiene— ¿Doce por ciento es mucho?

—¡No beberé eso! —reclamó el albino.

—Bien, quizás Sakata si le pase algo pero nada más —alegó Amatsuki.

—¡Oi! Lo dices como si me fuera a caer por tomar una copa —El silencio fue inminente e incómodo.

—Tengo una idea —intervino Soraru.— Sería mejor que jugáramos de una vez verdad o reto y por ejemplo, ir tomando de a sorbos si les toca obedecer o tomar todo de golpe como castigo, ya saben, si se niegan a hacer el reto o eso.

—Suena bien —afirmó Luz.

—¿Por qué les gusta esto?

—Yo también entro —agregó el de cabello e irises rubí.

—Perfecto por mí —apoyó el castaño.

—Deténganse por amor de dios —el pobre Mafumafu de verdad comenzaría a hiperventilar en cualquier instante. Haciendo uso de su fuerza, u olvidándose de la timidez, Naruse se acercó al nervioso niño y le frotó el hombro para brindarle su apoyo. —No te preocupes Mafu, no pasará nada. Si te tranquiliza eso yo no beberé —sonrió con dulzura maternal.

Los ojitos del susodicho destellaron al recibir aquella suave caricia, mas bajó la mirada con culpa instantáneamente. —Pero, Naruse-kun ¿No querías hacer esto? No te abstengas solo por mí. —Al ver la expresión inquieta negó con la cabeza, ¿cómo era posible que alguien fuera así de bueno?— Tienes razón, pero pensándolo bien si hasta yo pierdo el juicio la casa será un maldito desastre después, y maldeciré si tengo que limpiar todo eso —respondió imaginándose en medio de un basurero que se suponía era su sala.

—¿Eso quiere decir que seguimos sin poder hacer un basurero?

—... No Sakata, si haces eso no vuelves a venir aquí —amenazó fríamente.

Las risotadas no se hicieron esperar. Con tal afirmación finalmente comenzó el tan mencionado juego. Los pronósticos no parecían ser muy tranquilizantes.

Se sentaron en círculo con el envase al centro, la sala no era muy grande que digamos, pero al menos cabían los adolescentes problemáticos sin estorbarse entre sí. Decidieron que Luz giraría primero la botella, ahora vacía, de alcohol.

Cosas como "por favor, a mí no" o "que le toque a Ura-san" pasaban por las cabezas extrañas de ellos mientras veían cómo el objeto del centro se iba deteniendo poco a poco. La boca apuntaba a Soraru, quien al parecer le ordenaría a Amatsuki. Varios estallaron a carcajadas al ver la expresión asustada del castaño.

—Así que, Amatsuki —habló con malicia— ¿Verdad o reto?

—¿Piedad se vale?

—No, anda no seré cruel —animó pretendiendo sonar convincente.

—Serás cínico —susurró para sí. —Bien, verdad

Se detuvo a pensar el cuestionamiento en tanto los demás observaban. —Responde honestamente. ¿Qué opinas sobre Kashitaro?

Mafumafu quería ayudar a su pobre amigo, quien en ese instante tenía la cara coloreada y apretaba los puños, buscando una salida fácil.

—Pu-pues, es muy buena persona, tiene una voz linda y eh, me agrada bastante —respondió avergonzado.

Rieron por lo bajo, diciéndole a Ama que no tenía razones para molestarse, que era un juego y nada de lo dicho ahí saldría de allí. El castaño de ojos rubí giró esta vez la botella, esperando poder vengarse pronto de Soraru.

Para su desgracia, les salió una inesperada combinación: Luz mandaba a Urata, quien parecía indiferente hasta entonces al juego.

—¿Verdad o reto, Urata-san?

Se lo pensó bien antes de contestar. —Me arrepentiré, pero reto.

Otro que sonreía sin razón aparente, dándoles mala espina a algunos. —Debes besar en la mejilla a quien tú quieras de entre nosotros, por ejemplo, quien te parezca más guapo —propuso.

Al chico de ojos esmeralda se le removían las entrañas pensando qué hacer. No parecía ser un reto muy complicado, excepto que allí estaba una de las personas a quien no quería mostrarle sus sentimientos y tampoco quería mentir besando a alguien más.

—Lo siento, mejor beberé el trago. Escojo el castigo —resopló.

Se quedaron desconcertados, porque por mucho que le acribillaran preguntándole alguna explicación, el pequeño tanuki no abría la boca. Sin tomar demasiado tiempo, bebió todo el contenido de aquel vaso, ahora con su cara levemente acalorada por el efecto embriagante.

Giró una vez más el dichoso instrumento, esta vez con Mafumafu mandándole al pelirrojo.

—¡Sakatan! ¿Verdad o reto? —preguntó, extrañamente animado.

—¡Escojo reto, Mafu! —respondió con el mismo tono gracioso.

A todos les sorprendió que el albino de pronto se mostrara tan emocionado con participar, siendo el más renuente a beber sake. Pronto se esparciría la niebla que les obstruía la vista.

—Abraza a Ura-san —ordenó con seguridad, obteniendo las risas de uno que otro allí.

Al escuchar aquello, el mencionado ni siquiera se atrevía a levantar la mirada de sus piernas, estaba demasiado nervioso por lo que Sakata pudiera decir o hacer a continuación.

Sonriente, el pelirrojo no dijo una palabra más. Se levantó y avanzó donde el pequeño castaño. Dobló las rodillas hasta quedar a su altura y lo envolvió en un suave agarre sin esperar que el otro correspondiera o le mirara siquiera. Volvió a elevarse y como si nada, pero aún con esa expresión en el rostro, se sentó en su lugar a girar la botella.

Esta vez el niño luna mandaba a la pelirrosa. Sonaba a una extraña combinación, esos dos podían ponerse muy imprevisibles cuando les daba la gana.

—Verdad, no quiero sufrir —alegó sin permitirle al de ojitos brillantes formular la clásica pregunta.

—Cómo digas, Naruse-chan —respondió encogiéndose de hombros. —Veamos... ¿Qué es lo más vergonzoso que te haya pasado y no nos hayas contado?

—¿Estar en tu misma clase cuenta? Ah no espera, eso ya lo saben —dijo fingiendo inocencia, cargada de cinismo. Las carcajadas no se hicieron esperar tampoco. —Pues, creo que una vez en la que me caí de las escaleras en el metro, por andar corriendo. Iba como si nada, pero no sé bien qué recordé o ví que tuve que apurarme mucho, entonces tocaba bajar las escaleras y me tropecé... Casi aplasto a alguien esa vez.

A partir de ese turno comenzaron a pedir que tomaran del vaso con bebida alcohólica que tenían para avivar el ambiente (cosa que no hacía falta). Al punto de que, sin estar realmente con los pies en la tierra, vieron de pronto cómo retaban a Luz a quitarse la camiseta, a Soraru a comer cuatro cucharadas de pimienta y a Sakata a maquillar a Mafuyu. Ahora sí que: "bless this mess"(1). Por suerte la casa no quedó hecha un completo basurero, sólo un par de vasos tirados. Fácil de recoger.

Entrada la noche, los más sobrios prefirieron dejar de incordiar y, considerando que no estaban tan lejos, pudieron volver a sus hogares. Urata se llevó a rastras a Sakata, quien estaba entre la embriaguez y la sobriedad, más acogido por el sueño que nada. Luz parecía no poder levantarse del sofá, parecía muerto. Soraru, igual de soñoliento que el mas alto. Amatsuki vivía lejos, así que junto a Mafuyu, subieron con la dueña de la casa a su dormitorio para repartirse las camas.

—No olvidaré esto, ah... —comentó el castaño.

—Ni yo —respondieron al unísono Mafu y Naruse.

Por eventos pasados, Naruse tenía un sofá-cama en la sala, el cual compartían los borrachos de allá abajo. En su cuarto, poseía además un pequeño futón extra que servía como saco de dormir. Amablemente Amatsuki se ofreció a dormir en él, quedando Naruse y Mafuyu juntos en la rosa y mullida cama. La pobre chica no podía estar más nerviosa. Ni aún fantaseando con esa posibilidad en su mente la llegó a considerar como una posibilidad real. Tan solo gracias a la sombra nocturna era que pasaba inadvertido su enorme sonrojo.

El albino seguía maquillado, y aunque no había casi tocado su bebida, por el mismo ambiente cedió ante sus amigos sorbiendo unas cuantas gotas. Se había relajado y atontado, por lo que ahora lucía menos cohibido.

—Ah, Mafu-kun ¿Quieres una pijama..?

—Traje la mía, creo. Ah, pero seguro si es de Naruse-chan será más linda —dijo como si nada.

La de rosados irises no supo responder. Parpadeó antes de acercarse a su guardarropa y sacar dos conjuntos. Extrañamente, Mafuyu actuaba desinhibido, como un gato cachorro queriéndose acurrucar en el regazo de su dueño. Observaba muy atentamente los movimientos de su amiga, cuando le tendió la pijama y le ofreció quedarse en el cuarto a cambiarse mientras ella iba al baño. Asintió enérgicamente como respuesta.

Ya dada la una de la mañana, fueron a dormir aquellas últimas dos personas. En realidad, Amatsuki había caído como roca después de tocar el futón.

—¿De verdad no prefieres dormir con él? Digo, no quiero quedarme con la cama pero, por si a veces me muevo mientras duermo...

—¡Nai! Ama-chan ya se durmió, además no creo que Naruse-chan sea incómoda para dormir —explicó, como si la niña fuera una almohada.

Bufó otra vez. Sería realmente complicado dormir sabiendo que tiene al lado y a su alcance al precioso chico albino, quien estaba más cariñoso que de costumbre. E irónicamente, seguía con el maquillaje en la cara.

—Ah Mafu-kun...

—¿Si?

—¿No quieres lavarte la cara antes de acostarte? Será muy incómodo dormir con el maquillaje

—Sobre eso —se pasó una mano por las mejillas, embarrando el rubor— Oh, lo había olvidado. Casi no lo sentía. —Hizo una pausa— Naruse-chan, esto será raro pero creo que eres la persona más perfecta para entender esto...

Contrariada, y un tanto emocionada, le regaló su mejor sonrisa al chico para mostrarle el apoyo que garantizaba.

—Me gusta maquillarme, no exageradamente pero es algo lindo... También los moños son bonitos y am, tu pijama es muy tierna. —Soltó nervioso. —A veces, siento que Naruse es muy valiente y me pregunto si seré como tú...

Los ojos rosados estaban abiertos a más no poder. No se creía las palabras que estaba escuchando, ¿Él la admiraba? ¿Coincidían de forma tan profunda? Pobre de él, si había estado intentando reprimir ese secreto por tanto tiempo no pudo haber sido agradable.

Sin detenerse a pensarlo dos veces, lo abrazó dulcemente, comunicándole todo lo imposible con palabras a través del suave tacto de las telas algodonosas que les cubrían los brazos. Una mano acariciaba los cabellos blancos, calmándolo.

—Gracias por decírmelo —fue lo único que hizo falta.

 

 

 

 

Sólo aquellos ojos serían testigos de la confesión ahí guardada, de donde no saldría nunca.

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