Chapter Text
No era tan importante.
«Después de todo, Ace no era necesario para que Luffy se convirtiera en Rey».
Cuando Ace, “Puño de Fuego”, murió, los Mugiwaras quisieron quemar el mundo (y quemar a Portgas con él, si aún estuviera vivo).
Ellos no tuvieron ningún problema con él cuando lo conocieron, al contrario, les cayó bien, y al ver la adoración en los ojos de su Capitán, solo pudieron pensar en que era bueno ver a Luffy tan feliz. Estaba bien, porque Luffy estaba bien.
Solo fueron unas palabras las que compartieron antes de que el segundo comandante de Barba Blanca se fuera, pero ellos lo aceptaron porque era una parte importante para Luffy, pero como un aliado, como una mano amiga, jamás dentro de su tripulación (ellos nunca aceptarían a alguien que les pudiera quitar tan fácilmente la atención de su Capitán).
Si ellos hubiesen pasado más tiempo con Ace, tal vez hubiesen sentido verdaderamente la pérdida de ese pirata, pero no era así. Ellos no tenían relación alguna con él, pero su Sol sí la tenía, Su amado Rayo de Luz sí sufría. Era únicamente por Luffy que les importó la muerte de ese hombre (de otra manera, ellos ni siquiera habrían parpadeado). Sabían que ese hombre había muerto en los brazos del centro de su mundo, pero lo peor era que ellos no habían estado con él. Ellos lo habían dejado solo. Pero Ace se supone que tenía Nakamas, se supone que él vivía su propia aventura, entonces, ¿por qué SU Capitán estaba en esa maldita guerra?, ¿por qué Luffy se tuvo que enterar? Ellos sabían que nada hubiese parado a Luffy al intentar rescatar a su hermano de esa ejecución, por lo tanto, si ellos lo sabían, obviamente su HERMANO debía de saber mejor que ellos que Luffy iría en su rescate (tal vez le dieron demasiado crédito desde el principio).
La noticia les cayó como un balde de agua fría, ¿qué hacía Luffy en Impel Down? ¿Cómo demonios llegó a Marine Ford? ¿Por qué Luffy tuvo que ir a ese inferno para ver morir a su hermano frente a sus ojos? ¿Cómo demonios Ace permitió que su hermano lo viese morir? ¿Cómo demonios Ace permitió que su Sol sufriera de esa manera? Ace no se dio cuenta de todo lo que, seguramente, Luffy había sacrificado con tal de llegar a él, porque no podían entender de qué otra manera Puño de Fuego se permitió morir enfrente de los ojos de su Cielo. ¿Con qué derecho se atrevió a manchar las memorias de Luffy con algo tan banal como su muerte? Luffy, quien siempre debía estar feliz, vio la muerte de su hermano frente a sus ojos; manchando su inocencia, oscureciendo su felicidad, marcando su alma —y posteriormente su cuerpo—, destruyéndolo.
Querían atravesar el mar nadando si era necesario para llegar a Luffy, pero sabían que, incluso si realmente lo hacían, ya era tarde. Llegarían demasiado tarde. Luffy ya estaba herido (no muerto, jamás muerto, no había posibilidad de que el mundo extinguiera al Sol), y ellos no habían estado ahí para él.
Aquel que los apoyó con todas sus fuerzas, aquel que les dio motivos para vivir, aquel que los aceptó con los brazos abiertos, aquel que les dio una familia, aquel que estaba dispuesto a morir por defender sus sueños, aquel que estaba siempre para ellos… pero ellos no para él; el hombre que casi se mató en cada enfrentamiento con tal de mantenerlos a salvo.
¿Habría alguien que estuviera tratando sus heridas? (Aunque no las cuidaría y trataría como Chopper, jamás como Chopper, quien pondría toda su atención y dedicación para que a Luffy no le doliera cuando se moviera mucho, como siempre lo hacía, ni le harían las medicinas necesarias para que no se quejara por el olor de ellas).
¿Habría alguien que estuviera cocinando lo que a Luffy le gustaba, con el sabor que a Luffy le encantaba? (No importaba, no lo harían con el amor y pasión de Sanji, no lo harían especialmente para darle la energía que necesitaba para recuperarse, no sabrían cómo preparar las carnes que a su capitán le encantaba, como lo haría Sanji).
¿Habría alguien que le tocara canciones para entretenerlo mientras se recuperaba de sus lesiones? (Daba igual, jamás cantarían las canciones que Luffy prefería mientras lo obligaban a estar en cama, cuáles quería si tenía que limitar sus movimientos por las vendas, o cuáles si jugaba; no tocarían con el amor que lo hace Brook).
¿Habría alguien que lo arropara y leyera para entretenerle o cuando no podía dormir? (aun así, nadie sabría cuáles son las historias que le gustaban a Luffy al dormir, cuáles para que se entretuviera mientras tomaban la merienda, y cuáles cuando tenía pesadillas; nadie las leería como Robin las contaba a su capitán, cambiando su tono de voz dándole vida la historia).
¿Habría alguien que jugara con Luffy o le contara historias fantásticas —que serían mentiras— para entretenerle? (daría lo mismo, jamás le pondrían la emoción y placer que se necesitaba para que Luffy se sitiera como si hubiese estado ahí, ni jugarían con él hasta que sintiera su estómago gruñir, nunca lo harían con la misma seguridad que Usopp).
¿Habría alguien que construyera todas las cosas que le gustaban a Luffy y que usaba para jugar? (Incluso si lo hicieran, no lo reforzarían sabiendo que Luffy podría romperlo, ni lo pintarían de los colores que Luffy quería; no le pondrían su alma a cada creación, sabiendo que el capitán lo atesoraría aún más ni le harían lo que fuese necesario para hacer el camino de Luffy para convertirse en Rey más fácil, no como Franky).
¿Habría alguien que cuidara que Luffy cumpliera con las indicaciones que le daban y evitara que se metiera en problemas? (Imposible, nadie podía evitar que los problemas llegaran a Luffy, pero sí podían acompañarle y estar ahí para él, alejando a todas aquellas personas que quisieran aprovecharse de la inocencia de su capitán; y haciendo que guardara la compostura cuando se requería, nadie sabría cómo hacer que su capitán escuchara como lo hacía Nami).
¿Habría alguien acompañando a Luffy en silencio, pero siempre cerca, siendo una presencia confortable dándole la fuerza que se necesitaba para seguir adelante? (Jamás nadie le daría su hombro al capitán, siendo un pilar en el cual apoyarse cuando el peso de todo era demasiado para el joven de 17 años que llevaba el mundo a sus espaldas; jamás nadie recibiría todo hasta que el capitán estuviera listo para continuar con la batalla, no como Zoro, el más leal de todos).
¿Habría alguien que estuviera ahí para sostener su mano?
¿Habría alguien ahí para él?
¿Habría alguien que pudiera sostener al Sol?
No sabían, incluso si lo había, ninguno de ellos confiaba en que lo harían bien. Debían ser ellos quienes lo hicieran, nadie más lo haría como lo hacían ellos, nadie más podría entender a Luffy como lo hacían ellos (e incluso si lo hubiera, ellos mismos se asegurarían de quitarlo del camino, Luffy ya tenía una tripulación que lo daría todo por él, nadie podría quitarles el lugar al cual se aferraban con uñas y dientes).
Se esforzaban día a día con ser los mejores en lo que hacían, no se podía esperar menos de la banda del futuro Rey de los Piratas, e incluso así, no pudieron superar a Kuma (dos años después, aun se odiarían así mismos por haber permitido que Luffy estuviera solo en esa Guerra maldita).
Su Sol, su Mundo, su Todo, lo dejaron solo para enfrentarse a toda la Marina para intentar salvar a quien su amado Capitán consideraba su familia. En lo más profundo de ellos, un oscuro alivio estaba arraigado en sus corazones. Luffy estaba vivo. No se avergonzaban en decir que preferían saber que fue Su Sol el que salió vivo de ahí, antes que el Segundo comandante. Luffy hubiese sido una prioridad para ellos antes que Ace, después de todo, Luffy era SU Capitán, Ace era solo una extensión; estaban seguros que los piratas de Barba Blanca hubiesen estado en la misma posición si en lugar de que Ace hubiese muerto, lo hubiera hecho Luffy (los Mugiwaras habrían destruido el mundo y quemado a los representantes de la Vieja Era si la guerra hubiera acabado con ese resultado, no importa cuántos años les hubiese costado).
No les avergonzaba decir que una vez que Luffy apareció después para “presentar sus respetos y tocar la campana anunciando la nueva era” —darles un mensaje (nunca nadie comprendería a su Sol como lo hacían ellos) —, sintieron que podían respirar de nuevo al saber que Luffy vivió, incluso si el sacrificio fue que Portgas muriera (tal vez nunca sabrían lo que pasó en la guerra, pero a ellos no les importaba nada más que saber que ese hombre murió justo frente a los ojos de su Luffy, haciéndolo sufrir como nunca antes; jamás lo dirían frente a su capitán, pero preferían ese presente, a uno donde no estuviera su Rayo de Luz).
Ellos eran egoístas, avariciosos, pecaban una y otra vez al ansiar cada vez más y más de Luffy. Querían que su Sol solo los viera a ellos, querían que Luffy solo los amara a ellos. Sin embargo, ¿cómo podías encerrar un rayo de luz en un jarrón? ¿Cómo podías atrapar la brisa del mar entre tus dedos? ¿Cómo podías agarrar al Sol entre tus manos? ¿Cómo podías evitar una supernova? ¿Cómo atrapar una estrella fugaz? ¿Cómo parar al mar?
Luffy era el ardor que queda en tu garganta al tomar un buen sake; era encontrar un oasis en un desierto; era el caldo de pollo hecho con amor mientras estás enfermo; era la luz de la luna en una noche oscura; era la brisa del mar mientras navegas, el calor del sol en invierno, la luz de una lámpara cuando tienes miedo del oscuro cuarto; él era el alivio que sientes cuando encuentras la solución a un problema que te aqueja. Luffy era la sensación de darte un baño caliente después de un día pesado, el placer de hacer el amor, la comida de los hambrientos, la esperanza de un preso, el consuelo que le trae la muerte a un inmortal. El capitán era recuperar la visión después de la operación de un ciego, el volar de un ave, el olor a galletas de un cálido hogar, el respiro de aire de aquel que se ahoga, el desafío contra alguien más fuerte, el orgullo de la victoria, el respiro de alivio de una batalla terminada.
Luffy era una tormenta que cambiaba todo, el mar embravecido, la calma del ojo de un huracán, la corriente de un río, la muerte de una estrella, el nacimiento de un cosmos. Luffy era amor y era dolor, luz y ceguera, alivio y angustia. Luffy era el dolor que te quedaba después de una larga carcajada, la emoción de encontrar a aquel que estaba perdido; era el sentimiento de llegar a casa, a las personas a donde pertenecías; era el poder respirar bien después de una gripa, el silencio cómodo después de una buena conversación, el ardor de tus pulmones después de correr. El sentimiento de estar vivo.
Luffy era contradictorio. Pero era suyo (incluso si había que destruir el mundo para asegurarse de ello).
Nami era la navegante, aquella que dirigiría el camino a donde su capitán debía de llegar para convertirse en Rey.
Zoro era el Vice-capitán. Blandiría sus espadas para abrir el camino al futuro Rey, y destrozaría a aquel que intentase llegar a él. Usopp era el francotirador, quien eliminaría las amenazas antes de que si quiera se acercaran al que sería el hombre más libre del Mundo.
Sanji era el cocinero, que haría la comida digna de aquel que se pondría en la cima del Mundo, mientras que con patadas evitaría que lo tocaran; pero jamás usaría las manos, pues estaban destinadas a solo tocar la cocina para su Rey.
Chopper era el médico, quien curaría todo mal que impediría al Capitán cumplir su destino; quien se convertiría en monstruo, si con ello su Rey viviera.
Robin era la arqueóloga, quien se encargaría de descubrir el camino a Raftel para que al fin el Rey obtuviera la corona que por derecho le correspondía.
Franky era el carpintero, quien construiría todo para facilitar el camino y mantendría el barco en funcionamiento, para que navegara por las olas que venerarían a aquel que sería su igual, tan libre como ellas.
Brook era el músico, aquel que cantaría las alabanzas en la coronación, pero mientras llenaría los vacíos y entretendría el camino de aquel que se sentará en el trono.
Todos ellos harían lo que fuera por el capitán, Ace solo hubiese sido un obstáculo más para el camino. Todos sabían que él quería convertir a Barba Blanca en el Rey de los Piratas, ¿era acaso idiota? ¿No podía ver que ese trono ya estaba destinado para alguien más? No podían entender cómo quería apoyar a un hombre que era parte de la Vieja Era, en lugar de a su hermano, quien lideraba la Nueva. Era obvio, los mares no querían a alguien que nunca se había preocupado por entenderlos, ni querían a alguien que estaba cansado y en lugar de aventuras, quería quietud. No querían a alguien que buscaba la calma de una familia, en lugar de la libertad de una brisa. Los mares no eran así, eran impredecibles, volátiles y sorpresivos. Eran fieros y voraces, y luego guardaban calma. Había tormentas en ellos, huracanes y tsunamis; a veces quietud, apacibilidad y corrientes tranquilas. Era tan vasto, era como Luffy. El Mar no quería a Barba Blanca, el Mar esperaba a Luffy.
Todos los Sombrero de Paja podían verlo.
Luffy destruiría todo el Mundo por ellos, y ellos no harían menos por Luffy. Quitarían del camino a todo aquel que se interpusiera entre su Capitán y su sueño. Su Capitán era el Sol en el que querían quemarse, estar tan cerca de él que sus cuerpos se harían cenizas. Era el Mar en el que navegaban, y anhelaban hundirse en él, saciarse hasta que se ahogaran en su olor. Se convirtió en el cielo nocturno, aquel que contenía las lunas y las estrellas, para guiar su camino e iluminar los senderos oscuros de lo que llamaban vida. Sería la tierra sobre la que caminaban, la gravedad a la que se aferraban sus mentes, la marea que los transportaba cual barco, la lava que destruía sus miedos para dar paso a sus sueños.
Se convertirían en monstruos, pesadillas, demonios o incluso humanos. Serían lo que el Sol necesitase. Serían lo que la libertad de los mares quisiese. Porque ellos estaban rotos, solos, heridos y destrozados. Pero él aun así los quería en su tripulación. Como si ellos valieran algo realmente, como si ellos merecieran que les entregaran el mundo, como si ellos merecieran vivir, como si ellos pudieran cumplir sus sueños (se aferraban a eso, se aferraban al amor que su Luffy les daba, porque les hacía sentir que era cierto, que ellos merecen todo eso y más).
Sí, fue bueno que Portgas D. Ace muriera ese día, si con ello significaba que su Capitán saliera con vida. Y si no era necesaria su muerte… bueno, al menos era un problema menos del que preocuparse.
Después de todo, a Luffy no le hubiese gustado que Zoro hubiese cortado por la mitad a su hermano (como cortaría a todo aquel que se interpusiera entre el Capitán y su corona).
