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El amor no correspondido duele (Jayce x Viktor Hanahaki)

Summary:

Viktor sufre de la enfermedad Hanahaki tan pronto como se da cuenta de que Jayce correspondiendo sus sentimientos es algo que jamás sucederá.
Inspirado en los episodios 4-5-6 de Arcane.

Notes:

Soy fanática de las historias llenas de angustia, y la dinámica de Viktor y Jayce en Arcane se volvió una historia en donde parece que solamente uno de ellos siente algo por el otro que va más allá de una amistad. También me obsesioné con el tema de la enfermedad Hanahaki, es bastante fascinante.

Espero que disfruten de esta historia corta :) Y no se preocupen, no forma parte del AU de "Lo que nadie sabía"

Work Text:

Viktor tuvo que haberse dado cuenta de que lo que ellos tenían jamás iría más allá de una amistad. Lo sabía desde el principio, pero su corazón era demasiado joven e ingenuo en ese entonces, era tan fácil de ilusionar. A la edad de veintitrés años sentía que nada era imposible, que todo se podía lograr aún si el mundo estaba en su contra.

Él no había escogido enamorarse, pero lo hizo, cayó tan rápido cuando apenas lo vio de nuevo y lo escuchó hablar en el juicio. Esa voz hipnotizante…

         Su cabeza se llenó de tantas fantasías sin fundamentos, tantos escenarios en donde ellos compartían un amor mutuo y puro.

         Creyó que ayudándolo a cumplir sus sueños los acercaría. Lo hizo, en cierto modo. Lo salvó de lanzarse al vacío, lo motivó a seguir con la investigación de los cristales arcanos para combinarlos con la tecnología. Compartían las mismas ambiciones, después de todo: El deseo de ayudar a la humanidad a través de la ciencia.

 Tenía que admitir que no pudo dormir aquel día que descubrió que Jayce había hecho un boceto de él en su diario al lado de la frase: “Tengo un compañero: Se llama Viktor”

         “Nuestro sueño Hextech”, había dicho Jayce, mientras colocaba su mano sobre el hombro de Viktor y contemplaban las ecuaciones y teoremas que resolvieron las fallas del experimento con los cristales. Esa frase lo hizo sentir como si estuviese entre las estrellas que decoraban el cielo nocturno de Piltóver.

         ¡Y cómo olvidar cuando terminaron flotando en el laboratorio de Heimerdinger gracias a que al fin estabilizaron el cristal! Jayce le había lanzado un engranaje que juraría que hacía referencia a un anillo de compromiso.

         Qué tonto era…

         Ahora, se había manifestado todos los años de haber guardado esos sentimientos tan profundos. Su salud había empezado a empeorar con el pasar de los años, su piel era mucho más pálida, su cabello que alguna vez fue de un castaño intenso estaba más descuidado que nunca, las ojeras eran más notorias y sus mejillas estaban más hundidas. Tuvo que recurrir a un armazón de metal para su pierna derecha y una muleta para poder seguir caminando sin sentir demasiado dolor.

         No podía detenerse para descansar, su deber de continuar con su trabajo era su mayor prioridad. La búsqueda de mejorar a la humanidad a través del Hextech, ayudar a los que más necesitan a través de esta herramienta. No le importaba si se olvidaba de comer o dormir, no le importaba si le dolía la pierna, no le importaba sacrificar cada minuto de su vida por un bien mayor.

         Y por él.

 El punto quiebre fue cuando una parte de él sintió que Jayce estaba con alguien más mientras él se estaba rompiendo la cabeza en descifrar por qué el Núcleo Hex no estaba funcionando. Era una corazonada que no habría podido ser capaz de explicar si se lo preguntabas. La ignoró, pero se estaba volviendo más fuerte en su interior.

Acababa de rechazar a la señorita Sky Young cuando esta sugirió que podrían caminar juntos. No estaba interesado en ella, a pesar de ser una mujer dedicada y lista. Las relaciones con el sexo opuesto no eran de su interés.

Pero sí eran del interés de su querido amigo.

         Con cada roce entre cuerpos que se hallaban en alguna parte del distrito lujoso de Piltover, un ardor horrendo empezó a expandirse por sus pulmones, la habitación daba vueltas como si estuviese en un carrusel y su vista se tornó borrosa. Su cuerpo no pudo aguantarlo más y empezó a toser frenéticamente, a punto de vomitar.

         Logró distinguir sangre sobre la mesa… ¿y pétalos?

         Viktor no pudo hacer nada al respecto, se había desmayado en el piso del laboratorio. Por fortuna había un guardia vigilando cerca. Cuando despertó, quién sabe cuántas horas después, lo vio a su lado. 

         Jayce estaba al lado de la cama de hospital.

         —¿Jayce? —logró decir con voz débil.

         —Viktor… los doctores… ellos dijeron… —Jayce trató de articular sus palabras, pero no parecía querer continuar.

         —¿Cuánto tiempo me queda? —preguntó Viktor, mirando el techo.

         No recibió respuesta, el silencio era más que obvio.

 

Haber crecido en Zaun era una de las causas principales de por qué sus pulmones habían empezado a fallar. Ni siquiera había cumplido los treinta años, y su cuerpo se estaba deteriorando rápido.

         La otra causa era esa extraña enfermedad que hacía que brotaran pétalos de flores al toser. Buscó de forma incesante en los libros de la Universidad sobre su condición, encontró textos de expertos en la región de Jonia que hablan de la misma condición.

         Enfermedad Hanahaki.

         Una enfermedad que era causada por el amor no correspondido. La persona que lo padecía expulsaría pétalos de flores provenientes de los pulmones hasta la muerte. Se podía corregir con cirugía

         El problema era que dichas operaciones arrebataban la capacidad amar. Viktor estaba reacio a quitarse de encima uno de los sentimientos más hermosos jamás descritos: Adoraba sentir cosquillas en el estómago cada vez que Jayce tocaba sus hombros de forma amistosa o le sonreía. Amaba fantasear con un futuro juntos, aunque eso ya sería poco probable.

         Otra cura era que su amor fuese correspondido.

         Eso sería imposible. Jayce ya le había dicho que él y la consejera Mel Medarda estaban viéndose a escondidas. Se lo había dicho mientras estaban en aquel lugar secreto en el cual Viktor a veces frecuentaba para meditar en soledad.

         La mejor forma de describir la emoción que lo invadió sería con el término rabia. Sí, Viktor tenía una gran rabia en su interior por culpa de cada palabra que su amigo había dicho. No podía creer que esa sensación que tuvo el día del colapso fueron más que ciertas.

         —Así que yo estaba trabajando como si no hubiese un mañana mientras tú y la consejera Medarda hacían lo suyo —pensó en voz alta Viktor, apretando sus puños con tanta fuerza que se iba a lastimar las manos.

         —Yo, eh… —Jayce no sabía qué decir, no esperaba que Viktor mostrara signos de molestia. Sin decir otra palabra más, el zaunita se retiró del lugar, cubriéndose la boca mientras tosía pétalos amarillos y rosados.

         El piltoviano encontraría un rastro de flores después, sin saber de dónde habían salido.

 

—¿Estás seguro de que deseas hacer esto, muchacho? —el hombre calvo con marcas en el rostro le preguntó, mientras se hallaba en la camilla de su laboratorio en Zaun—. El químico que te pondré te dará tiempo suficiente para que puedas ejecutar el trasplante, pero sabes las consecuencias, ¿no?

         —O muero por la enfermedad Hanahaki o por mis pulmones y el resto de mi cuerpo deteriorándose —dijo Viktor, mirando el techo, con algunas lágrimas deslizándose de su rostro—. Después de todo, tampoco tengo motivos para preservar la capacidad de sentir amor.

         —Cuánto lo lamento, jovencito —dijo Singed, antes de ponerle la mascarilla de anestesia sobre la boca.

 

—¡Uno de mis mayores errores en la vida fue haberte amado! —Viktor sostenía a Jayce por el cuello con lo que alguna vez había sido el prototipo de la garra Hex.

—… Yo también te amaba, Viktor —gritó Jayce, tratando de liberarse del tercer brazo de quien alguna vez fue su mejor amigo. Habían pasado semanas desde que se vieron, luego de esa gran discusión que acabó con Viktor dejando Piltóver para siempre. Ahora, su compañero tenía gran parte de cuerpo reemplazada por partes de metal: Las piernas, un brazo, el torso cubierto de hierro, su voz había cambiado.

Ese cambio drástico de su cuerpo fue lo que lo salvó de la muerte.

—… ¿Qué? —el zaunita por un instante quedó incrédulo. Liberó a su contrario y este tosió por la falta de aire.

—Pensé que jamás tendría una oportunidad contigo, y busqué consuelo al empezar una relación con Mel —explicó Jayce, sin mirarlo—. La quería, debo admitir, pero sé que nunca podré amarla como te amo a ti… Haría cualquier cosa para volver al pasado y habértelo dicho en su momento —hizo una pausa—. Aunque, lo único que nos queda es el presente y el futuro para cambiar las cosas.

—Jayce… —Viktor empezó a decir— Cuando me diagnosticaron la enfermedad terminal, también se me manifestó la enfermedad Hanahaki y tuve que operarme porque no le veía el sentido de preservar la capacidad de amar si no era un sentimiento mutuo y también que mi cuerpo se estaba deteriorando rápido. El amor no correspondido duele, sabes…

—No me digas que tú ya no…

—Sí, ya no puedo amar.

Varias lágrimas se deslizaron de las mejillas de Jayce, mientras se acercaba a Viktor para abrazarlo como tuvo que haberlo hecho cuando aún era completamente humano.

Viktor ni se inmutó, sólo se quedó contemplando cómo Jayce sollozaba en silencio en su hombro derecho, disculpándose una y otra vez por haber sido tan ciego.

De nada servía lamentarse ahora, de nada servía derramar lágrimas.  

El daño ya estaba hecho.