Chapter Text
—Yuuji. Despierta.
Kugisaki movía con delicadeza al pelirrosa que descansaba sobre sus piernas. Llevaba dormido un largo rato, y no quería molestarlo —aunque sus piernas sufrieron calambres en algún momento—.
—¿Uh?
—Es tarde. ¿Piensas quedarte?
—No. Ya me voy. No quiero estorbar.
La castaña rió y negó con la cabeza.
—Solo te preguntaba por si ibas a avisarle a Sukuna. Sabes que mi casa es tu casa, puedes quedarte cuanto quieras. Con la condición de que me prepares para comer.
—Eso no es justo.
—Claro que sí. Ahora muévete, quiero ir al baño.
El mayor obedeció y se quitó de las piernas de su amiga.
Quien los viera pensaría que son amigos y ya, pero fueron pareja un tiempo, no funcionó por varios motivos. Pero tiende a echarse la culpa a sí mismo por su ruptura. Y es que no estaba del todo seguro si quería estar con ella, temía ser una carga debido a sus problemas mentales, así que cortar fue lo más fácil. No previó que Nobara lo seguiría queriendo como si nada hubiera pasado.
O sea muy tonta e ingenua, o tenía un muy buen corazón. Sea cual sea, agradece tenerla apoyándolo siempre. Por ella y su hermano no se ha rendido. Son su motivación de seguir cada día.
—¿Sí has asistido al psicólogo este mes? —pregunta la menor mientras se lava las manos.
—¡Claro! Me mandó a no mantener relaciones cercanas con mi ex.
—Ja, ja, ja. Qué gracioso, Itadori.
—Todo está en orden.
—Eso quería oír.
Para ella nunca fue un problema que Yuuji tuviera depresión y ansiedad. Lo amaba lo suficiente para ayudarlo y apoyarlo incondicionalmente. Pero nunca lo forzaría a una relación si él no lo quería.
—Me dijo que estaba mejorando y que podía empezar a asistir cada dos semanas.
La verdad es que dejó de asistir hace un mes. A su psicólogo le dio la barata excusa de que sus finanzas se veían afectadas por la terapia y no podía seguir asistiendo hasta que mejorara su situación económica. Ahora solo le miente a Kugisaki para que no se preocupe por él. Su hermano no se interesa en lo más mínimo por su salud, así que es el único al que no tiene necesidad de mentirle.
—¡Eso es genial! ¿No? Significa que vas avanzando.
—Sí. Dijo que los antidepresivos sí estaban ayudando. Con tal de que no genere dependencia a la terapia y a la medicación, seguro me sentiría mucho mejor.
Esas no son palabras de su psicólogo, pero ella no lo sabe, ella no tiene el conocimiento suficiente para saber cómo hablaría un profesional en la salud mental en el caso específico de Itadori. Y él aprovecha su ignorancia e ingenuidad con el tema.
—¿No piensas decirle a Sukuna?
—¿Para qué? Dirá que es una estupidez, que no estoy deprimido, que solo soy un idiota desagradecido, que todo sería más fácil si yo no le estuviera estorbando a diario, y…
—¿Y estás seguro de que sí puedes ampliar el intervalo de tiempo entre cita y cita con tu psicólogo? —interrumpió.
—Sí.
—Donde me entere que me mientes.
—Jamás lo haría.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Mentiroso. Yuuji es un vil mentiroso.
Kugisaki es una ingenua de corazón demasiado blando cuando se trata de él.
